Protocolo para una Europa unida y solidaria

Yuste consolida la ceremonia de España para el Día de Europa (III)

Discurso Rey

La ceremonia de entrega del Premio Europeo Carlos V a la italiana Sofía Corradi (“Mamma Erasmus”) el pasado 9 de mayo, “Día de Europa”, promovida por la Fundación Academia Europea de Yuste, y con la que se alcanzaba la décima edición, giró en torno a dos ejes esenciales: la reivindicación política de una Europa unida, justa y solidaria y la ejemplificación de la construcción de una Europa ilusionante de futuro tal y como acreditan los millones de alumnos universitarios de los 28 países miembros que disfrutan cada año del programa Erasmus, el de mayor intercambio educativo del mundo. Este premjo está dotado con 45.000 euros.

El programa

El protocolo y ceremonial debía adaptarse claramente a esta cuestión, tal y como ya hemos explicado en los dos artículos anteriores. El evento fue sobrio y solemne al mismo tiempo, siendo Europa siempre el hilo conductor. Emotividad (a través de las intervenciones de la galardonada y los dos alumnos Erasmus) e institucionalidad (discursos del Rey, Presidente del Parlamento Europeo y Presidente de la Junta de Extremadura) se alternaron constantemente en la hora que duró el evento. Continue reading

El Premio Cervantes acredita la necesidad de que los periodistas sepan interpretar el nuevo protocolo institucional

Cervantes buena

Hoy, el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares (Comunidad de Madrid) volvió a convertirse, como cada 23 de abril, en la capital mundial de la lengua española. Coincidiendo con la fecha de la muerte del universal escritor Miguel de Cervantes (en esta edición cumpliendo su IV aniversario), autor de la obra y considerada primera novela moderna más importante en castellano, “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha”, por iniciativa del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes, el Gobierno de España hacía entrega de su más importante galardón de literatura española, el “Premio Cervantes”, dotado con 125.000 euros, al escritor mexicano Fernando del Paso. Un acto brillante, solemne, emocionante y con muchas sensibilidades que presidieron como es habitual los Reyes de España. Continue reading

Nuevo formato protocolario para un Jefe de Estado extranjero: la Visita de Presentación

Foto escaleras

Tras recibir a pie de coche y recibir honores de un piquete de la Guardia Real, ambos mandatarios se dirigen por la escalinata a la Cámara Oficial.

En nuestro post anterior de 8 de abril, hacíamos referencia a los importantes cambios que sigue introduciendo la Casa de S.M. a propósito del protocolo que sigue para las actividades públicas de los Reyes de España. Hacíamos alusión al caso de la Universidad de Salamanca, y anunciábamos la visita realizada a España por el Presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Souza, el pasado 17 de marzo, y que confirma lo que ya intuíamos tras la que hizo a Madrid el Presidente de Italia, Sergio Mattarella, el 11 de mayo del pasado año. La Casa de S.M. el Rey ha creado las Visitas de Presentación de un nuevo Jefe de Estado extranjero, que se suma así a las otras tres clásicas: de Estado, Oficiales y de Trabajo (privadas al margen). Continue reading

Soy experto en Protocolo y profesionalmente organizo y dirijo eventos

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Parte de los asistentes al IV Congreso Universitario de Comunicación y Eventos celebrado en Madrid los días 10, 11 y 12 demarzo pasados.

Soy organizador profesional de eventos y para ejercer esta actividad preciso entre otras cosas tener amplios conocimientos de protocolo, pero también de comunicación, derecho, arte, relaciones públicas e institucionales, relaciones internacionales y diplomacia, publicidad, marketing, artes escénicas, restauración, tecnologías aplicadas, creatividad, ingeniería y otras disciplinas transversales. La profesión tradicionalmente conocida como Protocolo se ha quedado corta para definir realmente en la actualidad la profesión de quienes nos dedicamos a estos menesteres.

