Etiqueta para el “estreno” del Rey don Felipe VI

Gran Etiqueta Rey

Uniforme de Capitán General de los tres ejércitos, la denominada Gran Etiqueta. Fotografía oficial de la Casa de S.M.

 

Los medios de comunicación, las redes sociales y los propios expertos hablamos en los últimos días mucho a propósito de la etiqueta que debiera utilizar don Felipe de Borbón en su ceremonia de proclamación como Rey ante las Cortes Generales, el próximo día 19 de junio. El debate está en la calle, además del consabido referéndum si/referéndum no. La cuestión es si el futuro monarca debe acudir al Congreso de los Diputados ataviado de uniforme militar en cualquiera de las versiones a las que tendría derecho o de civil –chaqué/traje-. La cosa tampoco es baladí, ni frívola. Tiene su importancia en el marco de la simbología y su proyección. Es, además, una foto para la historia que permanecerá en el tiempo.

Los defensores de la etiqueta militar se apoyan en dos criterios: el primero y más argumentado es que don Felipe se estrena en ese día, por mandato constitucional, como Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas; y el segundo, porque recoge el testigo de su padre que en el 1975 fue vestido de Capitán General del Ejército. En su contra, los partidarios de la etiqueta civil, como el que suscribe, entienden que el acto de Las Cortes es eminente civil, aunque se rindan en la carrera de San Jerónimo honores antes y haya desfile militar después. Pero esos son actos complementarios, que se dan por la condición de Rey, no porque lo exija la ceremonia. Para ello se puede recurrir a los antecedentes de todas las visitas oficiales realizadas en democracia por don Juan Carlos al Congreso, siempre de civil y siempre recibiendo honores militares. Y si es civil lo que corresponde es la indumentaria civil.

Los argumentos aceptables en democracia a favor de lo militar se agotan ahí. Los criterios favorables a lo civil aportan otros como la conveniencia de que la monarquía que encabezará don Felipe ofrezca desde el minuto cero otro estilo protocolario de Rey acorde con los tiempos. Cuando se apela a este argumento, los defensores de lo militar se ven agraviados al considerar que se deja en entredicho la dignidad de las Fuerzas Armadas como si fueran negativas para España. Tampoco es así.

La sombra del Generalísimo

Sin cuestionar las garantías de normalidad y estabilidad en el relevo que son esenciales en estos momentos, la ceremonia de don Juan Carlos en 1975 se producía en un marco diferente, bajo una normativa distinta, en medio de una decadente dictadura, y con un sentimiento popular importante a favor del general Franco, cuyo cadáver a la misma hora era objeto de homenaje por miles de ciudadanos. Y con los cuarteles en estado de alerta. Durante más de cuarenta años de Generalísimo, era impensable que el nuevo Rey –no constitucional entonces, sino fruto de la Ley de Sucesión creada por Franco “ad hoc” y que posibilitaba la instauración/restauración de la monarquía tras un largo paréntesis- acudiera de otra forma diferente que vestido de militar.

Por otra parte, tampoco, debe argumentarse a favor de la prenda civil el antecedente de la jura de la Constitución por el Príncipe en su mayoría de edad en 1986 que se presentaría en el Congreso vestido de chaqué. No sirve de antecedente sólido porque ni era Rey, ni Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas.

Por lo tanto los antecedentes se nos antojan fuera de lugar y no válidos. Recurrir a siglos atrás tampoco tiene sentido en la España del siglo XXI. Las tradiciones cuando afectan al ceremonial de Estado deben estar sujetas a constantes actualizaciones, sino queremos quedarnos en imágenes trasnochadas y en algunos casos cómicas. No hay una normativa al respecto que obligue a una u otra prenda, siendo facultad única del futuro Rey determinarla, al igual que doña Letizia deberá hacer con su ropa, y ambos padres con respecto a la de sus dos hijas. Pueden recibir consejos, como en todo, pero la última palabra es suya. Por eso cobra más valor la decisión que se tome en un sentido o en otro.

Debe dejarse claro que para recibir honores militares o presidir un desfile tampoco hay que ir uniformado. De hecho tanto don Juan Carlos como don Felipe han presidido ceremonias de este tipo sin traje militar y todas las autoridades civiles a las que se rinden honores, como Presidente del Gobierno, Reina, infantas o el propio Ministro de Defensa no pueden ponerse el uniforme militar (porque no lo son), pero reciben igualmente los honores, tal y como señala el Reglamento que regula este boato.

A partir de estos argumentos y criterios, nada más se puede añadir salvo las opiniones personales que cada cual tenga. Lo idóneo para quien suscribe es que don Felipe VI acuda de civil. Sin embargo, es comprensible que la Casa de S.M. haya aconsejado la opción militar, pues acudir de chaqué podría trasladar una imagen de cierta aristocracia, distanciamiento social o pompa. Rompería esta opción la sobriedad que se pretende y pudiera confundirse la ceremonia con otro tipo de evento más festivo, que no es el caso. La proclamación de un Rey no es un acto festivo, sino sencillamente un solemne relevo que ha de interpretarse como fruto de la estricta aplicación de la normativa vigente, y en consecuencia no tiene sentido alguno más boato que el que se derive del acto institucional en sí. En cambio, recurrir a la prenda uniformada libera de esa aparente imagen de gala que proyecta el chaqué. Se verá socialmente como más normal el uniforme de gala de Capitán General o el de Gran Etiqueta (color azul, que el Rey ya utiliza en determinados actos oficiales como la ceremonia de entrega de Cartas Credenciales), que disimula algo más la imagen militar.

