Protocolo y compromiso profesional

Congreso de Comunicación y Eventos. El #protocololocal

Cartel oficial del encuentro.

Que más de un centenar de profesionales de diferentes instituciones públicas y empresas privadas o semipúblicas, vinculadas al protocolo y a la organización de eventos en el ámbito local, provincial y autonómico, es un gran paso para seguir dando a conocer la importancia de una profesión que se ha renovado de forma importante, pero que aún para gran parte de la sociedad, empresarios, políticos y medios de comunicación sigue siendo algo vinculado al saber estar. El VI Congreso Universitario de Comunicación y Eventos, que se celebra los días 15 y 16 de noviembre en Madrid, promovido por un amplio grupo de expertos de todas las comunidades, que están al pie del cañón todos los días, confiere aún más valor al encuentro, porque entre todos ellos han sido capaces de fijar un programa realista de preocupaciones sobre las que hablar y que apuntan en la dirección de buscar nuevas estrategias para contribuir al buen nombre de las instituciones y al acercamiento de éstas a los ciudadanos. Bajo el reclamo #protocololocal tenemos una buena oportunidad de seguir construyendo una profesión que precisa de reciclaje permanente y urgente, y de mayor apoyo y reconocimiento social e institucional. Continue reading

Protocolo para el testigo Rajoy

El protocolo del siglo XXI no debiera ser la imagen plástica del poder, como aseveró en su momento, el ex presidente de la Generalitat de Catalunya, Jordi Pujol, que supo servirse de él para posicionar las instituciones catalanas y, especialmente, la relevancia de su cargo frente al Estado. Pero algunos, aún hoy, en estos tiempos de globalización y necesario acercamiento de gobernantes y gobernados, pretenden empeñarse en que siga siendo así. El último ejemplo, la comparecencia como testigo de Mariano Rajoy ante la Audiencia Nacional, en calidad de alto cargo del Partido Popular y no como Presidente del Gobierno. El protocolo de este acto jurisdiccional no solo ha puesto de manifiesto plásticamente lo que algunos entienden como protocolo (atribuciones jerárquicas), sino también cómo aquél permite visualizar con claridad el concepto de estado democrático que tienen determinadas personalidades. Continue reading

Los necesarios cambios en los premios en el sector de los eventos

Estos galardones deberían abrirse al Protocolo, a las agencias y profesionales modestos y a la investigación

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El próximo día 13 de octubre, en la ciudad rusa de Saint Petersburg, se entregarán los premios #EuBea 2016, los “Oscar” mundiales de la industria de los eventos. Dos importantes agencias españolas, Eventísimo (por la Convención de Oriflame en Valencia, en la categoría de mejor evento de Motivación y Team Building) y Acciona Producciones y Diseño APD (por su espectáculo Latidos de Luz para el Ayuntamiento de Sevilla, en la categoría de Evento Público), figuran entre las 114 candidaturas que aspiran a alzarse con uno de los más importantes galardones de reconocimiento a nivel internacional. Para estas dos empresas españolas, el mero hecho de estar candidatadas ya supone un premio de por sí, por lo tanto vaya por delante nuestra felicitación. Son justos candidatos y deseamos lo mejor. Continue reading

Las líneas rojas entre el Protocolo y la Comunicación en los eventos

Comunicacion

¿Hasta dónde llegan los límites de los servicios de Protocolo frente a los de Comunicación a la hora de organizar un evento corporativo o un acto oficial? O viceversa. Hace unos días mantenía una conversación al respecto con un alto responsable de Protocolo de nuestro país donde me trasladaba esa reflexión. Hay decisiones que pueden corresponder a Protocolo, pero que tienen una enorme trascendencia en la política comunicacional de la entidad, hasta el punto de que a veces la aplicación de las normas o las costumbres resulta ineficaz o imposible de ejecutar porque perjudica notoriamente la imagen pretendida. Eso ha derivado en la mayoría de las ocasiones en una ya habitual flexibilización (¿relejación?) de la aplicación de la normativa (al menos en los eventos oficiales) en aras de una mayor proyección de la entidad. Y que el Protocolo sea sólo fruto de interés comunicativo tampoco debe ser la máxima, aunque hay que reconocer su importancia, especialmente en las instituciones oficiales sujetas a cumplimiento de normas. Continue reading

El Libro blanco del Protocolo y Comunicación de Felipe VI

PROCLAMACION FELIPE VI. JURAMENTO

Felipe VI el 19 de junio de 2014 jura la Constitución ante las Cortes Generales españolas. Hoy se cumplen dos años.

Hoy hace dos años, Felipe de Borbón y Grecia, era proclamado ante las Cortes Generales, Rey de España, con el nombre de Felipe VI. Fue el 19 de junio de 2014 cuando, tras la abdicación de su padre Juan Carlos I, hoy rey honorífico, accedió a la Jefatura del Estado, casi 39 años después de asumir la condición de príncipe heredero. Aquel día, ante la nación prometía por primera vez un monarca en democracia la frase obligada: “Juro desempeñar fielmente mis funciones, guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes y respetar los derechos de los ciudadanos y de las comunidades autónomas”. Hoy no hay festejos, ni celebraciones, por así lo quiere el Monarca: nada especial, que aun queda mucho por hacer y el país está aún pendiente de que nuestros políticos sean capaces de entenderse. Continue reading

Soy experto en Protocolo y profesionalmente organizo y dirijo eventos

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Parte de los asistentes al IV Congreso Universitario de Comunicación y Eventos celebrado en Madrid los días 10, 11 y 12 demarzo pasados.

Soy organizador profesional de eventos y para ejercer esta actividad preciso entre otras cosas tener amplios conocimientos de protocolo, pero también de comunicación, derecho, arte, relaciones públicas e institucionales, relaciones internacionales y diplomacia, publicidad, marketing, artes escénicas, restauración, tecnologías aplicadas, creatividad, ingeniería y otras disciplinas transversales. La profesión tradicionalmente conocida como Protocolo se ha quedado corta para definir realmente en la actualidad la profesión de quienes nos dedicamos a estos menesteres.

Esta es al menos una de las principales conclusiones a la que he llegado tras el IV Congreso Universitario de Comunicación y Eventos celebrado los pasados días 10, 11 y 12 de marzo en Madrid. Una conclusión que hemos compartido un buen número de los presentes. Bajo el reclamo #BuildingBrand, medio millar de personas nos reunimos para hablar de experiencias e inquietudes que vistas desde una perspectiva global nos ayude a seguir profundizando en la necesaria identidad de los responsables, técnicos, proveedores y auxiliares que nos dedicados a organizar eventos o a ser parte de la estructura organizativa de los mismos, ya sea en el ámbito oficial, empresarial, social, deportiva, académica, cultural o de la pujante industria del entretenimiento, entre otros sectores.

Este Congreso, más allá de aportar experiencias, nuevos conocimientos, reciclajes y contactos, ha servido para abrir oficial y públicamente el debate sobre lo que somos (que más o menos considero que todos lo tenemos claro, aunque hay resistencias sobre su definición o aceptación a progresar sobre el tradicional apellidos que nos ponemos de protocolo) y cómo presentarnos oficialmente ante la sociedad. Una cuestión ésta que ocupó el protagonismo de la última sesión del encuentro antes citado.

