Ceder la presidencia no es cuestión de precedencia

El deporte, en este caso, a través del gran acontecimiento que ha supuesto la elección de la ciudad sede de los Juegos de 2020 -del que desgraciadamente Madrid ha caído fuertemente vapuleada para gran sorpresa de los españoles a quienes creo que los periodistas nos llenaron de pájaros la cabeza- ha venido a demostrar que ceder el puesto del anfitrión a una autoridad en una presidencia no es cuestión de jerarquía, ni algo obligatorio o exigible, sino decisión del organizador que ha de recurrir a su propio criterio o el de la institución que representa, bien porque así esté dispuesto, por estrategia, en consonancia con lo que se pretende, por cortesía o por interés. Pero en cualquier caso con cabeza y de acuerdo a los objetivos y entorno.
Estamos acostumbrados -normalmente por imposición de un protocolo mediocre- a que el anfitrión tenga que ceder obligatoriamente cuando a su acto acude un autoridad de notable mayor rango, de tal manera que un Alcalde se ve desplazado por el Presidente de la Comunidad -quiera o no-, o un presidente de un congreso profesional por el concejal de Turismo. El Protocolo deportivo nos enseña continuamente que la cesión es algo que obedece a una justificación clara -cortesía, estrategia conveniencia, etc.-, pero no por imposición.
La delegación española mostró dos tipos de ordenación en el fatídico 7 de septiembre: una ante los miembros del COI defendiendo su candidatura, con el Príncipe de Asturias presidiendo la mesa destinada a la delegación aspirante; y otra en la posterior rueda de prensa con el Presidente del Comité Olímpico Español presidiendo con el presidente del Gobierno a su derecha y el presidente de la Comunidad de Madrid a la izquierda. Dos situaciones parecidas -la segunda sin el Heredero-, pero con soluciones diferentes.
 madrid2020 A
(Protocolo de la mesa principal en la solemne sesión ante la Asamblea General del COI: 1: Príncipe de Asturias; 2. Presidente del Gobierno; 3, Presidente del COE; 4 Presidente de la Comunidad de Madrid; 5. Juan Antonio Samaranch, miembro del Comité Ejecutivo del COI y de la candidatura española; 6: Alcaldesa de Madrid; 7: Consejero delegado de Madrid 2020 y Secretario General del COE)
Tenía sentido que ante la Asamblea General del COI el Príncipe, representando al Estado español, presidiera, transmitiendo así imagen de país por encima de colores políticos, gobiernos o intereses. Un Príncipe, llamado a ser Rey y atender su fundamental labor de representar a todos los españoles ocupaba la zona central de la presidencia, ocupando el anfitrión de la candidatura, el presidente del COE, su lado izquierdo, es decir, el puesto 3, solución en mi modesta opinión muy correcta, por cuanto que el invitado de honor queda a su derecha y logrando con ello que el puesto dos que a disposición del Presidente de todos los españoles. Algunos dirán que como era el Príncipe la cesión fue obligatoria. Ojo, que en el mundo del deporte y más en los eventos internacionales no se trabaja con estas premisas (que se lo pregunten al Soberano de Mónaco sentado como uno más entre los miembros de los CON’s o a la propia Infanta doña Pilar). Don Felipe. representando al Rey de España presidía porque así lo dice la lógica del evento en el que Madrid y España presentaba su alternativa. Su puesto conseguía visualizar mejor la idea de una representación de todo el país. Es decir, una cesión claramente justificada en este ámbito deportivo internacional donde las cesiones no abundan si no hay razones muy justificables). La precedencia o la dignidad de cargo no es razón para que el anfitrión abandone su función de presidir. (y aprovechando el viaje; una composición muy propia del deporte, a un lado las autoridades políticas, y al otro las deportivas)
Sin embargo, minutos después, ya fuera del local de la Asamblea, la delegación española, sin el Príncipe, ofreció un rueda de prensa, y en la mesa de los siete que concurrieron ante los medios de comunicación, presidió el Presidente del COE, con Rajoy (presidente del Gobierno) a su derecha y Sánchez (presidente de la Comunidad de Madrid) a su izquierda. Otra decisión muy acertada a nuestro entender. Si hubiera habido cesión en favor del Presidente del Gobierno, se hubiera descafeinado o incluso matado el objetivo del evento. ¿Qué pintaría Rajoy presidiendo una rueda de prensa de una candidatura que representaba por encima de todo el Presidente del COE? Muy correcta, pues, la decisión. Y me gustó mucho la composición del resto de la mesa, buscando la alternancia entre representantes olímpicos, políticos y deportista. Un acierto, aunque en mi modesta opinión hubiera intercambiado los puestos de la directora de Relaciones Internacionales y el del Consejero Delegado, pero tampoco tiene este dato mayor importancia para el resultado final pretendido (y el protocolo interno del COE se impuso).