Ni militar, ni chaqué

Desde el punto de vista de protocolo estimo necesario que el nuevo Rey ofrezca una imagen diferente, más joven, más indicativa de su compromiso social con los españoles y la prenda militar no ayudará visualmente a comunicar esa intención. Don Juan Carlos se llevó para la historia la imagen militar de su primera foto oficial como Rey (a la que hubo de recurrir en significativas ocasiones como el 23 de febrero de 1981). Es probable que a los periodistas y consumidores de noticias de glamour y de buena etiqueta agradezcan la uniformidad de gala militar porque obligaría a que doña Letizia deba utilizar vestido largo que da más juego y seguramente recurrir a la diadema real de turno.

La prenda idónea para estos tiempos es en nuestra opinión el traje oscuro y corbata para el Rey, y un vestido corto para la Reina. Ni chaqué, ni uniforme militar, ni vestido largo. La monarquía del siglo XXI pide nuevas formas. El traje oscuro, como usan los representantes democráticos de los poderes del Estado cuando acuden a jurar o prometer su cargo. ¿Por qué ha de ser diferente para un jefe de Estado, aunque sea Rey? Tampoco miremos a las casas reales europeas porque afortunadamente para nosotros en estas cosas de gala y ceremonial son otra historia no comparable.

El debate si queremos una foto de postal o la imagen de un don Felipe que jura la Constitución, aprobada por la ciudadanía en 1978 (acto que le compromete en cada uno de los capítulos y epígrafes de la misma a seguir trabajando por España y los españoles desde su nueva condición) está servido. Cada cual tendrá su postura y sus razones, y todas deben ser respetadas. Pero que nadie diga si lo correcto es esto o aquello, porque no hay regulación, ni tradición admisible al respecto. Es la voluntad del Rey la que se impondrá finalmente en la cuestión y para nosotros, meros observadores, se nos reserva las lecturas y conclusiones que podamos obtener, precisamente en un acto donde todos los gestos y detalles serán examinados con lupa e interpretados libremente. Por lo tanto no es irrelevante la cuestión.

Mi convicción personal pasa por ver a don Felipe por primera vez de Rey con una etiqueta que le sitúe cerca del pueblo, al margen de los cuentos de hadas y alejado de la imagen de jerarquía o poder. Un jefe de Estado monarca moderno tiene hoy más que nunca, y especialmente en España donde no hay una cultura sólida de lo que realmente representa la monarquía, la necesidad de mostrarse cercano a un pueblo muy quemado por la crisis económica y política. Que veamos, de verdad, en don Felipe esa figura que pueda trasladarnos la idea de que aún hay esperanzas para la regeneración de la imagen institucional en su conjunto.

La ceremonia de los Premios Príncipe de Asturias 2013

Presidencia de la Ceremonia, durante la interpretación del Himno Nacional. Fuente: FPA.

 

Los Premios Príncipe de Asturias, celebrados en Oviedo (Asturias, España), el pasado 25 de octubre, han cumplido su 33 edición. Se creó la Fundación Príncipe de Asturias (FPA) en 1980, en el transcurso de un acto presidido por los Reyes, a quienes acompañaba un jovencito don Felipe. Un año más tarde, el 3 de octubre de 1981, se entregarían por primera vez los galardones, entonces en seis modalidades, que se ampliarían a ocho, al crearse los de Concordia (1986) y Deportes (1987). Desde su inicio ha venido celebrándose de año en año la ceremonia de entrega en el Teatro Campoamor de Oviedo, bajo diferentes formatos (en este sentido me he atrevido a clasificarlos en tres*) y han ido creciendo en interés, impacto y repercusión, hasta el punto de que hoy puede decirse claramente que es la más  importante ceremonia universal que en torno al reconocimiento generalista de sus ocho disciplinas se celebra en el mundo.La UNESCO con ocasión de su 25 aniversario reconoció su excepcional aportación al patrimonio cultural de la humanidad. Para quienes trabajamos en el sector de Protocolo es uno de esos actos imprescindibles de seguir porque constituyen referencia obligada y en ocasiones marcador de ciertas tendencias que damos por buenas por cuanto que en su organización tienen responsabilidad protocolaria no sólo los técnicos de la Fundación, sino las dos primeras instituciones del Estado, como la Casa Real y el Gobierno de la Nación.
La ceremonia de este año ha sido brillante, intensa, emocionante y magníficamente bien organizada, por lo que ha de comenzarse esta crónica con una expresa felicitación a todos aquellos que desde sus diferentes ámbitos de responsabilidad juegan un papel decisivo, desde su directora, Teresa Sanjurjo, y su equipo directivo, en especial a su Secretaria General Técnica, Luisa Álvarez, y al jefe de Área de Premiados y Candidaturas de la FPA, Carlos Hernández-Lahoz. Y, por supuesto, a su recién estrenado coordinador de Protocolo, Antonio Sancho. Fue un acto solemne, brillante, ágil y bien ejecutado. Sigue siendo una ceremonia que roza grandes dosis de perfección, aunque como en otras ediciones haya habido pequeños detalles o fallos técnicos, siempre admisibles si como decimos los técnicos en Protocolo no desvirtuan el mensaje principal y la estética del mismo. No obstante, como he venido sosteniendo en los últimos años el Plan de Comunicación sigue teniendo carencias que deberían corregirse en beneficio de un mayor Retorno de la Inversión (ROI) mediático de este evento.
No es amiga la FPA de cambios drásticos, sino de sucesivas variaciones que permitan adaptar esta aún joven ceremonia, a los tiempos, a los objetivos finalistas expresados en los Estatutos de la institución promotora y a los intereses generales que puedan derivarse del posicionamiento de España ante el mundo a través de este acto cultural o fiesta de la convivencia, los valores, la justicia y la paz. Sin embargo, año a año, se van introduciendo diferentes novedades, unas con más acierto que otras, que puntualmente apenas se notan por el gran público, pero que si se analiza progresivamente se percibe la evolución que ha sufrido esta ceremonia, nacida bajo las premisas protocolarias del postfranquismo, y que ha progresado hacia fórmulas más actuales. Una evolución ésta que no debe de pararse, ya que constituye una de las esencias del evento: mantener su frescura y seguir siendo la muchas veces llamada ceremonia del sentimiento, la paz y la solidaridad.

