“Planta tu evento”. Feliz creatividad 2014

Lápìz navideño
Comenzamos ya todos a recibir múltiples felicitaciones de Navidad por parte de amigos, conocidos y compromisos que con ese sencillo gesto tratan de trasladarnos los mejores deseos y compartir contigo un estado de ánimo que se hace más visible en estas fiestas tan sensibles. Por ello, preparar bien una adecuada felicitación requiere algo más que una simple imagen o un recurso en internet. Las felicitaciones, que prácticamente en más de un 99 por ciento llegan vía correo electrónico, tiene que decir algo a quien la recibe. De lo contrario se notaría en exceso que es un puro compromiso o que sencillamente “formas parte de una lista”. Han acabado en tus manos unos buenos deseos, pero como llegan tantos, la efectividad de la misiva puede morirse antes de ser vista. Algunas, incluso, ni llegas a abrirlas y contestas de forma mecánica porque intuyes lo que hay.
Es importante tener muy claro lo que se quiere decir y cómo transmitir el afecto y cariño, y al mismo tiempo cómo mostrar el estado de ánimo de su promotor (que es fundamental para lograr una buena intercomunicación entre las partes). A unos les gustará más o menos el resultado, pero si se nota que ha sido pensada con mimo se mirará de otra forma diferente. Es necesario decir algo que interesa por igual a las partes, pero, además, con muy pocas palabras, y al mismo tiempo desear lo mejor y tratar de hacerlo de manera optimista.
El recurso a lo clásico en las felicitaciones deja paso ahora a la creatividad natural, espontánea, sencilla y casi artesanal. Se puede encargar una felicitación a técnicos especializados que harán maravillas, pero seguramente se perderá parte de ti en esa buscada perfección. Porque en el fondo li importante no es que esté bien hecho, sino que lo que quieras compartir sea muy personal y con mensaje común. Tiene más valor algo técnicamente inferior pero que sea de uno mismo, que otra opción perfecta que se ve que no la has hecho tú. Es necesario que en esa felicitación se vea al emisor y lo que representa en la vida del receptor. Si se logra realmente compartirás el afecto y los deseos. Si no se alcanza, tu acción se habrá frenado en un mero “quedar bien” o en una acción comercial. Felicitar es compartir un deseo o un estado de ánimo común. Por lo tanto, adiós al recurso “sencillón” o a las plantillas de internet e incluso a las tarjetas postales clásicas, salvo que estén elaboradas por uno mismo. Hay que personalizar mucho.
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El mensaje navideño de ISPE
El Instituto de Protocolo y Eventos (ISPE) quería compartir el afecto y la ilusión con la familia protocolaria y después de valorar el posible mensaje y recursos, se llegó a una importante conclusión: es evidente que el sector atraviesa momentos difíciles, pero también es notorio que el repunte es una realidad. Cientos de sueños pueden ahogarse, pero una simple chispa, una pequeña dosis de suerte, una apuesta personal, un empeño… puede hacer realidad tu deseo: organizar eventos y encontrar tu hueco profesional. ¿Cómo trasladar eso? ¿Cómo enviar a las personas que aprecias y quieres, o con quienes compartes profesión, una felicitación positiva, tematizada, personal y llena de buenos deseos? Y que al mismo tiempo enlace con el tradicional espíritu navideño.
Pensamos. ¿Cuál es el recurso gráfico más habitual para felicitar en los últimos años? El árbol, sí, el árbol de Navidad. ¿Pero hacemos un árbol sin más? No. Necesitábamos otros argumentos. Vamos a vincular nuestro árbol a los eventos. Y dimos una vuelta de tornillo más: ¿qué acciones de felicitación han hecho las agencias de comunicación y de eventos donde el hilo conductor haya sido un árbol? ¿Qué eventos tuvieron este elemento de la naturaleza como eje central? Investigamos. En el tiempo que dedicamos a esta labor encontramos más de quinientas imágenes o videos donde el árbol tematizado era el protagonista. Incluso, muchas de ellas habían sido premiadas en los más importantes foros de nuestro sector.
