Protocolo para generar empatías

Hacer protocolo hoy ya no es sólo comunicar, aplicar normas y tradiciones. También es “empatizar”, generar empatías, es decir, conseguir que con tu evento “conectas” con tu público y éste contigo, que hay sintonía mutua. Ese es el gran cambio de la organización de eventos en el mundo actual. Las entidades privadas lo saben y pretenden buscarlo, y las instituciones oficiales han de empezar a pensar que lo más importante es el acercamiento por mutua aceptación. Por lo tanto el protocolo oficial está entrando en otra dimensión, en otra galaxia, que va más allá del mero cumplimiento de la norma. No pretendo para nada redefinir lo que es protocolo, pero sí queda cada vez más claro que el ejercicio de protocolo, incluso en los más altos eventos de Estado, tiene que concebirse la organización con una finalidad de llegar a los ciudadanos y clientes y lograr el “feeling” necesario para ganar en credibilidad y romper barreras. El diccionario de la Real Academia Española define la empatía como un “sentimiento de identificación con algo o alguien” y, también, como la “capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos”. De ahí los amplios cambios que en los últimos diez años se están produciendo en el ámbito de la organización y en el protocolo severo de Estado. Las normas están para cumplirse, pero éstas quedan condicionadas a la consecución de esta empatía. Ello obliga a hacer referencia a las denostadas frases de “romper el protocolo”, “saltarse el protocolo” o “hacer protocolo a la carta”. Algo que a los profesionales no les gusta demasiado porque pone en jaque los llamados “mínimos” y genera inseguridad porque da la sensación de que impera el “vale todo” con tal de conseguir lo que los promotores desean. Pero estas apreciaciones necesitan matizaciones.

Protocolo empatías

Los profesionales de protocolo somos auténticos directores de orquetsa en la construcción de relaciones humanas e institucionales

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Asociacionismo en Protocolo y Eventos, el debate pendiente

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Imagen del último debate sobre profesión y asociacionismo en el IV Congreso Universitario de Comunicaciñón y Eventos, celebrado en el Real Jardín Botánico de Madrid.

Conversaba tranquilamente hace unos días con la presidenta del capítulo español del Meeting Professionals International (MPI), la asociación más importante del mundo de profesionales del sector de los eventos, Ángeles Moreno, sobre la situación en general de nuestra profesión en España. Era una reflexión interesante que venía a cuenta sobre cómo debía plantear su conferencia inaugural del curso académico del Instituto Superior de Protocolo y Eventos (ISPE). De esa charla he de confesar que aprendí muchas cosas de las que tomé buena nota, pero quedé especialmente pensativo cuando hablando en general me señaló:

  • “Hay dos tipos de asociaciones. Las que se hacen para defenderse de los múltiples problemas de los que siempre nos quejamos… o las que se hacen para pensar en futuro, para consolidar proyectos e ideas en tono positivo…”.

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El profesional de “eventos” gana terreno al de “Protocolo”

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Este artículo nunca hubiera querido escribirlo. Pero soy consciente de que las realidades profesionales evolucionan, unas veces para mal y otras para bien. En nuestro caso tenemos que esperar para valorar. Es cierto es que la profesión de técnico o experto en Protocolo se demanda menos y, en cambio, crece exponencialmente la de técnico de eventos o expresiones similares (si utilizamos términos ingleses sonaría mucho mejor para algunos), aparentemente más atractiva y de futuro. Os invito a una simple lectura de las últimas ofertas de trabajo que publica habitualmente en su blog Gloria Campos para confirmar este cuestión (incluso la Casa Real británica para su equipo de protocolo oferta un puesto denominado Assistant Events Coordinator, cuyas funciones son organizar ceremonias para el disfrute de millones de personas, según dice la convocaroria; ¿no es eso un técnico de protocolo en toda regla?). De hecho, la mayoría de quienes hicieron estudios de Protocolo en las diferentes universidades se promocionan en redes sociales como expertos en eventos y retiran cada vez más la palabra protocolo. ¡Será por algo!, digo. Cualquiera que lo mire puede comprobarlo. Puedo añadir por experiencia propia que quienes vienen a la universidad a hacer estos estudios apenas preguntan por protocolo y sí por eventos, dándose la circunstancia de que un alto porcentaje matizan más: “No quiero protocolo, sino estudiar organización de eventos”. Una carrera que por cierto compite cada vez con más fuerza con las clásicas de periodismo y relaciones públicas. De hecho en la Universidad Camilo José Cela es la que más alumnos tiene de las cinco que ofrece la Facultad de Ciencias de la Comunicación, habiendo alcanzado para este curso el máximo cupo que el Ministerio le permite.

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El verdadero protocolo moderno

Motos MoncloaLos actos protocolarios de las administraciones públicas españolas necesitan de una importante actualización. Solo viendo esta imagen de La Moncloa, de las que se podrían aportar cientos similares, no es necesario insistir mucho en la necesidad de propiciar eventos con otro estilo. Los políticos se juegan mucho en ello.
 
