Los primeros pasos de la Princesa de Asturias

LeonorLeonor de Borbón, Princesa de Asturias, durante el acto de proclamación de su padre cono Rey en el Congreso de los Diputados.

La Fundación Princesa de Asturias ha convocado oficialmente por primera vez sus Premios Princesa de Asturias 2015. En su 35 edición, estos galardones toman la expresión femenina que corresponde al título del heredero de la Corona de España, actualmente la hija mayor de rey Felipe VI, Leonor deTodos los Santos de Borbón y Ortiz. Según la web oficial de la FPA (http://www.fpa.es/es/premios-principe-de-asturias/reglamento-2015/), “el objeto de este reglamento es la fijación de los principios que rigen la presentación de candidaturas y las normas generales de constitución y funcionamiento de los ocho jurados encargados de la concesión de los Premios Princesa de Asturias en su convocatoria del año 2015”.

Captura de pantalla 2014-11-15 a la(s) 18.28.49Página web de la Fundación Princesa de Asturias, tomada en el dia de hoy.

 

La Casa de S.M. aún no ha modificado su web

Cierra así cualquier posibilidad que pudiera pensar que estamos ante el inicio de otra etapa o, en cualquier caso, ante una nueva numeración (primera edición o 35 edición). Se produce de esta forma sencilla el relevo generacional en la presidencia honorífica de esta institución privada que la Casa Real ha hecho siempre suya. Es curioso, por cierto, que al menos hasta hoy la web oficial de la Casa de Su Majestad siga hablando de la Fundación Príncipe de Asturias y que sus técnicos informáticos o su servicio de Comunicación no hayan procedido al cambio, aprobado oficialmente por el Patronato de la Fundación en el mes de octubre pasado. Una modificación que ha venido obligada por el acceso a la condición de rey de Felipe VI y la conversión automática, según el mecanismo constitucional, en Princesa de Asturias de doña Leonor.

Captura de pantalla 2014-11-15 a la(s) 18.14.25Página web de la Casa Real española tomada en el día de hoy. Se observe que aún no se ha modifcado el nombre.

 

La ceremonia de 2015

Oviedo acogerá en octubre de 2015 los primeros galardones que responden a la denominación de Princesa de Asturias. Tendremos ahora por delante unos meses en el que unos y otros se preguntarán sobre la posible concurrencia a la próxima ceremonia de Leonor de Borbón. Personalmente estoy seguro de que sí estará y será la primera vez que asuma un papel estelar. Si su padre hace con ella como Juan Carlos I lo hizo con el príncipe Felipe, los Reyes acudirán al acto de Oviedo hasta que su hija mayor cumpla los 18 años. No será su primera aparición pública como Princesa, pues ya ha concurrido como tal a dos actos de Estado: la proclamación de su padre antes las Cortes Generales el 19 de junio y el desfile de la Fiesta Nacional el 12 de octubre pasados, respectivamente.

Minutos antes de ser proclamado rey, Felipe VI junto a su esposa y sus hijas, recibió sus primeros honores de ordenanza como Jefe de Estado.

Podio bueno

Tribuna presidencial durante el desgile militar con ocasión de la Fiesta Nacional el pasado 12 de octubre en Madrid.

Podio Fiesta Nacional

La decisión sobre la asunción efectiva de sus funciones como presidenta honorífica de la Fundación asturiana, en especial su presencia en el acto ovetense, será tomada por el propio Jefe de la Casa Real, Felipe VI, responsable (más allá de su condición de padre) de la distribución de los papeles de representación institucional de los miembros de la Familia Real, compuesta actualmente por el Rey y su esposa, Letizia Ortiz, sus dos hijas, Leonor y Sofía de Borbón, y los reyes honoríficos, Juan Carlos I y Sofía de Grecia. En octubre de 2015, Leonor de Borbón, nacida del 31 de ese mismo mes de 2005, estará a punto de cumplir los diez años. Su padre acudió a la primera ceremonia de Oviedo en 1981, cuando tenía 13 años –nació el 30 de enero de 1968-, y pronunció, además, su primer discurso en público.

