Día de la Constitución: protocolo para los candidatos

Puestos especiales
Puestos especiales 3A la derecha el lider de Ciudadanos, Rivera. Dis puestos a su derecha, el de Podemos, Iglesias. Ambos en la primera línea frente a la presidencia.

Teníamos algunos profesionales mucha expectación sobre el tratamiento protocolario que se daría en el acto de esta mañana en el Congreso de los Diputados a los candidatos a las próximas elecciones generales del 20 de diciembre y que actualmente no son diputados, ni ostentan un cargo que les otorgue derecho a una precedencia. ¿Dónde se les colocará? Era una pregunta que estos días iba de boca en boca entre nosotros. Especialmente acostumbrados al buen protocolo que se hace en la Cámara baja española, capaz de adaptarlo a las circunstancias lógicas de cada momento, algo esperábamos al respecto. En concreto la expectación se centraba en si se reservaría puesto o no a los cabezas de lista de los partidos Ciudadanos, Albert Rivera, y Podemos, Pablo Iglesias. Continue reading

El Protocolo del Día de la Constitución (sin el Rey)

Buena presidenciaSalón de Conferencias. Presidencia del acto.

Este sábado se celebró el 36 aniversario de la Constitución Española de 6 de diciembre de 1978. Como viene siendo habitual se hizo en el transcurso de un acto institucional en el Congreso de los Diputados, bajo la presidencia conjunta de los presidentes del Congreso, Jesús Posada Moreno, y del Senado, Pío García Escudero. Como seguramente muchos lo habrán seguido a través de los medios de comunicación no voy a extenderme mucho en los detalles protocolarios, pues en este sentido no ha habido especiales novedades con respecto a ediciones anteriores.

Me sigue llamando la atención que un acto tan singular como el de conmemorar el día que se aprobó el texto que garantiza la democracia española y que constituye el acto más solemne y trascendental de las Cortes Generales (después de la ceremonia de apertura de cada Legislatura tras las elecciones generales), no asista el Jefe del Estado, hoy el rey Felipe VI. Tampoco lo hacía anteriormente el rey Juan Carlos I. Es evidente que no es cosa de la Casa Real, sino de una decisión política encaminada a dar el protagonismo a los parlamentarios españoles, acompañados de los poderes del Estado y las representaciones de los diferentes sectores de la sociedad española (quizá haya que abrir algo más este listado, aunque es cierto que la presencia ciudadana se garantiza con los dos días anteriores de puertas abiertas al público). Casi 1.500 invitados que, como sardinas en lata, ocupan los diferentes salones de la casa madre del Legislativo. Afortunadamente, el Congreso y el Senado cuentan con espléndidos profesionales de protocolo que garantizan la correcta organización de esta conmemoración, y a quienes de nuevo hay que felicitar.

La no presencia del Rey

Pero al margen de los detalles técnicos, uno se hace la pregunta: ¿por qué la ausencia del Jefe del Estado en un acto tan simbólico? ¿Resta protagonismo al parlamentarismo? ¿Es suficiente ese criterio para que no acuda la máxima autoridad del estado? Nunca he entendido por qué no entra en la agenda Real este evento que celebra la gran conquista de la democracia (aunque por cierto creo que hay cosas que ya habría que cambiar para amoldarla a la realidad político-social de nuestro país). La Constitución fue redactada y aprobada por las Cortes, luego tanto al Congreso como al Senado le corresponde el protagonismo. No hay duda. Pero hay fórmulas protocolarias para que el Rey esté presente y no quede al margen del evento. ¿No va la Constitución con él? Su no presencia provoca el riesgo de que pueda pensarse que nuestra monarquía nada tiene que ver con la Constitución y es evidente que el Rey es el primer defensor del orden constitucional. Tenemos Rey, además, porque la Constitución que en 1978 votamos quienes teníamos derecho a ello, así lo establece, definiendo nuestro sistema como monarquía parlamentaria. Por mucho que me lo expliquen encuentro un sinsentido que estando todos los poderes del estado y representaciones sociales, el Rey deba quedarse en Palacio siguiendo el acto por televisión. Absurdo.

Acto para el Hemiciclo

También llama la atención que el acto tenga como escenario el Salón de Conferencias (más conocido por el nombre de los Pasos Perdidos) y no el propio Salón de Sesiones o Hemiciclo, aunque en aquél se celebren otros actos solemnes, como las juras de altos cargos dependientes de las Cortes. Un evento de esta solemnidad obliga al uso de los espacios que contribuyan a entender mejor el sentido del acto. Y conmemorar la Constitución en el Hemiciclo, donde fue aprobada, nos parece más adecuado. Desde su habitual sillón, junto al Presidente del Senado, debiera haber pronunciado su discurso el Presidente del Congreso. Para nada, por cierto, hubiera restado protagonismo que el Rey o los Reyes presidieran tan importante acto, aunque no hicieran uso de la palabra. Lo importante es su asistencia, junto a todas las instituciones presentes. Queda chocante que la Jefatura del Estado esté ausente.

Hemiciclo

Es el marco idóneo, porque está presidido por un tapiz con el Escudo de España bajo dosel y a cada lado dos esculturas en mármol de Carrara que representan a Isabel la Católica y Fernando el Católico, obras de José Panucci y Andrés Rodríguez, respectivamente. A derecha e izquierda de cada una de ellas hay dos grandes cuadros: uno sobre las Cortes medievales, en el momento en que la Reina Regente María de Molina presenta a su hijo el Infante don Fernando ante las Cortes de Valladolid, pintado por Antonio Gisbert; otro, de las Cortes de Cádiz, durante la celebración de la Sesión en la que los Diputados juran su cargo en 1810, obra de José María Casado del Alisal.

También, me sorprende que en tan señalada fecha no se interprete el Himno Nacional, primero porque el guión del evento lo demanda, y segundo porque contribuiría no solo a la solemnidad sino a los objetivos del acto. Los símbolos del Estado están precisamente para estas ocasiones.