El II Congreso Universitario de Comunicación y Eventos que se celebrará en el Hotel Meliá Princesa de Madrid los próximos dias 3, 4 y 5 de abril,  reserva un importante panel para la tarde del segundo día en el que se reflexionará y debatirá con la ayuda de diferentes profesionales, sobre la conveniencia o no de que los actos oficiales, promovidos por las administraciones públicas, evolucionen en sus formatos y contenidos, incluso en su concepto y sentido comunicacional.  Es una cuestión que se habla en círculos pequeños, pero que no ha generado ni estudios, ni propuestas, ni interesantes reflexiones, ni debates.  De ahí que en el contexto en el que se mueve este segundo encuentro que promueven varias universidades, entre ellas la Camilo José Cela y la Complutense de Madrid, se haya querido coger el “toro por los cuernos”.
La pregunta es clara y concisa: ¿Deben los servicios de protocolo de las instituciones oficiales diseñar, programar y ejecutar sus actos de acuerdo a un formato más en línea con los tiempos actuales? La pregunta parece sencilla, y probablemente muchos respondan de forma positiva. Pero es compleja la respuesta. Además, se supone que en determinados casos el “cambio” ni tan siquiera es posible, especialmente en aquellos eventos que vienen precededidos de costumbres y tradiciones que conviene respetar. Pero es un error pensar así. También los eventos más tradicionales pueden sufrir modificaciones positivas.
Convencer a los políticos
La mayoría admitimos que las administraciones, con sus actos, transmiten una imagen antigua y desfasada, que distancia, que no comunica… En definitiva que somos partidarios de avanzar hacia nuevos modelos que conllevarían sustanciales cambios conceptuales y escenográficos, entre otros. Pero al reflexionar sobre esto, los profesionales rápidamente sacamos nuestro pesimismo al respecto: imposible de plantear, los políticos no están por la labor, ni tampoco hay dinero para ello.
Uno se pregunta si realmente el problema está en los políticos o en nosotros mismos. Es cierto que los profesionales en su mayor parte apostamos por avanzar y no perder la estela de los nuevos formatos de eventos empresariales, culturales, etc, que tan buenos resultados de comunicación y marketing reportan, a juzgar por los balances del ROI. Pero creo que los profesionales debemos de superar ese pesimismo y quizá nuestra labor, en estos tiempos de recortes, es sentar las bases necesarias para los actos públicos de las instituciones públicas en los proximos años. Es probable que ahora, en el contexto económico en el que se encuentran las administraciones, los políticos no quieran ni oir hablar del tema, pero también es cierto que tampoco se les explica bien lo que de positivo tendría en el necesario acercamiento gobierno-ciudadanos. No creo que este apostolado se esté haciendo bien.
¿Sabemos en qué consiste el cambio?
Por otra parte, tengo severas dudas de que realmente exista clarividencia sobre cómo aplicar la creatividad, las tecnologías y las nuevas tendencias a los actos oficiales. No estamos hablando de que haya que llenar de plasmas los salones de actos, ni entregar ipads a los invitados, ni iluminar especialmente el salón de recepciones. No. Estamos hablando de hacer actos o eventos de otra manera, con otro concepto, con otra puesta en escena, con otro sentido, con perspectiva de conseguir un Retorno favorable de la Inversión. Y si no lo tenemos claro nosotros, menos nuestros representantes.
Creo, desgraciadamente, que en el sector el pesimismo es tan fuerte que muchas ideas no llegan ni a plantearse. Un error. Incluso ni a pensarse, lo cual es peor. Pero debemos reinventarnos con urgencia, proponer formatos alternativos y generar eventos con otro estilo que hagan recuperar la fe a nuestros políticos sobre la importancia que tiene un buen protocolo y lo que de él se deriva, y un buen equipo de profesionales detrás. Veo que estamos bastante parados y siempre echando la culpa al presupuesto, cuando es cierto que no siempre este inmovilismo responde a criterios económicos.
Las empresas han reducido en los últimos años drásticamente sus presupuestos, pero siguen haciendo eventos con fuerte impacto y buscando nuevas experiencias que permitan fidelizar a sus clientes. No siempre es cuestión de dinero, sino de ideas y cómo gestionar las mismas. Los profesionales de protocolo no debemos olvidar que además de hacer protocolo debemos saber gestionarlo, y eso implica muchas cosas más que no se están haciendo (hablamos en general). El concepto de gestión va más allá de una mera planificación.
Si a un alcalde le planteas eventos que consiguen fidelizar a sus “clientes”, ahora con eventos de bajo coste, seguro que empezará a pensar de otra manera. Pero, ¿le estamos ofreciendo bien esos eventos? ¿Y qué eventos? ¿Sabemos realmente cuál es la manera más acertada de ejecutar eventos comunicacionales y experienciales, por ejemplo? Creo sinceramente que esta reflexión del II Congreso puede aportar luces y pienso de verdad que los profesionales necesitamos una importante puesta al día. Más de lo que pensamos.  Para empezar hay que saber muy bien en qué consisten de verdad los eventos del siglo XXI. El protocolo moderno no es actualizar precedencias, ni normativas, ni tan siquiera tecnologías o espacios… Es mucho más. El protocolo moderno creo que lo desconoce la mayoría. Es una pena, pero llama urgentemente a nuestras puertas.

¿Qué hay que estudiar para ser político?

congreso-diputadosEsta semana de nuevo los profesionales de Protocolo y Organización de Eventos hemos vuelto a estar en la picota de los medios de comunicación a propósito de la cualificación para ejercer en política con un Grado Oficial Europeo en aquella disciplina, aprobado por el Ministerio de Educación en septiembre de 2010, ratificado en noviembre del mismo año por la Consejería de Educación del Gobierno de la Comunidad de Madrid, presidido entonces por la popular Esperanza Aguirre, y por el Consejo de Ministros del Gobierno socialista que presidía José Luis Rodríguez Zapatero en 2011. La designación del Secretario de Estado de Servicios Sociales e Igualdad, Juan Manuel Moreno, como candidato a las elecciones en Andalucía, graduado en Protocolo y Organización de Eventos, lanzaba el debate en este sentido y que ha tenido un buen campo de abono en las redes sociales.