(Parte central de la mesa presidencia en la Riueda de Prensa tras la presentación de la candidatura. Por orden de protocolo quedó como sigue: 1.- Presidente del COE; 2. Presidente del Gobierno; 3. Presidente de la Comunidad de Madrid. No salen en la foto, pero el resto de los componentes estaban en este orden: 4. Alcaldesa de Madrid (derecha de Rajoy, y el resto en alternancia); 5; Directora de Relaciones Internacionales del COE; 6; Paul Gasol; 7. Consejero delegado de Madrid 2020)
Y lo mismo ocurrió en la rueda de prensa previa a la Asamblea, donde el Presidente del COE presidió dejando la derecha al Presidente de la Comunidad de Madrid y la izquierda a la Alcaldesa. Otra opción hubiera sido absurda.
 Madrid rueda buena
(El Presidente del COE preside entre el Presidente de la Comunidad de Madrid y la Alcaldesa de la Villa)
Estos ejemplos, ambos de gran acierto, son desgraciadamente la excepción del buen hacer, en un país demasiado acostumbrado que a por exigencia el anfitrión tenga que ceder cada vez que acude a su evento una autoridad de mayor rango o sencillamente una autoridad -caso de instituciones no oficiales-. Hay que acabar con esa especie de lacra de ceder sencillamente por mirar el denostado Real Decreto 2099/83 de Ordenación General de Precedencias en el Estado. Es un error, máximo cuando el propio R.D., aunque contemple de forma indirecta la cesión, deja claro que el acto debe ser presidido por la autoridad que lo organiza. Señores políticos, o profesionales de protocolo que para ellos trabajan: exigir la presidencia sin más es un abuso que no debía tolerarse. El anfitrión es quien decide, bien porque la interesa, lo aconseja la filosofía del acto, por cortesía o por inteligencia, pero no se le puede presionar o chantajear. La imposición -directa o indirecta- actual, es de escándalo, tanto por su carácter habitual como por las formas en que se produce.
¿A alguien le pareció rara la composición de alguna de esas presidencias antes comentadas? Supongo que no. Pero estábamos ante el COI que en esto no se anda con tonterías. Los organismos internacionales creen más en el protocolo que cualquier institución española, país del que tanto presumimos de nuestro rico e histórico protocolo. Esa es la cuestión. En otra situación, no hubiéramos visto lo mismo. No tengan duda. Nos queda mucho por asumir en este país. Vayamos tomando nota.

La reinvención del nuevo saber estar y del protocolo social

Teléfono

Han pasado ya quince años desde que escribiera mi primer artículo en La Hora de Asturias sobre un tema de protocolo social y, obviamente, hemos dejado atrás otro número igual de años. ¿Cuánto ha cambiado la sociedad española y mundial a lo largo de este tiempo, si lo analizamos exclusivamente desde el punto de vista del saber estar, las formas, el trato, las relaciones sociales, la urbanidad, el protocolo…? Para algunos quince años es mucho tiempo; para otros, ha sido un suspiro. Pero, sea lo que sea, pocas cosas ya son iguales en tan escaso plazo de tiempo. Hace quince años mojar la yema del huevo con pan en público era casi “un delito”; hoy lo es pero, no hacerlo. La sociedad española ha variado mucho su percepción de lo que es un buena educación social, aunque es cierto que aún muchos se aferran a la vigencia de las mismas, otros estiman denostadas gran parte de ellas, e incluso otros que hacen de esa llamada buena educación un armapara mostrarse públicamente como más modernos bien a través de un estricto cumplimiento o viceversa.

