Mayor precedencia protocolaria para el presidente autonómico

Hace ya bastante tiempo que vengo dando vueltas y reflexionando acerca de la idónea precedencia que debe de tener tanto el Presidente de la Comunidad Autónoma como el Alcalde, cuando se celebran actos de carácter general en el territorio de sus competencias. Es evidente que suscitará mi opinión polémica, posturas divergentes o apoyos, pero no busca nada de eso, sino comenzar a construir un debate profesional, lejos de la politización e intereses concretos, acerca de los cambios que más tarde o más temprano han de introducirse en el Real Decreto 2099/83 sobre el Ordenamiento General de Precedencias en el Estado. He intentado no dejarme influir para nada de la coyuntura actual, sino del balance de las tres décadas de vigencia de esta normativa (en agosto cumplió 30 años y su aniversario pasó sin pena y sin gloria, lo que demuestra el aprecio que le tenemos) y el desarrollo institucional y autonómico de nuestro país, siempre en el máximo respeto a la normativa vigente.
Aunque precisa de debate sosegado, contrastado, quiero al menos abrirlo desde esta página. Voy a la premisa principal que defiendo:  en los actos de carácter general que se celebren en el ámbito de una comunidad autónoma, si su vocación o contenido es claramente autonómico, el presidente de la Comunidad en mi modesta opinión debiera subir su puesto y colocarse inmediatamente detrás del Presidente del Gobierno si asistiera al evento, o si no tras los Reyes, Príncipes e Infantas, y si no acudiera ninguno de ellos el primero o tras el anfitrión. Casi de forma similar defiendo que en los actos de carácter general cuya vocación es claramente municipal, el Alcalde debería situarse inmediatamente después del Presidente de la Comunidad, sino estuvieran presentes los máximos representantes de los tres poderes del Estado y el Constitucional..
Para llevar a cabo esto es necesario que el Real Decreto redefina la clasificación de los actos, general y especial, matizando el factor antes aludido de “vinculación, vocación o competencia” autonómica o local. La Constitución reconoce para el Presidente de la Comunidad la representación ordinaria del Estado, tal y como dice el artículo 152, apartado 1: “(…) y un Presidente, elegido por la Asamblea, de entre sus miembros, y nombrado por el Rey, al que corresponde la dirección del Consejo de Gobierno, la suprema representación de la respectiva Comunidad y la ordinaria del Estado en aquélla (…)”.
En virtud a esto, y al notable peso político que las comunidades autónomas han tomado desde su creación hasta ahora, parece de sentido común, que en su ámbito territorial ocupen un puesto por encima al menos de los presidentes del Congreso, Senado, Poder Judicial y Constitucional. Resulta obvio que esta precedencia no sea de aplicación cuando sean actos convocados de carácter general por las instituciones centrales del estado en la Villa de Madrid, en su condición de capital del Estado.
Apelando a la lógica resulta extraño e incoherente que el Presidente autonómico se vea relegado al puesto 10 en su comunidad, por detrás de los presidentes de aquellos poderes. Si tiene la “suprema representación” no es coherente que sea dispuesto detrás del Presidente del Poder Judicial (salvo que el acto sea promovido por el Poder Judicial o esté dentro de sus posibles competencias).
En nuestra defensa, apelamos igualmente a la consideración social que tienen los presidentes del Congreso y Senado, que aunque sean legales representantes de los ciudadanos, tienen menor peso político. Y lo mismo podría decirse del resto de los poderes fuera de sus estrictas competencias. Claro que no puede admitirse como argumento la “sensación ciudadana”, salvo qué ésta sea a juicio de los expertos un fiel reflejo de la realidad. El vecino de a pie es consciente -sea de su corriente política o no- que quien realmente le representa es el presidente del Gobierno, el Presidente autonómico y el Alcalde. De lejos ve a los presidentes de los poderes y mucho más al presidente de la Asamblea Legislativa o del Delegado del Gobierno.
Soy consciente, de que esta reflexión que abro precisa de muchos matices, de mayor argumentación y más apoyo jurídico. Por ahora solo quería trasladar lo que noto en la calle y el Protocolo si quiere sobrevivir debe ser sensible a la realidad, sin menosprecio de la Constitución y el legal valor de la representación. Nadie quita valor a nadie, pero otra cuestión es cuál debe ser el ordenamiento adecuado en actos que se celebren en el territorio de una Comunidad. Insisto que es una primera reflexión, con la que se ha iniciado un amplio estudio al respecto en el Instituto Universitario de Protocolo de la Universidad Camilo José Cela, cuyos resultados esperemos conocer pronto.
En otro momento, justificaremos con mayor abundamiento la defensa de la mejora del puesto para el Alcalde del municipio.

