El compromiso personal por la profesión de eventos y protocolo

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(Reunión de delegados territoriales de la AEP celebrada en Madrid).
 
(Confío que si empiezas a leer esta reflexión lo hagas hasta el final porque solo así podré considerarte profesional de verdad. No por lo que yo piense, sino por la importancia de los temas que se tocan en este, quizá, largo artículo. Porque hay cosas que no se pueden decir en tres palabras, aunque las tenía: “Haz algo ya”).
El 4 de abril la Asociación Española de Protocolo (espero que pronto se añada la expresión: “y Eventos”), AEP (AEPE), elegirá su presidencia, vicepresidencias y Junta Directiva. Concurre para su reelección Juan Ángel Gato, en el que sería su segundo mandato al frente del colectivo. A la fecha actual, sólo se conoce su candidatura, que presentará cerca de doscientos avales, lo que representa un tercio del total afiliados. Este dato es significativo, porque de haber un único candidato éste se convertiría en presidente por aclamación, según los estatutos, cuestión para la que resulta importante valorar la legitimidad moral y política y ésta nos la da, no solo el acreditado trabajo realizado en el periodo que se extingue, sino el número de personas que le avalan. Este tercio de socios que han hecho llegar su apoyo representa el mayor número de avales presentados en la historia de la Asociación y triplica el quórum habitual que acude a las asambleas que convoca esta entidad. Confiemos, por cierto, que en esta Asamblea los socios comiencen a ejercer su responsabilidad y la primera de ellas sea acudir a esta gran cita.
El posible reelegido o el nuevo presidente (si fuera el caso) de la AEP debe enfrentarse a tres retos fundamentales y que a mi juicio vertebran la esencia de este mandato, ya que resultan claves para el futuro desarrollo de una profesión que, aunque algunos sean escépticos, sí se está consolidando, aunque no por donde algunos piensan.
Reto 1: la colegiación
El primer reto es sentar las bases necesarias para plantear al conjunto de las administraciones (nacionales y autonómicas) la creación de los colegios profesionales en aquellas comunidades autónomas donde haya número suficiente de miembros que cumplan los requisitos que la normativa establece. Ese asentamiento pasa por una labor compleja, en el ámbito interno (deberá definirse el alcance real de esta profesión), y el externo, (convencer a nuestros representantes públicos de la verdadera realidad de nuestro sector).Crear un colegio hoy parece un sueño o algo inalcanzable. No es cierto, aunque los colegios no atraviesan el mejor momento, la creación del Colegio es factible y legalmente posible, pero no se hace de la noche a la mañana. Hay que dar pasos muy bien pensados y ganarse la confianza de la Administración y contar con el compromiso de los profesionales, especialmente los que están en ejercicio.
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 Presidentes de las asociaciones de Cataluña, Baleares, Española y Galicia,, respectivamente, tras la reunión  celebrada el día 15 de febrero en Madrid
Segundo reto: la Federación (paso previo)
El segundo reto, que es previo al primero o en cualquier caso paralelo, pasa necesariamente por la convergencia y la unión. Nunca ha resultado tan crucial y necesario que la profesión se muestre compacta y unida, sin fisuras en esta cuestión, porque solo de esa manera podremos ser admitimos como interlocutores de peso ante cualquier instancia donde debamos reclamar presencia o acudir en caso de necesidad.
Por iniciativa de cuatro asociaciones, la española, catalana, gallega y balear, el pasado día 15 de febrero, se alcanzó un primer acuerdo –diría que histórico- por el que se comprometen a iniciar un proceso de común acción que derive en un plazo máximo de apenas un año en la creación de una Federación de Asociaciones de todo el país. Hay que felicitarse por esta iniciativa que requiere del apoyo general y hay que animar a sus legales representantes para que no pierdan esta oportunidad de unidad, cuestión que no tiene por qué ir contra las singularidades de cada parte. Es importante reseñar que en el acta del acuerdo se dice textualmente que en tanto dura este proceso todos los socios de las diferentes asociaciones gozarán de los mismos servicios y prestaciones, al considerarse entre sí “socios corporativos”.  Como decimos, esta puesta en común no está reñida con la autonomía propia que debe gozar cada asociación a la hora de elegir sus representantes, fijar sus actividades, cuotas o políticas que estimen necesarias para el cumplimiento de sus estatutos y las exigencias de los socios.