Lo teníamos claro. Nos documentamos sobre el significado concreto del árbol navideño, que llevaba significados muy especiales a lo largo de la historia: en todas las culturas poseen aspectos simbólicos de carácter antropológico, místico o poético. La idea extendida de los aspectos benéficos de los árboles para el hombre ha dado lugar a distintas leyendas y lo ha relacionado con sentidos mágicos y rituales. Como vida inagotable equivale a inmortalidad. En la mejora de la convivencia se asocia a la ciencia.
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 Planta ilusiones
La idea, por lo tanto, era jugar con el árbol, un símbolo de unión visual en estas fechas, fácilmente entendible, y con un buen reclamo que facilitara la trasmisión de los mejores deseos. ¿Cómo decir que te vaya bien en 2014? ¿Cómo escribir que tengas unas buenas fiestas en estos momentos? Quisimos poner a nuestro árbol una estrella en forma de mensaje: “Planta tu evento”. Un doble juego que con imágenes de árboles creativos, nada convencionales, tratara de hacer llegar nuestro mensaje: que 2014 sea un buen año para ti y tus eventos. Queremos compartir nuestras ganas de crear cosas, de plantar ilusiones. Te mandamos la semilla de tú árbol, el que irás viendo crecer cada día. Ese árbol de los eventos que queremos plantar juntos.
Sólo nos faltaba seleccionar las imágenes, juntarlas y crear un mensaje de conjunto. No buscábamos las imágenes más originales, sino las más sencillas y sobretodo diversidad, pero siempre vinculado al evento y a la comunicación. “Planta tu evento” nos parecía un mensaje de tres palabras de enorme fuerza y significado y, sobretodo, llena de sensaciones. Y al mismo tiempo compartir la necesidad de que en esta etapa profesional ser creativos es clave. Por eso el cierre no debía ser el clásico “Feliz 2014”. Había que decir lo mismo pero de otra manera. De ahí surgió la frase final: “Feliz creatividad 2014”. Quedaba claro nuestros deseos para el año entrante, pero también nuestro mensaje clave.
Artesanalmente, hicimos el montaje, pensando que debía ser corto para que nadie se cansara y lo cerrara antes de llegar a la frase final. Fue difícil seleccionar entre las quinientas imágenes, porque todas ellas eran muy significativas. Pero buscando esa pluralidad nos quedamos con un puñado de ellas, cada cual con su fuerza, unas más elaboradas que otras, pero todas con simbolismo.
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La opción personalizada
Esta fórmula nos permitiría, además, disponer de una segunda opción más personalizada. Enviar  de forma personal y única, una tarjeta postal con la misma idea a personas concretas. Un díptico sencillo cuya portada fuera la imagen de uno de esos árboles seleccionados, aquél que veíamos relación con la persona a la que se dirigía. Personalizamos, y nuestro eslogan era: “Árbol para Ana. Planta tu evento”. Y ya en el interior el texto sencillo y corto: “Feliz creatividad 2014”.
No te plantes
Nuestra felicitación, “Planta tu evento. Feliz creatividad 2014” es el testimonio real de nuestros mejores deseos para toda la profesión, que con mucho cariño queremos compartir. Para que ese sueño, si todos ponemos nuestras semillas a funcionar, se haga realidad. Habiendo árbol, a poco que se cuide, habrá frutos. Muchas felicidades desde este modesto blog a todos los lectores, simpatizantes y amigos. No dejes de ser creativo en 2014 y busca tu momento para plantar tu ilusión, tu evento. No te plantes tú, planta la semilla de tu árbol, el que irás viendo crecer durante todo el año, durante toda la vida. Es el árbol de la vida.