El marco del hemiciclo es el adecuado, disponiendo a autoridades y diputados y senadores lugar entre las bancadas o buscando lugares especiales, reservando las tribunas para otros invitados, o bien mezclando. Está claro que los 1.500 invitados no entrarían, con lo cual si se estima conveniente su presencia pueden seguir la ceremonia desde los diferentes salones, hasta el momento de mezclarse tras el discurso, momento que parlamentariamente viene a denominarse el de los “corrillos”.

Presidentes entre macerosEl Presidente del Congreso durante su discurso, acompañado por el Presidente del Senado.

Por otra parte, la imagen del Presidente del Congreso durante su intervención quedaría más adecuada a los tiempos actuales, hablando desde la presidencia del Hemiciclo que desde el precioso Salón de los Pasos Perdidos, con los dos maceros de fondo que nos trasladan excesivamente una imagen no muy enlazada precisamente con el texto constitucional (deberían estar en un posición más abierta, para que no copen tanto la imagen principal). Con ello, no quiero decir que deba de prescindirse de la costumbre parlamentaria de la presencia de los maceros en estos actos solemnes. Debe respetarse esta tradición porque su presencia recuerda simbólicamente la autoridad suprema de los parlamentarios y su independencia frente al resto de los poderes.

El protocolo del acto

Banderas autonómicasAcceso al Congreso a través de la carpa.

Protocolariamente el acto ha sido correcto, aunque es difícil “lidiar” con tanta gente para tan poco espacio. En varias ocasiones he tenido la oportunidad de asistir a este acto y es cierto que intentar poner orden es tarea imposible. Por ello, es suficiente atender con más mimo el recibimiento que los dos presidentes dispensan en la puerta de Congreso a todos los invitados y que se reserven los puestos protocolarios en la zona de presidencia a los representantes de las principales instituciones del Estado y de las cámaras legislativas, y que el resto se ubique al libre albedrío. Para el acceso de invitados se habilitó una carpa desde la entrada de la Carrera de San Jerónimo hasta la puerta lateral de la calle de Floridablanca, donde lucía además de tres banderas nacionales, las enseñas de las 17 comunidades autónomas y las dos ciudades autónomas.

Lado Gobierno Los representantes de los poderes y otras autoridades a la derecha de la presidencia.

Lado MesasMiembros de las Mesas del Congreso y Senado.

En el centro de la presidencia se ubicaron los dos presidentes, tomando precedencia (lado derecho) el del Congreso, no solo porque está en su “casa” sino por ser el presidente de las Cortes Generales (cuando concurren conjuntamente Congreso y Senado). A la derecha, en dos filas, los presidentes de los otros poderes (Gobierno, Constitucional y Judicial) y los ministros por su orden, cerrando el Ministro de Sanidad, no por ser el último nombrado, sino porque en el ordenamiento de los ministerios ocupa la última posición. Detrás de ellos, los pocos presidentes autonómicos que acudieron (igualmente por su orden), seguido (porque no asistió ex presidente del Gobierno alguno) del Secretario General del Partido Socialista, que como máximo representante del grupo parlamentario no gobernante con mayor número de diputados, se le reservó el puesto de Jefe de la Oposición que prevé el artículo 10 del Real Decreto 2099/83 sobre Ordenación General de Precedencias en el Estado (de las pocas veces que se hace bien). El lado izquierdo quedó reservado para los vicepresidentes y secretarios que componen las Mesas del Congreso y Senado. Sigue así el Congreso su práctica de distinguir mediante espacios a las autoridades externas, y las internas, en una decisión muy acertada.

Supongo que habrá razones presupuestarias, pero al Congreso le hace falta un atril renovado, acorde con el entorno, más funcional y discreto (y con algo más de gusto). Seguro que cuando la economía lo permita será cambiado. La ceremonia consistió únicamente en el discurso pronunciado por el Presidente del Congreso.

Como recuerdo de este año queda la iluminación de la fachada principal del edificio, que se inauguró la noche anterior, y que fue financiada por la empresa Iberdrola.

Congreso iluminado

Honores a la bandera en la Plaza de Colón

Como también es tradicional, dos horas antes del acto del Congreso, a las 10.00 h, los presidentes del Congreso y Senado presidieron en la plaza de Colón el solemne acto de izado de la bandera de España, una enseña de nada menos 300 metros cuadrados de superficie y que entre numerosos militares fueron izando a los acordes del Himno Nacional.

Revista Presidentes

Compañía buena

Comenzó este homenaje con la formación de la compañía mixta que rendía honores (ejércitos de Tierra, Mar y Aire, más Guardia Civil). Tras la llegada de los presidentes del Congreso y Senado, accedieron al podio para recibir los honores militares que les corresponde, y posteriormente pasaron revista a la tropa. Seguidamente se izó la gran enseña, ya emblema de Madrid, y que periódicamente es cambiada de forma solemne. Hasta no hace mucho, en cuatro ocasiones al año: 15 de mayo (San Isidro), 24 de junio (onomástica del anterior Rey de España), 12 de octubre (Fiesta Nacional) y 6 de diciembre (Día de la Constitución). La del 24 de junio se cambiará por el 19 del mismo mes, aniversario de la proclamación del rey Felipe VI, y la del 12 de octubre se hace días antes de forma más discreta, pues el homenaje a la bandera en ese día se traslada al lugar donde se celebra el desfile.

Ver ceremonia completa:

Protocolo y ceremonial para la Proclamación del Rey Felipe VI

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Rey y el Príncipe de Asturias juntos después de anunciarse la decisión de don Juan Carlos de abdicar la Corona en favor de su hijo. Ambos compartieron agenda en el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, donde el soberano presidió una reunión del capítulo de la Orden de San Hermenegildo, creada hace dos siglos para premiar conductas militares ejemplares

 

Don Felipe de Borbón, como Felipe VI, asumirá, previsiblemente el próximo día 19 de junio, la máxima responsabilidad institucional como jefe del Estado español, en su condición de nuevo Rey. Ha de liderar desde su más alta función a “una generación más joven, con nuevas energías, decidida a emprender con determinación las transformaciones y reformas que la coyuntura actual está demandando y afrontar con renovada intensidad y dedicación los desafíos del mañana”, según señaló don Juan Carlos en el mensaje dirigido a la nación al anunciar su abdicación el pasado día 2 de junio.

