Ceremonia de Cartas Credenciales en “fase 2”

La tradicional ceremonia de Estado de presentación de Cartas Credenciales por un embajador extranjero acreditado en nuestro país ante el rey Felipe VI, sufrió ayer las consecuencias de la “fase 2” de la desescalada sanitaria frente a la pandemia del Covid-19, vigente aún en Madrid. El formato hubo de ser modificado para garantizar las distancias, el aforo por debajo del máximo permitido en espacios cerrados y la etiqueta modificada en la que se introdujeron las mascarillas quirúrgicas que protagonizaron la imagen del evento. No salieron las carrozas de gala ni la Guardia Real por las calles de la capital, ni tan siquiera la sede oficial de la Jefatura del Estado, Palacio Real, albergó la ceremonia. No fue posible la entrega en mano de la Carta por el embajador, ni el obligado saludo protocolario en tiempos donde tocarse entre no convivientes está desaconsejado.

No tengo memoria histórica para recordar si hubo una variación de fórmula tan grande en las últimas décadas, más allá de los lógicos y obligados cambios por la convalecencia del rey Juan Carlos en 2013 y 2014, en los que hubo que realizar el acto también en Zarzuela, con menos boato y en turnos que llegaban hasta 15 embajadores. En aquella ocasión, fue la salud del monarca, en ésta la Covid-19 truncó la ceremonia oficial de Estado más vistosa, solemne y antigua de nuestro país.

Presentación de Cartas Credenciales ante el rey Felipe VI.

Momento en que el embajador deposita en una mesa vacía sus cartas credenciales en la ceremonia celebrada ayer en el Palacio de La Zarzuela.

El rey Felipe VI, acompañado como es habitual de la ministra de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, recibió a seis nuevos embajadores que presentaron sus cartas credenciales ante el jefe del Estado. Esta ceremonia que quedó interrumpida durante el confinamiento por la pandemia, se retomó ayer en un formato diferente, siguiendo en parte la pauta promovido en el caso de Juan Carlos I antes comentado, aunque preservando la esencia del formato. Continue reading

Protocolo y eventos: el día “D”

Este artículo sobre protocolo y eventos probablemente sea el que más me vaya a costar escribir. De hecho estoy frente a la pantalla y se me acumulan muchas cosas. No sé ni por dónde empezar. Miro a la derecha, a través de mi ventana, y observo la calle solitaria, si acaso al fondo una señora paseando a su perro y un señor con mascarilla seguramente camino de la panadería. Hemos perdido seres queridos y amigos en este tiempo, vivimos con crudeza las cifras espantosas que nos deja el “bicho” cada día, sentimos la distancia cuando un conocido padece encerrado en su cuarto la epidemia… Nada podemos hacer más que acompañar mentalmente y transmitir ánimo y cercanía.

Ayer por la mañana, como en los últimos sábados, nos reuníamos (desde el encierro personal) el grupo coordinador de las Jornadas de Protocolo ante el ordenador para preparar la tercera sesión virtual de este martes, 14 de abril, a las 17.00 horas peninsular de España. Las dos primera citas fueron un éxito, no por el alto número de profesionales que participaron (que también), si no por facilitar un canal de comunicación que pudiera generar un debate sosegado sobre nuestro papel como profesionales de protocolo y eventos en estos tiempos de confinamiento y, especialmente, en los diferentes retos que nos vendrán cuando las medidas restrictivas lo permitan. Todos tenemos necesidad de hablar, de recibir ideas y opiniones, de sentirnos útiles y poder contribuir serenamente y al margen del debate político a la normalización en cuanto se pueda. Continue reading

