Libro de Condolencias en las embajadas de Francia

Es triste que el primer artículo de este blog en 2015 tenga como referencia el brutal atentado de París, el miércoles 7, contra la redacción de la revista francesa Charlie Hebdo, que costó la vida a diez de sus integrantes y dos policías. Una barbarie que fue más allá, ayer día 9, con la muerte de cuatro rehenes en un supermercado judío. Los autores de la matanza han sido abatidos, pero su muerte no arregla la atroz barbarie cometida.

Como periodista y ciudadano europeo y del mundo no puedo expresar más que mi rabia y pesar por estas incomprensibles acciones que atentan contra la libertad de expresión, la libertad humana y el derecho a la vida. He tenido la oportunidad de manifestar mi repulsa y condena con mi participación, lápiz en alto, en el simbólico acto convocado por la Universidad Camilo José Cela en la puerta de su sede de Ferraz en Madrid, donde se cursan los estudios oficiales de grado y postgrado de Protocolo y Organización y Eventos, así como en la carta que a título personal remití al embajador de Francia en España, Jeròne Bonnafont, solidarizándome con los ciudadanos y periodistas del país vecino. Ojalá pudiera ser optimista y pensar que estamos ante la última acción de este tipo, pero no pierdo la esperanza de que estas absurdas brutalidades acaben algún día.

El protocolo de la condolencia oficial

En relación a este alarmante suceso he puesto la atención en esas acciones protocolarias que son habituales cuando se producen situaciones con resultado de muerte que conmueven y alteran la vida del país que las ha sufrido o que causan un alto impacto mundial o que de alguna forma nos afectan a todos. Una de ellas es la apertura de un libro de condolencias en la Embajada del país afectado y en el que pueden escribir sus sentimientos de pésame las personas que lo deseen. Es obligado de alguna manera, que los altos representantes del país donde se asienta esa embajada concurran a la misma para expresar por escrito su dolor y solidaridad.

En esta ocasión, las diferentes embajadas francesas repartidas por el mundo han dispuesto el libro de condolencias y a las mismas han acudido los máximos dirigentes. Para intentar contribuir a un mejor conocimiento al protocolo que se sigue para estos altos dirigentes nos hemos fijado en tres misiones diplomáticas galas: la obligada española (a la que acudió el presidente del gobierno español, Mariano Rajoy) y dos de referencia, la de Estados Unidos (con Barak Obama) y Alemania (con Angela Merkel).

El acto protocolario es muy similar en todos los casos. Recibimiento por el Embajador en la puerta de la Misión al alto mandatario, acceso a la sala donde está dispuesto el Libro de Condolencias, firma por el representante gubernativo, minuto de silencio y despedida. El gobierno francés dispuso como política general que en todas las mesas de firmas se visualizara la frase más exhibida estos días: “Je suis Charlie Hebdo” o “Nous sommes Charlie Hebdo”, cuestión que en Washington no se hizo, disponiéndose en cambio un letrerito delante del Libro haciendo referencia a la condolencia. Obviamente, estas diferencias no son solo fruto de la interpretación que cada embajador haga de las instrucciones recibidas de su Ministerio, sino también de la opinión del equipo protocolario del gobernante que acude a la firma. En este sentido, el formato no suele ser cerrado, sino que deja abierta la posibilidad de algunas adaptaciones escenográficas de acuerdo a las singularidades de cada país o las peticiones que soliciten los servicios de protocolo de sus dirigentes.

Analizando las situaciones elegidas encontramos tres soluciones protocolarias idénticas, pero con tres escenografías radicalmente opuestas. Es obvio que cada embajada tiene su propia arquitectura, pero al margen de ella, la puesta en escena en sí respondió a soluciones muy diferentes y con resultados dignos de analizar. Nos ha chocado la tela azul de la mesa de Obama, el recargamiento de la mesa de Rajoy y la diferente disposición de las banderas en Estados Unidos y en España. Y frente a estas dos embajadas, resalta en cambio la sencillez minimalista de la escenografía preparada para Merkel, la que indudablemente más me ha gustado de las tres.

La firma de Obama

 

Obama  Obama 2
Obama 3

Con aspecto solemne, Obama llenó casi una página de un libro de condolencias colocado sobre una mesa decorada con un desafortunado mantel azul. Detrás de él, pendía una pintura de George Washington en Yorktown con el general francés Jean-Baptiste Donatien de Vimeur, mejor conocido como el conde de Rochambeau (ver video).

Obama dejó para la historia el siguiente texto que llevaba preparado en una pequeña nota situada al lado del Libro: «En nombre de todos los estadounidenses, extiendo mi más profunda simpatía y solidaridad al pueblo de Francia tras el terrible ataque terrorista en París. Como aliados durante siglos, nos mantenemos unidos con nuestros hermanos franceses para asegurar que se haga justicia y que nuestra forma de vida sea defendida. Avanzamos juntos sabiendo que el terrorismo no está a la par de la libertad e ideales que defendemos, ideales que dan luz al mundo. ¡Vive la France!».
Después, el presidente se colocó de pie cerca de la mesa con su cabeza inclinada en un breve momento de silencio antes de dar la mano al personal de la embajada. En esta imagen, además del desacierto de la tela, era innecesaria la presencia del militar francés, y las banderas parecen descuidadas.

La firma de Merkel

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Merkel

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La canciller federal alemana, Angela Merkel, acudió a la embajada francesa en Berlín y tras ser recibida por el Jefe de la Misión Diplomática, acudió a la sala de firmas dispuesta con una sobria, sencilla y minimalista escenografía donde nada distraía la atención del acto mismo de la firma, dejando clara referencia a la situación francesa con un único letrero: “Je suis Charlie”. Aunque probablemente la presencia de las banderas francesa y alemana hubieran dado más oficialidad al hecho, estamos evidentemente ante otra forma de plantear la situación. Menos símbolos oficiales y más mensaje humanista. Con el “Je suis Charlie” quedó todo contextualizado y las banderas se echaron en falta. Todo en un ambiente sobrio que expresa por sí misma la gravedad de la situación. Se huye de los símbolos porque quiere darse a entender que no es un ataque ni a Francia, ni a Europa, sino al mundo. Es otra forma de leer la escenografía y que evidencia que no siempre es necesario recurrir a la simbología oficial. Dependerá de las situaciones.

La firma de Rajoy

Rajoy 1

Rajoy 2

Más chocante nos ha parecido la firma del presidente de España, Mariano Rajoy, en la embajada en Madrid. La imagen habla por sí sola. Frente a una chimenea, parcialmente tapada por tres banderas, si situó la mesa de firma, excesivamente saturada por dos retratos, uno del presidente francés y la otra innecesariamente destacada la expresión “Nous sommes Charlie Hebdo”. Las esculturas de las Meninas poco apropiadas para la ocasión.

 

La imagen general no parece que sea la más adecuada, por mucho que el letrero nos sitúe en el contexto. La foto del Presidente francés nada adecuada para este momento (no ha fallecido él). El entorno no transmite el mensaje de dolor, pesar y condolencia.

Las banderas en mi modesta opinión estaban mal dispuestas, de acuerdo a la tradición francesa y a la internacional. Es costumbre en Francia que su bandera en actos oficiales solemnes ondee junto a la europea y que ésta se sitúe a su derecha, pero unos centímetros por detrás, lo que hace que pase a tener una precedencia menor (aunque esté a la derecha, porque queda por detrás). Sin embargo, con ocasión de la presencia de Rajoy, la bandera de España quedó relegada claramente a la última, lo que representa una falta de deferencia, error que no se cometió con el presidente de Estados Unidos. Hubiese quedado elegante, de mantenerse la costumbre francesa, que la bandera gala y la europea estuvieran juntas como acostumbran, pero a su derecha la española, y que estuvieran un poquito separadas la de España y las otras dos que siempre van pegadas.