 Imagen general del Teatro Campoamor. Fuente: FPA.
El Protocolo del escenario
En esta 33 edición hemos visto cosas muy interesantes, dignas de destacar  y por lo tanto plausibles desde nuestra modesta opinión. Quizá la más destacable haya sido la reducción de personalidades en el escenario, en el lado izquierdo de la presidencia, un espacio en el que años atrás se venían «refugiendo» diferentes caras sin que hubiera un criterio claramente definido o habiéndolo que no fuera objeto de un estudio severo sobre la conveniencia o no de la presencia de estas personalidades en una zona tan privilegiada. En esta ocasión, se reservó asiento en la primera fila a sólo cinco autoridades (hasta el nivel del Alcalde de la ciudad, anfitrión del municipal Teatro): los dos ministros asistentes (por su orden departamental, Exteriores y Cooperación y Educación, Cultura y Deportes), Presidente del Parlamento Regional, Delegado del Gobierno y el primer edil ovetense. Creo que este criterio debería mantenerse y aunque concurrieran otras autoridades de mayor rango que el Alcalde -a excepción de los más altos representantes de los poderes centrales del Estado-, debería ubicarse en otra zona de honor en la parte de público.
En primera fila, pero mediando una separación se reservó lugar para los presidentes de los jurados, un adecuado tratamiento, ya que después de anfitriones y premiados, son los jurados la tercera parta sobre la que se sustenta el objetivo de premiar. Siempre es lastimoso, y la FPA debería hacer algo al respecto, que siendo ocho los presidentes de los jurados, sólo cuatro hayan asistido a la ceremonia (uno de ellos, el Presidente del Principado de Asturias, ocupaba silla junto al Príncipe en la mesa presidencial, y los otros tres en esta primera línea). Un evento de esta categoría y trascendencia no puede permitir las ausencias de nada menos que el 50 por ciento de los presidentes. Creo que en esto no debe haber excusa. Su ausencia conlleva un cierto desaire.
Es significativo que se haya quitado de la primera fila del escenario a los representantes del Cuerpo Diplomático, en concreto a los jefes de Misión de los países de los premiados acreditados en España. Estamos ante un gran acierto siempre y cuando que el número de autoridades españolas que permanezcan en el escenario sea reducido y respondan al criterio anteriormente reseñado. Somos conscientes de que algunos embajadores se vieron un poco contrariados, lógico después de tener un sitio fijo desde hace más de treinta años. Pero era inevitable si se trataba de «limpiar» esa superpoblada zona. Sencillamente, respetando el papel institucional de estos diplomáticos, en una ceremonia que trasciende a los países, no encontramos razón alguna que obligue a darles tan distinguido honor. Una buena platea para ellos es la mejor opción en beneficio general del acto. En este sentido,aplaudimos la medida.
La segunda línea de esta zona del escenario quedó reservada para los premiados de ediciones anteriores, ordenados de acuerdo a la fecha de concesión del premio. Un emplazamiento correcto que tiene un riesgo: como la mayoría de los que asisten son residentes en España, pierde mucha fuerza su presencia, pero desde el punto de vista protocolario parece obligado reservarles un lugar de honor privilegiado en el escenario -al menos si el número de ellos no es excesivo-.

Croquis del protocolo del Teatro. Fuente: La Nueva España. Sobre lo registrado en la infografía hay que advertir que no fueron cuatro los presidentes de jurados, sino tres, y que la intérprete del lenguaje de signos se colocó finalmente en la otra esquina del escenario, lado de los galardonados.
La presencia protocolaria de la Casa de S.M. también sufrió modificaciones, afortunadas en mi opinión. Sus altos representantes han pasado a un lugar de total discrección, algo que se venía reclamando desde hace años. El Jefe de la Casa y el Jefe de la Secretaría del Príncipe, no ocuparon como venía siendo ya obligado sus dos sillas al lado de la presidencia, algo que quedaba como «un forzado pegote» que tampoco tenía sentido alguno. Han dejado de estar en el escenario porque estando el ayudante militar es más que suficiente. Su traslado conllevó que los responsables de la Fundación (Directora,Secretario General y Director Emérito Vitalicio) también dejaran de estar en este espacio y ocupar asiento en una posición más discreta entre el público. Estando los Príncipes y el Presidente de la FPA, era innecesario tener más representantes en una zona que necesitaba despegarse.
El Ayudante de Campo de la Casa de S.M., integrado en el Cuarto Militar, que acompaña a este evento al Príncipe, mantuvo su excepcional posición, tras la presidencia, aunque en esta ocasión felizmente algo más desplazado (se situó tras la silla 4 de la presidencia, es decir, detrás del Presidente de la Fundación). Es un buen primer paso para que de cara al futuro se pueda ir encontrando posiciones más discretas para esta persona que si bien debe estar próximo a la Reales Personas, puede y debe quedarse en posiciones aún más discretas. Es evidente que este Ayudante cumple un papel importante en el tramo de entrega de los galardones (pasa los diplomas al Heredero que debe entregar a los galardonados), pero durante el resto de la ceremonia puede estar fuera del plano mediático, y a una distancia que le permita cumplir con sus funciones. En mi opinión personal, sigue siendo discutible que la Casa de S.M. siga recurriendo a un Ayudante de Campo (militar) en una ceremonia cultural y universal dirigida al mundo. La misma función e iría en mayor consonancia podría acometerlo un asistente civil. No entiendo el por qué de la presencia de un uniformado, por mucha tradición que tenga, en este tipo de actos. Debería la Casa de S.M. reflexionar al respecto y comenzar a valorar que el protocolo de hoy exige puestas en escenas que se alejen de imágenes antiguas y eviten referencias al «poder».