Mayor precedencia protocolaria para el presidente autonómico

Hace ya bastante tiempo que vengo dando vueltas y reflexionando acerca de la idónea precedencia que debe de tener tanto el Presidente de la Comunidad Autónoma como el Alcalde, cuando se celebran actos de carácter general en el territorio de sus competencias. Es evidente que suscitará mi opinión polémica, posturas divergentes o apoyos, pero no busca nada de eso, sino comenzar a construir un debate profesional, lejos de la politización e intereses concretos, acerca de los cambios que más tarde o más temprano han de introducirse en el Real Decreto 2099/83 sobre el Ordenamiento General de Precedencias en el Estado. He intentado no dejarme influir para nada de la coyuntura actual, sino del balance de las tres décadas de vigencia de esta normativa (en agosto cumplió 30 años y su aniversario pasó sin pena y sin gloria, lo que demuestra el aprecio que le tenemos) y el desarrollo institucional y autonómico de nuestro país, siempre en el máximo respeto a la normativa vigente.
Aunque precisa de debate sosegado, contrastado, quiero al menos abrirlo desde esta página. Voy a la premisa principal que defiendo:  en los actos de carácter general que se celebren en el ámbito de una comunidad autónoma, si su vocación o contenido es claramente autonómico, el presidente de la Comunidad en mi modesta opinión debiera subir su puesto y colocarse inmediatamente detrás del Presidente del Gobierno si asistiera al evento, o si no tras los Reyes, Príncipes e Infantas, y si no acudiera ninguno de ellos el primero o tras el anfitrión. Casi de forma similar defiendo que en los actos de carácter general cuya vocación es claramente municipal, el Alcalde debería situarse inmediatamente después del Presidente de la Comunidad, sino estuvieran presentes los máximos representantes de los tres poderes del Estado y el Constitucional..
Para llevar a cabo esto es necesario que el Real Decreto redefina la clasificación de los actos, general y especial, matizando el factor antes aludido de «vinculación, vocación o competencia» autonómica o local. La Constitución reconoce para el Presidente de la Comunidad la representación ordinaria del Estado, tal y como dice el artículo 152, apartado 1: «(…) y un Presidente, elegido por la Asamblea, de entre sus miembros, y nombrado por el Rey, al que corresponde la dirección del Consejo de Gobierno, la suprema representación de la respectiva Comunidad y la ordinaria del Estado en aquélla (…)».
En virtud a esto, y al notable peso político que las comunidades autónomas han tomado desde su creación hasta ahora, parece de sentido común, que en su ámbito territorial ocupen un puesto por encima al menos de los presidentes del Congreso, Senado, Poder Judicial y Constitucional. Resulta obvio que esta precedencia no sea de aplicación cuando sean actos convocados de carácter general por las instituciones centrales del estado en la Villa de Madrid, en su condición de capital del Estado.
Apelando a la lógica resulta extraño e incoherente que el Presidente autonómico se vea relegado al puesto 10 en su comunidad, por detrás de los presidentes de aquellos poderes. Si tiene la «suprema representación» no es coherente que sea dispuesto detrás del Presidente del Poder Judicial (salvo que el acto sea promovido por el Poder Judicial o esté dentro de sus posibles competencias).
En nuestra defensa, apelamos igualmente a la consideración social que tienen los presidentes del Congreso y Senado, que aunque sean legales representantes de los ciudadanos, tienen menor peso político. Y lo mismo podría decirse del resto de los poderes fuera de sus estrictas competencias. Claro que no puede admitirse como argumento la «sensación ciudadana», salvo qué ésta sea a juicio de los expertos un fiel reflejo de la realidad. El vecino de a pie es consciente -sea de su corriente política o no- que quien realmente le representa es el presidente del Gobierno, el Presidente autonómico y el Alcalde. De lejos ve a los presidentes de los poderes y mucho más al presidente de la Asamblea Legislativa o del Delegado del Gobierno.
Soy consciente, de que esta reflexión que abro precisa de muchos matices, de mayor argumentación y más apoyo jurídico. Por ahora solo quería trasladar lo que noto en la calle y el Protocolo si quiere sobrevivir debe ser sensible a la realidad, sin menosprecio de la Constitución y el legal valor de la representación. Nadie quita valor a nadie, pero otra cuestión es cuál debe ser el ordenamiento adecuado en actos que se celebren en el territorio de una Comunidad. Insisto que es una primera reflexión, con la que se ha iniciado un amplio estudio al respecto en el Instituto Universitario de Protocolo de la Universidad Camilo José Cela, cuyos resultados esperemos conocer pronto.
En otro momento, justificaremos con mayor abundamiento la defensa de la mejora del puesto para el Alcalde del municipio.

El discurso navideño del Rey de España

La puesta en escena del discurso del Rey por Navidad siempre es objeto de comentarios más allá de su contenido. Su comparecencia televisiva ha sido siempre muy meditada por la propia Familia Real y los altos directivos de la Casa de Su Majestad, así como de los responsables de TVE encargados de grabar y distribuir la señal a todos los medios de comunicación. Siempre se ha dicho que nada se deja a la improvisación y que todo se estudia milimétricamente. No cabe la menor duda, que a lo largo de 2012, la Casa de Su Majestad ha venido implantando un estilo mediático diferente -con independencia de los ajustes de agenda necesarios- para llegar de forma más rápida y cercana a los ciudadanos. Se viven tiempos complejos donde todas las instituciones y políticos han perdido la casi total credibilidad por su incapacidad para dar soluciones a una crisis feroz de la que ya veremos cómo se sale. Si hay esa pérdida de confianza es obvio que la Jefatura del Estado se vea salpicada del mismo «virus», perjudicada además por el ya oficialmente reconocido «mal hacer» de Iñaki Urdangarín y el desgraciado e inoportuno accidente del Rey.

