“Planta tu evento”. Feliz creatividad 2014

Lápìz navideño
Comenzamos ya todos a recibir múltiples felicitaciones de Navidad por parte de amigos, conocidos y compromisos que con ese sencillo gesto tratan de trasladarnos los mejores deseos y compartir contigo un estado de ánimo que se hace más visible en estas fiestas tan sensibles. Por ello, preparar bien una adecuada felicitación requiere algo más que una simple imagen o un recurso en internet. Las felicitaciones, que prácticamente en más de un 99 por ciento llegan vía correo electrónico, tiene que decir algo a quien la recibe. De lo contrario se notaría en exceso que es un puro compromiso o que sencillamente “formas parte de una lista”. Han acabado en tus manos unos buenos deseos, pero como llegan tantos, la efectividad de la misiva puede morirse antes de ser vista. Algunas, incluso, ni llegas a abrirlas y contestas de forma mecánica porque intuyes lo que hay.
Es importante tener muy claro lo que se quiere decir y cómo transmitir el afecto y cariño, y al mismo tiempo cómo mostrar el estado de ánimo de su promotor (que es fundamental para lograr una buena intercomunicación entre las partes). A unos les gustará más o menos el resultado, pero si se nota que ha sido pensada con mimo se mirará de otra forma diferente. Es necesario decir algo que interesa por igual a las partes, pero, además, con muy pocas palabras, y al mismo tiempo desear lo mejor y tratar de hacerlo de manera optimista.
El recurso a lo clásico en las felicitaciones deja paso ahora a la creatividad natural, espontánea, sencilla y casi artesanal. Se puede encargar una felicitación a técnicos especializados que harán maravillas, pero seguramente se perderá parte de ti en esa buscada perfección. Porque en el fondo li importante no es que esté bien hecho, sino que lo que quieras compartir sea muy personal y con mensaje común. Tiene más valor algo técnicamente inferior pero que sea de uno mismo, que otra opción perfecta que se ve que no la has hecho tú. Es necesario que en esa felicitación se vea al emisor y lo que representa en la vida del receptor. Si se logra realmente compartirás el afecto y los deseos. Si no se alcanza, tu acción se habrá frenado en un mero “quedar bien” o en una acción comercial. Felicitar es compartir un deseo o un estado de ánimo común. Por lo tanto, adiós al recurso “sencillón” o a las plantillas de internet e incluso a las tarjetas postales clásicas, salvo que estén elaboradas por uno mismo. Hay que personalizar mucho.
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El mensaje navideño de ISPE
El Instituto de Protocolo y Eventos (ISPE) quería compartir el afecto y la ilusión con la familia protocolaria y después de valorar el posible mensaje y recursos, se llegó a una importante conclusión: es evidente que el sector atraviesa momentos difíciles, pero también es notorio que el repunte es una realidad. Cientos de sueños pueden ahogarse, pero una simple chispa, una pequeña dosis de suerte, una apuesta personal, un empeño… puede hacer realidad tu deseo: organizar eventos y encontrar tu hueco profesional. ¿Cómo trasladar eso? ¿Cómo enviar a las personas que aprecias y quieres, o con quienes compartes profesión, una felicitación positiva, tematizada, personal y llena de buenos deseos? Y que al mismo tiempo enlace con el tradicional espíritu navideño.
Pensamos. ¿Cuál es el recurso gráfico más habitual para felicitar en los últimos años? El árbol, sí, el árbol de Navidad. ¿Pero hacemos un árbol sin más? No. Necesitábamos otros argumentos. Vamos a vincular nuestro árbol a los eventos. Y dimos una vuelta de tornillo más: ¿qué acciones de felicitación han hecho las agencias de comunicación y de eventos donde el hilo conductor haya sido un árbol? ¿Qué eventos tuvieron este elemento de la naturaleza como eje central? Investigamos. En el tiempo que dedicamos a esta labor encontramos más de quinientas imágenes o videos donde el árbol tematizado era el protagonista. Incluso, muchas de ellas habían sido premiadas en los más importantes foros de nuestro sector.
