Ceder la presidencia, una cuestión excepcional de cortesía

Ceder la presidencia en un acto debe responder a criterios de excepcionalidad. En mi modesta opinión no debe hacerse con frecuencia, porque el anfitrión es la persona que debe presidirlo. No hacerlo resulta extraño en primer lugar, y carece de sentido, en segundo. Desde el punto de vista de la tradición en la celebración de actos, es a quien le corresponde presidir, y desde la normativa prima esa situación al dejar claro que la “autoridad que organiza un acto le corresponde la presidencia”. Pero como esa misma normativa prevé la cesión al señalar que en caso de no presidir se situará en lugar inmediato, muchos se acogen a ello de forma surrealista, cuando realmente se refleja en la norma para dar amparo al anfitrión en situaciones de excepcionalidad. Continue reading

Aspectos de Protocolo en la entrega del Premio Cervantes (2)

Segunda parte del análisis del Protocolo del Premio Cervantes: la presidencia, el puesto del Rector y la puesta en escena en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares (Comunidad de Madrid).

En el artículo de ayer hacíamos referencia a la ceremonia de bienvenida a los Reyes de España en la entrega del Premio de Literatura en Lengua Castellana “Miguel de Cervantes” 2016 al escritor Eduardo de Mendoza, que organiza el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes y que se celebró el pasado día 20 en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, bajo la presidencia del Jefe del Estado y su esposa. Es por lo tanto esta segunda entrega una continuación en la valoración de otros aspectos de Protocolo, que reducimos a tres: la presidencia, el tratamiento al Rector (anfitrión del espacio pero no del acto) y áreas de mejora en la puesta en escena. Información completa del acto en este enlace. Video del acto. Continue reading

Precedencias regladas pero con respeto a las “sensibilidades”

El protocolo a seguir en la asignación de precedencias para las autoridades puede resultar en ocasiones sencillo para los expertos, especialmente cuando las personalidades afectadas están contempladas en las normativas vigentes. Sin embargo, constituye uno de los ejercicios protocolarios más complejos para los organizadores de eventos. Hablo apelando no sólo a mi propia experiencia profesional en los últimos 35 años dedicados a esta cuestión, sino al centenar de consultas que mensualmente me hacen profesionales cualificados. Hay situaciones delicadas y vacíos normativos.

¿Cómo colocar a los dos reyes, Felipe y Juan Carlos?

Algunos piensan que es sencillo, pero hagamos una pregunta fácil: si en un acto cualquiera acudieran actualmente el Rey de España, Felipe VI, y el Rey honorífico, Juan Carlos I, ¿quién presidiría? Seguramente la respuesta sería unánime. El Rey Felipe VI. Y legalmente sería correcto y lo que debiera hacerse. Pero vamos a retorcer la pregunta: ¿y si el Rey de España acude a ese acto por que es el presidente de honor de la institución anfitriona y el Rey Juan Carlos el presidente fundador? Seguro que alguno ya se lo estará pensando. Terminará por decir: pero si es lo mismo, el Rey es el Rey y el Rey Honorífico siempre iría después. No le faltaría razón, pero hay matices. Y en estos detalles es donde se nota a los grandes profesionales. Continue reading

Banderas: lamentable espectáculo de Estado

Cataluña
Europa, que te pongo y que te quito.
Que te sitúo a la derecha o a la izquierda…
Que hago lo que me conviene.
(Anónimo, pero tan real como la vida misma)
Me hubiese gustado cerrar el año 2013 con algún artículo o reflexión con carácter positivo hacia la profesión de protocolo y organización de eventos, sus técnicas, sus normativas y todo lo que le rodea. Incluso había pensado en hacer una importante llamada a todas las asociaciones existentes en España en este sector para iniciar los pasos para la creación de la tan necesaria Federación de profesionales, o hacer referencia al informe de la revista Forbes que sitúa a los organizadores de eventos entre las diez primeras profesiones con más futuro en el 2014 (el sector empieza de nuevo a crecer y de forma importante). Pero la actualidad manda y hay cosas que evidentemente no se pueden pasar por alto. Hoy nos referiremos al desatino institucional sobre la bandera de España. Para otro día queda el otro desatino, que huele a cacicada, cometido por el Ayuntamiento valenciano de Xátiva que convoca dos plazas de protocolo exigiendo tan solo una “diplomatura universitaria” (y se quedan tan panchos, con cinco miembros en un tribunal seleccionados que no acredita conocimiento alguno en la materia; ¿qué criterios van a seguir para evaluar y más viendo los temas tan genéricos que han puesto?: curiosamente, uno de ellos, “la taquilla”, sin más).