El debate equivocado

Existe una tendencia generalizada a rivalizar por las expresiones soy “técnico de protocolo” o “técnico de organización de eventos” o sencillamente “Técnico de eventos”. En mi modesta opinión estamos ante un debate equivocado porque son dos cuestiones diferentes que no se pueden equiparar. El Protocolo es una cosa y la profesión de quienes nos dedicamos a organizar actos o eventos en formato profesional es otra. Es cierto que existen determinados intereses por confundir al respecto(probablemente sin pretenderlo), liderados fundamental por una parte por estudiosos o investigadores y algunos blogueros, y por otra parte por profesionales del conocido hasta ahora “Protocolo Oficial”. Unos intereses lícitos que no vamos a discutir y cuyos resultados investigadores o divulgadores aportan luces interesantes. Pero insisto que desde mi visión personal, por supuesto siempre abierto al debate y a la discusión civilizada, estamos ante dos escenarios diferentes, aunque relacionados entre sí. Una dualidad que no debe convertirse en una guerra dialéctica y de descalificaciones (desde luego, paso abiertamente de ello).

Siempre que asoma a la actualidad el Congreso Universitario de Comunicación y Eventos, el hasta ahora encuentro de mayor impacto y seguimiento de todos los foros celebrados en España y en el extranjero (a las cifras de asistencia, inscripciones e impactos en redes sociales y blogs especializados, nos remitimos), otras visiones se asoman para reclamar o recordar que lo que allí se habla no es protocolo, y vuelven a la carga acusándonos injustamente de promover la inexistencia como tal del Protocolo. Transmiten la percepción de que defendemos que el “protocolo ha muerto”. No sé por qué, a mí personalmente muchas personas me han colocado la etiqueta de considerar que defiendo esa frase entrecomillada, y quienes lo dejan entrever es porque francamente poco me conocen y nada saben de lo que pienso al respecto (o no quieren saberlo).

Tampoco hay que ser pretenciosos y endogámicos aseverando que el protocolo está de nuevo de moda y que puja con fuerza, porque la realidad es bien distinta, desgraciadamente. Claro está que si lo importante es que se hable de protocolo aunque sea para mal, probablemente algo de moda estaremos. Pero no es positivo para la profesión que eso ocurra y más que algunos se intenten aferrar a él como único instrumento o herramientas de mejoramiento de las relaciones institucionales de nuestros organismos oficiales, cuando el problema tiene un origen claramente distinto a lo profesional.

El Protocolo sigue vivo aunque le pese a algunos

El Protocolo, y me refiero con esta palabra a nuestro Protocolo, el que afecta al ámbito de la organización de eventos y actos, a la existencia de reglas y técnicas fijadas por norma o consolidadas por tradición y costumbres inveteradas, ha existido siempre y seguirá existiendo, con independencia de quien gobierne las naciones o mueva los hilos del mundo. Algunos prestigiosos investigadores a quienes admiro por su talento y capacidad de análisis, encuadran el protocolo como “un conjunto de normas, usos y costumbres jurídicas que determinan el orden de celebración de un acto oficial”. En consecuencia lo sitúan en el ámbito estricto de las instituciones públicas, llegando más lejos en sus aseveraciones al decir que en sentido literal protocolo es el Protocolo oficial. Es decir, aquél que se ocupa de determinar la clasificación de los actos, su presidencia, la precedencia entre instituciones, tratamientos, honores y distinciones sociales propios de las instituciones y sus representantes, al igual que todo lo relativo a la simbología oficial. La Real Academia Española, en su última modificación del término (ya ha suprimido la referencia de regla palatina), define protocolo en su tercera acepción como un “conjunto de reglas establecidas por norma y costumbre para ceremonias y actos oficiales o solemnes” (una nueva inexactitud a mi entender, y espero que esto lo compartamos todos).

Creo que esta visión reduccionista del Protocolo a lo estrictamente jurídico o al derecho consuetudinario que afecta a lo oficial es insuficiente e inexacto y no se atiene a la realidad de los tiempos. A estas alturas, nadie duda que existe un protocolo para los eventos deportivos, para los actos empresariales e incluso para los propiamente sociales, y no debe desmerecerse que esas normas o reglas que se fijan o aplican en ámbitos diferentes a lo oficial no es protocolo. El hecho de que las normas puedan conferirse desde el derecho público para las instituciones oficiales, no implica que solo sea cosa de lo oficial. En el sector privado o no estrictamente oficial también hay normas, reglas y costumbres que aunque no vienen señaladas por decisión oficial, sí se determinan por la institución organizadora o por la entidad, asociación u organización nacional o internacional que promueve sus eventos. No son generalistas, por que se ciñen a su propio ámbito, pero no por ello les sitúa fuera del Protocolo.

Negar la existencia de un protocolo no oficial es mirar para otro lado

Negar por ejemplo que el sector deportivo no tiene protocolo en sentido estricto es ponerse de espaldas a la realidad. O afirmar que una empresa no tiene protocolo porque sus normas o procedimientos no emanen de las instituciones públicas es sencillamente mirar para otro lado. Los comités olímpicos, federaciones deportivas, corporaciones empresariales o entidades privadas que promueven espectáculos o entretenimiento general también tienen sus normas protocolarias, concebidas desde el derecho privado, y es tan protocolo como el oficial. La diferencia reside en el ámbito de la aplicación. Pero en ambas situaciones el protocolo existe y para mí tiene la misma legitimidad aunque cada uno, insisto, en su campo.

Es cierto que en el sector oficial la normativa debería ser de obligado cumplimiento en tanto las normas estén vigentes (desgraciadamente se da la incongruencia de que encima no se cumplen en un porcentaje muy alto), mientras que en el no oficial esa obligatoriedad puede acomodarse a lo que convenga en cada momento, aunque no siempre. Hay ámbitos no oficiales donde la norma tiende a la rigidez y a la perdurabilidad (Carta Olímpica por ejemplo, reglamentos de protocolo de federaciones, normas internas de protocolo en empresas, etc.). Es más, hay determinadas reglas no fijadas por derecho público que la sociedad observa como “Protocolo”, que son esas “normas” necesarias de cortesía o relación que se convierten en instrumentos necesarios para garantizar la convivencia (protocolo social).

El protocolo, una parte del evento

El Protocolo en consecuencia no es cosa solo del mundo oficial, sino una parte proporcional de cualquier tipo de evento que conlleve organización, planificación, precedencia, guión/escaleta, ceremonial, etiqueta… Por ejemplo, ¿alguien puede negar que los Premios Princesa de Asturias no tengan Protocolo en su versión más puritana? Pues conviene recordar que están promovidos por una Fundación privada. ¿Alguien puede negar que los juegos olímpicos no tengan Protocolo? Es evidente que sí, pero sin embargo sus promotores no dependen para ello del derecho público. ¿Alguien puede negar que la organización de un macro evento cultural carezca de un protocolo ya lo organice un ayuntamiento o una gran agencia de eventos o comunicación o marketing? Pues claro que lo tiene y no se asienta en el derecho público más allá del cumplimiento de leyes y normas que les pudiera afectar sobre ocupación de espacios, seguridad, etc.

Por lo tanto ese debate sobre el cierre competencial del Protocolo al ámbito estrictamente oficial para mí sí que es un tema muerto. Otra cosa, y eso sí lo defiendo, es que haya un Protocolo Oficial o de Estado, como hay un Protocolo Deportivo, un Protocolo Empresarial, un Protocolo Cultural o un Protocolo Académico –incluso en centros de formación privados-, por poner algunos ejemplos de sectores. Creo y comparto con los defensores de la denominada corriente jurídica, que el Protocolo se basa en reglas y normas, unas de procedencia oficial y otras no, pero igualmente válidas para quien organiza eventos.

