El protocolo hace de Felipe VI un Jefe de Estado más que un Rey

Los reyes de España, Felipe VI y Letizia Ortiz, realizaron esta semana su primera visita de Estado al Reino Unido, invitados por la reina Isabel II, que por diferentes causas había sido aplazada en sendas ocasiones. Desde el punto de vista político hay que reconocer el éxito de dicha visita, y desde la perspectiva de protocolo también. El protocolo y ceremonial nos han dejado diferentes detalles relevantes, apenas percibidos por la opinión pública, pero muy sustanciales en mi modesta opinión, que ponen de manifiesto que pese al férreo protocolo inglés, los Reyes españoles han sabido superar con creces el corsé protocolario británico y mantener, con el respeto a sus anfitriones y al programa diseñado, su propio estilo. No era fácil la cuestión, y menos con un buen número de medios de comunicación a los que sólo les importaba el glamour, el boato y la etiqueta, especialmente en la figura de la reina Letizia, desgraciadamente siempre sometida a dos cuestiones: su estilo, etiqueta y saber estar frente a la Familia Real británica (por desgracia la más mirada y admirada del mundo por los monárquicos) y su papel de cierta discreción como Primera Dama en visitas de esta relevancia. Continue reading

De la indignidad de “la” Infanta al Rey “refrendado”

Foto Rey

La semana que culmina nos ha dejado dos hechos que obviamente no han pasado desapercibidos para los ciudadanos. Por una parte, la revocación del título de Duquesa de Palma de Mallorca por parte del Rey a su hermana la infanta Cristina de Borbón, y, por otra, la toma de posesión de los alcaldes en los 8.115 ayuntamientos que hay en España, en los que trabajarán sus 68.230 concejales que elegimos hace apenas 15 días. Por ello, vamos a referirnos en dos artículos a ambas cuestiones, buscando como siempre el lado protocolario.

El diario El País, en su edición de hoy, asegura sobre la Familia Real: “La decisión adoptada por el Rey de revocar el título de duquesa de Palma a Cristina de Borbón y la reacción de esta asegurando que ya había renunciado antes de que se promulgara el real decreto pone de relieve el abismo que se ha abierto entre los dos hermanos como consecuencia de la imputación de la Infanta en el Caso Nóos. El movimiento realizado por Felipe VI sitúa de nuevo el foco en el paso siguiente: la renuncia de Cristina a sus derechos dinásticos, una decisión que solo depende de ella y que la desvincularía de la Casa del Rey”.

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Felipe VI o la sencillez en el Protocolo

almuerzo_honduras_03xComida en honor del presidente de Honduras el 1 de octubre.

Es evidente el nuevo estilo protocolario que el rey Felipe VI va imponiendo poco a poco en sus actuaciones públicas desde que fuera proclamado como tal ante las Cortes Generales, el 19 de junio. Han pasado ya esos cien días de cortesía que suelen darse a los mandatarios públicos para juzgar sus actuaciones y desde el punto de vista protocolario, está claro que el nuevo monarca apuesta por un estilo propio, que se aleja de su antecesor. Los cambios que va introduciendo son positivos, porque responden al deseo de romper la imagen de una monarquía anclada a determinadas tradiciones y costumbres que francamente hoy no tienen lugar en la sociedad del siglo XXI. Es posible que algunos nostálgicos aborrezcan estos cambios, pero resultan esenciales. Son pequeños gestos realizados cada día, que si se contemplan ahora en su conjunta dan cuenta de positivas variaciones de las que seguramente tendrán que tomar buena nota otras altas instituciones del Estado.

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 Los reyes durante su visita a la Feria Internacional Ganadera de Zafra el día 2 de octubre.

 

El estilo de la proximidad, la sencillez y la proyección de una imagen vinculada al trabajo y a los problemas reales, son las claves de los eventos protocolarios que hemos venido analizando a lo largo de este período, aunque ello no quiera decir que haya prescindido de algunas tradiciones que obviamente conviene mantener al menos durante un prudencial tiempo. Estos cambios eran urgentes por la crisis Real, pero al margen de ello, porque Felipe VI, para ser consecuente con su discurso de proclamación, debe ejercer un protocolo que contribuya al cumplimiento de su compromiso.

 

Hay muchos ejemplos de esos cambios protocolarios importantes, pero –por citar el último- es llamativo el que tuvo lugar en Palacio Real el pasado 1 de octubre con ocasión de la visita oficial del presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández. Los monarcas españoles ofrecieron un almuerzo muy rebajado de pomposidad, con una etiqueta sencilla (traje, ni tan siquiera oscuro, y vestido corto), y se prescindió de la “solemne” cena de gala. Es cierto que no se trataba de una visita de Estado (veremos en la primera que se produzca cómo se enfoca), pero ya se intuye que Felipe VI quiere un estilo más ejecutivo y práctico, aunque conserve algunas cuestiones de momento obligadas como la invitación a consortes. El hecho de que sea comida frente a la cena ya es algo que de por sí facilita las cosas. La relación de invitados responde a criterios novedosos, permitiendo el acceso a otros representantes de la cultura, el deporte…, en definitiva de la sociedad, cuestión que por cierto los medios pusieron muy en valor.