 

 La profesión ha “clamado” al cielo al ver cómo en menos de tres días, nada menos que tres altas instituciones del Estado, la Jefatura –discurso del Rey el día Nochebuena-, el Presidente del Gobierno –balance del año tras el último Consejo de Ministros- y entrevista con el nuevo Presidente del Tribunal Constitucional en televisión. En los tres casos la misma situación: la bandera de España situada en segundo lugar por detrás de la europea. Una infracción (hay más) muy grave de la Ley 39/1981, de 28 de octubre, por la que se regula el uso de la bandera de España y de otras banderas y enseñas.

 

La bandera de España debe ondear sola

 

Según esta norma, aprobada por las Cortes Generales y sancionada por el propio Rey, dice en su artículo tercero:

 

Uno. La bandera de España deberá ondear en el exterior y ocupar el lugar preferente en el interior de todos los edificios y establecimientos de la Administración central, institucional, autonómica, provincial o insular y municipal del Estado.

 

Dos. La bandera de España será la única que ondee y se exhiba en las sedes de los órganos constitucionales del Estado y en la de los órganos centrales de la Administración del Estado.

 

De este artículo ya se vulneran dos preceptos, el de no ocupar un lugar preferente y no ser la única que ondee en la sede de estos organismos constitucionales (los tres citados lo son). No hay norma alguna, ni en la Unión Europea, ni en España, que regule el uso de la bandera de Europa en los organismos oficiales de los países miembros, ni referencia a su precedencia, dándose ya como costumbre que sea la última de las oficiales. En consecuencia, no hay explicación alguna para que ambas enseñas hayan sido puestas en orden inverso.

 

La precedencia legal

 

Si alguien desconoce cómo es la precedencia entre dos banderas, ha de señalarse que por costumbre –admitida como norma en este sector- la que ocupa el lugar derecho entre ellas (la izquierda si se mira de frente) tiene precedencia sobre la otra. Al respecto, el artículo sexto, en su apartado dos, dice textualmente:

 

Dos. Si junto a ella se utilizan otras banderas, la bandera de España ocupará lugar preeminente y de máximo honor y las restantes no podrán tener mayor tamaño.

 

Se entenderá como lugar preeminente y de máximo honor:

 

a) Cuando el número de banderas que ondeen juntas sea impar, la posición central.

 

b) Si el número de banderas que ondeen juntas es par, de las dos posiciones que ocupan el centro, la de la derecha de la presidencia si la hubiere o la izquierda del observador.

 

No hay posible interpretación alguna al respecto porque la norma es clara y tajante. Muchos profesionales y estudiosos en la materia han pasado de su sorpresa inicial a su posterior indignación –hablamos siempre desde el punto de vista técnico y legal- por esta lamentable actuación que afecta a la Corona, al Gobierno y al Tribunal Constitucional, nada menos. La cosa es grave, porque no hay justificación alguna para esas decisiones. Si cualquier ciudadano es penalizado por incumplir la normativa, ¿se va a hacer lo mismo en esta ocasión? Supongo que así debería ser, pero todos sabemos que no. Debería exigirse responsabilidades pues es evidente que origina un daño al símbolo de todos los españoles (que no de la Corona o del Gobierno) y a lo significa legalmente la prioridad de la enseña nacional, algo que va más allá de simples decisiones que pudieran encontrar justificación en razones políticas o mediáticas. Con la bandera no se puede jugar de esta manera desde el Estado, ni utilizarla con determinados fines diferentes a su función esencial.

 

Las razones de los actores

 

Hemos tratado de buscar las razones que los actores de este desaguisado han esgrimido para tomar esas decisiones. Respecto al Tribunal Constitucional me dicen sencillamente desde el entorno de la presidencia que han aplicado la norma y no hacen más comentarios. ¿Hay otra norma que no conozcamos? Santa respuesta, pues evidente que no hay más normativas al respecto. Su respuesta esconde evidentemente que hay un fallo clamoroso, aunque es posible que no haya intencionalidad alguna.
Pte Tribunal ConstitucionalEntrevista con el Presidente del Tribunal Constitucional de España.

