El Rey Juan Carlos representará a España en Colombia

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El Rey Juan Carlos en el despacho de La Zarzuela con el Presidente del Gobierno el día 2 de junio en el que comunicó al pueblo español su decisión de abdicar como Rey de España.

Bueno, para quienes preguntaban una y otra vez qué papel desarrollaría el Rey Juan Carlos en su papel de Rey honorífico, y que pudiera justificar de alguna forma la modificación que se ha hecho al Real Decreto de Precedencias en España, tenemos ya un primer caso de cierto alcance. El Consejo de Ministros celebrado el 1 de agosto ha aprobado designar al Rey Juan Carlos para que represente a España en los actos de toma de posesión del Presidente de la República de Colombia que tendrá lugar el 7 de agosto de 2014 (Real Decreto683/2014,de 1 de agosto, por el que se confiere a Su Majestad el Rey Don JuanCarlos, la representación de España en los actos de toma de posesión delPresidente de la República de Colombia). Allá viajará el monarca padre representando al Jefe de Estado, asumiendo de esa forma el papel que hasta ahora venía ejerciendo el entonces Príncipe de Asturias, Felipe de Borbón, hoy Rey Felipe VI.

Es temprano aún para saber si ésta va a ser la tónica que se seguirá en adelante, pero analizado fríamente supone un cambio cualitativo de importancia. A las tomas de posesión de los presidentes iberoamericanos acudía hasta el 19 de junio el heredero, representando a su padre Rey y, en consecuencia a España, pero ahora quien acude es un monarca, rey, honorífico, pero al fin y al cabo rey. Durante su estancia en tierras americanas tendrá de nuevo la consideración de Jefe de Estado en representación de su hijo don Felipe VI. “Las tornas cambian”.

Obviamente, estamos ante un salto cualitativo en la calidad de la representación, pues con independencia de si es un Rey o un Príncipe quien represente a España –matiz ya importante de por sí- hay que valorar la propia figura y trayectoria de don Juan Carlos, jefe de Estado que fuera de España entre 1975 y 2014) que compartirá con otros primeros mandatarios de diferentes países el relevo presidencial en Colombia. Obviamente su reciente pasado de casi cuarenta años al frente de la Jefatura del Estado español le confiere mucho más que una mera representación. No sé, en consecuencia, si la decisión es la más adecuada o no para los intereses nacionales o para la consolidación del nuevo concepto de Familia Real española, pero políticamente es evidente que el Rey Juan Carlos es mucho más en este caso que un mero representante de su hijo Rey.

Personalmente creo que hay determinados cambios que requieren su tiempo, y que la medida no es idónea, máximo cuando coincide en fecha con el inicio en Palma de Mallorca de las vacaciones de don Felipe y de doña Letizia. Sería una magnífica ocasión visualizar con la presencia de don Felipe en Colombia que España sigue apostando claramente por su vocación iberoamericana, y al mismo tiempo evitar la confusión de la duplicidad de reyes.

En fin, no me cuadra mucho la decisión adoptada, aunque obviamente España estará bien representada por un monarca, ya honorífico, que aunque su crédito popular interno haya sufrido cierta pérdida, sigue contando con un alto prestigio y respeto en todo el mundo. Pero como España tiene dos reyes y ambos parece que tendrán actividades de peso, podremos duplicar nuestra presencia en diferentes foros. Al menos presumiremos ante el mundo de tener cuatro reyes muy activos.

No quisiera que se interpretara este comentario sobre la presencia de don Juan Carlos en Colombia negativamente, sino en su sentido de contribuir a la reflexión acerca de cuál debe ser el papel lógico y conveniente para los intereses de España de un rey honorífico, que públicamente se estrena como tal en un evento de tanta relevancia como el comentado. Pienso que realmente no se está definiendo bien, ni explicando correctamente y me preocupa, porque en la calle se dicen demasiadas cosas que deberían cortarse de raíz con decisiones más claras.