 Al fondo el Ayudante de Campo durante la entrega de diplomas. Su posición debería ser algo más discreta en un ángulo de cámara abierto como el de esta imagen. Fuente: FPA.
Los atriles y el teleprompter
Al igual que en la pasada edición, la FPA recurrió a dos atriles. Uno institucional, para los discursos, situado a la derecha de la presidencia, y otro técnico para la Maestra de Ceremonia, Elena Ruiz, ubicado en un discreto plano en la esquina del escenario más próxima al público, a la derecha del observador. La Maestra de Ceremonia conduce los movimientos del evento (anuncia la entrada y salida de los galardonados) y lee una breve reseña del extracto de las actas en el momento de la entrega de diplomas. Dado que los protagonistas en esos movimientos son los premiados, dar una lugar discreto a la Maestra es acertado.
El atril principal tuvo en esta edición dos novedades importantes. Salvo la parte superior, quedó forrado en tela azul similar al resto de la escenografía predominante. No me convenció el resultado final, pero para ello seguro que hay gustos. He defendido muchos años que la FPA debería construir un atril específico, de nuevo diseño, menos aparatoso, más estético, menos llamativo y que no produzca tanta barrera. Pero estamos seguros que este intento de suavizar el impacto del mueble, es el primer paso que llevará a un atril más en consonancia con los tiempos, plenamente integrado en la escenografía general y mucho más discreto, para que no robe protagonismo alguno a quienes hacen uso de la palabra.