Lo teníamos claro. Nos documentamos sobre el significado concreto del árbol navideño, que llevaba significados muy especiales a lo largo de la historia: en todas las culturas poseen aspectos simbólicos de carácter antropológico, místico o poético. La idea extendida de los aspectos benéficos de los árboles para el hombre ha dado lugar a distintas leyendas y lo ha relacionado con sentidos mágicos y rituales. Como vida inagotable equivale a inmortalidad. En la mejora de la convivencia se asocia a la ciencia.
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 Planta ilusiones
La idea, por lo tanto, era jugar con el árbol, un símbolo de unión visual en estas fechas, fácilmente entendible, y con un buen reclamo que facilitara la trasmisión de los mejores deseos. ¿Cómo decir que te vaya bien en 2014? ¿Cómo escribir que tengas unas buenas fiestas en estos momentos? Quisimos poner a nuestro árbol una estrella en forma de mensaje: “Planta tu evento”. Un doble juego que con imágenes de árboles creativos, nada convencionales, tratara de hacer llegar nuestro mensaje: que 2014 sea un buen año para ti y tus eventos. Queremos compartir nuestras ganas de crear cosas, de plantar ilusiones. Te mandamos la semilla de tú árbol, el que irás viendo crecer cada día. Ese árbol de los eventos que queremos plantar juntos.
Sólo nos faltaba seleccionar las imágenes, juntarlas y crear un mensaje de conjunto. No buscábamos las imágenes más originales, sino las más sencillas y sobretodo diversidad, pero siempre vinculado al evento y a la comunicación. “Planta tu evento” nos parecía un mensaje de tres palabras de enorme fuerza y significado y, sobretodo, llena de sensaciones. Y al mismo tiempo compartir la necesidad de que en esta etapa profesional ser creativos es clave. Por eso el cierre no debía ser el clásico “Feliz 2014”. Había que decir lo mismo pero de otra manera. De ahí surgió la frase final: “Feliz creatividad 2014”. Quedaba claro nuestros deseos para el año entrante, pero también nuestro mensaje clave.
Artesanalmente, hicimos el montaje, pensando que debía ser corto para que nadie se cansara y lo cerrara antes de llegar a la frase final. Fue difícil seleccionar entre las quinientas imágenes, porque todas ellas eran muy significativas. Pero buscando esa pluralidad nos quedamos con un puñado de ellas, cada cual con su fuerza, unas más elaboradas que otras, pero todas con simbolismo.
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La opción personalizada
Esta fórmula nos permitiría, además, disponer de una segunda opción más personalizada. Enviar  de forma personal y única, una tarjeta postal con la misma idea a personas concretas. Un díptico sencillo cuya portada fuera la imagen de uno de esos árboles seleccionados, aquél que veíamos relación con la persona a la que se dirigía. Personalizamos, y nuestro eslogan era: “Árbol para Ana. Planta tu evento”. Y ya en el interior el texto sencillo y corto: “Feliz creatividad 2014”.
No te plantes
Nuestra felicitación, “Planta tu evento. Feliz creatividad 2014” es el testimonio real de nuestros mejores deseos para toda la profesión, que con mucho cariño queremos compartir. Para que ese sueño, si todos ponemos nuestras semillas a funcionar, se haga realidad. Habiendo árbol, a poco que se cuide, habrá frutos. Muchas felicidades desde este modesto blog a todos los lectores, simpatizantes y amigos. No dejes de ser creativo en 2014 y busca tu momento para plantar tu ilusión, tu evento. No te plantes tú, planta la semilla de tu árbol, el que irás viendo crecer durante todo el año, durante toda la vida. Es el árbol de la vida.