En fin, tres país, tres soluciones. Un mismo país organizador, tres soluciones. Tres altos mandatarios para la firma en un libro de condolencias, tres opciones diferentes. El protocolo no es ciencia exacta, pero cuando no se aplica bien produce pésimos resultados.

¿Qué hay que estudiar para ser político?

congreso-diputadosEsta semana de nuevo los profesionales de Protocolo y Organización de Eventos hemos vuelto a estar en la picota de los medios de comunicación a propósito de la cualificación para ejercer en política con un Grado Oficial Europeo en aquella disciplina, aprobado por el Ministerio de Educación en septiembre de 2010, ratificado en noviembre del mismo año por la Consejería de Educación del Gobierno de la Comunidad de Madrid, presidido entonces por la popular Esperanza Aguirre, y por el Consejo de Ministros del Gobierno socialista que presidía José Luis Rodríguez Zapatero en 2011. La designación del Secretario de Estado de Servicios Sociales e Igualdad, Juan Manuel Moreno, como candidato a las elecciones en Andalucía, graduado en Protocolo y Organización de Eventos, lanzaba el debate en este sentido y que ha tenido un buen campo de abono en las redes sociales.

 

Algunos periodistas comentaban con un sospechoso desprecio hacia estos estudios“asuntos que, por lo visto, dan ahora para una licenciatura universitaria”, decía el desconocedor comentarista Juan Miguel Vega en la edición andaluza de El Mundo. Su puya es una indignante burla (utilizada en este caso para cuestionar al candidato andaluz) hacia la cualificación académica de que quienes tenemos responsabilidades en un ámbito que afecta de forma singular a la economía general del país, a sus relaciones internas y, por su puesto, a su imagen de marca y relaciones exteriores. Siguen algunos desinformados sin darse cuenta del importante segmento laboral que ocupamos y que representa un volumen de facturación de casi nada: 54 billones (con b) de dólares en el mundo desarrollado. Y en España, país receptor de turismo y en consecuencia de eventos, es el sector que más ingresos genera a la economía nacional, más de un 7 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB).  Las cifras de empleo e impacto económico

 

Los viajes y el turismo de negocios, aspectos que tienen relación directa con los Eventos, constituyen una de las industrias más grandes del mundo, con 255 millones de puestos de trabajo y el 9 por ciento del PIB mundial, según el Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC). Una cifra espeluznante que hace que uno de cada diez empleos esté vinculado a nuestro sector. En 2013 ha generado cien mil puestos de trabajo y entre 2011 y 2021 crecerá de media un cuatro por ciento. Según aquél informe “los viajeros de negocios y los profesionales de la industria de reuniones y eventos desempeñarán un papel clave en dicho crecimiento”. Según este estudio la “industria conseguirá un mayor reconocimiento por el impacto económico favorable que tiene en comunidades locales y países de todo el mundo”.

 

Si alguien piensa que para algo tan sumamente fundamental en la economía de un país y del mundo no se precisa una cualificación específica, es que obviamente tiene una venda en los ojos. La evidencia es tal que tampoco perderemos tiempo en ello, porque obviamente claro que da (y mucho) para una licenciatura o un Grado. Desconocen los “acertados” periodistas que más de 90 universidades de todo el mundo imparten esta titulación. Por algo será. Sobran los comentarios, porque de lo contrario habría que cuestionarse si para crear un anuncio hay que estudiar publicidad cuatro años, o para escribir una crónica debe hacerse un Grado de cuatro años o si para atender una farmacia hay que meterse en una complicada carrera de esta especialidad.

 

La política como carrera

 

Sin embargo, sí deseo dar vuelta a la cuestión: ¿cuáles son los estudios que ha de tener un político? ¿Es la política tan siquiera una carrera? Si planteáremos directamente qué habría que estudiar para ser político, es muy probable que la mayoría de los consultados terminaran por citar (por eso de que suena parecido) que la cualificación académica idónea es el Grado de Ciencias Políticas.  Sin despreciar asignatura alguna, de los numerosos planes de estudios que hemos consultado, no puede deducirse que esa sea la única manera de llegar a ser politico. Desde luego para un Ministro de Sanidad no es clave, ni para un Ministro de Agricutura o Consejero de Obras Públicas o un Presidente de Comunidad. No niego que el dominio de esas materias sean buenas para un político, pero también hay muchas otras que se imparten en otras carreras. Es curioso porque la mayoría de los politicos proceden del mundo del Derecho y uno ve los planes de estudios de este Grado y se queda con bastantes interrogaciones (es inevitable pensar en el fácil recurso de la corrupción).

 

Es difícil determiner cuál es la carrera idónea para ser politico, entre otras cosas porque no es posible establecerla. A la política se llega desde diferentes cualificaciones académicas que se van implementando con diferentes postgrados, formaciones específicas y experiencia. ¿Por qué no se puede llegar a ser Presidente de la Comunidad Autónoma, Alcalde, Consejero o Jefe de la Casa de Su Majestad el Rey estudiando un Grado en Protocolo y Organización de Eventos donde se estudiandisciplinas que tienen amplio interés para la política? ¿O es más idóneo que un diplomático sea el máximo responsable de los altos asuntos del Rey? ¿O es mejor politico Rajoy por haber estudiado Derecho y convertirse en Registrador de la Propiedad o Felipe González abogado laboralista o Toni Cantó  actor o Cayo Lara agricultor?

 

Actores, agricultores, químicos,enfermeros…

 

Según la SER, 126 de los 350 diputados de la décima legislatura se dedican a la funcion pública. A mucha distancia le siguen los abogados con 51 representantes (que si contamos los que no ejercen pero tienen esos estudios aumenta a 150), los profesores universitarios con 24 representantes, 19 médicos, 9 economistas, 6 empresarios, 5 periodistas, 1 agricultor (por cierto Cayo Lara, secretario general de Izquierda Unida) y un actor (Toni Cantó). Hay datos muy curiosos, por ejemplo, 42 veterinarios, 2 químicos, 1 orientador escolar, varios ingenieros, 1 enfermero, 1 asesor fiscal, etc. ¿Cualifican sus estudios y profesiones para ser políticos? (ver documento de El País sobre estudios y profesiones de los diputados en base a los datos facilitados por la Cámara Baja). En este contexto, no me cabe la menor duda que los estudios de Protocolo y Organización de Eventos cualifican por igual que otras carreras clásicas y modernas y en muchos casos más que las que exhiben algunos diputados.

 

Mirarse al ombligo

 

Como bien señala Ignacio Arango, jefe de Protocolo del Ayuntamiento de Siero (Asturias) y coordinador del movimiento nacional “Queremos Organizar Eventos” (QOE), “no pretendemos entrar en ninguna guerra dialéctica ni que se ensalce nuestra profesión más allá de su justa medida, de eso se tendrán que encargar las personas, empresas o entidades que confíen en nosotros para la gestión de sus intereses; sin embargo, sí pretendemos que no se ponga en duda nuestra profesionalidad, nuestra dedicación y nuestro empeño”. Queda todo dicho en esa frase.