Trabajar pues la recuperación de esa credibilidad es la gran batalla que tienen por delante todas las instituciones. Gobernantes, políticos en general, se afanan una y otra vez en mostrarse eficaces, ahorradores y cercanos, lo que ha salpicado injustamente para mal al Protocolo como concepto y profesión, al que se ha querido culpabilizar en parte de la crisis. El descrédito ha llegado a otras capas poderosas como la Justicia, cuyos jueces incluso han tenido que ir a movilizaciones y huelgas para recordar que ellos sufren la crisis como nadie y protestan por el «tasazo» en aras de una justicia universal y de libre acceso, como si alguna vez les hubiera preocupado -excepciones puntuales al margen- tal circunstancia. Los médicos también se han levantado en armas, como si igualmente les importáramos algo. Los maestros lo mismo, policías, servicios de la limpieza, trabajadores del transporte,etc. Todos esos afanes de recuperación de prestigio o de reputación social, se estudia mucho cuando se hacen acciones públicas, para que la protesta, por ejemplo, no sea valorada negativamente por la Sociedad, sino que ésta sienta en su protesta que se están defendiendo los intereses colectivos del Estado del Bienestar. Ese es un cambio muy importante que se ha producido en este año. Tras las huelgas salvajes de meses atrás del Metro de Madrid y de Iberia, los sindicatos y representantes de los sectores han variado su estrategia con una finalidad: que la protesta es en beneficio de todos.
Así las cosas, la Casa Real no iba a quedar ajena a esta crisis de confianza general, de la que no se libra ningún partido político español, gobierne o no. El Rey, con su equipo de confianza, se vio en la necesidad de adaptar a esta realidad su tradicional discurso -cuyo contenido no es objeto de este análisis-. Pero en mi modesta opinión no ha sido tan radical como se piensa, aunque es evidente que después de las tiernas escenas del Monarca, sentado en su sillón frente al Hogar, el árbol navideño y el artístico belén, dirigirse a la Nación de pie y desde su despacho supone un cambio mediático singular que ha sido muy resaltado por los líderes de opinión (los serios y los otros).
He estado analizando los últimos diez discursos reales y valorando comentarios de especialistas a lo largo de esta semana. Si uno se para a pensar sensatamente el cambio escénico no es tan importante. De un Rey hogareño sentado, hablando a los españoles a pocos minutos de degustar la gamba o la sopa de turno, a un Monarca de pie, apoyado sobre su mesa de despacho el día de Nochebuena, a la espera igualmente los televidentes de hincar el cubierto en las muchas o cortas viandas que cada familia haya podido disfrutar. Al margen de la postura -y sin entrar si obedeció o no a su reciente operación de cadera- he seguido viendo las mismas cosas: el «Misterio navideño» (propiedad de Patrimonio Nacional), el árbol de navidad, y excesivas fotos entrañables de la Familia Real de fondo. La composición gráfica de este año con los pequeños cambios introducidos me ha gustado menos, quizá porque el entorno con ese cuadro ahí (Infante de Felipe de Borbón, 1732, fundador de la dinastía de Borbón-Parma) me resulta distante. El «desorden» calculado de la mesa y el excesivo número de fotos en la estantería lateral me distrae demasiado y recarga la imagen innecesariamente. Por otra parte, es curioso que la indumentaria del Monarca haya sido casi idéntica en 2011 y 2012, traje azul y corbata verde. El cambio ha consistido fundamentalmente en trasmitir una imagen afable de un Rey, postrado sobre la mesa de trabajo y hablando en actitud más cercana.
Comparemos estas dos fotos de sendos discursos -hemos buscado una del pasado donde apareciera también la bandera de Europa- y que cada uno saque sus conclusiones.
89657-389-550
Discurso_Navidad_rey_Don_Juan_Carlos
Lo mediático se ha impuesto al Alto Protocolo en este aspecto. El Rey español ha tenido que recurrir a gestos o detalles que han sido valorados de forma desigual. No ha pasado desapercibido el ejemplar usado de la Constitución, por ejemplo. Pero los medios apenas han valorado la presencia de la bandera de Europa, ésta última sólo utilizada en La Zarzuela para esta ocasión cuando España presidía la UE o lo haría el semestre siguiente. No es un detalle intrascendente, tiene mucha lectura doméstica y también más allá de los pirineos. El Protocolo también habla.