Mayor precedencia protocolaria para el presidente autonómico

Hace ya bastante tiempo que vengo dando vueltas y reflexionando acerca de la idónea precedencia que debe de tener tanto el Presidente de la Comunidad Autónoma como el Alcalde, cuando se celebran actos de carácter general en el territorio de sus competencias. Es evidente que suscitará mi opinión polémica, posturas divergentes o apoyos, pero no busca nada de eso, sino comenzar a construir un debate profesional, lejos de la politización e intereses concretos, acerca de los cambios que más tarde o más temprano han de introducirse en el Real Decreto 2099/83 sobre el Ordenamiento General de Precedencias en el Estado. He intentado no dejarme influir para nada de la coyuntura actual, sino del balance de las tres décadas de vigencia de esta normativa (en agosto cumplió 30 años y su aniversario pasó sin pena y sin gloria, lo que demuestra el aprecio que le tenemos) y el desarrollo institucional y autonómico de nuestro país, siempre en el máximo respeto a la normativa vigente.
Aunque precisa de debate sosegado, contrastado, quiero al menos abrirlo desde esta página. Voy a la premisa principal que defiendo:  en los actos de carácter general que se celebren en el ámbito de una comunidad autónoma, si su vocación o contenido es claramente autonómico, el presidente de la Comunidad en mi modesta opinión debiera subir su puesto y colocarse inmediatamente detrás del Presidente del Gobierno si asistiera al evento, o si no tras los Reyes, Príncipes e Infantas, y si no acudiera ninguno de ellos el primero o tras el anfitrión. Casi de forma similar defiendo que en los actos de carácter general cuya vocación es claramente municipal, el Alcalde debería situarse inmediatamente después del Presidente de la Comunidad, sino estuvieran presentes los máximos representantes de los tres poderes del Estado y el Constitucional..
Para llevar a cabo esto es necesario que el Real Decreto redefina la clasificación de los actos, general y especial, matizando el factor antes aludido de “vinculación, vocación o competencia” autonómica o local. La Constitución reconoce para el Presidente de la Comunidad la representación ordinaria del Estado, tal y como dice el artículo 152, apartado 1: “(…) y un Presidente, elegido por la Asamblea, de entre sus miembros, y nombrado por el Rey, al que corresponde la dirección del Consejo de Gobierno, la suprema representación de la respectiva Comunidad y la ordinaria del Estado en aquélla (…)”.
En virtud a esto, y al notable peso político que las comunidades autónomas han tomado desde su creación hasta ahora, parece de sentido común, que en su ámbito territorial ocupen un puesto por encima al menos de los presidentes del Congreso, Senado, Poder Judicial y Constitucional. Resulta obvio que esta precedencia no sea de aplicación cuando sean actos convocados de carácter general por las instituciones centrales del estado en la Villa de Madrid, en su condición de capital del Estado.
Apelando a la lógica resulta extraño e incoherente que el Presidente autonómico se vea relegado al puesto 10 en su comunidad, por detrás de los presidentes de aquellos poderes. Si tiene la “suprema representación” no es coherente que sea dispuesto detrás del Presidente del Poder Judicial (salvo que el acto sea promovido por el Poder Judicial o esté dentro de sus posibles competencias).
En nuestra defensa, apelamos igualmente a la consideración social que tienen los presidentes del Congreso y Senado, que aunque sean legales representantes de los ciudadanos, tienen menor peso político. Y lo mismo podría decirse del resto de los poderes fuera de sus estrictas competencias. Claro que no puede admitirse como argumento la “sensación ciudadana”, salvo qué ésta sea a juicio de los expertos un fiel reflejo de la realidad. El vecino de a pie es consciente -sea de su corriente política o no- que quien realmente le representa es el presidente del Gobierno, el Presidente autonómico y el Alcalde. De lejos ve a los presidentes de los poderes y mucho más al presidente de la Asamblea Legislativa o del Delegado del Gobierno.
Soy consciente, de que esta reflexión que abro precisa de muchos matices, de mayor argumentación y más apoyo jurídico. Por ahora solo quería trasladar lo que noto en la calle y el Protocolo si quiere sobrevivir debe ser sensible a la realidad, sin menosprecio de la Constitución y el legal valor de la representación. Nadie quita valor a nadie, pero otra cuestión es cuál debe ser el ordenamiento adecuado en actos que se celebren en el territorio de una Comunidad. Insisto que es una primera reflexión, con la que se ha iniciado un amplio estudio al respecto en el Instituto Universitario de Protocolo de la Universidad Camilo José Cela, cuyos resultados esperemos conocer pronto.
En otro momento, justificaremos con mayor abundamiento la defensa de la mejora del puesto para el Alcalde del municipio.