Ceder la presidencia no es cuestión de precedencia

El deporte, en este caso, a través del gran acontecimiento que ha supuesto la elección de la ciudad sede de los Juegos de 2020 -del que desgraciadamente Madrid ha caído fuertemente vapuleada para gran sorpresa de los españoles a quienes creo que los periodistas nos llenaron de pájaros la cabeza- ha venido a demostrar que ceder el puesto del anfitrión a una autoridad en una presidencia no es cuestión de jerarquía, ni algo obligatorio o exigible, sino decisión del organizador que ha de recurrir a su propio criterio o el de la institución que representa, bien porque así esté dispuesto, por estrategia, en consonancia con lo que se pretende, por cortesía o por interés. Pero en cualquier caso con cabeza y de acuerdo a los objetivos y entorno.
Estamos acostumbrados -normalmente por imposición de un protocolo mediocre- a que el anfitrión tenga que ceder obligatoriamente cuando a su acto acude un autoridad de notable mayor rango, de tal manera que un Alcalde se ve desplazado por el Presidente de la Comunidad -quiera o no-, o un presidente de un congreso profesional por el concejal de Turismo. El Protocolo deportivo nos enseña continuamente que la cesión es algo que obedece a una justificación clara -cortesía, estrategia conveniencia, etc.-, pero no por imposición.
La delegación española mostró dos tipos de ordenación en el fatídico 7 de septiembre: una ante los miembros del COI defendiendo su candidatura, con el Príncipe de Asturias presidiendo la mesa destinada a la delegación aspirante; y otra en la posterior rueda de prensa con el Presidente del Comité Olímpico Español presidiendo con el presidente del Gobierno a su derecha y el presidente de la Comunidad de Madrid a la izquierda. Dos situaciones parecidas -la segunda sin el Heredero-, pero con soluciones diferentes.
 madrid2020 A
(Protocolo de la mesa principal en la solemne sesión ante la Asamblea General del COI: 1: Príncipe de Asturias; 2. Presidente del Gobierno; 3, Presidente del COE; 4 Presidente de la Comunidad de Madrid; 5. Juan Antonio Samaranch, miembro del Comité Ejecutivo del COI y de la candidatura española; 6: Alcaldesa de Madrid; 7: Consejero delegado de Madrid 2020 y Secretario General del COE)
Tenía sentido que ante la Asamblea General del COI el Príncipe, representando al Estado español, presidiera, transmitiendo así imagen de país por encima de colores políticos, gobiernos o intereses. Un Príncipe, llamado a ser Rey y atender su fundamental labor de representar a todos los españoles ocupaba la zona central de la presidencia, ocupando el anfitrión de la candidatura, el presidente del COE, su lado izquierdo, es decir, el puesto 3, solución en mi modesta opinión muy correcta, por cuanto que el invitado de honor queda a su derecha y logrando con ello que el puesto dos que a disposición del Presidente de todos los españoles. Algunos dirán que como era el Príncipe la cesión fue obligatoria. Ojo, que en el mundo del deporte y más en los eventos internacionales no se trabaja con estas premisas (que se lo pregunten al Soberano de Mónaco sentado como uno más entre los miembros de los CON’s o a la propia Infanta doña Pilar). Don Felipe. representando al Rey de España presidía porque así lo dice la lógica del evento en el que Madrid y España presentaba su alternativa. Su puesto conseguía visualizar mejor la idea de una representación de todo el país. Es decir, una cesión claramente justificada en este ámbito deportivo internacional donde las cesiones no abundan si no hay razones muy justificables). La precedencia o la dignidad de cargo no es razón para que el anfitrión abandone su función de presidir. (y aprovechando el viaje; una composición muy propia del deporte, a un lado las autoridades políticas, y al otro las deportivas)