 

Acabar con la imagen de rigidez protocolaria

 

Sin embargo, la Casa de S.M. tiene que seguir luchando aún con esa imagen que arrastran las casas reales de un protocolo rígido y algo desfasado. De hecho el periódico hondureño El heraldo, con un título poco afortunado (“Juan Orlando Hernández y su visita presidencial con protocolo real”), subtitulaba así: ”Las reglas diplomáticas, el orden, la compostura y una estricta seguridad formaron parte de la audiencia del presidente de Honduras con el rey de España, Felipe VI”. Y la crónica no hace justicia a este nuevo estilo. Quizá porque quedan aspectos que limar en la aplicación de un ceremonial que todavía arrastra estigmas y aunque el estilo de comunicación y tratamiento a los medios informativos que el responsable del área, Jordi Gutiérrez está llevando con acierto, requiere todavía un tiempo para que los medios y la sociedad en su conjunto los perciban con claridad. Un ejemplo de ello es la crónica hondureña del diario Heraldo que no hace justicia al nuevo protocolo de Felipe VI. Os invito a leer la crónica y que cada uno saque sus propias conclusiones.

http://www.elheraldo.hn/pais/753808-331/juan-orlando-hern%C3%A1ndez-y-su-visita-presidencial-con-protocolo-real

 

En fin, lo importante es cambiar aspectos que hoy no tienen sentido y que poco a poco el nuevo Rey logre transmitir esa imagen que hará más justicia con la filosofía y política protocolaria del monarca español. Incluso la propia reina Letizia, ha dado indicios de cambios en su actuación pública, lo que beneficia la imagen de una Corona que debe recomponerse tras los episodios vividos y que la han llevado a una alta pérdida de confianza por los españoles.

 

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Portada del último número de la Revista Vanity Fair.

 

Por otra parte, el absurdo papel protocolario que se está reservando al rey honorífico Juan Carlos, junto a la eterna imagen de soledad de la reina Sofía –de la que se hace eco en un duro reportaje en su último número 74 la relevante revista Vanity Fair[1][1]- que ha quedado excesivamente relevada, no termina de ayudar a mejorar la imagen de una monarquía a la que todavía puede llegarle severos reveses. Pero al menos los reyes actuales tratan de hacer todo lo posible por responder a lo que señaló el jefe del Estado en su discurso de proclamación: “Éstas son, Señorías, mis convicciones sobre la Corona que, desde hoy, encarno: una Monarquía renovada para un tiempo nuevo. Y afronto mi tarea con energía, con ilusión y con el espíritu abierto y renovador que inspira a los hombres y mujeres de mi generación”.

 

 

La Familia Real y el duque consorte

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Desgraciadamente la figura de nuestro Rey y la de la Casa Real en su conjunto está en el punto de mira de muchas personas a raíz de las diferentes actividades desarrolladas en tiempos pasados por el esposa de la Infanta doña Cristina de Borbón, el duque consorte Iñaki Urdangarín. Incluso algunos enemigos de la forma política del Estado Español, la monarquía parlamentaria, según apunta en su apartado 3, artículo 1, del Título Preliminar de la Constitución Española, aprovechan la coyuntura para azuzar el eterno debate de la conveniencia o no de este sistema en nuestro país. Ya el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS)correspondiente al estudio 2.914 de octubre pasado, último publicado sitúa a la monarquía, después de las Fuerzas Armadas en la institución pública en la que más confían los españoles, aunque se queda de nota `por debajo del cinco, en un 4,89, lejos del Gobierno, el Congreso, los parlamentos autonómicos, el Poder Judicial e incluso el mismo Defensor del Pueblo al que supera en algo más de tres décimas.