En tan escaso espacio de tiempo han cambiado mucho las cosas desde el prisma de la conducta social o la buena educación. Creemos que la mayoría de estos cambios han sido para bien, aunque también se ha puesto de moda saltar aspectos de la buena educación tradicional con el ánimo de alejarse de un mal entendido protocolo. En estos tiempos, quienes no terminan de entender adecuadamente el Protocolo con mayúsculas, por una parte, y la Educación Social, por otra, optan por saltárselo sólo con la finalidad de mostrarse más rompedores o transgresores. No compartimos esa visión. La buena educación y el buen saber estar no es cosa de antiguos, retros o desfasados. Tampoco síntoma de distinción, sino sencillamente de respeto y apuesta por una buena convivencia.
No voy a entrar en señalar qué es para mí lo correcto o lo incorrecto en cada caso, porque francamente me interesa poco y además tampoco soy nadie para decir lo que está bien y lo que está mal. El propósito de estas líneas es sencillamente reflejar que en tan poco tiempo estamos viviendo un cambio sin igual en las formas de relación social. En el mismo han influido notablemente las nuevas formas de comunicación, a través de las tecnologías, la globalización y la cada vez mayor influencia de la sociedad norteamericana. Y también, por qué no decirlo, por ese sentido de lo práctico que todos hemos adquirido en una sociedad de prisas, menos jerarquizada, más igualitaria y menos dramatizada. Pero, sea por lo que sea, hay que registrar la evolución.
La denominada buena educación en términos generales ha evolucionado positivamente en muchos aspectos, aunque también hay que reflejar que la relajación en las formas ha aportado situaciones muy curiosas. Hace precisamente diez años me hacían una entrevista en el diario ABC que titulaba con una expresión mía: “La corbata como prenda obligatoria terminará por desaparecer”. Una entrevista que generó entonces alguna carta de protesta e indignación por determinados estilistas y, sobretodo, por los fabricantes de estas prendas. Pero lo cierto es que una década después hay que decir que el uso de la corbata para eventos sociales donde era imprescindible hoy ya no lo es tanto. Cada vez observamos más en actos que esta prenda ya no es tan esencial y que la moda está dando alternativas dignas que no restan para nada el buen saber estar. La corbata siempre estará ahí, pero no como complemento obligatorio. Es más, la liberación de esta obligación social ha generado claramente una mayor sensación de libertad y autonomía que entendemos positiva, siempre y cuando que el atuendo alternativo esté a la altura de las circunstancias.
A la mesa
Quizá donde más se ha notado la evaluación de las formas sociales es en la mesa. A nadie se le escapa que era habitual comer en casa de una manera y en público de otra. Por mucho que nuestros padres nos dijeran que en casa había que comportarse como lo haríamos fuera de ella, lo cierto es que al final no se hacía. Eso producía –produce– cuando comíamos –o comemos– fuera de nuestro hogar, en situaciones ajenas a los encuentros con los amigos, una cierta incomodidad. ¡Cuánta liberación sentimos cuando a alguien se le ocurre decir al inicio de la comida, “¡nos quitamos las chaquetas!”. Era como hacer que el encuentro gastronómico rompiera la frontera de un saber estar, queriendo estar, pero disfrutando estar.
No se considera hoy de mala educación en la mayoría de los encuentros gastronómicos hincar la mano a la gamba, o mojar con pan el huevo (con la ayuda del tenedor), o compartir unas almejas sin tener que separarte tu ración con una cuchara. Claro está que tampoco parece saludable untar el pan en la salsa de ese plato común. Es muy habitual hoy en las comidas de negocios solicitar uno o varios platos compartidos, para continuar con uno principal individual. Esa comida compartida que queda en el centro de la mesa, y que de acuerdo a las normas clásicas deberíamos retirar nuestra porción con los cubiertos, constituye una buena ocasión para favorecer el diálogo sin tener que estar pendiente de servirte lo tuyo. Vas picando y se favorece algo que hoy es la clave de todo: la naturalidad.
