Los ‘retoques’ políticos

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Venía estaba mañana por el Paseo de la Castellana y en un semáforo me quedé mirando a uno de esos carteles electorales de los que España entera está absurdamente invadida.  Digo absurdamente porque creo que para poco vale y sin embargo vale mucha pasta y encima enfea las ciudades. Pero no entro en ello. Sale al paso este comentario porque la imagen de la mañana se me volvió cuando la fotografía al mediodía en mi ordenador, con una pregunta sugerente: ¿foto o pintura? Claro, se queda uno mirando y piensa que cualquiera de las dos cosas puede ser después de haber visto a un excesivamente retocado por ordenador alcalde en funciones de Madrid y candidato a la alcaldía, Alberto Ruiz Gallardón. Si es que no parece él. Yo que le veo muy a menudo pues es vecino de Plaza/calle, paseando con su perrito y su séquito de seguridad, para nada me parece en el cartel. ¡Qué manía los políticos con eso de dar mejor imagen quitándose las cuatro o cien arrugas! Creo que los ciudadanos no somos tontos para influenciarnos por un retocado informático. A veces pienso que las políticas de imagen se enfocan a lo intrascendente.
El asunto de la foto, por si alguno tiene curiosidad, el pie de la foto decía: “Lo que a simple vista parece un lienzo de intensos colores no es otra cosa que una fotografía con poco o nada de retoque, que debe su anaranjado fondo, al reflejo de los rayos solares al amanecer sobre unas dunas que ensombrecen unas acacias eriolobas del parque Nambi-Naukluft en Namibia. Como cuentan en Gizmodo, todavía hay espacio para la belleza natural sin aditivos, ni colorantes”.
Lo cierto es que con la que está cayendo, da la sensación de que los retoques físicos deberían convertirse en nuevos toques y llamadas de atención a todos nuestros políticos para que recurran a un protocolo y unas técnicas de comunicación que les muestren más cómo son en realidad. Encubrir la verdadera personalidad es el fin de muchos.

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