Ceder la presidencia no es cuestión de precedencia

El deporte, en este caso, a través del gran acontecimiento que ha supuesto la elección de la ciudad sede de los Juegos de 2020 -del que desgraciadamente Madrid ha caído fuertemente vapuleada para gran sorpresa de los españoles a quienes creo que los periodistas nos llenaron de pájaros la cabeza- ha venido a demostrar que ceder el puesto del anfitrión a una autoridad en una presidencia no es cuestión de jerarquía, ni algo obligatorio o exigible, sino decisión del organizador que ha de recurrir a su propio criterio o el de la institución que representa, bien porque así esté dispuesto, por estrategia, en consonancia con lo que se pretende, por cortesía o por interés. Pero en cualquier caso con cabeza y de acuerdo a los objetivos y entorno.
Estamos acostumbrados -normalmente por imposición de un protocolo mediocre- a que el anfitrión tenga que ceder obligatoriamente cuando a su acto acude un autoridad de notable mayor rango, de tal manera que un Alcalde se ve desplazado por el Presidente de la Comunidad -quiera o no-, o un presidente de un congreso profesional por el concejal de Turismo. El Protocolo deportivo nos enseña continuamente que la cesión es algo que obedece a una justificación clara -cortesía, estrategia conveniencia, etc.-, pero no por imposición.
La delegación española mostró dos tipos de ordenación en el fatídico 7 de septiembre: una ante los miembros del COI defendiendo su candidatura, con el Príncipe de Asturias presidiendo la mesa destinada a la delegación aspirante; y otra en la posterior rueda de prensa con el Presidente del Comité Olímpico Español presidiendo con el presidente del Gobierno a su derecha y el presidente de la Comunidad de Madrid a la izquierda. Dos situaciones parecidas -la segunda sin el Heredero-, pero con soluciones diferentes.
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(Protocolo de la mesa principal en la solemne sesión ante la Asamblea General del COI: 1: Príncipe de Asturias; 2. Presidente del Gobierno; 3, Presidente del COE; 4 Presidente de la Comunidad de Madrid; 5. Juan Antonio Samaranch, miembro del Comité Ejecutivo del COI y de la candidatura española; 6: Alcaldesa de Madrid; 7: Consejero delegado de Madrid 2020 y Secretario General del COE)
Tenía sentido que ante la Asamblea General del COI el Príncipe, representando al Estado español, presidiera, transmitiendo así imagen de país por encima de colores políticos, gobiernos o intereses. Un Príncipe, llamado a ser Rey y atender su fundamental labor de representar a todos los españoles ocupaba la zona central de la presidencia, ocupando el anfitrión de la candidatura, el presidente del COE, su lado izquierdo, es decir, el puesto 3, solución en mi modesta opinión muy correcta, por cuanto que el invitado de honor queda a su derecha y logrando con ello que el puesto dos que a disposición del Presidente de todos los españoles. Algunos dirán que como era el Príncipe la cesión fue obligatoria. Ojo, que en el mundo del deporte y más en los eventos internacionales no se trabaja con estas premisas (que se lo pregunten al Soberano de Mónaco sentado como uno más entre los miembros de los CON’s o a la propia Infanta doña Pilar). Don Felipe. representando al Rey de España presidía porque así lo dice la lógica del evento en el que Madrid y España presentaba su alternativa. Su puesto conseguía visualizar mejor la idea de una representación de todo el país. Es decir, una cesión claramente justificada en este ámbito deportivo internacional donde las cesiones no abundan si no hay razones muy justificables). La precedencia o la dignidad de cargo no es razón para que el anfitrión abandone su función de presidir. (y aprovechando el viaje; una composición muy propia del deporte, a un lado las autoridades políticas, y al otro las deportivas)
Sin embargo, minutos después, ya fuera del local de la Asamblea, la delegación española, sin el Príncipe, ofreció un rueda de prensa, y en la mesa de los siete que concurrieron ante los medios de comunicación, presidió el Presidente del COE, con Rajoy (presidente del Gobierno) a su derecha y Sánchez (presidente de la Comunidad de Madrid) a su izquierda. Otra decisión muy acertada a nuestro entender. Si hubiera habido cesión en favor del Presidente del Gobierno, se hubiera descafeinado o incluso matado el objetivo del evento. ¿Qué pintaría Rajoy presidiendo una rueda de prensa de una candidatura que representaba por encima de todo el Presidente del COE? Muy correcta, pues, la decisión. Y me gustó mucho la composición del resto de la mesa, buscando la alternancia entre representantes olímpicos, políticos y deportista. Un acierto, aunque en mi modesta opinión hubiera intercambiado los puestos de la directora de Relaciones Internacionales y el del Consejero Delegado, pero tampoco tiene este dato mayor importancia para el resultado final pretendido (y el protocolo interno del COE se impuso).
(Parte central de la mesa presidencia en la Riueda de Prensa tras la presentación de la candidatura. Por orden de protocolo quedó como sigue: 1.- Presidente del COE; 2. Presidente del Gobierno; 3. Presidente de la Comunidad de Madrid. No salen en la foto, pero el resto de los componentes estaban en este orden: 4. Alcaldesa de Madrid (derecha de Rajoy, y el resto en alternancia); 5; Directora de Relaciones Internacionales del COE; 6; Paul Gasol; 7. Consejero delegado de Madrid 2020)
Y lo mismo ocurrió en la rueda de prensa previa a la Asamblea, donde el Presidente del COE presidió dejando la derecha al Presidente de la Comunidad de Madrid y la izquierda a la Alcaldesa. Otra opción hubiera sido absurda.
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(El Presidente del COE preside entre el Presidente de la Comunidad de Madrid y la Alcaldesa de la Villa)
Estos ejemplos, ambos de gran acierto, son desgraciadamente la excepción del buen hacer, en un país demasiado acostumbrado que a por exigencia el anfitrión tenga que ceder cada vez que acude a su evento una autoridad de mayor rango o sencillamente una autoridad -caso de instituciones no oficiales-. Hay que acabar con esa especie de lacra de ceder sencillamente por mirar el denostado Real Decreto 2099/83 de Ordenación General de Precedencias en el Estado. Es un error, máximo cuando el propio R.D., aunque contemple de forma indirecta la cesión, deja claro que el acto debe ser presidido por la autoridad que lo organiza. Señores políticos, o profesionales de protocolo que para ellos trabajan: exigir la presidencia sin más es un abuso que no debía tolerarse. El anfitrión es quien decide, bien porque la interesa, lo aconseja la filosofía del acto, por cortesía o por inteligencia, pero no se le puede presionar o chantajear. La imposición -directa o indirecta- actual, es de escándalo, tanto por su carácter habitual como por las formas en que se produce.
¿A alguien le pareció rara la composición de alguna de esas presidencias antes comentadas? Supongo que no. Pero estábamos ante el COI que en esto no se anda con tonterías. Los organismos internacionales creen más en el protocolo que cualquier institución española, país del que tanto presumimos de nuestro rico e histórico protocolo. Esa es la cuestión. En otra situación, no hubiéramos visto lo mismo. No tengan duda. Nos queda mucho por asumir en este país. Vayamos tomando nota.