 

Si lo que han querido es desacreditar a un político, que no lo hagan a costa de una profesión que ha trabajado muchos años por su reconocimiento y que tras demostrar durante tiempo, a través de estudios serios y rigurosos, la necesidad de crear unos estudios específicos en la materia como los que existen en la mayor parte de Europa, América y Oceanía. Han conseguido que el realismo se imponga y hoy sea un hecho que da respuesta a algo necesario. Los periodistas que se sorprendan por la necesidad de estudiar “estas cuestiones”, debieran mirarse en el ombligo de su propia profesión. Y desde luego, cada político que se pregunte si sus estudios han sido decisivos para convertirse en político. Si fueran sinceros, nos íbamos a sorprender.

«Foto de Estado», asignatura pendiente

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Hace unos días se me ocurrió subir a mi Facebook (https://www.facebook.com/photo.php?fbid=10152157476020452&set=a.10150253253230452.371123.551705451&type=1&theater) la foto del Presidente del Gobierno imponiendo la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil al Ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, Guido Westerwelle, en el transcurso de un sencillo evento celebrado en el Palacio de La Moncloa el pasado 9 de diciembre, en presencia de nuestro ministro de la diplomacia, José Manuel García Margallo.
Subía la imagen porque francamente me llamaba mucho la atención la imagen que había publicitado el propio servicio de prensa de la Presidencia. Es decir, no se trataba de montaje alguno, ni mala intencionalidad por parte de algún gráfico o medio. Era la imagen que esta alta institución española decidió difundir, junto a otras tres más.
Hasta la hora en que se escribe esta crónica ha habido 43 comentarios de personas que conocen bien este mundo y de ninguno de ellos salen comentarios positivos. Falta de sentido del Estado en la escenografía general, simpleza, poca solemnidad, parecido a la entrega de un premio “Míster”, muñecos de cera, comunicación penosa, falta de cortesía en la cesión de la derecha, críticas a la ausencia de criterio por parte de la Jefatura de Protocolo del Estado, poca naturalidad, desacierto con el fondo del árbol… Así una opinión tras otra.
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Había puesto la imagen porque veía a nuestro presidente entregando una alta distinción en mitad de un bosque, en un posado forzado, de esos que transmiten simple compromiso, sin calor alguno y carente de valor significativo. Por otra parte, tampoco estaba muy de acuerdo que el gobierno de España tuviera que dar este tipo de condecoración al Ministro alemán, habiendo otras más propicias. Pero esto quizá ya me importa menos ante la cantidad de desatinos que se cometen con la entrega de estos premios del Estado, que más bien parecen artículos del bazar institucional del que se tira sin criterio alguno para compensar determinados compromisos. Son distinciones que no llegan al ciudadano, en su doble sentido: ni se la dan generalmente a él, ni entiende por qué se las dan a otros.
La necesaria reforma del Derecho Premial.
Comparto plenamente la teoría de algunos expertos, como Fernando García-Mercadal y Alfonso de Ceballos-Escalera, que consideran urgente y necesario renovar todo el Derecho Premial español, en primer lugar porque está muy desfasado y no responde a la realidad actual y, en segundo lugar, porque existe exceso de tipos de condecoraciones que hacen restarse valor unas a otras. Me decanto claramente, a semejanza de otros países democráticos, por ir a una nueva legislación que unifique en una o dos condecoraciones con diferentes grados (conservando el nombre de aquellas más históricas y simbólicas -caso de Isabel la Católica y Carlos III-), definiendo claramente quiénes pueden tener derecho a ellas y abriéndolas a todo tipo de ciudadanos.
Defiendo, además, que se entreguen en una o varias ceremonias solemnes anuales, bajo la presidencia de una autoridad de relieve (en este sentido guardo ejemplos vergonzantes) y dándole mucho más relieve institucional al evento. De esta forma se acabaría por una parte con la dispersión de ceremonias y tipo de cargos que las presiden, el secretismo y falta de transparencia en la burocracia de su concesión, el evidente amiguismo que rodea su otorgamiento y el carácter endógeno que las envuelve. Todo ello quita valor a la concesión de quienes realmente se han hecho merecedoras de la condecoración. Para algunos, de hecho, recibir estas distinciones ya es cuestión de coleccionismo. Hay casos sangrantes al respecto.
Hay que buscar la nueva foto del Estado.
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Sobre la “ceremonia” objeto de la foto y el debate en mi FB, es cierto que carece de sentido institucional, y que su formato no responde a la comunicación pretendida. No soy muy partidario de la excesiva oficialización en la puesta en escena, en consecuencia de recargarla con excesivos símbolos oficiales (banderas, escudos, tapices, etc.), pero sí de que se confiera más solemnidad positiva -ello no significa insisto más aparataje, sino mayor valor al evento-, y se frene esa inevitable tentación de pensar que detrás de la acción hay un evidente compromiso institucional o una mera excusa para decir adiós a alguien o agradecerle que nos haya hecho algún recadillo que otro.
Posar ante un árbol navideño francamente no me parece la imagen más adecuada, con un trasluz de fondo inadecuado (no sé por qué La Moncloa insiste una y otra vez en este marco). Parece un encuentro de amigos donde uno le pone al otro una banda cuyo significado, por otra parte, desconoce la mayoría de los españoles. Parece que quedaron a tomar un té en los jardines de La Moncloa y que en un momento determinado el anfitrión le entregue una banda de “Míster” a su invitado de honor. Los comentarios habidos en el Facebook son bastante benévolos, porque lo cierto es que no es de recibo que se “juegue” de esta forma con unos premios que son del Estado, es decir, de todos los españoles.
Alguien debería explicar al Presidente del Gobierno cuándo debe dar la derecha a sus invitados de honor -por ejemplo en esta ceremonia- porque se confunde demasiadas veces y, al mismo tiempo, cuándo debe dar la razón a quienes se dedican a organizar sus eventos frente a los “mercenarios” comunicadores de La Moncloa que por huir de imágenes muy protocolarias hacen añicos el sentido de Estado. Entre lo “casposo” del desfasado protocolo y la imagen de ternura navideña, donde parece que Papa Noel ha dejado la Gran Cruz para el alemán al pie del árbol, hay un término medio.
Tiene uno la sensación que La Moncloa carece de una estrategia clara de protocolo, que sus altos responsables lo ven como un mal necesario, y que tratan de dulcificarlo recurriendo a formatos donde normalmente el resultado es peor todavía porque termina por decontextualizarse. Veo bien y necesario que el Gobierno busque nuevos formatos para sus eventos, que transmita una imagen más actual y próxima, más natural y menos oficializada. Pero eso no se hace colocando un arbolito junto a un repostero o delante de una puerta que da al campo.
Nuestros gobernantes deberían dejar a los verdaderos técnicos de protocolo que hicieran su labor, si los que tienen están debidamente preparados para encarar la necesaria reforma de la escenografía general de los actos de Estado, harina de otro costal. Sí, porque nuestras instituciones mostrarán más cercanía si saben planificar mejor sus eventos y hacer la adecuada puesta en escena. Y ésta requiere especialistas en la materia, y no diplomáticos, militares o similares que al respecto saben lo que yo de física cuántica.
Invertir en protocolo.
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Está bien invertir en comunicadores, pero que no se olviden que hay que hacer lo mismo con verdaderos expertos en protocolo, capaces de hacer algo más que colocar banderas, tapices, micrófonos o asignar precedencias. El protocolo requiere una adecuada puesta en escena y un sentido comunicacional del significado de un evento. Esa es una de las carencias que tiene nuestro protocolo oficial. Las instituciones del Estado suspenden gravemente en la asignatura de saber transmitir a través de los eventos. Lo hace tan mal, que cuantos menos genere mejor. Lástima, porque debería hacer más, pero bien concebidos. Subyugadas a la tiranía de determinadas políticas de comunicación, se olvidan que a través de los eventos es muy probable que se conecte mucho mejor con ese pueblo que da la espalda a los políticos y a las instituciones. Seguro que en ese desencuentro algo tiene que ver el mal entendido protocolo y la grave ausencia de especialistas reciclados en la cuestión. No basta ya con la experiencia de sus profesionales, sino que éstos deben empezar a convencer de la necesidad de reformar la “foto de Estado” y para ello hay que saber mucho más que el Real Decreto 2099/83.
Al protocolo institucional le queda mucho por avanzar. Está atascado en viejos formatos, y cuando busca nuevas puestas en escena su resultado es malo. Eso me hace pensar que realmente no existe una estrategia clara y definida del protocolo como un instrumento claro y necesario de comunicación.
Todo eso y más me da que pensar cuando veo estas fotos: necesitamos una auténtica “revolución” en la imagen de los eventos de Estado. Hoy nos hemos centrado en este sencillo acto, pero es ya muy preocupante lo que está ocurriendo en otros eventos e instituciones cuyo protocolo se empeña en no contribuir a la imagen de un Estado moderno, sencillo y cercano. Por ejemplo, es sorprendente (para mal) las felicitaciones oficiales de este año de nuestro Rey y su Heredero. Y así sucesivamente. Tema del que hay que seguir hablando.
¡Feliz Navidad para todos los lectores!
¡Feliz creatividad para 2014!