Un Rey, dos Reinas y una Princesa en Oviedo

No se trata de hacer quinielas ni jugar a futurismo, pero todo hace pensar que Leonor de Borbón y Ortiz estará en Oviedo en octubre de 2015, acompañada por sus padres los reyes y que muy posiblemente en la presidencia del acto se sitúe a la derecha de los Reyes, que presidirán –simbólicamente no estaría mal que se ubicara en el medio de ambos, para reforzar con ese gesto la singularidad de la situación, asumiendo con ello un protocolo que les humaniza-. Es muy probable que el próximo año veamos en el coliseo ovetense, en un acto de trascendencia internacional, al Rey, nuestras dos Reinas –titular y honorífica– y la Princesa heredera, algo que ocurriría por primera vez en la historia de España (salvo que haya otro acto antes que no sea familiar o de Palacio, cosa que será difícil). Todo apunta que habrá una buena foto a la llegada de la Familia Real a la puerta del Teatro Campoamor. Desdeluego histórica y por varias razones.

Si el Rey de España desea que su hija heredera siga los mismos pasos que él ha dado, todo hace pensar que efectivamente Leonor estará en Oviedo pero no para pronunciar su primer discurso. Incluso mediáticamente sería más idóneo que sus primeras palabras se reserven para 2016 ó 2017, una vez alcance una edad más razonable.

La cita de Covadonga y su fecha

La presencia pública oficial de la Princesa en Oviedo aconsejerá que Leonor acuda previamente a la localidad asturiana de Covadonga, al pie de los Picos de Europa, para ser homenajeada como Heredera que lleva el título de esta tierra. Su padre fue el 1 de Noviembre de 1977 al simbólico e histórico rincón asturiano, cuna de la Reconquista, donde se encuentra la Gruta en la que se venera a la Patrona astur, Nuestra Señora de Covadonga, la “Santina”, bajo la cual asoma tras unos cuantos kilómetros de recorrido por las entrañas de la montaña, el río Orandi que regala su caudal al más conocido río Sella.

Es ya notorio y conocido que Felipe VI es un hombre de gestos y simbolismos, y no sería de extrañar que buscara una fecha simbólica para ese homenaje astur, como ocurrió en su caso, al hacerlo coincidir con su onomástica, el 1 de noviembre (fecha en la que se anunció en 2003 su compromiso nupcial). Cuatro fechas se nos antojan como idóneas en ese simbolismo y las señalamos en el orden temporal: 22 de febrero –Santa Leonor-, 8 de septiembre –día de Asturias y día de Covadonga-, 31 de octubre –décimo cumpleaños de la Heredera- y 1 de Noviembre –día de Todos los Santos-. El 8 de septiembre cae del calendario, pues sería inviable hacerlo en un día muy especial para los peregrinos y devotos de la Virgen que no perdonarían las lógicas restricciones que acarrearía la presencia de la Familia Real en santuario (además daría al acto un simbolismo religioso del que Felipe VI ya ha dado claras muestras de separarse de él). El 31 de octubre y 1 de noviembre serían después de la ceremonia de entrega de los Premios –señalados para el 23 de octubre de 2015- y carecería de sentido que el homenaje que viene a representar el reconocimiento histórico de los asturianos hacia el/la heredero/a que toma como título primero y más importante el nombre de su tierra, se hiciera después de presidir el espectacular evento ovetense. En fin, si no se quisiera hacer coincidir con fechas tan directamente vinculadas a Leonor, tampoco habría que descartar el 22 de mayo, fecha en la que los reyes cumplirían once años como casados. Pero tampoco hay que descartar que esa ceremonia se haga la víspera del acto del Campoamor. Simbólicamente tomará más relevancia.

Imposición del escudo de Princesa de Asturias

El acto de homenaje de Covadonga pretende rememorar la aceptación de los asturianos de las persona que llevará por el mundo su nombre. Por ello, le harán entrega de  la venera, o cruz de Rey, que identifica al sucesor del trono; el tributo entregado por los parlamentarios asturianos (el tradicional “Tributo de Mantillas”, una bolsa con monedas que pretende aludir a la aportación económica que los astures hacían a las finanzas de la Corte cuando nacía un Príncipe heredero; hoy, ciertamente, es puro simbolismo, unas monedas conmemorativas especiales que recordarán la histórica cita); y el pergamino donde están inscritos los nombres de los 78 concejos asturianos. A los pies de la estatua del caudillo Pelayo, primer Rey de Asturias –el germen de la reconquista de una España católica que luchará durante más de 500 años contra la presencia musulmana-, se repetirá el ritual seguido con su padre y que gracias al archivo de RTVE puede observarse en este vídeo.