Han sido inevitables las comparativas del mensaje de nuestro Rey con el de otros monarcas, especialmente con la Soberana británica, que ha grabado en 3D, un salto simbólico ya que muy pocos ciudadanos de su Reino disponen del aparataje necesario para seguirlo en ese formato. Pero lo han vendido como una innovación. Si eso lo hacemos en España las críticas hubieran sido feroces en tiempos de escaseces. Viendo los videos de uno y otros, la puesta de escena final me ha gustado más la británica, despojada de todo recurso escenográfico que la propia decoración navideña, para que la fuerza de su discurso se centrara solo en la persona. Pero no es menos cierto que Isabel II sigue siendo distante, frente a un don Juan Carlos que pese al poco hospitalario entorno en el que se grabó muestra una actitud de mayor proximidad.
Me ha hecho gracia que en ambos casos las televisiones responsables de la grabación hayan hecho en expresión inglesa su propio Making Of, y por lo que hemos apreciado los recursos británicos han sido más potentes que los españoles. Dejo los enlaces:
No soy experto en Imagen y no quiero ir más allá de mis simples opiniones. Me gustan los cambios, la innovación, el protocolo de cercanía y de sobriedad, gestos que comuniquen, protocolo que exprese sentimientos y mensajes. Somos conscientes que la Comunicación (con mayúscula) se ha apoderado totalmente del Protocolo (también con mayúscula). A lo largo de todo 2012 esta ha sido la máxima: comunicación eficaz y próxima, frente a protocolos distantes. Una mala lectura de analistas y políticos que siguen asociando el Protocolo a lo que no es y también, hemos de ser autocríticos, a que algunos profesionales aún siguen teniendo una concepción del Protocolo que la Sociedad ha superado. Estoy plenamente seguro que de haber habido una mayor asociación entre ambos, desde el concepto nuevo de lo que implica comunicar hoy verbal o no verbalmente, se hubiera sacado más provecho de muchas cosas, tales como el propio discurso del Rey.
Al margen de ello, se ha criticado -incluso periódicos influyentes lo recogían en titulares de portada- la bajada de audiencia, 6.921.000 ciudadanos, 244.000 menos que en 2011. En quince años se ha perdido una audiencia de más de dos millones de españoles. En un país como el nuestro, con una crisis general como ésta y un porcentaje elevadísimo de paro y problemas familiares y personales gravísimos, esos siete millones hayan retrasado cinco minutos su cena para seguir las palabras del Monarca, personalmente me parece una cifra que tiene más valor que la de la máxima audiencia de 2.000, donde se superaron los nueve millones. No es comparable.
Es cierto que la Familia Real ha vivido un año difícil, pues a su responsabilidad como nexo esperanzador de todos los españoles se han unido circunstancias de familia cuyo salto a la opinión pública ha hecho mucho daño. Pero hay que reconocer al mismo tiempo el gran esfuerzo que está haciendo la Casa Real española para que desde su posición constitucional sin competencias de gobierno, puedan al menos mostrarse cerca de la realidad social española. La actividad ha sido muy alta a lo largo de este año, y los príncipes de Asturias han sabido demostrar en estos cruciales momentos que el relevo generacional está listo para cuando toque. Hay que agradecer a la Familia Real y a la Casa de Su Majestad el esfuerzo por hacer más transparente su institución, por actualizar sus canales de comunicación, aparecer en las redes sociales y comparecer públicamente más próximos. Siguen transmitiendo los Reyes y los Príncipes ternura y humanidad -además de la firmeza necesaria en los asuntos de Estado-, y eso es precisamente lo que hemos visto en el discurso del Rey, más allá de puestas en escena, fotos entrañables, árboles o imágenes de la Virgen María con el niño Jesús y San José. Y además traducido su texto a los idiomas oficiales de las comunidades autónomas y al lenguaje de signos.
Pero está claro que la gran Comunicación ha tomado el mando de las apariciones públicas de nuestros mandatarios y representantes. Y los de Protocolo hemos de ser conscientes de esta circunstancia. Debemos adaptarnos, y nos consta que muchos ya lo han hecho o lo han iniciado. Estamos en ese gran equipo, pero debemos adaptar nuestras reglas y técnicas a la ya imprescindible «Comunicación en vivo».