Mayor precedencia protocolaria para el presidente autonómico

Hace ya bastante tiempo que vengo dando vueltas y reflexionando acerca de la idónea precedencia que debe de tener tanto el Presidente de la Comunidad Autónoma como el Alcalde, cuando se celebran actos de carácter general en el territorio de sus competencias. Es evidente que suscitará mi opinión polémica, posturas divergentes o apoyos, pero no busca nada de eso, sino comenzar a construir un debate profesional, lejos de la politización e intereses concretos, acerca de los cambios que más tarde o más temprano han de introducirse en el Real Decreto 2099/83 sobre el Ordenamiento General de Precedencias en el Estado. He intentado no dejarme influir para nada de la coyuntura actual, sino del balance de las tres décadas de vigencia de esta normativa (en agosto cumplió 30 años y su aniversario pasó sin pena y sin gloria, lo que demuestra el aprecio que le tenemos) y el desarrollo institucional y autonómico de nuestro país, siempre en el máximo respeto a la normativa vigente.
Aunque precisa de debate sosegado, contrastado, quiero al menos abrirlo desde esta página. Voy a la premisa principal que defiendo:  en los actos de carácter general que se celebren en el ámbito de una comunidad autónoma, si su vocación o contenido es claramente autonómico, el presidente de la Comunidad en mi modesta opinión debiera subir su puesto y colocarse inmediatamente detrás del Presidente del Gobierno si asistiera al evento, o si no tras los Reyes, Príncipes e Infantas, y si no acudiera ninguno de ellos el primero o tras el anfitrión. Casi de forma similar defiendo que en los actos de carácter general cuya vocación es claramente municipal, el Alcalde debería situarse inmediatamente después del Presidente de la Comunidad, sino estuvieran presentes los máximos representantes de los tres poderes del Estado y el Constitucional..
Para llevar a cabo esto es necesario que el Real Decreto redefina la clasificación de los actos, general y especial, matizando el factor antes aludido de “vinculación, vocación o competencia” autonómica o local. La Constitución reconoce para el Presidente de la Comunidad la representación ordinaria del Estado, tal y como dice el artículo 152, apartado 1: “(…) y un Presidente, elegido por la Asamblea, de entre sus miembros, y nombrado por el Rey, al que corresponde la dirección del Consejo de Gobierno, la suprema representación de la respectiva Comunidad y la ordinaria del Estado en aquélla (…)”.
En virtud a esto, y al notable peso político que las comunidades autónomas han tomado desde su creación hasta ahora, parece de sentido común, que en su ámbito territorial ocupen un puesto por encima al menos de los presidentes del Congreso, Senado, Poder Judicial y Constitucional. Resulta obvio que esta precedencia no sea de aplicación cuando sean actos convocados de carácter general por las instituciones centrales del estado en la Villa de Madrid, en su condición de capital del Estado.
Apelando a la lógica resulta extraño e incoherente que el Presidente autonómico se vea relegado al puesto 10 en su comunidad, por detrás de los presidentes de aquellos poderes. Si tiene la “suprema representación” no es coherente que sea dispuesto detrás del Presidente del Poder Judicial (salvo que el acto sea promovido por el Poder Judicial o esté dentro de sus posibles competencias).
En nuestra defensa, apelamos igualmente a la consideración social que tienen los presidentes del Congreso y Senado, que aunque sean legales representantes de los ciudadanos, tienen menor peso político. Y lo mismo podría decirse del resto de los poderes fuera de sus estrictas competencias. Claro que no puede admitirse como argumento la “sensación ciudadana”, salvo qué ésta sea a juicio de los expertos un fiel reflejo de la realidad. El vecino de a pie es consciente -sea de su corriente política o no- que quien realmente le representa es el presidente del Gobierno, el Presidente autonómico y el Alcalde. De lejos ve a los presidentes de los poderes y mucho más al presidente de la Asamblea Legislativa o del Delegado del Gobierno.
Soy consciente, de que esta reflexión que abro precisa de muchos matices, de mayor argumentación y más apoyo jurídico. Por ahora solo quería trasladar lo que noto en la calle y el Protocolo si quiere sobrevivir debe ser sensible a la realidad, sin menosprecio de la Constitución y el legal valor de la representación. Nadie quita valor a nadie, pero otra cuestión es cuál debe ser el ordenamiento adecuado en actos que se celebren en el territorio de una Comunidad. Insisto que es una primera reflexión, con la que se ha iniciado un amplio estudio al respecto en el Instituto Universitario de Protocolo de la Universidad Camilo José Cela, cuyos resultados esperemos conocer pronto.
En otro momento, justificaremos con mayor abundamiento la defensa de la mejora del puesto para el Alcalde del municipio.