 

El propio monarca que cesa añadía además: “El Príncipe de Asturias tiene la madurez, la preparación y el sentido de la responsabilidad necesarios para asumir con plenas garantías la jefatura del Estado y abrir una nueva etapa de esperanza en la que se combinen la experiencia adquirida y el impulso de una nueva generación. Contará para ello, estoy seguro, con el apoyo que siempre tendrá de la Princesa Letizia”.

 

Estas palabras del Rey, pronto “rey padre”, intentan marcar las pautas de un necesario nuevo estilo de reinar lo que influye directamente en el protocolo y el ceremonial, formalismos éstos a través de los cuales se da visibilidad a los actos públicos que vaya a desempeñar a partir de ahora y en definitiva a la imagen de la propia monarquía española. Desde esta óptica, y consideraciones políticas e institucionales al margen, tiene don Felipe su primera oportunidad de acreditar los indicios de ese nuevo estilo, en la ceremonia de juramento y proclamación ante las Cortes Generales.

 

Se habla estos días sobre el protocolo a seguir para este acto, el más importante de Estado. Apenas se conocen los detalles y lo poco que ha trascendido es fruto de un inicial briefing que desde el servicio de prensa de La Zarzuela se hizo este jueves con diferentes representantes de los medios de comunicación. Se ha dicho que no habrá la misa conocida como del Espíritu Santo, que en el caso de don Juan Carlos en 1975 se celebró en la Iglesia de los Jerónimos, que no habrá representaciones extranjeras ni de casas reales por problemas de capacidad en el hemiciclo del Congreso (fenomenal evitar toda esa pompa y gasto innecesario) y que el nuevo Rey acudirá de uniforme de Capitán General de las Fuerzas Armadas.

 

Tratamiento para el “Rey padre” y su precedencia

 

Por otra parte el Gobierno, siguiendo los deseos del nuevo Rey, establecerá mediante Real Decreto el tratamiento y dignidad que tendrá don Juan Carlos. Aunque nada ha trascendido de forma fiable, todo parece indicar que tanto el actual monarca como su esposa, la reina doña Sofía conservarán la dignidad de Rey (siempre hay que entenderlo como algo honorífico) y, en consecuencia, el tratamiento de Majestad/Majestades. Nos parece razonable, aunque desde el punto de vista jurídico probablemente discutible. Un Rey que dio a España una constitución democrática e impulsó la modernización de un país atrasado que venía de una aislada dictadura militar, que ha hecho encomiables servicios a la nación en sus 39 años de reinado, creemos que es digno de conservar su estatus de Rey, aunque sea de forma simbólica y no suponga ello la asunción de funciones específicas, más allá de las que el nuevo Jefe de la Casa Real disponga en la distribución de las tareas de representación y presencia pública de la Corona.

 

Es un acierto que don Juan Carlos renuncie al título de Conde de Barcelona, así como a cualquier otro que sea propio de Rey, evitando así confusiones y cerrando la disfunción histórica que, obligada por las circunstancias, se llevó a cabo con la figura del abuelo de don Felipe, don Juan de Borbón y su esposa, al reconocerle el uso de título de Conde de Barcelona. Sería oportuno en su momento establecer un título específico para el Rey abdicado, a los efectos de clarificar verbal y popularmente el estatus de uno y otro. Su tratamiento siempre sería de Majestad y la consideración de Rey a efectos de protocolo, pero se evitaría la duplicidad de nominaciones.

 

No adelantemos acontecimientos a la espera de la norma, pero de confirmarse esa consideración de Rey, ha de entenderse que en las precedencias del Estado tanto el Rey padre como la Reina madre irían por delante de la Princesa de Asturias, salvo que se modificara en sentido contrario en el Real Decreto 2099/1983. Resulta chocante que un rey honorífico y abdicado, tenga mayor precedencia que la heredera, la Princesa de Asturias (la edad actual no debe ser condicionante pues las normas se hacen con la perspectiva del tiempo).

 

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 Jura de don Juan Carlos como Rey de España el 22 de noviembre de 1975.

Antecedentes próximos de la ceremonia

 

La ceremonia de proclamación y juramento es, pues, el primer indicio claro de cuál será el estilo de reinado del nuevo Monarca, si plenamente continuista o apuntará hacia cambios significativos. Sin irnos excesivamente atrás en la historia, donde poco podríamos sacar que sirviera para la España actual, partimos de la base de dos antecedentes. El primero, la propia proclamación de don Juan Carlos el 22 de noviembre de 1975 –estrictamente de Rey- y la segunda, el juramento del Príncipe de Asturias de la Constitución Española al cumplir los 18 años el 30 de enero de 1986. Ambas se celebraron en el mismo escenario, el estrado del Congreso de los Diputados, pero de desigual manera.

 

En el caso del acto de 1975 venía claramente condicionada por un régimen fruto de la dictadura franquista, en la que se impuso el ceremonial propio de una época donde la Regencia tras la muerte del general Franco fue asumida por los tres máximos representantes de Las Cortes, las Fuerzas Armadas y la Iglesia Católica. En esas circunstancias, ver jurar al Rey “por Dios y ante los Santos Evangelios” y uniformado de Capitán General del Ejército de Tierra no nos sorprendió. Bastante tenía ya con realizar el primer discurso que un monarca pronunciaba ante las Cortes tras su jura y hacerlo, además, reclamando justicia social, respeto a las singularidades territoriales españolas y a los intereses del pueblo y recordando la figura de su padre don Juan.