 

Algunos periodistas comentaban con un sospechoso desprecio hacia estos estudios“asuntos que, por lo visto, dan ahora para una licenciatura universitaria”, decía el desconocedor comentarista Juan Miguel Vega en la edición andaluza de El Mundo. Su puya es una indignante burla (utilizada en este caso para cuestionar al candidato andaluz) hacia la cualificación académica de que quienes tenemos responsabilidades en un ámbito que afecta de forma singular a la economía general del país, a sus relaciones internas y, por su puesto, a su imagen de marca y relaciones exteriores. Siguen algunos desinformados sin darse cuenta del importante segmento laboral que ocupamos y que representa un volumen de facturación de casi nada: 54 billones (con b) de dólares en el mundo desarrollado. Y en España, país receptor de turismo y en consecuencia de eventos, es el sector que más ingresos genera a la economía nacional, más de un 7 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB).  Las cifras de empleo e impacto económico

 

Los viajes y el turismo de negocios, aspectos que tienen relación directa con los Eventos, constituyen una de las industrias más grandes del mundo, con 255 millones de puestos de trabajo y el 9 por ciento del PIB mundial, según el Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC). Una cifra espeluznante que hace que uno de cada diez empleos esté vinculado a nuestro sector. En 2013 ha generado cien mil puestos de trabajo y entre 2011 y 2021 crecerá de media un cuatro por ciento. Según aquél informe “los viajeros de negocios y los profesionales de la industria de reuniones y eventos desempeñarán un papel clave en dicho crecimiento”. Según este estudio la “industria conseguirá un mayor reconocimiento por el impacto económico favorable que tiene en comunidades locales y países de todo el mundo”.

 

Si alguien piensa que para algo tan sumamente fundamental en la economía de un país y del mundo no se precisa una cualificación específica, es que obviamente tiene una venda en los ojos. La evidencia es tal que tampoco perderemos tiempo en ello, porque obviamente claro que da (y mucho) para una licenciatura o un Grado. Desconocen los “acertados” periodistas que más de 90 universidades de todo el mundo imparten esta titulación. Por algo será. Sobran los comentarios, porque de lo contrario habría que cuestionarse si para crear un anuncio hay que estudiar publicidad cuatro años, o para escribir una crónica debe hacerse un Grado de cuatro años o si para atender una farmacia hay que meterse en una complicada carrera de esta especialidad.

 

La política como carrera

 

Sin embargo, sí deseo dar vuelta a la cuestión: ¿cuáles son los estudios que ha de tener un político? ¿Es la política tan siquiera una carrera? Si planteáremos directamente qué habría que estudiar para ser político, es muy probable que la mayoría de los consultados terminaran por citar (por eso de que suena parecido) que la cualificación académica idónea es el Grado de Ciencias Políticas.  Sin despreciar asignatura alguna, de los numerosos planes de estudios que hemos consultado, no puede deducirse que esa sea la única manera de llegar a ser politico. Desde luego para un Ministro de Sanidad no es clave, ni para un Ministro de Agricutura o Consejero de Obras Públicas o un Presidente de Comunidad. No niego que el dominio de esas materias sean buenas para un político, pero también hay muchas otras que se imparten en otras carreras. Es curioso porque la mayoría de los politicos proceden del mundo del Derecho y uno ve los planes de estudios de este Grado y se queda con bastantes interrogaciones (es inevitable pensar en el fácil recurso de la corrupción).

 

Es difícil determiner cuál es la carrera idónea para ser politico, entre otras cosas porque no es posible establecerla. A la política se llega desde diferentes cualificaciones académicas que se van implementando con diferentes postgrados, formaciones específicas y experiencia. ¿Por qué no se puede llegar a ser Presidente de la Comunidad Autónoma, Alcalde, Consejero o Jefe de la Casa de Su Majestad el Rey estudiando un Grado en Protocolo y Organización de Eventos donde se estudiandisciplinas que tienen amplio interés para la política? ¿O es más idóneo que un diplomático sea el máximo responsable de los altos asuntos del Rey? ¿O es mejor politico Rajoy por haber estudiado Derecho y convertirse en Registrador de la Propiedad o Felipe González abogado laboralista o Toni Cantó  actor o Cayo Lara agricultor?

 

Actores, agricultores, químicos,enfermeros…

 

Según la SER, 126 de los 350 diputados de la décima legislatura se dedican a la funcion pública. A mucha distancia le siguen los abogados con 51 representantes (que si contamos los que no ejercen pero tienen esos estudios aumenta a 150), los profesores universitarios con 24 representantes, 19 médicos, 9 economistas, 6 empresarios, 5 periodistas, 1 agricultor (por cierto Cayo Lara, secretario general de Izquierda Unida) y un actor (Toni Cantó). Hay datos muy curiosos, por ejemplo, 42 veterinarios, 2 químicos, 1 orientador escolar, varios ingenieros, 1 enfermero, 1 asesor fiscal, etc. ¿Cualifican sus estudios y profesiones para ser políticos? (ver documento de El País sobre estudios y profesiones de los diputados en base a los datos facilitados por la Cámara Baja). En este contexto, no me cabe la menor duda que los estudios de Protocolo y Organización de Eventos cualifican por igual que otras carreras clásicas y modernas y en muchos casos más que las que exhiben algunos diputados.

 

Mirarse al ombligo

 

Como bien señala Ignacio Arango, jefe de Protocolo del Ayuntamiento de Siero (Asturias) y coordinador del movimiento nacional “Queremos Organizar Eventos” (QOE), “no pretendemos entrar en ninguna guerra dialéctica ni que se ensalce nuestra profesión más allá de su justa medida, de eso se tendrán que encargar las personas, empresas o entidades que confíen en nosotros para la gestión de sus intereses; sin embargo, sí pretendemos que no se ponga en duda nuestra profesionalidad, nuestra dedicación y nuestro empeño”. Queda todo dicho en esa frase.

 

Si lo que han querido es desacreditar a un político, que no lo hagan a costa de una profesión que ha trabajado muchos años por su reconocimiento y que tras demostrar durante tiempo, a través de estudios serios y rigurosos, la necesidad de crear unos estudios específicos en la materia como los que existen en la mayor parte de Europa, América y Oceanía. Han conseguido que el realismo se imponga y hoy sea un hecho que da respuesta a algo necesario. Los periodistas que se sorprendan por la necesidad de estudiar “estas cuestiones”, debieran mirarse en el ombligo de su propia profesión. Y desde luego, cada político que se pregunte si sus estudios han sido decisivos para convertirse en político. Si fueran sinceros, nos íbamos a sorprender.