Mi perfil no es político, ni el propósito de este blog es entrar en valorar cuestiones que no tengan que ver con el ámbito estrictamente de las disciplinas derivadas de la comunicación, y especialmente del Protocolo y la Organización de Eventos. Por esta razón no entro en el debate monarquía sí o no, “juancarlistas” si o no. Únicamente digo al respecto que estoy con la Constitución de 1978, normal fundamental del Estado y a ello me debo, por lo que moralmente como ciudadano español pienso que no me vale solo con respetarla sino defenderla. Por eso cuestiono bastante a quienes aprovechando la delicada situación de Iñaki Urdangarín extienden un hecho puntual a la imagen y confianza de un Rey y una Familia Real que ha jugado y juega un papel fundamental en nuestro país.
Sin embargo, desde el punto de vista protocolario la cuestión está poniendo de manifiesto las dudas que muchos profesionales y estudiosos de la cuestiones tenemos acerca de aspectos como el significado concreto de lo que es Familia Real –no tenemos duda de lo que es Familia del Rey- y de la conveniencia o no de la pluralización del título de duquesas de las hijas y hermanas del rey don Juan Carlos. Se ha venido aceptando el uso coloquial y periodístico de que los consortes de las infantas pudieran hacer uso, incluso por iniciativa de ellos mismos, del título de duque. Así, de hecho, por citar a quienes hoy están en las portadas de los Medios, doña Cristina y de Borbón e Iñaki Urdangarín firman sus escritos y comunicaciones conjuntas, tales como las felicitaciones de Navidad, como Duques de Palma de Mallorca (al menos hasta ahora) Lo mismo hacían su hermana la infanta doña Elena con Jaime de Marichalar, antes de su separación y divorcio, con el título de Duques de Lugo.
La hija menor del monarca se casó con el ex jugador de balonmano del Barcelona y de la Selección española, en la Catedral de Barcelona el 4 de octubre de 1997. Apenas unos días antes, S.M. el Rey, con el refrendo del entonces presidente José María de Aznar, concedió el título, con carácter vitalicio[1] de Duquesa de Palma de Mallorca a doña Cristina de Borbón, “con ocasión de su matrimonio y como prueba de Mi profundo afecto y cariño”, según se desprende textualmente del Real Decreto 1502/1997, de 26 de septiembre, por el que se concede, con carácter vitalicio, la facultad de usar el título de Duquesa de Palma de Mallorca a Su Alteza Real la Infanta Doña Cristina.
El Código Civil español ya no reconoce en el consorte el mismo estatus y honores del más notable miembro de un matrimonio, aunque no obstante tal y como reconoce Amadeo-Martín Rey y Cabieses[2], en La Gaceta de 6 de octubre de este año, “se da la circunstancia de que los consortes de las personas que ostentan un título nobiliario gozan consuetudinariamente –por uso y costumbre- que también es fuente de ley, de idéntico título y tratamiento que el propietario de la merced nobiliaria”. Cabieses escribía esto a propósito de la conveniencia o no de llamar duque consorte de Alba de Tormes a Alfonso Díez Carabantes, esposo desde el pasado 5 de octubre de la XVIII Duquesa de Alba,  cuestión que sí defiende, incluso permitiéndole el tratamiento de Excelentísimo Señor como consorte de una grande de España. Y va más lejos al afirmar que cuando fallezca Cayetana, el Duque de Huéscar se convertirá en el XIX Duque de Alba y Alfonso Díez será duque viudo conservando el tratamiento de excelencia. Eso así ha sido siempre y supongo que continuará pero ya no sé si por mucho tiempo.
Comparto esta opinión y pienso que es absolutamente extrapolable al duque consorte de Palma de Mallorca, aunque ha de quedar claro que tiene el propietario del título es la infanta y que él goza de los derechos honoríficos de consorte en virtud a esa tradición. Obviamente, como sucediera con Marichalar, en caso de ruptura del compromiso matrimonial tal circunstancia desaparecería. Con todo ello, podemos concluir que efectivamente debemos de hablar de Iñaki Urdangarín como duque consorte de Palma de Mallorca.
La definición de lo que es hoy Familia Real es más difícil de acotar. He leído en estos últimos años numerosos textos relativos a esta cuestión sin que haya podido cerrar claramente cuál es el alcance de estas dos palabras. La Casa del Rey, a través de un comunicado emitido el pasado día 8, recurría a expresiones vagas que no nos sacaba de la duda. Textualmente, dice el escueto comunicado:
Ante la publicación y difusión en los días de ayer y hoy de informaciones referidas a la Familia Real, su composición y funciones, es imprescindible efectuar las siguientes aclaraciones:
1.- La composición de la Familia Real española viene definida en el Real Decreto 2917/1981, de 27 de noviembre, por el que se establece el Registro Civil de la Familia Real.
2.- Las informaciones y comentarios que, desde esta Unidad, se efectuaron a algunos medios sobre número de actividades oficiales realizadas en los últimos años por los diferentes componentes de la Familia Real, nada tienen que ver con su pertenencia a la misma.
