El Rey Juan Carlos representará a España en Colombia

reyrajoy_28270_1

El Rey Juan Carlos en el despacho de La Zarzuela con el Presidente del Gobierno el día 2 de junio en el que comunicó al pueblo español su decisión de abdicar como Rey de España.

Bueno, para quienes preguntaban una y otra vez qué papel desarrollaría el Rey Juan Carlos en su papel de Rey honorífico, y que pudiera justificar de alguna forma la modificación que se ha hecho al Real Decreto de Precedencias en España, tenemos ya un primer caso de cierto alcance. El Consejo de Ministros celebrado el 1 de agosto ha aprobado designar al Rey Juan Carlos para que represente a España en los actos de toma de posesión del Presidente de la República de Colombia que tendrá lugar el 7 de agosto de 2014 (Real Decreto683/2014,de 1 de agosto, por el que se confiere a Su Majestad el Rey Don JuanCarlos, la representación de España en los actos de toma de posesión delPresidente de la República de Colombia). Allá viajará el monarca padre representando al Jefe de Estado, asumiendo de esa forma el papel que hasta ahora venía ejerciendo el entonces Príncipe de Asturias, Felipe de Borbón, hoy Rey Felipe VI.

Es temprano aún para saber si ésta va a ser la tónica que se seguirá en adelante, pero analizado fríamente supone un cambio cualitativo de importancia. A las tomas de posesión de los presidentes iberoamericanos acudía hasta el 19 de junio el heredero, representando a su padre Rey y, en consecuencia a España, pero ahora quien acude es un monarca, rey, honorífico, pero al fin y al cabo rey. Durante su estancia en tierras americanas tendrá de nuevo la consideración de Jefe de Estado en representación de su hijo don Felipe VI. “Las tornas cambian”.

Obviamente, estamos ante un salto cualitativo en la calidad de la representación, pues con independencia de si es un Rey o un Príncipe quien represente a España –matiz ya importante de por sí- hay que valorar la propia figura y trayectoria de don Juan Carlos, jefe de Estado que fuera de España entre 1975 y 2014) que compartirá con otros primeros mandatarios de diferentes países el relevo presidencial en Colombia. Obviamente su reciente pasado de casi cuarenta años al frente de la Jefatura del Estado español le confiere mucho más que una mera representación. No sé, en consecuencia, si la decisión es la más adecuada o no para los intereses nacionales o para la consolidación del nuevo concepto de Familia Real española, pero políticamente es evidente que el Rey Juan Carlos es mucho más en este caso que un mero representante de su hijo Rey.

Personalmente creo que hay determinados cambios que requieren su tiempo, y que la medida no es idónea, máximo cuando coincide en fecha con el inicio en Palma de Mallorca de las vacaciones de don Felipe y de doña Letizia. Sería una magnífica ocasión visualizar con la presencia de don Felipe en Colombia que España sigue apostando claramente por su vocación iberoamericana, y al mismo tiempo evitar la confusión de la duplicidad de reyes.

En fin, no me cuadra mucho la decisión adoptada, aunque obviamente España estará bien representada por un monarca, ya honorífico, que aunque su crédito popular interno haya sufrido cierta pérdida, sigue contando con un alto prestigio y respeto en todo el mundo. Pero como España tiene dos reyes y ambos parece que tendrán actividades de peso, podremos duplicar nuestra presencia en diferentes foros. Al menos presumiremos ante el mundo de tener cuatro reyes muy activos.

No quisiera que se interpretara este comentario sobre la presencia de don Juan Carlos en Colombia negativamente, sino en su sentido de contribuir a la reflexión acerca de cuál debe ser el papel lógico y conveniente para los intereses de España de un rey honorífico, que públicamente se estrena como tal en un evento de tanta relevancia como el comentado. Pienso que realmente no se está definiendo bien, ni explicando correctamente y me preocupa, porque en la calle se dicen demasiadas cosas que deberían cortarse de raíz con decisiones más claras.