Este objetivo conllevaría la modificación del modelo asociativo que tenemos en nuestro país: una asociación española con ámbito en todo el país y varias asociaciones autonómicas o locales y que sobreviven con mayor o menor respaldo, y con más o menos visibilidad y representatividad. Ha de avanzarse hacia un modelo de asociacionismo territorial, acorde a la España actual, de tal forma que en cada comunidad autonómica haya una asociación fuerte en la que se integren todos los profesionales (no solo de protocolo como tal) y que todas ellas se integren en la Federación.
La apuesta por esta Federación, que debe ser una realidad operativa en 2015,  obliga a que la Asociación Española de Protocolo deba abandonar, por el momento, otras iniciativas fracasadas a nivel internacional (caso de la OICP, que tanto dinero le cuesta a la AEP y de la que no recibe absolutamente nada a cambio, ni tiene  el mínimo control y peso aún cuando es la Asociación más fuerte en este momentos en el ámbito iberoamericano; para que todos nos hagamos una idea, el voto de todos los socios españoles vale lo mismo que el de un solo vicepresidente o de un responsable de Comisión que pueda nombrar el presidente de turno). La AEP debe centrarse en este mandato en contribuir al orden del panorama nacional y, después, ya abordará, en el marco federativo, su representación en foros internacionales, que obviamente pasa por una auténtica Federación Internacional.
Cambio del modelo territorial asociativo
La Asociación Española debe reconvertir su modelo organizativo para dar paso a asociaciones territoriales, en algunos casos ya incipientes gracias a la existencia de las denominadas “delegaciones territoriales” (Andalucía, Galicia, Comunidad Valenciana, Murcia, Canarias), en otras muy consolidadas caso de Cataluña, Galicia (aunque ésta deberá hacer un esfuerzo por abrirse más al sector), Aragón (que debería comenzar a potenciar sus acciones y hacerse más visible) y Baleares (que también tendría que sufrir un proceso de reinvención) y, finalmente, en otras comunidades autónomas donde ya hay suficiente cultivo para lograr la creación de asociaciones como es el caso de Asturias y Castilla-La Mancha. Existen, otros colectivos locales muy activos, como en Córdoba, que igualmente deberían afrontar procesos de renovación.
En el resto de las comunidades deberían surgir grupos de personas con capacidad de liderazgo que pusieran en marcha su propia asociación e ir creciendo con el tiempo. El principal cometido de estas asociaciones regionales pasa por concienciar al sector de la necesidad de que en esta primera fase lo importante es estar y, más adelante, cuando tengan número y proyectos suficientes, comenzar a dar servicios y prestaciones. No pueden invertirse los términos como muchos piensan. La famosa frase que tanto hemos oído (“no me asocio porque no me dan nada”) es indicativo de la poca concienciación que existe sobre “hacer colectivo”.
Para “recibir” y sentirse arropado, defendido y reciclado hay que “estar” primero. A partir de ahí todo es posible. Ese es un déficit muy importante que está lastrando el movimiento asociativo español, y aunque nos duela hay que culpabilizar a la falta de compromiso personal de muchos profesionales en ejercicio. Ellos son los que deben practicar con el ejemplo y salir de sus “trincheras” para integrarse en los movimientos de base, abandonando su “guarida”. A medio plazo, ese aislamiento solo reportará soledad y  falta de apoyos cuando los precise.
La unión en las redes, el ejemplo de QOE
En este contexto, hay que pensar que el presente y el futuro del asociacionismo pasa por potenciar su ejercicio a través de las redes sociales y las nuevas tecnologías. Es bueno juntarse y compartir en el marco de los encuentros físicos, pero éstos son puntuales y resultan cada vez más difíciles por desplazamientos y gastos. Sin embargo, el encuentro en las redes está permitiendo un nuevo concepto de asociacionismo, mucho más activo, puntual y abierto y está reportando mejores resultados en el día a día.