¿Qué esconden los pocos que se oponen a la existencia del Grado en Protocolo y Organización de Eventos?

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Observo que algunas personas que se dicen miembros activos (¿?) del sector de Protocolo, incluso con responsabilidad en algunas asociaciones profesionales, siguen empeñados en intentar denostar la carrera de Protocolo y Organización de Eventos. ¿Por qué? En las conclusiones de la casi totalidad de los congresos, jornadas, simposios, encuentros internacionales, nacionales, europeos, etc, la reivindicación de la oficialidad de los estudios siempre ha estado presente. El sector lo ha venido demandando continuamente y la realidad demuestra que hay espacio suficiente para estos nuevos estudios, que sí habilitan claramente para la organización de eventos. Si alguien tiene dudas le bastaría con chequear los programas Periodismo y Publicidad y Relaciones Públicas y opinar si se habilita desde ellos para esta profesión nuestra.

Es más amenazan con el fracaso y quieren incluso apuntar nombres de responsables en caso de que eso ocurriera. Es lamentable que uno de los éxitos más preciados que ha tenido la profesión, reivindicada desde la Organización Internacional de Ceremonial y Protocolo y todas las asociaciones españolas, se alcen voces de algunos ejecutivos tirando dardos envenenados contra una profesión que por la vía de sus estudios ha sido reconocida por el Consejo de Ministros. Olvidan estos denostadores que en Europa existe esta carrera desde hace décadas y que las salidas profesionales son claras y evidentes. Olvidan que nada menos que el 7 por ciento del producto interior bruto español se mueve en torno a este mundo.

 

Se dice que los relacionistas y periodistas pueden cubrir esta franja profesional, pero en los planes de estudio de ambas carreras en España apenas hay más de una asignatura (quien la tiene) que tenga que ver con el Protocolo y la organización. Tengo muy claro qué deben hacer los relacionistas, que tienen campo sobrado, y los periodistas. Pero también no me cabe la menor duda de que los de Protocolo y Organización de Eventos tenemos el nuestro.

 

Vuelvo a hacerme la pregunta: ¿qué intereses guardan quienes día sí, y día también no hacen más que intentar desprestigiar los estudios de la UCJC (y ahora los de la UMH) de Protocolo? Sospecho cuáles son esos intereses, pero deben tener el pudor de decirlos. Los estudios de Protocolo existen en España desde hace mucho tiempo, y la primera Escuela que los puso en marcha tuve el honor dirigirla. Ofreciamos entonces estudios propios de diferentes universidades, porque no había otra opción, y muchas siguen ofreciéndolos, porque hay lugar para todos y nada sobra. Muchos de esos estudios eran de tres años. Ahora se han convertido en estudios oficiales, ¿qué hay de malo en ello? Antes criticaban que eran títulos sin valor, ahora pretenden quitarles el valor que reclamaban.

 

Jugar a la confusión es fácil, pero hay que ser más leal a la profesión, a los profesionales. No critican los másteres porque consideran que es la mejor vía para se formen los interesados en Protocolo, pero en cuanto una universidad consigue que el Máster se oficialice también se critica, y se dice que da igual, que sea oficial o no. Miren, perdónenme, la oficialización de unos estudios, la gran demanda de esta profesión, significa mucho más allá que las tonterías que se dicen. Entre otras cosas porque un técnico de protocolo, con su Grado, tiene la misma cualificación que un licenciado o graduado en otras disciplinas del ámbito de la comunicación. Solo por eso ya merece la pena. Además, si toda la carrera se centra en enseñar a organizar eventos y conocer el protocolo de hoy, con la transversalidad de disciplinas que debe tocar, es muy positivo para todos.

 

Por eso digo, que solo personas que juegan a otros intereses pueden oponerse, y sobre todo cuando están erre que erre… ¿Qué buscan con ello?