3.- La Unidad de Relaciones con los Medios de Comunicación lamenta profundamente haber contribuido a que algunos medios hayan recogido de forma equívoca o errónea este tema.
El Real Decreto 2917/1981, de 27 de noviembre, por el que se establece el Registro Civil de la Familia Real, termina por confundir las expresiones Familia Real y Familia del Rey, pues en su artículo primero se dice que en “el Registro Civil de la Familia Real se inscribirán los nacimientos, matrimonios y defunciones, así como cualquier otro hecho o acto inscribible con arreglo a la legislación sobre Registro Civil, que afecten al Rey de España, su Augusta Consorte, sus ascendientes en primer Grado, sus descendientes y al Príncipe Heredero de la Corona”. Los ascendientes[3] y el Príncipe heredero está claro, pero cuál es el límite de los descendientes. Supongo que habrá una praxis y unas costumbres al respecto que pongan límite a esta cuestión, pero está claro que los hijos de doña Cristina y Urdangarín están en ese Registro, igual que los de doña Elena y, por supuesto, los del Príncipe. Sobre los descendientes es necesario recurrir de nuevo a la Real Academia de la Lengua que en vigésima segunda edición del diccionario de la Lengua Española, define la expresión como “hijo, nieto o cualquier persona que desciende de otra”. Está claro que son pues los hijos y los nietos.
Todo esto nos lleva a concluir mi vieja teoría recogida en mi libro de Protocolo Oficial, de Ediciones Protocolo, de que la Familia Real en España se delimita en la actualidad al Rey, Reina, Príncipe don Felipe y la Princesa consorte doña Letizia, sus hijas las infantas Leonor y Sofía (ambas de apellido Borbón y Ortiz), infanta doña Elena y sus hijos Felipe Juan Froilán y Victoria (ambos de apellidos Marichalar y Borbón, con consideración de Grandes de España y tratamiento de excelentísimos), y la infanta doña Cristina, su marido Iñaki Urdangarín y sus hijos Juan Valentín de Todos los Santos, Pablo Nicolás, Miguel de Todos los Santos e Irene (todos ellos de apellidos Urdangarín y Borbón, con consideración de Grandes de España y tratamiento de excelentísimos). Es obvio señalar que los Reyes tienen el tratamiento de Majestad y el Príncipe y las infantas de Alteza. Del consorte de la infanta ya nos hemos referido.
Esa es en mi modesta opinión la Familia Real en la actualidad, quedando fuera de la misma, y considerándoles Familia del Rey, la infanta doña Pilar de Borbón, duquesa de Badajoz (Real Decreto 758/1967), viuda de Luis Gómez-Acebo y Duque de Estrada, y sus hijos María de Fátima Simoneta Luisa, Juan Filiberto Nicolás, Bruno Alejandro, Luis Beltrán Alfonso y Fernando Umberto (todos de apellido Gómez-Acebo y Borbón, con la consideración de Grandes de España y tratamiento de excelentísimo), así como la infanta doña Margarita, duquesa de Soria y Hernani, el esposo de esta última, el doctor Carlos Emilio Zurita y Delgado, así como sus hijos Alfonso Juan Carlos y María Sofía Emilia Carmen Zurita y de Borbón (también consideración de Grandes de España y tratamiento de excelentísimos). Quedarían fuera de la Familia Real española  la Princesa Irene de Grecia (soltera y sin hijos) y Constantino II de Grecia, Rey de Grecia entre 1964 y 1967, casado con Ana María de Grecia (tienen cinco hijos Alexia, Pablo, Nicolás, Teodora y Felipe), y el Infante[4] Don Carlos de Borbón-Dos Sicilias y Borbón-Parma, príncipe de las Dos Sicilias y duque de Calabria, su esposa la Princesa Ana de Orleans y sus hijos Cristina, María, Pedro, Inés y Victoria de Borbón-Dos Sicilias.
Cuando el destino tenga a bien situar a don Felipe de Borbón y Grecia como Rey de España la Familia Real volverá a cambiar, quedando fuera las hermanas del Príncipe, sus consortes e hijos, y permaneciendo todos los hijos y nietos del nuevo Rey. Para entonces seguro que se abrirá una nueva polémica a propósito de si los padres de doña Letizia han de ser considerados Familia Real al ser ascendientes en primer Grado de la Augusta Consorte del Rey. Pero eso será ya más adelante.
[1] Vitalicio significa que podrá disfrutarlo en tanto viva, sin que puede ser heredado o pasar a una segunda generación. De ser así el título se llamaría hereditario. Desde hace ya tiempo, el Rey –que entre sus prerrogativas tiene la de conceder títulos del Reino- no otorga hereditarios.
[2] Doctor en Historia y Académico correspondiente de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía.
[3] Según el diccionario de la Real Academia Española, “Padre, madre, o cualquiera de los abuelos, de quien desciende una persona”.
[4] Título de Gracia concedido por el Rey don Juan Carlos el 16 de diciembre de 1994, teniendo en cuenta el factor histórico de ser nieto de la Princesa de Asturias Mercedes de Borbón-Dos Sicilias y Habsburgo-Lorena, hermana de Alfonso XIII, nacido Rey, y haber estado entre los primeros a la sucesión en la Corona de España, aplicando el sistema definido en la Constitución Española.