Atril principal para la ceremonia. Fuente:La Nueva España.
La segunda novedad ha sido la colocación del denominado teleprompter, un aparato muy utilizado en Estados Unidos, que permite a los oradores leer el discurso a través de dos cristales a través de dos cristales situados a sus lados, sin verse obligados los protagonistas a agachar sus cabezas para leer los folios. La petición vino del propio Príncipe, que quiso con ello recurrir a este sistema que ya había experimentado con éxito el Heredero en la defensa de la candidatura madrileña en la Asamblea del COI en Buenos Aires (ver vídeo en http://www.abc.es/videos-espana/20130907/intervencion-principe-felipe-ante-2656420639001.html). Su intervención entonces fue muy loada, en la que indudablemente en su soltura ayudó el aparato. Pero esta vez, no salió igual, y francamente -fallo técnico al margen- quedó la intervención real deslucida desde el tiro de la cámara de televisión que dio la señal institucional a todos los medios, porque no transmitía naturalidad. Por otra parte, estéticamente, en esa escenografía, no encajó. Riesgos aparte, en un país poco acostumbrado a su uso -más allá del que se hace para los presentadores de televisión-, no consiguió el objetivo propuesto. Viendo las imágenes a través de la pequeña pantalla, la presencia permanente del cristal situado a la izquierda del orador, interponiéndose entre la cámara y la bandera de Asturias, resultaba antiestético y antinatural, y desde la óptica de la cámara se notaba claramente que el Heredero leía el cristal. Es decir, lo que se pretendía no se alcanzó, y si encima el sistema falló y el Príncipe hubo de recurrir de nuevo a los folios peor lo ponemos.
Con independencia de ese revés técnico, el fallo viene del mal encuadre del aparato con respecto a las dos cámaras principales que seguían en primer plano el discurso. Nos parece poco comprensible que este hecho se haya producido y que no se haya reparado al respecto, o de haberse visto que no se adoptaran las soluciones pertinentes. El teleprompter es positivo en determinadas situaciones, pero siempre y cuando que en el tiro de cámara no salga (al menos descaradamente). Pero la imagen que sigue no precisa de más comentarios:
(Fuente: RTVE, medio que sirvió la señal institucional a todas las televisiones del mundo)
La Cruz de la Victoria asturiana queda tras el cristal, con un Príncipe que claramente mira hacia el mismo. Resultado negativo. No hay por qué renunciar al mismo si se considera positivo, pero habrá que mejor la puesta en escena, especialmente en esos primeros planos televisivos. Del teleprompter solo hizo uso, además, el Presidente de la Fundación. Los cuatro premiados que intervinieron recurrieron a sus folios, lo que dejaba más en evidencia el aparato. Resulta tremendo que se produjera el fallo del sistema (por supuesto no imputable a los servicios de Protocolo) y que el Príncipe no pudiera seguir su discurso con normalidad, convirtiendo los 24 segundos de silencio en algo interminable, en un tiempo desesperante para quienes estábamos viendo a un don Felipe sólido, comunicativo y dominador de la escena. TVE se escudó en la imagen del golfista Olazábal, pero cuando abrió el plano general sirvió al mundo la necesaria entrada de un asistente para pasar al Príncipe el discurso por el párrafo que tocaba.
Momento en que un asistente pasa al Príncipe el discurso escrito por el párrafo donde iba tras la interrupción del teleprompter (Fuente: La Nueva España).
Supongo que sintió un gran alivio el Heredero, pero seguro que aún le pesa la rabia de este fallo en su principal discurso anual. Somos conscientes de la importancia que este evento tiene para el hijo del Rey, tanta que incluso la noche anterior, tras un agotador día (viaje desde Madrid, audiencias, almuerzo, más audiencias, concierto en el Auditorio y cena con los miembros del Patronato de la Fundación y Patronato Príncipe de Asturias) se acercó, junto a su esposa, al escenario para ensayar con este sistema hasta altas horas de la madrugada. Ahora queda todo en anécdota y no pasa nada, pero fastidia y mucho, y creo que todos lo sufrimos en carne. Hacía 31 años que el jovencito Príncipe leía en 1982 su segundo discurso en el mismo Teatro y otros 11 segundos de silencio (mientras buscaba la línea perdida) ponía a todos los carne de gallina. Esta vez, ante un Príncipe solvente y maduro, se nos ponía cara de rabia
Al hilo de esta puesta en escena de los Príncipes, numerosas personas expertas en la materia, me han hecho llegar su reflexión acerca de la necesidad de utilizar algún recurso de maquillaje (discreto, pero eficiente) para don Felipe y doña Letizia, objeto permanente de atención televisiva, pues el alto nivel de luz que hay que dar a la zona, ocasionan que los rostros de ambos se vean negativamente afectados, con brillos y excesivamente blanqueados. No tengo opinión al respecto, pues no sé si utilizar este maquillaje ya es disfrazar en exceso a las personas. Pero ahí lo dejo por si alguien quiere ahondar en la cuestión.
La escenografía
La puesta en escena del Teatro continuó un año más en su línea. Telas y moquetas azules y amarillas como colores predominantes, con una sencilla trasera con el escudo institucional de la FPA y la expresión:»Premios Príncipe de Asturias» (sigo echando en falta el año, pues creo que es una información sustancial visto con perspectiva histórica). Doble juego de banderas España, Asturias y Europa, y las mesas que muestran las reproducciones de la escultura original cedida por el escultor Miró para estos premios, y que no se entrega por su excesivo peso. Tela azul para la mesa que hace prolongar visualmente el efecto de la alfombra y resaltar con ello a las cuatro personas de la Presidencia. Quizá los sillones que se utilizan deban cambiarse por otras más sencillas, pero ello llegará en el inevitable cambio que la escenografía ha de tener cuando que se considere el momento idóneo. No perderá identidad la ceremonia con esos cambios si se hace de manera adecuada, introduciendo nuevos materiales y tecnologías que ofrezcan al mundo un marco escenográfico que, sin romper con su identidad, su corta tradición y su solemnidad, proyecte una imagen más comunicacional y moderna. Llegará su momento, estamos seguros. Quizá no haya llegado, aunque nos consta que la FPA lleva ya varios años dando vueltas a la cuestión.
Siendo similar la escenografía en esta denominada por mi tercera fase de puesta en escena (iniciada en 1998 con el gran cambio introducido por el escenógrafo Julio Galán, tristemente fallecido), la novedad cada año se centra en el recurso floral. Hemos sido testigos en estos tiempos del cierto desasosiego que cada año lleva la elección de la decoración y la «sorpresa» que tras su montaje puede ocasionar. Ha habido años francamente muy buenos y otros no tanto. Desde hace cuatro años, la FPA ha minimizado los riesgos al limitar la creatividad del artista floral y agarrarse a la solución de las columnas (redondas o rectangulares) que escoltan ambos lados de la mesa, así como dos discretos centros florales en las esquinas del frontal de la mesa presidencial que permiten además minimizar el impacto visual de las cámaras robotizadas que dispone RTVE en ese punto.El tono de esta decoración predominante en esta edición ha sido el verde, salpicado de flores otoñales. Columnas que hablan de la robustez de la FPA y su ceremonia y flores como explosión del júbilo por el homenaje universal. Pero la combinación de este verde con las telas azules es complejo y de riesgo, con lo cual las opiniones que hemos escuchado son muy contradictorias. Es cierto que rompe la uniformidad del azul y amarillo, pero no estamos muy convencidos de que se haya acertado con la combinación. No hay que descartar el recurso a las flores, pero tampoco hay que pensar que es obligatoria su disposición. En una nueva concepción de la escenografía, la solución floral probablemente no tenga tanto protagonismo como cobra cada año. El escenario debe responder en cada edición a un concepto más minimalista, para resaltar a las personas protagonistas, y estos «adornos» no contribuyen, porque diluyen lo principal y llenan en exceso la vista. Y tampoco le aporta solemnidad, sino mera decoración, obligando al mismo tiempo a tener que extremar excesivamente las banderas y arrinconarlas. Un problema tampoco imputable a Protocolo, sino a la ausencia de un equipo auténtico de Producción, cuestión que hasta el momento la FPA no ha contemplado, pese a que es ya imprescindible en eventos de este tamaño.