La batalla (protocolaria) de Granada

Muy buena presidenciaEste jueves ha vuelta a surgir la polémica a propósito de la no asistencia de la Presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, al X Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada, Federico García Lorca, celebrado en Granada al considerar que el Alcalde anfitrión, Torres Hurtado, no le permitía intervenir en el orden protocolario correcto. Los medios de comunicación se han hecho eco de este conflicto intentando buscar explicaciones protocolarias para buscar quién está en posesión de la verdad y valorar el alcance político de la cuestión. Antes que nada, recordar que el galardonado eraEduardo Lizalde. Hagamos ahora las reflexiones y valoraciones desde el punto de vista técnico, una vez hablado con las partes y vistos los diferentes medios de comunicación.
Los actos son programados, fijados y desarrollados por la entidad anfitriona, que es quien debe decidir sobre el contenido de los mismos. Es el anfitrión a quien corresponde invitar a las personas que considera idóneas para tomar la palabra o realizar un discurso. Por lo tanto, desde el punto de vista de la norma y de las tradiciones si puede decirse que el Ayuntamiento de Granada actuó de forma correcta si fuera cierto que no fue invitada la Presidenta de la Junta de Andalucía a tomar la palabra. Pudiera opinarse si era conveniente o no que hablara, pero no es ni política ni protocolariamente obligatorio que haya que darle palabra. De hecho, no en todos eventos a los que acuden los presidentes de las comunidades, especialmente cuando acompañan a la Familia Real, son invitados a hablar. Un buen antecedente de ello lo tenemos en los Premios Príncipe de Asturias en Oviedo o en el Premio Cervantes en Madrid. En ambos casos asistentes los presidentes autonómicos no son invitados a ello. Por lo tanto, hemos de entender que no es un descortesía o falta de consideración que no se invite a la Presidenta a hablar.
La primera propuesta
Pero hay matices muy importantes que conviene hacer. Según he podido contrastar con las diferentes partes implicadas, tanto del Ayuntamiento como de la Junta y de la propia Casa de S.M., la primera comunicación que llegó a la presidenta andaluza desde el ente municipal se le invitaba a hablar de acuerdo a este orden:
–       Lectura del Acta.
–       Entrega del Premio.
–       Discurso del galardonado.
–   Intervenciones del Secretario de Estado de Cultura, Presidenta de la Junta de Andalucía, Alcalde de Granada y Príncipe de Asturias (y en ese orden).
Se argumentaba para esta propuesta que el acto era muy importante para el Ayuntamiento, que era quien lo financiaba y que el Alcalde debía hablar el penúltimo (en protocolo la cuestión de pagar ni quita ni da derechos), cuestión que la Junta rechazó por no ser el orden que habitualmente se aplica de menor a mayor rango de acuerdo al Real Decreto por el que se establecen las precedencias en el Estado (que da mayor precedencia al presidente de la comunidad frente al alcalde del municipio del lugar donde se celebra el acto). Para la Junta transigir al respecto suponía un precedente no admisible.
Segunda propuesta
Tras las oportunas conversaciones entre los servicios de protocolo de las partes implicadas, el Ayuntamiento de Granada hizo una (no explicada) segunda propuesta en la que quedaban fuera de las intervenciones tanto el Secretario de Estado como la Presidenta de la Junta, manteniendo el mismo orden para el resto. Desde el gobierno regional se mantuvieron conversaciones con altos responsables de la Casa de S.M. que intentaron convencer al Ayuntamiento de que la Presidenta tomara la palabra y antes del Príncipe. Sin embargo, el Ayuntamiento no cedió y la Presidenta optó por no asistir.
Los antecedentes