Amigos fiables del entorno de la Casa de Su Majestad me han comentado que el tema fue tratado y que, finalmente, se decidió esta solución, en primer lugar porque se quiso destacar más la bandera de España, sin perder la referencia de Europa, en un momento que conviene dejar clara nuestra pertenencia a este organismo supranacional. “Somos ciudadanos españoles pero también de la Europa solidaria”, frase textual. Pero eso se podría haber hecho igual sin obligar a comparecer al Monarca ante un grave incumplimiento de una Ley que afecta al símbolo nacional por excelencia. No es moco de pavo.  Se ha pretendido que la de España estuviera más destacada dejando en un aparente segundo plano la Europea, aunque reconocen que quizá el resultado no ha sido el esperado. Dejamos registrada esta argumentación, para que todos lo sepan, aunque es evidente que no compartimos el resultado de lo buscado y menos que para ello haya que incumplir la normativa.

Rey Discurso del Rey de España en Nochebuena 2013.

 

Más sorprendente es la respuesta que nos han dado en La Moncloa. Personal cualificado del entorno del Presidente han señalado que no hay que exagerar sobre la solución dada a las banderas en la comparecencia de Rajoy ante los medios de comunicación. Se hace de una forma o de otra, pero en cualquier caso la de España está y junto a la Europea, “porque no hemos de olvidar que somos un país de la Unión. Ningún periodista se ha quejado tampoco”. No han querido explicarme los criterios que siguen para una u otra opción, lo que nos lleva a pensar que esa forma de ordenar depende del “capricho” de a quien le corresponda tomar la decisión en cada momento. La verdad es que al oír estas respuestas, por mucho que uno quiera entenderlas y encontrar un resquicio para apoyar a nuestros compañeros, no hay manera de agarrarse a nada. Tenemos una ley, pero la cumplimos o no según nos convenga, parecen querer decirnos. ¿Puede hacerse eso con un ley?
Rajoy bandera
 El Presidente del Gobierno en rueda de prensa ante los periodistas tras el último Consejo de Ministros del año.

 

En las tres instituciones, siempre se afirma que los servicios de prensa quieren que la bandera nacional aparezca en el encuadre televisivo junto al personaje. Algo que ya imaginamos, lo que nos lleva a concluir de estas pesquisas que las necesidades mediáticas están por encima de la Ley. Si tan importante es esto ¿por qué no se buscan otras soluciones legales, que las hay, o por qué no se cambia la norma para posibilitar otras alternativas? El Gobierno con su mayoría absoluta podría hacerlo sin más complicaciones, pero ¿le conviene?

 

Me desilusionan mucho estas respuestas. Siento un nuevo menosprecio no sólo al entramado legal, sino a la profesión en sí mismo. Es como si de verdad entendieran que en estos tiempos de necesaria cercanía hay que hacer lo contrario de lo que dicta el protocolo. De ser así, y todo parece indicarlo, estaríamos ante una incomprensión absoluta de lo que es el Protocolo hoy. Siguiendo ese proceder y esas argumentaciones terminarán por ser “rehenes” de un protocolo desfasado y perjudicial. De cualquier forma es muy de los comunicadores políticos recurrir a opciones y opiniones como éstas. Devastador. Espero que estos comunicadores se centren mejor en su verdadera labor, que ya bastante pena da lo que hacen estrictamente en lo suyo.
Fíjense en el caso de Rajoy en un breve período de tiempo y en situaciones muy similares el baile de banderas:
1. Imposición de la Gran Cruz al Ministro de Relaciones Exteriores de Alemania en La Moncloa (diciembre 2013)):
 Rajoy árbol (1)
2. Rajoy tras una cumbre del Consejo Europeo (diciembre 2013):
Rajoy rueda 20 diciem Consejo Europeo

3. Rajoy tras otra cumbre del Consejo Europeo (junio 2013):

 Rajoy Rueda 28 junio Consejo Europeo
4. Rajoy en una entrevista en La Moncloa a una emisora de radio española (noviembre 2012):
Rajoy buena
Un cachondeo. No tiene otro nombre, pues en situaciones similares se despachan soluciones contradictorias. Una tomadura de pelo.