 

Por cierto, ¿cuántas cabezas habría que cortar a quienes convirtieron en oficial la carrera de Relaciones Públicas y hoy apenas tiene salidas? Insisto, ¿por qué ese afán en desprestigiar este importante avance. Que lo pueda decir alguien que no conoce nuestro oficio puedo entenderlo, pero ilustres doctores que hacen gala de la necesidad del buen protocolo, de su investigación, de la adaptación de las normas, de establecer una ética profesional, de que se nos trate como personas cualificadas, es incomprensible. Y como tal solo hacen que desacreditarse.

 

Por qué además critican unos estudios de Grado y postgrado oficiales que están sometidos a la auditoria permanente del Ministerio, a criterios docentes e investigadores, etc., y no se critica al resto de las opciones formativas, que tienen menos controles públicos. Está claro por dónde van los tiros. Son muy, muy, poquitos los que critican, pero somos miles los que decimos que lo mejor que le ha pasado a la Profesión de Protocolo es que hayan sido reconocidos sus estudios. Y los periodistas a lo suyo, y los relacionistas a lo suyo. Quienes nos dedicamos a Protocolo y Organización de Eventos tenemos bastante con lo nuestro. Y muy orgullosos y muy seguros de que se va en el camino correcto. El código ético de la profesión, aprobado por un buen número de asociaciones nacionales, considera grave falta esta forma de denostar. ¿No se van a tomar  medidas? Quizá es a los responsables de que se cumpla ese código a quien habría que pedirles responsabilidades desde ya.

La etiqueta oficial y social del siglo XXI está por llegar

Al pasar por el kiosco para comprar mi periódico diario, los ojos se me fueron enseguida al titular de una revista muy conocida que en grandes caracteres titulaba: “¿Qué es Cool hoy? EL NUEVO PROTOCOLO. Tocados, pelo suelto, colores pastel, brazaletes, algo dorado…y un toque barroco”. Aunque el tema está centrado en el nuevo look que las novias buscan ahora para “The Big Day” (“Es época de cambios; las novias buscan otras fuentes de inspiración y reinventan su estilo”, cita textual del antetítulo del reportaje en páginas anteriores, que precede en grande a “El nuevo protocolo”).

No voy a hablar del cool de las novias, que en su derecho están de sentirse más modernas con su toque personal -por cierto, parece ser que el tocado logra más fácilmente ese propósito que el velo o el peinado a secas-. En el día de su fiesta y compromiso, que lo celebren a su manera y como mejor lo deseen. Nada que decir.

 

Sin embargo, a propósito de lo visto en esta Revista, resurge la necesidad de seguir reflexionando sobre los aspectos de la etiqueta que rodean al mundo del protocolo, ceremonial y los eventos en general. No comparto para nada que a la etiqueta se le llame protocolo, aunque es cierto que ambos comparten espacios y eventos, por lo que no hay que demonizar para nada la etiqueta, ni para actos oficiales, ni empresariales ni sociales. Es un tema del que hay que hablar y reflexionar, porque efectivamente estamos en un mundo sometido a cambios permanentes y la etiqueta no se queda al margen.

 

En muchas ocasiones la etiqueta se utiliza como un factor de distinción, ya sea personal o social.  Cada persona, en su concurrencia pública, allá donde vaya, busca una etiqueta que considere acorde con su propio estilo, o le resulte cómoda o adecuada para su actividad. Esa etiqueta personalizada, esa que cada mañana decidimos tras la dicha despertadora, es cuestión de cada persona y tampoco queremos entrar en ello. Pero en cambio, sí quisiéramos hacer una reflexión general sobre la etiqueta que afecta al mundo de los eventos.

 

Hemos defendido en numerosas ocasiones que indicar en una invitación la etiqueta alivia a muchos invitados a la hora de encontrar la ropa adecuada, la que no desentonaría, a la que cada uno luego puede darle su toque de distinción personal acorde a su identidad o imagen. Sin embargo, creo que en muchas ocasiones se fuerzan mucho etiquetas para eventos donde no sería necesario ser tan rigurosos. Incluso llegan a despersonalizarlo y a perder su propia identidad y objetivo. Parece que un acto sino se pide el traje oscuro para caballeros y el corto o de cóctel o largo para señoras no tiene el empaque que el anfitrión le quiere dar. Algo para nosotros absurdo. Y qué se puede decir cuando se piden etiquetas a las que muchos deben de recurrir a tiendas de alquiler para salir del paso, como el esmoquin, el chaqué o el frac.