Sin embargo, es cierto que existe un mayor interés de las personas por saber comer adecuadamente, que en este tiempo han proliferado los manuales del saber estar, pero la mayoría ha sabido interpretar que la buena educación en la mesa tiene sus dosis de naturalidad, espontaneidad y sentido común. También es verdad que los restaurantes y las empresas de cáterin han adoptado soluciones que permiten atender esta evolución sin romper las buenas formas. Precisamente, uno de los mayores cambios que se han experimentado en estos últimos quince años ha sido la adaptación de la hostelería en su conjunto. Si hace veinticinco años lo más correcto en un banquete era que los invitados se sirvieran a sí mismos de la fuente o bandeja que presentaba el camarero, hoy se ha impuesto la comidaemplatada, es decir, dispuesto el alimento en el plato para el comensal. De esta manera, el invitado no sufre tanto por la dosis que ha de tomar, la manera de servirse y esa antigua obligación de tener que comerse todo el plato. Los buenos chefs prefieren que la comida llegue al invitado conforme al diseño del cocinero y no a cómo te la pueda servir el anfitrión o uno mismo. Ése, a nuestro entender, ha sido un cambio positivo. En comidas sociales la cantidad es lo de menos, y la calidad se impone. Hemos avanzado hacia una comida variada, generalmente tematizada y cuyos platos ofrecen en su presentación un diseño que más bien parece una obra de arte. Claro está, la tortilla o la croqueta siempre estarán ahí, pero hoy se presentan en estos eventos de forma alternativa y más imaginativa. Estas nuevas presentaciones que incluso a muchos comensales el propio camarero tiene que explicarles lo que es y cómo hincarle el diente.
La parte gastronómica de un evento es un importante acompañamiento a lo esencial del encuentro, que suelen ser las relaciones personales. No hay que olvidar que hace años un buen y amplio cóctel se agradecía porque era menos habitual participar en ellos, pero ahora, allá dónde hay un evento, aparece enseguida la copa y la comida. Se impone hoy sorprender con reducidas porciones de comidas impensables que obviamente gustarán más a unos que a otros. Pero, en este sentido, la tendencia actual avanza por estos derroteros. Se busca que el invitado se vaya satisfecho, pero sobretodo sorprendido y agradecido por la singularidad.
Sencillez y naturalidad
Dejando de lado las situaciones familiares o de amistad, las comidas fuera de casa se han vuelto más sencillas, menos pesadas, más ligeras y favorecedoras del intercambio de la palabra. Hemos pasado, al menos en el mundo de los negocios y las relaciones institucionales, de las comidas interminables a las comidas medidas. En este sentido, siempre me acordaré de lo que me decía una y otra vez Graciano García, director emérito de la Fundación Príncipe de Asturias, que entendía algunos protocolos como una forma de secuestrar a los invitados. “He ido a una comida y nos dieron más de las cinco”, decía el creador de los Premios del Heredero de la Corona. Lo mismo decía de otros eventos no gastronómicos: “En las invitaciones debería ponerse o bien el programa o contenido del acto o al menos el tiempo previsto de su duración, porque he ido a eventos donde calculas por lógica una determinada duración y luego resulta que no hay manera de marcharse cuando ha pasado el tiempo razonable. Es todo un secuestro”, añadía. Y no le falta razón. Creo que, en ese sentido, se ha mejorado bastante, pero aún queda camino por recorrer.
Hasta hace poco había que saludar a los demás de una forma determinada, las mujeres podían hacerlo sin levantarse del asiento, se seguía una cierta jerarquía, unos tratamientos… Hoy, también ha variado: un apretón de manos o abrazos entre ellos, y par de besos para ellas. El  casi ha barrido al usted, e incluso a veces hasta nos suena raro oírlo por ejemplo cuando un político se lo aplica al entrevistador de la tele o de la radio. Comienza a sonar raro la palabra señor o señora, hemos matado ya el señorito oseñorita (salvo para uso despreciativo), y el don ya es cosa de finolis.
Las cartas ya han pasado al olvido salvo la correspondencia oficial que incluso observamos como bichos raros. Todo lo comunicamos vía internet. Tampoco vamos al banco. Nuestra clave personal nos permite acceder a las cuentas en casa y llevarlas con más comodidad, pagamos sin desplazarnos y sin ver al receptor, quien por supuesto ni nos muestra su agradecimiento. Ya parece hortera enviar una felicitación de Navidad y buscamos opciones audiovisuales que circulan por la red. Si según un estudio de hace doce años cada español recibía una media de cuatro felicitaciones navideñas, hoy estamos por debajo de una y, sin embargo, nuestro buzón de correo electrónico en esta fechas se colapsa de felicitaciones impersonales y algunas muy poco originales. Pero claro, ya muchos padres han decidido dejar en segundo plano los Reyes Magos porque regalar en Papa Noel es dar una oportunidad al pequeño para que juegue más tiempo antes de volver al cole, mientras mata las navidades a la vera de sus abuelos, muchos ya convertidos en padres de hecho.