La formación de futura Reina

Iniciará así su vida pública esta joven Princesa que sin dejar de serlo tendrá que combinar sus obligaciones públicas con su formación civil (y probable militar, aunque personalmente no veo razón alguna para que tenga que hacerlo, estamos en nuevos tiempos donde no hay necesidad alguna que la futura Reina tenga que ser militar de carrera). Un tiempo que requerirá el sosiego institucional para ella a los efectos de que pueda crecer y madurar sin la tensión y presión mediática que arrastrará cada vez que asome su cabeza por la ventana. No obstante, no auguramos a partir de los 18 años una amplia agenda pública para la Heredera que junto a sus padres habrán de multiplicarse para acudir a las necesarias citas institucionales. El bajo perfil público que se viene acreditando para los reyes honoríficos y la reducción de la Familia Real –actualmente Felipe y Letizia deben mantener una agenda de locura- harán que nuestra Princesa tenga una proyección pública mayor que la de su padre cuando era Heredero. Pero, como se señala, primero deberá pasar por el hemiciclo del Congreso para que como su padre jureel cumplimiento de la Constitución Española el mismo día que cumpla su mayoría de edad –si no cambia la edad legal, el 31 de octubre de 2023-.

Reina a los treintaytantos

Parece lejos 2013, pero en “cuatro días” estamos de nuevo poniendo alfombras en la sede de la soberanía del pueblo español. Jurará entonces una Princesa que sabe –salvo avatares no deseados- que en la década siguiente llegará la sucesión. Estamos seguros que Felipe VI no olvidará lo importante que es para la continuidad monárquica dar el relevo en el momento oportuno. Porque el “oficio” de Rey o Reina no tiene por qué extinguirse con la vida o el desgaste físico. Veremos a Leonor con poco más de 30 ó 35 años reinando en este país. De nuevo una Reina joven para seguir impulsando el importante papel institucional de la Corona. Su preparación, en consecuencia, deberá responder a un ritmo diferente al que ha seguido el hoy Rey de España.

Premios Príncipe de Asturias: protocolo para emocionar

Banderas premiados buena

El acto de entrega de unos premios debe transmitir emoción. Se hacen para conmover el ánimo. Su pretensión inicial es la de reconocer unos méritos, pero éstos deben generar la aceptación general más allá de la decisión de un jurado. Si el galardón es justo el público se emociona, porque normalmente los méritos que aportan los premiados no dejan indiferentes a quienes observan el acto. Su relevancia y valor genera esa sensación de que realmente estamos ante un hecho excepcional y como tal la emoción salta a borbotones. Emoción en quienes lo reciben por verse reconocidos por su aportación singular en la disciplina en la que trabajan y emoción en los públicos porque se sienten parte de quienes reconocen. Conjugar ambas “motividades” es la esencia (o debe serlo), más allá de la formalidad, de la ceremonia de entrega de los premios Príncipe de Asturias hasta ayer a las 19,55 horas de España y desde entonces Premios Princesa de Asturias, título de la actual heredera Leonor de Borbón y Ortiz, nueva presidenta de honor de la Fundación también rebautizada Princesa de Asturias.

En consecuencia todos los aspectos organizativos y de contenidos de estas ceremonias deben dirigirse a lograr aquellas sensaciones. El protocolo, los discursos, los gestos, la escenografía, la producción, etc. Tienen que transmitir necesariamente todos los conceptos que llevan consigo un homenaje. Si no es así se está sustrayendo lo fundamental. Si alguien de los que siguió la ceremonia bien presencialmente o a través de los medios de comunicación o redes sociales ha quedado indiferente es que algo ha fallado o estamos ante públicos sin sensibilidad alguna (que de todo hay, desgraciadamente). Nadie con un mínimo de sentimientos pudo ayer evitar emocionarse en alguna fase de la ceremonia en la que los gestos y las palabras penetraban en el corazón.