(Fotos Pool Moncloa)

Ceder la presidencia no es cuestión de precedencia

El deporte, en este caso, a través del gran acontecimiento que ha supuesto la elección de la ciudad sede de los Juegos de 2020 -del que desgraciadamente Madrid ha caído fuertemente vapuleada para gran sorpresa de los españoles a quienes creo que los periodistas nos llenaron de pájaros la cabeza- ha venido a demostrar que ceder el puesto del anfitrión a una autoridad en una presidencia no es cuestión de jerarquía, ni algo obligatorio o exigible, sino decisión del organizador que ha de recurrir a su propio criterio o el de la institución que representa, bien porque así esté dispuesto, por estrategia, en consonancia con lo que se pretende, por cortesía o por interés. Pero en cualquier caso con cabeza y de acuerdo a los objetivos y entorno.
Estamos acostumbrados -normalmente por imposición de un protocolo mediocre- a que el anfitrión tenga que ceder obligatoriamente cuando a su acto acude un autoridad de notable mayor rango, de tal manera que un Alcalde se ve desplazado por el Presidente de la Comunidad -quiera o no-, o un presidente de un congreso profesional por el concejal de Turismo. El Protocolo deportivo nos enseña continuamente que la cesión es algo que obedece a una justificación clara -cortesía, estrategia conveniencia, etc.-, pero no por imposición.
La delegación española mostró dos tipos de ordenación en el fatídico 7 de septiembre: una ante los miembros del COI defendiendo su candidatura, con el Príncipe de Asturias presidiendo la mesa destinada a la delegación aspirante; y otra en la posterior rueda de prensa con el Presidente del Comité Olímpico Español presidiendo con el presidente del Gobierno a su derecha y el presidente de la Comunidad de Madrid a la izquierda. Dos situaciones parecidas -la segunda sin el Heredero-, pero con soluciones diferentes.
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(Protocolo de la mesa principal en la solemne sesión ante la Asamblea General del COI: 1: Príncipe de Asturias; 2. Presidente del Gobierno; 3, Presidente del COE; 4 Presidente de la Comunidad de Madrid; 5. Juan Antonio Samaranch, miembro del Comité Ejecutivo del COI y de la candidatura española; 6: Alcaldesa de Madrid; 7: Consejero delegado de Madrid 2020 y Secretario General del COE)
Tenía sentido que ante la Asamblea General del COI el Príncipe, representando al Estado español, presidiera, transmitiendo así imagen de país por encima de colores políticos, gobiernos o intereses. Un Príncipe, llamado a ser Rey y atender su fundamental labor de representar a todos los españoles ocupaba la zona central de la presidencia, ocupando el anfitrión de la candidatura, el presidente del COE, su lado izquierdo, es decir, el puesto 3, solución en mi modesta opinión muy correcta, por cuanto que el invitado de honor queda a su derecha y logrando con ello que el puesto dos que a disposición del Presidente de todos los españoles. Algunos dirán que como era el Príncipe la cesión fue obligatoria. Ojo, que en el mundo del deporte y más en los eventos internacionales no se trabaja con estas premisas (que se lo pregunten al Soberano de Mónaco sentado como uno más entre los miembros de los CON’s o a la propia Infanta doña Pilar). Don Felipe. representando al Rey de España presidía porque así lo dice la lógica del evento en el que Madrid y España presentaba su alternativa. Su puesto conseguía visualizar mejor la idea de una representación de todo el país. Es decir, una cesión claramente justificada en este ámbito deportivo internacional donde las cesiones no abundan si no hay razones muy justificables). La precedencia o la dignidad de cargo no es razón para que el anfitrión abandone su función de presidir. (y aprovechando el viaje; una composición muy propia del deporte, a un lado las autoridades políticas, y al otro las deportivas)
Sin embargo, minutos después, ya fuera del local de la Asamblea, la delegación española, sin el Príncipe, ofreció un rueda de prensa, y en la mesa de los siete que concurrieron ante los medios de comunicación, presidió el Presidente del COE, con Rajoy (presidente del Gobierno) a su derecha y Sánchez (presidente de la Comunidad de Madrid) a su izquierda. Otra decisión muy acertada a nuestro entender. Si hubiera habido cesión en favor del Presidente del Gobierno, se hubiera descafeinado o incluso matado el objetivo del evento. ¿Qué pintaría Rajoy presidiendo una rueda de prensa de una candidatura que representaba por encima de todo el Presidente del COE? Muy correcta, pues, la decisión. Y me gustó mucho la composición del resto de la mesa, buscando la alternancia entre representantes olímpicos, políticos y deportista. Un acierto, aunque en mi modesta opinión hubiera intercambiado los puestos de la directora de Relaciones Internacionales y el del Consejero Delegado, pero tampoco tiene este dato mayor importancia para el resultado final pretendido (y el protocolo interno del COE se impuso).
(Parte central de la mesa presidencia en la Riueda de Prensa tras la presentación de la candidatura. Por orden de protocolo quedó como sigue: 1.- Presidente del COE; 2. Presidente del Gobierno; 3. Presidente de la Comunidad de Madrid. No salen en la foto, pero el resto de los componentes estaban en este orden: 4. Alcaldesa de Madrid (derecha de Rajoy, y el resto en alternancia); 5; Directora de Relaciones Internacionales del COE; 6; Paul Gasol; 7. Consejero delegado de Madrid 2020)
Y lo mismo ocurrió en la rueda de prensa previa a la Asamblea, donde el Presidente del COE presidió dejando la derecha al Presidente de la Comunidad de Madrid y la izquierda a la Alcaldesa. Otra opción hubiera sido absurda.
 Madrid rueda buena
(El Presidente del COE preside entre el Presidente de la Comunidad de Madrid y la Alcaldesa de la Villa)
Estos ejemplos, ambos de gran acierto, son desgraciadamente la excepción del buen hacer, en un país demasiado acostumbrado que a por exigencia el anfitrión tenga que ceder cada vez que acude a su evento una autoridad de mayor rango o sencillamente una autoridad -caso de instituciones no oficiales-. Hay que acabar con esa especie de lacra de ceder sencillamente por mirar el denostado Real Decreto 2099/83 de Ordenación General de Precedencias en el Estado. Es un error, máximo cuando el propio R.D., aunque contemple de forma indirecta la cesión, deja claro que el acto debe ser presidido por la autoridad que lo organiza. Señores políticos, o profesionales de protocolo que para ellos trabajan: exigir la presidencia sin más es un abuso que no debía tolerarse. El anfitrión es quien decide, bien porque la interesa, lo aconseja la filosofía del acto, por cortesía o por inteligencia, pero no se le puede presionar o chantajear. La imposición -directa o indirecta- actual, es de escándalo, tanto por su carácter habitual como por las formas en que se produce.
¿A alguien le pareció rara la composición de alguna de esas presidencias antes comentadas? Supongo que no. Pero estábamos ante el COI que en esto no se anda con tonterías. Los organismos internacionales creen más en el protocolo que cualquier institución española, país del que tanto presumimos de nuestro rico e histórico protocolo. Esa es la cuestión. En otra situación, no hubiéramos visto lo mismo. No tengan duda. Nos queda mucho por asumir en este país. Vayamos tomando nota.