Encierro tecnológico
La sociedad ha cambiado notablemente. Uno mismo está escribiendo este artículo en el vagón del AVE entre Madrid y Barcelona. He observado la totalidad del convoy y de los 75 que vamos sentados en turista, 63 personas están ensimismadas en su mundo tecnológico. El ruido constante de las teclas y el tacatá de interactivos, mensajes, se rompe constantemente por los cientos de sintonías de los teléfonos portátiles o de las conversaciones donde llegar a conocer prácticamente la vida de un compañero de viaje dos asientos más allá. No se habla ya con el de al lado como en los antiguos vagones de Renfe, ni casi se levanta la vista cuando la azafata te ofrece los auriculares. Los televisores se quedan, como muchas veces en casa, encendidos como si fuera necesario acreditarnos que estamos en casa.
A los niños y jóvenes les gusta cada día salir menos del hogar. Su plataforma de juegos virtuales es más atractivo que ir a mitad del patio del colegio o sencillamente a la calle o a las zonas comunes de una urbanización. Prácticamente entre ellos se comunican más tiempo por la mensajería móvil y por las redes sociales que de palabra. Se hace la foto la niña recién peinada y a los dos minutos la puede ver medio mundo. Manda un twet y moviliza a toda su panda o, sencillamente, gasta una broma al profesor que graba en video y sube luego a las redes para ridiculizar al maestro. Los padres, todavía en proporción muy alta, no ponemos coto al abuso de estos artilugios que indudablemente conducen a la pérdida de determinadas habilidades sociales y a la vida en sociedad. Quizá por ello, cuando llega el momento del encuentro tengan que recurrir a otras hazañas o tirar del botellón sin límite para recuperar su capacidad de iniciativa o su libertad cuando está ante el ordenador. No le gusta estudiar, ni entiende para qué, porque en Internet lo tiene todo y la calculadora ofrece el resultado correcto.
En este sentido, se habla de una o dos generaciones perdidas como consecuencia de la crisis. Pero quienes tenemos la oportunidad de dedicarnos a la enseñanza desde hace muchos años también podemos constatar que una gran parte asiste, tras sus estudios universitarios iniciales, a docenas de cursos especializados. Pero gran parte de ellos carecen de iniciativa, imaginación, creatividad y habilidades, porque estas generaciones ya se han atrincherado en las redes y las tecnologías. Es increíble ir por la calle y ver a un niño de ocho años con su teléfono portátil o usarlo fundamentalmente para jugar o mensajear. O toman prestado del papi o la mami el Ipad para jugar al trivial electrónico o a las nuevas guerras de las galaxias.
Pero no sólo es cosa de niños la llegada de nuevas formas de conducta social. También los maduros hemos modificado maneras que hace bien poco generaban descalificaciones. ¿Quién no oyó alguna vez la frase “Nunca llevaré un móvil porque no quiero esa dependencia”? Hoy llevan móviles (a veces varios) todo el mundo. Incluso a los abuelos, que tanto les costaba manejarse con ellos, no se separan de los mismos un instante. ¿Quién no oyó alguna vez que en los restaurantes debería hacerse como en el Oeste, poner un letrero en la puerta como “En vez de colgar las pistolas aquí”, “Dejen su teléfono”? Hoy llegamos a la mesa y lo primero que ponemos es el teléfono, que normalmente atendemos aunque estemos en compañía, dando excusas con la llamada esperada. Se habla mucho de cuál debe ser el protocolo en estas situaciones, pero es absurdo decir que lo normal es ni sacar el teléfono, ni atenderlo salvo una verdadera emergencia, porque la realidad es otra. ¿A cuántos restaurantes no vamos sencillamente porque tienen mala cobertura, o con esa excusa levantarnos de la mesa cada equis tiempo? En este tema es curioso observar en bares de menú del día a personas solitarias con su Ipad abierto sobre la mesa y atender con una mano su facebook mientras con la otra toma su potaje o, sencillamente, viendo la televisión a la carta.