Desde el mismo discurso del Rey (solo en dos ocasiones ha hablado un rey en el acto de Oviedo, en 1984 Juan Carlos I en ausencia del entonces Príncipe por sus estudios en Estados Unidos, y el de ayer con Felipe VI), o las palabras pronunciadas por los premiados, sus gestos de agradecimiento al recoger el galardón, su natural etiqueta sin cortapisas más allá de los mínimos recomendables, la solemnidad de los himnos a través probablemente de las versiones que más ponen la carne de gallina (gaita), la presencia discreta pero bien sentida de las reinas (la titular y la honorífica), la presencia de autoridades nacionales e internacionales, todo ello debidamente armonizado bajo un correcto protocolo flexible son esenciales para que la ceremonia de Oviedo sea capaz de trasladar al mundo lo que significan sus premios: la foto anual del reconocimiento universal a un grupo de personas que trabajan por la paz, la justicia y la convivencia. Y cada uno desde sus diferentes ámbitos del conocimiento y el trabajo. Debe de transmitir que tan importante es descubrir la vacuna contra el ébola que facilitar el entendimiento entre las personas a través de la sana práctica del deporte. O que es tan importante dar belleza a edificios singulares que haber hecho felices a muchas generaciones a través de Mafalda. Todos son importantes y necesarios, aunque luego cada espectador pueda priorizar. En esa visión de conjunto se basa el éxito de la ceremonia ovetense, año tras año, tras su primera entrega en 1981. Y por eso no hay un protocolo definido en el ordenamiento de los premiados, que cada año se ubican de acuerdo a criterios de equilibrio que establece la Fundación.

Caddy Adzuba Concordia

No precisa de una gran producción escénica, ni de un severo protocolo para conseguirlo. Basta con alcanzar esa correcta armonía entre el espacio y el ceremonial para lograr el cumplimiento de los objetivos. De hecho la Fundación Princesa de Asturias apenas realiza cambios de un año para otro ni en su puesta en escena, ni en su protocolo, porque es consciente de que quizá la fórmula no requiera más que la estricta actualización que impone los tiempos. Sencillamente porque el éxito reside en la fuerza de los gestos –que hay que trabajarlos mucho, no se improvisa tan fácilmente- y en la fortaleza de las palabras que tanto galardonados como Rey/Príncipe lanzan a los cuatro vientos desde el atril del escenario. La fórmula funciona porque hay detrás un buen protocolo, el que no parece sentirse y que, sin embargo, como una mano invisible conduce todo sin exhibirse.

La ceremonia de esta 34 edición, como la mayoría de las celebradas en los últimos veinte años, me ha emocionado mucho. He sentido la fuerza que trasladaban ese puñado de hombres y mujeres y he visto a un Rey con un discurso tan profundo con mensaje, tan de valores humanos y tan de papel de jefe de Estado comprometido con la realidad de su país, descrito con una belleza extraordinaria y expuesto con un espectacular saber estar de un FelipeVI que se sometía a una nueva reválida tras su proclamación. Muchos saben lo que para él representa esta Fundación que ha hecho suya totalmente (le costará pasar los trastos a su hija en su momento, ayer ya lo pudimos comprobar anecdóticamente) y a la que siempre se ha agarrado para posicionar públicamente al Heredero y exhibir desde una buena plataforma sus pensamientos, creencias y apoyo a toda causa que vaya en beneficio de la sociedad. El diario El País, en su edición de esta mañana, dedicaba nada menos que su editorial a la figura Real con ocasión de su intervención en el Teatro Campoamor. Bajo el título “Mejor juntos” terminaba con este párrafo:

La España actual requiere de un Rey que le hable de los problemas que le angustian y que se implique con los ciudadanos en la búsqueda de una solución, no de un monarca feliz en la distancia de su mundo propio. Ayer se escuchó a un Felipe VI mucho más próximo a lo que reclamamos: enérgico frente al desencanto, resuelto ante los profetas del catastrofismo, atento y preocupado por la división que los problemas políticos y económicos causan. Sería deseable que este discurso fuese el inicio de una nueva etapa en la trayectoria del Rey, a quien se le recomendó desde varias esferas un inicio prudente para no despertar reacciones contrarias. Hoy no puede haber mejor recomendación que la de animar a don Felipe a ganarse cada día el trono, como su padre le enseñó.

Frank Gehry

La magia del protocolo

El protocolo del acto que vivimos ayer respondió al esquema habitual. Prácticamente la misma puesta en escena que ya la hace singular (con ver una foto ya se sabe lo que es) y la distingue frente a otros actos de reconocimiento. A esta ceremonia le ocurre lo mismo que a los grandes clubes de fútbol de éxito: son inimitables. Se puede aprender mucho de ella, incluso se inspira uno para buscar aplicaciones en otros eventos, pero no es posible copiarla, ni mucho menos pretender parecerse. Nunca se lograría. Ha conseguido dar con la tecla, claro está que ha costado más de treinta años de intensos y arduos trabajos.