La batalla (protocolaria) de Granada

Muy buena presidenciaEste jueves ha vuelta a surgir la polémica a propósito de la no asistencia de la Presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, al X Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada, Federico García Lorca, celebrado en Granada al considerar que el Alcalde anfitrión, Torres Hurtado, no le permitía intervenir en el orden protocolario correcto. Los medios de comunicación se han hecho eco de este conflicto intentando buscar explicaciones protocolarias para buscar quién está en posesión de la verdad y valorar el alcance político de la cuestión. Antes que nada, recordar que el galardonado eraEduardo Lizalde. Hagamos ahora las reflexiones y valoraciones desde el punto de vista técnico, una vez hablado con las partes y vistos los diferentes medios de comunicación.
Los actos son programados, fijados y desarrollados por la entidad anfitriona, que es quien debe decidir sobre el contenido de los mismos. Es el anfitrión a quien corresponde invitar a las personas que considera idóneas para tomar la palabra o realizar un discurso. Por lo tanto, desde el punto de vista de la norma y de las tradiciones si puede decirse que el Ayuntamiento de Granada actuó de forma correcta si fuera cierto que no fue invitada la Presidenta de la Junta de Andalucía a tomar la palabra. Pudiera opinarse si era conveniente o no que hablara, pero no es ni política ni protocolariamente obligatorio que haya que darle palabra. De hecho, no en todos eventos a los que acuden los presidentes de las comunidades, especialmente cuando acompañan a la Familia Real, son invitados a hablar. Un buen antecedente de ello lo tenemos en los Premios Príncipe de Asturias en Oviedo o en el Premio Cervantes en Madrid. En ambos casos asistentes los presidentes autonómicos no son invitados a ello. Por lo tanto, hemos de entender que no es un descortesía o falta de consideración que no se invite a la Presidenta a hablar.
La primera propuesta
Pero hay matices muy importantes que conviene hacer. Según he podido contrastar con las diferentes partes implicadas, tanto del Ayuntamiento como de la Junta y de la propia Casa de S.M., la primera comunicación que llegó a la presidenta andaluza desde el ente municipal se le invitaba a hablar de acuerdo a este orden:
–       Lectura del Acta.
–       Entrega del Premio.
–       Discurso del galardonado.
–   Intervenciones del Secretario de Estado de Cultura, Presidenta de la Junta de Andalucía, Alcalde de Granada y Príncipe de Asturias (y en ese orden).
Se argumentaba para esta propuesta que el acto era muy importante para el Ayuntamiento, que era quien lo financiaba y que el Alcalde debía hablar el penúltimo (en protocolo la cuestión de pagar ni quita ni da derechos), cuestión que la Junta rechazó por no ser el orden que habitualmente se aplica de menor a mayor rango de acuerdo al Real Decreto por el que se establecen las precedencias en el Estado (que da mayor precedencia al presidente de la comunidad frente al alcalde del municipio del lugar donde se celebra el acto). Para la Junta transigir al respecto suponía un precedente no admisible.
Segunda propuesta
Tras las oportunas conversaciones entre los servicios de protocolo de las partes implicadas, el Ayuntamiento de Granada hizo una (no explicada) segunda propuesta en la que quedaban fuera de las intervenciones tanto el Secretario de Estado como la Presidenta de la Junta, manteniendo el mismo orden para el resto. Desde el gobierno regional se mantuvieron conversaciones con altos responsables de la Casa de S.M. que intentaron convencer al Ayuntamiento de que la Presidenta tomara la palabra y antes del Príncipe. Sin embargo, el Ayuntamiento no cedió y la Presidenta optó por no asistir.
Los antecedentes
A favor del criterio autonómico, habría que recordar el antecedente de la entrega del Premio García Lorca de 2004, al que asistieron el Príncipe y el entonces presidente Manuel Chaves quien habló y lo hizo inmediatamente antes que el Príncipe (que cerró) y después que el primer Edil, que era por cierto el mismo Alcalde actual. En la edición de 2005, Chaves volvió a asistir a la ceremonia de Puente Pinos y también habló de acuerdo al siguiente orden (no hubo presencia de Familia Real):
–       Alcalde de Granada.
–       Ministro.
–       Presidente de la Junta de Andalucía (que cerró).
Vistos estos antecedentes, parece claro que la Presidenta fue invitada a hablar y de ser así debía hacerlo inmediatamente ante que el Heredero de la Corona, y en cualquier caso después del Alcalde. Aunque el anfitrión del evento sea éste último y suya es la responsabilidad de fijar el contenido del mismo, la tradición y la costumbre (que para protocolo tiene rango de Ley), así como la propia normativa vigente, señala que la Presidenta debía haber pronunciar su discurso después del Alcalde y antes que el Príncipe. Además, cuando se invita a una autoridad debe tenerse en cuenta que hay que respetar el protocolo que le corresponde. Si no se va a cumplir es preciso informarle de forma previa o sencillamente no invitarle.
De cualquier forma, para no dañar la imagen del acto (como ha ocurrido) el sentido común nos dice que lo normal es que el Alcalde hubiera accedido a la postura del gobierno autonómico. No obstante, el hecho de que la presidenta de la Junta, pudiera haberse considerada “ninguneada” por el Alcalde de Granada debería haber valorado antes de tomar la decisión de no ir, si con ella perjudicaba la imagen del Premio, de su galardonado y el de la Comunidad. Por los datos que he podido obtener pienso que el criterio de la Junta es acertado, pero también estimo que aunque fuera protocolariamente “mal tratada” la presidenta debiera haber asistido igualmente al evento, dejando claro su malestar y protesta. Pero esto ya es política y al respecto nada tengo que opinar.
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Rectificación municipal 
Sobre si el servicio de Protocolo del Ayuntamiento debiera haber rectificado la decisión, no es una cuestión que competa al mismo, pues su misión es ejecutar del evento de acuerdo a las directrices políticas que se le señalan (suponemos que habrán hecho su propuesta pero la decisión última es del Alcalde). Estoy convencido que habrán sugerido al Alcalde la conveniencia de que hablara la Presidenta y lo hiciera en el orden que todos los profesionales consideramos correcto (después que el primer edil y antes del Príncipe). Con ello se hubiera evitado esta polémica que no es buena ni para Granada ni para Andalucía y España. Pero los técnicos de protocolo no debemos meternos en política, y si alguien lo ha hecho resultaría reprobable desde el punto de vista del Código Ético de la profesión.
Asistencia de la Presidenta
Considero que la Presidenta debiera haber asistido el acto, no solo por deferencia a los Príncipes, sino por respeto al Premio y a su galardonado, y por extensión a los granadinos y andaluces. Pero entiendo por otra parte, su reacción, porque el “enrrocamiento” del Alcalde esconde claramente una intencionalidad política que va más allá de los intereses relativos al Premio y en los que no entramos. No tiene sentido (aunque respetamos la decisión) que la representante ordinaria del Estado en la Comunidad Andaluza se ausente por diferencias protocolarias en un evento importante de este calibre (ya nos vamos acostumbrado en España a situaciones simlares). Las discrepancias o desavenencias políticas, en eventos de este tipo, deben ventilarse en los despachos y no ser trasladados a lo público, en perjuicio de la imagen institucional de todos. Me imagino que para el Príncipe y el Premiado el acto terminaría por resultarles incómodo. Obviamente, en relación a la posición, como también es habitual, la Presidenta debiera estar junto a los Príncipes, lo mismo que el Alcalde (uno a cada lado).
Ver diferentes enlaces a la noticia:

Los «graves errores» protocolarios en el desfile de la Fiesta Nacional

Presidencia de los Príncipes de Asturias en el desfile militar. Foto: Kote Alvarado (Efe). Fuente: http://politica.elpais.com/politica/2013/10/12/album/1381575549_772213.html#1381575549_772213_1381575893
Se ha venido hablando mucho en esta semana que la ausencia del Rey en el desfile de ls Fiesta Nacional de hoy 12 de octubre en Madrid, conllevaba la modificación de diferentes cuestiones de Protocolo. Una de ellas, la relacionada con los honores. Es decir, que en vez de sonar la versión íntegra del humno nacional (52 segundos), que se reserva entre otros, al Rey, se interpretaría la versión corta que corresponde al Príncipe (27 segundos). Y lo mismo para lo establecido en las salvas de honor. Todo ello legislado a través del Reglamento de Honores Militares.
Si consideramos, como es evidente, la parada militar y desfile un acto de carácter general -según la definición que da el real Decreto 2099/1983-, y aquella es presidida por el Príncipe de Asturias, en representación del Jefe del Estado, de acuerdo a la normativa vigente el himno que se interpretó a la llegada del Heredero, antes de pasar revista a la compañía de honores, debería haber sido la versión completa y no la reducida. El Príncipe está representando oficialmente al Rey, y como dice la normativa, ha de dársele los honores que corresponden al Monarca (como se sabe sólo dos autoridades en España pueden hacerse representar y recibir su representante los honores que corresponden al representado). No se hizo, lo que claramente es en mi opinión un «grave error», pues en consecuencia el Príncipe presidió, pero no en nombre del Jefe del Estado. La simbología se hace para algo, y en este caso por primera vez en la historia de la democracia se ha celebrado la Fiesta Nacional sin presencia formal o representada del Jefe del Estado.
Aunque el comunicado oficial de La Zarzuela habla de la presidencia de Príncipe y evita en cualquier momento la expresión de «representar» al Rey, la realidad es manifiesta: los actos institucionales del día de la Fiesta Nacional han sido presididos siempre por el Jefe del Estado. Si en esta ocasión no ha sido posible por la convalecencia del Rey, quien lo ha hecho en su nombre adquiere plenamente la conidición de persona o autoridad que lo representa, se diga expresamente o no. Por lo tanto en mi modesta opinión, estamos ante una inadecuada decisión de lo que supone interpretar la función de presidir y representar. Fue un desacierto total no dar honores de Rey a la persona que lo estaba sustituyendo, nada menos que quien está llamado a ser su sucesor.  ¿Tan duro es reconcerle ese papel de asumir por instantes el más alto papel institucional?
Otro error en mi opinión, quizá éste más discutible para quienes defiendan opciones más extremas de centralismo, es no dar una consideración protocolaria mayor a los presidentes autonómicos. Veo correcto que en la tribunal central de honor estén además del Príncipe, los representantes de los poderes del Estado, pero francamente no entiendo por qué no se sitúan también los presidentes autonómicos. De esta manera se hubiera conseguido «escenificar» una fiesta nacional que se extiende a toda España, que transmite mensaje de unión, en vez de confrontación. Verlos a todos juntos, con un tratamiento similar hubiera conseguido una proyección de unidad territorial mayor. Relegarlo a un mero saludo protocolario de los diez presidentes que asistieron, para luego pasar a una segunda tribuna es una torpeza, insisto, en mi opinión.
Resulta lamentable la ausencia de los otros siete presidentes autonómicos (motivos tendrán, políticos o de agenda), pero más lamentable es que a los que asisten se les relegue a una secundaria tribuna con el resto de autoridades, en un segundo plano llamativo (por cierto, erróneamente colocados de acuerdo a la normativa vigente)  En el Día de la Fiesta Nacional para mí tiene más sentido ver en la tribunal a los presidentes de los poderes del estado y a los autonómicos, y no tiene mayor relevancia situar a los ministros del Gobierno, ya representados por su Presidente.
  Fuente: http://politica.elpais.com/politica/2013/10/12/album/1381575549_772213.html#1381575549_772213_1381576027     Foto: Fernando Alvarado (Efe)
Muy criticable, por otra parte, que los actos centrales de la parada militar y desfile se hayan alejado del público, del ciudadano, de la calle en definitiva. Observar la ceremonia desde la televisión resultó fría y poco emotiva, por mucho que este tipo de actos resulten siempre solemnes, bonitos y relevantes. Pero no se ha conseguido lo pretendido. Falta el ciudadano, falta el calor de la calle y veo este acto alejado, distante. Creo sencillamente que esta visión de celebración ha entrado en la agonía, cuestión ésta que nada tiene que ver con la presencia o no del Rey y demás miembros de la Familia Real, sino con la esencia del acto en sí mismo. Los medios se han detenido en el papel de Real Familia, pero para mí lo importante ha sido la frialdad de un acto que no conecta, salvo para quienes piensan que hacer España es cuestión de exhibir la fuerza militar o celebrar el día como lo hacían dictadores del pasado. Este evento requiere actualizarse, y sueño algún día con otro tipo de actividades que combinan las oficiales con las ciudadanas, con un Rey, Príncipe, gobierno, autoridades, mezclándose con la gente, celebrando como la gente hace las fiestas.
Veía por otro lado, cómo los zaragozanos y aragones en general celebraban con júbilo y devoción la fiesta de su Patrona, y más me recordaba la Fiesta Nacional el día del Pilar, que lo que veíamos en la Plaza de Neptuno e inmediaciones. Deberían los altos responsables del Estado y sus servicios de protocolo abrir una severa reflexión al respecto. Lo necesita la unidad de este país.
Y cierro solamente recordando que si el Príncipe estaba representando al Rey en la Recepción en Palacio, don Felipe debería ir situado por delante de su madre, la Reina, y abrir el besamanos. Algo a lo que no estamos acostumbrados, pero es evidente que en ausencia del Jefe del Estado, quien debe representarle institucionalmente es el Heredero, que en consecuencia toma por instantes los honores de aquél. Por lo tanto, debe recibir él y su esposa, seguidos por la Reina y la Infanta. Esa es la  solución protocolaria idónea y en línea con la normativa (siempre interpretable). Otra cosa es que la prudencia o la falta de costumbre en nuestro país haya podido hacer pensar que hay determinados cambios que aún no se pueden visualizar. Es una lástima que haya tanta resistencia a que se le vaya encomendando en casa al Heredero las máximas funciones representativas cuando nadie se las va a discutir. Al menos en un caso tan claro en el que evidentemente el Rey no está para fiestas, ni para actos oficiales.
 Tras el saludo el Príncipe de sirige en Palacio Real a los presentes. Como observamos la Reina ocupa el puesto uno de esta presidencia. Fuente: http://www.abc.es/espana/20131012/abci-alminuto-desfile-fiesta-nacional-201310121001.html.
Autor: Esteban Villarejo.
Seguiremos soñando que algún día la Fiesta Nacional llegue a todos los rincones de España a través de la espontánea participación de los españoles, empujados por el verdadero nacionalismo, que no es otro que el defender los valores, historia, presente y futuro de tu país. Nada incompatible con celebrar con el mismo entusiasmo y orgullo el día de tu comunidad. Y orgullosos estaremos de que efectivamente todo el mundo se sienta ciudadano de España, de su región o comunidad, de su municipio o de su pueblecito. Pero todos más o menos saben celebrarlo, salvo a nivel de Estado que seguimos «erre que erre» con la misma cantinela de desfile (absurdo en estos tiempos).
Lo dicho, seguiremos soñando.
Y por supuesto, al margen de estos comentarios, felicitar a los responsables de protocolo y su equipo porque una vez más el evento técnicamente ha sido bien organizado y ejecutado.