A favor del criterio autonómico, habría que recordar el antecedente de la entrega del Premio García Lorca de 2004, al que asistieron el Príncipe y el entonces presidente Manuel Chaves quien habló y lo hizo inmediatamente antes que el Príncipe (que cerró) y después que el primer Edil, que era por cierto el mismo Alcalde actual. En la edición de 2005, Chaves volvió a asistir a la ceremonia de Puente Pinos y también habló de acuerdo al siguiente orden (no hubo presencia de Familia Real):
–       Alcalde de Granada.
–       Ministro.
–       Presidente de la Junta de Andalucía (que cerró).
Vistos estos antecedentes, parece claro que la Presidenta fue invitada a hablar y de ser así debía hacerlo inmediatamente ante que el Heredero de la Corona, y en cualquier caso después del Alcalde. Aunque el anfitrión del evento sea éste último y suya es la responsabilidad de fijar el contenido del mismo, la tradición y la costumbre (que para protocolo tiene rango de Ley), así como la propia normativa vigente, señala que la Presidenta debía haber pronunciar su discurso después del Alcalde y antes que el Príncipe. Además, cuando se invita a una autoridad debe tenerse en cuenta que hay que respetar el protocolo que le corresponde. Si no se va a cumplir es preciso informarle de forma previa o sencillamente no invitarle.
De cualquier forma, para no dañar la imagen del acto (como ha ocurrido) el sentido común nos dice que lo normal es que el Alcalde hubiera accedido a la postura del gobierno autonómico. No obstante, el hecho de que la presidenta de la Junta, pudiera haberse considerada “ninguneada” por el Alcalde de Granada debería haber valorado antes de tomar la decisión de no ir, si con ella perjudicaba la imagen del Premio, de su galardonado y el de la Comunidad. Por los datos que he podido obtener pienso que el criterio de la Junta es acertado, pero también estimo que aunque fuera protocolariamente “mal tratada” la presidenta debiera haber asistido igualmente al evento, dejando claro su malestar y protesta. Pero esto ya es política y al respecto nada tengo que opinar.
 autoridades
Rectificación municipal 
Sobre si el servicio de Protocolo del Ayuntamiento debiera haber rectificado la decisión, no es una cuestión que competa al mismo, pues su misión es ejecutar del evento de acuerdo a las directrices políticas que se le señalan (suponemos que habrán hecho su propuesta pero la decisión última es del Alcalde). Estoy convencido que habrán sugerido al Alcalde la conveniencia de que hablara la Presidenta y lo hiciera en el orden que todos los profesionales consideramos correcto (después que el primer edil y antes del Príncipe). Con ello se hubiera evitado esta polémica que no es buena ni para Granada ni para Andalucía y España. Pero los técnicos de protocolo no debemos meternos en política, y si alguien lo ha hecho resultaría reprobable desde el punto de vista del Código Ético de la profesión.
Asistencia de la Presidenta
Considero que la Presidenta debiera haber asistido el acto, no solo por deferencia a los Príncipes, sino por respeto al Premio y a su galardonado, y por extensión a los granadinos y andaluces. Pero entiendo por otra parte, su reacción, porque el “enrrocamiento” del Alcalde esconde claramente una intencionalidad política que va más allá de los intereses relativos al Premio y en los que no entramos. No tiene sentido (aunque respetamos la decisión) que la representante ordinaria del Estado en la Comunidad Andaluza se ausente por diferencias protocolarias en un evento importante de este calibre (ya nos vamos acostumbrado en España a situaciones simlares). Las discrepancias o desavenencias políticas, en eventos de este tipo, deben ventilarse en los despachos y no ser trasladados a lo público, en perjuicio de la imagen institucional de todos. Me imagino que para el Príncipe y el Premiado el acto terminaría por resultarles incómodo. Obviamente, en relación a la posición, como también es habitual, la Presidenta debiera estar junto a los Príncipes, lo mismo que el Alcalde (uno a cada lado).
Ver diferentes enlaces a la noticia:

Los “graves errores” protocolarios en el desfile de la Fiesta Nacional

Presidencia de los Príncipes de Asturias en el desfile militar. Foto: Kote Alvarado (Efe). Fuente: http://politica.elpais.com/politica/2013/10/12/album/1381575549_772213.html#1381575549_772213_1381575893
Se ha venido hablando mucho en esta semana que la ausencia del Rey en el desfile de ls Fiesta Nacional de hoy 12 de octubre en Madrid, conllevaba la modificación de diferentes cuestiones de Protocolo. Una de ellas, la relacionada con los honores. Es decir, que en vez de sonar la versión íntegra del humno nacional (52 segundos), que se reserva entre otros, al Rey, se interpretaría la versión corta que corresponde al Príncipe (27 segundos). Y lo mismo para lo establecido en las salvas de honor. Todo ello legislado a través del Reglamento de Honores Militares.
Si consideramos, como es evidente, la parada militar y desfile un acto de carácter general -según la definición que da el real Decreto 2099/1983-, y aquella es presidida por el Príncipe de Asturias, en representación del Jefe del Estado, de acuerdo a la normativa vigente el himno que se interpretó a la llegada del Heredero, antes de pasar revista a la compañía de honores, debería haber sido la versión completa y no la reducida. El Príncipe está representando oficialmente al Rey, y como dice la normativa, ha de dársele los honores que corresponden al Monarca (como se sabe sólo dos autoridades en España pueden hacerse representar y recibir su representante los honores que corresponden al representado). No se hizo, lo que claramente es en mi opinión un “grave error”, pues en consecuencia el Príncipe presidió, pero no en nombre del Jefe del Estado. La simbología se hace para algo, y en este caso por primera vez en la historia de la democracia se ha celebrado la Fiesta Nacional sin presencia formal o representada del Jefe del Estado.
Aunque el comunicado oficial de La Zarzuela habla de la presidencia de Príncipe y evita en cualquier momento la expresión de “representar” al Rey, la realidad es manifiesta: los actos institucionales del día de la Fiesta Nacional han sido presididos siempre por el Jefe del Estado. Si en esta ocasión no ha sido posible por la convalecencia del Rey, quien lo ha hecho en su nombre adquiere plenamente la conidición de persona o autoridad que lo representa, se diga expresamente o no. Por lo tanto en mi modesta opinión, estamos ante una inadecuada decisión de lo que supone interpretar la función de presidir y representar. Fue un desacierto total no dar honores de Rey a la persona que lo estaba sustituyendo, nada menos que quien está llamado a ser su sucesor.  ¿Tan duro es reconcerle ese papel de asumir por instantes el más alto papel institucional?
Otro error en mi opinión, quizá éste más discutible para quienes defiendan opciones más extremas de centralismo, es no dar una consideración protocolaria mayor a los presidentes autonómicos. Veo correcto que en la tribunal central de honor estén además del Príncipe, los representantes de los poderes del Estado, pero francamente no entiendo por qué no se sitúan también los presidentes autonómicos. De esta manera se hubiera conseguido “escenificar” una fiesta nacional que se extiende a toda España, que transmite mensaje de unión, en vez de confrontación. Verlos a todos juntos, con un tratamiento similar hubiera conseguido una proyección de unidad territorial mayor. Relegarlo a un mero saludo protocolario de los diez presidentes que asistieron, para luego pasar a una segunda tribuna es una torpeza, insisto, en mi opinión.
Resulta lamentable la ausencia de los otros siete presidentes autonómicos (motivos tendrán, políticos o de agenda), pero más lamentable es que a los que asisten se les relegue a una secundaria tribuna con el resto de autoridades, en un segundo plano llamativo (por cierto, erróneamente colocados de acuerdo a la normativa vigente)  En el Día de la Fiesta Nacional para mí tiene más sentido ver en la tribunal a los presidentes de los poderes del estado y a los autonómicos, y no tiene mayor relevancia situar a los ministros del Gobierno, ya representados por su Presidente.