Es una ceremonia sin errores que merezcan la pena destacar, porque aunque los hubiera la fuerza final de los mensajes y los gestos termina por ocultarlos o convertirlos en meras anécdotas, cuestión ésta que además es favorable porque le da ese necesario toque de humanidad. Sus protagonistas son personas y las personas a veces “tropezamos” sin pretenderlo. Desde mi experiencia de tiempos atrás he llegado a pensar que muchas de esas “anécdotas” no responden a saltos en el protocolo, sino a calculadas actuaciones desde la espontaneidad. Cada edición tiene su anécdota, y la de este año fue la “supuesta”confusión del Rey a la hora de convocar los premios 2015 donde su protagonismo durante 34 años le jugó la mala pasada de referirse en primera instancia a los Premios Príncipe de Asturias, para con gesto simpático y natural corregir y señalar Premios Princesa de Asturias. La situación permitió además dar un poco de juego a la Reina que le dio un beso. Queriendo o sin querer –a veces pienso que lo hace a sabiendas- la frase más esperada por lo que significa de relevo generacional en la Fundación no será olvidada nunca y todos, todos, ya saben que desde ayer los Premios se pronuncian en femenino y que la heredera Leonor asumirá pronto su total protagonismo, eso sí bajo la tutela de sus padres hasta que cumpla su mayoría de edad y jure la Constitución ante las Cortes Generales.

Beso Princesa

Marathon buena

No fue una improvisación que el seleccionador nacional Vicente del Bosque buscara al otro míster, Luis Aragonés, para que se uniera al conjunto nacional más laureado de la historia de esta disciplina deportiva. Tampoco fue una casualidad que Bárbara Hendricks en el año 2000 improvisara a capela un canto a favor de libertad, ni que Rabín y Arafat se abrazaran en el coliseo ovetense, ni que los científicos rivales Gallo y Montagnier que se disputaban la titularidad de sus avances en el diagnóstico, prevención y tratamiento de la infección por el Virus de la Inmunodeficiencia y el Sida se reconciliaran públicamente con un solvente apretón de manos sobre las tablas del Teatro, ni que las víctimas del Holocausto nazi se emocionaran hasta las lágrimas, nio que los maratonianos de Nueva York simularan la carrera ayer, por citar algunos ejemplos más cercanos en la memoria. No son casualidades porque el protocolo dispuesto conduce a ello y aunque en ocasiones ya esté previsto en otras sin preverlo se sabe que ocurrirá porque el diseño protocolario de la ceremonia terminará por provocarlo. Esa es la magia que en muchas ocasiones el buen protocolo puede crear.

Grandes aciertos, escasos errores

Si la ceremonia ha salido bien y se han conseguido los objetivos, el protocolo no debe ser criticado, y si en las líneas que siguen se hacen referencia a algunos de ellos entiéndase que solo se busca el afán de contribuir al camino de la perfección de este evento (palabra que se queda escasa cuando se hace referencia a esta solemnidad humana que gira sobre esta cita anual). Hay que reconocer que el protocolo en general se ejecutó en lo fundamental con un acierto espectacular y que en su edición de 2014 se ha aplicado bien y de forma sencilla, como corresponde. Por lo tanto, hay que felicitar a sus organizadores y animarles a que sigan por esa línea.

Ni el evento más perfecto se escapa a los errores. El gran acto de referencia protocolaria de España como es la entrega de estos premios, tampoco se escapa de los riesgos de los errores, pero todos ellos no han influido en el resultado final que es lo que importa. Supuestamente se equivocó el Rey a la hora de convocar la siguiente edición, no se calculó bien la posición en el atril cuando habló desde su silla de ruedas el genial Quino, ni tampoco su acceso al escenario fue programado con la misma solemnidad que el resto, la maestra de ceremonias anunció antes de que sonara el himno de Asturias la salida de los premiados (cuando debería haberlo hecho después), la bandera de España en el lateral detrás de los galardonados no estaba en el lugar correcto de acuerdo a la filosofía de su presencia, la decoración floral sigue siendo la asignatura pendiente de esta Fundación que recarga innecesariamente el escenario, la duración del Himno Nacional se quedó lejos de los 52 segundos que manda el Real Decreto correspondiente, las escaleras de acceso al escenario siguen siendo un problema para las mujeres que llevan vestido largo ceñido como el caso de Caddy Adzuba, premio de la Concordia, excesiva presencia de autoridades en el escenario, especialmente del gobierno de la nación. Bueno son algunas de las cuestiones que pueden resaltarse, pero ninguna de ellas, insistimos, es relevante desde el punto de vista protocolario, salvo algunos que pasamos a comentar.