Protocolo 2014 se llama Unidad

Estamos a escasas horas de que 2013 sea historia. Es más, es muy probable que cuando la mayoría lea esto ya lo será. Como todo, para unos habrá sido mejor o peor que para otros. No queremos hacer balance, ni tan siquiera fijar horizontes para los próximos doce meses.
Simplemente quería hacer este breve post, en la antesala de una noche que permite soñar y esperanzarse, para pedir a todos que confíen en quienes plenamente en quienes somos profesionales de protocolo y eventos. A los políticos y autoridades, porque nos necesitan más que nunca en una España que aún vivirá situaciones complejas; a los empresarios, porque para hacer crecer sus negocios necesitan de ese saber hacer que acreditan estos profesionales; y a la sociedad en general para que nos vean como técnicos en una disciplina seria sin la cual no podríamos evolucionar, ni entendernos, ni avanzar en los objetivos de paz, convivencia, igualdad y justicia.
Dennos en 2014 el voto de confianza que ya en otros países desarrollados  tienen los técnicos de eventos y que han situado este sector entre los diez primeros que más crecerán este año, según la Revista Forbes. Apuesten por nosotros porque ganarán seguro. Mírennos de otra manera, la propia de quienes tienen que ocuparse de algo que afecta al quehacer diario de las personas, instituciones y entidades, sencillamente porque está presente en todo. Abrácennos, porque somos personas que trabajamos por el bien general de la sociedad global.
Y tú, compañero de profesión, deja de aislarte, de pensar que todo gira entorno a ti, que eres autosuficiente, que no tienes nada nuevo que aprender, que la colectividad es una entelequia y no sirve para nada. Contribuye con humildad desde tu rincón al renovado oficio y junta tu mano a las nuestras porque 2014 es el año de la unión de los profesionales. La que nos ha de llevar a tener la misma voz estemos donde estemos. Esa voz dulce y amable, pero firme y severa. La voz que sabe explicar, pero también conquistar.
Gracias lectores por vuestra fidelidad, por las casi 173.000 entradas que hemos tenido en este blog en el año que finaliza. Confío que desde este muro virtual, vez a vez, contribuyamos a que el protocolo se entienda como algo necesario y positivo.
Alzo 2014 veces la copa para brindar por un año que, como en los últimos, nos traerá globalmente a la profesión excelentes buenas noticias. Que tú consolides tu puesto, que tú lo consigas, que tú hagas el evento de tu vida, que tú sigas ilusionado con lo que haces, que tú… Cada uno que ponga su frase y la etiquete en su cabeza y corazón.
Que no se pierda la ilusión, porque sin ella entonces no seríamos nada. Planto mi evento a escasas horas de este primero de enero, extiendo mis manos y pido por encima de todo seguir siendo un enamorado de esta profesión y amigo de todos los profesionales. Unidos a ellos sé que merecerá la pena recorrer este nuevo año. 2014 ya tiene apodo en nuestro ámbito: unidad.  Felicidades, campeones.