Se va un optimista 2012, llega un 2013 que será “El año de los Eventos”

Último día de 2012. Quedan atrás 366 días de este año bisiesto que en lo económico nos ha dejado un España maltrecha, un paro galopante y una desmoralización creciente en la Sociedad que hace difícil vislumbrar el final del túnel. Desde el punto de vista del sector de la organización de eventos, 2012 ha aportado más luces que sombras. No ha sido mal año para el empleo, en proporción a otros campos, ni para el crecimiento general, como acredita el estudio de ISPE sobre el acceso al mercado laboral en este período, y como demuestra el número de eventos que ha crecido en un 23 por ciento. Es indicativo este crecimiento el hecho reconocido por la Asociacion Nacional de Marketing de que casi la mitad de los presupuestos destinados a esta actividad se han desviado hacia el ámbito de los eventos. Es decir, las empresas apuestan cada vez más por el evento como una alternativa a las tradicionales acciones de marketing, relaciones públicas y publicidad. Tal y como están los tiempos el sector de los eventos termina el curso con fuerza y con unas previsiones de crecimiento reales importante. Sin lugar a dudas 2013 será un buen año en este sentido.

Es cierto que la crisis, que en el campo de los eventos llegó antes que al resto de los sectores y vivió su gran crisis en el 2010/2011, ha hecho cambiar mucho el modelo en nuestra profesión, y hemos pasado de ser meros aplicadores de las técnicas de organización, para convertirnos en auténticos gestores de otra forma de comunicar mediante la escenificación de mensajes. Las tarifas, es cierto, se han reducido, como en todas las profesiones, y surgen cada vez con más fuerza empresas pequeñas y cientos de autónomos que buscan sus propias alternativas. Las empresas contratantes ya no buscan solo el mejor precio, sino la mejor garantía y la mayor creatividad. Una tendencia ésta que irá al alza y que abre nuevas oportunidades para jóvenes emprendedores, hasta ahora maniatados por la imposible competencia de las grandes empresas de comunicación que ante la crisis de la publicidad han virado su barco hacia el mundo de los eventos. De hecho en 2012 más del 60 por ciento de personas empleadas en las agencias de comunicación lo han sido para ocuparse de la parte de los eventos.

