Ceder la presidencia, una cuestión excepcional de cortesía

Ceder la presidencia en un acto debe responder a criterios de excepcionalidad. En mi modesta opinión no debe hacerse con frecuencia, porque el anfitrión es la persona que debe presidirlo. No hacerlo resulta extraño en primer lugar, y carece de sentido, en segundo. Desde el punto de vista de la tradición en la celebración de actos, es a quien le corresponde presidir, y desde la normativa prima esa situación al dejar claro que la “autoridad que organiza un acto le corresponde la presidencia”. Pero como esa misma normativa prevé la cesión al señalar que en caso de no presidir se situará en lugar inmediato, muchos se acogen a ello de forma surrealista, cuando realmente se refleja en la norma para dar amparo al anfitrión en situaciones de excepcionalidad. Continue reading

Banderas: lamentable espectáculo de Estado

Cataluña
Europa, que te pongo y que te quito.
Que te sitúo a la derecha o a la izquierda…
Que hago lo que me conviene.
(Anónimo, pero tan real como la vida misma)
Me hubiese gustado cerrar el año 2013 con algún artículo o reflexión con carácter positivo hacia la profesión de protocolo y organización de eventos, sus técnicas, sus normativas y todo lo que le rodea. Incluso había pensado en hacer una importante llamada a todas las asociaciones existentes en España en este sector para iniciar los pasos para la creación de la tan necesaria Federación de profesionales, o hacer referencia al informe de la revista Forbes que sitúa a los organizadores de eventos entre las diez primeras profesiones con más futuro en el 2014 (el sector empieza de nuevo a crecer y de forma importante). Pero la actualidad manda y hay cosas que evidentemente no se pueden pasar por alto. Hoy nos referiremos al desatino institucional sobre la bandera de España. Para otro día queda el otro desatino, que huele a cacicada, cometido por el Ayuntamiento valenciano de Xátiva que convoca dos plazas de protocolo exigiendo tan solo una “diplomatura universitaria” (y se quedan tan panchos, con cinco miembros en un tribunal seleccionados que no acredita conocimiento alguno en la materia; ¿qué criterios van a seguir para evaluar y más viendo los temas tan genéricos que han puesto?: curiosamente, uno de ellos, “la taquilla”, sin más).

 

 La profesión ha “clamado” al cielo al ver cómo en menos de tres días, nada menos que tres altas instituciones del Estado, la Jefatura –discurso del Rey el día Nochebuena-, el Presidente del Gobierno –balance del año tras el último Consejo de Ministros- y entrevista con el nuevo Presidente del Tribunal Constitucional en televisión. En los tres casos la misma situación: la bandera de España situada en segundo lugar por detrás de la europea. Una infracción (hay más) muy grave de la Ley 39/1981, de 28 de octubre, por la que se regula el uso de la bandera de España y de otras banderas y enseñas.

 

La bandera de España debe ondear sola

 

Según esta norma, aprobada por las Cortes Generales y sancionada por el propio Rey, dice en su artículo tercero:

 

Uno. La bandera de España deberá ondear en el exterior y ocupar el lugar preferente en el interior de todos los edificios y establecimientos de la Administración central, institucional, autonómica, provincial o insular y municipal del Estado.

 

Dos. La bandera de España será la única que ondee y se exhiba en las sedes de los órganos constitucionales del Estado y en la de los órganos centrales de la Administración del Estado.

 

De este artículo ya se vulneran dos preceptos, el de no ocupar un lugar preferente y no ser la única que ondee en la sede de estos organismos constitucionales (los tres citados lo son). No hay norma alguna, ni en la Unión Europea, ni en España, que regule el uso de la bandera de Europa en los organismos oficiales de los países miembros, ni referencia a su precedencia, dándose ya como costumbre que sea la última de las oficiales. En consecuencia, no hay explicación alguna para que ambas enseñas hayan sido puestas en orden inverso.

 

La precedencia legal

 

Si alguien desconoce cómo es la precedencia entre dos banderas, ha de señalarse que por costumbre –admitida como norma en este sector- la que ocupa el lugar derecho entre ellas (la izquierda si se mira de frente) tiene precedencia sobre la otra. Al respecto, el artículo sexto, en su apartado dos, dice textualmente:

 

Dos. Si junto a ella se utilizan otras banderas, la bandera de España ocupará lugar preeminente y de máximo honor y las restantes no podrán tener mayor tamaño.

 

Se entenderá como lugar preeminente y de máximo honor:

 

a) Cuando el número de banderas que ondeen juntas sea impar, la posición central.