Rueda de prensa de la cumbre hispano-polaca o ¿de Bárcenas?

Foto Efe.

 

El pasado 15 de julio, en el Palacio de la Moncloa, sede de la presidencia del Gobierno de España, se celebró la IX Cumbre bilateral entre España y Polonia. Ambas delegaciones estaban encabezadas por el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy,  y el primer ministro de Polonia, Donald Tusk. Según la nota oficial, «el encuentro demuestra la estrecha relación que mantienen ambos países, confirmada por los numerosos y constantes contactos entre los dos gobiernos durante este año. Además del carácter anual de estas cumbres bilaterales, es conveniente destacar que Polonia es el único país de la ampliación de 2004 con el que España celebra este tipo de cumbres. En paralelo a la reunión bilateral entre ambos jefes de Gobierno,  se celebraron reuniones sectoriales a nivel ministerial y de secretarios de Estado. Por parte de España, participaron en las respectivas sectoriales los ministros de Fomento, de Interior y de Empleo y Seguridad Social. También hubo varias reuniones a nivel de secretarios de Estado (Unión Europea y Energía). Tras estos encuentros se celebró una reunión plenaria, finalizando la cumbre con la rueda de prensa de ambos líderes».
Hasta aquí todo correcto. ¿Alguien sabe qué aspectos se debatieron o se trataron en la cumbre? Teniendo en cuenta el actual papel delicado de nuestro país cualquier contacto diplomático con socios europeos debe tener  trascendencia, pero en esta ocasión no la hubo. ¿Por qué? La respuesta es clara y evidente. Convocar a los medios de comunicación para dar cuenta de esta cumbre el día que el ex tesorero del mismo partido que Rajoy, el «presunto Bárcenas», imputado por numerosos delitos, declaraba ante el juez en la Audiencia Nacional y aportaba supuestas pruebas comprometedoras para el buen nombre del gobierno, fue en nuestra modesta opinión un error, aunque para los periodistas constituyera una excelente ocasión para preguntar al Presidente por los «turbios» asuntos ante el silencio mantenido tras las últimas informaciones del diario El Mundo.
Seguro que no fue un error para sus convocantes, conscientes de lo que iba a pasar. Se asume que es inevitable que la cuestión salga, se autorizan por un par de preguntas y por deferencia al primer ministro se zanja la cuestión. Desde el punto de vista diplomático y protocolario muy discutible. En primer lugar por la importancia de la cumbre. Una reunión a este nivel no puede quedarse informativamente en nada, eso, en nada. ¿Alguien sabría resaltar algo de lo hablado, pactado o acordado? Y fueron muchas reuniones plenarias y sectoriales. En segundo lugar, porque nos parece una falta de delicadeza someter a un primer ministro extranjero a concurrir a una rueda de prensa en la que sabe que va de convidado de piedra pues todo el protagonismo lo tendrán las palabras de Rajoy y sobre el asunto Bárcenas, que nada tiene que ver con la cumbre.
Con independencia de las razones de la conveniencia de esta convocatoria, ineludible por otra parte, pienso que se podría, al menos desde el punto de vista protocolario, haberse diferenciado una cosa de la otra. El Presidente español debía acudir a la rueda de prensa con Donald Tusk para hablar de la IX cumbre bilateral y ceñirse exclusivamente a ella. Claro que para conseguir eso debía, en otro marco separado, corresponder a los medios interesados sobre los asuntos internos de nuestro país. Resulta evidente que la opción adoptada no es fruto de un fallo, pues responde claramente a una estrategia de comunicación del Gobierno, que desde el punto de vista diplomático es reprobable pues deja sin protagonismo alguno al invitado de honor y coparte de esta reunión al máximo nivel.
No sé si Bárcenas va a llevar por delante o no a muchos, pero desde luego, bien que le pese al Presidente del Gobierno, le está marcando la agenda por muchos intentos que Rajoy haga para que no sea así. De hecho al día siguiente político español se reunía con los primeros empresarios de este país en La Moncloa, y mientras daban el telediario los clientes del bar, al lado de mi casa, solo soltaban frases negativas al respecto. Palabras alegóricas a que en esa reunión el primer mandatario español estaba pidiendo más dinero para el partido se repetían una y otra vez, y de boca de personas que conoces su simpatía por el Partido Popular.
Pero sin entrar en cuestiones políticas, de las que uno se quiere desmarcar, lo que sí es cierto es que me resulta una desconsideración con el primer ministro polaco hacerle pasar por ese momento, desluciendo una cumbre de la casi nada ha llegado a los ciudadanos. Para la estrategia comunicacional del Gobierno es probable que fuera una opción positiva, para mí una descortesía protocolaria y diplomática grave, y todos sabemos que en diplomacia estas situaciones pasan factura. Todo esto al margen de que la casi totalidad de los españoles siguen desconociendo la importancia de algunos de los acuerdos suscritos, como por ejemplo en temas como transporte, infraestructuras e inversión de empresas españolas en Polonia, entre otros.
Un caso claro de cómo puede chocar la diplomacia internacional con los asuntos domésticos en materia de protocolo. Merece la pena tenerlo en cuenta.

El juramento americano y la motivación en los eventos

http://www.rtve.es/alacarta/videos/noticias-24-horas/obama-jura-segundo-mandato-ceremonia-privada/1670883/La toma de posesión y «juramentación» de Barack Obama como 44 presidente de los Estados Unidos de América, en su segundo y último mandato, que se viene desarrollando en tres sucesivos días intensos, desde el «Día Nacional de Servicio», ayer sábado, y el acto público de mañana lunes, viene a subrayar una tendencia cada vez más importante en el mundo de los eventos institucionales y, por supuesto, corporativos: la importancia de la motivación de los públicos y de que estos formen o puedan formar parte de los actos conmemorativos no como meros espectadores sino protagonistas esenciales.