El protocolo de la primera «rueda de prensa» de la Casa de S.M. el Rey

 

Conferencia de prensa en La Zarzuela. De izquierda a derecha: Jefe Médico de la Casa del Rey, Doctor Miguel Cabanela, Jefe de la Casa de S.M. el Rey y el doctor Ángel Villamor. Fuente: RTVE.

 

El pasado viernes, día 19 de septiembre, el jefe de la Casa de Su Majestad, Rafael Spottorno, ofrecía una conferencia de prensa ante más de un centenar de periodistas acreditados en el Palacio de La Zarzuela, para dar cuenta de la salud del Rey y de las medidas médicas adoptadas, que pasarán por una nueva intervención quirúrgica (quizá dos), en el Hospital Quirón de Madrid. Era evidente que en las últimas semanas, don Juan Carlos daba claros síntomas de un empeoramiento de su salud, dificultad en su caminar y permanecer de pié, rostro dolorido y ojeras agotadoras. Los medios de comunicación comenzaban a hacer sus vacilaciones acerca del futuro institucional del Monarca, su posible inhabilitación e incluso una posible renuncia o abdicación. De hecho desde que se anunciara la convocatoria hasta su celebración todo eran preguntas y comentarios relacionados con una posible abdicación.
Ante tales ecos de Corte, pienso que el servicio de Relaciones con los Medios de Comunicación de la Casa de Su Majestad (que no Casa Real como muchos equivocan) acertó de pleno en la convocatoria de esta rueda de prensa porque en situaciones de crisis -y ésta lo era- no hay mejor solución que coger el toro por los cuernos. De esta manera, por primera vez en la residencia del Jefe del Estado se convocaba a los Medios, algo que ya es histórico y que no puede pasar desapercibido. El diplomático Spottorno, hombre templado y con gran aplomo, salió al paso y contó la realidad de la situación, las decisiones adoptadas por el Rey y descartó cualquier opción de renuncias o similares. En la rueda de prensa estuvieron
presentes además de Spottorno, el jefe del Servicio Médico del Rey, Miguel Fernández-Tapia, el doctor que operó la cadera de don Juan Carlos las dos primeras veces, Ángel Villamor, y el cirujano Miguel Cabanela, especialista en este tipo de operaciones que se desplazó para reconocer e intervenir al Rey desde la Clínica Mayo de Rochester (EEUU).
Los cuatro se sentaron en un mesa recubierta de tela granate (un color que debieran cambiar), con el fondo de un tapiz (fondo inadecuado), ocupando el centro el doctor Cabanela, que dirigirá la atención médica a don Juan Carlos, y el propio Jefe de la Casa de S.M. Éste -anfitrión- se situó a la izquierda (puesto 2), dejando el lado derecho (puesto 1) a su «invitado de honor» principal, en un ejercicio de cesión de presidencia que saludamos positivamente y que volvemos a insistir esperemos que sirva de ejemplo a muchos denostadores de algo tan elegante como ceder a quien centrará el protagonismo esencial. Era evidente que dos eran las cuestiones que interesaban a los medios: el estado de salud del Rey y su posible tratamiento y la posibilidad de que se anunciara abdicación o inhabilitación. Por ello, ambos en el centro justifica el protocolo. Cerraron los extremos el Jefe Médico de la Casa del Rey y el doctor que operó de la hoy cadera infectada, éste ocupando la última plaza.
Algunos se preguntarán si los puestos de estos dos últimos deberían intercambiarse, por eso de la cortesía y no dejar el último lugar al médico Villamor. En mi modesta opinión, la solución adoptada fue brillante e idónea, pues de esta manera el Jefe de la Casa comparecía arropado por los dos doctores protagonistas. De ubicarse el Jefe Médico de la Casa en el puesto cuatro podría ser entendido como una nueva cortesía, pero también generaba dos zonas de mesa que obviamente no era adecuado: a un lado el equipo médico, al otro los miembros de la Casa. Igualmente, quedaba desplazado Villamor con respecto al centro de atención, lo que casi sin querer podría interpretarse de manera negativa. Un acierto insisto.
A la izquierda de la presidencia, desde un atril, el jefe del Servicio de Relaciones con los Medios de Comunicación de la Casa de S.M., Javier Ayuso, quien tras la intervención inicial de los comparecientes, condujo la concesión del turno de preguntas y puso fin a la rueda de prensa cuando más o menos los temas quedaron agotados. En este sentido, todo merece nuestro aplauso, especialmente el protocolo seguido y desde el punto de vista comunicacional la entereza, firmeza y buen hacer del diplomático Spottorno.
Sin embargo, no podemos decir lo mismo de la escenografía final, que una vez más transmite ese aire vetusto y rancio que determinados espacios de La Zarzuela ofrecen cuando se celebran en ellos diferentes actos. Estimamos que era precisa una trasera más en consonancia con los tiempos, favorecedera de la comunicación institucional, pues viendo la imagen francamente uno queda desubicado y resulta plenamente chocamente y antiguo. Estos cambios que tanto cuestan adoptar en determinadas instancias, son necesarios y no le venía mal a La Zarzuela disponer de espacios que transmitan sensaciones que potencien la cercanía entre la institución y los ciudadanos.
Supongo que los cambios en ese sentido irán llegando. De momento nos felicitamos por el hecho de que se haya roto algo que hasta ahora era tabú en la Jefatura del Estado. Nada de ruedas de prensa. ¿Por qué? Estamos acostumbrados a los discursos del Rey, pero esa fórmula parece agotarse sino se complementa con otras acciones. Se intentó variar con la entrevista de Jesús Hermida al Rey, pero el mal planteamiento del periodista, su lenguaje y maneras, así como la puesta en escena y falta de naturalidad de nuestro Monarca, restó autenticidad al mensaje. Algo que no sucedió en la rueda de prensa. De frente, sin tapujos, con naturalidad estudiada, saliendo al paso de temas antes de que te quemen en las manos, se genera más confianza que con los comunicados de prensa.
Llegan tiempos que la comunicación de la Jefatura del Estado debe de adaptarse a las necesidades actuales. Resulta más elegante y próximo que el Rey anuncie personalmente la boda de sus hijos, que un trasnochado comunicado. El Príncipe, con ocasión de su compromiso con doña Letizia Ortiz, dió todo un ejemplo de comunicación eficaz y buen protocolo cuando concurrió por primera vez junto a su prometida en la puerta de su residencia. Aquella imagen dió la vuelta al mundo. El comunicado se ha quedó para estudio de anticuarios y nostálgicos.
Pasos buenos en la comunicación desde La Zarzuela. Esperemos que en el tiempo de tratamiento y curación del Rey se sigan con actuaciones similares,que se comparezca sin miedo, y no estaría de más que no sólo lo hicieran los médicos, sino su más próxima familia, porque todos deseamos saber cómo está el Rey, pero también cómo lo lleva su familia. Y eso no se puede esconder, ni dejarlo a simples comentarios cuando los periodistas coinciden con la Reina o el Príncipe en un evento. La imagen de unidad total es más necesaria que nunca y una buena comunicación puede hacer mucho al respecto.