Sin embargo, minutos después, ya fuera del local de la Asamblea, la delegación española, sin el Príncipe, ofreció un rueda de prensa, y en la mesa de los siete que concurrieron ante los medios de comunicación, presidió el Presidente del COE, con Rajoy (presidente del Gobierno) a su derecha y Sánchez (presidente de la Comunidad de Madrid) a su izquierda. Otra decisión muy acertada a nuestro entender. Si hubiera habido cesión en favor del Presidente del Gobierno, se hubiera descafeinado o incluso matado el objetivo del evento. ¿Qué pintaría Rajoy presidiendo una rueda de prensa de una candidatura que representaba por encima de todo el Presidente del COE? Muy correcta, pues, la decisión. Y me gustó mucho la composición del resto de la mesa, buscando la alternancia entre representantes olímpicos, políticos y deportista. Un acierto, aunque en mi modesta opinión hubiera intercambiado los puestos de la directora de Relaciones Internacionales y el del Consejero Delegado, pero tampoco tiene este dato mayor importancia para el resultado final pretendido (y el protocolo interno del COE se impuso).
(Parte central de la mesa presidencia en la Riueda de Prensa tras la presentación de la candidatura. Por orden de protocolo quedó como sigue: 1.- Presidente del COE; 2. Presidente del Gobierno; 3. Presidente de la Comunidad de Madrid. No salen en la foto, pero el resto de los componentes estaban en este orden: 4. Alcaldesa de Madrid (derecha de Rajoy, y el resto en alternancia); 5; Directora de Relaciones Internacionales del COE; 6; Paul Gasol; 7. Consejero delegado de Madrid 2020)
Y lo mismo ocurrió en la rueda de prensa previa a la Asamblea, donde el Presidente del COE presidió dejando la derecha al Presidente de la Comunidad de Madrid y la izquierda a la Alcaldesa. Otra opción hubiera sido absurda.
 Madrid rueda buena
(El Presidente del COE preside entre el Presidente de la Comunidad de Madrid y la Alcaldesa de la Villa)
Estos ejemplos, ambos de gran acierto, son desgraciadamente la excepción del buen hacer, en un país demasiado acostumbrado que a por exigencia el anfitrión tenga que ceder cada vez que acude a su evento una autoridad de mayor rango o sencillamente una autoridad -caso de instituciones no oficiales-. Hay que acabar con esa especie de lacra de ceder sencillamente por mirar el denostado Real Decreto 2099/83 de Ordenación General de Precedencias en el Estado. Es un error, máximo cuando el propio R.D., aunque contemple de forma indirecta la cesión, deja claro que el acto debe ser presidido por la autoridad que lo organiza. Señores políticos, o profesionales de protocolo que para ellos trabajan: exigir la presidencia sin más es un abuso que no debía tolerarse. El anfitrión es quien decide, bien porque la interesa, lo aconseja la filosofía del acto, por cortesía o por inteligencia, pero no se le puede presionar o chantajear. La imposición -directa o indirecta- actual, es de escándalo, tanto por su carácter habitual como por las formas en que se produce.
¿A alguien le pareció rara la composición de alguna de esas presidencias antes comentadas? Supongo que no. Pero estábamos ante el COI que en esto no se anda con tonterías. Los organismos internacionales creen más en el protocolo que cualquier institución española, país del que tanto presumimos de nuestro rico e histórico protocolo. Esa es la cuestión. En otra situación, no hubiéramos visto lo mismo. No tengan duda. Nos queda mucho por asumir en este país. Vayamos tomando nota.

El Protocolo judicial en España

El protocolo y ceremonial del Poder Judicial de España (en su conjunto) es una de las asignaturas pendientes que tienen la mayoría de los profesionales en nuestro país, que en un porcentaje alto desconocen, pese a formar parte del gran ceremonial oficial. De eso se puede dar buena fe por el alto número de consultas que han llegado y siguen llegando hasta el Instituto Universitario de Protocolo de la Universidad Camilo José Cela en los dos últimos años.  No es una cuestión fácil de entender porque se entremezclan muchas normativas generales del Estado con las propias de este Poder, así como las costumbres y tradiciones que rodean a este importante sector, que prácticamente está todos los días en los medios de comunicación.