Un buen ejemplo es el modelo “Queremosorganizareventos” (QOE), que con su millar de seguidores en Facebook y otros tantos en Twiter –unos más activos que otros, pero con unos impactos estadísticos de vértigo (más de cinco millones en su primer año de vida)-. QOE ha sido y está siendo capaz de hacer un genuino asociacionismo sin que la distancia sea una barrera. No obstante, le falta la operativas y la estructura. Por ello, sería entendible que QOE diera el salto hacia una Asociación virtual y pueda seguir ejerciendo su contribución a través de las redes, pero con una estructura que permita aprovechar la rentabilidad que irradia cada día. El modelo QOE, una experiencia sin precedentes, debería ser analizado con detalle pues sus aportaciones al concepto profesional y al respeto del sector son encomiables. No tratamos con ello de poner en la balanza el peso de cada opción, sino sencillamente no despreciar nada ni a nadie, pues la suma de todos es ahora esencial.
Resulta obvio que en esta Federación deberían integrarse todo tipo de asociaciones que funcionan en España relacionadas con el protocolo, los eventos, la investigación aplicada, etc. Hay que hacerles una llamada para que den pasos firmes hacia la unidad. Todos buscamos lo mismo, cada uno desde su óptica o desde su ámbito competencial: hacer profesión y que ésta no sólo sea reconocida (cada vez más), sino socialmente aceptada y considerada, evitando así los periódicos “ataques” que de forma injustificada se producen desde ámbitos, políticos, periodísticos, empresariales e, incluso, universitarios.
Tercer reto: abrir el sector
El tercer reto es abrirse. La profesión tiene que dejarse de mirar al ombligo y elevar su mirada para que el bosque no le impida la visión del horizonte. La apertura, en nuestra modesta opinión, pasa por integrar a todo el sector de la organización y sus gestores, a los niveles que sean, de tal forma que acabemos con esa absurda situación que desdobla la profesión entre quienes se aferran a lo estrictamente protocolario y quienes, por el contrario, derivan hacia la organización y producción de eventos, sector éste hoy controlado cien por cien por las grandes agencias de comunicación, producción y creación de eventos.
Esta dualidad no tiene sentido en el mundo actual. Todos somos gestores de eventos, unos en el ámbito oficial, otros en el empresarial, deportivo, social, etc. No es menos importante el profesional que se dedica a comercializar asesoramiento en la organización de bodas, que el que se ofrece de consultor para un evento deportivo, o de quien ejerce en un ayuntamiento o en una empresa. Existen especializaciones, como en la medicina o el derecho, pero todos son médicos y abogados y permanecen como tal unidos entorno a los colegios, con independencia de que haya asociaciones de pediatría, cirugía vascular, psiquiatría o laboralistas, penalistas o administrativos. Es necesario superar con cierta urgencia estos reinos de taifas que se han creado en aras a intereses que ya no van a parte alguna.
El sector ahora es muy amplio y yendo juntos seremos fuertes porque estamos moviendo la primera industria de este país (sí, la primera). Caben todos y no tiene sentido alguno que expertos en eventos, proveedores de servicios para eventos, OPC’s, universitarios, azafatas o auxiliares, etc., sigan caminos diferenciados. Todos trabajamos en el sector y, respetando las singularidades a través de los marcos idóneos, debemos converger en una misma plataforma.  No debería ser un sueño, sino una realidad.
El carné profesional
Es evidente que los responsables del siguiente mandato de la AEP tienen muchas más cosas que hacer y ofrecer, pero hemos querido reseñar lo que consideramos que deben ser los tres ejes que conduzcan toda la estrategia asociativa global en nuestro país, con independencia de quienes estén llamados a llevarla a cabo. Sólo si se logra esto tendrá sentido el “carné profesional”, ése que debe habilitar la futura Federación (has la existencia del Colegio), una vez se fijen los criterios de quienes tiene derecho a él (indudablemente los que ejercen en el sector, en cualquiera de sus campos, y de quienes acrediten la superación de una formación  cualificada en las áreas propias de los eventos). Podrán establecerse categorías, especializaciones, etc., pero el carné es necesario para frenar el indebido intrusismo, las indecorosas actuaciones sin ética alguna, el descontrol en la formación, la guerra de tarifas y precios, el abuso de los contratadores al exigir precios por debajo de mercado, la indefensión del funcionario, el vapuleo periodístico, la consolidación de un perfil realista que sea respetado por los servicios de personal y recursos humanos a la hora de contratar, el reconocimiento de nuestro trabajo por parte de las administraciones y la sociedad en su conjunto, y un largo etcétera que requieren de actuaciones a corto, medio y largo plazo.
