¿Qué esconden los pocos que se oponen a la existencia del Grado en Protocolo y Organización de Eventos?

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Observo que algunas personas que se dicen miembros activos (¿?) del sector de Protocolo, incluso con responsabilidad en algunas asociaciones profesionales, siguen empeñados en intentar denostar la carrera de Protocolo y Organización de Eventos. ¿Por qué? En las conclusiones de la casi totalidad de los congresos, jornadas, simposios, encuentros internacionales, nacionales, europeos, etc, la reivindicación de la oficialidad de los estudios siempre ha estado presente. El sector lo ha venido demandando continuamente y la realidad demuestra que hay espacio suficiente para estos nuevos estudios, que sí habilitan claramente para la organización de eventos. Si alguien tiene dudas le bastaría con chequear los programas Periodismo y Publicidad y Relaciones Públicas y opinar si se habilita desde ellos para esta profesión nuestra.

Es más amenazan con el fracaso y quieren incluso apuntar nombres de responsables en caso de que eso ocurriera. Es lamentable que uno de los éxitos más preciados que ha tenido la profesión, reivindicada desde la Organización Internacional de Ceremonial y Protocolo y todas las asociaciones españolas, se alcen voces de algunos ejecutivos tirando dardos envenenados contra una profesión que por la vía de sus estudios ha sido reconocida por el Consejo de Ministros. Olvidan estos denostadores que en Europa existe esta carrera desde hace décadas y que las salidas profesionales son claras y evidentes. Olvidan que nada menos que el 7 por ciento del producto interior bruto español se mueve en torno a este mundo.

 

Se dice que los relacionistas y periodistas pueden cubrir esta franja profesional, pero en los planes de estudio de ambas carreras en España apenas hay más de una asignatura (quien la tiene) que tenga que ver con el Protocolo y la organización. Tengo muy claro qué deben hacer los relacionistas, que tienen campo sobrado, y los periodistas. Pero también no me cabe la menor duda de que los de Protocolo y Organización de Eventos tenemos el nuestro.

 

Vuelvo a hacerme la pregunta: ¿qué intereses guardan quienes día sí, y día también no hacen más que intentar desprestigiar los estudios de la UCJC (y ahora los de la UMH) de Protocolo? Sospecho cuáles son esos intereses, pero deben tener el pudor de decirlos. Los estudios de Protocolo existen en España desde hace mucho tiempo, y la primera Escuela que los puso en marcha tuve el honor dirigirla. Ofreciamos entonces estudios propios de diferentes universidades, porque no había otra opción, y muchas siguen ofreciéndolos, porque hay lugar para todos y nada sobra. Muchos de esos estudios eran de tres años. Ahora se han convertido en estudios oficiales, ¿qué hay de malo en ello? Antes criticaban que eran títulos sin valor, ahora pretenden quitarles el valor que reclamaban.

 

Jugar a la confusión es fácil, pero hay que ser más leal a la profesión, a los profesionales. No critican los másteres porque consideran que es la mejor vía para se formen los interesados en Protocolo, pero en cuanto una universidad consigue que el Máster se oficialice también se critica, y se dice que da igual, que sea oficial o no. Miren, perdónenme, la oficialización de unos estudios, la gran demanda de esta profesión, significa mucho más allá que las tonterías que se dicen. Entre otras cosas porque un técnico de protocolo, con su Grado, tiene la misma cualificación que un licenciado o graduado en otras disciplinas del ámbito de la comunicación. Solo por eso ya merece la pena. Además, si toda la carrera se centra en enseñar a organizar eventos y conocer el protocolo de hoy, con la transversalidad de disciplinas que debe tocar, es muy positivo para todos.

 

Por eso digo, que solo personas que juegan a otros intereses pueden oponerse, y sobre todo cuando están erre que erre… ¿Qué buscan con ello?

 

Por cierto, ¿cuántas cabezas habría que cortar a quienes convirtieron en oficial la carrera de Relaciones Públicas y hoy apenas tiene salidas? Insisto, ¿por qué ese afán en desprestigiar este importante avance. Que lo pueda decir alguien que no conoce nuestro oficio puedo entenderlo, pero ilustres doctores que hacen gala de la necesidad del buen protocolo, de su investigación, de la adaptación de las normas, de establecer una ética profesional, de que se nos trate como personas cualificadas, es incomprensible. Y como tal solo hacen que desacreditarse.