Esta es al menos una de las principales conclusiones a la que he llegado tras el IV Congreso Universitario de Comunicación y Eventos celebrado los pasados días 10, 11 y 12 de marzo en Madrid. Una conclusión que hemos compartido un buen número de los presentes. Bajo el reclamo #BuildingBrand, medio millar de personas nos reunimos para hablar de experiencias e inquietudes que vistas desde una perspectiva global nos ayude a seguir profundizando en la necesaria identidad de los responsables, técnicos, proveedores y auxiliares que nos dedicados a organizar eventos o a ser parte de la estructura organizativa de los mismos, ya sea en el ámbito oficial, empresarial, social, deportiva, académica, cultural o de la pujante industria del entretenimiento, entre otros sectores.

Este Congreso, más allá de aportar experiencias, nuevos conocimientos, reciclajes y contactos, ha servido para abrir oficial y públicamente el debate sobre lo que somos (que más o menos considero que todos lo tenemos claro, aunque hay resistencias sobre su definición o aceptación a progresar sobre el tradicional apellidos que nos ponemos de protocolo) y cómo presentarnos oficialmente ante la sociedad. Una cuestión ésta que ocupó el protagonismo de la última sesión del encuentro antes citado.

El debate equivocado

Existe una tendencia generalizada a rivalizar por las expresiones soy “técnico de protocolo” o “técnico de organización de eventos” o sencillamente “Técnico de eventos”. En mi modesta opinión estamos ante un debate equivocado porque son dos cuestiones diferentes que no se pueden equiparar. El Protocolo es una cosa y la profesión de quienes nos dedicamos a organizar actos o eventos en formato profesional es otra. Es cierto que existen determinados intereses por confundir al respecto(probablemente sin pretenderlo), liderados fundamental por una parte por estudiosos o investigadores y algunos blogueros, y por otra parte por profesionales del conocido hasta ahora “Protocolo Oficial”. Unos intereses lícitos que no vamos a discutir y cuyos resultados investigadores o divulgadores aportan luces interesantes. Pero insisto que desde mi visión personal, por supuesto siempre abierto al debate y a la discusión civilizada, estamos ante dos escenarios diferentes, aunque relacionados entre sí. Una dualidad que no debe convertirse en una guerra dialéctica y de descalificaciones (desde luego, paso abiertamente de ello).

Siempre que asoma a la actualidad el Congreso Universitario de Comunicación y Eventos, el hasta ahora encuentro de mayor impacto y seguimiento de todos los foros celebrados en España y en el extranjero (a las cifras de asistencia, inscripciones e impactos en redes sociales y blogs especializados, nos remitimos), otras visiones se asoman para reclamar o recordar que lo que allí se habla no es protocolo, y vuelven a la carga acusándonos injustamente de promover la inexistencia como tal del Protocolo. Transmiten la percepción de que defendemos que el “protocolo ha muerto”. No sé por qué, a mí personalmente muchas personas me han colocado la etiqueta de considerar que defiendo esa frase entrecomillada, y quienes lo dejan entrever es porque francamente poco me conocen y nada saben de lo que pienso al respecto (o no quieren saberlo).

Tampoco hay que ser pretenciosos y endogámicos aseverando que el protocolo está de nuevo de moda y que puja con fuerza, porque la realidad es bien distinta, desgraciadamente. Claro está que si lo importante es que se hable de protocolo aunque sea para mal, probablemente algo de moda estaremos. Pero no es positivo para la profesión que eso ocurra y más que algunos se intenten aferrar a él como único instrumento o herramientas de mejoramiento de las relaciones institucionales de nuestros organismos oficiales, cuando el problema tiene un origen claramente distinto a lo profesional.