El riesgo de la soledad
Este es el panorama actual y mi opinión personal, que defenderé en foros públicos, sobre el mapa asociativo y profesional del sector. Este es, por otra parte, los retos que en un sentido u otro los nuevos responsables de la AEP deben asumir como prioritarios. Es preciso que los órganos de gobierno actuales y futuros sean conscientes que es necesario aglutinar personas con ideas claras, capaces de liderar y dispuestos a actuar. Y, una vez más, hay que apelar a cada uno de los profesionales para que se impliquen más, porque aunque ahora se pertrechen en el puesto que tienen, mañana podrán sufrir una tremenda soledad e incomprensión. No estamos legitimados ahora para quejarnos de que se pongan a dedo puestos de trabajo, que se contrate gente inexperta, que se saquen eventos a concurso cuyas bases no tienen ni pies ni cabeza, que haya oposiciones a la carta, que “protocolarios” y “eventistas” se enzarcen en acotar sus territorios, cuando muy al contrario deberían ir de la mano.
Solo de darse estos pasos veo un buen futuro a esta profesión que pese a ser de las más fuertes sigue siendo mirada como auxiliar o poco relevante. ¿Por qué tenemos que disfrazarla bajos epígrafes como comunicación, relaciones institucionales… para que no nos vean como los bichos raros, rancios, demodé, antiguos, que lleva el desgastado cuño de “protocolo”? Ese por qué tiene varias razones, la primera y más urgente: no hay un compromiso severo personal de quienes ejercen en la actualidad con la profesión en su vertiente asociativa y corporativa. A veces se me cae la cara de vergüenza cuando veo determinados “líderes” profesionales e institucionales mirando por encima del hombro al resto del sector y desentendiéndose de él. Un mal favor a todos, pero también una actitud suicida.
Debemos de lograr en nuestro sector, porque los hechos lo demuestran, que en no estar asociado en su colectivo profesional proyecte una imagen negativa, y que el hecho de estarlo sea la garantía de la auténtica profesionalidad. Temas tan importantes como la seguridad, la arquitectura, la cobertura legal… en los eventos sería otra cosa en nuestro país si desde el propio mapa asociativo se fijaran las bases y exigencias legales correspondientes que eviten daños irreparables y que la administración vea en esas plataformas el interlocutor idóneo para regularizar el sector y establecer las exigencias que se deriven de nuestros trabajos.
No es momento todavía de pedir a las asociaciones servicios concretos (que ya dan y algunos muy importantes). Lo prioritario ahora es unirse para que nos respeten, para mostrar fortaleza. El profesional para que sea respaldado. El recién titulado para que encuentre su oportunidad. Y eso solo se logra asociándose y federándose. Esa es la respuesta que entiendo debe darse a ese agnóstico que pregunta: ¿Y qué me aporta la asociación (la que sea)? Inmediatamente, deberíamos realizar la contrapregunta: ¿Qué haces tú por la profesión, además de querer ser obviamente un buen y ético profesional…, que se presupone?
No puedes exigir, sino das. Esa es la cuestión. Y el reto.
(Amigo y compañero profesional: si has llegado hasta aquí y de estas líneas puedes sacar algunas conclusiones habrá merecido la pena).

“Foto de Estado”, asignatura pendiente

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Hace unos días se me ocurrió subir a mi Facebook (https://www.facebook.com/photo.php?fbid=10152157476020452&set=a.10150253253230452.371123.551705451&type=1&theater) la foto del Presidente del Gobierno imponiendo la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil al Ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, Guido Westerwelle, en el transcurso de un sencillo evento celebrado en el Palacio de La Moncloa el pasado 9 de diciembre, en presencia de nuestro ministro de la diplomacia, José Manuel García Margallo.
Subía la imagen porque francamente me llamaba mucho la atención la imagen que había publicitado el propio servicio de prensa de la Presidencia. Es decir, no se trataba de montaje alguno, ni mala intencionalidad por parte de algún gráfico o medio. Era la imagen que esta alta institución española decidió difundir, junto a otras tres más.