  Fuente: http://politica.elpais.com/politica/2013/10/12/album/1381575549_772213.html#1381575549_772213_1381576027     Foto: Fernando Alvarado (Efe)
Muy criticable, por otra parte, que los actos centrales de la parada militar y desfile se hayan alejado del público, del ciudadano, de la calle en definitiva. Observar la ceremonia desde la televisión resultó fría y poco emotiva, por mucho que este tipo de actos resulten siempre solemnes, bonitos y relevantes. Pero no se ha conseguido lo pretendido. Falta el ciudadano, falta el calor de la calle y veo este acto alejado, distante. Creo sencillamente que esta visión de celebración ha entrado en la agonía, cuestión ésta que nada tiene que ver con la presencia o no del Rey y demás miembros de la Familia Real, sino con la esencia del acto en sí mismo. Los medios se han detenido en el papel de Real Familia, pero para mí lo importante ha sido la frialdad de un acto que no conecta, salvo para quienes piensan que hacer España es cuestión de exhibir la fuerza militar o celebrar el día como lo hacían dictadores del pasado. Este evento requiere actualizarse, y sueño algún día con otro tipo de actividades que combinan las oficiales con las ciudadanas, con un Rey, Príncipe, gobierno, autoridades, mezclándose con la gente, celebrando como la gente hace las fiestas.
Veía por otro lado, cómo los zaragozanos y aragones en general celebraban con júbilo y devoción la fiesta de su Patrona, y más me recordaba la Fiesta Nacional el día del Pilar, que lo que veíamos en la Plaza de Neptuno e inmediaciones. Deberían los altos responsables del Estado y sus servicios de protocolo abrir una severa reflexión al respecto. Lo necesita la unidad de este país.
Y cierro solamente recordando que si el Príncipe estaba representando al Rey en la Recepción en Palacio, don Felipe debería ir situado por delante de su madre, la Reina, y abrir el besamanos. Algo a lo que no estamos acostumbrados, pero es evidente que en ausencia del Jefe del Estado, quien debe representarle institucionalmente es el Heredero, que en consecuencia toma por instantes los honores de aquél. Por lo tanto, debe recibir él y su esposa, seguidos por la Reina y la Infanta. Esa es la  solución protocolaria idónea y en línea con la normativa (siempre interpretable). Otra cosa es que la prudencia o la falta de costumbre en nuestro país haya podido hacer pensar que hay determinados cambios que aún no se pueden visualizar. Es una lástima que haya tanta resistencia a que se le vaya encomendando en casa al Heredero las máximas funciones representativas cuando nadie se las va a discutir. Al menos en un caso tan claro en el que evidentemente el Rey no está para fiestas, ni para actos oficiales.
 Tras el saludo el Príncipe de sirige en Palacio Real a los presentes. Como observamos la Reina ocupa el puesto uno de esta presidencia. Fuente: http://www.abc.es/espana/20131012/abci-alminuto-desfile-fiesta-nacional-201310121001.html.
Autor: Esteban Villarejo.
Seguiremos soñando que algún día la Fiesta Nacional llegue a todos los rincones de España a través de la espontánea participación de los españoles, empujados por el verdadero nacionalismo, que no es otro que el defender los valores, historia, presente y futuro de tu país. Nada incompatible con celebrar con el mismo entusiasmo y orgullo el día de tu comunidad. Y orgullosos estaremos de que efectivamente todo el mundo se sienta ciudadano de España, de su región o comunidad, de su municipio o de su pueblecito. Pero todos más o menos saben celebrarlo, salvo a nivel de Estado que seguimos “erre que erre” con la misma cantinela de desfile (absurdo en estos tiempos).
Lo dicho, seguiremos soñando.
Y por supuesto, al margen de estos comentarios, felicitar a los responsables de protocolo y su equipo porque una vez más el evento técnicamente ha sido bien organizado y ejecutado.