 

En un ceremonial condicionado y encorsetado, propio de la época, en el que lucieron sobre un cojín la Corona, el Cetro y un crucifijo de plata, don Juan Carlos quiso significarse fundamentalmente con sus palabras y apostar desde el primer momento por la idea de su una España democrática. Y debía hacer claramente visible su autoridad, por lo que acudió vestido de Capitán General, algo que en 1975 era entendible, crucial y necesario. No hubo más discursos que el suyo, entre otras cosas porque después del testamento político de Francisco Franco a ver qué representante de esa dictadura tenías agallas de añadir algo más.

Jura Príncipe 1986

 Jura del Príncipe de Asturias de la Constitución Española al cumplir la mayoría de edad. 30 de enero de 1986.

 

Diferente fue la jura del príncipe, don Felipe. Muy significativos los cambios. No vamos a extendernos en la cuestión pues tan solo con observar las imágenes cada uno puede extraer sus propias conclusiones. Pero sí al menos quisiera resaltar algunos aspectos relevantes que se produjeron en 1986: la jura del Heredero se hizo con etiqueta civil (chaqué), sin referencia religiosa alguna (ni crucifijo, ni biblia) y hubo un discurso al inicio del acto a cargo del presidente del Congreso, entonces Gregorio Peces Barba. Tres aspectos que desde el punto de vista ceremonial son muy relevantes y que estuvieron acertados.

 

Uniforme militar o civil

 

La ceremonia de proclamación de don Felipe VI debe ser una mezcla de ambas, pero al mismo tiempo consecuente al estilo que ya fijó en su jura como sucesor. De forma rotunda estimo negativo y contradictorio que el nuevo Rey concurra a la Cámara Baja vestido de Capitán General de los Ejércitos. El hecho de que asuma la jefatura suprema de las Fuerzas Armadas no es razón suficiente para utilizar dicha prensa en una ceremonia civil ante los representantes de los ciudadanos. Tiempo tendrá de lucir su nuevo uniforme donde corresponda, que es en los actos militares. Pero en el Congreso no tiene sentido alguno. Sería una magnífica ocasión que prescindir de esta uniformidad para actos civiles de Estado. Creo que ya es hora de que el Rey por encima de todo ejerza como representante de todos los españoles y reduzca al mínimo en su actos habituales su condición de militar y católico.

Honores Rey

El Rey recibió honores (vestido de civil) con ocasión de la ceremonia de inaiguración de la X Legislatura de las Cortes Generales el 27 de diciembre de 2011, última vez que estuvo en el Congreso de los Diputados.

No ha de entenderse esta postura como un rechazo a la importancia que tiene ejercer el mando supremo de las Fuerzas Armadas, ni el papel de las mismas en la sociedad moderna, pero chirría mucho ver al Rey en su primer acto jurando una Constitución y siendo proclamado por la “Soberanía popular” vestido de militar. Un claro error y un inadecuado estilo. En la España del siglo XXI esta imagen supondría una clara contradicción con los tiempos y tampoco creo que refleje el estilo del reinado que ejercerá don Felipe VI. Otra cosa es que se le rinda honores de ordenanza a su llegada al Congreso y presida el ulterior desfile militar con la que se pondrá fin al acto oficial del Congreso. Pero para recibir honores militares no es necesario ir uniformado. De hecho, cuántas veces hemos visto tanto a don Juan Carlos como a don Felipe recibir honores vistiendo traje civil. Por cierto, ha de entenderse que los honores que recibe son los correspondiente a Rey (pues lo es desde el mismo momento de la entrada en vigor de la abdicación), por lo que debería sonar el himno en su versión completa (52 segundos).

Los símbolos reales y el Himno Nacional

Resultaría acertado que el presidente de Las Cortes, en nombre de las dos cámaras y, en definitiva, de todos los españoles, hiciera un discurso breve y sencillo para ensalzar y solemnizar la relevancia del momento. Es necesario y positivo que los símbolos reales se dispongan (Corona y Cetro), porque con ello se simbolizará claramente el significado de este acto. No se entregan porque no es una Coronación (el Rey lo es de forma automática en virtud a la Constitución). Por supuesto, tampoco los lleva porque no es costumbre en nuestro ceremonial histórico (quedaría patético ver a nuestro Rey bajo Corona y con el Cetro en la mano), ni tampoco ha sido utilizado por su padre el Rey don Juan Carlos. Don Felipe debería ser consecuente con lo hecho en 1986 y prescindir del crucifijo y de la biblia, elementos que se contradecirían con el estado laico y aconfesional que establece la Carta Magna.

No ha trascendido aún, pero suponemos que en breve se sepa –de hecho los equipos de protocolo de la Casa de S.M., Presidencia del Gobierno y Congreso están trabajando y coordinando al respecto desde hace varios días-, cuándo se interpretará el Himno Nacional dentro del hemiciclo. Normalmente, cuando los reyes acuden al Congreso –hasta ahora en todas las inauguraciones de la Legislatura- se interpretó a su llegada. En la jura de don Juan Carlos se hizo una vez pronunció las palabras propias de su juramento, pero antes de dirigirse con su discurso a los procuradores y senadores. Se simbolizaría mejor su nueva condición de Rey si ese protocolo de himno aplicado a su padre se mantuviera. Es una forma muy efectiva de solemnizar el momento y tomaría más significado. Sin embargo, hay que advertir que en el caso de don Juan Carlos no llegaba como Rey –no fue una sucesión como tal, sino una instauración de la monarquía- y hasta ese momento a Jefatura del Estado la encarnaba el Consejo de la Regencia. Como se ha apuntado, don Felipe llega ya como Rey, razón que puede aconsejar que se interprete el Himno Nacional al inicio del acto.