 

Insistimos en no demonizar etiqueta alguna, sino solo reflexionar. Por ejemplo, se nos ha hecho muy extraño que en la tradicional cita veraniega en el Palacio de Marivent, en Palma de Mallorca,  el pasado 14 de agosto, del Rey -que pasa allí sus vacaciones- con el Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ambos concurrieran con corbata. No digo que sea incorrecto o adecuado, ni mucho menos,  sino que se hace raro que mientras la España estival, entre olas de calor,  hicieran su reunión de trabajo con traje y corbata, como si fiera pleno invierno en La Zarzuela. Soy consciente que con estos atuendos se pretende transmitir una imagen de trabajo, ya que de aparecer en mangas de camisa o sin corbata pudieran entenderse que ambos se han juntado para pasar un día de playa. Pero la gente que ve la imagen no es tan tonta.

 

Personalmente, creo que políticos, empresarios y otras personalidades que dan por hecho que allá donde vayan oficialmente han de hacerlo en corbata, caso de hombres, o su correspondiente en las mujeres, es algo que debiera de irse asumiendo en su no obligatoriedad. Hemos estado unos días de vacaciones en un lugar costero conocido del sur de España, y encontrarnos con algún ministro, conocido empresario o alto directivo, caminando por el paseo marítimo o cenando en una terraza con su pantaloncito corto, sus chanclas y su polo (a cual más divertido). Incluso, ante algún conocido decirle “casi no te reconozco con esta ropa”, a lo que nos respondió: “Lo importante de las vacaciones es olvidarte del traje y la corbata”. La respuesta tiene sentido, pero inmediatamente uno se dice: pero si es la misma persona e incluso va más jovial y elegante.

 

Aunque es evidente que en el ámbito institucional y de los negocios no puede uno vestir igual que si estuvieran en la playa, pienso que en el caso masculino nos hemos aferrado excesivamente a la corbata como una prenda obligatoria de la que no se puede prescindir porque  pues vas a considerar que te mirarán raro en ese entorno. No compartimos para nada la obligatoriedad que nos imponemos para utilizar estas prendas clásicas, salvo en los claros casos que lo justifica. Para mí Mariano Rajoy es el mismo que acude a ver al Rey en corbata o que al día siguiente asiste a un mitin sin ella o sencillamente en mangas de camisa (y decimos Rajoy como podríamos decir cualquier político).

 

Es evidente que estamos en un mundo en cambios y que la crisis ha acelerado drásticamente muchas cosas. Los políticos se azaran enseguida en anunciar sus recortes en gastos de protocolo, pero siguen mostrándose distantes con gran parte de la sociedad que les ve en el “club de los corbata”, esos que tienen trabajo, ingresos suficientes, que parecen más poderosos, que se sitúan por encima de los demás. No debe renunciarse insisto a la etiqueta cuando el guión lo exige, pero se abusa mucho de determinadas prendas de las que se podrían desprender en numerosas ocasiones. Parece incluso que la corbata va con el capitalismo, porque en otros países que dicen ser contrarios a él, se han deshecho sus políticos y empresarios de esta prenda, a la que solo recurren -y no todos- cuando conviene en las relaciones internacionales o en los negocios. Y con la crisis hoy los políticos y empresarios deberían pensar en cambiar la estrategia de su vestimenta.

 

Es probable que a muchos se les haga duro pensar que debemos dar pasos hacia una etiqueta nueva, propia del siglo XXI. Creemos que en las comidas o cenas oficiales o similares no oficiales el frac, el chaqué o el esmoquin está ya fuera de lugar en estos momentos. Creemos que la corbata como uniforme permanente de trabajo -en cualquier lugar- no siempre está justificado. Nos alegra ver a personalidades y hombres de negocios con atuendos alternativos, elegantes y apropiados, pero lejos de esa uniformidad que ya es del siglo XX. Vemos una frivolidad que en muchas bodas testigos e invitados tengan que llevar el chaqué y todos los invitados pasarse antes por la boutique de marca para dejarse como mínimo sus trescientos euritos, que unido al regalito sube un pico. Y además, es absurdo. Lástima que incluso en las más jovencitas se haya introducido ese afán de que a las fiestas haya que ir vestidas “de protocolo” o de “glamour”.