El fumar
La prohibición de fumar en espacios cerrados ha provocado otro cambio en nuestros hábitos sociales. Quienes no han podido liberarse de las ataduras del tabaco, han tenido que tirar de imaginación para aliviar su ansiedad. Saben de determinados rincones del trabajo donde puedes dar rienda a tu cigarro, o tomar la cerveza a la puerta de esos cientos de bares que se han visto obligados a crear otro tipo de terrazas, bajo setas caloríficas y entre repletos ceniceros. Claro, llegan estas épocas y los costipados, a la orden del día. No hay un lugar público que tenga un acceso digno: o te encuentros un par de ceniceros desbordados de colillas o el suelo de las inmediaciones está asolado de tabaco o un grupo de incomprendidos se encuentra compartiendo el humo de sus pitillos. Fumar ya no es cosa social, ni tampoco de hacer de ese hábito algo con estilo y respeto. La ansiedad puede con todo, incluso con la buena educación de lanzarte a la cara el humo con esa mirada muchas veces desafiante.
Asistimos a cambios importantes en las actitudes ante los demás, está claro. Resulta difícil para los estudiosos de esta materia delimitar ahora mismo qué debería ser correcto o qué no, porque lo práctico lo invade todo. El pantalón vaquero roto, las zapatillas roídas, el pantalón mostrando el tanga o el calzoncillo, la clara influencia del vestir dejado de clara influencia norteamericana invade nuestras calles. A veces en la diversión, pero también en las aulas, en los centros de trabajo y cada vez más en determinados eventos sociales. Choca mucho esta circunstancia, por ejemplo, en los jóvenes de hoy –especialmente ellas– cuando dejan en casa el pantalón raído para ponerse su espléndido vestido y maquillaje para asistir al cumpleaños de la amiga o para salir el viernes por la noche. Y no se conforman con una solución de Zara. El pelo largo ha dado paso a la maquinita en ellos, y en el caso de ellas comienzan a hacerse las mechas cuando apenas pasan los doce. No cuestionamos nada, nos limitamos a recoger estos cambios.
Situándonos en el mundo
Nos hemos vuelto todos muy modernos casi de golpe. Salimos de casa y enviamos un twet avisando al mundo de nuestros primeros pasos matinales y vamos dando muestra de nuestra existencia a lo largo de la jornada. Hay quien incluso va dejando rastros con su móvil de la ubicación en que se encuentra. Y todo pese a que decidimos aislarnos con los auriculares. Es como si se quisiera que todo el mundo supiese lo que uno hace pero que no moleste. No preguntamos al transeúnte cuando nos perdemos porque llevamos GPS. Casi no preguntamos por el nombre del hotel donde nos alojaremos, sino la dirección exacta o para ponerla en nuestro GPS, cosa por cierto ésta que ha aportado un gran servicio aunque alguna vez el artilugio nos haga dar más de una vuelta. Antes de ir a algún lugar nos conectamos a Google Map para echar un vistazo a la zona o ya ni preguntamos por qué zona cae la calle o lugar donde hemos quedado porque en menos de un minuto sabremos dónde está, cómo llegar por dónde y en cuánto tiempo. Y si lo hacemos en transporte público, nos apalancamos en el primer asiento libre, abrimos nuestro ibook y nos ponemos a leer olvidándonos del anciano o disminuido que se queda sin asiento y sin que nadie le ofrezca acomodo.
Uno va de camino al trabajo y observa cientos de tipos de todas las edades que caminan a través de sus rumbos parapetados en dos cascos con los que escuchan su música favorita o su emisora. Y adiós a los insomnios de la pareja, que sus auriculares y un Ifone o Ipad se pone a ver su película preferida y deja de dar vueltas en la cama o lanzar suspiros de desesperación. No necesitamos reloj ni despertador, ni agenda, ni libreta. Todo está en el artilugio. Por eso hoy se ha convertido en todo un drama perderlo o que te lo roben. Casi prefieres dar la cartera antes que tu móvil u ordenador.