 Escenario del Teatro Campoamor en la entrega de 2013. Fuente: FPA.
Las banderas interiores y exteriores
No ha pasado desapercibida tampoco la variación introducida este año en el orden de las banderas correspondientes a los países de los galardonados, situadas a la izquierda del observador, tras aquellos. Desde que se colocan las enseñas de estas naciones, se han dispuesto (porque así lo aconsejó el primer jefe de Protocolo de la FPA y gran maestro e indiscutible profesional clave en esta ceremonia, Felio A. Vilarrubias, que contó para ello con el visto bueno de la Casa de S.M, Presidencia del Gobierno y el Ministerio de Asuntos Exteriores) en orden alfabético en inglés. Un orden habitual en eventos internacionales donde se quiere resaltar la disparidad de países. Una ordenación que entienden mejor los propios galardonados, cosa que he podido comprobar personalmente.
En esta ocasión, se ha optado por la otra opción, también correcta, el orden alfabético en español. Sin embargo, colocar la bandera de España en primer lugar rompe el significado que se quiere dar. Esas enseñas corresponden a los países de los galardonados, y en consecuencia España -como un país galardonado más, el día que no tenga representantes no estará la bandera- debe ocupar el lugar que le correspondiera por la «E»  si es español (opción COI) o por la «S» si es inglés (opción ONU). Tendría sentido su presencia y ese lugar, sino hubiera más banderas de España, pero las oficiales correspondientes a la ceremonia, ya están a ambos lados de la presidencia, ocupando la española la posición central de un juego de tres, tal y como obliga la Ley de la Bandera de España. En consecuencia, el vexilo español correspondiente a los premiados no debe ocupar el primer lugar tras los premiados, sino el que le corresponda en el orden alfabético. Darle prioridad es como dar mayor valencia a los galardonados españoles. Para mí, una inadecuada interpretación. La bandera de España ya está presidiendo en otro lugar de honor y visible, como establece nuestra Ley. Estas son enseñas adicionales para resaltar simbólicamente la procedencia de los premiados. Si no hubiera un premiado español como ocurrió en alguna ocasión ¿se pondría la de España? Si la respuesta es que no, más fuerza tiene lo que aquí se señala.

Banderas de los países de los galardonados tras éstos en el escenario del Teatro Campoamor. Fuente:La Nueva España.
Inaudecuada interpretación se comete con la disposición de las banderas en lo alto de la fachada del Teatro. A an lado se colocó un trío oficial, a la izquierda del observador, España en el centro, Asturias y Oviedo a su derecha e izquierda, respectivamente, y al otro lado de la cornisa, otro trío con España, Asturias y Europa. Entre ambos juegos oficiales, se alzaron las banderas de los países de los premiados. Si hasta ahora se disponían en orden lineal de derecha a izquierda (visto desde atrás), porque eso es lo más correcto en situaciones como éstas, en esta edición se colocaron en alternancia de centro hacia los extremos, comenzando -una vez más de forma impropia- por la de España. Si las oficiales ya están dispuestas, flanqueando al resto, éstas deben de colocarse linealmente (no en alternancia desde el centro) y dando colocación a la rojigualda por el orden del idioma elegido (también en español en esta ocasión).Sin embargo, las banderas situadas en el lateral del edificio, calle de Argüelles, en formación lineal, sí estaban correctas, comenzando por la de España, siguiendo por el resto de los países, para finalizar con la Asturias, Oviedo y Europa, siguiendo así la técnica correcta y el orden habitual.

El mismo error de interpretación se cometió con el doble juego de banderas de países premiados dispuestos en el Salón Covadonga para la foto de familia, celebrada horas antes de la ceremonia (previo al almuerzo-bufé oficial) en el Hotel de la Reconquista.

El protagonista de cada edición El guión y puesta en escena de la ceremonia, lleva necesariamente a que cada año -sustos aparte- sea muy previsible la «foto del acto». Esa imagen que los organizadores sospechamos servirá de portada o recurso gráfico central de los medios escritos y apertura de los telediarios, como así ocurrió de nuevo en esta edición. La ONCE se llevó la «foto». Un presidente con algo de visión, una afiliada totalmente ciega con su perro-guía, Brizzy, y una niña también ciega, Liv Parlee Cantin, con su bastón, a quien los medios  calificaron de segunda princesa en esta ceremonia, se llevaron la palma. Hemos visto y analizado más de treinta diarios en España, y todos ellos han recogido la imagen que más adelante reproducimos. Es evidente que es la más tierna, la más fresca y la diferencial de todas las que hemos visto. No siempre un perro conduce a un premiado ante el Príncipe, y no es habitual ver ciegos entre los galardonados (de hecho fueron los primeros, pues el maestro Joaquín Rodrigo no puedo acudir en su momento a recogerlo por razones de salud, haciéndolo en su nombre una de sus hijas), ni tampoco una niña dando brincos sobre la alfombra hasta «chocar» contra la mesa presidencial. La escena es tierna y recoge ese sentimiento que quiere dar la Fundación, y responde al carácter humanista de la ceremonia.

La recogida de este galardón de la Concordia por parte de la ONCE fue necesario ensayarlo en el escenario en dos ocasiones (la víspera y el mismo día por la mañana). Era un movimiento complicado que debía salir ordenado en beneficio de la ceremonia y especialmente por imagen de la propia Organización Nacional de Ciegos que obviamente no quería transmitir torpeza o dificultades. La ONCE supo elegir muy bien a sus representantes y la FPA acertó en asumirlo. Además de merecidísimo reconocimiento, se llevaron la imagen y la mayoría de los aplausos. Lo cierto es que si se mira la foto es muy espectacular y simbólica.