El Protocolo judicial en España

El protocolo y ceremonial del Poder Judicial de España (en su conjunto) es una de las asignaturas pendientes que tienen la mayoría de los profesionales en nuestro país, que en un porcentaje alto desconocen, pese a formar parte del gran ceremonial oficial. De eso se puede dar buena fe por el alto número de consultas que han llegado y siguen llegando hasta el Instituto Universitario de Protocolo de la Universidad Camilo José Cela en los dos últimos años.  No es una cuestión fácil de entender porque se entremezclan muchas normativas generales del Estado con las propias de este Poder, así como las costumbres y tradiciones que rodean a este importante sector, que prácticamente está todos los días en los medios de comunicación.

 

Por otra parte, en la mayoría de los actos oficiales que promueve el Estado, las comunidades autónomas y las entidades locales, cuentan con la presencia de representantes judiciales y jurisdiccionales a quienes en muchas ocasiones resulta difícil de encajar entre los invitados a un evento. En este sentido, es necesario advertir de la importancia de dominar este protocolo, tanto para quienes ejercen en el sector público como en el privado. De esa dificultad da buena fe lo complicado que resulta a los alumnos de Grado y Postgrado que se preparan para ejercer en el futuro tareas de protocolo y organización de eventos.

 

Podría preguntarse, ¿quién va antes, el Presidente de la Audiencia Nacional o el Presidente del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía en un acto a celebrar en Madrid y por qué? ¿O quién tiene mayor rango a estos efectos, un magistrado del Supremo o el fiscal jefe del mismo? ¿O, más cerca de los ciudadanos un juez decano o un magistrado de la Audiencia Provincial? Preguntas sencillas, pero que muchos desconocen, generándose a veces errores en la aplicación real en diferentes eventos.

 

El Protocolo en el Poder Judicial se rige por leyes y reales decretos nacionales, y en especial por el Reglamento 2/2005, de 23 de noviembre, de Honores, Tratamientos y Protocolo en los Actos Judiciales Solemnes. Una lectura del mismo contribuiría a entender muchas cosas, así como un seguimiento especial de sus actos específicos. En este sentido, es preceptivo aconsejar su estudio, y animar a algunos doctorandos a que realicen posibles tesis doctorales al respecto, pues es un tema rico y amplio como para desarrollarlo y necesitado de divulgación.

 

Aparentemente, puede dar la sensación este Poder de aplicar un viejo ceremonial, porque se basa en costumbres y forma parte de un sector no propicio a abrirse en este sentido a la Sociedad. Pero en ocasiones aportan sus actos cuestiones que apuntan a una cierta renovación que permite pensar que también a la Justicia le ha llegado la necesidad de actualizarse.

 

Entrega de despachos a nuevos jueces en Barcelona

 

Un buen ejemplo de ello fue la reciente entrega de despachos a la LXIII promoción de nuevos jueces, que tras su preparación en la Escuela Judicial, recibieron del Príncipe de Asturias, en el transcurso de un acto celebrado en Barcelona, el pasado día 4 de abril, el documento que acredita a 231 personas, 145 mujeres y 86 hombres, con una media de edad de 30 años, que comenzarán a impartir Justicia. Cifras interesantes para los aficionados a las estadísticas o para quienes desean mayor presencia femenina y acceso a jóvenes. En ese mismo acto, la número uno de la promoción recibió de manos del Heredero la Cruz de San Raimundo de Peñafort. Puede verse un resumen/reportaje del mismo en http://www.youtube.com/watch?v=tK23xV9U4tU.
 
(Entrega de la Cruz de San Raimundo de Peñafort a la número uno de la promoción)
De este acto se debía destacar la presidencia, muy novedosa para el sector judicial, y que puede servir de referencia a otros ámbitos de la organización. Con independencia de que cada uno considere excesiva o no la mesa (13 personas), nos quedamos con lo más importante en nuestra opinión. Fue presidida por el Príncipe, y los listados de autoridades civiles y judiciales se repartieron en la misma en dos sectores. A la derecha de la presidencia, las judiciales por su orden, a la izquierda, las civiles por el Real Decreto, artículo 12. De esta forma a la derecha del heredero se sentaron el Presidente del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo (que como dice la normativa presidirá todos los actos promovidos desde el Poder Judicial, cediendo solo a los miembros de la Familia Real, razón que justifica la colocación en el puesto 2, pues de hacerlo en el tres estaría cediendo al presidente catalán). A continuación lo hicieron el Presidente del Tribunal Constitucional, Fiscal General del Estado, Vicepresidente del Consejo General del Poder Judicial, Secretario del mismo y Directora de la Escuela Judicial.
 
(Entrega de despachos a los 231 nuevos jueces de la promoción)

 

A la izquierda de don Felipe, el President de Catalunya, la Vicepresidenta del Gobierno, Presidenta del Parlament Catalán, Delegada del Gobierno en Cataluña, Alcalde de Barcelona y Secretario de Estado de Justicia.

 

Esta disposición nos parece correcta, máximo si consideramos que la normativa interna del Poder Judicial señala que en sede propia las autoridades civiles deben ocupar zonas distintas a los representantes judiciales. De hecho en los actos que se celebran en sede judicial, al estrado sólo acuden los togados por su orden, ocupando la presidencia los miembros de la Sala de Gobierno correspondiente, más el fiscal jefe de la entidad, salvo excepciones puntuales derivadas de la costumbre (como la presencia en la mesa presidencial del Ministro de Justicia en la inauguración del año judicial). De esta forma, en la presidencia de Barcelona, a una zona quedaban unos y a la otra el resto, dando la derecha al Poder Judicial, un sistema éste que también se aplica asiduamente en el mundo deportivo.