El Protocolo sigue vivo aunque le pese a algunos

El Protocolo, y me refiero con esta palabra a nuestro Protocolo, el que afecta al ámbito de la organización de eventos y actos, a la existencia de reglas y técnicas fijadas por norma o consolidadas por tradición y costumbres inveteradas, ha existido siempre y seguirá existiendo, con independencia de quien gobierne las naciones o mueva los hilos del mundo. Algunos prestigiosos investigadores a quienes admiro por su talento y capacidad de análisis, encuadran el protocolo como “un conjunto de normas, usos y costumbres jurídicas que determinan el orden de celebración de un acto oficial”. En consecuencia lo sitúan en el ámbito estricto de las instituciones públicas, llegando más lejos en sus aseveraciones al decir que en sentido literal protocolo es el Protocolo oficial. Es decir, aquél que se ocupa de determinar la clasificación de los actos, su presidencia, la precedencia entre instituciones, tratamientos, honores y distinciones sociales propios de las instituciones y sus representantes, al igual que todo lo relativo a la simbología oficial. La Real Academia Española, en su última modificación del término (ya ha suprimido la referencia de regla palatina), define protocolo en su tercera acepción como un “conjunto de reglas establecidas por norma y costumbre para ceremonias y actos oficiales o solemnes” (una nueva inexactitud a mi entender, y espero que esto lo compartamos todos).

Creo que esta visión reduccionista del Protocolo a lo estrictamente jurídico o al derecho consuetudinario que afecta a lo oficial es insuficiente e inexacto y no se atiene a la realidad de los tiempos. A estas alturas, nadie duda que existe un protocolo para los eventos deportivos, para los actos empresariales e incluso para los propiamente sociales, y no debe desmerecerse que esas normas o reglas que se fijan o aplican en ámbitos diferentes a lo oficial no es protocolo. El hecho de que las normas puedan conferirse desde el derecho público para las instituciones oficiales, no implica que solo sea cosa de lo oficial. En el sector privado o no estrictamente oficial también hay normas, reglas y costumbres que aunque no vienen señaladas por decisión oficial, sí se determinan por la institución organizadora o por la entidad, asociación u organización nacional o internacional que promueve sus eventos. No son generalistas, por que se ciñen a su propio ámbito, pero no por ello les sitúa fuera del Protocolo.

Negar la existencia de un protocolo no oficial es mirar para otro lado

Negar por ejemplo que el sector deportivo no tiene protocolo en sentido estricto es ponerse de espaldas a la realidad. O afirmar que una empresa no tiene protocolo porque sus normas o procedimientos no emanen de las instituciones públicas es sencillamente mirar para otro lado. Los comités olímpicos, federaciones deportivas, corporaciones empresariales o entidades privadas que promueven espectáculos o entretenimiento general también tienen sus normas protocolarias, concebidas desde el derecho privado, y es tan protocolo como el oficial. La diferencia reside en el ámbito de la aplicación. Pero en ambas situaciones el protocolo existe y para mí tiene la misma legitimidad aunque cada uno, insisto, en su campo.

Es cierto que en el sector oficial la normativa debería ser de obligado cumplimiento en tanto las normas estén vigentes (desgraciadamente se da la incongruencia de que encima no se cumplen en un porcentaje muy alto), mientras que en el no oficial esa obligatoriedad puede acomodarse a lo que convenga en cada momento, aunque no siempre. Hay ámbitos no oficiales donde la norma tiende a la rigidez y a la perdurabilidad (Carta Olímpica por ejemplo, reglamentos de protocolo de federaciones, normas internas de protocolo en empresas, etc.). Es más, hay determinadas reglas no fijadas por derecho público que la sociedad observa como “Protocolo”, que son esas “normas” necesarias de cortesía o relación que se convierten en instrumentos necesarios para garantizar la convivencia (protocolo social).