 

Esta sociedad sufre permanentes vaivenes en cuestiones de moda y etiqueta. Cuando lo” cool” se pone de moda lo clásico pierde valor. Cuando quieres distinguirte un poco más juegas entre el “cool” y el “retro” o lo clásico. El asunto es marear la perdiz. Sin embargo, en el ámbito de los eventos, de todo tipo, la etiqueta del siglo XXI no termina de encontrar su hueco. En el caso de los hombres la corbata deja de tener valor porque es lo habitual, y aunque las mujeres tienen mayores vías de escape algo parecido está ocurriendo. Por eso el caso de ellas las marcas encuentran su agosto ofreciendo nuevos estilos para ser más “cool” sin renunciar a ciertas cosas clásicas, mientras nuestros políticos y empresarios siguen ahogándose en su corbata o en su chaqueta falta/pantalón. Estamos convencidos de que la etiqueta de este siglo está por llegar, y confío que los inventores de la moda no frivolicen y sepan capaces de sacarnos de un atuendo que estimamos ya antiguo.

 

Somos conscientes de que reflexiones de este tipo tendrán sus defensores y detractores. Nos hemos limitado a trasladar nuestras impresiones y algunos razonamientos, porque es un tema al que hay que empezar ya a coger los toros por los cuernos. Y que los fabricantes de corbatas no se enfaden, pero que potencien alternativas dignas de nuestro tiempo (que ya hay muchas, aunque en este mundo al que nos referimos no ha calado aún). Pero como todo, al tiempo.

Las arras en las bodas o la señal para el contrato

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La cuestión la lanzó, a propósito del lenguaje que se utiliza en las ceremonias Regina Mª Pérez Marcos, Profesora Titular de la Facultad de Derecho de la UNED, en el transcurso de un curso de verano organizada por esta Universidad a distancia española en Ávila. Definía la profesora las arras, tal y como dice en su primera acepción la RAE, “cosa que se da como prenda o señal en algún contrato o concierto”.  En su segunda las define como “conjunto de trece monedas que, al celebrarse el matrimonio religioso, sirven como símbolo de entrega, pasando de las manos del desposado a las de la desposada y viceversa”, Y en su tercera definición “Entrega de una parte o depósito de una cantidad con la que se garantiza el cumplimiento de una obligación”. En conclusión, la profesora universitaria recomendó a quienes se quisieran casar que no utilizasen las mismas porque con ello se daba a entender que se estaba comprando a la novia mediante el depósito de una cantidad a cuenta.

Sin quitarle razón alguna a Regina Pérez, a uno inmediatamente se le viene a la cabeza cosas que se han incorporado a la tradición singular de determinadas ceremonias pero que ya poco tienen que ver con su sentido original. Es cierto, que ya desde la antigüedad y hasta no hace mucho, los matrimonios se concertaban entre padres. El padre del novio ponía el dinero y el padre de la novia la dote, definido igualmente por la RAE como “Conjunto de bienes y derechos aportados por la mujer al matrimonio, que tiene como finalidad atender al levantamiento de las cargas comunes y que le deberá ser devuelto una vez disuelto aquel”.

 

Entre arras y dotes los padres llegaban al acuerdo con independencia de lo que pensaran los hijos. Eso que originariamente respondía a un contrato social, con los siglos se ha incorporado a las bodas religiosas -no tiene razón de ser en las civiles, aunque ahora como todo se copia quién sabe, de hecho muchos organizadores de bodas civiles las incluyen en el Protocolo-. En el momento más ceremonioso de la boda religiosa, en el que la pareja se compromete de por vida, se intercambian los anillos y las arras con el simbolismo que antes recogíamos.

 

Según algunos expertos, “la tradición viene de muy antiguo y tiene su origen en Oriente. Posteriormente fue recogida por el derecho romano y establecida en España a través del derecho Germánico-Visigótico y el apoyo de la iglesia. Una tradición que, antiguamente, tenía connotaciones relacionadas con la entrega de la dote o con un premio que se pagaba por la virginidad de la esposa. Hoy en día, su significado está alejado de esta arcaica concepción del matrimonio y son un símbolo de la unión y el deseo de compartir los bienes en el matrimonio”.