 

Desde el punto de vista de la profesionalidad y el reconocimiento, 2012 nos ha dejado perlas muy importantes para favorecer el necesario corporativismo, hoy fundamental para acreditarnos con fuerza ante la Sociedad. En Febrero nacía con fuerza “QueremosOrganizarEventos”, un movimiento en redes sociales que ha demostrado la necesidad de unirnos y que ha aportado resultados hasta ahora nunca conseguidos. Ha demostrado QOE frescura, fuerza, ganas, ideas, unión y debate. Ha sido como un gran Congreso permanente en el que ha habido más de un millón de intervenciones, que se dice pronto. Ha sido el hito más importante de toda la profesión.

 

La Asociación Española de Protocolo ha experimentado un crecimiento espectacular en este año, superando ya los quinientos socios, cuando en 2010 rondaba el centenar. La AEP ha organizado sus primeras Jornadas y ha entregado sus reconocimientos en el transcurso de un acto en la Casa Encendida en Madrid. Tiene mucho recorrido por delante la Asociación, pero es necesario que siga no sólo creciendo sino encontrando su lugar idóneo en un sector que está cambiando a velocidades de vértigo. Creo que la Asociación necesita más frescura y la incorporación de nuevos brazos y mentes capaces de dar respuesta a esta necesaria evolución.

 

Sigue siendo increíble el gran déficit de profesionales que no están asociados. Es hora y aunque estemos en fechas entrañables, de levantar claramente la voz para criticar abiertamente a aquellas personas que trabajando en el sector no estén en esta Asociación o en cualquier otra autonómica. Y voy a ser más duro: una persona que se dice profesional del Protocolo y no está asociado pongo mucho en duda que realmente lo sea. Soy consciente de que evidentemente ser bueno en el trabajo no requiere asociarse. Pero ser un buen profesional sí obliga a corporativizarse. Y es más: de momento a las asociaciones no se le puede exigir mucho cuando apenas tiene como asociados un simbólico número de los cientos de miles que se dedican a las competencias organizativas en nuestro país. Hay muy poca responsabilidad en este sentido y uno a veces se queda boquiabierto. Muchos nos dicen, ¿pero qué me da la Asociación? ¿Qué está haciendo? Vamos a ver. La Asociación para dar necesita fuerza y ésta solo la tendrá con la participación efectiva y real del sector.

 

Hay que pedir para 2013 que hagamos labor pura de “apostolado” de la importancia de estar en una Asociación, especialmente en la Española, único núcleo con posibilidades de agrupar los intereses de la profesión y regular el mercado de trabajo, como va a tener que ir asumiendo cada vez más. Pienso que en 2012 ha ido sentando los pilares de lo que en 2013 debe de consolidar. Confío mucho que en 2013 los profesionales se vayan integrando. La casi simbólica cuota anual no es excusa para no asociarse. El problema es que muchos no son conscientes de la importancia que tiene de unirse en tiempos complejos y de cambios, porque solo con una Asociación fuerte, con capacidad de interlocución antes las instituciones con las que debe negociar el sector profesional, después haberse ganado la primera gran batalla fundamental: ser reconocida oficialmente nuestra profesión, a raíz de que el Consejo de Ministros habilitara el Grado Europeo de Protocolo y Organización de Eventos.

 

No me corto para nada, y me reitero, que hoy debería ser obligatorio portar el carné de socio para ejercer esta profesión. Y cuando me refiero a la AEP, lo hago extensivo a cualquier otra Asociación con ámbito competencial en las comunidades autónomas o provincias. Nunca consideraré  a un profesional como tal si no asume el compromiso de corporativizarse y respetar el código deontológico. Así de claro. De lo contrario pensaré que es un “ave de paso” (con perdón). Suena duro, pero hay que empezar a llamar las cosas por su nombre y pedir mayor compromiso porque se va a necesitar mucha fuerza para luchar contra esa lacra que crece: el intrusismo. Que nadie se queje después si no ha hecho algo para apoyar el corporativismo. Ese es nuestro deseo para 2013: que las asociaciones se hagan fuertes y que todas las existentes en España confluyan en la tan necesaria Federación.