Tiempos muy importantes de cambios, donde lo práctico se impone. Por eso, quizá entre tanta modernidad la pretendemos equilibrar a través de los programas televisivos glamurosos, mirando los vestidos de nuestras princesitas y artistas del momento o haciendo de la boda de nuestra… un evento por todo lo alto o tomando a veces decisiones increíbles cuando en un acto sencillo te están pidiendo un traje oscuro para ellos y un traje de cóctel para ellas. Es la contradicción de una sociedad que empieza a frivolizar con las relaciones sociales y no es consciente de la importancia que tienen y de saber estar a la altura de la circunstancias. Pero el mundo ha cambiado en muy poco tiempo y hay que reinventar el nuevo protocolo social. Precisamente ahora que el protocolo y la organización de eventos en su conjunto ya es una carrera oficial de Grado, un grupo de especialistas de la Universidad Camilo José Cela ha creado un grupo de investigación en torno a la Catedrá Ferrán Adriá para reinventar el nuevo protocolo que afecta a la conducta social. Ha de reinventarse porque los tiempos han cambiado y ya no podemos decir que es de mala educación dejar los cubiertos usados encima del mantel cuando reposamos para beber porque en el plato donde nos han servido la comida, cuyo fondo aparece iluminado por una bombillita no hay manera de encontrar una forma de dejar la pieza.
———————————-

Texto publicado en el periódico asturiano La Hora de Asturias con opcasión de su número 200. Tuve la oportunidad de escribir en su número 1.
http://www.lahoradeasturias.com/pdf_edicion/PDF_EDICIONES/ESPECIAL%20200.pdf
Páginas 18, 19, 20 y 21

Encuentros de Protocolo para liderar el futuro

Este martes día 22 de noviembre de 2011 asistiré a las VI Jornadas Internacionales de Protocolo que organiza la Asociación Portuguesa de Estudios de Protocolo, que preside mi buena amiga Isabel Amaral, una de las más prestigiosas profesionales de Protocolo que hay ahora mismo en Europa y en el mundo. Me ha invitado en calidad de Director de los estudios de Grado y postgrado de Protocolo y Organización de Eventos de la Universidad Camilo José Cela, junto a Gloria Campos, directora general del Instituto Superior de Protocolo y Eventos y coordinadora de Postgrado de Protocolo de la Universidad Camilo José Cela,.

En primer lugar quiero felicitar a Isabel Amaral por su espíritu emprendedor para mantener y con mucho prestigio estas Jornadas, que poco a poco se van consolidando como un referente internacional. Hay que felicitarla además por el su fuerza para tirar del carro en un momento difícil económicamente hablando para Europa y en especial para Portugal y España. Precisamente, numerosos ponentes españoles estaremos allí, en lo que es el principal punto de encuentro de profesionales de protocolo de los dos países vecinos. Además de Gloria Campos, que hablará de las nuevas estrategias formativas en el sector, me gustaría hacer mención a otra gran profesional y también referente por lo mucho que ha hecho en España por la reivindicación del puesto directivo de la mujer en Protocolo, que es María Esther Regueiro, buena persona donde la haya y mejor profesional, que en estos momentos ocupa puestos de responsabilidad en Galicia dentro de la Universidad Menéndez y Pelayo.
Me ha encargado Isabel Amaral que hable del futuro de la organización de eventos de protocolo, y aunque ella en el título oficial lo pone entre interrogaciones (supongo que como técnica para obligarme a emplearme a fondo), lo cierto es que no son necesarios. No pienso tardar ni dos minutos en acreditar el notable futuro que tiene este sector del Protocolo y la Organización de Eventos, una nueva carrera oficial llamada a tomar el relevo a otras opciones universitarias desfasadas o descafeinadas o que han derivado en otros campos.
Trataré de demostrar que Protocolo ha existido siempre, que tiene notable sustento científico, que incluye numerosas técnicas a las que se llega mediante un aprendizaje que exige el dominio de la creatividad, la madurez, el conocimiento de disciplinas esenciales del ámbito de la Comunicación… De verdad, ¿hay alguien que sea sensato que pueda decir que Protocolo no es un sector con futuro? Tiene tanto futuro que incluso está condicionando muy seriamente el futuro de la Publicidad y desde luego el de las Relaciones Públicas.  Un reciente estudio al que aludiré lo acredita, pero el mero seguimiento de la realidad lo demuestra también. Basta con fijarse que hoy en día los buenos anuncios y campañas de publicidad se basan en auténticos eventos. Toda una transformación esencial de este campo, que convierte al Protocolo probablemente en una de las materias con más futuro de las tradicionales disciplinas adscritas a las Facultades de Comunicación.