“Planta tu evento”. Feliz creatividad 2014

Lápìz navideño
Comenzamos ya todos a recibir múltiples felicitaciones de Navidad por parte de amigos, conocidos y compromisos que con ese sencillo gesto tratan de trasladarnos los mejores deseos y compartir contigo un estado de ánimo que se hace más visible en estas fiestas tan sensibles. Por ello, preparar bien una adecuada felicitación requiere algo más que una simple imagen o un recurso en internet. Las felicitaciones, que prácticamente en más de un 99 por ciento llegan vía correo electrónico, tiene que decir algo a quien la recibe. De lo contrario se notaría en exceso que es un puro compromiso o que sencillamente “formas parte de una lista”. Han acabado en tus manos unos buenos deseos, pero como llegan tantos, la efectividad de la misiva puede morirse antes de ser vista. Algunas, incluso, ni llegas a abrirlas y contestas de forma mecánica porque intuyes lo que hay.
Es importante tener muy claro lo que se quiere decir y cómo transmitir el afecto y cariño, y al mismo tiempo cómo mostrar el estado de ánimo de su promotor (que es fundamental para lograr una buena intercomunicación entre las partes). A unos les gustará más o menos el resultado, pero si se nota que ha sido pensada con mimo se mirará de otra forma diferente. Es necesario decir algo que interesa por igual a las partes, pero, además, con muy pocas palabras, y al mismo tiempo desear lo mejor y tratar de hacerlo de manera optimista.
El recurso a lo clásico en las felicitaciones deja paso ahora a la creatividad natural, espontánea, sencilla y casi artesanal. Se puede encargar una felicitación a técnicos especializados que harán maravillas, pero seguramente se perderá parte de ti en esa buscada perfección. Porque en el fondo li importante no es que esté bien hecho, sino que lo que quieras compartir sea muy personal y con mensaje común. Tiene más valor algo técnicamente inferior pero que sea de uno mismo, que otra opción perfecta que se ve que no la has hecho tú. Es necesario que en esa felicitación se vea al emisor y lo que representa en la vida del receptor. Si se logra realmente compartirás el afecto y los deseos. Si no se alcanza, tu acción se habrá frenado en un mero “quedar bien” o en una acción comercial. Felicitar es compartir un deseo o un estado de ánimo común. Por lo tanto, adiós al recurso “sencillón” o a las plantillas de internet e incluso a las tarjetas postales clásicas, salvo que estén elaboradas por uno mismo. Hay que personalizar mucho.
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El mensaje navideño de ISPE
El Instituto de Protocolo y Eventos (ISPE) quería compartir el afecto y la ilusión con la familia protocolaria y después de valorar el posible mensaje y recursos, se llegó a una importante conclusión: es evidente que el sector atraviesa momentos difíciles, pero también es notorio que el repunte es una realidad. Cientos de sueños pueden ahogarse, pero una simple chispa, una pequeña dosis de suerte, una apuesta personal, un empeño… puede hacer realidad tu deseo: organizar eventos y encontrar tu hueco profesional. ¿Cómo trasladar eso? ¿Cómo enviar a las personas que aprecias y quieres, o con quienes compartes profesión, una felicitación positiva, tematizada, personal y llena de buenos deseos? Y que al mismo tiempo enlace con el tradicional espíritu navideño.
Pensamos. ¿Cuál es el recurso gráfico más habitual para felicitar en los últimos años? El árbol, sí, el árbol de Navidad. ¿Pero hacemos un árbol sin más? No. Necesitábamos otros argumentos. Vamos a vincular nuestro árbol a los eventos. Y dimos una vuelta de tornillo más: ¿qué acciones de felicitación han hecho las agencias de comunicación y de eventos donde el hilo conductor haya sido un árbol? ¿Qué eventos tuvieron este elemento de la naturaleza como eje central? Investigamos. En el tiempo que dedicamos a esta labor encontramos más de quinientas imágenes o videos donde el árbol tematizado era el protagonista. Incluso, muchas de ellas habían sido premiadas en los más importantes foros de nuestro sector.
Lo teníamos claro. Nos documentamos sobre el significado concreto del árbol navideño, que llevaba significados muy especiales a lo largo de la historia: en todas las culturas poseen aspectos simbólicos de carácter antropológico, místico o poético. La idea extendida de los aspectos benéficos de los árboles para el hombre ha dado lugar a distintas leyendas y lo ha relacionado con sentidos mágicos y rituales. Como vida inagotable equivale a inmortalidad. En la mejora de la convivencia se asocia a la ciencia.
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La idea, por lo tanto, era jugar con el árbol, un símbolo de unión visual en estas fechas, fácilmente entendible, y con un buen reclamo que facilitara la trasmisión de los mejores deseos. ¿Cómo decir que te vaya bien en 2014? ¿Cómo escribir que tengas unas buenas fiestas en estos momentos? Quisimos poner a nuestro árbol una estrella en forma de mensaje: “Planta tu evento”. Un doble juego que con imágenes de árboles creativos, nada convencionales, tratara de hacer llegar nuestro mensaje: que 2014 sea un buen año para ti y tus eventos. Queremos compartir nuestras ganas de crear cosas, de plantar ilusiones. Te mandamos la semilla de tú árbol, el que irás viendo crecer cada día. Ese árbol de los eventos que queremos plantar juntos.
Sólo nos faltaba seleccionar las imágenes, juntarlas y crear un mensaje de conjunto. No buscábamos las imágenes más originales, sino las más sencillas y sobretodo diversidad, pero siempre vinculado al evento y a la comunicación. “Planta tu evento” nos parecía un mensaje de tres palabras de enorme fuerza y significado y, sobretodo, llena de sensaciones. Y al mismo tiempo compartir la necesidad de que en esta etapa profesional ser creativos es clave. Por eso el cierre no debía ser el clásico “Feliz 2014”. Había que decir lo mismo pero de otra manera. De ahí surgió la frase final: “Feliz creatividad 2014”. Quedaba claro nuestros deseos para el año entrante, pero también nuestro mensaje clave.
Artesanalmente, hicimos el montaje, pensando que debía ser corto para que nadie se cansara y lo cerrara antes de llegar a la frase final. Fue difícil seleccionar entre las quinientas imágenes, porque todas ellas eran muy significativas. Pero buscando esa pluralidad nos quedamos con un puñado de ellas, cada cual con su fuerza, unas más elaboradas que otras, pero todas con simbolismo.
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La opción personalizada
Esta fórmula nos permitiría, además, disponer de una segunda opción más personalizada. Enviar  de forma personal y única, una tarjeta postal con la misma idea a personas concretas. Un díptico sencillo cuya portada fuera la imagen de uno de esos árboles seleccionados, aquél que veíamos relación con la persona a la que se dirigía. Personalizamos, y nuestro eslogan era: “Árbol para Ana. Planta tu evento”. Y ya en el interior el texto sencillo y corto: “Feliz creatividad 2014”.
No te plantes
Nuestra felicitación, “Planta tu evento. Feliz creatividad 2014” es el testimonio real de nuestros mejores deseos para toda la profesión, que con mucho cariño queremos compartir. Para que ese sueño, si todos ponemos nuestras semillas a funcionar, se haga realidad. Habiendo árbol, a poco que se cuide, habrá frutos. Muchas felicidades desde este modesto blog a todos los lectores, simpatizantes y amigos. No dejes de ser creativo en 2014 y busca tu momento para plantar tu ilusión, tu evento. No te plantes tú, planta la semilla de tu árbol, el que irás viendo crecer durante todo el año, durante toda la vida. Es el árbol de la vida.