Premiados general

Banderas premiados buena

La bandera de España que se coloca detrás de los galardonados cuando entre ellos hay algún español, debe ubicarse en el orden alfabético establecido –desde la edición 33 en español-. No por celebrarse en España hay que dar prevalencia a la bandera que se coloca en honor del representante de nuestro país. Eso es un error, porque desequilibra el concepto de igual importancia a todos los galardonados. La bandera oficial de España ya se sitúa en su puesto de honor y prioritario a ambos lados de la presidencia, junto a las enseñas asturiana y europea. Ahí sí que debe ser la primera, pero no en la otra hilera de vexilos. Este error cometido ayer es importante para los protocolarios –irrelevante para la mayoría de la sociedad- y se produce cuando no se entiende muy bien el por qué de su presencia. Ha habido ediciones donde el vexilo nacional no estaba, sencillamente porque no había galardonados españoles. Eso evidencia que la presencia o no de la misma responde a ese criterio, luego en consecuencia su colocación es como una bandera más junto al resto de países y su puesto obedece al orden alfabético elegido.

Cambios necesarios de acometer

No es culpa de los responsables de protocolo, pero pienso –como lo he pensado siempre- que las autoridades y numerosas personalidades que ocupan asiento en el lado izquierdo de la presidencia del acto en el escenario no deberían estar. Parece duro decirlo así, sin más, pero en razón a la filosofía del evento, no aporta nada su presencia y sí en cambio llena en exceso un espacio en el que deben de lucir exclusivamente los galardonados, los reyes y la fundación anfitriona, y en ese orden. Sinceramente, abogo y estoy convencido que más tarde o temprano así se hará, para que tanto las primeras autoridades (ayer Vicepresidenta del Gobierno, ministros de Asuntos Exteriores, Fomento y Educación, Cultura y Deportes, Presidente del parlamento asturiano, Delegado del Gobierno y Alcalde de la Ciudad, como los embajadores de los países de los galardonados y premiados de ediciones anteriores, deberían ubicarse en un lugar especial y de privilegio pero fuera del escenario.

En ese lado izquierdo deberían colocarse solamente los jurados, representados por sus presidentes, y los altos cargos de la fundación anfitriona (Directora, Secretario General y Director Emérito Vitalicio), y por precepto legal, el séquito que acompaña a los Reyes (ayer el Jefe de la Casa de S.M. y el Jefe de la Secretaría de la Reina). Y nadie más. Autoridades, para un lugar de honor en la zona de público, como la reina Sofía. Premiados de ediciones anteriores, para otro palco de honor. Soy consciente de que cada año se “limpia” más de personas esta zona, pero debería darse ya el paso decisivo de prescindir de casi todos. ¿Para qué poner autoridades si el acto ya lo preside quien nos representa a todos los españoles, el Rey? ¿Por qué tantos ministros, algunos de ellos sin una justificación clara? La fórmula es clara: presidencia donde corresponde, galardonados a su derecha, y anfitriones (directivos y jurados) a su izquierda. Y es suficiente. Los demás sobran en esta zona.

Reyes

Otro cambio que la Casa de S.M. debía resolver ya de una vez. Me consta que la Fundación lo ha intentado en numerosas ocasiones, pero sin éxito. La presencia del ayudante de campo del Rey, tras la presidencia, es excesivamente llamativo en el tiro de cámara. Es cierto que juega un papel relevante a la hora de entrega de los diplomas, pero para eso hay soluciones. Durante la ceremonia, el ayudante debería ocupar un lugar más discreto, ladeado, y solo en el momento de dar el pergamino que el Rey ha de entregar al galardonado debe entrar en la zona de la mesa de la presidencia. Si no se corrige esta situación seguirá llamando mucho la atención la presencia de un militar ayudante, precisamente en un acto que habla de paz y convivencia (con esto que no se ofendan nuestros militares que soy consciente de que su misión fundamental es garantizar la paz). Tiene solución fácil; falta solo la voluntad de hacerlo.