Liv Parlee, Presidente de la ONCE, Miguel Carballeda,  María Cristina Lucchese y el perro guía, Brizzy, saludando al público, tras recibir el galardón. Fuente: Efe.
Este es el riesgo de determinadas elecciones cuando se designan las personas que ha de recoger el galardón. La ONCE hizo bien su estrategia y se llevó la palma. Quizá la ceremonia, como ocurriera en otras ediciones, se llevó por una humanista puesta en escena. Pero para España apenas tuvieron el espacio merecido otros galardonados, entre ellos dos que han recibido nada menos que el Nobel. Son los riesgos de este tipo de situaciones. Para España esa imagen es buena, para el resto del mundo no tanto.
La foto de familiaLa ONCE también protagonizó sin quererlo la foto de familia en el Hotel de la Reconquista. Quizá una no muy bien calculada ubicación de la representación de esta organización, hizo que la pequeña Liv y que la señora Luchesse y su perro-guía quedasen diluidas, junto al presidente de la institución, en una poco mediática segunda fila. Fue el propio Príncipe quien se percató del hecho (entre otras cosas porque los fotógrafos lo advirtieron durante la sesión), y pidió que la niña -la otra princesa- y María Cristina con su fiel Brizzy ocuparan la primera fila, y la pequeña el más digno puesto junto a los príncipes (ver la secuencia de este movimiento en http://www.abc.es/cultura/20131025/abci-principe-teleprompter-premios-discurso-201310251328.html ) . Fue la anécdota de la sesión matinal, y de nuevo la ONCE se llevó la palma.

Ciertamente se podía haber evitado, pero siempre te queda la duda de si una niña -que no es  premiada por sí misma- puede condicionar tan fuertemente el protocolo final. Pero los hechos han demostrado que a veces es mejor adelantarse a lo previsible, aunque sea variando el lógico ordenamiento. La FPA trató de repartir equilibrios, siguiendo criterios anteriores de llevar a filas posteriores los grupos de un mismo premio. Pero no siempre en la foto se da una circunstancia como la señalada. Dado que la FPA siempre ha acreditado flexibilidad, quizá en esta ocasión debiera haberse adelantado a lo previsible, aunque seguimos manteniendo la duda, pero en cualquier caso la actitud del Príncipe dio ese toque humanista y fresco que tanto caracteriza a estos premios. Hay un protocolo, pero también puede variarse con espontaneidad, si ésta es bien entendida, como fue este caso. Así, mírese por donde se mire, los ciegos fueron este año los mejor parados desde el punto de vista gráfico. Bueno, no siempre una niña (además virtuosa del piano) y un perro-guía se hacen dueños del escenario.

Foto Oficial de los premiados antes del cambio pedido por el Príncipe. Fuente: casarealtv.
Foto oficial de los premiados 2013 tras los cambios pedidos por el Príncipe. Fuente: FPA.

*Primera fase (1981-1987): cambios que no se consolidan. Segunda fase (1988-1997): buscando una identidad. Tercera fase (1998-actualidad): consolidación y protagonismo escénico de la decoración floral. Esta clasifcación se realiza en la Tesis doctoral de este autor titulada «Protocolo y Ceremonial en los Premios Príncipe de Asturias» (Universidad Camilo José Cela).

Ceremonia completa en: http://www.rtve.es/alacarta/videos/premios-principe-de-asturias/ceremonia-premios-principe-asturias-2013/2099870/

RTVE: los mejores momentos de la Ceremonia en dos minutos. http://www.rtve.es/alacarta/videos/premios-principe-de-asturias/acto-entrega-premios-principe-asturias-2013/2099771/