El protocolo de asientos

Los nuevos reyes ocuparán dos sitiales de honor en el centro del estrado, situándose a su derecha los presidentes del Congreso y Senado y a su izquierda las dos hijas, la infanta doña Leonor (que en ese momento ya será Princesa de Asturias) y doña Sofía, la segunda en la línea de sucesión. Es probable que los miembros de las Mesas del Congreso y del Senado se ubiquen en una segunda fila tras los citados. A la derecha, la del Congreso; a la izquierda la del Senado. Algunos ha especulado con la posible ubicación del Presidente del Gobierno junto a las infantas (como ocurrió en la jura del Príncipe), pero en esta ocasión carecería de sentido que en un pleno oficial de sesión conjunta de Las Cortes, el máximo representante del Ejecutivo no estuviera en su escaño (primer sillón azul)[i].

La presencia de don Juan Carlos y doña Sofía

Sobre la posible presencia de don Juan Carlos y doña Sofía a la ceremonia pienso que no acudirán con el objetivo de no quitar protagonismo al único que debe tenerlo. Como reyes que fueron sabrán asumir el sacrificio de seguir tan relevante acto por televisión. Acertarían si no concurrieran al igual que sus hermanas por razones obvias o cualquier otro miembro de la familia del Rey y de la Reina. Si los “ex reyes” asistieran ¿dónde se les podría ubicar? ¿En un lado de la presidencia? ¿Tras las infantas? ¿En la tribuna Real? Me pregunto: ¿No es demasiado fuerte escenificar el cambio habitual de sitio de unos monarcas que siempre han ocupado la presidencia del hemiciclo y que ahora se les traslada a la tribunal real, en la planta de invitados? Hay razones a favor y en contra, pero a mí me pesan más las negativas.

Tampoco se trata de un relevo al estilo presidencial de los regímenes sin monarquía. No es necesario escenificar en este momento el “traspaso”, pues el objetivo del acto es otro. El rey don Felipe VI acude a las Cortes a jurar y a ser proclamado, no para simbolizar el relevo. La escenificación del fin de un reinado y el inicio del otro, se hace en esa ceremonia que se anuncia para la víspera en la que el Rey en presencia de la Reina y los príncipes firmará oficialmente la Ley Orgánica aprobada por el Congreso y Senado por la que se oficializa su abdicación y que se publicará en el BOE al día siguiente. A ese momento debe aplicarse toda la carga emocional y simbólica de lo que significa el relevo generacional en la jefatura del Estado. Un sencillo acto de firma, sin más, pero suficiente y ciertamente histórico. Confiemos que ese acto sea televisado para todo el mundo, porque de lo contrario perdería la esencia de su razón de ser.

La Recepción en Palacio Real

Tras el acto del Congreso, se especula –y así será- sobre la posibilidad de que don Felipe VI ofrezca una Recepción en el Palacio Real. Estimo que una sobria y sencilla Recepción es obligada, para que los representantes de las instituciones del Estado y de las comunidades autónomas (deberían estar los alcaldes de los ayuntamientos capitales de provincia), del cuerpo diplomático acreditado en España, los agentes sociales, culturales, etc., tengan la oportunidad de expresar directamente la felicitación al Rey proclamado. Deseamos que esa posible Recepción se abra a más estamentos de la sociedad que los meramente institucionales y que la lista de asistentes sea otro de los indicios de cambio.

Saludo a los ciudadanos

Faltaría solo, para redondear la cuestión, cómo expresar de forma directa la vinculación del nuevo Rey con el pueblo. En la ceremonia de don Juan Carlos en 1975 utilizó un coche descapotable para dirigirse desde el Congreso a La Zarzuela y desde él, a paso lento, saludó a las miles de personas que se dieron cita en las inmediaciones. No sabemos lo que don Felipe hará, pero estamos convencidos que buscará algún gesto directo al pueblo. No soy partidario de asomarse al balcón de Palacio; preferiría más la imagen de unos reyes –don Felipe y doña Letizia- a pie de calle saludando y mezclándose con el público.

Adiós a la monarquía de “hadas”

Este nuevo Rey debe ir desterrando determinadas imágenes que nos recuerdan la idea de una monarquía de “hadas” y de viejos tiempos. Que no miren a otras monarquías. Que se abstraigan de las mismas. Que piensen que en España la cultura monárquica existente es floja y que quizá Felipe VI deba reinventar un nuevo estilo monarquía que se aleje de los estilos de Palacio y le haga ganarse a los ciudadanos.

Ese debe ser el objetivo de su protocolo y ceremonial a partir de ahora: construir una imagen de una representación plástica de la monarquía que se aleje de los estereotipos a los que nos han acostumbrado y que ya han caducado. El pueblo quiera otra cosa, por mucho que luego “devore” todo lo que le den sobre el vestido de doña Letizia o los azules ojos de la rubia infanta doña Leonor o la barba sí, barba no, de nuestro rey Felipe VI. Hay que evolucionar los eventos Reales y socializarlos, aunque nos alejemos de lo que hacen otras monarquías de “cuento” y, así, rejuvenecer la imagen que la Casa Real española tiene que transmitir a través de su actos. Todo en un calculada transición que debe empezar desde su primera ceremonia en el Congreso.

De esta forma daría respuesta don Felipe a las palabras de su padre en el mensaje de abdicación, donde señaló de su hijo que “encarna la estabilidad, que es seña de identidad de la institución monárquica”. Y más adelante afirmaría otra importante frase: “Abrir una etapa de esperanza en la que se combinen la experiencia adquirida y el impulso de una nueva generación”. Como se han apresurado en decir portavoces de la Casa de S.M. no se trata de un “cambio”, sino de una sucesión dentro de una normalidad constitucional. Pero al margen de lo político, es una magnífica oportunidad para que los nuevos reyes abanderen el estilos propio de una monarquía para el siglo XXI. Y no tienen, para ello, buenos referentes en Europa.