Portugal, Lisboa, es otro buen momento para reflexionar sobre el futuro de los congresos en Protocolo. Personalmente estoy absolutamente decepcionado del Congreso Internacional de Protocolo que tuve la oportunidad de crear y que los actuales responsables han derivado a un encuentro carente de interés. Por eso me alegra saber que la Asociación Española está trabajando ya, en colaboración con importantes instituciones de este país, en un Congreso Nacional que realmente sea profesional, referente y que trate temas donde el futuro vaya incluso por delante del presente.  Tengo la sensación de que el Internacional ha entrado en punto muerto, y espero que lo que la AEP está trabajando responda a la nueva filosofía de lo que hoy es Protocolo y dentro de él especialmente el sector de los eventos. Nuevas temáticas, métodos, personas, sistemas…están llamando a nuestras puertas.
Y me alegra mucho saber y participar que está en marcha otra estupenda iniciativa de encuentro para ese sector de jóvenes emprendedores llamados a tirar de este sector y entre los que hay auténticos profesionales con un futuro espectacular y otros que injustamente están esperando su oportunidad y que demostrarán a la sociedad en general su valía. Probablemente este encuentro sea su punto de inflexión. Confío mucho en que esta gente sepa estar en esta iniciativa y participe ya desde su alumbramiento. Que no espere al programa y a la convocatoria que participe ya en ello. Y los profesionales, jolín, que les ayudemos a tope. El futuro bueno está en la suma de ambos. Porque estoy convencido que quien no se apunte a esto definitivamente no es un profesional de este sector. Es un oportunista que pasa por aquí.

Otra buena noticia para la profesión

Lunes 27 de junio de 2011
Por fin las buenas noticias. Con fecha de hoy la ANECA ha aprobado la implantación de los cuatro cursos del Grado a partir del curso 2011-2012. Es decir, los interesados en poder convalidar ya se pueden inscribir. La ANECA mejora el porcentaje de asignaturas a convalidar y en consecuencia el precio desciende. Mañana daré información más precisa. Pero es una buena noticia, la segunda más importante tras aporbarse el Grado. Cuando finalice el curso 2011-2012 tendremos ya los primeros titulados oficiales.
Se respetarán los privilegios de la “promoción 0” (la que empezó este año), pero se respetarán igualmente los derechos de quienes habiendo hecho un título propio deseen acceder al Grado Oficial y según las asignaturas que hayan estudiado podrán convalidar en mayor o menor tiempo. Para los alumnos que hayan acabado los tres años del título de UCJC de tres años, sólo tendrán que hacer un curso, pudiendo finalizar en junio de 2012 y convertirse en Titulados oficiales, si tienen la selectividad. La UCJC ha preparado igualmente un Plan específico para los alumnos que hicieron título con otras universidades, que deberán superar los créditos que exige la ley en un plazo de tres o cutro cuatrimestres según cada caso (no está mal, porque también se reduce tiempo conforme al plan inicial y en consecuencia se reduce el precio bastante).
Se ha autorizado un plan específico para profesionales que se pondrá en marcha en este curso próximo que deja en cinco cuatrimestres la posibilidad de acceder al Grado Oficial y con un precio muy interesante que se dará a conocer oficialmente mañana.
Estimo que toda la profesión debe sentirse satisfecha de este nuevo paso que nuevamente hemos dado después de estar trabajando duramente desde el día siguiente en que se aprobó el Grado (30 de spetiembre). Y para quien no tenga memoria fue el 1 de octubre de 2010, dos meses después de lo que todo el mundo sabe qué pasó. Seguimos trabajando por la profesión allá donde estemos y firmes y fieles a ese compromiso quedan todavía más buenas noticias por llegar.
Como siempre estaré encantado de informar a quien precise de más datos y obviamente con todos los papeles a la vista, incluidas las resoluciones de la ANECA.

Día 27 de junio, otro buen día para la profesión.