Mayor precedencia protocolaria para el presidente autonómico

Hace ya bastante tiempo que vengo dando vueltas y reflexionando acerca de la idónea precedencia que debe de tener tanto el Presidente de la Comunidad Autónoma como el Alcalde, cuando se celebran actos de carácter general en el territorio de sus competencias. Es evidente que suscitará mi opinión polémica, posturas divergentes o apoyos, pero no busca nada de eso, sino comenzar a construir un debate profesional, lejos de la politización e intereses concretos, acerca de los cambios que más tarde o más temprano han de introducirse en el Real Decreto 2099/83 sobre el Ordenamiento General de Precedencias en el Estado. He intentado no dejarme influir para nada de la coyuntura actual, sino del balance de las tres décadas de vigencia de esta normativa (en agosto cumplió 30 años y su aniversario pasó sin pena y sin gloria, lo que demuestra el aprecio que le tenemos) y el desarrollo institucional y autonómico de nuestro país, siempre en el máximo respeto a la normativa vigente.
Aunque precisa de debate sosegado, contrastado, quiero al menos abrirlo desde esta página. Voy a la premisa principal que defiendo:  en los actos de carácter general que se celebren en el ámbito de una comunidad autónoma, si su vocación o contenido es claramente autonómico, el presidente de la Comunidad en mi modesta opinión debiera subir su puesto y colocarse inmediatamente detrás del Presidente del Gobierno si asistiera al evento, o si no tras los Reyes, Príncipes e Infantas, y si no acudiera ninguno de ellos el primero o tras el anfitrión. Casi de forma similar defiendo que en los actos de carácter general cuya vocación es claramente municipal, el Alcalde debería situarse inmediatamente después del Presidente de la Comunidad, sino estuvieran presentes los máximos representantes de los tres poderes del Estado y el Constitucional..
Para llevar a cabo esto es necesario que el Real Decreto redefina la clasificación de los actos, general y especial, matizando el factor antes aludido de “vinculación, vocación o competencia” autonómica o local. La Constitución reconoce para el Presidente de la Comunidad la representación ordinaria del Estado, tal y como dice el artículo 152, apartado 1: “(…) y un Presidente, elegido por la Asamblea, de entre sus miembros, y nombrado por el Rey, al que corresponde la dirección del Consejo de Gobierno, la suprema representación de la respectiva Comunidad y la ordinaria del Estado en aquélla (…)”.
En virtud a esto, y al notable peso político que las comunidades autónomas han tomado desde su creación hasta ahora, parece de sentido común, que en su ámbito territorial ocupen un puesto por encima al menos de los presidentes del Congreso, Senado, Poder Judicial y Constitucional. Resulta obvio que esta precedencia no sea de aplicación cuando sean actos convocados de carácter general por las instituciones centrales del estado en la Villa de Madrid, en su condición de capital del Estado.
Apelando a la lógica resulta extraño e incoherente que el Presidente autonómico se vea relegado al puesto 10 en su comunidad, por detrás de los presidentes de aquellos poderes. Si tiene la “suprema representación” no es coherente que sea dispuesto detrás del Presidente del Poder Judicial (salvo que el acto sea promovido por el Poder Judicial o esté dentro de sus posibles competencias).
En nuestra defensa, apelamos igualmente a la consideración social que tienen los presidentes del Congreso y Senado, que aunque sean legales representantes de los ciudadanos, tienen menor peso político. Y lo mismo podría decirse del resto de los poderes fuera de sus estrictas competencias. Claro que no puede admitirse como argumento la “sensación ciudadana”, salvo qué ésta sea a juicio de los expertos un fiel reflejo de la realidad. El vecino de a pie es consciente -sea de su corriente política o no- que quien realmente le representa es el presidente del Gobierno, el Presidente autonómico y el Alcalde. De lejos ve a los presidentes de los poderes y mucho más al presidente de la Asamblea Legislativa o del Delegado del Gobierno.
Soy consciente, de que esta reflexión que abro precisa de muchos matices, de mayor argumentación y más apoyo jurídico. Por ahora solo quería trasladar lo que noto en la calle y el Protocolo si quiere sobrevivir debe ser sensible a la realidad, sin menosprecio de la Constitución y el legal valor de la representación. Nadie quita valor a nadie, pero otra cuestión es cuál debe ser el ordenamiento adecuado en actos que se celebren en el territorio de una Comunidad. Insisto que es una primera reflexión, con la que se ha iniciado un amplio estudio al respecto en el Instituto Universitario de Protocolo de la Universidad Camilo José Cela, cuyos resultados esperemos conocer pronto.
En otro momento, justificaremos con mayor abundamiento la defensa de la mejora del puesto para el Alcalde del municipio.

¿Qué esconden los pocos que se oponen a la existencia del Grado en Protocolo y Organización de Eventos?

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Observo que algunas personas que se dicen miembros activos (¿?) del sector de Protocolo, incluso con responsabilidad en algunas asociaciones profesionales, siguen empeñados en intentar denostar la carrera de Protocolo y Organización de Eventos. ¿Por qué? En las conclusiones de la casi totalidad de los congresos, jornadas, simposios, encuentros internacionales, nacionales, europeos, etc, la reivindicación de la oficialidad de los estudios siempre ha estado presente. El sector lo ha venido demandando continuamente y la realidad demuestra que hay espacio suficiente para estos nuevos estudios, que sí habilitan claramente para la organización de eventos. Si alguien tiene dudas le bastaría con chequear los programas Periodismo y Publicidad y Relaciones Públicas y opinar si se habilita desde ellos para esta profesión nuestra.

Es más amenazan con el fracaso y quieren incluso apuntar nombres de responsables en caso de que eso ocurriera. Es lamentable que uno de los éxitos más preciados que ha tenido la profesión, reivindicada desde la Organización Internacional de Ceremonial y Protocolo y todas las asociaciones españolas, se alcen voces de algunos ejecutivos tirando dardos envenenados contra una profesión que por la vía de sus estudios ha sido reconocida por el Consejo de Ministros. Olvidan estos denostadores que en Europa existe esta carrera desde hace décadas y que las salidas profesionales son claras y evidentes. Olvidan que nada menos que el 7 por ciento del producto interior bruto español se mueve en torno a este mundo.

 

Se dice que los relacionistas y periodistas pueden cubrir esta franja profesional, pero en los planes de estudio de ambas carreras en España apenas hay más de una asignatura (quien la tiene) que tenga que ver con el Protocolo y la organización. Tengo muy claro qué deben hacer los relacionistas, que tienen campo sobrado, y los periodistas. Pero también no me cabe la menor duda de que los de Protocolo y Organización de Eventos tenemos el nuestro.