 

El Estado pierde razones y fuerza moral

 

¿Qué fuerza moral le queda ahora al Gobierno, por ejemplo, para exigir a las comunidades autónomas que cumplan con la Ley de la Bandera de España (y ya ha habido sentencias del Tribunal Supremo al respecto), si su propio Presidente vulnera la norma? ¿Cómo va a perseguir el Tribunal Constitucional o la Justicia que haya ayuntamientos que no pongan la bandera nacional o la releguen con respecto a otras? ¿Qué imagen transmite el Rey anteponiendo Europa a España visualmente hablando? ¡Qué carajo de país es el que tolera este juego de banderas como si fuera algo propio del azar! Si mañana el Ayuntamiento “x” decide que su bandera ondee por delante de la española, ¿qué delegado del Gobierno tiene fuerza moral para exigir el correcto cumplimiento de la norma?

 

Sencillamente no es de recibo, y menos cuando uno observa en el histórico gráfico cómo se va jugando con el intercambio de banderas como si fuera algo del capricho o antojo de cada momento. Indigna que no se cumpla la norma, porque el Estado pierde las razones que luego esgrime o debería hacer ante determinados nacionalismos o republicanismos o similares. Si los altos responsables del país actúan así, ¿qué representa la bandera de España entonces?

 

Nunca sabremos a ciencia cierta si fueron fallos, descuidos o decisiones intencionadas. Pero tanta reiteración y coincidencia nos lleva a pensar que las casualidades no prodigan tanto en el ámbito protocolario. Uno tiene la sensación al ver estas cosas de que hay desprecio por el cumplimiento de la norma e insensatez a la hora de valorar las repercusiones. Muchos señalan que tiene que haber razones para esto (supongo que las habrá, pero obviamente las desconozco). Pero las haya o no (normalmente de carácter mediático o fallo en la interpretación de la Ley), estamos ante una grave ilegalidad.

 

La solución francesa

 

Se ha alegado que en la comparecencia del Monarca, la enseña europea estaba un poco más atrás que la española (si fue así, muy poco perceptible), adoptando la opción francesa de la colocación oblicua de las banderas, en cuyo caso la de España debería estar manifiestamente en primera línea y la europea en segunda. En ese caso debe visionarse claramente tal situación, cosa que no ocurría en La Zarzuela, donde más bien, parecía, incluso, que la Europea era de distinto tamaño, y muy mal dispuesta (casi parece una descortesía hacia la comunitaria).
Sarkozy
El entonces presidente francés Sarkozy en un acto institucional en el Palacio del Elíseo.
En el caso francés queda clara la preeminencia de la bandera francesa, quedando más cerca del presidente. En situaciones como éstas no se juzga la derecha o la izquierda, sino antes la primera línea frente a la segunda.

 

Si las autoridades consideran que la de Europa debe ir primero o que la de España ha de quedar más próxima a la persona que presida, debería modificarse la ley vigente e incluir la opción lineal, en cuyo caso el problema quedaría resuelto, ya que en este supuesto se empezaría a ordenar desde la persona que preside, para dejar la última enseña más alejada del centro de interés. Pero esa opción no la contempla la norma. Es cierto que la ordenación lineal por costumbre puede aplicarse también, pero la misma costumbre se refiere a situaciones claramente diferentes a las que hemos visto y que para no alargar este artículo dejaremos para otra ocasión.
En definitiva no veo justificación alguna a las decisiones adoptadas y sí una importante ilegalidad que preocupantemente se reitera. ¡Qué cambien la Ley! Pero mientras sea ésta, la Ley es igual para todos, y ha de cumplirse. De no ser así, que nadie diga nada cuando veamos imágenes como éstas:
Euskadi
 Toro
Lamentable espectáculo de Estado.