La vigésimo enmienda de la Constitución americana, ratificada en 1933, establece las reglas para la investidura presencial, y dice manifiestamente que ésta, y la del vicepresidente, debe de producirse el 20 de enero. Sin embargo, al caer en domingo, el Comité para la Investidura presidencial (PIC) decidió la observancia de la fecha, y así Obama juró este domingo su cargo en el transcurso de un acto a celebrado en la Casa Blanca y en la que el Presidente pronunciará, en esta ocasión ante la Biblia[1] de la familia Robinson (un regalo del padre de la primera dama, Fraser Robinson III, a su madre, LaVaughn Delores Robinson, en el año 1958) , la célebre frase «Juro (o afirmo) solemnemente que cumpliré fielmente con las funciones ejecutivas del cargo de presidente de Estados Unidos y que conservaré, protegeré y defenderé la Constitución de los Estados Unidos con lo mejor de mis capacidades”. Lo hizo de forma «privada», junto a su mujer e hijas y ante el juez presidente de la Corte Suprema de Justicia, John Roberts, y por supuesto delante de las cámaras de televisión..
Para el senador por Nevada, Harry Reid, «a lo largo de la orgullosa historia de los Estados Unidos, la Inauguración Presidencial y el Discurso Inaugural han servido para unir a la nación bajo una sola bandera y la república a la que representa. Y como cada presidente ha ofrecido una visión para el futuro de América, la herencia del pasado es una de las razones que este evento es tan solemne, ya que rinde homenaje y celebra el liderazgo de nuestro país aquí y por todo el mundo».
Con independencia de los detalles protocolarios que pueden ser objeto de otra reflexión, a la hora de escribir estas líneas, y tras observar las numerosas crónicas de los diarios de referencia de Estados Unidos, uno saca la conclusión de la importancia que tiene la participación del público en estos grandes eventos. No acuden solo para aplaudir, ni para ser observadores o testigos de lujo, sino que forman activa del propio evento. Según Nathaly Arriola, portavoz del PIC, esta inauguración histórica está diseñada para asegurar que todo estadounidense pueda tomar parte en las celebraciones. «Desde el Día Nacional de Servicio, el sábado, hasta la ceremonia pública de inauguración del lunes, estadounidenses a lo ancho del país tendrán la oportunidad de tomarse un momento para reflexionarsobre la importancia de este evento y nuestros valores compartidos, comprometerse a servir en nuestras comunidades, y celebrar la fortaleza y diversidad de nuestra gran nación».
Es muy probable que tengamos la tentación de trasladar al orgullo americano y su patriotismo frases como las recogidas anteriormente. Pero aunque fuera así, la celebración pública del evento de mañana lunes, no tendría sentido alguno sin la participación activa de casi un millón de personas que se darán cita frente al «Ala Oeste» de la Casa Blanca. A esa conclusión llegamos no sólo por las afirmaciones de quienes lo programan y coordinan, sino de los intensos trabajos de preparación que desde hace varias semanas llevan a cabo miles de personas. No se trata de hacer de extras, para que responsables de Seguridad, Protocolo y Comunicación tomen sus anotaciones, sino para trabajar las motivaciones personales. Busca el PIC que los asistentes  vengan en su mayoría no por ser testigos del que posiblemente en cuanto a la capacidad de movimiento de masas se ponga a la altura de las grandes celebraciones papales, sino para que ellos mismos trasladen y vivan el sentimiento de sentirse americanos y orgullosos de sus instituciones y representantes. Para ello, llevan trabajando semanas a través de todas las redes sociales este mensaje de espíritu americano.
Todo esto nos hace pensar en la gran necesidad que los eventos de todo tipo tienen de buscar una mayor complicidad del público. Parece como si eso estuviera reservado exclusivamente a los espectáculos televisivos, cuando lo cierto es que acontecimientos de este calibre alcanzan su gran cénit cuando el público se mete de lleno en el guión. Por eso es necesario comenzar a pensar en nuestro país -como lo hacen algunas grandes empresas- en la necesidad de motivar a nuestros públicos para que no sean solo espectadores de lujo, atraídos por el acto en sí o para sentirse privilegiados. Es necesario conseguir que asistir a los eventos deje de ser algo rutinario para convertirlo en excepcional y en ello los preparativos de motivación que comienzan ya desde la primera invitación son y serán ya claves en el éxito de los actos. Vamos a esa tendencia. El protocolo ya no sólo mira a la presidencia, sino al público, que es también muy importante.
Ver a tu futuro presidente con su esposa pintando estanterías en un modesto colegio constituye ya un importante incentivo para remover conciencias que predispongan favorablemente a esa motivación. Y aunque todo parezca muy americano -tal y como solemos decir en España cuando hablamos del falso o exagerado patriotismo-, la realidad es que si tienen la mejor democracia del mundo y el mayor compromiso de lealtad a su país, actos como éstos influyen decisivamente.
¿Se imaginan queridos lectores, la que se armaría en España si Rajoy o antes Zapatero jurase su cargo de forma privada en La Moncloa junto a su mujer e hijos, con una sencilla escenografía y al día siguiente lo hiciera públicamente en el Paseo de La Castellana?. Ya veo a los «peñafieles» de turno desenvainando la espada y a los periodistas sumando la cantidad de pancartas y colectivos «en lucha» que se darían cita en la vía central madrileña. Somos conscientes de que nada es comparable, entre otras cosas porque la Constitución Española no prevé más juramento para el Jefe del Estado (el Rey) que ante las Cortes Generales y una vez en su vida y para el Presidente del Gobierno ante el Monarca en La Zarzuela, por cierto en una escenografía que requiere ya cierta puesta al día mediática. Pero no es deseo del que suscribe que se copien las fórmulas, cada uno tiene las suyas, sino que ponga en valor la capacidad de motivar ese orgullo de ser ciudadano de un país, capaz por ello de echar a Nixon por deshonesto, obligar a pedir perdón a Clinton por abuso o mandar a las catacumbas a quien se le ocurre hacer perjurio -caso Amstrong- o meter la mano en la caja. No soy habitual de poner de ejemplo a este país -tan dañino para tantas cosas-, pero al menos en esto nos dan algunas «lecciones». Al menos yo saco mis propias conclusiones de lo que se podría aprovechar para nuestro crítico país español.

[1] En la ceremonia pública del lunes, 21 de enero, utilizará la Biblia del reverendo Martin Luther King, Jr. En 2009 el mandatario lo hizo con la Biblia usada por el presidente Abraham Lincoln.

La etiqueta oficial y social del siglo XXI está por llegar

Al pasar por el kiosco para comprar mi periódico diario, los ojos se me fueron enseguida al titular de una revista muy conocida que en grandes caracteres titulaba: «¿Qué es Cool hoy? EL NUEVO PROTOCOLO. Tocados, pelo suelto, colores pastel, brazaletes, algo dorado…y un toque barroco». Aunque el tema está centrado en el nuevo look que las novias buscan ahora para «The Big Day» («Es época de cambios; las novias buscan otras fuentes de inspiración y reinventan su estilo», cita textual del antetítulo del reportaje en páginas anteriores, que precede en grande a «El nuevo protocolo»).

No voy a hablar del cool de las novias, que en su derecho están de sentirse más modernas con su toque personal -por cierto, parece ser que el tocado logra más fácilmente ese propósito que el velo o el peinado a secas-. En el día de su fiesta y compromiso, que lo celebren a su manera y como mejor lo deseen. Nada que decir.

 

Sin embargo, a propósito de lo visto en esta Revista, resurge la necesidad de seguir reflexionando sobre los aspectos de la etiqueta que rodean al mundo del protocolo, ceremonial y los eventos en general. No comparto para nada que a la etiqueta se le llame protocolo, aunque es cierto que ambos comparten espacios y eventos, por lo que no hay que demonizar para nada la etiqueta, ni para actos oficiales, ni empresariales ni sociales. Es un tema del que hay que hablar y reflexionar, porque efectivamente estamos en un mundo sometido a cambios permanentes y la etiqueta no se queda al margen.

 

En muchas ocasiones la etiqueta se utiliza como un factor de distinción, ya sea personal o social.  Cada persona, en su concurrencia pública, allá donde vaya, busca una etiqueta que considere acorde con su propio estilo, o le resulte cómoda o adecuada para su actividad. Esa etiqueta personalizada, esa que cada mañana decidimos tras la dicha despertadora, es cuestión de cada persona y tampoco queremos entrar en ello. Pero en cambio, sí quisiéramos hacer una reflexión general sobre la etiqueta que afecta al mundo de los eventos.