 

Vuelvo a hacerme la pregunta: ¿qué intereses guardan quienes día sí, y día también no hacen más que intentar desprestigiar los estudios de la UCJC (y ahora los de la UMH) de Protocolo? Sospecho cuáles son esos intereses, pero deben tener el pudor de decirlos. Los estudios de Protocolo existen en España desde hace mucho tiempo, y la primera Escuela que los puso en marcha tuve el honor dirigirla. Ofreciamos entonces estudios propios de diferentes universidades, porque no había otra opción, y muchas siguen ofreciéndolos, porque hay lugar para todos y nada sobra. Muchos de esos estudios eran de tres años. Ahora se han convertido en estudios oficiales, ¿qué hay de malo en ello? Antes criticaban que eran títulos sin valor, ahora pretenden quitarles el valor que reclamaban.

 

Jugar a la confusión es fácil, pero hay que ser más leal a la profesión, a los profesionales. No critican los másteres porque consideran que es la mejor vía para se formen los interesados en Protocolo, pero en cuanto una universidad consigue que el Máster se oficialice también se critica, y se dice que da igual, que sea oficial o no. Miren, perdónenme, la oficialización de unos estudios, la gran demanda de esta profesión, significa mucho más allá que las tonterías que se dicen. Entre otras cosas porque un técnico de protocolo, con su Grado, tiene la misma cualificación que un licenciado o graduado en otras disciplinas del ámbito de la comunicación. Solo por eso ya merece la pena. Además, si toda la carrera se centra en enseñar a organizar eventos y conocer el protocolo de hoy, con la transversalidad de disciplinas que debe tocar, es muy positivo para todos.

 

Por eso digo, que solo personas que juegan a otros intereses pueden oponerse, y sobre todo cuando están erre que erre… ¿Qué buscan con ello?

 

Por cierto, ¿cuántas cabezas habría que cortar a quienes convirtieron en oficial la carrera de Relaciones Públicas y hoy apenas tiene salidas? Insisto, ¿por qué ese afán en desprestigiar este importante avance. Que lo pueda decir alguien que no conoce nuestro oficio puedo entenderlo, pero ilustres doctores que hacen gala de la necesidad del buen protocolo, de su investigación, de la adaptación de las normas, de establecer una ética profesional, de que se nos trate como personas cualificadas, es incomprensible. Y como tal solo hacen que desacreditarse.

 

Por qué además critican unos estudios de Grado y postgrado oficiales que están sometidos a la auditoria permanente del Ministerio, a criterios docentes e investigadores, etc., y no se critica al resto de las opciones formativas, que tienen menos controles públicos. Está claro por dónde van los tiros. Son muy, muy, poquitos los que critican, pero somos miles los que decimos que lo mejor que le ha pasado a la Profesión de Protocolo es que hayan sido reconocidos sus estudios. Y los periodistas a lo suyo, y los relacionistas a lo suyo. Quienes nos dedicamos a Protocolo y Organización de Eventos tenemos bastante con lo nuestro. Y muy orgullosos y muy seguros de que se va en el camino correcto. El código ético de la profesión, aprobado por un buen número de asociaciones nacionales, considera grave falta esta forma de denostar. ¿No se van a tomar  medidas? Quizá es a los responsables de que se cumpla ese código a quien habría que pedirles responsabilidades desde ya.

La etiqueta oficial y social del siglo XXI está por llegar

Al pasar por el kiosco para comprar mi periódico diario, los ojos se me fueron enseguida al titular de una revista muy conocida que en grandes caracteres titulaba: “¿Qué es Cool hoy? EL NUEVO PROTOCOLO. Tocados, pelo suelto, colores pastel, brazaletes, algo dorado…y un toque barroco”. Aunque el tema está centrado en el nuevo look que las novias buscan ahora para “The Big Day” (“Es época de cambios; las novias buscan otras fuentes de inspiración y reinventan su estilo”, cita textual del antetítulo del reportaje en páginas anteriores, que precede en grande a “El nuevo protocolo”).

No voy a hablar del cool de las novias, que en su derecho están de sentirse más modernas con su toque personal -por cierto, parece ser que el tocado logra más fácilmente ese propósito que el velo o el peinado a secas-. En el día de su fiesta y compromiso, que lo celebren a su manera y como mejor lo deseen. Nada que decir.

 

Sin embargo, a propósito de lo visto en esta Revista, resurge la necesidad de seguir reflexionando sobre los aspectos de la etiqueta que rodean al mundo del protocolo, ceremonial y los eventos en general. No comparto para nada que a la etiqueta se le llame protocolo, aunque es cierto que ambos comparten espacios y eventos, por lo que no hay que demonizar para nada la etiqueta, ni para actos oficiales, ni empresariales ni sociales. Es un tema del que hay que hablar y reflexionar, porque efectivamente estamos en un mundo sometido a cambios permanentes y la etiqueta no se queda al margen.

 

En muchas ocasiones la etiqueta se utiliza como un factor de distinción, ya sea personal o social.  Cada persona, en su concurrencia pública, allá donde vaya, busca una etiqueta que considere acorde con su propio estilo, o le resulte cómoda o adecuada para su actividad. Esa etiqueta personalizada, esa que cada mañana decidimos tras la dicha despertadora, es cuestión de cada persona y tampoco queremos entrar en ello. Pero en cambio, sí quisiéramos hacer una reflexión general sobre la etiqueta que afecta al mundo de los eventos.

 

Hemos defendido en numerosas ocasiones que indicar en una invitación la etiqueta alivia a muchos invitados a la hora de encontrar la ropa adecuada, la que no desentonaría, a la que cada uno luego puede darle su toque de distinción personal acorde a su identidad o imagen. Sin embargo, creo que en muchas ocasiones se fuerzan mucho etiquetas para eventos donde no sería necesario ser tan rigurosos. Incluso llegan a despersonalizarlo y a perder su propia identidad y objetivo. Parece que un acto sino se pide el traje oscuro para caballeros y el corto o de cóctel o largo para señoras no tiene el empaque que el anfitrión le quiere dar. Algo para nosotros absurdo. Y qué se puede decir cuando se piden etiquetas a las que muchos deben de recurrir a tiendas de alquiler para salir del paso, como el esmoquin, el chaqué o el frac.