“Foto de Estado”, asignatura pendiente

Rajoy 3
Hace unos días se me ocurrió subir a mi Facebook (https://www.facebook.com/photo.php?fbid=10152157476020452&set=a.10150253253230452.371123.551705451&type=1&theater) la foto del Presidente del Gobierno imponiendo la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil al Ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, Guido Westerwelle, en el transcurso de un sencillo evento celebrado en el Palacio de La Moncloa el pasado 9 de diciembre, en presencia de nuestro ministro de la diplomacia, José Manuel García Margallo.
Subía la imagen porque francamente me llamaba mucho la atención la imagen que había publicitado el propio servicio de prensa de la Presidencia. Es decir, no se trataba de montaje alguno, ni mala intencionalidad por parte de algún gráfico o medio. Era la imagen que esta alta institución española decidió difundir, junto a otras tres más.
Hasta la hora en que se escribe esta crónica ha habido 43 comentarios de personas que conocen bien este mundo y de ninguno de ellos salen comentarios positivos. Falta de sentido del Estado en la escenografía general, simpleza, poca solemnidad, parecido a la entrega de un premio “Míster”, muñecos de cera, comunicación penosa, falta de cortesía en la cesión de la derecha, críticas a la ausencia de criterio por parte de la Jefatura de Protocolo del Estado, poca naturalidad, desacierto con el fondo del árbol… Así una opinión tras otra.
Rajoy 4
Había puesto la imagen porque veía a nuestro presidente entregando una alta distinción en mitad de un bosque, en un posado forzado, de esos que transmiten simple compromiso, sin calor alguno y carente de valor significativo. Por otra parte, tampoco estaba muy de acuerdo que el gobierno de España tuviera que dar este tipo de condecoración al Ministro alemán, habiendo otras más propicias. Pero esto quizá ya me importa menos ante la cantidad de desatinos que se cometen con la entrega de estos premios del Estado, que más bien parecen artículos del bazar institucional del que se tira sin criterio alguno para compensar determinados compromisos. Son distinciones que no llegan al ciudadano, en su doble sentido: ni se la dan generalmente a él, ni entiende por qué se las dan a otros.
La necesaria reforma del Derecho Premial.
Comparto plenamente la teoría de algunos expertos, como Fernando García-Mercadal y Alfonso de Ceballos-Escalera, que consideran urgente y necesario renovar todo el Derecho Premial español, en primer lugar porque está muy desfasado y no responde a la realidad actual y, en segundo lugar, porque existe exceso de tipos de condecoraciones que hacen restarse valor unas a otras. Me decanto claramente, a semejanza de otros países democráticos, por ir a una nueva legislación que unifique en una o dos condecoraciones con diferentes grados (conservando el nombre de aquellas más históricas y simbólicas -caso de Isabel la Católica y Carlos III-), definiendo claramente quiénes pueden tener derecho a ellas y abriéndolas a todo tipo de ciudadanos.
Defiendo, además, que se entreguen en una o varias ceremonias solemnes anuales, bajo la presidencia de una autoridad de relieve (en este sentido guardo ejemplos vergonzantes) y dándole mucho más relieve institucional al evento. De esta forma se acabaría por una parte con la dispersión de ceremonias y tipo de cargos que las presiden, el secretismo y falta de transparencia en la burocracia de su concesión, el evidente amiguismo que rodea su otorgamiento y el carácter endógeno que las envuelve. Todo ello quita valor a la concesión de quienes realmente se han hecho merecedoras de la condecoración. Para algunos, de hecho, recibir estas distinciones ya es cuestión de coleccionismo. Hay casos sangrantes al respecto.
Hay que buscar la nueva foto del Estado.
Rajoy árbol
Sobre la “ceremonia” objeto de la foto y el debate en mi FB, es cierto que carece de sentido institucional, y que su formato no responde a la comunicación pretendida. No soy muy partidario de la excesiva oficialización en la puesta en escena, en consecuencia de recargarla con excesivos símbolos oficiales (banderas, escudos, tapices, etc.), pero sí de que se confiera más solemnidad positiva -ello no significa insisto más aparataje, sino mayor valor al evento-, y se frene esa inevitable tentación de pensar que detrás de la acción hay un evidente compromiso institucional o una mera excusa para decir adiós a alguien o agradecerle que nos haya hecho algún recadillo que otro.