El Protocolo Oficial no es obligatorio en el mundo no oficial

No debe confundirse que el Protocolo Oficial sea de obligado cumplimiento en todos los sectores donde participen los representantes de las instituciones públicas, aunque esté presente el mismísimo Rey de España o un jefe de Estado. El Ministro va siempre antes que el Alcalde porque hay un Real Decreto que lo establece. La bandera de España ha de ser la primera. En los eventos oficiales sí, pero en los privados no es obligatorio. No. Quienes defienden que el Protocolo solo es Protocolo Oficial, deberían tener en cuenta que el ámbito de la normativa protocolaria se acaba precisamente en la frontera institucional. Aunque exista un decreto que señale la precedencia del Ministro sobre el Alcalde, en un acto de empresa el presidente de la misma no está obligado a su cumplimiento, porque dicho Real Decreto restringe su aplicación única y exclusivamente al ámbito de los actos promovidos por las instituciones públicas del Estado, y la Ley de la Bandera habla de la precedencia de la enseña nacional en las instituciones oficiales, pero no obliga al resto de las entidades no oficiales. Eso no debe olvidarse.

Tampoco hay que obviar que la solemnidad es cosa solo de los actos oficiales, porque hay eventos muy solemnes en el ámbito privado. ¿No son solemnes los Premios Princesa de Asturias? ¿O la inauguración de los Juegos Olímpicos? ¿O las mismas procesiones de Semana Santa que programan cofradías privadas o dependientes de confesiones religiosas? Y así un sin fin.

Protocolo es un cosa; la profesión otra

Retomando el debate sobre “protocolo sí, eventos no”, o al revés, a la hora de definirnos no deberíamos entrar en esa dialéctica. Definir qué es Protocolo es una cosa y la profesión otra. Es como hablar de un balón de fútbol y de fútbol y quererlo comparar. La pelota es un elemento más del juego, imprescindible incluso, pero para que la competición se celebre es también absolutamente necesario que haya además jugadores, árbitros, porterías, reglas, tarjetas, líneas pintadas en el césped y por qué no público.

Con independencia de si la expresión Protocolo está ya desgastada o desacreditada en los tempos que corren, cuestión en la que ahora no voy a entrar, entre otras cosas porque es injusto que lo estuviera –siempre habrá Protocolo, aunque se vista de otro colorido-, el debate debe centrarse en lo que somos profesionalmente (más allá de lo que nos podamos sentir expertos. Puedo ser un experto en Protocolo, pero eso no indica que sea profesional del mismo. De hecho hay numerosos estudiosos e investigadores que acreditan notables conocimientos en la materia, que incluso han hecho o dirigido investigaciones o tesis muy meritorias, pero nunca han organizado un evento o un acto, ni oficial ni privado. ¿El no organizar eventos les desacredita? Para nada, al contrario. Su aportación es brillante –lo compartamos o no- y necesaria, y hay que felicitarse por ello y animar a que se siga en esa línea de búsqueda de cuerpo académico a una parte de las disciplinas transversales necesarias para organizar actos oficiales y no oficiales. Tenemos que acostumbrarnos a que nuestra profesión de organizadores no es patrimonio exclusiva de Protocolo, sino del conjunto de especialistas que hacen posible con sus conocimientos y experiencia la celebración del mismo.

El técnico de protocolo, un experto más en el organigrama organizador

En un acto oficial, tan importante es el experto en Protocolo como el responsable de Comunicación, o el que se encarga de la producción, o del catering o de las redes sociales, por ejemplo. Si todos estamos reconociendo la transversalidad disciplinaria que rodea la organización de un evento ¿por qué enrocarse que solo es Protocolo lo que hacemos? Miremos: en un acto o evento (utilizo ambas palabras porque hay tendencia a hablar de acto en el mundo oficial y de evento para el resto) el protocolo no supone más del 10 por ciento en término medio (datos de un solvente estudio realizado sobre 98 eventos oficiales y no oficiales de primer orden en España durante el primer semestre de 2015 para un Trabajo Fin de Máster que ahora avanza ya hacia Tesis doctoral). ¿Qué pasa con el 90 por ciento restante? Se lo lleva el resto de disciplinas que son necesarias aplicar y que obedecen a otros códigos diferentes al Protocolo. Todo esto noquiere decir que el experto en Protocolo pueda ser un espléndido director de organización o sencillamente un buen organizador (debería serlo).

El error conceptual de la industria de los eventos

No quiero ser injusto tampoco en el tratamiento de esta reflexión y dejar fuera de la misma a los que hoy alardean de la importancia de la industria de los eventos. Esta industria profesional (caso de Agencias de Eventos o de Comunicación o Relaciones Públicas o Marketing) o determinados consultores o freelance, pretenden hacer patrimonio suyo los eventos en general y son los primeros en defender que Protocolo es estrictamente lo que afecta al mundo oficial. El resto de los eventos (que es la gran tarta del negocio) es cosa ajena al Protocolo. Otro grave error conceptual, al igual que equivocar organización con producción.

No son conscientes de que sus eventos también se basan en protocolos (plural porque les afectan varios) y en ocasiones hasta el mismísimo Protocolo Oficial. Y desgraciadamente tienen un gran déficit en sus plantillas de personal capaz de resolver cuestiones protocolarias como tal. Mucho mejor les iría si tuviera en cuenta que en su estructura deberían añadir a su organigrama la expresión protocolo. Es absurdo, que re rivalice entre industria de los eventos y protocolo. Estamos ante sectores que se especializan, unos en eventos oficiales, otros culturales, otros deportivos, otros corporativos, etc. Lo que jamás se debe tolerar y así lo he dicho en foros públicos, es que la denominada industria se ocupe del gran sector productivo de eventos mientras los protocolistas o protocolarios como nos llaman nos tengamos que aferrar a banderas, precedencias y tratamientos. Claro está que a veces nosotros a través de nuestras redes sociales y blogs contribuimos a eso, pues nos limitamos en casi un 85 por ciento (dato calculado sobre 42 blogs entre septiembre de 2015 y febrero de 2016) a hablar de banderas, ordenación de mesas, precedencias, ceremonial…

Hay un claro juego de desprestigio de este interesado sector hacia los profesionales de eventos en las instituciones oficiales, porque saben que hay poco donde rascar (económicamente) y para pocos beneficios no merece la pena lidiar con políticos o instituciones que encima tardan en pagar. Ojo: yerran, porque las instituciones públicas han aumentando la contratación externa y los concursos para la organización de eventos oficiales (8% el pasado año y ya cerca del 16 % en lo que va del presente). Lo que tampoco entiendo es por qué los denominados profesionales de protocolo están ignorando esta tendencia. Estos profesionales ya deberían estar preparándose para convertirse en buenos profesionales capaces de gestionar la ya necesaria relación con proveedores externos (no ya en catering u otros campos que ha atendemos, sino los nuevos del sector de eventos propiamente dicho).

Organizador Profesional de Eventos (OPE)

En consecuencia y después de esta larga reflexión, pero que me parecía necesaria para dejar bien clara mi posición al respecto, debo declarar que la marca que considero propia del tiempo que vivimos en la de “Organizador de Eventos profesionales” (ODE) o si lo profieren Organizador Profesional de Eventos (OPE). Creo que las siglas favorecen la identificación de nuestro campo competencial. Personalmente me siento preparado para enfrentarme a organizaciones oficiales y no oficiales, aunque obviamente dentro de esta variedad hay que tender hacia la especialización (eventos oficiales, corporativos, deportivos, culturales, etc.).

Vamos irremediablemente hacia la especialización y eso es muy positivo. Creo que se acabó eso de pensar que un experto en protocolo es capaz de enfrentarse a cualquier tipo de organización. Otro error. Yo mismo me sentiría como un pulpo en un garaje si me encargan organizar de principio a fin una gran exposición o un evento cultural masivo o sencillamente una gran boda o una gran pasarela de moda. Me creo más especializado en sector oficial, pero también es verdad que como experto en protocolo puedo contribuir en el porcentaje que corresponda en otro tipo de eventos.