Hasta la hora en que se escribe esta crónica ha habido 43 comentarios de personas que conocen bien este mundo y de ninguno de ellos salen comentarios positivos. Falta de sentido del Estado en la escenografía general, simpleza, poca solemnidad, parecido a la entrega de un premio “Míster”, muñecos de cera, comunicación penosa, falta de cortesía en la cesión de la derecha, críticas a la ausencia de criterio por parte de la Jefatura de Protocolo del Estado, poca naturalidad, desacierto con el fondo del árbol… Así una opinión tras otra.
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Había puesto la imagen porque veía a nuestro presidente entregando una alta distinción en mitad de un bosque, en un posado forzado, de esos que transmiten simple compromiso, sin calor alguno y carente de valor significativo. Por otra parte, tampoco estaba muy de acuerdo que el gobierno de España tuviera que dar este tipo de condecoración al Ministro alemán, habiendo otras más propicias. Pero esto quizá ya me importa menos ante la cantidad de desatinos que se cometen con la entrega de estos premios del Estado, que más bien parecen artículos del bazar institucional del que se tira sin criterio alguno para compensar determinados compromisos. Son distinciones que no llegan al ciudadano, en su doble sentido: ni se la dan generalmente a él, ni entiende por qué se las dan a otros.
La necesaria reforma del Derecho Premial.
Comparto plenamente la teoría de algunos expertos, como Fernando García-Mercadal y Alfonso de Ceballos-Escalera, que consideran urgente y necesario renovar todo el Derecho Premial español, en primer lugar porque está muy desfasado y no responde a la realidad actual y, en segundo lugar, porque existe exceso de tipos de condecoraciones que hacen restarse valor unas a otras. Me decanto claramente, a semejanza de otros países democráticos, por ir a una nueva legislación que unifique en una o dos condecoraciones con diferentes grados (conservando el nombre de aquellas más históricas y simbólicas -caso de Isabel la Católica y Carlos III-), definiendo claramente quiénes pueden tener derecho a ellas y abriéndolas a todo tipo de ciudadanos.
Defiendo, además, que se entreguen en una o varias ceremonias solemnes anuales, bajo la presidencia de una autoridad de relieve (en este sentido guardo ejemplos vergonzantes) y dándole mucho más relieve institucional al evento. De esta forma se acabaría por una parte con la dispersión de ceremonias y tipo de cargos que las presiden, el secretismo y falta de transparencia en la burocracia de su concesión, el evidente amiguismo que rodea su otorgamiento y el carácter endógeno que las envuelve. Todo ello quita valor a la concesión de quienes realmente se han hecho merecedoras de la condecoración. Para algunos, de hecho, recibir estas distinciones ya es cuestión de coleccionismo. Hay casos sangrantes al respecto.
Hay que buscar la nueva foto del Estado.
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Sobre la “ceremonia” objeto de la foto y el debate en mi FB, es cierto que carece de sentido institucional, y que su formato no responde a la comunicación pretendida. No soy muy partidario de la excesiva oficialización en la puesta en escena, en consecuencia de recargarla con excesivos símbolos oficiales (banderas, escudos, tapices, etc.), pero sí de que se confiera más solemnidad positiva -ello no significa insisto más aparataje, sino mayor valor al evento-, y se frene esa inevitable tentación de pensar que detrás de la acción hay un evidente compromiso institucional o una mera excusa para decir adiós a alguien o agradecerle que nos haya hecho algún recadillo que otro.
Posar ante un árbol navideño francamente no me parece la imagen más adecuada, con un trasluz de fondo inadecuado (no sé por qué La Moncloa insiste una y otra vez en este marco). Parece un encuentro de amigos donde uno le pone al otro una banda cuyo significado, por otra parte, desconoce la mayoría de los españoles. Parece que quedaron a tomar un té en los jardines de La Moncloa y que en un momento determinado el anfitrión le entregue una banda de “Míster” a su invitado de honor. Los comentarios habidos en el Facebook son bastante benévolos, porque lo cierto es que no es de recibo que se “juegue” de esta forma con unos premios que son del Estado, es decir, de todos los españoles.