 

Que la mesa presidencial fuera tan grande podría justificarse en el deseo de que en la misma estuvieran representados todos los sectores de la Justicia y de las principales instituciones civiles, al tiempo que el mayor número permitió agilizar la entrega de despachos al modo militar. Un acto bonito de ver y del que cada uno puede sacar las conclusiones que estime oportunas. En nuestro caso, consideramos una aportación que probablemente sea exportable a otros ámbitos del mundo oficial y no oficial. Una forma de adecuarse a los nuevos tiempos.

 

La paridad de las banderas

 

Al margen de ello, hemos de volver al asunto de las banderas, que están bien colocadas, pero dado que son 19 las comunidades y ciudades autónomas de España, si se decide, como fue en este caso, disponer las enseñas de todas más la española la suma hace veinte lo que genera que la bandera rojigualda no quede justo en el centro como parecería aconsejable en un evento que aunque se celebre en la ciudad condal realmente afecta a todo el Estado. Considerando que el acto es en Barcelona, la bandera catalana toma precedencia sobre la vasca, quedando España y Cataluña en el centro, una disposición que iguala en rango a ambos vexilos. El tema originará comentarios para todos los gustos, pero sí al menos hay que señalar que la posición central la ocupan España y Cataluña, con precedencia para la nacional, pero compartiendo el honor con la catalana. Algo inevitable salvo que se añadiera la europea, o sencillamente que se hubieran dispuesto en el centro dos de España, como se hacen en otros países y en instituciones europeas. Pero ahí queda la reflexión, para que cada uno defienda su teoría.
(El Príncipe de Asturias durante su intervención. A su izquierda, en la mesa presidencial las autoridades oficiales por su orden. Al otro extremo, no visibles en la imagen, los representantes judiciales)

El discurso navideño del Rey de España

La puesta en escena del discurso del Rey por Navidad siempre es objeto de comentarios más allá de su contenido. Su comparecencia televisiva ha sido siempre muy meditada por la propia Familia Real y los altos directivos de la Casa de Su Majestad, así como de los responsables de TVE encargados de grabar y distribuir la señal a todos los medios de comunicación. Siempre se ha dicho que nada se deja a la improvisación y que todo se estudia milimétricamente. No cabe la menor duda, que a lo largo de 2012, la Casa de Su Majestad ha venido implantando un estilo mediático diferente -con independencia de los ajustes de agenda necesarios- para llegar de forma más rápida y cercana a los ciudadanos. Se viven tiempos complejos donde todas las instituciones y políticos han perdido la casi total credibilidad por su incapacidad para dar soluciones a una crisis feroz de la que ya veremos cómo se sale. Si hay esa pérdida de confianza es obvio que la Jefatura del Estado se vea salpicada del mismo «virus», perjudicada además por el ya oficialmente reconocido «mal hacer» de Iñaki Urdangarín y el desgraciado e inoportuno accidente del Rey.

