¿Protocolo politizado en los Premios Princesa de Asturias?

La ceremonia y el protocolo del acto en sí de entrega de los Premios Princesa de Asturias no puede calificarse de otra manera que de exitosa. No hay apenas pegas trascendentales que poner, ni que merezca la pena comentar, y, por lo tanto, felicitamos en consecuencia a todos sus organizadores. Sin embargo, hay algunas cuestiones extra ceremonia y de contenidos de la misma que sí deben ser objeto de alguna reflexión. Este acto de entrega de los galardones, que ha cumplido su 37 edición, ha pisado el peligroso terreno del uso político, algo que hasta ahora había sido la línea roja. Siempre los organizadores, con la Casa Real al frente, han frenado la presión de los políticos por instrumentalizar la más importante ventana de España al mundo. Oviedo fue cita un año más de ese mundo que quiere vivir en concordia y en paz, que busca la justicia, la solidaridad y el progreso a favor de un mundo mejor para todos y lo hace desde la aportación de todos los ámbitos del conocimiento y la actividad. En mis 33 años de trabajo en el servicio de protocolo de la Fundación Princesa de Asturias, el entonces mi director Graciano García (creador y fundador de estos galardones) siempre me insistió en no cruzar esa frontera. Soy testigo de las muchas presiones que soportó procedentes de todos los rincones políticos de nuestro país (por ejemplo al presidente Felipe González, no se le permitió hacerse la foto con el presidente brasileño, Lula da Silva cuando recogió su premio, y hubo de conformarse con un encuentro en el Hotel de la Reconquista, lo que hizo que González no acudiera luego al Teatro). Tuve un director muy plantado en ese convencimiento, y gracias a él estos premios cuentan con el prestigio que tienen. Pero el acto de ayer, por muy emotivo, bonito y elegante que haya sido, ha pisado una “china” que le puede hacer herida. Cuando el objetivo es generar la “postal del reconocimiento universal a favor de la sociedad global”, a través de un conjunto de premiados, permitir ciertas acciones que responden a criterios de política doméstica le hace perder su verdadera esencia. Continue reading