 

Por otra parte, en la mayoría de los actos oficiales que promueve el Estado, las comunidades autónomas y las entidades locales, cuentan con la presencia de representantes judiciales y jurisdiccionales a quienes en muchas ocasiones resulta difícil de encajar entre los invitados a un evento. En este sentido, es necesario advertir de la importancia de dominar este protocolo, tanto para quienes ejercen en el sector público como en el privado. De esa dificultad da buena fe lo complicado que resulta a los alumnos de Grado y Postgrado que se preparan para ejercer en el futuro tareas de protocolo y organización de eventos.

 

Podría preguntarse, ¿quién va antes, el Presidente de la Audiencia Nacional o el Presidente del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía en un acto a celebrar en Madrid y por qué? ¿O quién tiene mayor rango a estos efectos, un magistrado del Supremo o el fiscal jefe del mismo? ¿O, más cerca de los ciudadanos un juez decano o un magistrado de la Audiencia Provincial? Preguntas sencillas, pero que muchos desconocen, generándose a veces errores en la aplicación real en diferentes eventos.

 

El Protocolo en el Poder Judicial se rige por leyes y reales decretos nacionales, y en especial por el Reglamento 2/2005, de 23 de noviembre, de Honores, Tratamientos y Protocolo en los Actos Judiciales Solemnes. Una lectura del mismo contribuiría a entender muchas cosas, así como un seguimiento especial de sus actos específicos. En este sentido, es preceptivo aconsejar su estudio, y animar a algunos doctorandos a que realicen posibles tesis doctorales al respecto, pues es un tema rico y amplio como para desarrollarlo y necesitado de divulgación.

 

Aparentemente, puede dar la sensación este Poder de aplicar un viejo ceremonial, porque se basa en costumbres y forma parte de un sector no propicio a abrirse en este sentido a la Sociedad. Pero en ocasiones aportan sus actos cuestiones que apuntan a una cierta renovación que permite pensar que también a la Justicia le ha llegado la necesidad de actualizarse.

 

Entrega de despachos a nuevos jueces en Barcelona

 

Un buen ejemplo de ello fue la reciente entrega de despachos a la LXIII promoción de nuevos jueces, que tras su preparación en la Escuela Judicial, recibieron del Príncipe de Asturias, en el transcurso de un acto celebrado en Barcelona, el pasado día 4 de abril, el documento que acredita a 231 personas, 145 mujeres y 86 hombres, con una media de edad de 30 años, que comenzarán a impartir Justicia. Cifras interesantes para los aficionados a las estadísticas o para quienes desean mayor presencia femenina y acceso a jóvenes. En ese mismo acto, la número uno de la promoción recibió de manos del Heredero la Cruz de San Raimundo de Peñafort. Puede verse un resumen/reportaje del mismo en http://www.youtube.com/watch?v=tK23xV9U4tU.
 
(Entrega de la Cruz de San Raimundo de Peñafort a la número uno de la promoción)
De este acto se debía destacar la presidencia, muy novedosa para el sector judicial, y que puede servir de referencia a otros ámbitos de la organización. Con independencia de que cada uno considere excesiva o no la mesa (13 personas), nos quedamos con lo más importante en nuestra opinión. Fue presidida por el Príncipe, y los listados de autoridades civiles y judiciales se repartieron en la misma en dos sectores. A la derecha de la presidencia, las judiciales por su orden, a la izquierda, las civiles por el Real Decreto, artículo 12. De esta forma a la derecha del heredero se sentaron el Presidente del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo (que como dice la normativa presidirá todos los actos promovidos desde el Poder Judicial, cediendo solo a los miembros de la Familia Real, razón que justifica la colocación en el puesto 2, pues de hacerlo en el tres estaría cediendo al presidente catalán). A continuación lo hicieron el Presidente del Tribunal Constitucional, Fiscal General del Estado, Vicepresidente del Consejo General del Poder Judicial, Secretario del mismo y Directora de la Escuela Judicial.
 