El protocolo de la primera “rueda de prensa” de la Casa de S.M. el Rey

 

Conferencia de prensa en La Zarzuela. De izquierda a derecha: Jefe Médico de la Casa del Rey, Doctor Miguel Cabanela, Jefe de la Casa de S.M. el Rey y el doctor Ángel Villamor. Fuente: RTVE.

 

El pasado viernes, día 19 de septiembre, el jefe de la Casa de Su Majestad, Rafael Spottorno, ofrecía una conferencia de prensa ante más de un centenar de periodistas acreditados en el Palacio de La Zarzuela, para dar cuenta de la salud del Rey y de las medidas médicas adoptadas, que pasarán por una nueva intervención quirúrgica (quizá dos), en el Hospital Quirón de Madrid. Era evidente que en las últimas semanas, don Juan Carlos daba claros síntomas de un empeoramiento de su salud, dificultad en su caminar y permanecer de pié, rostro dolorido y ojeras agotadoras. Los medios de comunicación comenzaban a hacer sus vacilaciones acerca del futuro institucional del Monarca, su posible inhabilitación e incluso una posible renuncia o abdicación. De hecho desde que se anunciara la convocatoria hasta su celebración todo eran preguntas y comentarios relacionados con una posible abdicación.
Ante tales ecos de Corte, pienso que el servicio de Relaciones con los Medios de Comunicación de la Casa de Su Majestad (que no Casa Real como muchos equivocan) acertó de pleno en la convocatoria de esta rueda de prensa porque en situaciones de crisis -y ésta lo era- no hay mejor solución que coger el toro por los cuernos. De esta manera, por primera vez en la residencia del Jefe del Estado se convocaba a los Medios, algo que ya es histórico y que no puede pasar desapercibido. El diplomático Spottorno, hombre templado y con gran aplomo, salió al paso y contó la realidad de la situación, las decisiones adoptadas por el Rey y descartó cualquier opción de renuncias o similares. En la rueda de prensa estuvieron
presentes además de Spottorno, el jefe del Servicio Médico del Rey, Miguel Fernández-Tapia, el doctor que operó la cadera de don Juan Carlos las dos primeras veces, Ángel Villamor, y el cirujano Miguel Cabanela, especialista en este tipo de operaciones que se desplazó para reconocer e intervenir al Rey desde la Clínica Mayo de Rochester (EEUU).
Los cuatro se sentaron en un mesa recubierta de tela granate (un color que debieran cambiar), con el fondo de un tapiz (fondo inadecuado), ocupando el centro el doctor Cabanela, que dirigirá la atención médica a don Juan Carlos, y el propio Jefe de la Casa de S.M. Éste -anfitrión- se situó a la izquierda (puesto 2), dejando el lado derecho (puesto 1) a su “invitado de honor” principal, en un ejercicio de cesión de presidencia que saludamos positivamente y que volvemos a insistir esperemos que sirva de ejemplo a muchos denostadores de algo tan elegante como ceder a quien centrará el protagonismo esencial. Era evidente que dos eran las cuestiones que interesaban a los medios: el estado de salud del Rey y su posible tratamiento y la posibilidad de que se anunciara abdicación o inhabilitación. Por ello, ambos en el centro justifica el protocolo. Cerraron los extremos el Jefe Médico de la Casa del Rey y el doctor que operó de la hoy cadera infectada, éste ocupando la última plaza.
Algunos se preguntarán si los puestos de estos dos últimos deberían intercambiarse, por eso de la cortesía y no dejar el último lugar al médico Villamor. En mi modesta opinión, la solución adoptada fue brillante e idónea, pues de esta manera el Jefe de la Casa comparecía arropado por los dos doctores protagonistas. De ubicarse el Jefe Médico de la Casa en el puesto cuatro podría ser entendido como una nueva cortesía, pero también generaba dos zonas de mesa que obviamente no era adecuado: a un lado el equipo médico, al otro los miembros de la Casa. Igualmente, quedaba desplazado Villamor con respecto al centro de atención, lo que casi sin querer podría interpretarse de manera negativa. Un acierto insisto.
A la izquierda de la presidencia, desde un atril, el jefe del Servicio de Relaciones con los Medios de Comunicación de la Casa de S.M., Javier Ayuso, quien tras la intervención inicial de los comparecientes, condujo la concesión del turno de preguntas y puso fin a la rueda de prensa cuando más o menos los temas quedaron agotados. En este sentido, todo merece nuestro aplauso, especialmente el protocolo seguido y desde el punto de vista comunicacional la entereza, firmeza y buen hacer del diplomático Spottorno.
Sin embargo, no podemos decir lo mismo de la escenografía final, que una vez más transmite ese aire vetusto y rancio que determinados espacios de La Zarzuela ofrecen cuando se celebran en ellos diferentes actos. Estimamos que era precisa una trasera más en consonancia con los tiempos, favorecedera de la comunicación institucional, pues viendo la imagen francamente uno queda desubicado y resulta plenamente chocamente y antiguo. Estos cambios que tanto cuestan adoptar en determinadas instancias, son necesarios y no le venía mal a La Zarzuela disponer de espacios que transmitan sensaciones que potencien la cercanía entre la institución y los ciudadanos.
Supongo que los cambios en ese sentido irán llegando. De momento nos felicitamos por el hecho de que se haya roto algo que hasta ahora era tabú en la Jefatura del Estado. Nada de ruedas de prensa. ¿Por qué? Estamos acostumbrados a los discursos del Rey, pero esa fórmula parece agotarse sino se complementa con otras acciones. Se intentó variar con la entrevista de Jesús Hermida al Rey, pero el mal planteamiento del periodista, su lenguaje y maneras, así como la puesta en escena y falta de naturalidad de nuestro Monarca, restó autenticidad al mensaje. Algo que no sucedió en la rueda de prensa. De frente, sin tapujos, con naturalidad estudiada, saliendo al paso de temas antes de que te quemen en las manos, se genera más confianza que con los comunicados de prensa.
Llegan tiempos que la comunicación de la Jefatura del Estado debe de adaptarse a las necesidades actuales. Resulta más elegante y próximo que el Rey anuncie personalmente la boda de sus hijos, que un trasnochado comunicado. El Príncipe, con ocasión de su compromiso con doña Letizia Ortiz, dió todo un ejemplo de comunicación eficaz y buen protocolo cuando concurrió por primera vez junto a su prometida en la puerta de su residencia. Aquella imagen dió la vuelta al mundo. El comunicado se ha quedó para estudio de anticuarios y nostálgicos.
Pasos buenos en la comunicación desde La Zarzuela. Esperemos que en el tiempo de tratamiento y curación del Rey se sigan con actuaciones similares,que se comparezca sin miedo, y no estaría de más que no sólo lo hicieran los médicos, sino su más próxima familia, porque todos deseamos saber cómo está el Rey, pero también cómo lo lleva su familia. Y eso no se puede esconder, ni dejarlo a simples comentarios cuando los periodistas coinciden con la Reina o el Príncipe en un evento. La imagen de unidad total es más necesaria que nunca y una buena comunicación puede hacer mucho al respecto.