 

Hago una pregunta: ¿si eres profesional de Protocolo y Eventos por qué no estás en la Asociación? Y la respuesta no vale esta: ¿qué me da la Asociación? Ta dará mucho cuando estemos todos. Se entra en la Asociación de momento no para pedir, sino para aportar. Ese es el esquema mental que hay que cambiar. ¿Eres ya socio? ¿No? ¿A qué esperas? Van a producirse muchos cambios en el sector y hay que estar comprometido con él y trabajar todos juntos. Tener el carné hoy es una obligación y un orgullo.

 

No quiero cerrar este comentario sin hacer referencia a ese fenómeno excepcional que ha sido la consolidación del Instituto Superior de Protocolo y Eventos (ISPE-UCJC) que se ha convertido en muy poco tiempo en el gran referente formativo y dinamizador de esta profesión en España. Ha sido capaz de dar las vueltas de tornillo necesarias para adaptarse a la realidad profesional y crece a buen ritmo porque ha sabido encontrar el camino por el que avanza nuestra profesión. Nuestro reconocimiento para esta labor fruto del esfuerzo de sus responsables, sus profesores y sus alumnos, entre ellos cada vez más profesionales que precisan el reciclaje y la cualificación (curiosamente ya más demandada en las entidades privadas). No habrá una gran profesión, si detrás no existen grandes centros habilitadores para ejercerla. Otra necesidad por la que hay que apostar.

Feliz 2013, un año de muchos compromisos, muchas acciones y muy buenas ideas en marcha que harán que este período marque un antes y un después. Ese tren que arrancaba el 1 de enero de 2012, que cumplió sus estaciones, sigue su curso.

Las arras en las bodas o la señal para el contrato

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La cuestión la lanzó, a propósito del lenguaje que se utiliza en las ceremonias Regina Mª Pérez Marcos, Profesora Titular de la Facultad de Derecho de la UNED, en el transcurso de un curso de verano organizada por esta Universidad a distancia española en Ávila. Definía la profesora las arras, tal y como dice en su primera acepción la RAE, “cosa que se da como prenda o señal en algún contrato o concierto”.  En su segunda las define como “conjunto de trece monedas que, al celebrarse el matrimonio religioso, sirven como símbolo de entrega, pasando de las manos del desposado a las de la desposada y viceversa”, Y en su tercera definición “Entrega de una parte o depósito de una cantidad con la que se garantiza el cumplimiento de una obligación”. En conclusión, la profesora universitaria recomendó a quienes se quisieran casar que no utilizasen las mismas porque con ello se daba a entender que se estaba comprando a la novia mediante el depósito de una cantidad a cuenta.

Sin quitarle razón alguna a Regina Pérez, a uno inmediatamente se le viene a la cabeza cosas que se han incorporado a la tradición singular de determinadas ceremonias pero que ya poco tienen que ver con su sentido original. Es cierto, que ya desde la antigüedad y hasta no hace mucho, los matrimonios se concertaban entre padres. El padre del novio ponía el dinero y el padre de la novia la dote, definido igualmente por la RAE como “Conjunto de bienes y derechos aportados por la mujer al matrimonio, que tiene como finalidad atender al levantamiento de las cargas comunes y que le deberá ser devuelto una vez disuelto aquel”.

 

Entre arras y dotes los padres llegaban al acuerdo con independencia de lo que pensaran los hijos. Eso que originariamente respondía a un contrato social, con los siglos se ha incorporado a las bodas religiosas -no tiene razón de ser en las civiles, aunque ahora como todo se copia quién sabe, de hecho muchos organizadores de bodas civiles las incluyen en el Protocolo-. En el momento más ceremonioso de la boda religiosa, en el que la pareja se compromete de por vida, se intercambian los anillos y las arras con el simbolismo que antes recogíamos.