 

Otros expertos afirman que “antiguamente era solo el novio quien las ofrecía, representando que le permitía a su esposa compartir sus riquezas. Tenía también la función de actuar como señal o compensación en caso de incumplimiento. En época medieval se refrendaba la entrega simbólica del patrimonio con un documento por escrito dónde se detallaban las propiedades entregadas y que se llama Carta de Arras. Las arras son de oro o plata, pero todas del mismo metal, para acentuar el simbolismo de las riquezas de los bienes presentes y futuros. Al estar hechas de un metal precioso se une el valor sentimental al real y son un objeto que se transmite al primer hijo que se case, y así sucesivamente. El número trece en este caso representa la buena suerte. En este punto se contemplan distintas explicaciones: desde la representación de Jesús y sus Apóstoles, las riquezas de los doce meses del año más uno que se entrega a los pobres o el recuerdo de las monedas pagadas a Judas”.

 

Otros expertos abundan al respecto: “Además de simbolizar los bienes a compartir, hay muchas otras teorías acerca de su significado, como que el novio las entrega como “premio” a la virginidad de su futura esposa. Suelen ser 12 de oro y una de plata o platino. Últimamente se acostumbra a que en lugar de comprarlas los propios novios sea la madrina quien las regale o bien que se hereden de padres a hijos para que su valor sentimental aumente mucho más, lo que le daría mayor significado a su entrega. Suelen guardarse en una bolsa o bandeja”. Otros especialistas hablan de una mezcla de oro, plata y bronce. En esto hay teorías para todos los gustos.

 

Esta última afirmación viene a poner de manifiesto la evolución de lo que era. De una señal de compra o contrato, a un testimonio visual de la igualdad de la pareja, donde ambas partes se comprometen a compartir todos sus bienes, “en las alegrías y las tristezas” como dice el ceremonial eclesiástico.  Algo que luego resulta chocante cuando días antes ante notario han hecho la correspondiente separación de bienes como cada vez más se hace, ante el temor de un posible divorcio.

 

Nada tengo contra estas tradiciones, porque no son obligatorias de cumplir y quien quiera cumplirlo está en su derecho y quien no también. Pero sería saludable que todos supiéramos lo que significan las cosas, en este caso determinadas tradiciones que han dejado de tener el valor original y se han incorporado a la pomposidad de la ceremonia a veces sin saber su auténtico simbolismo.  Insisto que no voy a afirmar estar en contra de todas estas tradiciones, pero me hace reflexionar que muchas de ellas aún esconden determinados “servilismos” o “dependencias” que una sociedad moderna debería dejar de lado.

 

Aún me sigo preguntando muchas veces por qué hay que inclinar la cabeza o la rodilla ante un miembro de una Familia Real. Pero, por otra parte, cómo voy a plantearme cosa tan trivial como ésta si la Semana Santa tiene un significado  de recogimiento muy profundo en la creencia católica, y para la sociedad actual no es más que una magnífica oportunidad para tomarse unos días de vacaciones. Por eso, que cada cual actúe, pero insisto que sepa lo que significan determinados elementos ceremoniosos y desdeluego que no se pontifique, que para ser más papista que el Papa solo basta con observar el gran precepto para una novia en el día de su boda:

 

“Ponerse algo viejo, nuevo, prestado y de color azul”.

 

Todo es simbólico. Lo viejo significa la conexión de la novia con su pasado familiar, por ello se le suele dejar una joya e incluso un vestido de novia perteneciente algún familiar. Lo nuevo simboliza sus esperanzas de iniciar una nueva vida prospera y feliz. Lo prestado simboliza la amistad, suele ser entregado a la novia por otra mujer que lo llevo anteriormente en su boda. Lo de color azul simboliza la fidelidad de la pareja. En a antigüedad las novias vestían de azul, hasta que la Reina Victoria estableciese el color blanco como propio de las novias.