El Protocolo judicial en España

El protocolo y ceremonial del Poder Judicial de España (en su conjunto) es una de las asignaturas pendientes que tienen la mayoría de los profesionales en nuestro país, que en un porcentaje alto desconocen, pese a formar parte del gran ceremonial oficial. De eso se puede dar buena fe por el alto número de consultas que han llegado y siguen llegando hasta el Instituto Universitario de Protocolo de la Universidad Camilo José Cela en los dos últimos años.  No es una cuestión fácil de entender porque se entremezclan muchas normativas generales del Estado con las propias de este Poder, así como las costumbres y tradiciones que rodean a este importante sector, que prácticamente está todos los días en los medios de comunicación.

 

Por otra parte, en la mayoría de los actos oficiales que promueve el Estado, las comunidades autónomas y las entidades locales, cuentan con la presencia de representantes judiciales y jurisdiccionales a quienes en muchas ocasiones resulta difícil de encajar entre los invitados a un evento. En este sentido, es necesario advertir de la importancia de dominar este protocolo, tanto para quienes ejercen en el sector público como en el privado. De esa dificultad da buena fe lo complicado que resulta a los alumnos de Grado y Postgrado que se preparan para ejercer en el futuro tareas de protocolo y organización de eventos.

 

Podría preguntarse, ¿quién va antes, el Presidente de la Audiencia Nacional o el Presidente del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía en un acto a celebrar en Madrid y por qué? ¿O quién tiene mayor rango a estos efectos, un magistrado del Supremo o el fiscal jefe del mismo? ¿O, más cerca de los ciudadanos un juez decano o un magistrado de la Audiencia Provincial? Preguntas sencillas, pero que muchos desconocen, generándose a veces errores en la aplicación real en diferentes eventos.

 

El Protocolo en el Poder Judicial se rige por leyes y reales decretos nacionales, y en especial por el Reglamento 2/2005, de 23 de noviembre, de Honores, Tratamientos y Protocolo en los Actos Judiciales Solemnes. Una lectura del mismo contribuiría a entender muchas cosas, así como un seguimiento especial de sus actos específicos. En este sentido, es preceptivo aconsejar su estudio, y animar a algunos doctorandos a que realicen posibles tesis doctorales al respecto, pues es un tema rico y amplio como para desarrollarlo y necesitado de divulgación.

 

Aparentemente, puede dar la sensación este Poder de aplicar un viejo ceremonial, porque se basa en costumbres y forma parte de un sector no propicio a abrirse en este sentido a la Sociedad. Pero en ocasiones aportan sus actos cuestiones que apuntan a una cierta renovación que permite pensar que también a la Justicia le ha llegado la necesidad de actualizarse.

 

Entrega de despachos a nuevos jueces en Barcelona

 

Un buen ejemplo de ello fue la reciente entrega de despachos a la LXIII promoción de nuevos jueces, que tras su preparación en la Escuela Judicial, recibieron del Príncipe de Asturias, en el transcurso de un acto celebrado en Barcelona, el pasado día 4 de abril, el documento que acredita a 231 personas, 145 mujeres y 86 hombres, con una media de edad de 30 años, que comenzarán a impartir Justicia. Cifras interesantes para los aficionados a las estadísticas o para quienes desean mayor presencia femenina y acceso a jóvenes. En ese mismo acto, la número uno de la promoción recibió de manos del Heredero la Cruz de San Raimundo de Peñafort. Puede verse un resumen/reportaje del mismo en http://www.youtube.com/watch?v=tK23xV9U4tU.
 