Protocolo para poner “cara” a la Unión Europea

(De izquierda a derecha, el Presidente del Consejo Europeo y el Presidente de la Comisión Europea sosteniendo el diploma del Premio Nobel de la Paz, y el Presidente del Parlamento Europeo con la medalla entregada por el Rey Noruego, en la ceremonia celebrada en este país).
La ponencia sobre “Ordenación protocolaria de la Unión Europea tras la reforma de 2010”, fruto de la firma del Tratado de Lisboa (en vigor desde el 1 de diciembre de 2009), pronunciada por François Brunagel, jefe de Protocolo del Parlamento Europeo,  en el marco del segundo Encuentro Europeo de Protocolo, celebrado este sábado en Elche (Alicante, España), nos ha permitido constatar que la crisis económica no es la única que padece la Unión Europea (1). Resulta evidente que hay otras crisis de calado que afectan a la identificación de Europa. A ésta le “falta cara”. Parece una frivolidad así escrito, pero eso parece deducirse claramente de la intervención de nuestro colega francés, funcionario comunitario desde hace más de 40 años, los diez útimos en el Parlamento Europeo y anteriormente en el Comité Económico y Social, profesional de gran prestigio y que desgraciadamente para todos nosotros se jubilará en los primeros meses de 2014.
El tema recobra actualidad ante la inmediatez de las próximas elecciones europeas (deben de celebrarse entre el 22 y el 25 de mayo de 2014 en todos los países comunitarios; en España el domingo 25). Los quinientos millones de ciudadanos europeos que tengamos derecho a ello podremos votar a nuestros representantes en elParlamento Europeo, quienes a su vez elegirán al Presidente de la Comisión Europea, previa propuesta del Consejo Europeo, compuesto por los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión.
Existe un problema protocolario en la Unión Europea como consecuencia de la entrada en vigor de aquel acuerdo, ya que confiere un papel equivalente al Parlamento y al Consejo, pero que no tiene un fiel reflejo en el ámbito protocolario, y tampoco contribuye a la tan deseada política de poner rostro a la Unión y facilitar la visibilidad internacional. Un ejemplo clarificador fue el debate técnico/político habido sobre quién debía recoger el Premio Nobel de la Paz concedido en 2012 a la Unión Europea por el Comité Noruego de la Fundación Nobel.
Dos protocolos
Hay cuestiones que vienen establecidas en el Tratado y otras que funcionan por costumbre. Reclamó Brunagel un papel protocolario más relevante para el Parlamento Europeo, del que existe una clara percepción de protagonista secundario en las relaciones internacionales, pese a contar con “mayor legitimidad para asumir un rol representativo y protocolario superior”. De hecho expuso que en realidad en la UE hay dos protocolos, uno  de consumo interno y otro para la representación comunitaria en actos no promovidos por la UE. El doméstico, más conocido por todos, es aquél que da prevalencia al Parlamento Europeo sobre el Consejo Europeo, el Consejo de la Unión Europea (no debe equivocarse con el Consejo de Europa que no es un organismo comunitario) y la Comisión Europea, de tal forma que la precedencia queda determinada por el siguiente orden:
1. Presidente del Parlamento Europeo, cargo que en la actualidad ocupa Martin Schulz (parlamentario alemán).
2. Presidente del Consejo Europeo (que se elige por períodos de dos años y medio, actualmente y hasta el 30 de noviembre de 2014, ocupado por Herman Van Rompuy).
3. Presidente de turno del Consejo de la Unión Europea (no confundir con Consejo Europeo), integrado por los representantes de los países miembros (que se reune sectorialmente a través de sus ministros). Actualmente, preside Lituania, de acuerdo a la decisión del Consejo de 1 de enero de 2007, por el que se establecen las presidencia rotatorias). Un puesto claramente cada vez más denostado.
4. Presidente de la Comisión, hoy José Manuel Durão Barroso (la Comisión queda integrada por 28 comisarios, uno por país, siendo uno de sus vicepresidentes el Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, cargo que actualmente ocupa Catherine Ashton, que también preside el Consejo de Relaciones Exteriores). Como señala la UE en su información oficial, “así queda reforzada la coherencia en la acción exterior y aumenta la visibilidad de la UE en el mundo, al darle un “rostro” a la Unión”.
Luego ya siguen los demás cargos conocidos, de acuerdo a la lista que habitualmente se aplica por las instituciones comunitarias.
Sin embargo, existe un protocolo externo, no escrito ni regulado que relega al Presidente del Parlamento Europeo, que queda por detrás del presidente de la Comisión, ocurriendo lo mismo con el Presidente de turno rotatorio. Una cuestión que parece para algunos expertos poco legítimo pues el Presidente del Parlamento Europeo, como representante de la única institución que votan directamente los europeos, debería tener un reconocimiento protocolario mayor. Brunagel reclamó la legitimidad como valor sustancial en el protocolo, que debe priorizar a quien es elegido por los ciudadanos. No se intuye que vaya a resolverse esta importante cuestión. Lo que sí es cierto es que como mal menor se recurre a la denominada “Trinidad Comunitaria” (Parlamento, Consejo, Comisión) y al buen entendimiento de sus correspondientes jefes de protocolo que han de resolver en cada caso. El tema no es baladí, pues de su filosofía podría desprenderse algunas conclusiones aplicables en los estados miembros. De hecho, no hay criterios comunes en los países de la Unión sobre la precedencia del Presidente Legislativo sobre el Ejecutivo o viceversa. Así en España el Presidente del Gobierno toma mayor jerarquía protocolaria frente al del Congreso, pero es al revés en Alemania, por citar un ejemplo.
Este tema es importante, porque evidentemente Europa y sus instituciones comunitarias están ahí, pero ¿quién es el rostro que representa Europa? Y ésta, en un mundo mediático y global, necesita “caras” y el protocolo juega en ese sentido un papel primordial. ¿Es Van Rompuy o Barroso o Schulz en estos momentos? Y en ocasiones, en determinadas negociaciones internacionales, ¿Ashton? Hay pues todo un lío a propósito de este tema que puede pasar desapercibido al común de los humanos pero donde se está librando una buena batalla, en la que el protocolo tiene mucho que decir. Laro que algunos dirán que el debate es absurdo pues el rostro hoy se tiene nombre:Angela Merkel, la física que llegó a canciller en 2005.
El caso Nobel
 