(Entrega de despachos a los 231 nuevos jueces de la promoción)

 

A la izquierda de don Felipe, el President de Catalunya, la Vicepresidenta del Gobierno, Presidenta del Parlament Catalán, Delegada del Gobierno en Cataluña, Alcalde de Barcelona y Secretario de Estado de Justicia.

 

Esta disposición nos parece correcta, máximo si consideramos que la normativa interna del Poder Judicial señala que en sede propia las autoridades civiles deben ocupar zonas distintas a los representantes judiciales. De hecho en los actos que se celebran en sede judicial, al estrado sólo acuden los togados por su orden, ocupando la presidencia los miembros de la Sala de Gobierno correspondiente, más el fiscal jefe de la entidad, salvo excepciones puntuales derivadas de la costumbre (como la presencia en la mesa presidencial del Ministro de Justicia en la inauguración del año judicial). De esta forma, en la presidencia de Barcelona, a una zona quedaban unos y a la otra el resto, dando la derecha al Poder Judicial, un sistema éste que también se aplica asiduamente en el mundo deportivo.

 

Que la mesa presidencial fuera tan grande podría justificarse en el deseo de que en la misma estuvieran representados todos los sectores de la Justicia y de las principales instituciones civiles, al tiempo que el mayor número permitió agilizar la entrega de despachos al modo militar. Un acto bonito de ver y del que cada uno puede sacar las conclusiones que estime oportunas. En nuestro caso, consideramos una aportación que probablemente sea exportable a otros ámbitos del mundo oficial y no oficial. Una forma de adecuarse a los nuevos tiempos.

 

La paridad de las banderas

 

Al margen de ello, hemos de volver al asunto de las banderas, que están bien colocadas, pero dado que son 19 las comunidades y ciudades autónomas de España, si se decide, como fue en este caso, disponer las enseñas de todas más la española la suma hace veinte lo que genera que la bandera rojigualda no quede justo en el centro como parecería aconsejable en un evento que aunque se celebre en la ciudad condal realmente afecta a todo el Estado. Considerando que el acto es en Barcelona, la bandera catalana toma precedencia sobre la vasca, quedando España y Cataluña en el centro, una disposición que iguala en rango a ambos vexilos. El tema originará comentarios para todos los gustos, pero sí al menos hay que señalar que la posición central la ocupan España y Cataluña, con precedencia para la nacional, pero compartiendo el honor con la catalana. Algo inevitable salvo que se añadiera la europea, o sencillamente que se hubieran dispuesto en el centro dos de España, como se hacen en otros países y en instituciones europeas. Pero ahí queda la reflexión, para que cada uno defienda su teoría.
(El Príncipe de Asturias durante su intervención. A su izquierda, en la mesa presidencial las autoridades oficiales por su orden. Al otro extremo, no visibles en la imagen, los representantes judiciales)

