Ceder la presidencia, una cuestión excepcional de cortesía

Ceder la presidencia en un acto debe responder a criterios de excepcionalidad. En mi modesta opinión no debe hacerse con frecuencia, porque el anfitrión es la persona que debe presidirlo. No hacerlo resulta extraño en primer lugar, y carece de sentido, en segundo. Desde el punto de vista de la tradición en la celebración de actos, es a quien le corresponde presidir, y desde la normativa prima esa situación al dejar claro que la “autoridad que organiza un acto le corresponde la presidencia”. Pero como esa misma normativa prevé la cesión al señalar que en caso de no presidir se situará en lugar inmediato, muchos se acogen a ello de forma surrealista, cuando realmente se refleja en la norma para dar amparo al anfitrión en situaciones de excepcionalidad. Continue reading