Trabajar pues la recuperación de esa credibilidad es la gran batalla que tienen por delante todas las instituciones. Gobernantes, políticos en general, se afanan una y otra vez en mostrarse eficaces, ahorradores y cercanos, lo que ha salpicado injustamente para mal al Protocolo como concepto y profesión, al que se ha querido culpabilizar en parte de la crisis. El descrédito ha llegado a otras capas poderosas como la Justicia, cuyos jueces incluso han tenido que ir a movilizaciones y huelgas para recordar que ellos sufren la crisis como nadie y protestan por el «tasazo» en aras de una justicia universal y de libre acceso, como si alguna vez les hubiera preocupado -excepciones puntuales al margen- tal circunstancia. Los médicos también se han levantado en armas, como si igualmente les importáramos algo. Los maestros lo mismo, policías, servicios de la limpieza, trabajadores del transporte,etc. Todos esos afanes de recuperación de prestigio o de reputación social, se estudia mucho cuando se hacen acciones públicas, para que la protesta, por ejemplo, no sea valorada negativamente por la Sociedad, sino que ésta sienta en su protesta que se están defendiendo los intereses colectivos del Estado del Bienestar. Ese es un cambio muy importante que se ha producido en este año. Tras las huelgas salvajes de meses atrás del Metro de Madrid y de Iberia, los sindicatos y representantes de los sectores han variado su estrategia con una finalidad: que la protesta es en beneficio de todos.
Así las cosas, la Casa Real no iba a quedar ajena a esta crisis de confianza general, de la que no se libra ningún partido político español, gobierne o no. El Rey, con su equipo de confianza, se vio en la necesidad de adaptar a esta realidad su tradicional discurso -cuyo contenido no es objeto de este análisis-. Pero en mi modesta opinión no ha sido tan radical como se piensa, aunque es evidente que después de las tiernas escenas del Monarca, sentado en su sillón frente al Hogar, el árbol navideño y el artístico belén, dirigirse a la Nación de pie y desde su despacho supone un cambio mediático singular que ha sido muy resaltado por los líderes de opinión (los serios y los otros).
He estado analizando los últimos diez discursos reales y valorando comentarios de especialistas a lo largo de esta semana. Si uno se para a pensar sensatamente el cambio escénico no es tan importante. De un Rey hogareño sentado, hablando a los españoles a pocos minutos de degustar la gamba o la sopa de turno, a un Monarca de pie, apoyado sobre su mesa de despacho el día de Nochebuena, a la espera igualmente los televidentes de hincar el cubierto en las muchas o cortas viandas que cada familia haya podido disfrutar. Al margen de la postura -y sin entrar si obedeció o no a su reciente operación de cadera- he seguido viendo las mismas cosas: el «Misterio navideño» (propiedad de Patrimonio Nacional), el árbol de navidad, y excesivas fotos entrañables de la Familia Real de fondo. La composición gráfica de este año con los pequeños cambios introducidos me ha gustado menos, quizá porque el entorno con ese cuadro ahí (Infante de Felipe de Borbón, 1732, fundador de la dinastía de Borbón-Parma) me resulta distante. El «desorden» calculado de la mesa y el excesivo número de fotos en la estantería lateral me distrae demasiado y recarga la imagen innecesariamente. Por otra parte, es curioso que la indumentaria del Monarca haya sido casi idéntica en 2011 y 2012, traje azul y corbata verde. El cambio ha consistido fundamentalmente en trasmitir una imagen afable de un Rey, postrado sobre la mesa de trabajo y hablando en actitud más cercana.
Comparemos estas dos fotos de sendos discursos -hemos buscado una del pasado donde apareciera también la bandera de Europa- y que cada uno saque sus conclusiones.
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Lo mediático se ha impuesto al Alto Protocolo en este aspecto. El Rey español ha tenido que recurrir a gestos o detalles que han sido valorados de forma desigual. No ha pasado desapercibido el ejemplar usado de la Constitución, por ejemplo. Pero los medios apenas han valorado la presencia de la bandera de Europa, ésta última sólo utilizada en La Zarzuela para esta ocasión cuando España presidía la UE o lo haría el semestre siguiente. No es un detalle intrascendente, tiene mucha lectura doméstica y también más allá de los pirineos. El Protocolo también habla.
Han sido inevitables las comparativas del mensaje de nuestro Rey con el de otros monarcas, especialmente con la Soberana británica, que ha grabado en 3D, un salto simbólico ya que muy pocos ciudadanos de su Reino disponen del aparataje necesario para seguirlo en ese formato. Pero lo han vendido como una innovación. Si eso lo hacemos en España las críticas hubieran sido feroces en tiempos de escaseces. Viendo los videos de uno y otros, la puesta de escena final me ha gustado más la británica, despojada de todo recurso escenográfico que la propia decoración navideña, para que la fuerza de su discurso se centrara solo en la persona. Pero no es menos cierto que Isabel II sigue siendo distante, frente a un don Juan Carlos que pese al poco hospitalario entorno en el que se grabó muestra una actitud de mayor proximidad.
Me ha hecho gracia que en ambos casos las televisiones responsables de la grabación hayan hecho en expresión inglesa su propio Making Of, y por lo que hemos apreciado los recursos británicos han sido más potentes que los españoles. Dejo los enlaces:
No soy experto en Imagen y no quiero ir más allá de mis simples opiniones. Me gustan los cambios, la innovación, el protocolo de cercanía y de sobriedad, gestos que comuniquen, protocolo que exprese sentimientos y mensajes. Somos conscientes que la Comunicación (con mayúscula) se ha apoderado totalmente del Protocolo (también con mayúscula). A lo largo de todo 2012 esta ha sido la máxima: comunicación eficaz y próxima, frente a protocolos distantes. Una mala lectura de analistas y políticos que siguen asociando el Protocolo a lo que no es y también, hemos de ser autocríticos, a que algunos profesionales aún siguen teniendo una concepción del Protocolo que la Sociedad ha superado. Estoy plenamente seguro que de haber habido una mayor asociación entre ambos, desde el concepto nuevo de lo que implica comunicar hoy verbal o no verbalmente, se hubiera sacado más provecho de muchas cosas, tales como el propio discurso del Rey.
Al margen de ello, se ha criticado -incluso periódicos influyentes lo recogían en titulares de portada- la bajada de audiencia, 6.921.000 ciudadanos, 244.000 menos que en 2011. En quince años se ha perdido una audiencia de más de dos millones de españoles. En un país como el nuestro, con una crisis general como ésta y un porcentaje elevadísimo de paro y problemas familiares y personales gravísimos, esos siete millones hayan retrasado cinco minutos su cena para seguir las palabras del Monarca, personalmente me parece una cifra que tiene más valor que la de la máxima audiencia de 2.000, donde se superaron los nueve millones. No es comparable.
Es cierto que la Familia Real ha vivido un año difícil, pues a su responsabilidad como nexo esperanzador de todos los españoles se han unido circunstancias de familia cuyo salto a la opinión pública ha hecho mucho daño. Pero hay que reconocer al mismo tiempo el gran esfuerzo que está haciendo la Casa Real española para que desde su posición constitucional sin competencias de gobierno, puedan al menos mostrarse cerca de la realidad social española. La actividad ha sido muy alta a lo largo de este año, y los príncipes de Asturias han sabido demostrar en estos cruciales momentos que el relevo generacional está listo para cuando toque. Hay que agradecer a la Familia Real y a la Casa de Su Majestad el esfuerzo por hacer más transparente su institución, por actualizar sus canales de comunicación, aparecer en las redes sociales y comparecer públicamente más próximos. Siguen transmitiendo los Reyes y los Príncipes ternura y humanidad -además de la firmeza necesaria en los asuntos de Estado-, y eso es precisamente lo que hemos visto en el discurso del Rey, más allá de puestas en escena, fotos entrañables, árboles o imágenes de la Virgen María con el niño Jesús y San José. Y además traducido su texto a los idiomas oficiales de las comunidades autónomas y al lenguaje de signos.
Pero está claro que la gran Comunicación ha tomado el mando de las apariciones públicas de nuestros mandatarios y representantes. Y los de Protocolo hemos de ser conscientes de esta circunstancia. Debemos adaptarnos, y nos consta que muchos ya lo han hecho o lo han iniciado. Estamos en ese gran equipo, pero debemos adaptar nuestras reglas y técnicas a la ya imprescindible «Comunicación en vivo».

La renuncia de la Infanta de España y la igualdad de género en la sucesion en la Corona

Viendo el programa de Telecinco «Nada es igual» del día 6 de diciembre sentí vergüenza ajena, y una rabia enorme, por la gran cantidad de tonterías y inexactitudes a propósito de una posible renuncia de la Infanta Cristina, que según la muy dudosa revista Vanitatis vendría negociando con el Rey con su hija desde hace un año. Los comentaristas, que ya no me atrevo a llamar periodistas de nada, decían cosas con una alegría impresentable, como si todo valiera. Muchas veces da la sensación que más que informar juegan a presumir «quién sabe más», quien tiene más acceso a los entresijos de Palacio, sin que prácticamente alguno de ellos sepan absolutamente nada con la precisión requerida para afirmaciones tan contundentes como las dichas.

En ningún momento del debate, al menos hasta donde pude aguantar tanto disparate, se hizo referencia a la Constitución que es la única norma que regula actualmente la sucesión en la Corona de España, ni al Real Decreto de 6 de diciembre de 1987 por el que se establecen los Tratamientos, Títulos y Honores de la Familia Real y Regentes.