Llegada premiados

La presencia de los gaiteros junto a la fachada del Teatro y en lugar muy visible en la explanada, debiera requerir la búsqueda de una posición un poco más retirada (pero sin que pierdan visibilidad) para que la entrada de los premiados y de la Familia Real sea más lucida y no se estreche tanto la proyección de la imagen que se transmite.

Científicos 2

Es hora ya de que la Fundación disponga otro formato de atril. El que usa ha cumplido ya su misión histórica y necesita otro formato que evite esa sensación de mueble que separa excesivamente. Debe prescindir de una decoración floral que termina por recargar excesivamente el fondo del escenario. No le aporta gran cosa y en ocasiones le perjudica mucho. Hoy hay múltiples soluciones para evitar esa gran mancha azul del fondo del escenario. Por cierto, a esa trasera le falta una frase que en muy pocas palabras resuma la filosofía de estos premios. Daría muchas más fuerza al evento.

Foto general

Por la misma razón abogaría por retirar los dos centros florales dispuestos por delante de la mesa y en sus extremos, que obedece exclusivamente a la necesidad de tapar la cámara robotizada que dispone RTVE, entidad encargada de ofrecer la señal institucional. Valorando el uso que hace de ella los realizadores, no justifica que la mesa se vea condicionada por dos complementos que no quedan bien.

Yendo más lejos, pienso que es necesario prescindir del punto de fotografía reservado a los gráficos en el escenario. Aunque me consta los esfuerzos que la Fundación hace para limitar al mínimo el número de periodistas, sigue siendo muy alto. Aunque decisiones drásticas en este caso siempre generan el malestar de los periodistas, lo cierto es que su presencia desmerece la solemnidad del acto (entiéndase que no vamos por lo personal). Si en mis manos estuviera, reduciría la presencia a uno o dos fotógrafos de la Fundación, responsables de recoger las imágenes desde ese punto –especialmente el momento de la entrega de diplomas- y ponerlas inmediatamente a disposición de todos los medios.

Hay que buscar una solución de accesibilidad al escenario para discapacitados. Las escaleras de acceso, además de impedir que galardonados con limitaciones físicas puedan disfrutar de la misma solemnidad que el resto de compañeros de viaje, son peligrosas e incómodas para todos los premiados, muchos de los cuales por razones de edad tienen severos problemas a la hora de subir y bajar. No es fácil, conociendo el teatro, encontrar una solución sencilla, pero hay que encontrarla porque España no puede transmitir al mundo una posible incapacidad para resolver algo tan delicado como la accesibilidad. Y si ello implica la disposición de una rampa, aunque sea en perjuicio de la pérdida de aforo en las primeras filas, no quedará más remedio que hacerlo. Seguro que los arquitectos encontrarán soluciones que garanticen, además, la seguridad de todos los que hagan uso de la rampa. Quizá es hora de que el Ayuntamiento ejecute una pequeña obra que permita levantar y bajar una rampa desde el suelo con las medidas necesarias para evitar una excesiva inclinación.

Discurso Presidente

La entrega del pergamino/diploma a los premiados está bien, pero pienso que es hora ya de pensar en que lo que debiera entregarse a los premiados es la preciosa escultura de Miró, cuestión que no se ha hecho nunca por su excesivo peso (se muestran a ambos lados de la presidencia y que tras la ceremonia se envía a los domicilios de los galardonados). Se prescindió en su momento del sobre con el cheque de la cuantía del premio (no tenía sentido alguno) y creo que ahora llega el turno de hacer valer la obra de arte del genial escultor español, Joan Miró. Hay soluciones prácticas para ello. Ver a los premiados recoger el premio y salir a saludar al público con un diploma enrollado evidencia aún más una de las debilidades de estos premios, su baja cuantía frente a otros reconocimientos.

Igualmente, el Rey en su discurso debiera prescindir detanto vocativo al principio de su discurso. Pienso que con un genérico Majestad, en honor a la Reina honorífica, al anfitrión de la ceremonia, a los galardonados, a las señores y señoras autoridades y al público es más que suficiente. Ese formalismo inicial no va en línea con el fuerte calado de su discurso y el tono humanista del mismo. Y además porque con ello se da excesiva relevancia a quien en ese día no la debe tener.