El protocolo, una parte del evento

El Protocolo en consecuencia no es cosa solo del mundo oficial, sino una parte proporcional de cualquier tipo de evento que conlleve organización, planificación, precedencia, guión/escaleta, ceremonial, etiqueta… Por ejemplo, ¿alguien puede negar que los Premios Princesa de Asturias no tengan Protocolo en su versión más puritana? Pues conviene recordar que están promovidos por una Fundación privada. ¿Alguien puede negar que los juegos olímpicos no tengan Protocolo? Es evidente que sí, pero sin embargo sus promotores no dependen para ello del derecho público. ¿Alguien puede negar que la organización de un macro evento cultural carezca de un protocolo ya lo organice un ayuntamiento o una gran agencia de eventos o comunicación o marketing? Pues claro que lo tiene y no se asienta en el derecho público más allá del cumplimiento de leyes y normas que les pudiera afectar sobre ocupación de espacios, seguridad, etc.

Por lo tanto ese debate sobre el cierre competencial del Protocolo al ámbito estrictamente oficial para mí sí que es un tema muerto. Otra cosa, y eso sí lo defiendo, es que haya un Protocolo Oficial o de Estado, como hay un Protocolo Deportivo, un Protocolo Empresarial, un Protocolo Cultural o un Protocolo Académico –incluso en centros de formación privados-, por poner algunos ejemplos de sectores. Creo y comparto con los defensores de la denominada corriente jurídica, que el Protocolo se basa en reglas y normas, unas de procedencia oficial y otras no, pero igualmente válidas para quien organiza eventos.

El Protocolo Oficial no es obligatorio en el mundo no oficial

No debe confundirse que el Protocolo Oficial sea de obligado cumplimiento en todos los sectores donde participen los representantes de las instituciones públicas, aunque esté presente el mismísimo Rey de España o un jefe de Estado. El Ministro va siempre antes que el Alcalde porque hay un Real Decreto que lo establece. La bandera de España ha de ser la primera. En los eventos oficiales sí, pero en los privados no es obligatorio. No. Quienes defienden que el Protocolo solo es Protocolo Oficial, deberían tener en cuenta que el ámbito de la normativa protocolaria se acaba precisamente en la frontera institucional. Aunque exista un decreto que señale la precedencia del Ministro sobre el Alcalde, en un acto de empresa el presidente de la misma no está obligado a su cumplimiento, porque dicho Real Decreto restringe su aplicación única y exclusivamente al ámbito de los actos promovidos por las instituciones públicas del Estado, y la Ley de la Bandera habla de la precedencia de la enseña nacional en las instituciones oficiales, pero no obliga al resto de las entidades no oficiales. Eso no debe olvidarse.

Tampoco hay que obviar que la solemnidad es cosa solo de los actos oficiales, porque hay eventos muy solemnes en el ámbito privado. ¿No son solemnes los Premios Princesa de Asturias? ¿O la inauguración de los Juegos Olímpicos? ¿O las mismas procesiones de Semana Santa que programan cofradías privadas o dependientes de confesiones religiosas? Y así un sin fin.

Protocolo es un cosa; la profesión otra

Retomando el debate sobre “protocolo sí, eventos no”, o al revés, a la hora de definirnos no deberíamos entrar en esa dialéctica. Definir qué es Protocolo es una cosa y la profesión otra. Es como hablar de un balón de fútbol y de fútbol y quererlo comparar. La pelota es un elemento más del juego, imprescindible incluso, pero para que la competición se celebre es también absolutamente necesario que haya además jugadores, árbitros, porterías, reglas, tarjetas, líneas pintadas en el césped y por qué no público.

