¿Y qué tratamiento damos al ex Papa?

Benedicto XVI
Son muchas ya las personas que me han preguntado al respecto. ¿Qué tratamiento tendrá a partir del 28 de febrero quien ocupara, como Benedicto XVI, la cátedra de Pedro al frente de la Iglesia Católica?  Hace más de setecientos años (la última fue en 1294, Pietro Angeleri di Murrone, que pasaría a la historia de sus cien días de papado como Celestino V[1]) que no vivíamos una situación así: la renuncia voluntaria de un Papa. La primera fue en el año 97, con Clemente I -cuarto Papa de la Iglesia Católica, al ser condenado y mandado al exilio-, la segunda la de Ponciano también enviado al exilio en el año 235, la tercera Benedicto IX en el año 1044, destituido por la vida que llevaba -aunque luego volvió a ser Papa en 1045 durante un mes y de 1047 a 1048 y el último fue Gregorio XII en 1415, en la época del Cisma de Occidente, obligada por el emperador Segismundo. Es absolutamente inédito que un Papa deje de serlo en vida, lo que introduce en los tiempos actuales una nueva situación protocolaria.
 CelestinoV
 Papa Celestino V
Es cierto que no ha de preocuparnos mucho si el hasta ahora Benedicto XVI se mantiene apartado del mundo y lejos de la realidad cotidiana. Pero, ¿qué pasaría si un día participara en un evento religioso o de otro tipo? ¿Debemos seguir refiriéndonos a él como Santidad? ¿Hay que seguir llamándole Benedicto XVI? Preguntas difíciles de responder por esa falta de costumbre y la inexistencia de referencias legales al respecto, y sin que la jerarquía católica se haya manifestado aún al respecto con claridad y firmeza.
La lógica no dice que debería dejar de llamarse Benedicto XVI, para utilizar la condición anterior a la que tenía antes de su elección como sucesor de San Pedro y Vicario de Cristo por el Sínodo de Obispos, como Cardenal Ratzinger. Sin embargo, expertos vaticanos consideran que la condición de cardelanato no podrá mantenerla, ya que es un dignidad que concede el Papa y Benedicto dejó de serlo cuando fue elegido Pontífice el 19 de abril de 2005. Sin embargo, es posible que el nuevo Papa le mantenga tal condición, quizá de forma honorífica (otra cosa es que él acepte). Es evidente que seguirá siendo Obispo, cuestión que es de por vida si no se incumplen las normas.
Dicen los mismos expertos que seguirá llamándose Benedicto XVI porque aunque no sea Papa desde el 28 de febrero, ha sido el Papa que ha llevado ese nombre, y como tal estará en la historia. Además, el sentido común y la lógica nos dice que le seguiremos llamando Benedicto, y probablemente muchos dirán “Papa Benedicto”. Por eso quizá es un poco absurdo pensar en que sencillamente será el Obispo Ratzinguer, o el Obispo emérito de Roma Ratzinguer. Legalmente será así, si no se modifica nada, pero desde el punto de vista protocolario como lo analizamos aquí, sospechamos que la realidad irá por encima de la legalidad.
Según la Agencia Efe, mantendrá el nombre de Benedicto XVI, aunque advierte no tener respuesta para el título que tendrá. Es de imaginar que el nuevo Papa tratará de darle la consideración que estime oportuna. Un ejemplo de que las cosas no pueden seguir igual en cuanto al tratamiento, reside en que un Papa cuando muere se le retira el conocido como “Anillo del Pescador” (símbolo del poder Pontificio) y se destruye una vez el Cardenal Camarlengo verifica la muerte, hecho simbólico que certifica que el reinado ha concluido. En este caso, el portavoz vaticano, Federico Lombardi no supo (o quiso) responder con exactitud a esta cuestión, aunque se mostró convencido en público que su anillo sería machacado, “ya que los objetos relacionados con el ministerio petrino tienen que ser destruidos”.
¿Excelentísimo o Eminencia Benedicto?
El caso es que si no es Papa no podrá ser tratado como Santidad, ya que eso se reserva para el Papa titular. No es como el caso de un Rey que abdica y conserva el tratamiento de Majestad de por vida, e incluso el nombre oficial, tal y como ocurriera con Felipe V (en sus abdicaciones), Fernando VII (en su exilio francés) o Alfonso XIII (en su exilio romano). Sin embargo, se nos hace duro pensar que alguien que ha sido Su Santidad en tratamiento pase ahora a ser un sencillo Excelentísimo y Reverendísimo Señor Obispo o Eminencia si se decide que tenga la condición de Cardenal. E incluso se nos hace duro pensar que un ex papa se coloque entre los obispos por el orden de antigüedad. Supongo que ante unas circunstancias nuevas (las referencias históricas señaladas no nos valen para lo que estamos escribiendo y menos para estos tiempos) tendrá que resolver el futuro Papa que salga del cónclave que designará al sucesor.
Cuando se manifieste al respecto podremos saber lo que hay que hacer a ciencia cierta, tanto en el tratamiento (por si alguien quiere enviarle una carta a su residencia) o en el protocolo si decidiera estar presente en un acto vaticano o eclesial en cualquier lugar del mundo. Si se diera la circunstancia de que el próximo Papa falleciera antes que Ratzinguer, y éste quisiera asistir a su funeral, ¿dónde se le ubicaría? ¿Un puesto especial? Sí, pero dónde. Bueno, tenemos todas las dudas, pero confiemos que pronto se despejen.
Se requiere para la validez, según el artículo 332 del Código de Derecho Canónico, que la renuncia sea libre y se manifieste formalmente, pero que no sea aceptada por nadie. La citada fuente de derecho subraya que los dos modos previstos en la legislación para el cambio en la cabeza de la Iglesia son el fallecimiento o la renuncia y que este segundo supuesto tiene una peculiaridad: “No se requiere que sea aceptada por nadie, dado que no tiene superior en la tierra”.
Asimismo, agrega que una vez hecha la renuncia y manifestada, en el modo que sea, la sede Pontificia queda vacante y no puede volverse atrás. ¿Pero protocolariamente cómo queda un ex Papa, que además seguirá llamándose como el Papa? Estaremos atentos.


[1] Ver más sobre este Papa en http://juancarloslopezeisman.blogspot.com.es/2012/09/renuncia-del-papa-celestino-v-13.html.

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