El anfitrión desplazado por la autoridad en actos no oficiales

Anfitrión y autoridades

Presidencia de un Congreso no oficial con la Alcaldesa en el puesto principal.

Comentaba el pasado jueves un director de Comunicación de un Colegio Oficial de Médicos (COM), en el trascurso del XIII Congreso Nacional de Responsables de Comunicación (RESCOM) de Colegios Oficiales Médicos de toda España, en Logroño, la incómoda situación que vivió en un acto colegial al que se había invitado al Presidente del Gobierno regional y al Alcalde de la capital. Ambos estaban invitados al evento, y pocos minutos antes se presentó el Consejero de la Presidencia anunciando que venía en representación del Jefe del Ejecutivo autonómico y debía ocupar su lugar. ¿Pero cómo va a presidirlo si el Consejero tiene menos rango que el Alcalde y encima el ayuntamiento ha cedido su instalación municipal? En caso de que el Presidente del COM decida ceder lo hará en favor de la autoridad de mayor precedencia, se le respondió. Y el Consejero amenazó con marcharse. Obviamente la misma amenaza hizo el Alcalde si no se respetaba su ubicación.

Con independencia de que ambos líderes políticos eran de partidos diferentes, y probablemente ahí residiera el origen del problema, no es la primera vez que ocurre, incluso con personalidades del mismo partido. No hace muchos días algo similar se produjo en otra comunidad. ¿Debería contemplarse en la legislación española de precedencias el derecho del Presidente de una Comunidad a hacerse representar en su territorio y que el represente reciba el tratamiento protocolario de su representado? Es decir, lo mismo que el Real Decreto 2099/83 prevé para el Rey y el Presidente del Gobierno. Así también para el Alcalde en su municipio. Lo peor, ¿nos estamos cargando la importancia y relevancia del anfitrión en un evento? Y en estos líos estamos implicados, a veces para bien y en otras no para tan bien, los profesionales.

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Ceder la presidencia, una cuestión excepcional de cortesía

Ceder la presidencia en un acto debe responder a criterios de excepcionalidad. En mi modesta opinión no debe hacerse con frecuencia, porque el anfitrión es la persona que debe presidirlo. No hacerlo resulta extraño en primer lugar, y carece de sentido, en segundo. Desde el punto de vista de la tradición en la celebración de actos, es a quien le corresponde presidir, y desde la normativa prima esa situación al dejar claro que la “autoridad que organiza un acto le corresponde la presidencia”. Pero como esa misma normativa prevé la cesión al señalar que en caso de no presidir se situará en lugar inmediato, muchos se acogen a ello de forma surrealista, cuando realmente se refleja en la norma para dar amparo al anfitrión en situaciones de excepcionalidad. Continue reading