Con independencia de si la expresión Protocolo está ya desgastada o desacreditada en los tempos que corren, cuestión en la que ahora no voy a entrar, entre otras cosas porque es injusto que lo estuviera –siempre habrá Protocolo, aunque se vista de otro colorido-, el debate debe centrarse en lo que somos profesionalmente (más allá de lo que nos podamos sentir expertos. Puedo ser un experto en Protocolo, pero eso no indica que sea profesional del mismo. De hecho hay numerosos estudiosos e investigadores que acreditan notables conocimientos en la materia, que incluso han hecho o dirigido investigaciones o tesis muy meritorias, pero nunca han organizado un evento o un acto, ni oficial ni privado. ¿El no organizar eventos les desacredita? Para nada, al contrario. Su aportación es brillante –lo compartamos o no- y necesaria, y hay que felicitarse por ello y animar a que se siga en esa línea de búsqueda de cuerpo académico a una parte de las disciplinas transversales necesarias para organizar actos oficiales y no oficiales. Tenemos que acostumbrarnos a que nuestra profesión de organizadores no es patrimonio exclusiva de Protocolo, sino del conjunto de especialistas que hacen posible con sus conocimientos y experiencia la celebración del mismo.

El técnico de protocolo, un experto más en el organigrama organizador

En un acto oficial, tan importante es el experto en Protocolo como el responsable de Comunicación, o el que se encarga de la producción, o del catering o de las redes sociales, por ejemplo. Si todos estamos reconociendo la transversalidad disciplinaria que rodea la organización de un evento ¿por qué enrocarse que solo es Protocolo lo que hacemos? Miremos: en un acto o evento (utilizo ambas palabras porque hay tendencia a hablar de acto en el mundo oficial y de evento para el resto) el protocolo no supone más del 10 por ciento en término medio (datos de un solvente estudio realizado sobre 98 eventos oficiales y no oficiales de primer orden en España durante el primer semestre de 2015 para un Trabajo Fin de Máster que ahora avanza ya hacia Tesis doctoral). ¿Qué pasa con el 90 por ciento restante? Se lo lleva el resto de disciplinas que son necesarias aplicar y que obedecen a otros códigos diferentes al Protocolo. Todo esto noquiere decir que el experto en Protocolo pueda ser un espléndido director de organización o sencillamente un buen organizador (debería serlo).

El error conceptual de la industria de los eventos

No quiero ser injusto tampoco en el tratamiento de esta reflexión y dejar fuera de la misma a los que hoy alardean de la importancia de la industria de los eventos. Esta industria profesional (caso de Agencias de Eventos o de Comunicación o Relaciones Públicas o Marketing) o determinados consultores o freelance, pretenden hacer patrimonio suyo los eventos en general y son los primeros en defender que Protocolo es estrictamente lo que afecta al mundo oficial. El resto de los eventos (que es la gran tarta del negocio) es cosa ajena al Protocolo. Otro grave error conceptual, al igual que equivocar organización con producción.

No son conscientes de que sus eventos también se basan en protocolos (plural porque les afectan varios) y en ocasiones hasta el mismísimo Protocolo Oficial. Y desgraciadamente tienen un gran déficit en sus plantillas de personal capaz de resolver cuestiones protocolarias como tal. Mucho mejor les iría si tuviera en cuenta que en su estructura deberían añadir a su organigrama la expresión protocolo. Es absurdo, que re rivalice entre industria de los eventos y protocolo. Estamos ante sectores que se especializan, unos en eventos oficiales, otros culturales, otros deportivos, otros corporativos, etc. Lo que jamás se debe tolerar y así lo he dicho en foros públicos, es que la denominada industria se ocupe del gran sector productivo de eventos mientras los protocolistas o protocolarios como nos llaman nos tengamos que aferrar a banderas, precedencias y tratamientos. Claro está que a veces nosotros a través de nuestras redes sociales y blogs contribuimos a eso, pues nos limitamos en casi un 85 por ciento (dato calculado sobre 42 blogs entre septiembre de 2015 y febrero de 2016) a hablar de banderas, ordenación de mesas, precedencias, ceremonial…

Hay un claro juego de desprestigio de este interesado sector hacia los profesionales de eventos en las instituciones oficiales, porque saben que hay poco donde rascar (económicamente) y para pocos beneficios no merece la pena lidiar con políticos o instituciones que encima tardan en pagar. Ojo: yerran, porque las instituciones públicas han aumentando la contratación externa y los concursos para la organización de eventos oficiales (8% el pasado año y ya cerca del 16 % en lo que va del presente). Lo que tampoco entiendo es por qué los denominados profesionales de protocolo están ignorando esta tendencia. Estos profesionales ya deberían estar preparándose para convertirse en buenos profesionales capaces de gestionar la ya necesaria relación con proveedores externos (no ya en catering u otros campos que ha atendemos, sino los nuevos del sector de eventos propiamente dicho).