 

b) Si el número de banderas que ondeen juntas es par, de las dos posiciones que ocupan el centro, la de la derecha de la presidencia si la hubiere o la izquierda del observador.

 

No hay posible interpretación alguna al respecto porque la norma es clara y tajante. Muchos profesionales y estudiosos en la materia han pasado de su sorpresa inicial a su posterior indignación –hablamos siempre desde el punto de vista técnico y legal- por esta lamentable actuación que afecta a la Corona, al Gobierno y al Tribunal Constitucional, nada menos. La cosa es grave, porque no hay justificación alguna para esas decisiones. Si cualquier ciudadano es penalizado por incumplir la normativa, ¿se va a hacer lo mismo en esta ocasión? Supongo que así debería ser, pero todos sabemos que no. Debería exigirse responsabilidades pues es evidente que origina un daño al símbolo de todos los españoles (que no de la Corona o del Gobierno) y a lo significa legalmente la prioridad de la enseña nacional, algo que va más allá de simples decisiones que pudieran encontrar justificación en razones políticas o mediáticas. Con la bandera no se puede jugar de esta manera desde el Estado, ni utilizarla con determinados fines diferentes a su función esencial.

 

Las razones de los actores

 

Hemos tratado de buscar las razones que los actores de este desaguisado han esgrimido para tomar esas decisiones. Respecto al Tribunal Constitucional me dicen sencillamente desde el entorno de la presidencia que han aplicado la norma y no hacen más comentarios. ¿Hay otra norma que no conozcamos? Santa respuesta, pues evidente que no hay más normativas al respecto. Su respuesta esconde evidentemente que hay un fallo clamoroso, aunque es posible que no haya intencionalidad alguna.
Pte Tribunal ConstitucionalEntrevista con el Presidente del Tribunal Constitucional de España.

Amigos fiables del entorno de la Casa de Su Majestad me han comentado que el tema fue tratado y que, finalmente, se decidió esta solución, en primer lugar porque se quiso destacar más la bandera de España, sin perder la referencia de Europa, en un momento que conviene dejar clara nuestra pertenencia a este organismo supranacional. “Somos ciudadanos españoles pero también de la Europa solidaria”, frase textual. Pero eso se podría haber hecho igual sin obligar a comparecer al Monarca ante un grave incumplimiento de una Ley que afecta al símbolo nacional por excelencia. No es moco de pavo.  Se ha pretendido que la de España estuviera más destacada dejando en un aparente segundo plano la Europea, aunque reconocen que quizá el resultado no ha sido el esperado. Dejamos registrada esta argumentación, para que todos lo sepan, aunque es evidente que no compartimos el resultado de lo buscado y menos que para ello haya que incumplir la normativa.

Rey Discurso del Rey de España en Nochebuena 2013.

 

Más sorprendente es la respuesta que nos han dado en La Moncloa. Personal cualificado del entorno del Presidente han señalado que no hay que exagerar sobre la solución dada a las banderas en la comparecencia de Rajoy ante los medios de comunicación. Se hace de una forma o de otra, pero en cualquier caso la de España está y junto a la Europea, “porque no hemos de olvidar que somos un país de la Unión. Ningún periodista se ha quejado tampoco”. No han querido explicarme los criterios que siguen para una u otra opción, lo que nos lleva a pensar que esa forma de ordenar depende del “capricho” de a quien le corresponda tomar la decisión en cada momento. La verdad es que al oír estas respuestas, por mucho que uno quiera entenderlas y encontrar un resquicio para apoyar a nuestros compañeros, no hay manera de agarrarse a nada. Tenemos una ley, pero la cumplimos o no según nos convenga, parecen querer decirnos. ¿Puede hacerse eso con un ley?
Rajoy bandera
 El Presidente del Gobierno en rueda de prensa ante los periodistas tras el último Consejo de Ministros del año.

 

En las tres instituciones, siempre se afirma que los servicios de prensa quieren que la bandera nacional aparezca en el encuadre televisivo junto al personaje. Algo que ya imaginamos, lo que nos lleva a concluir de estas pesquisas que las necesidades mediáticas están por encima de la Ley. Si tan importante es esto ¿por qué no se buscan otras soluciones legales, que las hay, o por qué no se cambia la norma para posibilitar otras alternativas? El Gobierno con su mayoría absoluta podría hacerlo sin más complicaciones, pero ¿le conviene?