Protocolo 0 – Eventos 1

Evento
Es evidente que estamos en momentos difíciles para el Protocolo por la asociación que de su término se hace a gastos, poder, saber estar, mundo oficial. Sin embargo, nadie cuestiona Eventos, aunque pueda criticarse el alto coste de un acto y lo innecesario del mismo. Me comentaba ayer un buen amigo, alto responsable de la organización de actos de una comunidad autónoma, que en su “casa” practicamente no podía hablar de Protocolo porque era cuestión maldita. Que a la hora de cerrar presupuestos más que de Protocolo prefería hacer referecia a eventos institucionales. “No veas cómo cambia la cosa”, me decía.
La verdad es que llevo años defendiendo que los técnicos de Protocolo somos auténticos gestores de actos (o eventos), cuestión que ya expresé con claridad en 2001 en el Congreso de Protocolo de Mallorca. El hecho de que en el mundo más desarrollado se hable de Events (eventos) cuando se refieren a la organización de actos en general, está provocando que Protocolo se asocie más a lo estrictamente oficial. Por eso, siempre recordaré, que en un foro profesional que promoví hace tres años, cuando la Universidad Camilo José Cela nos encomendó preparar el proyecto de documento que se debía presentar al Ministerio para solicitar el Grado Oficial en Protocolo y Organización de Eventos, un reconocido responsable de una Consultora de Organización de Actos espetó delante de todos los asistentes (representantes del mundo oficial y empresarial) que él defendía por encima de todo Protocolo “porque es fundamental para cuando lo precisemos quienes organizamos eventos”.
Me dejó medio humillado. Es decir, vino a señalar que hagan ustedes Protocolo que nosotros nos dedicamos a organizar los eventos. En el ámbito estrictamente empresarial, y me remito a la realidad (asomaros a Linkedln), la mayoría de los servicios que se dedican a esta cuestión se denominan Eventos o similar. Cada día se nota más ese abismo, esa diferencia entre Protocolo (asociado al Poder institucional, su jeraquización y tratamiento) y los Eventos (asociado a la organización en general, especialmente en el ámbito empresarial). Esta dualidad es un trampa, porque quienes se dedican al Protocolo tanto en el ámbito oficial como no oficial son auténticos organizadores de eventos. Sin embargo, muchos “manager” de eventos desconocen las reglas esenciales del Protocolo y su organización cualificada.
Esta brecha ya existe y está perjudicando desgraciadamente al Protocolo, no porque el término no responda a lo que es, sino porque la sociedad lo ha quemado al convertirlo incluso en algo frívolo como el arte de comer el huevo frito o cómo colocar la corbata o atender el teléfono en la oficina. Tanto que en ocasiones, cuando negocias determinadas cuestiones es preferible omitir el tradicional término, y presentarte como experto en la organización de eventos. Me duele la cuestión, porque desde siempre he defendido y lo sigo haciendo que Protocolo en su acepción profesional es la organización de actos y eventos. Pero la realidad viene demostrando poco a poco, y vuelvo a remitirme al panorama internacional, que esa batalla se puede perder si profesionalmente no actuamos con habilidad. No pienso renunciar a seguir luchando y acreditando mediante estudios, investigaciones y realidades que el Protocolo profesional no es solo el arte de aplicar precedencias y  la atenciónde autoridades, sino que tebiendo en cuenta la evolución de los tiempos es la gestión y la organización de todo tipo de actos. Pero hay muchos intereses en juego en este campo, de tal forma que es claro que existe una estrategia bien pensada para que Protocolo siga siendo visto como los actos del Rey y las altas autoridades y Eventos todo lo demás que es nada menos que la parte fundamental de la tarta.