Posar ante un árbol navideño francamente no me parece la imagen más adecuada, con un trasluz de fondo inadecuado (no sé por qué La Moncloa insiste una y otra vez en este marco). Parece un encuentro de amigos donde uno le pone al otro una banda cuyo significado, por otra parte, desconoce la mayoría de los españoles. Parece que quedaron a tomar un té en los jardines de La Moncloa y que en un momento determinado el anfitrión le entregue una banda de “Míster” a su invitado de honor. Los comentarios habidos en el Facebook son bastante benévolos, porque lo cierto es que no es de recibo que se “juegue” de esta forma con unos premios que son del Estado, es decir, de todos los españoles.
Alguien debería explicar al Presidente del Gobierno cuándo debe dar la derecha a sus invitados de honor -por ejemplo en esta ceremonia- porque se confunde demasiadas veces y, al mismo tiempo, cuándo debe dar la razón a quienes se dedican a organizar sus eventos frente a los “mercenarios” comunicadores de La Moncloa que por huir de imágenes muy protocolarias hacen añicos el sentido de Estado. Entre lo “casposo” del desfasado protocolo y la imagen de ternura navideña, donde parece que Papa Noel ha dejado la Gran Cruz para el alemán al pie del árbol, hay un término medio.
Tiene uno la sensación que La Moncloa carece de una estrategia clara de protocolo, que sus altos responsables lo ven como un mal necesario, y que tratan de dulcificarlo recurriendo a formatos donde normalmente el resultado es peor todavía porque termina por decontextualizarse. Veo bien y necesario que el Gobierno busque nuevos formatos para sus eventos, que transmita una imagen más actual y próxima, más natural y menos oficializada. Pero eso no se hace colocando un arbolito junto a un repostero o delante de una puerta que da al campo.
Nuestros gobernantes deberían dejar a los verdaderos técnicos de protocolo que hicieran su labor, si los que tienen están debidamente preparados para encarar la necesaria reforma de la escenografía general de los actos de Estado, harina de otro costal. Sí, porque nuestras instituciones mostrarán más cercanía si saben planificar mejor sus eventos y hacer la adecuada puesta en escena. Y ésta requiere especialistas en la materia, y no diplomáticos, militares o similares que al respecto saben lo que yo de física cuántica.
Invertir en protocolo.
 Rajoy 2
Está bien invertir en comunicadores, pero que no se olviden que hay que hacer lo mismo con verdaderos expertos en protocolo, capaces de hacer algo más que colocar banderas, tapices, micrófonos o asignar precedencias. El protocolo requiere una adecuada puesta en escena y un sentido comunicacional del significado de un evento. Esa es una de las carencias que tiene nuestro protocolo oficial. Las instituciones del Estado suspenden gravemente en la asignatura de saber transmitir a través de los eventos. Lo hace tan mal, que cuantos menos genere mejor. Lástima, porque debería hacer más, pero bien concebidos. Subyugadas a la tiranía de determinadas políticas de comunicación, se olvidan que a través de los eventos es muy probable que se conecte mucho mejor con ese pueblo que da la espalda a los políticos y a las instituciones. Seguro que en ese desencuentro algo tiene que ver el mal entendido protocolo y la grave ausencia de especialistas reciclados en la cuestión. No basta ya con la experiencia de sus profesionales, sino que éstos deben empezar a convencer de la necesidad de reformar la “foto de Estado” y para ello hay que saber mucho más que el Real Decreto 2099/83.
Al protocolo institucional le queda mucho por avanzar. Está atascado en viejos formatos, y cuando busca nuevas puestas en escena su resultado es malo. Eso me hace pensar que realmente no existe una estrategia clara y definida del protocolo como un instrumento claro y necesario de comunicación.
Todo eso y más me da que pensar cuando veo estas fotos: necesitamos una auténtica “revolución” en la imagen de los eventos de Estado. Hoy nos hemos centrado en este sencillo acto, pero es ya muy preocupante lo que está ocurriendo en otros eventos e instituciones cuyo protocolo se empeña en no contribuir a la imagen de un Estado moderno, sencillo y cercano. Por ejemplo, es sorprendente (para mal) las felicitaciones oficiales de este año de nuestro Rey y su Heredero. Y así sucesivamente. Tema del que hay que seguir hablando.
¡Feliz Navidad para todos los lectores!
¡Feliz creatividad para 2014!

(Fotos Pool Moncloa)