 

Me desilusionan mucho estas respuestas. Siento un nuevo menosprecio no sólo al entramado legal, sino a la profesión en sí mismo. Es como si de verdad entendieran que en estos tiempos de necesaria cercanía hay que hacer lo contrario de lo que dicta el protocolo. De ser así, y todo parece indicarlo, estaríamos ante una incomprensión absoluta de lo que es el Protocolo hoy. Siguiendo ese proceder y esas argumentaciones terminarán por ser “rehenes” de un protocolo desfasado y perjudicial. De cualquier forma es muy de los comunicadores políticos recurrir a opciones y opiniones como éstas. Devastador. Espero que estos comunicadores se centren mejor en su verdadera labor, que ya bastante pena da lo que hacen estrictamente en lo suyo.
Fíjense en el caso de Rajoy en un breve período de tiempo y en situaciones muy similares el baile de banderas:
1. Imposición de la Gran Cruz al Ministro de Relaciones Exteriores de Alemania en La Moncloa (diciembre 2013)):
 Rajoy árbol (1)
2. Rajoy tras una cumbre del Consejo Europeo (diciembre 2013):
Rajoy rueda 20 diciem Consejo Europeo

3. Rajoy tras otra cumbre del Consejo Europeo (junio 2013):

 Rajoy Rueda 28 junio Consejo Europeo
4. Rajoy en una entrevista en La Moncloa a una emisora de radio española (noviembre 2012):
Rajoy buena
Un cachondeo. No tiene otro nombre, pues en situaciones similares se despachan soluciones contradictorias. Una tomadura de pelo.

 

El Estado pierde razones y fuerza moral

 

¿Qué fuerza moral le queda ahora al Gobierno, por ejemplo, para exigir a las comunidades autónomas que cumplan con la Ley de la Bandera de España (y ya ha habido sentencias del Tribunal Supremo al respecto), si su propio Presidente vulnera la norma? ¿Cómo va a perseguir el Tribunal Constitucional o la Justicia que haya ayuntamientos que no pongan la bandera nacional o la releguen con respecto a otras? ¿Qué imagen transmite el Rey anteponiendo Europa a España visualmente hablando? ¡Qué carajo de país es el que tolera este juego de banderas como si fuera algo propio del azar! Si mañana el Ayuntamiento “x” decide que su bandera ondee por delante de la española, ¿qué delegado del Gobierno tiene fuerza moral para exigir el correcto cumplimiento de la norma?

 

Sencillamente no es de recibo, y menos cuando uno observa en el histórico gráfico cómo se va jugando con el intercambio de banderas como si fuera algo del capricho o antojo de cada momento. Indigna que no se cumpla la norma, porque el Estado pierde las razones que luego esgrime o debería hacer ante determinados nacionalismos o republicanismos o similares. Si los altos responsables del país actúan así, ¿qué representa la bandera de España entonces?

 

Nunca sabremos a ciencia cierta si fueron fallos, descuidos o decisiones intencionadas. Pero tanta reiteración y coincidencia nos lleva a pensar que las casualidades no prodigan tanto en el ámbito protocolario. Uno tiene la sensación al ver estas cosas de que hay desprecio por el cumplimiento de la norma e insensatez a la hora de valorar las repercusiones. Muchos señalan que tiene que haber razones para esto (supongo que las habrá, pero obviamente las desconozco). Pero las haya o no (normalmente de carácter mediático o fallo en la interpretación de la Ley), estamos ante una grave ilegalidad.

 

La solución francesa

 

Se ha alegado que en la comparecencia del Monarca, la enseña europea estaba un poco más atrás que la española (si fue así, muy poco perceptible), adoptando la opción francesa de la colocación oblicua de las banderas, en cuyo caso la de España debería estar manifiestamente en primera línea y la europea en segunda. En ese caso debe visionarse claramente tal situación, cosa que no ocurría en La Zarzuela, donde más bien, parecía, incluso, que la Europea era de distinto tamaño, y muy mal dispuesta (casi parece una descortesía hacia la comunitaria).
Sarkozy
El entonces presidente francés Sarkozy en un acto institucional en el Palacio del Elíseo.
En el caso francés queda clara la preeminencia de la bandera francesa, quedando más cerca del presidente. En situaciones como éstas no se juzga la derecha o la izquierda, sino antes la primera línea frente a la segunda.