Soy experto en Protocolo y me siento orgulloso de ello, pero profesionalmente soy organizador de eventos profesionales. Esa es la frontera que pienso debemos tener todos muy clara. Un técnico de sonido es un experto en sonido, no puede decirse que sea un organizador de eventos, pero su papel es decisivo para que un evento salga exitoso. Y lo mismo diría del restaurador, del productor, del escenógrafo o de la azafata. Soy organizador, y dentro de las categorías profesionales, en mi caso, me considero más un director que coordinador o técnico o auxiliar. Por mi experiencia en organización durante más de 37 años, por mis estudios y formación y por la investigación y docencia que desarrollo me siento plenamente consolidado como un adecuado organizador integral, y ello sin renunciar a que igualmente soy experto en Protocolo.

El director de Organización es quien domina transversalmente todas las disciplinas y sabe gestionar y liderar

¿Por qué debatir entre Protocolario y Organizador como el más cualificado para dirigir una organización? Ambos pueden serlo, salvo que no acrediten conocimientos o experiencia más allá de una sola especialidad o algunas. Un experto en Protocolo no necesariamente está capacitado para ser director de organización de eventos por sus conocimientos específicos en esa disciplina. Ni tampoco un productor, o un comunicólogo o un relacionista o un marketiniano. Ojo, que aquí hay un injustificado intrusismo del que ni tan siquiera las mismas agencias poderosas son conscientes de que están contribuyendo a ello. Debemos empezar a ampliar nuestras miras y proyección, y creer de verdad que organizar es otra cosa diferente a hacer Protocolo, Marketing, Publicidad, Comunicación o Relaciones Institucionales o Públicas. Aunque evidentemente en la mayoría de los eventos deban tener en cuenta todas esas disciplinas. El director de organización debe tener conocimientos acreditados en estas materias, pero además ha de ser un gran gestor y administrador y un líder nato que sepa manejar adecuadamente sus recursos humanos y materiales. Cuestión que va más allá de ser Protocolista, Comunicador o Relacionista.

Necesidad de la unión y de un gran acuerdo profesional nacional

Debemos ir a un gran acuerdo nacional entre profesionales, no excluyente, y las asociaciones y universidades o centros de investigación y formación acreditados, deberían asumir esa función de integración y de motor. Lo veo difícil todavía, porque mientras sigamos pensando que en el ámbito de protocolo existen varias escuelas o corrientes intelectuales (jurídica, comunicacional y relacionista) no haremos más que aumentar la división. Todas esas corrientes son necesarias, incluso deberían consolidarse otras que están ya en ebullición, pero deben confluir profesionalmente (más allá de la ciencia pura o la investigación especializada como tal) en un mismo camino: somos ODE o OPE.

Esa es la realidad profesional del siglo XXI, y eso es lo que me está llevando a pulir los estudios oficiales de Protocolo y Organización de Eventos que bajo la mano de un equipo estupendo que he venido codirigiendo con la experta Gloria Campos, pusimos en marcha (pese a los recelos de algunas personas cualificadas, que por cierto afortunadamente ahora lo defienden) los estudios oficiales como una disciplina claramente diferenciada del Derecho, la Comunicación como tal y las Relaciones Públicas y el Marketing. Unos estudios que para habilitar profesionalmente deben sujetarse al principio de la transversalidad en las materias que ofrecen, pues queda acreditado que para organizar eventos hay que saber de Protocolo, de Comunicación, de Relaciones Públicas, de Marketing, de Publicidad, de Tecnologías, de Derecho, de Sociología, de Ingeniería, de Artes Escénicas, de Producción, de los idiomas aplicados y, por supuesto de Dirección, Gestión y Administración, solo por citar algunas de las disciplinas.

La oferta de estudios universitaria

Y en ese acuerdo profesional y nacional que nadie piense que hay intereses movidos por supuestos enfrentamientos entre escuelas, universidad o centros especializados. Estas compiten por sus públicos, tarea lícita, pero al margen de ello ¿qué sentido tiene entrar en batallas si en el fondo todos defendemos lo mismo, aunque cada uno le ponga su apellido? Desde luego eso pienso, porque de lo contrario me hubiera ahorrado todo este testamento. Tampoco es necesario que las universidades deban unificar sus titulaciones o denominaciones o programas. La oferta diferenciada enriquece y aporta. El nombre de un título no da nombre a una profesión. ¿O acaso hay alguna carrera de abogado o Procurador o Juez? Sencillamente parten del Derecho o Ciencias Jurídicas o como quiera llamarlo cada universidad y luego terminan profesionalmente llamándose por lo que ejerzan. Eso también algunos deberíamos metérnoslo en la cabeza.

¿De qué Colegio Profesional hablamos?

Vamos a hacer esto primero. Son nuestras tareas iniciales. Sin resolver esto antes, ¿de qué Colegio Profesional estamos hablando? Por cierto, si no somos ni capaces de Federarnos todas las asociaciones que acogen profesionales o aspirantes a serlo en este campo, ¿qué pretendemos hacer? Qué fuerza tiene la profesión, llámese como se llame cuando ni tan siquiera las asociaciones representan no más del 0,0001 de los profesionales?

Enfrentarse a todo lo expuesto en este largo texto, que no me he podido acortar porque me parecía necesario, es precisamente el reto que se propone asumir el reciente proyecto del Observatorio Profesional de Protocolo y Eventos, o como quiera denominarse finalmente, una vez se constituya finalmente con todos los que de verdad creen que pueden contribuir gracias a su experiencia, conocimiento o investigación. Tiendo la mano a todos y cedo el protagonismo al colectivo.

Lo escrito aquí es el compromiso con mi profesión que tanto adoro, aprecio y creo. ¿Y el tuyo? No tiene por qué ser el mismo, pero hay que posicionarse positivamente, con ganas de aportar.

Perdonadme si he sido largo, pero una cuestión tan seria no se resuelve en un blog serio sobre nuestra profesión en quince líneas. Solo pido que los detractores de esta teoría que sostengo sepan interpretar bien lo que digo, porque luego uno queda muy sorprendido de ver y oir cosas que nunca uno ha dicho. Creo que intento ser positivo y construir al margen de intereses concretos que en estos momentos no tengo más allá de sentirme bien dentro de una profesión claramente definida y aceptada.

El profesional de “eventos” gana terreno al de “Protocolo”

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Este artículo nunca hubiera querido escribirlo. Pero soy consciente de que las realidades profesionales evolucionan, unas veces para mal y otras para bien. En nuestro caso tenemos que esperar para valorar. Es cierto es que la profesión de técnico o experto en Protocolo se demanda menos y, en cambio, crece exponencialmente la de técnico de eventos o expresiones similares (si utilizamos términos ingleses sonaría mucho mejor para algunos), aparentemente más atractiva y de futuro. Os invito a una simple lectura de las últimas ofertas de trabajo que publica habitualmente en su blog Gloria Campos para confirmar este cuestión (incluso la Casa Real británica para su equipo de protocolo oferta un puesto denominado Assistant Events Coordinator, cuyas funciones son organizar ceremonias para el disfrute de millones de personas, según dice la convocaroria; ¿no es eso un técnico de protocolo en toda regla?). De hecho, la mayoría de quienes hicieron estudios de Protocolo en las diferentes universidades se promocionan en redes sociales como expertos en eventos y retiran cada vez más la palabra protocolo. ¡Será por algo!, digo. Cualquiera que lo mire puede comprobarlo. Puedo añadir por experiencia propia que quienes vienen a la universidad a hacer estos estudios apenas preguntan por protocolo y sí por eventos, dándose la circunstancia de que un alto porcentaje matizan más: “No quiero protocolo, sino estudiar organización de eventos”. Una carrera que por cierto compite cada vez con más fuerza con las clásicas de periodismo y relaciones públicas. De hecho en la Universidad Camilo José Cela es la que más alumnos tiene de las cinco que ofrece la Facultad de Ciencias de la Comunicación, habiendo alcanzado para este curso el máximo cupo que el Ministerio le permite.