Los «graves errores» protocolarios en el desfile de la Fiesta Nacional

Presidencia de los Príncipes de Asturias en el desfile militar. Foto: Kote Alvarado (Efe). Fuente: http://politica.elpais.com/politica/2013/10/12/album/1381575549_772213.html#1381575549_772213_1381575893
Se ha venido hablando mucho en esta semana que la ausencia del Rey en el desfile de ls Fiesta Nacional de hoy 12 de octubre en Madrid, conllevaba la modificación de diferentes cuestiones de Protocolo. Una de ellas, la relacionada con los honores. Es decir, que en vez de sonar la versión íntegra del humno nacional (52 segundos), que se reserva entre otros, al Rey, se interpretaría la versión corta que corresponde al Príncipe (27 segundos). Y lo mismo para lo establecido en las salvas de honor. Todo ello legislado a través del Reglamento de Honores Militares.
Si consideramos, como es evidente, la parada militar y desfile un acto de carácter general -según la definición que da el real Decreto 2099/1983-, y aquella es presidida por el Príncipe de Asturias, en representación del Jefe del Estado, de acuerdo a la normativa vigente el himno que se interpretó a la llegada del Heredero, antes de pasar revista a la compañía de honores, debería haber sido la versión completa y no la reducida. El Príncipe está representando oficialmente al Rey, y como dice la normativa, ha de dársele los honores que corresponden al Monarca (como se sabe sólo dos autoridades en España pueden hacerse representar y recibir su representante los honores que corresponden al representado). No se hizo, lo que claramente es en mi opinión un «grave error», pues en consecuencia el Príncipe presidió, pero no en nombre del Jefe del Estado. La simbología se hace para algo, y en este caso por primera vez en la historia de la democracia se ha celebrado la Fiesta Nacional sin presencia formal o representada del Jefe del Estado.
Aunque el comunicado oficial de La Zarzuela habla de la presidencia de Príncipe y evita en cualquier momento la expresión de «representar» al Rey, la realidad es manifiesta: los actos institucionales del día de la Fiesta Nacional han sido presididos siempre por el Jefe del Estado. Si en esta ocasión no ha sido posible por la convalecencia del Rey, quien lo ha hecho en su nombre adquiere plenamente la conidición de persona o autoridad que lo representa, se diga expresamente o no. Por lo tanto en mi modesta opinión, estamos ante una inadecuada decisión de lo que supone interpretar la función de presidir y representar. Fue un desacierto total no dar honores de Rey a la persona que lo estaba sustituyendo, nada menos que quien está llamado a ser su sucesor.  ¿Tan duro es reconcerle ese papel de asumir por instantes el más alto papel institucional?
Otro error en mi opinión, quizá éste más discutible para quienes defiendan opciones más extremas de centralismo, es no dar una consideración protocolaria mayor a los presidentes autonómicos. Veo correcto que en la tribunal central de honor estén además del Príncipe, los representantes de los poderes del Estado, pero francamente no entiendo por qué no se sitúan también los presidentes autonómicos. De esta manera se hubiera conseguido «escenificar» una fiesta nacional que se extiende a toda España, que transmite mensaje de unión, en vez de confrontación. Verlos a todos juntos, con un tratamiento similar hubiera conseguido una proyección de unidad territorial mayor. Relegarlo a un mero saludo protocolario de los diez presidentes que asistieron, para luego pasar a una segunda tribuna es una torpeza, insisto, en mi opinión.
Resulta lamentable la ausencia de los otros siete presidentes autonómicos (motivos tendrán, políticos o de agenda), pero más lamentable es que a los que asisten se les relegue a una secundaria tribuna con el resto de autoridades, en un segundo plano llamativo (por cierto, erróneamente colocados de acuerdo a la normativa vigente)  En el Día de la Fiesta Nacional para mí tiene más sentido ver en la tribunal a los presidentes de los poderes del estado y a los autonómicos, y no tiene mayor relevancia situar a los ministros del Gobierno, ya representados por su Presidente.
  Fuente: http://politica.elpais.com/politica/2013/10/12/album/1381575549_772213.html#1381575549_772213_1381576027     Foto: Fernando Alvarado (Efe)
Muy criticable, por otra parte, que los actos centrales de la parada militar y desfile se hayan alejado del público, del ciudadano, de la calle en definitiva. Observar la ceremonia desde la televisión resultó fría y poco emotiva, por mucho que este tipo de actos resulten siempre solemnes, bonitos y relevantes. Pero no se ha conseguido lo pretendido. Falta el ciudadano, falta el calor de la calle y veo este acto alejado, distante. Creo sencillamente que esta visión de celebración ha entrado en la agonía, cuestión ésta que nada tiene que ver con la presencia o no del Rey y demás miembros de la Familia Real, sino con la esencia del acto en sí mismo. Los medios se han detenido en el papel de Real Familia, pero para mí lo importante ha sido la frialdad de un acto que no conecta, salvo para quienes piensan que hacer España es cuestión de exhibir la fuerza militar o celebrar el día como lo hacían dictadores del pasado. Este evento requiere actualizarse, y sueño algún día con otro tipo de actividades que combinan las oficiales con las ciudadanas, con un Rey, Príncipe, gobierno, autoridades, mezclándose con la gente, celebrando como la gente hace las fiestas.
Veía por otro lado, cómo los zaragozanos y aragones en general celebraban con júbilo y devoción la fiesta de su Patrona, y más me recordaba la Fiesta Nacional el día del Pilar, que lo que veíamos en la Plaza de Neptuno e inmediaciones. Deberían los altos responsables del Estado y sus servicios de protocolo abrir una severa reflexión al respecto. Lo necesita la unidad de este país.
Y cierro solamente recordando que si el Príncipe estaba representando al Rey en la Recepción en Palacio, don Felipe debería ir situado por delante de su madre, la Reina, y abrir el besamanos. Algo a lo que no estamos acostumbrados, pero es evidente que en ausencia del Jefe del Estado, quien debe representarle institucionalmente es el Heredero, que en consecuencia toma por instantes los honores de aquél. Por lo tanto, debe recibir él y su esposa, seguidos por la Reina y la Infanta. Esa es la  solución protocolaria idónea y en línea con la normativa (siempre interpretable). Otra cosa es que la prudencia o la falta de costumbre en nuestro país haya podido hacer pensar que hay determinados cambios que aún no se pueden visualizar. Es una lástima que haya tanta resistencia a que se le vaya encomendando en casa al Heredero las máximas funciones representativas cuando nadie se las va a discutir. Al menos en un caso tan claro en el que evidentemente el Rey no está para fiestas, ni para actos oficiales.
 Tras el saludo el Príncipe de sirige en Palacio Real a los presentes. Como observamos la Reina ocupa el puesto uno de esta presidencia. Fuente: http://www.abc.es/espana/20131012/abci-alminuto-desfile-fiesta-nacional-201310121001.html.
Autor: Esteban Villarejo.
Seguiremos soñando que algún día la Fiesta Nacional llegue a todos los rincones de España a través de la espontánea participación de los españoles, empujados por el verdadero nacionalismo, que no es otro que el defender los valores, historia, presente y futuro de tu país. Nada incompatible con celebrar con el mismo entusiasmo y orgullo el día de tu comunidad. Y orgullosos estaremos de que efectivamente todo el mundo se sienta ciudadano de España, de su región o comunidad, de su municipio o de su pueblecito. Pero todos más o menos saben celebrarlo, salvo a nivel de Estado que seguimos «erre que erre» con la misma cantinela de desfile (absurdo en estos tiempos).
Lo dicho, seguiremos soñando.
Y por supuesto, al margen de estos comentarios, felicitar a los responsables de protocolo y su equipo porque una vez más el evento técnicamente ha sido bien organizado y ejecutado.