Un ejemplo de este vacío fue la ceremonia de entrega del Premio Nobel de la Paz a la UE en diciembre de 2012 (dotado con 930.000 euros que la Unión decidió destinar a los niños que no tienen la oportunidad de poder crecer en un país en paz). Determinar qué representante de la UE debía acudir a recoger el prestigioso galardón de manos del presidente de la Academia Noruega, Thorbjørn Jagland, dio más de un dolor de cabeza, porque una vez más el tema salió a relucir: ¿quién representa a Europa ante el mundo? ¿El presidente del Parlamento que elegimos todos los europeos y que representa nada menos que a quinientos millones de europeos? ¿El Presidente del Consejo que es elegido por sus miembros, es decir, los jefes de Estado y de Gobierno? ¿El Presidente de la Comisión que vota el Parlamento Europeo pero previa propuesta por el Consejo Europeo?
Hubo que pactar que concurriera a Oslo la “Trinidad”, sin que tampoco quedara muy claro quién tenía mayor precedencia, aunque todo parece indicar por la posición que fue Van Rompuy el primero seguido de Barroso y Schulz. No obstante, en los discursos el primero en hablan es Van Rompuy, antes de cerrar Barroso. Lo que es evidente es que los que realmente mandan sostienen el diploma y toman un lugar de relevancia. El que más representa a los europeos, se queda con la medalla, pero en una posición más relegada. Pero no hay un puesto de precedencia claro. Todo con independencia del hecho de que los medios recogieran la imagen del Presidente francés y la Canciller alemana, puestos en pie, levantando sus manos unidas, en medio de la ovación general, mientras observaban el gesto los otros 19 jefes de estado y de gobierno presentes en el Salón de Entrada del Ayuntamiento de Oslo, sede de la ceremonia presidida por el Rey  y el Príncipe Noruego, junto a sus respectivas esposas (éstas colocadas entre los dos reales caballeros).
La cuestión podría haberse enconado más si no hubieran llegado a un acuerdo los respectivos jefes de protocolo sobre quién debía recoger el galardón y quién hacer el discurso correspondiente de agradecimiento (es la única categoría de los Nobel, donde el premiado hace uso de la palabra). El pacto pasó por dos intervenciones, la primera de Van Rompuy y la segunda de Barroso. El presidente del Parlamento Europeo no habló, pero fue el único en hacerlo al día siguiente en la inauguración de una importante exposición con motivo de este galardón celebrado en la capital nórdica. Todos parecieron haber quedado contentos (la buena sintonía y relación de sus correspondientes jefes de Protocolo facilitó el acuerdo, lo que habla ya de por sí sobre la importancia de las buenas relaciones entre éstos funcionarios).
(Videos resumidos de la ceremonia de entrega el 10 de diciembre de 2012. Fuente: Euronews y cerestv, respectivamente)
Ver ceremonia completa en: http://www.nobelprize.org/mediaplayer/index.php?id=1883
Posibles consecuencias en los estados miembros
 
Fue una solución “ad hoc”, puntual, no definitiva, que nos deja sin saber claramente qué rostro representa a Europa, y la precedencia en el ámbito internacional de nuestros máximos representantes comunitarios. Tema delicado que debería resolverse, pues de ahí se desprenden muchas cuestiones que afectan a los estados miembros, especialmente la interpretación del orden protocolario entre el Ejecutivo y el Legislativo y la aplicación del protocolo comparado (ese que nos permite ubicar a una autoridad extranjera en nuestro país por equivalencia con una nacional).
Un debate éste que tiene muchas extrapolaciones que en algún momento saldrán al debate nacional. Porque tirando del hilo podríamos llegar a preguntarnos, ¿qué rostro representa Cataluña, o el País Vasco o La Rioja? Si con el protocolo tratamos de escenificar la realidad objetiva, seguramente el traslado de ese debate europeo a España nos aportaría numerosas sorpresas que convertirían en anécdotas algunos “incidentes” o “accidentes” protocolarios de repercusión mediática como el último vivido entre el Presidente de la Generalitat catalana y la Vicepresidenta del Gobierno de la Nación.

(1) La Unión Europea, como seguramente la mayoría sabrá, está formada por 28 estados miembros, a saber: Alemania, Austria, Bélgica, Bulgaria, Chipre, Croacia, Dinamarca, Eslovaquia, Eslovenia, España, Estonia, Finlandia, Francia, Grecia, Holanda, Hungría, Irlanda, Italia, Letonia, Lituania, Luxemburgo, Malta, Polonia, Portugal, Rumania, Reino Unido, República Checa y Suecia. Esta cantidad puede aumentar a 33 si tenemos en cuenta que han solicitado su ingreso Macedonia, Islandia, Montenegro, Serbia y Turquía (quedarían por pedirlo otros  tres posibles, Albania, Bosnia y Herzegovina y Kosovo). Todos ellos aportan quinientos millones de ciudadanos a fecha de 1 de enero de 2013.