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El verdadero protocolo moderno

Motos MoncloaLos actos protocolarios de las administraciones públicas españolas necesitan de una importante actualización. Solo viendo esta imagen de La Moncloa, de las que se podrían aportar cientos similares, no es necesario insistir mucho en la necesidad de propiciar eventos con otro estilo. Los políticos se juegan mucho en ello.
 
El II Congreso Universitario de Comunicación y Eventos que se celebrará en el Hotel Meliá Princesa de Madrid los próximos dias 3, 4 y 5 de abril,  reserva un importante panel para la tarde del segundo día en el que se reflexionará y debatirá con la ayuda de diferentes profesionales, sobre la conveniencia o no de que los actos oficiales, promovidos por las administraciones públicas, evolucionen en sus formatos y contenidos, incluso en su concepto y sentido comunicacional.  Es una cuestión que se habla en círculos pequeños, pero que no ha generado ni estudios, ni propuestas, ni interesantes reflexiones, ni debates.  De ahí que en el contexto en el que se mueve este segundo encuentro que promueven varias universidades, entre ellas la Camilo José Cela y la Complutense de Madrid, se haya querido coger el “toro por los cuernos”.
La pregunta es clara y concisa: ¿Deben los servicios de protocolo de las instituciones oficiales diseñar, programar y ejecutar sus actos de acuerdo a un formato más en línea con los tiempos actuales? La pregunta parece sencilla, y probablemente muchos respondan de forma positiva. Pero es compleja la respuesta. Además, se supone que en determinados casos el “cambio” ni tan siquiera es posible, especialmente en aquellos eventos que vienen precededidos de costumbres y tradiciones que conviene respetar. Pero es un error pensar así. También los eventos más tradicionales pueden sufrir modificaciones positivas.
Convencer a los políticos
La mayoría admitimos que las administraciones, con sus actos, transmiten una imagen antigua y desfasada, que distancia, que no comunica… En definitiva que somos partidarios de avanzar hacia nuevos modelos que conllevarían sustanciales cambios conceptuales y escenográficos, entre otros. Pero al reflexionar sobre esto, los profesionales rápidamente sacamos nuestro pesimismo al respecto: imposible de plantear, los políticos no están por la labor, ni tampoco hay dinero para ello.
Uno se pregunta si realmente el problema está en los políticos o en nosotros mismos. Es cierto que los profesionales en su mayor parte apostamos por avanzar y no perder la estela de los nuevos formatos de eventos empresariales, culturales, etc, que tan buenos resultados de comunicación y marketing reportan, a juzgar por los balances del ROI. Pero creo que los profesionales debemos de superar ese pesimismo y quizá nuestra labor, en estos tiempos de recortes, es sentar las bases necesarias para los actos públicos de las instituciones públicas en los proximos años. Es probable que ahora, en el contexto económico en el que se encuentran las administraciones, los políticos no quieran ni oir hablar del tema, pero también es cierto que tampoco se les explica bien lo que de positivo tendría en el necesario acercamiento gobierno-ciudadanos. No creo que este apostolado se esté haciendo bien.
¿Sabemos en qué consiste el cambio?
Por otra parte, tengo severas dudas de que realmente exista clarividencia sobre cómo aplicar la creatividad, las tecnologías y las nuevas tendencias a los actos oficiales. No estamos hablando de que haya que llenar de plasmas los salones de actos, ni entregar ipads a los invitados, ni iluminar especialmente el salón de recepciones. No. Estamos hablando de hacer actos o eventos de otra manera, con otro concepto, con otra puesta en escena, con otro sentido, con perspectiva de conseguir un Retorno favorable de la Inversión. Y si no lo tenemos claro nosotros, menos nuestros representantes.
Creo, desgraciadamente, que en el sector el pesimismo es tan fuerte que muchas ideas no llegan ni a plantearse. Un error. Incluso ni a pensarse, lo cual es peor. Pero debemos reinventarnos con urgencia, proponer formatos alternativos y generar eventos con otro estilo que hagan recuperar la fe a nuestros políticos sobre la importancia que tiene un buen protocolo y lo que de él se deriva, y un buen equipo de profesionales detrás. Veo que estamos bastante parados y siempre echando la culpa al presupuesto, cuando es cierto que no siempre este inmovilismo responde a criterios económicos.
Las empresas han reducido en los últimos años drásticamente sus presupuestos, pero siguen haciendo eventos con fuerte impacto y buscando nuevas experiencias que permitan fidelizar a sus clientes. No siempre es cuestión de dinero, sino de ideas y cómo gestionar las mismas. Los profesionales de protocolo no debemos olvidar que además de hacer protocolo debemos saber gestionarlo, y eso implica muchas cosas más que no se están haciendo (hablamos en general). El concepto de gestión va más allá de una mera planificación.
Si a un alcalde le planteas eventos que consiguen fidelizar a sus “clientes”, ahora con eventos de bajo coste, seguro que empezará a pensar de otra manera. Pero, ¿le estamos ofreciendo bien esos eventos? ¿Y qué eventos? ¿Sabemos realmente cuál es la manera más acertada de ejecutar eventos comunicacionales y experienciales, por ejemplo? Creo sinceramente que esta reflexión del II Congreso puede aportar luces y pienso de verdad que los profesionales necesitamos una importante puesta al día. Más de lo que pensamos.  Para empezar hay que saber muy bien en qué consisten de verdad los eventos del siglo XXI. El protocolo moderno no es actualizar precedencias, ni normativas, ni tan siquiera tecnologías o espacios… Es mucho más. El protocolo moderno creo que lo desconoce la mayoría. Es una pena, pero llama urgentemente a nuestras puertas.

El compromiso personal por la profesión de eventos y protocolo

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(Reunión de delegados territoriales de la AEP celebrada en Madrid).
 