 

Hemos defendido en numerosas ocasiones que indicar en una invitación la etiqueta alivia a muchos invitados a la hora de encontrar la ropa adecuada, la que no desentonaría, a la que cada uno luego puede darle su toque de distinción personal acorde a su identidad o imagen. Sin embargo, creo que en muchas ocasiones se fuerzan mucho etiquetas para eventos donde no sería necesario ser tan rigurosos. Incluso llegan a despersonalizarlo y a perder su propia identidad y objetivo. Parece que un acto sino se pide el traje oscuro para caballeros y el corto o de cóctel o largo para señoras no tiene el empaque que el anfitrión le quiere dar. Algo para nosotros absurdo. Y qué se puede decir cuando se piden etiquetas a las que muchos deben de recurrir a tiendas de alquiler para salir del paso, como el esmoquin, el chaqué o el frac.

 

Insistimos en no demonizar etiqueta alguna, sino solo reflexionar. Por ejemplo, se nos ha hecho muy extraño que en la tradicional cita veraniega en el Palacio de Marivent, en Palma de Mallorca,  el pasado 14 de agosto, del Rey -que pasa allí sus vacaciones- con el Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ambos concurrieran con corbata. No digo que sea incorrecto o adecuado, ni mucho menos,  sino que se hace raro que mientras la España estival, entre olas de calor,  hicieran su reunión de trabajo con traje y corbata, como si fiera pleno invierno en La Zarzuela. Soy consciente que con estos atuendos se pretende transmitir una imagen de trabajo, ya que de aparecer en mangas de camisa o sin corbata pudieran entenderse que ambos se han juntado para pasar un día de playa. Pero la gente que ve la imagen no es tan tonta.

 

Personalmente, creo que políticos, empresarios y otras personalidades que dan por hecho que allá donde vayan oficialmente han de hacerlo en corbata, caso de hombres, o su correspondiente en las mujeres, es algo que debiera de irse asumiendo en su no obligatoriedad. Hemos estado unos días de vacaciones en un lugar costero conocido del sur de España, y encontrarnos con algún ministro, conocido empresario o alto directivo, caminando por el paseo marítimo o cenando en una terraza con su pantaloncito corto, sus chanclas y su polo (a cual más divertido). Incluso, ante algún conocido decirle «casi no te reconozco con esta ropa», a lo que nos respondió: «Lo importante de las vacaciones es olvidarte del traje y la corbata». La respuesta tiene sentido, pero inmediatamente uno se dice: pero si es la misma persona e incluso va más jovial y elegante.

 

Aunque es evidente que en el ámbito institucional y de los negocios no puede uno vestir igual que si estuvieran en la playa, pienso que en el caso masculino nos hemos aferrado excesivamente a la corbata como una prenda obligatoria de la que no se puede prescindir porque  pues vas a considerar que te mirarán raro en ese entorno. No compartimos para nada la obligatoriedad que nos imponemos para utilizar estas prendas clásicas, salvo en los claros casos que lo justifica. Para mí Mariano Rajoy es el mismo que acude a ver al Rey en corbata o que al día siguiente asiste a un mitin sin ella o sencillamente en mangas de camisa (y decimos Rajoy como podríamos decir cualquier político).

 

Es evidente que estamos en un mundo en cambios y que la crisis ha acelerado drásticamente muchas cosas. Los políticos se azaran enseguida en anunciar sus recortes en gastos de protocolo, pero siguen mostrándose distantes con gran parte de la sociedad que les ve en el «club de los corbata», esos que tienen trabajo, ingresos suficientes, que parecen más poderosos, que se sitúan por encima de los demás. No debe renunciarse insisto a la etiqueta cuando el guión lo exige, pero se abusa mucho de determinadas prendas de las que se podrían desprender en numerosas ocasiones. Parece incluso que la corbata va con el capitalismo, porque en otros países que dicen ser contrarios a él, se han deshecho sus políticos y empresarios de esta prenda, a la que solo recurren -y no todos- cuando conviene en las relaciones internacionales o en los negocios. Y con la crisis hoy los políticos y empresarios deberían pensar en cambiar la estrategia de su vestimenta.

 

Es probable que a muchos se les haga duro pensar que debemos dar pasos hacia una etiqueta nueva, propia del siglo XXI. Creemos que en las comidas o cenas oficiales o similares no oficiales el frac, el chaqué o el esmoquin está ya fuera de lugar en estos momentos. Creemos que la corbata como uniforme permanente de trabajo -en cualquier lugar- no siempre está justificado. Nos alegra ver a personalidades y hombres de negocios con atuendos alternativos, elegantes y apropiados, pero lejos de esa uniformidad que ya es del siglo XX. Vemos una frivolidad que en muchas bodas testigos e invitados tengan que llevar el chaqué y todos los invitados pasarse antes por la boutique de marca para dejarse como mínimo sus trescientos euritos, que unido al regalito sube un pico. Y además, es absurdo. Lástima que incluso en las más jovencitas se haya introducido ese afán de que a las fiestas haya que ir vestidas «de protocolo» o de «glamour».

 

Esta sociedad sufre permanentes vaivenes en cuestiones de moda y etiqueta. Cuando lo» cool» se pone de moda lo clásico pierde valor. Cuando quieres distinguirte un poco más juegas entre el «cool» y el «retro» o lo clásico. El asunto es marear la perdiz. Sin embargo, en el ámbito de los eventos, de todo tipo, la etiqueta del siglo XXI no termina de encontrar su hueco. En el caso de los hombres la corbata deja de tener valor porque es lo habitual, y aunque las mujeres tienen mayores vías de escape algo parecido está ocurriendo. Por eso el caso de ellas las marcas encuentran su agosto ofreciendo nuevos estilos para ser más «cool» sin renunciar a ciertas cosas clásicas, mientras nuestros políticos y empresarios siguen ahogándose en su corbata o en su chaqueta falta/pantalón. Estamos convencidos de que la etiqueta de este siglo está por llegar, y confío que los inventores de la moda no frivolicen y sepan capaces de sacarnos de un atuendo que estimamos ya antiguo.

 

Somos conscientes de que reflexiones de este tipo tendrán sus defensores y detractores. Nos hemos limitado a trasladar nuestras impresiones y algunos razonamientos, porque es un tema al que hay que empezar ya a coger los toros por los cuernos. Y que los fabricantes de corbatas no se enfaden, pero que potencien alternativas dignas de nuestro tiempo (que ya hay muchas, aunque en este mundo al que nos referimos no ha calado aún). Pero como todo, al tiempo.

Bandera a la «carta»

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IUComo no es la primera vez que sucede, creo que es bueno hacer algún comentario al respecto. Tampoco es la primera vez que desde diferentes ámbitos de la profesión se viene comentando el incumplimiento de la Ley de Bandera de España en diferentes instituciones oficiales, entidades privadas y otros estamentos. Y no es cosa de izquierdas o de derechas, de nacionalistas o españolistas, de empresas fuertes o no tan poderosas. Se sucede con más frecuencia de lo que es habitual, lo que me lleva a pensar que realmente no estamos ante un fallo sino ante una estrategia forzada probablemente por la necesidad de encuadrar una determinada foto de cara a los medios de comunicación. Hemos recogido estas imágenes del Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy en la sede de la Presidencia (durante una entrevista que emitió Televisión,  de la portavoz del Partido Socialista en el Congreso, Soraya Rodríguez, y al coordinador de Izquierda Unida, Cayo Lara,  compareciendo ante los periodistas en una de las Salas de Prensa de esta alta institución del Estado.