Posible estructura del acto

Con todos los riesgos que tiene adelantar una previsión personal sin conocer importantes detalles que se están debatiendo y estudiando ahora, me atrevo a intuir que la ceremonia responderá más o menos a este guión:

  1. Llegada de diputados y senadores, que deberán acudir con etiqueta de traje oscuro y los miembros de las Mesas, al menos, portando la medalla del Congreso y del Senado.
  2. Llegada de las principales autoridades invitadas al acto.
  3. Llegada del nuevo Rey en vehículo del estado portando el banderín guión Real).
  4. Recibimiento por el Presidente del Gobierno y Jefe del Estado Mayor de la Defensa.
  5. Acceso al podio para el inicio de los honores militares ofrecidos por la Guardia Real, con representación de los tres ejércitos. Suena el himno nacional y las salvas de honor.
  6. Revista a la tropa por el nuevo Rey, acompañado por el Jefe del Estado Mayor de la Defensa y el Jefe del Cuarto Militar de la Casa de Su Majestad.
  7. Fin de la Revista.
  8. Saludo al pie de la escalinata del Congreso de los presidentes del Congreso, Senado, Tribunal Constitucional y Consejo General del Poder Judicial.
  9. Saludo en el vestíbulo principal a los miembros de las Mesas del Congreso y del Senado.
  10. Acceso al estrado presidencia del hemiciclo. Himno Nacional.
  11. Intervención del Letrado Mayor de las Cortes para dar lectura a la convocatoria de la sesión extraordinaria.
  12. Posible discurso del Presidente del Congreso.
  13. Toma de juramento por el Presidente del Congreso.
  14. Fórmula de juramento por don Felipe.
  15. Discurso del Rey.
  16. Fin del acto. Abandonan el hemiciclo.
  17. Saludo (besamanos) en el Salón de Pasos perdidos a los representantes institucionales.
  18. Desfile de las unidades militares que le rindieron honores en la Carrera de San Jerónimo. Presidirá desde un podio situado al pie de la escalera principal de la Puerta de los Leones.
  19. Traslado a Palacio Real para la Recepción

El protocolo oficial, “en coma”

 

Desfile

Desfile militar con ocasión de la Fiesta Nacional del 12 de octubre de 2012, la última a la que asistieron

los Reyes de España. Foto: EP.

(Se reproduce a continuación de forma literal la parte introductoria de un amplio reportaje que publicará a finales de esta semana la Revista Protocolo y Eventos, de Ediciones Protocolo -número 70-, en su formato impreso, sobre los resultados de un estudio realizado con 480 periodistas y comunicadores sociales, sobre su opinión de los eventos oficiales. Un 93 por ciento destacan la escasa participación ciudadana y la falta de interactividad con los públicos; un 65 por ciento confiesa que no le interesan para nada los actos oficiales y un 87 por ciento que los discursos se extienden en exceso. Un 70 por ciento de las noticias publicadas en la prensa española en 2010 sobre protocolo no hacen una correcta valoración de lo que realmente es).
La opinión general es evidente: los actos organizados por las instituciones públicas precisan de nuevos formatos y escenografías que, combinando el respeto a las tradiciones y la esencia netamente institucional, faciliten el necesario acercamiento entre gobernantes y ciudadanos. El modelo habitual de acto oficial agoniza y los políticos tratan cada vez más de huir de los mal llamados actos estrictamente protocolarios para en su lugar propiciar un tipo diferente de eventos que rompa con la imagen rancia  de distanciamiento,  frialdad y excesiva solemnidad. Los profesionales del protocolo oficial son conscientes de este agotamiento del modelo clásico y se afanan en buscar alternativas aunque en los tiempos de austeridad actuales la tarea no es fácil. Al menos eso señalan cuando en diferentes foros se analiza la cuestión, como ocurrió recientemente en el II Congreso Universitario de Comunicación y Eventos, promovido fundamental por las universidades Complutense y Camilo José Cela de Madrid. La falta de recursos económicos, el condicionamiento de los espacios existentes en las sedes oficiales y la cierta reticencia de la clase política a incluir formatos más atrevidos, son algunos de los argumentos que esgrimen los organizadores de actos de las administraciones públicas para reconocer que la necesaria evolución será más lenta de lo deseable sino se produce al mismo tiempo un cambio conceptual de lo que es la figura del técnico de protocolo oficial y sus competencias.

 

Desgraciadamente no contamos con ningún estudio serio y riguroso que permita saber que opinan los ciudadanos españoles de los “actos protocolarios” que promueven sus representantes públicos, pero es evidente que existe una importante desafección hacia aquellos, a poco que uno se interese por la opinión de los invitados o del público de la calle, o sencillamente recurra a un seguimiento en las redes sociales más en boga. A este claro desapego o tendencia a pensar que los eventos oficiales habituales es cosa de “poderosos” e influyentes, los ciudadanos se interesan y se identifican mejor cuando el gobernante se “salta el protocolo” o genera gestos que rompan con la monotonía propia de este tipo de actos y con escenografía que no responden a la realidad comunicacional de los tiempos.

 

De hecho, los grandes expertos de comunicación y eventos de nuestro país  consideran que la eficacia de la mayoría de los actos institucionales es nula y que, por ejemplo, el alto coste que representa el desfile militar realizado con ocasión de la Fiesta Nacional del 12 de octubre, en Madrid, no genera ningún tipo de Retorno de la Inversión (ROI) favorable. Valoran que la Casa Real Española, escándalos al margen, siga transmitiendo una imagen muy rancia de sus propios eventos. Que resulta muy chocante en la España del siglo XXI ver jurar a un presidente del Gobierno ante los otros cinco altos representantes del país, en una ceremonia sin público alguno, con una mesa forrada de tela que nos retrotrae a siglos atrás, ante un crucifijo del que nadie entiende su presencia y con un jefe de gobierno que ha de inclinar dos veces la cabeza ante el Rey. Ni que el Congreso escenifique de forma muy similar una recepción para el Día de la Constitución que para los miembros de la Plataforma de Afectados por las Hipotecas. O que los nuevos jueces reciban sus credenciales en un acto que sitúa a la justicia a años luz de la realidad cotidiana Son algunos ejemplos  de actos al máximo nivel de la imagen que se proyecta de los actos organizan los padres de la patria.

