¿Qué hay que estudiar para ser político?

congreso-diputadosEsta semana de nuevo los profesionales de Protocolo y Organización de Eventos hemos vuelto a estar en la picota de los medios de comunicación a propósito de la cualificación para ejercer en política con un Grado Oficial Europeo en aquella disciplina, aprobado por el Ministerio de Educación en septiembre de 2010, ratificado en noviembre del mismo año por la Consejería de Educación del Gobierno de la Comunidad de Madrid, presidido entonces por la popular Esperanza Aguirre, y por el Consejo de Ministros del Gobierno socialista que presidía José Luis Rodríguez Zapatero en 2011. La designación del Secretario de Estado de Servicios Sociales e Igualdad, Juan Manuel Moreno, como candidato a las elecciones en Andalucía, graduado en Protocolo y Organización de Eventos, lanzaba el debate en este sentido y que ha tenido un buen campo de abono en las redes sociales.

 

Algunos periodistas comentaban con un sospechoso desprecio hacia estos estudios“asuntos que, por lo visto, dan ahora para una licenciatura universitaria”, decía el desconocedor comentarista Juan Miguel Vega en la edición andaluza de El Mundo. Su puya es una indignante burla (utilizada en este caso para cuestionar al candidato andaluz) hacia la cualificación académica de que quienes tenemos responsabilidades en un ámbito que afecta de forma singular a la economía general del país, a sus relaciones internas y, por su puesto, a su imagen de marca y relaciones exteriores. Siguen algunos desinformados sin darse cuenta del importante segmento laboral que ocupamos y que representa un volumen de facturación de casi nada: 54 billones (con b) de dólares en el mundo desarrollado. Y en España, país receptor de turismo y en consecuencia de eventos, es el sector que más ingresos genera a la economía nacional, más de un 7 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB).  Las cifras de empleo e impacto económico

 

Los viajes y el turismo de negocios, aspectos que tienen relación directa con los Eventos, constituyen una de las industrias más grandes del mundo, con 255 millones de puestos de trabajo y el 9 por ciento del PIB mundial, según el Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC). Una cifra espeluznante que hace que uno de cada diez empleos esté vinculado a nuestro sector. En 2013 ha generado cien mil puestos de trabajo y entre 2011 y 2021 crecerá de media un cuatro por ciento. Según aquél informe “los viajeros de negocios y los profesionales de la industria de reuniones y eventos desempeñarán un papel clave en dicho crecimiento”. Según este estudio la “industria conseguirá un mayor reconocimiento por el impacto económico favorable que tiene en comunidades locales y países de todo el mundo”.

 

Si alguien piensa que para algo tan sumamente fundamental en la economía de un país y del mundo no se precisa una cualificación específica, es que obviamente tiene una venda en los ojos. La evidencia es tal que tampoco perderemos tiempo en ello, porque obviamente claro que da (y mucho) para una licenciatura o un Grado. Desconocen los “acertados” periodistas que más de 90 universidades de todo el mundo imparten esta titulación. Por algo será. Sobran los comentarios, porque de lo contrario habría que cuestionarse si para crear un anuncio hay que estudiar publicidad cuatro años, o para escribir una crónica debe hacerse un Grado de cuatro años o si para atender una farmacia hay que meterse en una complicada carrera de esta especialidad.

 

La política como carrera

 

Sin embargo, sí deseo dar vuelta a la cuestión: ¿cuáles son los estudios que ha de tener un político? ¿Es la política tan siquiera una carrera? Si planteáremos directamente qué habría que estudiar para ser político, es muy probable que la mayoría de los consultados terminaran por citar (por eso de que suena parecido) que la cualificación académica idónea es el Grado de Ciencias Políticas.  Sin despreciar asignatura alguna, de los numerosos planes de estudios que hemos consultado, no puede deducirse que esa sea la única manera de llegar a ser politico. Desde luego para un Ministro de Sanidad no es clave, ni para un Ministro de Agricutura o Consejero de Obras Públicas o un Presidente de Comunidad. No niego que el dominio de esas materias sean buenas para un político, pero también hay muchas otras que se imparten en otras carreras. Es curioso porque la mayoría de los politicos proceden del mundo del Derecho y uno ve los planes de estudios de este Grado y se queda con bastantes interrogaciones (es inevitable pensar en el fácil recurso de la corrupción).

 

Es difícil determiner cuál es la carrera idónea para ser politico, entre otras cosas porque no es posible establecerla. A la política se llega desde diferentes cualificaciones académicas que se van implementando con diferentes postgrados, formaciones específicas y experiencia. ¿Por qué no se puede llegar a ser Presidente de la Comunidad Autónoma, Alcalde, Consejero o Jefe de la Casa de Su Majestad el Rey estudiando un Grado en Protocolo y Organización de Eventos donde se estudiandisciplinas que tienen amplio interés para la política? ¿O es más idóneo que un diplomático sea el máximo responsable de los altos asuntos del Rey? ¿O es mejor politico Rajoy por haber estudiado Derecho y convertirse en Registrador de la Propiedad o Felipe González abogado laboralista o Toni Cantó  actor o Cayo Lara agricultor?

 

Actores, agricultores, químicos,enfermeros…

 

Según la SER, 126 de los 350 diputados de la décima legislatura se dedican a la funcion pública. A mucha distancia le siguen los abogados con 51 representantes (que si contamos los que no ejercen pero tienen esos estudios aumenta a 150), los profesores universitarios con 24 representantes, 19 médicos, 9 economistas, 6 empresarios, 5 periodistas, 1 agricultor (por cierto Cayo Lara, secretario general de Izquierda Unida) y un actor (Toni Cantó). Hay datos muy curiosos, por ejemplo, 42 veterinarios, 2 químicos, 1 orientador escolar, varios ingenieros, 1 enfermero, 1 asesor fiscal, etc. ¿Cualifican sus estudios y profesiones para ser políticos? (ver documento de El País sobre estudios y profesiones de los diputados en base a los datos facilitados por la Cámara Baja). En este contexto, no me cabe la menor duda que los estudios de Protocolo y Organización de Eventos cualifican por igual que otras carreras clásicas y modernas y en muchos casos más que las que exhiben algunos diputados.

 

Mirarse al ombligo

 

Como bien señala Ignacio Arango, jefe de Protocolo del Ayuntamiento de Siero (Asturias) y coordinador del movimiento nacional “Queremos Organizar Eventos” (QOE), “no pretendemos entrar en ninguna guerra dialéctica ni que se ensalce nuestra profesión más allá de su justa medida, de eso se tendrán que encargar las personas, empresas o entidades que confíen en nosotros para la gestión de sus intereses; sin embargo, sí pretendemos que no se ponga en duda nuestra profesionalidad, nuestra dedicación y nuestro empeño”. Queda todo dicho en esa frase.

 

Si lo que han querido es desacreditar a un político, que no lo hagan a costa de una profesión que ha trabajado muchos años por su reconocimiento y que tras demostrar durante tiempo, a través de estudios serios y rigurosos, la necesidad de crear unos estudios específicos en la materia como los que existen en la mayor parte de Europa, América y Oceanía. Han conseguido que el realismo se imponga y hoy sea un hecho que da respuesta a algo necesario. Los periodistas que se sorprendan por la necesidad de estudiar “estas cuestiones”, debieran mirarse en el ombligo de su propia profesión. Y desde luego, cada político que se pregunte si sus estudios han sido decisivos para convertirse en político. Si fueran sinceros, nos íbamos a sorprender.

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