(Confío que si empiezas a leer esta reflexión lo hagas hasta el final porque solo así podré considerarte profesional de verdad. No por lo que yo piense, sino por la importancia de los temas que se tocan en este, quizá, largo artículo. Porque hay cosas que no se pueden decir en tres palabras, aunque las tenía: “Haz algo ya”).
El 4 de abril la Asociación Española de Protocolo (espero que pronto se añada la expresión: “y Eventos”), AEP (AEPE), elegirá su presidencia, vicepresidencias y Junta Directiva. Concurre para su reelección Juan Ángel Gato, en el que sería su segundo mandato al frente del colectivo. A la fecha actual, sólo se conoce su candidatura, que presentará cerca de doscientos avales, lo que representa un tercio del total afiliados. Este dato es significativo, porque de haber un único candidato éste se convertiría en presidente por aclamación, según los estatutos, cuestión para la que resulta importante valorar la legitimidad moral y política y ésta nos la da, no solo el acreditado trabajo realizado en el periodo que se extingue, sino el número de personas que le avalan. Este tercio de socios que han hecho llegar su apoyo representa el mayor número de avales presentados en la historia de la Asociación y triplica el quórum habitual que acude a las asambleas que convoca esta entidad. Confiemos, por cierto, que en esta Asamblea los socios comiencen a ejercer su responsabilidad y la primera de ellas sea acudir a esta gran cita.
El posible reelegido o el nuevo presidente (si fuera el caso) de la AEP debe enfrentarse a tres retos fundamentales y que a mi juicio vertebran la esencia de este mandato, ya que resultan claves para el futuro desarrollo de una profesión que, aunque algunos sean escépticos, sí se está consolidando, aunque no por donde algunos piensan.
Reto 1: la colegiación
El primer reto es sentar las bases necesarias para plantear al conjunto de las administraciones (nacionales y autonómicas) la creación de los colegios profesionales en aquellas comunidades autónomas donde haya número suficiente de miembros que cumplan los requisitos que la normativa establece. Ese asentamiento pasa por una labor compleja, en el ámbito interno (deberá definirse el alcance real de esta profesión), y el externo, (convencer a nuestros representantes públicos de la verdadera realidad de nuestro sector).Crear un colegio hoy parece un sueño o algo inalcanzable. No es cierto, aunque los colegios no atraviesan el mejor momento, la creación del Colegio es factible y legalmente posible, pero no se hace de la noche a la mañana. Hay que dar pasos muy bien pensados y ganarse la confianza de la Administración y contar con el compromiso de los profesionales, especialmente los que están en ejercicio.
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 Presidentes de las asociaciones de Cataluña, Baleares, Española y Galicia,, respectivamente, tras la reunión  celebrada el día 15 de febrero en Madrid
Segundo reto: la Federación (paso previo)
El segundo reto, que es previo al primero o en cualquier caso paralelo, pasa necesariamente por la convergencia y la unión. Nunca ha resultado tan crucial y necesario que la profesión se muestre compacta y unida, sin fisuras en esta cuestión, porque solo de esa manera podremos ser admitimos como interlocutores de peso ante cualquier instancia donde debamos reclamar presencia o acudir en caso de necesidad.
Por iniciativa de cuatro asociaciones, la española, catalana, gallega y balear, el pasado día 15 de febrero, se alcanzó un primer acuerdo –diría que histórico- por el que se comprometen a iniciar un proceso de común acción que derive en un plazo máximo de apenas un año en la creación de una Federación de Asociaciones de todo el país. Hay que felicitarse por esta iniciativa que requiere del apoyo general y hay que animar a sus legales representantes para que no pierdan esta oportunidad de unidad, cuestión que no tiene por qué ir contra las singularidades de cada parte. Es importante reseñar que en el acta del acuerdo se dice textualmente que en tanto dura este proceso todos los socios de las diferentes asociaciones gozarán de los mismos servicios y prestaciones, al considerarse entre sí “socios corporativos”.  Como decimos, esta puesta en común no está reñida con la autonomía propia que debe gozar cada asociación a la hora de elegir sus representantes, fijar sus actividades, cuotas o políticas que estimen necesarias para el cumplimiento de sus estatutos y las exigencias de los socios.
Este objetivo conllevaría la modificación del modelo asociativo que tenemos en nuestro país: una asociación española con ámbito en todo el país y varias asociaciones autonómicas o locales y que sobreviven con mayor o menor respaldo, y con más o menos visibilidad y representatividad. Ha de avanzarse hacia un modelo de asociacionismo territorial, acorde a la España actual, de tal forma que en cada comunidad autonómica haya una asociación fuerte en la que se integren todos los profesionales (no solo de protocolo como tal) y que todas ellas se integren en la Federación.
La apuesta por esta Federación, que debe ser una realidad operativa en 2015,  obliga a que la Asociación Española de Protocolo deba abandonar, por el momento, otras iniciativas fracasadas a nivel internacional (caso de la OICP, que tanto dinero le cuesta a la AEP y de la que no recibe absolutamente nada a cambio, ni tiene  el mínimo control y peso aún cuando es la Asociación más fuerte en este momentos en el ámbito iberoamericano; para que todos nos hagamos una idea, el voto de todos los socios españoles vale lo mismo que el de un solo vicepresidente o de un responsable de Comisión que pueda nombrar el presidente de turno). La AEP debe centrarse en este mandato en contribuir al orden del panorama nacional y, después, ya abordará, en el marco federativo, su representación en foros internacionales, que obviamente pasa por una auténtica Federación Internacional.
Cambio del modelo territorial asociativo
La Asociación Española debe reconvertir su modelo organizativo para dar paso a asociaciones territoriales, en algunos casos ya incipientes gracias a la existencia de las denominadas “delegaciones territoriales” (Andalucía, Galicia, Comunidad Valenciana, Murcia, Canarias), en otras muy consolidadas caso de Cataluña, Galicia (aunque ésta deberá hacer un esfuerzo por abrirse más al sector), Aragón (que debería comenzar a potenciar sus acciones y hacerse más visible) y Baleares (que también tendría que sufrir un proceso de reinvención) y, finalmente, en otras comunidades autónomas donde ya hay suficiente cultivo para lograr la creación de asociaciones como es el caso de Asturias y Castilla-La Mancha. Existen, otros colectivos locales muy activos, como en Córdoba, que igualmente deberían afrontar procesos de renovación.
En el resto de las comunidades deberían surgir grupos de personas con capacidad de liderazgo que pusieran en marcha su propia asociación e ir creciendo con el tiempo. El principal cometido de estas asociaciones regionales pasa por concienciar al sector de la necesidad de que en esta primera fase lo importante es estar y, más adelante, cuando tengan número y proyectos suficientes, comenzar a dar servicios y prestaciones. No pueden invertirse los términos como muchos piensan. La famosa frase que tanto hemos oído (“no me asocio porque no me dan nada”) es indicativo de la poca concienciación que existe sobre “hacer colectivo”.
Para “recibir” y sentirse arropado, defendido y reciclado hay que “estar” primero. A partir de ahí todo es posible. Ese es un déficit muy importante que está lastrando el movimiento asociativo español, y aunque nos duela hay que culpabilizar a la falta de compromiso personal de muchos profesionales en ejercicio. Ellos son los que deben practicar con el ejemplo y salir de sus “trincheras” para integrarse en los movimientos de base, abandonando su “guarida”. A medio plazo, ese aislamiento solo reportará soledad y  falta de apoyos cuando los precise.
La unión en las redes, el ejemplo de QOE
En este contexto, hay que pensar que el presente y el futuro del asociacionismo pasa por potenciar su ejercicio a través de las redes sociales y las nuevas tecnologías. Es bueno juntarse y compartir en el marco de los encuentros físicos, pero éstos son puntuales y resultan cada vez más difíciles por desplazamientos y gastos. Sin embargo, el encuentro en las redes está permitiendo un nuevo concepto de asociacionismo, mucho más activo, puntual y abierto y está reportando mejores resultados en el día a día.