 

Por qué además critican unos estudios de Grado y postgrado oficiales que están sometidos a la auditoria permanente del Ministerio, a criterios docentes e investigadores, etc., y no se critica al resto de las opciones formativas, que tienen menos controles públicos. Está claro por dónde van los tiros. Son muy, muy, poquitos los que critican, pero somos miles los que decimos que lo mejor que le ha pasado a la Profesión de Protocolo es que hayan sido reconocidos sus estudios. Y los periodistas a lo suyo, y los relacionistas a lo suyo. Quienes nos dedicamos a Protocolo y Organización de Eventos tenemos bastante con lo nuestro. Y muy orgullosos y muy seguros de que se va en el camino correcto. El código ético de la profesión, aprobado por un buen número de asociaciones nacionales, considera grave falta esta forma de denostar. ¿No se van a tomar  medidas? Quizá es a los responsables de que se cumpla ese código a quien habría que pedirles responsabilidades desde ya.

El desembarco del Protocolo en el Periodismo

El sector periodístico “serio” debiera plantearse muy seriamente la importancia que tiene el Protocolo en la labor diaria que realizan cuando sus representantes hacen la cobertura de determinados eventos y escriben la crónica correspondiente. Por una parte, se cometen demasiadas ligerezas en los comentarios e interpretaciones sobre determinados asuntos que para nada se ajustan a la verdad. Si uno de los propósitos del profesional de la comunicación es informar verazmente de lo que ha visto, e interpretarlo lo más adecuadamente posible, no puede dejar a su intuición o a su “sentido común perceptivo”  determinados elementos que están presentes en el hecho noticiable y que provienen del ámbito del Protocolo. Hay demasiadas cosas, con mucho significado, que pasan desapercibidas para la opinión pública sencillamente porque el periodista no dispone de formación ni de información sobre cuestiones derivadas con otras disciplinas como la que es objeto de este comentario.

El cómo se dispone una ordenación de autoridades, el orden de las intervenciones, la colocación de las banderas, manera de producirse los recibimientos, la escenografía, etc., aportan una extraordinaria información añadida que para quienes conocemos el mundo del Protocolo nos permite profundizar aún más sobre el alcance de que todo el mundo puede ver pero no todos saben comprender o interpretar. Es ya exigible, dado que el Protocolo es algo que está presente en la totalidad de los eventos que cubren los medios de comunicación, que los redactores o locutores tengan unos mínimos conocimientos para ayudar al lector, al oyente o televidente a conocer el entorno y la globalidad del alcance de la noticia y de la información que de ella pueda desprenderse.

Creo que es absolutamente imprescindible que los planes de estudios de todas las carreras vinculadas a las Ciencias de la Comunicación -desdeluego, periodismo o cualquiera de las especialidades de Comunicación- incluyan una buena dosis de créditos de estudios relacionados con el Protocolo y la Organización de Eventos.

Protocolo y Organización de Eventos, bien que le pueda pesar a algunos, es una Ciencia dentro de la Comunicación -así reconocida por el Gobierno español y otros extranjeros- y debe servir, además de la función en sñí mismo que tiene, para contribuir a una mejor Comunicación global. Así como para hacer Protocolo es absolutamemte necesario tener una buena base de lo que representa la Comunicación y sus necesidades, las demás carreras han de prever lo mismo. Es notorio cómo al público se le usurpan muchos detalles, muy significativos, porque el periodista no repara en ellos o sencillamente no sabe valorarlos.

Aunque a veces hagan referencias a temas de Protocolo no llegan a averiguar su significado, limitándose a contar las cosas como si fueran una mera descripción de lo que ven sus ojos. Lo observamos a diario este problema, y a la inauguración de los Juegos de Verano de Londres me voy a remitir -por citar una gran evento internacional- para que se observe la pérdida de eficacia comunicativa que no se explique bien el alcance del ceremonial olímpico. Es una pena, porque detrás a veces hay más información de lo que aparentemente se ve.

No voy a ser tan atrevido de solicitar que en eventos complejos aparezca la figura del asesor de protocolo, que, así todo, debería de estar cuando realmente es necesario. Pienso que bastaría en principio con una adecuada formación de los periodistas a quienes, además, se les debería dotar de materiales a los que puedan recurrir para realizar las consultas pertinentes. Es obvio, que habrá situaciones donde sería conveniente la presencia de los expertos, pero en el día a día es el periodista quien debe de “saber leer más allá”.

En consecuencia, estimo que quienes estamos en el lado de la Organización, a través de nuestros representantes legales, que son las asociaciones, deberíamos propiciar acuerdos de colaboración que vayan encaminados en esta línea. Es obligado que las asociaciones de protocolo y de periodistas, la Academia de televisión, etc., lleguen a acuerdos encaminados a esta seria necesidad. Con ello se lograría, además, acabar con la frivolización del Protocolo, expresión que para muchos periodistas solo es cosa de reyes, corbatas y tacones, por citar tres tópicos. Creo que las asociaciones deberían tomar muy en serio propuestas de este tipo en beneficio de todos. También se puede decir que hacer Protocolo hoy de espaldas a la Comunicación y sin conocer sus exigencias actuales es suicidarse profesionalmente. Al margen de lo que hagan las asociaciones, al menos uno está ya en esa batalla.