Organizador Profesional de Eventos (OPE)

En consecuencia y después de esta larga reflexión, pero que me parecía necesaria para dejar bien clara mi posición al respecto, debo declarar que la marca que considero propia del tiempo que vivimos en la de “Organizador de Eventos profesionales” (ODE) o si lo profieren Organizador Profesional de Eventos (OPE). Creo que las siglas favorecen la identificación de nuestro campo competencial. Personalmente me siento preparado para enfrentarme a organizaciones oficiales y no oficiales, aunque obviamente dentro de esta variedad hay que tender hacia la especialización (eventos oficiales, corporativos, deportivos, culturales, etc.).

Vamos irremediablemente hacia la especialización y eso es muy positivo. Creo que se acabó eso de pensar que un experto en protocolo es capaz de enfrentarse a cualquier tipo de organización. Otro error. Yo mismo me sentiría como un pulpo en un garaje si me encargan organizar de principio a fin una gran exposición o un evento cultural masivo o sencillamente una gran boda o una gran pasarela de moda. Me creo más especializado en sector oficial, pero también es verdad que como experto en protocolo puedo contribuir en el porcentaje que corresponda en otro tipo de eventos.

Soy experto en Protocolo y me siento orgulloso de ello, pero profesionalmente soy organizador de eventos profesionales. Esa es la frontera que pienso debemos tener todos muy clara. Un técnico de sonido es un experto en sonido, no puede decirse que sea un organizador de eventos, pero su papel es decisivo para que un evento salga exitoso. Y lo mismo diría del restaurador, del productor, del escenógrafo o de la azafata. Soy organizador, y dentro de las categorías profesionales, en mi caso, me considero más un director que coordinador o técnico o auxiliar. Por mi experiencia en organización durante más de 37 años, por mis estudios y formación y por la investigación y docencia que desarrollo me siento plenamente consolidado como un adecuado organizador integral, y ello sin renunciar a que igualmente soy experto en Protocolo.

El director de Organización es quien domina transversalmente todas las disciplinas y sabe gestionar y liderar

¿Por qué debatir entre Protocolario y Organizador como el más cualificado para dirigir una organización? Ambos pueden serlo, salvo que no acrediten conocimientos o experiencia más allá de una sola especialidad o algunas. Un experto en Protocolo no necesariamente está capacitado para ser director de organización de eventos por sus conocimientos específicos en esa disciplina. Ni tampoco un productor, o un comunicólogo o un relacionista o un marketiniano. Ojo, que aquí hay un injustificado intrusismo del que ni tan siquiera las mismas agencias poderosas son conscientes de que están contribuyendo a ello. Debemos empezar a ampliar nuestras miras y proyección, y creer de verdad que organizar es otra cosa diferente a hacer Protocolo, Marketing, Publicidad, Comunicación o Relaciones Institucionales o Públicas. Aunque evidentemente en la mayoría de los eventos deban tener en cuenta todas esas disciplinas. El director de organización debe tener conocimientos acreditados en estas materias, pero además ha de ser un gran gestor y administrador y un líder nato que sepa manejar adecuadamente sus recursos humanos y materiales. Cuestión que va más allá de ser Protocolista, Comunicador o Relacionista.