Un buen ejemplo es el modelo “Queremosorganizareventos” (QOE), que con su millar de seguidores en Facebook y otros tantos en Twiter –unos más activos que otros, pero con unos impactos estadísticos de vértigo (más de cinco millones en su primer año de vida)-. QOE ha sido y está siendo capaz de hacer un genuino asociacionismo sin que la distancia sea una barrera. No obstante, le falta la operativas y la estructura. Por ello, sería entendible que QOE diera el salto hacia una Asociación virtual y pueda seguir ejerciendo su contribución a través de las redes, pero con una estructura que permita aprovechar la rentabilidad que irradia cada día. El modelo QOE, una experiencia sin precedentes, debería ser analizado con detalle pues sus aportaciones al concepto profesional y al respeto del sector son encomiables. No tratamos con ello de poner en la balanza el peso de cada opción, sino sencillamente no despreciar nada ni a nadie, pues la suma de todos es ahora esencial.
Resulta obvio que en esta Federación deberían integrarse todo tipo de asociaciones que funcionan en España relacionadas con el protocolo, los eventos, la investigación aplicada, etc. Hay que hacerles una llamada para que den pasos firmes hacia la unidad. Todos buscamos lo mismo, cada uno desde su óptica o desde su ámbito competencial: hacer profesión y que ésta no sólo sea reconocida (cada vez más), sino socialmente aceptada y considerada, evitando así los periódicos “ataques” que de forma injustificada se producen desde ámbitos, políticos, periodísticos, empresariales e, incluso, universitarios.
Tercer reto: abrir el sector
El tercer reto es abrirse. La profesión tiene que dejarse de mirar al ombligo y elevar su mirada para que el bosque no le impida la visión del horizonte. La apertura, en nuestra modesta opinión, pasa por integrar a todo el sector de la organización y sus gestores, a los niveles que sean, de tal forma que acabemos con esa absurda situación que desdobla la profesión entre quienes se aferran a lo estrictamente protocolario y quienes, por el contrario, derivan hacia la organización y producción de eventos, sector éste hoy controlado cien por cien por las grandes agencias de comunicación, producción y creación de eventos.
Esta dualidad no tiene sentido en el mundo actual. Todos somos gestores de eventos, unos en el ámbito oficial, otros en el empresarial, deportivo, social, etc. No es menos importante el profesional que se dedica a comercializar asesoramiento en la organización de bodas, que el que se ofrece de consultor para un evento deportivo, o de quien ejerce en un ayuntamiento o en una empresa. Existen especializaciones, como en la medicina o el derecho, pero todos son médicos y abogados y permanecen como tal unidos entorno a los colegios, con independencia de que haya asociaciones de pediatría, cirugía vascular, psiquiatría o laboralistas, penalistas o administrativos. Es necesario superar con cierta urgencia estos reinos de taifas que se han creado en aras a intereses que ya no van a parte alguna.
El sector ahora es muy amplio y yendo juntos seremos fuertes porque estamos moviendo la primera industria de este país (sí, la primera). Caben todos y no tiene sentido alguno que expertos en eventos, proveedores de servicios para eventos, OPC’s, universitarios, azafatas o auxiliares, etc., sigan caminos diferenciados. Todos trabajamos en el sector y, respetando las singularidades a través de los marcos idóneos, debemos converger en una misma plataforma.  No debería ser un sueño, sino una realidad.
El carné profesional
Es evidente que los responsables del siguiente mandato de la AEP tienen muchas más cosas que hacer y ofrecer, pero hemos querido reseñar lo que consideramos que deben ser los tres ejes que conduzcan toda la estrategia asociativa global en nuestro país, con independencia de quienes estén llamados a llevarla a cabo. Sólo si se logra esto tendrá sentido el “carné profesional”, ése que debe habilitar la futura Federación (has la existencia del Colegio), una vez se fijen los criterios de quienes tiene derecho a él (indudablemente los que ejercen en el sector, en cualquiera de sus campos, y de quienes acrediten la superación de una formación  cualificada en las áreas propias de los eventos). Podrán establecerse categorías, especializaciones, etc., pero el carné es necesario para frenar el indebido intrusismo, las indecorosas actuaciones sin ética alguna, el descontrol en la formación, la guerra de tarifas y precios, el abuso de los contratadores al exigir precios por debajo de mercado, la indefensión del funcionario, el vapuleo periodístico, la consolidación de un perfil realista que sea respetado por los servicios de personal y recursos humanos a la hora de contratar, el reconocimiento de nuestro trabajo por parte de las administraciones y la sociedad en su conjunto, y un largo etcétera que requieren de actuaciones a corto, medio y largo plazo.
El riesgo de la soledad
Este es el panorama actual y mi opinión personal, que defenderé en foros públicos, sobre el mapa asociativo y profesional del sector. Este es, por otra parte, los retos que en un sentido u otro los nuevos responsables de la AEP deben asumir como prioritarios. Es preciso que los órganos de gobierno actuales y futuros sean conscientes que es necesario aglutinar personas con ideas claras, capaces de liderar y dispuestos a actuar. Y, una vez más, hay que apelar a cada uno de los profesionales para que se impliquen más, porque aunque ahora se pertrechen en el puesto que tienen, mañana podrán sufrir una tremenda soledad e incomprensión. No estamos legitimados ahora para quejarnos de que se pongan a dedo puestos de trabajo, que se contrate gente inexperta, que se saquen eventos a concurso cuyas bases no tienen ni pies ni cabeza, que haya oposiciones a la carta, que “protocolarios” y “eventistas” se enzarcen en acotar sus territorios, cuando muy al contrario deberían ir de la mano.
Solo de darse estos pasos veo un buen futuro a esta profesión que pese a ser de las más fuertes sigue siendo mirada como auxiliar o poco relevante. ¿Por qué tenemos que disfrazarla bajos epígrafes como comunicación, relaciones institucionales… para que no nos vean como los bichos raros, rancios, demodé, antiguos, que lleva el desgastado cuño de “protocolo”? Ese por qué tiene varias razones, la primera y más urgente: no hay un compromiso severo personal de quienes ejercen en la actualidad con la profesión en su vertiente asociativa y corporativa. A veces se me cae la cara de vergüenza cuando veo determinados “líderes” profesionales e institucionales mirando por encima del hombro al resto del sector y desentendiéndose de él. Un mal favor a todos, pero también una actitud suicida.
Debemos de lograr en nuestro sector, porque los hechos lo demuestran, que en no estar asociado en su colectivo profesional proyecte una imagen negativa, y que el hecho de estarlo sea la garantía de la auténtica profesionalidad. Temas tan importantes como la seguridad, la arquitectura, la cobertura legal… en los eventos sería otra cosa en nuestro país si desde el propio mapa asociativo se fijaran las bases y exigencias legales correspondientes que eviten daños irreparables y que la administración vea en esas plataformas el interlocutor idóneo para regularizar el sector y establecer las exigencias que se deriven de nuestros trabajos.
No es momento todavía de pedir a las asociaciones servicios concretos (que ya dan y algunos muy importantes). Lo prioritario ahora es unirse para que nos respeten, para mostrar fortaleza. El profesional para que sea respaldado. El recién titulado para que encuentre su oportunidad. Y eso solo se logra asociándose y federándose. Esa es la respuesta que entiendo debe darse a ese agnóstico que pregunta: ¿Y qué me aporta la asociación (la que sea)? Inmediatamente, deberíamos realizar la contrapregunta: ¿Qué haces tú por la profesión, además de querer ser obviamente un buen y ético profesional…, que se presupone?
No puedes exigir, sino das. Esa es la cuestión. Y el reto.
(Amigo y compañero profesional: si has llegado hasta aquí y de estas líneas puedes sacar algunas conclusiones habrá merecido la pena).