Por esa razón, las empresas de eventos defienden la existencia del Protocolo, para que se quede ahí, incluso nos contratan cuando en su actos hay necesidad de tirar de atender autoridades. Afortunadamente, la Universidad Camilo José Cela tuvo la cordura de investigar en el contexto  internacional cómo estaba la cuestión y, además, valorar la singularidad y significado del Protocolo en España. Por esa razón presentó en su Propuesta de Grado un título que engloba ambos términos para evitar confusiones o malas interpretaciones, y puedo asegurar que la carrera oficial no hubiera salido adelante sino fuera por la convivencia de ambas expresiones. Por la misma razón que hubo que retirar las palabras Relaciones Institucionales porque inducían al error frente a Relaciones Públicas, cuestión que comparto.
Los profesionales que nos dedicanmos a la organización de actos tenemos que hacer una reflexión en serio en este sentido, porque francamente Protocolo está perdiendo el partido frente a la oytra expresión. Ya desde aquí propongo abiertamente que la Asociación Española de Protocolo -lo mismo diría de otras asociaciones- contemplen la palabra Eventos porque corren el riesgo de que se le etiquete como lo que no es, o de que surjan movimientos que se ajusten más a lo que es la realidad en este momento. Sé que muchos colegas de Protocolo no compartirán conmigo esta reflexión, pero les invito que más allá de sus departamentos y sus “mundos” observen el panorama, estudien la cuestión y miren al exterior. Se darán cuenta que en este momento o damos el paso para acreditar que realmente Protocolo es el nombre en español de la profesión de quienes organizamos eventos, ya sean oficiales o empresariales, o perdemos el partido como digo. Y mientras creo que es necesario que asociemos siempre Protocolo y lo que para mí es su alma gemela en otro idioma, events (Eventos), siempre desde lo que es la definición de la profesión, no el significado de su término desde el punto de vista del diccionario. La Real Acadenia tampoco nos saca de dudas porque frente a la definicion de Protocolo como “Regla ceremonial diplomática o palatina establecida por decreto o por costumbre”,  se superpone la de Evento como “eventualidad, hecho imprevisto, o que puede acaecer”. Solo en Cuba, El Salvador, México, Perú, Uruguay y Venezuela, según la casa madre de la Lengua Española, se define como “Suceso importante y programado, de índole social, académica, artística o deportiva”. Pero también omite su vinculación a lo oficial, incluso a lo empresarial.
Hoy en el mercado general global decir que eres técnico en Protocolo es limitarte. Señalar que eres gestor de eventos o Event management vende mucho más. Siento mucho decir esto, pero o pisamos tierra o nos entierran. Sé que académica o científicamente Wikipedia carece de valor, pero en muchas cosas es fiel reflejo de realidades sociales. Os invito a que miréis esto, algo que se me ocurrió mientras escribía esta reflexión y  media España sufría la pasión del Barça-Madrid:
Lo que sí es realmente un hecho es que la mayoría de mis colegas profesionales en el ámbito empresarial (salvo excepciones honrosas) llevan de apellido en su cargo Events Manager. Es la primera vez que escribo tan contundente en este sentido, y seguiré defendiendo al director de Protocolo profesional como el event manager auténtico, pero la realidad como bien se sabe va por delante de muchas cosas. Debemos admitir que Protocolo y Eventos es una pareja ya inseparable. De esa forma la cosa se pondrá en un claro 2-1. Desde el punto de vista de la ciencia y la historia la palabra idónea es Protocolo, cuyo técnico es el responsable de la organización general de los actos (hoy ya más llamados eventos). El Event manager es tan reciente que ni tan siquiera tiene soporte científico. Lo tendrá cuando se asocie a Protocolo. Me pregunto yo si nuestro amigo Vatel viviera hoy ¿como se llamaría? ¿Director de Protocolo? ¿Director de Eventos? O probablemente se dejaría de tonterías, parara sus labores organizativas, más allá de la simple jerarquización, y se vendría a buscar asiento en un bar próximo para ver cómo acaba el partido que tiene al límite a la España futbolística.