Alguien debería explicar al Presidente del Gobierno cuándo debe dar la derecha a sus invitados de honor -por ejemplo en esta ceremonia- porque se confunde demasiadas veces y, al mismo tiempo, cuándo debe dar la razón a quienes se dedican a organizar sus eventos frente a los “mercenarios” comunicadores de La Moncloa que por huir de imágenes muy protocolarias hacen añicos el sentido de Estado. Entre lo “casposo” del desfasado protocolo y la imagen de ternura navideña, donde parece que Papa Noel ha dejado la Gran Cruz para el alemán al pie del árbol, hay un término medio.
Tiene uno la sensación que La Moncloa carece de una estrategia clara de protocolo, que sus altos responsables lo ven como un mal necesario, y que tratan de dulcificarlo recurriendo a formatos donde normalmente el resultado es peor todavía porque termina por decontextualizarse. Veo bien y necesario que el Gobierno busque nuevos formatos para sus eventos, que transmita una imagen más actual y próxima, más natural y menos oficializada. Pero eso no se hace colocando un arbolito junto a un repostero o delante de una puerta que da al campo.
Nuestros gobernantes deberían dejar a los verdaderos técnicos de protocolo que hicieran su labor, si los que tienen están debidamente preparados para encarar la necesaria reforma de la escenografía general de los actos de Estado, harina de otro costal. Sí, porque nuestras instituciones mostrarán más cercanía si saben planificar mejor sus eventos y hacer la adecuada puesta en escena. Y ésta requiere especialistas en la materia, y no diplomáticos, militares o similares que al respecto saben lo que yo de física cuántica.
Invertir en protocolo.
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Está bien invertir en comunicadores, pero que no se olviden que hay que hacer lo mismo con verdaderos expertos en protocolo, capaces de hacer algo más que colocar banderas, tapices, micrófonos o asignar precedencias. El protocolo requiere una adecuada puesta en escena y un sentido comunicacional del significado de un evento. Esa es una de las carencias que tiene nuestro protocolo oficial. Las instituciones del Estado suspenden gravemente en la asignatura de saber transmitir a través de los eventos. Lo hace tan mal, que cuantos menos genere mejor. Lástima, porque debería hacer más, pero bien concebidos. Subyugadas a la tiranía de determinadas políticas de comunicación, se olvidan que a través de los eventos es muy probable que se conecte mucho mejor con ese pueblo que da la espalda a los políticos y a las instituciones. Seguro que en ese desencuentro algo tiene que ver el mal entendido protocolo y la grave ausencia de especialistas reciclados en la cuestión. No basta ya con la experiencia de sus profesionales, sino que éstos deben empezar a convencer de la necesidad de reformar la “foto de Estado” y para ello hay que saber mucho más que el Real Decreto 2099/83.
Al protocolo institucional le queda mucho por avanzar. Está atascado en viejos formatos, y cuando busca nuevas puestas en escena su resultado es malo. Eso me hace pensar que realmente no existe una estrategia clara y definida del protocolo como un instrumento claro y necesario de comunicación.
Todo eso y más me da que pensar cuando veo estas fotos: necesitamos una auténtica “revolución” en la imagen de los eventos de Estado. Hoy nos hemos centrado en este sencillo acto, pero es ya muy preocupante lo que está ocurriendo en otros eventos e instituciones cuyo protocolo se empeña en no contribuir a la imagen de un Estado moderno, sencillo y cercano. Por ejemplo, es sorprendente (para mal) las felicitaciones oficiales de este año de nuestro Rey y su Heredero. Y así sucesivamente. Tema del que hay que seguir hablando.
¡Feliz Navidad para todos los lectores!
¡Feliz creatividad para 2014!

(Fotos Pool Moncloa)

Gestos para engrandecer y humanizar un evento

Varios han sido los artículos que hemos dedicado en este blog a la importancia de los gestos en los eventos. Cuando están bien concebidos ayudan notablemente a facilitar la comunicación entre el organizador y el público. Este protocolo visual o gestual forma parte de las nuevas técnicas en la organización y aunque ha existido siempre, con las nuevas tecnologías y concepto de lo que son hoy los actos, ha cobrado una importancia excepcional. Es esencial en el llamado protocolo de los cinco sentidos y también de la comunicación en vivo. Es tópico señalar que un gesto vale más que mil palabras y si su apariencia es de naturalidad y espontaneidad el valor se multiplica indefinidamente. Estos gestos a veces se improvisan -con su correspondiente riesgo que puedan ser negativos si no están muy bien pensados- o se contemplan dentro del programa -conocido como “saltarse el protocolo”-. Pero sea de una u otra manera los gestos son esenciales. En el contexto que hablamos nos referimos a todo tipo de gestos, personales, organizativos, previstos, no previstos, etc.