Todos estos cambios y otros, son necesarios de acometer de forma progresiva, pero la solemnidad y belleza de la ceremonia, exige ya que al menos algunos de los aspectos comentados se corrijan. Obviamente, todo en su tiempo y en su momento, pero mejoraría mucho la estética de la ceremonia si se atajara lo que aquí exponemos y que personalmente he defendido, sin éxito, durante mi responsabilidad como director de protocolo de la ceremonia.

Gestos protocolarios relevantes

El acto de ayer estuvo cargado de gestos emotivos e interesantes. También había especial interés en saber si la condición de rey de Felipe de Borbón, supondría una buena excusa para acometer cambios de calado en la ceremonia. Como señalábamos al principio, no los ha habido. Tampoco era el momento. Cualquier novedad llamativa podría haber quitado protagonismo a quien más había que darselo, pues no siempre estos premios gozan de la presencia del Jefe del Estado.

Pero sí hubo algunos detalles o gestos protocolarios destacables. La interpretación del himno en su versión larga (52 segundos que se quedaron en 45, pero eso reconozco que con las gaitas atinar es complejo) sustituyó a la tradicional versión corta de 27 segundos que corresponde al heredero. Por la misma razón, la entrada de Felipe VI y Letizia Ortiz fue anunciada como Sus Majestades los Reyes de España, frente a la fórmula tradicional de Sus Altezas los Príncipes de Asturias. El Rey no hizo inclinación de cabeza como acostumbraba como heredero al llegar al escenario y girar hacia el palco de la Reina hoy honorífica, Sofía de Grecia. No obstante, el Rey tuvo el bonito gesto de girarse hace ella y saludarla con la mirada. Creo que era crucial ese detalle y quedó muy bien resuelto.

Otro cambio han sido los sillones utilizados por los Reyes. Hasta ahora, los entonces Príncipes utilizaban unos sillones en cuyo respaldo figuraba el escudo de Armas del Heredero. En la ceremonia de ayer, se prescindió, y creo que con acierto, de símbolo alguno. Iguales sillas que las de los otros dos concurrentes en la mesa: el Presidente del Principado deAsturias y el Presidente de la Fundación (anfitrión). Por supuesto, otro cambio ha sido el guión que llevaba en el coche Felipe VI. Como le corresponde lució el suyo de Rey, desplazando al azul habitual que lucía como Príncipe.

Coche oficial Rey

Obviamente, el recibimiento ha cambiado. Hasta ahora la Reina Sofía era la primera en llegar y ser recibida en el Teatro y encabezaba la comitiva hasta su acceso al palco. La Reina honorífica supo asumir su papel relegado y ocupar el tercer puesto, dejando la prioridad a los reyes titulares. Sin embargo, pese a la discreción que en todo momento quiso tener la esposa de Juan Carlos I, el rey Felipe VI tuvo numerosos detalles tanto en los movimientos protocolarios como en el discurso para disminuir el impacto de ese “relegamiento” institucional. Lo cierto es que el Rey supo manejar de forma impecable esta siempre difícil cuestión.

Caddy Adzuba Concordia2

Por primera vez lució en la parte delantera del paño que cubría la mesa presidencial la Corona de Rey, quedando en el armario la habitual corona de Príncipe que volverá utilizarse cuando Leonor asuma su rol en esta ceremonia.

En fin pocos cambios protocolarios derivados de la presencia de un Felipe como rey no como príncipe. El principal: creo que por primera vez pronunció un discurso que realmente caló en la gente, como acreditan todos los titulares de los medios de comunicación que hemos ojeado esta mañana. Esta vez el teleprompter funcionó con normalidad y el Rey hizo una exhibición de saberlo utilizar con una naturalidad espectacular que hizo pensar durante mucho tiempo que realmente tenía el discurso memorizado (pero no, leyó el que estaba previsto).

Reiteramos nuestra enhorabuena a los organizadores, y sirvan estas reflexiones como una modesta aportación pensando en el futuro de estos grandes premios que en muy pocos años se han convertido en la gran ceremonia de referencia cultural y de la paz del mundo. En eso, ha ganado ya claramente la partida a los Nobel (aunque la Fundación nunca ha querido compararse, porque sencillamente su marco y terreno de juego es otro). Pero la gente si que lo hace y por eso hay que señalar claramente que la belleza y estética de estos premios españoles superan a los de la academia sueca y noruega.

Ver cerermonia completa en: http://www.rtve.es/alacarta/videos/premios-principe-de-asturias/