(Entrega de la Cruz de San Raimundo de Peñafort a la número uno de la promoción)
De este acto se debía destacar la presidencia, muy novedosa para el sector judicial, y que puede servir de referencia a otros ámbitos de la organización. Con independencia de que cada uno considere excesiva o no la mesa (13 personas), nos quedamos con lo más importante en nuestra opinión. Fue presidida por el Príncipe, y los listados de autoridades civiles y judiciales se repartieron en la misma en dos sectores. A la derecha de la presidencia, las judiciales por su orden, a la izquierda, las civiles por el Real Decreto, artículo 12. De esta forma a la derecha del heredero se sentaron el Presidente del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo (que como dice la normativa presidirá todos los actos promovidos desde el Poder Judicial, cediendo solo a los miembros de la Familia Real, razón que justifica la colocación en el puesto 2, pues de hacerlo en el tres estaría cediendo al presidente catalán). A continuación lo hicieron el Presidente del Tribunal Constitucional, Fiscal General del Estado, Vicepresidente del Consejo General del Poder Judicial, Secretario del mismo y Directora de la Escuela Judicial.
 
(Entrega de despachos a los 231 nuevos jueces de la promoción)

 

A la izquierda de don Felipe, el President de Catalunya, la Vicepresidenta del Gobierno, Presidenta del Parlament Catalán, Delegada del Gobierno en Cataluña, Alcalde de Barcelona y Secretario de Estado de Justicia.

 

Esta disposición nos parece correcta, máximo si consideramos que la normativa interna del Poder Judicial señala que en sede propia las autoridades civiles deben ocupar zonas distintas a los representantes judiciales. De hecho en los actos que se celebran en sede judicial, al estrado sólo acuden los togados por su orden, ocupando la presidencia los miembros de la Sala de Gobierno correspondiente, más el fiscal jefe de la entidad, salvo excepciones puntuales derivadas de la costumbre (como la presencia en la mesa presidencial del Ministro de Justicia en la inauguración del año judicial). De esta forma, en la presidencia de Barcelona, a una zona quedaban unos y a la otra el resto, dando la derecha al Poder Judicial, un sistema éste que también se aplica asiduamente en el mundo deportivo.

 

Que la mesa presidencial fuera tan grande podría justificarse en el deseo de que en la misma estuvieran representados todos los sectores de la Justicia y de las principales instituciones civiles, al tiempo que el mayor número permitió agilizar la entrega de despachos al modo militar. Un acto bonito de ver y del que cada uno puede sacar las conclusiones que estime oportunas. En nuestro caso, consideramos una aportación que probablemente sea exportable a otros ámbitos del mundo oficial y no oficial. Una forma de adecuarse a los nuevos tiempos.

 

La paridad de las banderas

 

Al margen de ello, hemos de volver al asunto de las banderas, que están bien colocadas, pero dado que son 19 las comunidades y ciudades autónomas de España, si se decide, como fue en este caso, disponer las enseñas de todas más la española la suma hace veinte lo que genera que la bandera rojigualda no quede justo en el centro como parecería aconsejable en un evento que aunque se celebre en la ciudad condal realmente afecta a todo el Estado. Considerando que el acto es en Barcelona, la bandera catalana toma precedencia sobre la vasca, quedando España y Cataluña en el centro, una disposición que iguala en rango a ambos vexilos. El tema originará comentarios para todos los gustos, pero sí al menos hay que señalar que la posición central la ocupan España y Cataluña, con precedencia para la nacional, pero compartiendo el honor con la catalana. Algo inevitable salvo que se añadiera la europea, o sencillamente que se hubieran dispuesto en el centro dos de España, como se hacen en otros países y en instituciones europeas. Pero ahí queda la reflexión, para que cada uno defienda su teoría.
(El Príncipe de Asturias durante su intervención. A su izquierda, en la mesa presidencial las autoridades oficiales por su orden. Al otro extremo, no visibles en la imagen, los representantes judiciales)