Un buen ejemplo de la importancia de esta política ha sido el reciente homenaje que el madridismo rindió a su ex jugador mítico, Raúl González -ese eterno 7 blanco que contribuyó nada menos que a 16 títulos-. Fútbol y espectáculo deportivo al margen, el homenaje a este jugador no hubiera generado entre sus entusiastas emociones y sentimientos de los que calan y engrandece el evento, al tiempo que lo humaniza y singulariza.
Por ejemplo, Raúl podría haber salido al campo portando la cinta de capitán del conjunto de la capital. Sin embargo, fue Casillas -su actual capitán- quien ante todo el público y medios de comunicación se quitó la cinta y se la puso en el brazo a Raúl. La ovación quedó servida. Además, el hecho mismo de que Casillas fuera quien se lo entregara generó un gesto que ganó una de las principales foto del homenaje. El gesto tenía que verse. No hubiera sido lo mismo que Raúl saliera al campo con la cinta puesta a que el capitán real se la cediera los 45 minutos que jugó del lado local. Si sale con ella parece que la decisión es de la organización, y de esta manera se humanizó más al verse que se trataba de una decisión de capitán a ex capitán. Fue de alguna forma el gesto de los jugadores. Y además, en la foto oficial que se hacen antes de cada partido, Raúl posó al lado de Cristiano Ronaldo, el actual 7, que le cedió igualmente el número mítico. El hecho mismo de que posaran juntos genera una mayor valoración del gesto y el detalle.
 
Pero fue en evento con muchos gestos. La misma presencia inesperada del Rey, que le hizo entrega de un escultura en miniatura de esa Plaza de la Cibeles que en tantas ocasiones el jugador coronó para colocar la bufanda blanca. ¿Qué otro mejor regalo podría dársele? Y además permitirle posar ante los medios. Foto de lujo para que un ídolo junto al Jefe del Estado  En el palco, en segunda fila, tras el Rey y el Presidente del Real Madrid, se sentaban -protocolariamente muy destacados -cosa muy rara de ver en el ámbito deportivo- su esposa e hijos, lo que pudo permitir que tras el saludo  al monarca y otras autoridades, Raúl pudiera hacer algo que gusta de ver y emociona, como el saludo a su familia, que también ha sufrido el olvido madridista en estos últimos tres años. Ocupar esos seis puestos en segunda fila originó algunos quebraderos de cabeza para ubicar otras altas representaciones, pero la lógica lo hacía aconsejable.
El ex 7 salió al campo solo, una vez lo hicieron previamente los 21 jugadores restantes de la contienda y el equipo arbitral, quienes entre todos le hicieron el consabido pasillo de honor, que finalizaba con un gran mostrador donde se depositaban los 16 trofeos antes aludidos. Más gestos. Y otros que por no prolongar innecesariamente esta reflexión omitimos.
Humanizar con gestos que salgan del corazón, espontáneos o programados, engrandece un evento de homenaje como éste. Podría haberse quedado todo en la entrega de un recuerdo del conjunto madridista y el partido, pero el previo conectó a la afición con su ex jugador, y de paso con el propio club (objetivo importante). El acto hizo más grande al homenajeado y permitió ver a un Madrid más allá de grandes figuras. Hemos visto el lado más sencillo y humano. Debemos los profesionales de la organización, el protocolo y los eventos, tomar estas referencias y aplicarlas al nivel de cada acto que tengamos que programar. Probablemente muchos dirán que todo estaba preparado. Es probable, es casi seguro. ¡Y qué más da! Lo importante es lo que se transmite en ese momento y posibilitar imágenes que muchos no olvidarán y que los medios dejarán para la historia en este deporte y en este club.
El protocolo gestual y el visual son claves en la organización de los eventos hoy. Frente a grandes tecnologías, el pequeño detalle humano cobra mucha relevancia, porque es lo que singulariza y da vida a los eventos.