He estado buscando la foto, pero no la he encontrado, pero hace apenas unas semanas veía por el telediario otra imagen similar con el portavoz del Partido Popular en el Congreso, Alfonso Alonso, con idéntica colocación de las banderas. Ya en su momento, la que fuera Vicepresidenta del Gobierno, María Teresa de la Vega, en sus tradicionales comparecencias de los viernes tras el Consejo de Ministros, en calidad de Portavoz del Gobierno, acudía a la Sala de Prensa del Congreso, con una disposición igual de las enseñas, lo que valió una severa crítica por parte de algunos medios, como el diario ABC:
VicepresidentaViceY podríamos decir lo mismo del anterior presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, también en La Moncloa:
11-foto2Por si acaso alguno desconoce la normativa al respecto, la Ley 39/1981, de 28 de octubre, por la que se regula el uso de la bandera de España y el de otras banderas y enseñas, en su artículo 6, dice lo siguiente:

1. Cuando se utilice la bandera de España ocupará siempre lugar destacado, visible y de honor.
2. Si junto a ella se utilizan otras banderas, la bandera de España ocupará lugar preeminente y de máximo honor y las restantes no podrán tener mayor tamaño. Se entenderá como lugar preeminente y de máximo honor:
a.        Cuando el número de banderas que ondeen juntas sea impar, la posición central.
b.        Si el número de banderas que ondeen juntas es par, de las dos posiciones que ocupan el centro, la de la derecha de la presidencia si la hubiere o la izquierda del observador.
Por si acaso alguno quiere apelar a ello, es cierto que el artículo 7 señala que “cuando la bandera de España deba ondear junto a la de otros Estados o naciones lo hará de acuerdo con las normas y usos internacionales que rigen esta materia en las relaciones entre Estados, así como son las disposiciones y reglamentos internos de las organizaciones intergubernamentales y las conferencias internacionales”. Pero es evidente que este artículo no es de aplicación para este caso, pues ni Europa es una nación, ni el acto está promovido por la Unión Europea o cualquiera de sus instituciones.
Es obvio que en función  a esta norma aprobada por el Congreso de los Diputados en el año 1981, si se colocan las banderas de España y Europa, la nacional debe ocupar un lugar de honor y visible y situarse a la derecha, es decir, a la izquierda si se mira de frente. Es curioso que una norma tan sencilla se haya vulnerado de forma tan sistemática en nuestro país. ¿Se hace por desconocimiento? Uno a estas alturas comienza a pensar que no, porque de lo contrario habría que cuestionarse ciertas profesionalidades, porque precisamente esto de las banderas, es la primera lección que se da en cualquier “cursillito” de protocolo. Y pienso que quienes toman la decisión de colocar las banderas así no desconocen la norma (me imagino).
La sana intención de que el compareciente ante los medios quiera salir junto a la bandera de España es lícita, pero no por ello debe vulnerar la norma, porque precisamente los políticos deben ser los primeros que cumplan con la misma. Probablemente, el “Uso Francés” como vengo a denominar esta situación, esté influyendo para mal en nuestros representantes. El Jefe del Estado francés, el actual y los anteriores, en sus comparecencias colocan la bandera de Francia a la izquierda frente a la Europea, para conseguir el efecto de que su Presidente quede junto a la francesa y no quede la de Europa más resaltada. Para ello, han recurrido a un mecanismo loable que es mantener la francesa unos centímetros adelantada con respecto a la comunitaria. De esta forma, al no estar en la misma línea, la más adelantada cobra precedencia, tal y como se puede apreciar en esta imagen:
Sarkozy

Esta intención por situar la bandera nacional en el caso de España junto al que posa ante los medios, puede resolverse sin vulnerar la Ley. Basta con seguir el ejemplo francés, o bien por prescindir de la Europea (no sé por qué tanta obsesión por ella) o sencillamente por ponerlas separadamente una a cada lado. Probablemente gusten menos estas opciones, pero la ley está para cumplirla, y si la fórmula de la Ley de 1981 no responde a las necesidades mediáticas que buscan los políticos tienen la facultad de llevar una modificación a la norma al Congreso. Si se incumple, caemos en la coherencia de exigir a vascos y a Catalanes que cumplan la Ley de la Bandera de España, que ondee junto a ellas en posición preferente, que haya habido fallos judiciales al respecto, y luego desde las primeras instituciones ocurre lo que ocurre. Y en ambos casos se infringe la Ley.

De no cumplir la norma estaremos desacreditados para denunciar situaciones como esta del Presidente Catalán, que habitualmente comparece con la bandera catalana, ignorando la obligatoriedad de situarla junto a la española y en segundo lugar (artículo 4: “En las Comunidades Autónomas, cuyos Estatutos reconozcan una bandera propia, ésta se utilizará juntamente con la bandera de España en todos los edificios públicos civiles del ámbito territorial de aquélla, en los términos de lo dispuesto en el artículo 6 de la presente Ley”; y el artículo 5 dice lo mismo para diputaciones y ayuntamientos):

Es hora ya de que los responsables de protocolo hagan valer el cumplimiento de la norma y que los políticos y autoridades respeten la misma (o que cambian la Ley). Situaciones como estas desacreditan al Estado Constitucional y le quita argumentos cundo es necesario defender la presencia de la enseña nacional en los actos oficiales que convoquen cualquiera de las instituciones españolas tanto en el interior como en el exterior del país.

Claro está que cualquier cosa menos lo que nos traslada esta imagen de una rueda de prensa del Presidente Vasco con el entonces vicepresidente tercero del Gobierno, Manuel Chaves. Algo que no trascendió mucho, pero que obviamente resulta de una gravedad extraordinaria, pues esa disposición viene a transmitir el mensaje claro de que España y Euskadi son dos naciones de igual a igual unidas por Europa. No creo que haya sido un fallo de Protocolo.
Chaves y Patxi

Puestos a hablar de incumplimientos, deberíamos referirnos igualmente a esa otra circunstancia que tristemente en los duelos se produce: colocar el crespón o lazo negro prendido a la bandera. Algo que por tradición no debe hacerse, ya que la bandera es la que es y nada que esté contemplado en las diferentes normas que la regulen puede colocarse. El artículo 8 habla de la prohibición de colocar cualquier símbolo y aunque se refiere fundamentalmente a partidos políticos, asociaciones o entidades privadas, hemos de entender por extensión que la colocación sobre la enseña de cualquier otro símbolo debe estar prohibida, porque de lo contrario empezaremos a ver (perdón, ya lo vemos) cosidos a la bandera lazos rosas, azules, blancos, quijotes, toros, etc. El crespón, que debe reservarse en el luto solo para la bandera de interior (el luto en las exteriores se hace únicamente poniéndola a media asta, cosa que también se hace habitualmente mal en muchas instituciones de primer nivel), se coloca en la parte superior del mástil, pero sin engancharse a la bandera. Deberíamos evitar situaciones como estas:

Bandera Luto 0Bandera lutoO incluso cuando el mismo Rey de España compareció ante la Televisión tras el trágico atentado del 11-M:
Rey crespònEn fin, que las normas y las tradiciones que terminan por elevarse casi a rango de norma, están para cumplirse. Sabemos que hay situaciones en que el factor mediático hace necesario la visualización de determinados símbolos o mensajes, pero hay otras maneras de conseguir los mismos fines sin que desde las más altas instancias se trate a la bandera de esta forma.