Congreso Hipoteca

El presidente del Congreso, Jesús Posada, acompañado por diputados de diferentes formaciones, en el Salón de Pasos Perdidos del Congreso, recibió en febrero de 2013 a la Plataforma de Afectados por las Hipotecas (PAH), promotores de la iniciativa legislativa popular (ILP) a favor de la dación en pago. Dadas las características del acto, ¿es este el mejor formato para el acto? Foto: Congreso de los Diputados.

 

El recurso a “saltarse el protocolo”

 

Al problema organizativo, derivado bien de la escasez de recursos o de la falta de ideas alternativas o de los permisos políticos correspondientes (cada cual que valore las auténticas razones), se une la mala imagen que los medios de comunicación tienen del protocolo en sí mismo y que, obviamente, transmiten día a día a través de sus crónicas. Celebran con regocijo y destacan los “saltos de protocolo”  que convierten en noticia dejando en segundo plano los objetivos principales que pretenden dichos eventos. Un estudio realizado por el Instituto Universitario de Protocolo de la Universidad Camilo José Cela revela que casi un 65 por ciento de los periodistas reconocen no interesarles para nada los actos oficiales y casi un 23 por ciento que solo a veces. Tan solo un 12 por ciento dicen que sí. Datos preocupantes para quienes hacen de puente comunicacional entre gobernantes y ciudadanos.

 

Pero a este estudio se suma otro que pronto verá la luz en una importante revista científica de comunicación española que concluye que “la representación que la prensa hace del protocolo dista mucho de ser el correcto, desvirtuando en la mayoría de ocasiones su verdadera esencial conceptual”. El mismo trabajo activa la alarma al señalar que queda “evidenciado que la explicación que hacen de los códigos del protocolo es incorrecto e incluso perjudicial en la mayoría de los casos”. Unas conclusiones que se hacen más preocupantes cuando el mismo estudio concluye que la prensa española asocia el término protocolo a gastos, poder glamour, mundo oficial, gastos innecesarios (comidas, cócteles, regalos, viajes, etc.) y que la sociedad en general considera el protocolo como algo propio de familias reales, poder, jerarquía, etiqueta, saber estar, glamour, azafatas, corbatas, trajes largos y un sinfín de conceptos cuanto menos negativos para esta disciplina.

 

En el mismo estudio, cuyo autor no podemos desvelar hasta su publicación, corrobora cómo la prensa española “sigue reflejando lo que podríamos denominar “el protocolo de ayer”, relacionándolo constantemente con el poder, gran rigidez y un pomposo ceremonial”. Igualmente, el análisis de este trabajo concluye señalando que queda probado que el desconocimiento y “maltrato” que esta disciplina sufre en la sociedad es directamente proporcional al que experimenta en los medios, más concretamente en la prensa. Verifica, además, que el “protocolo y la diplomacia apenas coinciden en la prensa española y que el protocolo diplomático “pasa totalmente desapercibido, lo que también explica el desconocimiento y desinterés social que suscita aún siendo una herramienta que no solo es importante para la diplomacia, sino que resulta imprescindible para que ésta se pueda llevar a cabo”. Tema que no deja de llamar la atención para el autor, pues “una disciplina tan importante y que cumple un papel vital en muchos ámbitos de nuestra sociedad, siga siendo reflejada en la prensa española como algo casi obsoleto”.

 

Primera industria del país

 

Si a estos estudios añadimos la percepción general admitida que el protocolo se asocia al poder y a lo rancio, la profesión tiene un severo problema al que de enfrentarse claramente para romper estos paradigmas o etiquetas si quiere realmente poner en valor la importancia que  realmente tiene todo el campo de la organización de eventos, en un país que mueve nada menos que 14 billones de euros anuales solo en eventos relacionados con el mercado de reuniones y que representa más del siete por ciento del Producto Interior Bruto, lo que convierte a la industria de los eventos en la primera del país. Pocos se cuestionan que un gran equipo de fútbol tire la casa por la ventana en diferentes eventos con ocasión de una final de champions y sí en cambio muchos recriminan que un gobierno regional gaste cien mil euros en el acto de concesión de la entrega de las medallas  con ocasión del día de dicha comunidad. ¿Dónde están las razones de esa percepción? Entre otras, en el resultado del ROI y la implicación social. La necesidad de que desde los cambios oficiales se de la vuelta a la tortilla más que una necesidad se está convirtiendo en una urgente obligación. Lo curioso es que los políticos en su salida a la calle para sus campañas electorales apuestan por nuevos formatos, pero cuando regresan a sus sedes institucionales se anclan en los modelos clásicos ya agotados por su escasa eficacia de imagen, proyección y comunicación.

 

A todos estas percepciones, se suman el cúmulo de desaciertos protocolarios que en los últimos años se están generando desde las más altas instancias oficiales  que no contribuyen precisamente a la mejor imagen del protocolo oficial, que evidentemente da claros síntomas de agonía y que ha entrado “en coma” como lo ha definido algún experto en la materia. La teoría del “vale todo” que se ha impuesto ahora por razones mediáticas no está contribuyendo precisamente a la cura debida, más bien terminan por convertirse en medicaciones letales. Analicemos los estudios para intentar ahondar en las causas del problema del agotamiento de los modelos de actos oficiales en España (perfectamente trasladable a otros países).