“Foto de Estado”, asignatura pendiente

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Hace unos días se me ocurrió subir a mi Facebook (https://www.facebook.com/photo.php?fbid=10152157476020452&set=a.10150253253230452.371123.551705451&type=1&theater) la foto del Presidente del Gobierno imponiendo la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil al Ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, Guido Westerwelle, en el transcurso de un sencillo evento celebrado en el Palacio de La Moncloa el pasado 9 de diciembre, en presencia de nuestro ministro de la diplomacia, José Manuel García Margallo.
Subía la imagen porque francamente me llamaba mucho la atención la imagen que había publicitado el propio servicio de prensa de la Presidencia. Es decir, no se trataba de montaje alguno, ni mala intencionalidad por parte de algún gráfico o medio. Era la imagen que esta alta institución española decidió difundir, junto a otras tres más.
Hasta la hora en que se escribe esta crónica ha habido 43 comentarios de personas que conocen bien este mundo y de ninguno de ellos salen comentarios positivos. Falta de sentido del Estado en la escenografía general, simpleza, poca solemnidad, parecido a la entrega de un premio “Míster”, muñecos de cera, comunicación penosa, falta de cortesía en la cesión de la derecha, críticas a la ausencia de criterio por parte de la Jefatura de Protocolo del Estado, poca naturalidad, desacierto con el fondo del árbol… Así una opinión tras otra.
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Había puesto la imagen porque veía a nuestro presidente entregando una alta distinción en mitad de un bosque, en un posado forzado, de esos que transmiten simple compromiso, sin calor alguno y carente de valor significativo. Por otra parte, tampoco estaba muy de acuerdo que el gobierno de España tuviera que dar este tipo de condecoración al Ministro alemán, habiendo otras más propicias. Pero esto quizá ya me importa menos ante la cantidad de desatinos que se cometen con la entrega de estos premios del Estado, que más bien parecen artículos del bazar institucional del que se tira sin criterio alguno para compensar determinados compromisos. Son distinciones que no llegan al ciudadano, en su doble sentido: ni se la dan generalmente a él, ni entiende por qué se las dan a otros.
La necesaria reforma del Derecho Premial.
Comparto plenamente la teoría de algunos expertos, como Fernando García-Mercadal y Alfonso de Ceballos-Escalera, que consideran urgente y necesario renovar todo el Derecho Premial español, en primer lugar porque está muy desfasado y no responde a la realidad actual y, en segundo lugar, porque existe exceso de tipos de condecoraciones que hacen restarse valor unas a otras. Me decanto claramente, a semejanza de otros países democráticos, por ir a una nueva legislación que unifique en una o dos condecoraciones con diferentes grados (conservando el nombre de aquellas más históricas y simbólicas -caso de Isabel la Católica y Carlos III-), definiendo claramente quiénes pueden tener derecho a ellas y abriéndolas a todo tipo de ciudadanos.
Defiendo, además, que se entreguen en una o varias ceremonias solemnes anuales, bajo la presidencia de una autoridad de relieve (en este sentido guardo ejemplos vergonzantes) y dándole mucho más relieve institucional al evento. De esta forma se acabaría por una parte con la dispersión de ceremonias y tipo de cargos que las presiden, el secretismo y falta de transparencia en la burocracia de su concesión, el evidente amiguismo que rodea su otorgamiento y el carácter endógeno que las envuelve. Todo ello quita valor a la concesión de quienes realmente se han hecho merecedoras de la condecoración. Para algunos, de hecho, recibir estas distinciones ya es cuestión de coleccionismo. Hay casos sangrantes al respecto.
Hay que buscar la nueva foto del Estado.
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Sobre la “ceremonia” objeto de la foto y el debate en mi FB, es cierto que carece de sentido institucional, y que su formato no responde a la comunicación pretendida. No soy muy partidario de la excesiva oficialización en la puesta en escena, en consecuencia de recargarla con excesivos símbolos oficiales (banderas, escudos, tapices, etc.), pero sí de que se confiera más solemnidad positiva -ello no significa insisto más aparataje, sino mayor valor al evento-, y se frene esa inevitable tentación de pensar que detrás de la acción hay un evidente compromiso institucional o una mera excusa para decir adiós a alguien o agradecerle que nos haya hecho algún recadillo que otro.
Posar ante un árbol navideño francamente no me parece la imagen más adecuada, con un trasluz de fondo inadecuado (no sé por qué La Moncloa insiste una y otra vez en este marco). Parece un encuentro de amigos donde uno le pone al otro una banda cuyo significado, por otra parte, desconoce la mayoría de los españoles. Parece que quedaron a tomar un té en los jardines de La Moncloa y que en un momento determinado el anfitrión le entregue una banda de “Míster” a su invitado de honor. Los comentarios habidos en el Facebook son bastante benévolos, porque lo cierto es que no es de recibo que se “juegue” de esta forma con unos premios que son del Estado, es decir, de todos los españoles.
Alguien debería explicar al Presidente del Gobierno cuándo debe dar la derecha a sus invitados de honor -por ejemplo en esta ceremonia- porque se confunde demasiadas veces y, al mismo tiempo, cuándo debe dar la razón a quienes se dedican a organizar sus eventos frente a los “mercenarios” comunicadores de La Moncloa que por huir de imágenes muy protocolarias hacen añicos el sentido de Estado. Entre lo “casposo” del desfasado protocolo y la imagen de ternura navideña, donde parece que Papa Noel ha dejado la Gran Cruz para el alemán al pie del árbol, hay un término medio.
Tiene uno la sensación que La Moncloa carece de una estrategia clara de protocolo, que sus altos responsables lo ven como un mal necesario, y que tratan de dulcificarlo recurriendo a formatos donde normalmente el resultado es peor todavía porque termina por decontextualizarse. Veo bien y necesario que el Gobierno busque nuevos formatos para sus eventos, que transmita una imagen más actual y próxima, más natural y menos oficializada. Pero eso no se hace colocando un arbolito junto a un repostero o delante de una puerta que da al campo.
Nuestros gobernantes deberían dejar a los verdaderos técnicos de protocolo que hicieran su labor, si los que tienen están debidamente preparados para encarar la necesaria reforma de la escenografía general de los actos de Estado, harina de otro costal. Sí, porque nuestras instituciones mostrarán más cercanía si saben planificar mejor sus eventos y hacer la adecuada puesta en escena. Y ésta requiere especialistas en la materia, y no diplomáticos, militares o similares que al respecto saben lo que yo de física cuántica.
Invertir en protocolo.
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Está bien invertir en comunicadores, pero que no se olviden que hay que hacer lo mismo con verdaderos expertos en protocolo, capaces de hacer algo más que colocar banderas, tapices, micrófonos o asignar precedencias. El protocolo requiere una adecuada puesta en escena y un sentido comunicacional del significado de un evento. Esa es una de las carencias que tiene nuestro protocolo oficial. Las instituciones del Estado suspenden gravemente en la asignatura de saber transmitir a través de los eventos. Lo hace tan mal, que cuantos menos genere mejor. Lástima, porque debería hacer más, pero bien concebidos. Subyugadas a la tiranía de determinadas políticas de comunicación, se olvidan que a través de los eventos es muy probable que se conecte mucho mejor con ese pueblo que da la espalda a los políticos y a las instituciones. Seguro que en ese desencuentro algo tiene que ver el mal entendido protocolo y la grave ausencia de especialistas reciclados en la cuestión. No basta ya con la experiencia de sus profesionales, sino que éstos deben empezar a convencer de la necesidad de reformar la “foto de Estado” y para ello hay que saber mucho más que el Real Decreto 2099/83.
Al protocolo institucional le queda mucho por avanzar. Está atascado en viejos formatos, y cuando busca nuevas puestas en escena su resultado es malo. Eso me hace pensar que realmente no existe una estrategia clara y definida del protocolo como un instrumento claro y necesario de comunicación.
Todo eso y más me da que pensar cuando veo estas fotos: necesitamos una auténtica “revolución” en la imagen de los eventos de Estado. Hoy nos hemos centrado en este sencillo acto, pero es ya muy preocupante lo que está ocurriendo en otros eventos e instituciones cuyo protocolo se empeña en no contribuir a la imagen de un Estado moderno, sencillo y cercano. Por ejemplo, es sorprendente (para mal) las felicitaciones oficiales de este año de nuestro Rey y su Heredero. Y así sucesivamente. Tema del que hay que seguir hablando.
¡Feliz Navidad para todos los lectores!
¡Feliz creatividad para 2014!

(Fotos Pool Moncloa)