“Pepa 2012”, ¿romper el protocolo?, no destrozarlo

Presidencia Pepa 2012
Profesionales. Docentes. Investigadores. Será muy difícil de explicar a partir de hoy el por qué de algunas decisiones protocolarias tras observar detalladamente las imágenes que los medios de comunicación nos han transmitido a propósito de la presidencia del acto del bicentenario de las Cortes de Cádiz, celebrado en esta ciudad. Difícil, porque no encuentro argumento alguno que sostenga el erróneo protocolo seguido para la presidencia del acto central celebrado en el Oratorio de San Felipe Neri, lugar donde hace 200 años los diputados doceañistas redactaron y promulgaron la Constitución de 1812, la primera constitución liberal del España.
No dudo que el evento haya sido un éxito, que felizmente se haya celebrado un acontecimiento tan importante en la historia de la construcción del Estado español. Tampoco ponemos en duda la carga de los discursos pronunciados en beneficio de una sociedad democrática, justa e igualitaria. No entramos en eso. Hablamos de Protocolo. Y en especial de la precedencia seguida en la mesa presidencia del Oratorio. A lo largo del día de hoy hemos recibido cientos de mensajes de profesionales y estudiantes relativos a la ordenación seguida en la citada mesa. Todos muestran extrañeza y buscan una u otra explicación, sin hallarla.
Al menos hasta hoy era práctica habitual obligatoria que cuando los Reyes acudían a un acto, en la mesa central se previera una doble presidencia donde los dos puestos centrales se guardasen para Sus Majestades los Reyes, ocupando el Jefe del Estado el sitial derecho entre ellos, y su consorte el izquierdo. Y a partir de aquí se aplicase la precedencia en alternancia. Sin embargo, este lunes 19 de marzo de 2012, hemos visto una ordenación inédita. Siete puestos, el Rey en el medio, la Reina a su derecha y el Presidente del Gobierno a su izquierda, Y a partir de ahí de derecha a izquierda el Presidente del Congreso, Presidente del Senado, Presidente de la Comunidad Andaluza y Vicepresidenta primera del Gobierno. Incluso algunos me han escrito pensando que los medios han publicado la foto al revés, pero no.
Si alguien pregunta por qué, tendrá que dirigirse a los organizadores porque uno no encuentra explicación alguna a este cambio sin sentido. Tampoco razones para que se salte a la torera las normas vigentes de precedencias, las técnicas tradicionales y las costumbres, que tanto pesan en eventos de estas características. Por muchas razones. Primero, porque argumentar que no caben más de siete personas en la mesa para hacerla par, no cuadra. Segundo, porque en el peor de los casos con seis personas hubiera sido suficiente (aunque lo ideal hubieran sido ocho). De acuerdo a la costumbre, la lógica y la norma, los Reyes presiden, don Juan Carlos a la derecha y doña Sofía a la izquierda, como siempre. ¿Por qué esta vez no se hizo así? Ni idea, pero para los profesionales de protocolo decisiones de este tipo hacen dinamitar todos los principios relativos a la aplicación de precedencias. Si alguien quiere saber por qué, no podemos decirlo y solo podemos remitirle a los altos responsables de Protocolo del Estado para que nos lo expliquen. No porque nos parezca ni bien, ni mal (que la verdad nos parece frívolo), sino sencillamente para saber qué tenemos que hacer a partir de ahora. ¿Vale todo?
En un acto de estas características, hemos echado de menos en la mesa al Presidente del Tribunal Constitucional (más que justificada su presencia) y a la Alcaldesa de Cádiz (máxima representante local), y si embargo no entendemos el por qué de la presencia de la Vicepresidenta del Gobierno (estando el Presidente). Creemos que hubiera sido perfecta esta disposición en presidencia par:
1.       Rey.
2.       Reina.
3.       Presidente del Gobierno.
4.       Presidente del Congreso.
5.       Presidente del Senado.
6.       Presidente del Tribunal Constitucional.
7.       Presidente de la Junta de Andalucía.
8.       Alcaldesa de Cádiz.
Lo que se hizo, con todos los respectos, no lo podemos compartir para nada, por muchas explicaciones que nos den. Así de sencillo. Queridos colegas y alumnos no nos quedemos con este caso como una “inflexión” en Protocolo, sino como un importante error que genera confusión. Siento decir esto, pero el Estado no puede jugar con “frivolidades protocolarias” sean fruto de lo que sean. Uno confía que en estos actos la presión política no se imponga al Estado de Derecho, pero tras lo visto ya no sé qué pensar. Pierden el derecho a decidir sobre precedencias quienes resolvieron el orden de esta mesa.
Por eso, queridos alumnos y amigos profesionales, confiemos que esta sea la mala excepción que rompe la regla. Últimamente se habla mucho de “romper” el Protocolo como forma de humanizar los actos oficiales. Pero esto no es romperlo, sino sencillamente “destrozarlo”. Resulta que en la inauguración de la X Legislatura en el Congreso, el Rey y la Reina ocupan sus lugares tradicionales. Meses después lo invierten. ¿Es que la Pepa tanta fuerza tiene?
Como diría  mi amigo, explicaciones al “maestro armero”. Para mí es un error y grave.
Y otra pregunta: ¿seis banderas de España no es excesivo? Me hubiera gustado ver las enseñas de todas las autonomías de España, como símbolo de unión, y no tanta rojigualda, a la que obviamente respetamos y mucho. Seis banderas de España en apenas unos metros a uno le hacen pensar muchas cosas, aunque para otros posiblemente haya sido solo cosa de armonía y equilibrio escenográfico. Pero los símbolos del Estado no son elementos de decoración. Son algo más. Y en Cádiz estábamos toda España.