 

(Ver artículo completo en el número 70 de la Revista Protocolo y Eventos, de Ediciones Protocolo, que sale a finales de esta semana y que es tema de portada)

Día de la Constitución en el Congreso, el Protocolo de la sensatez

Presidencia Congreso
El Protocolo reglado está pensado para que a veces nos lo saltemos. La lógica de determinadas situaciones hace necesario que excepcionalmente la rigidez de las precedencias en los actos de carácter general haya que hacerla añicos. Eso ocurrió hace apenas unos instantes en el Congreso de los Diputados, en uno de los actos más importantes, como es el del aniversario de la Constitución, que ya cumple la edad de Cristo.
Había una cierta curiosidad entre los profesionales por visualizar el tratamiento que los responsables de Protocolo del Congreso de los Diputados iban a dar a diferentes cuestiones en este acto, cuando hay un gobierno en funciones, unas cámaras disueltas, unos diputados y senadores electos, un presidente en funciones y un candidato a Presidente que será elegido como tal la semana que viene al contar su grupo político con mayoría absoluta.Al menos en los Institutos de Protocolo (IUP e ISPE) de la Universidad Camilo José Cela (UCJC) esperábamos novedades.
La cuestión esencial era el tratamiento protocolario que se iba a dar en este acto al todavía líder de la oposición, igualmente en funciones, ya que aunque conserve unos días esa situación todo el mundo sabe que es como un “presidente electo”, término éste que sólo alcanzará tendrá un día, el que transcurre desde su nombramiento por el Congreso hasta que jura o promete ante el Rey su nuevo cargo. Entonces esta actual “bicefalía”, por llamarla de alguna forma, se dará por concluida.
Pienso que la decisión del Congreso y el Senado de conferir un estatus especial en este acto al Presidente del Partido Popular por su condición de próximo Presidente, es un acierto. Como pudimos observar por primera vez la Presidencia no fue de dos, como acostumbran las Cámaras cuando hacen actos conjuntos, los presidentes del Congreso –que pronuncia el único discurso- y el del Senado que se sitúa a su izquierda-, sino que en esta ocasión fue de cuatro. A la derecha de los presidentes legislativos se ubicó el Presidente actual (en funciones, pero presidente) y a la izquierda de aquellos el futuro Presidente. Haberle situado como Jefe de la Oposición, por detrás de las Mesas del Congreso y el Senado, que es donde le correspondería como miembro del Congreso, o a continuación de los presidentes de las comunidades autónomas y ex presidentes del Gobierno de España (no pude apreciar si había alguien) según señala el artículo 10 del Real Decreto 2099/1983 de Ordenación General de Precedencias en el Estado. Nadie entendería que quien en apenas 15 días será el inquilino de La Moncloa no esté en la foto de este Día de la Constitución. Mi enhorabuena a los responsables de Protocolo del Congreso y Senado por esta decisión.
En ediciones anteriores, la presidencia del acto era de dos, quedándose el Presidente en el primero de las autoridades un paso detrás, y el líder de la oposición entre los portavoces. Esta opción que es buena, y a la que se volverá seguramente, dejó paso excepcionalmente a otra alternativa igual de excepcional. Pero pienso además que es un bonito detalle despedir a un Presidente dándole también una posición igualmente excepcional.
Antecedente en el 2004
Tiene su antecedente esta decisión cuando José Luis Rodríguez Zapatero había ganado las elecciones a Mariano Rajoy en 2004, tres días después del brutal atentado de Atocha. En el funeral de Estado de La Almudena, en zona especial tras la Familia Real, se sentaban juntos en el banco de la iglesia correspondiente el presidente en funciones José María Aznar y el hasta entonces líder de la oposición que semanas después pasaría regir los destinos de España en estos casi siete años y medio. Entonces alabamos esa decisión, y hoy volvemos a decir lo mismo.
Aferrarse a la norma nos llevaría al absurdo. A veces las normas, cuando aparece el sentido común –que aquí sí se puede decir- hay que aparcarlas en algún supuesto porque sino el Protocolo no serviría para nada. Eso sí, el resto, en ese Salón de los Pasos perdidos, donde hay tanta gente que pensar en una ordenación fiel es imposible, se respetó el resto de los lugares especiales conforme a la costumbre de las Cámaras. A la derecha de la Presidencia, un paso por detrás los miembros del Gobierno y tras ellos los presidentes de Co9munidades autónomas, encabezados por los de las autonomías con estatutos más antiguos, Galicia y Principado de Asturias. A la izquierda de la presidencia, la Mesas del Congreso y el Senado, seguidos de portavoces y tras ellos los ex presidentes de las Cámaras Baja y Alta.
Como siempre, un bonito detalle que los presidentes del Congreso y el Senado reciban uno a uno en la puerta a todos los invitados, algo que también se ha consolidado en las últimas legislaturas. Retrasa el inicio puntual de los actos, pero es elegante y facilita la labor mediática. En mi opinión sólo sobraba el micrófono que bajo el toldo provisional de acceso se situó para que los líderes principales hicieran sus declaraciones. Claro, terminaron por hablar de todo menos de la Constitución. Este es un acto del Poder civil en el que la voz debe ser única, y la representa mejor que nadie el Presidente del Congreso de los Diputados. No obstante, seguimos sin entender muy bien por qué en este Día de la Constitución nunca ha estado el Rey –o desdeluego casi nunca, no puedo comprobarlo ahora-. En la conmemoración de la Carta Magna, con la presencia de todas las autoridades del Estado es inevitable preguntarse por qué quienes deciden estas cosas entienden que no debe estar el mismo monarca que el fin de semana vimos en Sevilla disfrutando como todos los españoles de la Copa Davis.
Quienes nos sentimos españoles, demócratas, defensores de las autonomía, de la paz, de la convivencia, del respeto de los derechos de las personas, de la libertad de opinión, de culto, del derecho al trabajo, la sanidad, una digna jubilación, y un largo etcétera que viene reflejada en la Constitución este sencillo acto de esta mañana es muy importante y que haya ido precedido del solemne acto del izado de la bandera en los jardines del descubrimiento de la Plaza de Colón de Madrid más. Porque con ese gesto, quienes nos representan están simbolizando bajo la enseña común a la que se rinde honores la unidad que ahora más que nunca necesitamos.