 

Si las autoridades consideran que la de Europa debe ir primero o que la de España ha de quedar más próxima a la persona que presida, debería modificarse la ley vigente e incluir la opción lineal, en cuyo caso el problema quedaría resuelto, ya que en este supuesto se empezaría a ordenar desde la persona que preside, para dejar la última enseña más alejada del centro de interés. Pero esa opción no la contempla la norma. Es cierto que la ordenación lineal por costumbre puede aplicarse también, pero la misma costumbre se refiere a situaciones claramente diferentes a las que hemos visto y que para no alargar este artículo dejaremos para otra ocasión.
En definitiva no veo justificación alguna a las decisiones adoptadas y sí una importante ilegalidad que preocupantemente se reitera. ¡Qué cambien la Ley! Pero mientras sea ésta, la Ley es igual para todos, y ha de cumplirse. De no ser así, que nadie diga nada cuando veamos imágenes como éstas:
Euskadi
 Toro
Lamentable espectáculo de Estado.

Llega la hora del compromiso de los profesionales de Protocolo y Eventos

Llevo ya un tiempo sin escribir en este blog. No ha sido por falta de ganas, sino por falta de tiempo para sentarte unos instantes y  meditar sobre cosas que nos interesan. Y a lo largo de este período he ido anotando  cuestiones que merecían espacio, unas de actualidad, otras de profesión, de estudios, de oportunidad… Sin embargo, el siempre complicado final de cada curso, me ha impedido abrir este blog y escribir, algo que me apasiona. De eso algún día os hablaré, de cómo me inicié en este mundo, desde que con apenas unos añitos sorprendiera a mis padres, a la vuelta de la Vigilia Pascual de la noche de Sábado Santo, se encontraran una “mini fiesta” en casa en base chocolate y galletas.
Pero como digo, eso será otro día en el que uno tenga una carácter más intimista y sea capaz de abrir su alma para contar un testimonio más de cómo se puede cuando se emplea uno a fondo llegar a alcanzar tus objetivos.
Sin embargo, mi reflexión de este primer domingo de junio, quisiera dirigirla a los importantes acontecimientos que en estas jornadas pasadas hemos vivido. Se ha celebrado el primer foro nacional de Queremosorganizareventos, un éxito sin precedentes en la profesión, donde no sólo se ha conseguido reunir a un buen número de expertos en tiempos económicamente difíciles, sino donde se ha posibilitado algo que normalmente en los congresos no se alcanza: que cada asistente sea un ponente, porque todo el mundo tiene algo que decir sobre los temas que se ponen en la mesa. Se ha generado ilusión, amistades, contactos, ofertas, sinergias, equipos. Gente con más y menos experiencia hemos compartido por igual la esperanza de nuestros objetivos. No ha habido “poltronas” para sabios, sino sillas para todos los que con sus palabras piensan que pueden aportar. El Foro ha marcado un antes y un después en la profesión, porque ha integrado a generaciones emergentes que cada vez toman más la batuta.
Me ha resultado muy chocante ser receptor de algún comentario de profesionales que recelan de este movimiento. Estamos en un país, ya se sabe, que cualquier iniciativa siempre cuenta con la crítica de alguien. En vez de sumarse para mejorar, se despotrica, y normalmente sin razón. ¿Es posible cuestionar que un millar de personas se reúnan en torno a una red social y hablen de lo suyo, y que en un momento dado sus caras dejen de ser una foto y se encuentren físicamente? ¿Se puede tener recelos de que la gente trate de organizarse para mover la profesión y sacarla del atasco actual? No tengo el dato exacto, pero QOE ha generado más de trescientos impactos directos positivos en medios de comunicación influyentes en apenas un mes. ¿Quién se beneficia de ello? Que nadie recele de que QOE es alternativa a nada, salvo al pesimismo y al derrotismo, y desde luego un acicate que estará dando fuerte para que las asociaciones cumplan con su cometido. Queremosorganizareventos, donde conviven gente de protocolo, de eventos, marketing, comunicación,  es un gran lobby positivista que pone todas sus herramientas al servicio de este sector que está esperando de nosotros un importante cambio conceptual y pragmático, al tiempo que reclama un nuevo marco en el que se mueva el protocolo. Recelar no tiene sentido alguno.