 

Según algunos expertos, “la tradición viene de muy antiguo y tiene su origen en Oriente. Posteriormente fue recogida por el derecho romano y establecida en España a través del derecho Germánico-Visigótico y el apoyo de la iglesia. Una tradición que, antiguamente, tenía connotaciones relacionadas con la entrega de la dote o con un premio que se pagaba por la virginidad de la esposa. Hoy en día, su significado está alejado de esta arcaica concepción del matrimonio y son un símbolo de la unión y el deseo de compartir los bienes en el matrimonio”.

 

Otros expertos afirman que “antiguamente era solo el novio quien las ofrecía, representando que le permitía a su esposa compartir sus riquezas. Tenía también la función de actuar como señal o compensación en caso de incumplimiento. En época medieval se refrendaba la entrega simbólica del patrimonio con un documento por escrito dónde se detallaban las propiedades entregadas y que se llama Carta de Arras. Las arras son de oro o plata, pero todas del mismo metal, para acentuar el simbolismo de las riquezas de los bienes presentes y futuros. Al estar hechas de un metal precioso se une el valor sentimental al real y son un objeto que se transmite al primer hijo que se case, y así sucesivamente. El número trece en este caso representa la buena suerte. En este punto se contemplan distintas explicaciones: desde la representación de Jesús y sus Apóstoles, las riquezas de los doce meses del año más uno que se entrega a los pobres o el recuerdo de las monedas pagadas a Judas”.

 

Otros expertos abundan al respecto: “Además de simbolizar los bienes a compartir, hay muchas otras teorías acerca de su significado, como que el novio las entrega como “premio” a la virginidad de su futura esposa. Suelen ser 12 de oro y una de plata o platino. Últimamente se acostumbra a que en lugar de comprarlas los propios novios sea la madrina quien las regale o bien que se hereden de padres a hijos para que su valor sentimental aumente mucho más, lo que le daría mayor significado a su entrega. Suelen guardarse en una bolsa o bandeja”. Otros especialistas hablan de una mezcla de oro, plata y bronce. En esto hay teorías para todos los gustos.

 

Esta última afirmación viene a poner de manifiesto la evolución de lo que era. De una señal de compra o contrato, a un testimonio visual de la igualdad de la pareja, donde ambas partes se comprometen a compartir todos sus bienes, “en las alegrías y las tristezas” como dice el ceremonial eclesiástico.  Algo que luego resulta chocante cuando días antes ante notario han hecho la correspondiente separación de bienes como cada vez más se hace, ante el temor de un posible divorcio.

 

Nada tengo contra estas tradiciones, porque no son obligatorias de cumplir y quien quiera cumplirlo está en su derecho y quien no también. Pero sería saludable que todos supiéramos lo que significan las cosas, en este caso determinadas tradiciones que han dejado de tener el valor original y se han incorporado a la pomposidad de la ceremonia a veces sin saber su auténtico simbolismo.  Insisto que no voy a afirmar estar en contra de todas estas tradiciones, pero me hace reflexionar que muchas de ellas aún esconden determinados “servilismos” o “dependencias” que una sociedad moderna debería dejar de lado.

 

Aún me sigo preguntando muchas veces por qué hay que inclinar la cabeza o la rodilla ante un miembro de una Familia Real. Pero, por otra parte, cómo voy a plantearme cosa tan trivial como ésta si la Semana Santa tiene un significado  de recogimiento muy profundo en la creencia católica, y para la sociedad actual no es más que una magnífica oportunidad para tomarse unos días de vacaciones. Por eso, que cada cual actúe, pero insisto que sepa lo que significan determinados elementos ceremoniosos y desdeluego que no se pontifique, que para ser más papista que el Papa solo basta con observar el gran precepto para una novia en el día de su boda:

 

“Ponerse algo viejo, nuevo, prestado y de color azul”.

 

Todo es simbólico. Lo viejo significa la conexión de la novia con su pasado familiar, por ello se le suele dejar una joya e incluso un vestido de novia perteneciente algún familiar. Lo nuevo simboliza sus esperanzas de iniciar una nueva vida prospera y feliz. Lo prestado simboliza la amistad, suele ser entregado a la novia por otra mujer que lo llevo anteriormente en su boda. Lo de color azul simboliza la fidelidad de la pareja. En a antigüedad las novias vestían de azul, hasta que la Reina Victoria estableciese el color blanco como propio de las novias.