 

El Título II de la Constitución Española, señala en su artículo 57 que «La Corona de España es hereditaria en los sucesores de S. M. Don Juan Carlos I de Borbón, legítimo heredero de la dinastía histórica. La sucesión en el trono seguirá el orden regular de primogenitura y representación, siendo preferida siempre la línea anterior a las posteriores; en la misma línea, el grado más próximo al más remoto; en el mismo grado, el varón a la mujer, y en el mismo sexo, la persona de más edad a la de menos». Si la Infanta Cristina de Borbón renunciase a sus derechos dinásticos -ocupa la séptima posición-, cosa que obviamente puede hacer en cualquier momento -con o sin consentimiento del Jefe de la Casa Real-, acarrearía el apartamiento inmediato de sus hijos dado que la sucesión como dice la máxima norma va por líneas. Si en ese eslabón una pieza se cae, arrastra al resto. Decir como se señaló que no es lo mismo renunciar con hijos que sin hijos es una soberana tontería. A la máxima norma podemos añadir, dado que la fuerza de la costumbre en estos temas se respeta en ocasiones casi como norma, que la renuncia de un heredero supone también la de sus descendientes. A las hermanas del Rey y sus hijos nos remitimos.

 

Por si quedara alguna duda podrían apelar al apartado 4 de ese artículo que afirma: «Aquellas personas que teniendo derecho a la sucesión en el trono contrajeren matrimonio contra la expresa prohibición del Rey y de las Cortes Generales, quedarán excluidas en la sucesión a la Corona por sí y sus descendientes». No es que la Infanta se hubiera casado contra el criterio de ambas instituciones, Jefatura y Cortes, pero puede interpretarse que al apartamiento de la línea de la sucesión conlleva la de sus descendientes. Soy consciente de que en las cuestiones sucesorias hay lagunas en la Constitución, y ello puede conllevar interpretaciones diferentes. Pero al menos que se haga un debate en torno al texto legal y no sobre consideraciones tan burdas como las que oímos.

 

Ejemplo de estas lagunas es el mismo artículo 57, apartado 5, que remite a una Ley Orgánica -que aún no se ha hecho- todo lo relativo a abdicaciones y renuncias  que de hecho o de derecho ocurrieran en el orden de sucesión a la Corona. Luego esta es una cuestión jurídicamente sin cerrar, en cuyo vacío parecían disfrutar como peces los cuatro ilustres tertulianos televisivos.

 

Si renunciara a la sucesión la hija del Rey seguiría siendo igualmente hija, y la normativa vigente que ello acarrea le seguirá siendo de aplicación, luego continuaría con la dignidad de Infanta de España. Que desee renunciar al usa de esa dignidad y al tratamiento de Alteza que acrrea en todo caso sería por decisión personal. El artículo 3 de aquél Real Decreto dice: «Los hijos del Rey que no tengan la condición de Príncipe o Princesa de Asturias y los hijos de este Príncipe o Princesa serán Infantes de España y recibirán el tratamiento de Alteza Real. Sus consortes, mientras lo sean o permanezcan viudos, tendrán el tratamiento y honores que el Rey, por vía de gracia, les conceda en uso de la facultad que le atribuye el apartado f) del artículo 62 de la Constitución». No hay referencia alguna que señale que el Rey pueda disponer otra cosa distinta salvo la de conceder la dignidad de Infante a las personas que juzgue dignas de esta merced por la concurrencia de circunstancias excepcionales o en términos generales ejercer el derecho de gracia. Por lo tanto desde el punto de vista legal, la Infanta será infanta de por vida, aunque obviamente no quiera utilizarlo. Sí en cambio, el Rey por la misma razón que concede un Título Nobiliario, por lógica podría quitarlo, si obviamente hay razones claras sobre el mal uso del mismo o la posible indignidad de quien lo tenga. Pero una hija del Rey será hija de por vida. No creo que estén negociando como se dice «dejar de ser hija». La Reina ha dado claros síntomas de ello en sus apariciones públicas con los duques de Palma. Imaginamos que en lo personal la Familia es antetodo, eso, familia.

 

El triste episodio que ha generado la situación de imputado del consorte de la hija del Rey ayudará -es una lástima que sea por razones como éstas- a que se defina claramente cuál es el alcance de la Familia Real, factor éste que corresponde como Jefe de su Casa, al Rey de España. Tradicionalmente, se considera como tal a los reyes, sus hijos y sus nietos. Si nos atenemos a lo visto a la largo de la última década, las hermanas del Rey han sido consideradas como Familia Real al menos en los actos propios de trascendencia pública como las bodas de los tres hijos de don Juan Carlos y doña Sofía. Y quizá todo esto sea bueno para reforzar aún más el papel del Príncipe heredero, que a nuestro juicio debe asumir alguna función constitucional, ya que legalmente ahora mismo es  una persona que espera la llamada. Todos sabemos que en la realidad eso no ocurre porque el compromiso de don Felipe con España y los españoles y con su futuro le ha llevado a asumir notorios y relevantes papeles en la representación que su padre le confiere, y que cada vez se prodiga más.

 

Empezábamos este artículo haciendo referencia a la Constitución, de la que ayer celebramos su 34 cumpleaños, pidiendo de una vez a los políticos que por la vía que legalmente proceda -sn que haya que llegar a un referendum- se modifique ese artículo 57 para eliminar la primacía del varón frente a la mujer, sin que ello tenga efectos retroactivos. Un país que ha firmado la declaración universal de los derechos humanos de la ONU, que confiere la igualdad entre hombres y mujeres,  que tiene un Ministerio para la Igualdad, con una Familia Real que jamás ha dado pruebas de machismo alguno y que además es curiosamente anticonstitucional que esa práctica de siglos siga vigente en el siglo XXI. Una de las penúltimas monarquías que aún conservaba esa supremacía masculina, la Corona Británica, acaba de anunciar que  cambiará la normativa en favor del primer nacido o nacida. Pues es la hora de España, y aunque la situación probablemente no sea la idónea por lo que puede generar de debate social cualquier mecha que se encienda sobre el papel de la monarquía en nuestro país, creemos que nadie vaya a discutir que a nuestros señores diputados y senadores, por los mismos mecanismos que utilizaron para modificar la Carta Fundamental a propósito de cuestiones presupuestarias, tomasen el acuerdo de eliminar esas cinco palabras («el varón a la mujer»).

 

Artículo 14 de la Constitución Española: «Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social». Si no puede haber discriminaciones por sexo que subsane de una vez. Los padres de la Constitución aquí no estuvieron nada finos. Que sus hijos por lo menos lo arreglen y que no haya que esperar a cambiar media Constitución porque entonces pasarán siglos…