Sin embargo, uno sí recela de quien recela, y perdonen el juego de palabras. Llevo 32 años en esta profesión, y desde siempre he venido oyendo la reiterada petición de que nuestra profesión debe ser oficializada. Bueno, ese momento ya ha llegado y ahora que está aquí, muchos expertos se sienten amenazados por esas nuevas generaciones que accederán a la profesión por donde debe ser, a través de los estudios oficiales. ¿Amenazados? Como en todas las profesiones, nos vamos a encontrar con el típico y ya denostado comentario: donde realmente se aprende es en la calle. No lo dudo. Pero yo aprendí más rápido en la calle cuando al lado tenía personas que me enseñaban, y no sólo las técnicas, sino el por qué de las mismas. Hemos conseguido oficializar la profesión, y ahora a los profesionales nos queda el compromiso de ser consecuentes y ayudar. Nadie va a perder el puesto por esto, y en cambio tiene mucho que ganar, especialmente en el respeto y la autoridad en nuestra competencia, cuando lo que hacemos ha sido dignamente reconocido por el Estado.
Es evidente que hay un antes y un después, en el que debe respetarse el deseo de las nuevas generaciones por encontrar su oportunidad y que al mismo tiempo no se cuestione a quienes se han ganado su reconocimiento por el esfuerzo y el trabajo durante años. Pero lo mismo que los maestros, tras tres años de estudios en Magisterio y de llevar en muchos casos años impartiendo clases, han tenido que hacer un curso de adaptación para acceder al Grado y no quedarse atrás, los profesionales deberían plantearse cómo van a acometer su reciclaje y su reconocimiento personal. No basta con pedir los estudios oficiales y luego cuestionarlos cuando vemos que ello implica un esfuerzo personal añadido.
Desde la Asociación Española de Protocolo y las universidades, entre ellas la Camilo José Cela, está haciendo un esfuerzo ímprobo para que los profesionales puedan “regularizar” su situación al respecto, sin que ello suponga una inaccesible carga ni de trabajo ni económica. Ya hay un buen número de profesionales que han dado el paso, otros tendrán que darlo y, es cierto, que para otros -los menos- no será necesario, pero éstos últimos deben volcarse en ayudar a consolidar el reconocimiento obtenido. Solo con compromisos así pienso que de verdad se es consecuente con la histórica demanda.
Desde la aprobación oficial del Grado, parece que todas las puertas oficiales y empresariales se han abierto de par en par. Desde el ofrecimiento del Gobierno a poner sobre la mesa la normativa oficial de Protocolo para su actualización, la revisión del Derecho Premial, la redefinición del término protocolo en la Real Academia Española, la aprobación de un Máster Oficial en Protocolo y Eventos, en todas sus modalidades (lo que permite que llegue a todo el mundo y que el factor ciudad ya no sea excusa), la posibilidad de doctorarse para hacer frente a la creciente demanda de profesores que en numerosas carreras, diferentes a la nuestra, han incorporado el Protocolo y los Eventos, los próximos acuerdos con la CEOE, son algunos ejemplos de este importante cambio. El día 22 de junio salen a la calle los primeros graduados de quienes habiendo superado en su momento un Título Propio Universitario han hecho el curso de adaptación. Más del cincuenta por ciento de los mismos trabajan ya, por cierto, y han sido consecuentes con su reivindicación. Ahora se muestran totalmente legitimados para exigir el respeto merecido. En 2014 saldrá la primera promoción oficial de quienes desde septiembre de 2010 se han venido formando en el Grado conforme a los criterios de Bolonia y el reconocimiento del Estado. Será seguramente uno de los momentos más felices, al menos en mida.
En esta profesión están ocurriendo muchas cosas y me da la sensación a veces de que no todo el mundo es realmente consciente de lo que está significando el nuevo estatus de nuestra profesión tras su reconocimiento. La Asociación Española de Protocolo, ahora con un tercio de afiliados que serán Graduados el 22 de junio, está obligada a capitanear con buena mano izquierda y con criterio muchas de estas cuestiones. La primera de ellas y la más urgente propiciar la creación de una Federación de Profesionales de Protocolo y Eventos, que integre todas las asociaciones existentes y las muchas que a partir de ahora irán saliendo desde los diferentes territorios. Apostar por ello con humildad, con el único afán que de verdad estemos unidos y fijemos reglas de juego que están en nuestras manos. De no hacerlo se corre una grandísimo riesgo de que otras posibles plataformas, con planteamientos más actuales y al día, puedan dinamitar lo que tanto ha costado fraguar en el seno de las asociaciones.
Volviendo a atrás, se ha criticado que muchos miembros del QOE no lo son de las asociaciones. Aún reconociendo que ciertamente no todos lo son, gran parte sí. En cambio, dejo la pregunta en el aire: ¿cuántos profesionales de Protocolo en ejercicio de nuestro país son miembros de una Asociación profesional? No llega ni al uno por ciento. Para meditar.