 

Insistimos en no demonizar etiqueta alguna, sino solo reflexionar. Por ejemplo, se nos ha hecho muy extraño que en la tradicional cita veraniega en el Palacio de Marivent, en Palma de Mallorca,  el pasado 14 de agosto, del Rey -que pasa allí sus vacaciones- con el Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ambos concurrieran con corbata. No digo que sea incorrecto o adecuado, ni mucho menos,  sino que se hace raro que mientras la España estival, entre olas de calor,  hicieran su reunión de trabajo con traje y corbata, como si fiera pleno invierno en La Zarzuela. Soy consciente que con estos atuendos se pretende transmitir una imagen de trabajo, ya que de aparecer en mangas de camisa o sin corbata pudieran entenderse que ambos se han juntado para pasar un día de playa. Pero la gente que ve la imagen no es tan tonta.

 

Personalmente, creo que políticos, empresarios y otras personalidades que dan por hecho que allá donde vayan oficialmente han de hacerlo en corbata, caso de hombres, o su correspondiente en las mujeres, es algo que debiera de irse asumiendo en su no obligatoriedad. Hemos estado unos días de vacaciones en un lugar costero conocido del sur de España, y encontrarnos con algún ministro, conocido empresario o alto directivo, caminando por el paseo marítimo o cenando en una terraza con su pantaloncito corto, sus chanclas y su polo (a cual más divertido). Incluso, ante algún conocido decirle “casi no te reconozco con esta ropa”, a lo que nos respondió: “Lo importante de las vacaciones es olvidarte del traje y la corbata”. La respuesta tiene sentido, pero inmediatamente uno se dice: pero si es la misma persona e incluso va más jovial y elegante.

 

Aunque es evidente que en el ámbito institucional y de los negocios no puede uno vestir igual que si estuvieran en la playa, pienso que en el caso masculino nos hemos aferrado excesivamente a la corbata como una prenda obligatoria de la que no se puede prescindir porque  pues vas a considerar que te mirarán raro en ese entorno. No compartimos para nada la obligatoriedad que nos imponemos para utilizar estas prendas clásicas, salvo en los claros casos que lo justifica. Para mí Mariano Rajoy es el mismo que acude a ver al Rey en corbata o que al día siguiente asiste a un mitin sin ella o sencillamente en mangas de camisa (y decimos Rajoy como podríamos decir cualquier político).

 

Es evidente que estamos en un mundo en cambios y que la crisis ha acelerado drásticamente muchas cosas. Los políticos se azaran enseguida en anunciar sus recortes en gastos de protocolo, pero siguen mostrándose distantes con gran parte de la sociedad que les ve en el “club de los corbata”, esos que tienen trabajo, ingresos suficientes, que parecen más poderosos, que se sitúan por encima de los demás. No debe renunciarse insisto a la etiqueta cuando el guión lo exige, pero se abusa mucho de determinadas prendas de las que se podrían desprender en numerosas ocasiones. Parece incluso que la corbata va con el capitalismo, porque en otros países que dicen ser contrarios a él, se han deshecho sus políticos y empresarios de esta prenda, a la que solo recurren -y no todos- cuando conviene en las relaciones internacionales o en los negocios. Y con la crisis hoy los políticos y empresarios deberían pensar en cambiar la estrategia de su vestimenta.

 

Es probable que a muchos se les haga duro pensar que debemos dar pasos hacia una etiqueta nueva, propia del siglo XXI. Creemos que en las comidas o cenas oficiales o similares no oficiales el frac, el chaqué o el esmoquin está ya fuera de lugar en estos momentos. Creemos que la corbata como uniforme permanente de trabajo -en cualquier lugar- no siempre está justificado. Nos alegra ver a personalidades y hombres de negocios con atuendos alternativos, elegantes y apropiados, pero lejos de esa uniformidad que ya es del siglo XX. Vemos una frivolidad que en muchas bodas testigos e invitados tengan que llevar el chaqué y todos los invitados pasarse antes por la boutique de marca para dejarse como mínimo sus trescientos euritos, que unido al regalito sube un pico. Y además, es absurdo. Lástima que incluso en las más jovencitas se haya introducido ese afán de que a las fiestas haya que ir vestidas “de protocolo” o de “glamour”.

 

Esta sociedad sufre permanentes vaivenes en cuestiones de moda y etiqueta. Cuando lo” cool” se pone de moda lo clásico pierde valor. Cuando quieres distinguirte un poco más juegas entre el “cool” y el “retro” o lo clásico. El asunto es marear la perdiz. Sin embargo, en el ámbito de los eventos, de todo tipo, la etiqueta del siglo XXI no termina de encontrar su hueco. En el caso de los hombres la corbata deja de tener valor porque es lo habitual, y aunque las mujeres tienen mayores vías de escape algo parecido está ocurriendo. Por eso el caso de ellas las marcas encuentran su agosto ofreciendo nuevos estilos para ser más “cool” sin renunciar a ciertas cosas clásicas, mientras nuestros políticos y empresarios siguen ahogándose en su corbata o en su chaqueta falta/pantalón. Estamos convencidos de que la etiqueta de este siglo está por llegar, y confío que los inventores de la moda no frivolicen y sepan capaces de sacarnos de un atuendo que estimamos ya antiguo.

 

Somos conscientes de que reflexiones de este tipo tendrán sus defensores y detractores. Nos hemos limitado a trasladar nuestras impresiones y algunos razonamientos, porque es un tema al que hay que empezar ya a coger los toros por los cuernos. Y que los fabricantes de corbatas no se enfaden, pero que potencien alternativas dignas de nuestro tiempo (que ya hay muchas, aunque en este mundo al que nos referimos no ha calado aún). Pero como todo, al tiempo.