Necesidad de la unión y de un gran acuerdo profesional nacional

Debemos ir a un gran acuerdo nacional entre profesionales, no excluyente, y las asociaciones y universidades o centros de investigación y formación acreditados, deberían asumir esa función de integración y de motor. Lo veo difícil todavía, porque mientras sigamos pensando que en el ámbito de protocolo existen varias escuelas o corrientes intelectuales (jurídica, comunicacional y relacionista) no haremos más que aumentar la división. Todas esas corrientes son necesarias, incluso deberían consolidarse otras que están ya en ebullición, pero deben confluir profesionalmente (más allá de la ciencia pura o la investigación especializada como tal) en un mismo camino: somos ODE o OPE.

Esa es la realidad profesional del siglo XXI, y eso es lo que me está llevando a pulir los estudios oficiales de Protocolo y Organización de Eventos que bajo la mano de un equipo estupendo que he venido codirigiendo con la experta Gloria Campos, pusimos en marcha (pese a los recelos de algunas personas cualificadas, que por cierto afortunadamente ahora lo defienden) los estudios oficiales como una disciplina claramente diferenciada del Derecho, la Comunicación como tal y las Relaciones Públicas y el Marketing. Unos estudios que para habilitar profesionalmente deben sujetarse al principio de la transversalidad en las materias que ofrecen, pues queda acreditado que para organizar eventos hay que saber de Protocolo, de Comunicación, de Relaciones Públicas, de Marketing, de Publicidad, de Tecnologías, de Derecho, de Sociología, de Ingeniería, de Artes Escénicas, de Producción, de los idiomas aplicados y, por supuesto de Dirección, Gestión y Administración, solo por citar algunas de las disciplinas.

La oferta de estudios universitaria

Y en ese acuerdo profesional y nacional que nadie piense que hay intereses movidos por supuestos enfrentamientos entre escuelas, universidad o centros especializados. Estas compiten por sus públicos, tarea lícita, pero al margen de ello ¿qué sentido tiene entrar en batallas si en el fondo todos defendemos lo mismo, aunque cada uno le ponga su apellido? Desde luego eso pienso, porque de lo contrario me hubiera ahorrado todo este testamento. Tampoco es necesario que las universidades deban unificar sus titulaciones o denominaciones o programas. La oferta diferenciada enriquece y aporta. El nombre de un título no da nombre a una profesión. ¿O acaso hay alguna carrera de abogado o Procurador o Juez? Sencillamente parten del Derecho o Ciencias Jurídicas o como quiera llamarlo cada universidad y luego terminan profesionalmente llamándose por lo que ejerzan. Eso también algunos deberíamos metérnoslo en la cabeza.

¿De qué Colegio Profesional hablamos?

Vamos a hacer esto primero. Son nuestras tareas iniciales. Sin resolver esto antes, ¿de qué Colegio Profesional estamos hablando? Por cierto, si no somos ni capaces de Federarnos todas las asociaciones que acogen profesionales o aspirantes a serlo en este campo, ¿qué pretendemos hacer? Qué fuerza tiene la profesión, llámese como se llame cuando ni tan siquiera las asociaciones representan no más del 0,0001 de los profesionales?

Enfrentarse a todo lo expuesto en este largo texto, que no me he podido acortar porque me parecía necesario, es precisamente el reto que se propone asumir el reciente proyecto del Observatorio Profesional de Protocolo y Eventos, o como quiera denominarse finalmente, una vez se constituya finalmente con todos los que de verdad creen que pueden contribuir gracias a su experiencia, conocimiento o investigación. Tiendo la mano a todos y cedo el protagonismo al colectivo.

Lo escrito aquí es el compromiso con mi profesión que tanto adoro, aprecio y creo. ¿Y el tuyo? No tiene por qué ser el mismo, pero hay que posicionarse positivamente, con ganas de aportar.

Perdonadme si he sido largo, pero una cuestión tan seria no se resuelve en un blog serio sobre nuestra profesión en quince líneas. Solo pido que los detractores de esta teoría que sostengo sepan interpretar bien lo que digo, porque luego uno queda muy sorprendido de ver y oir cosas que nunca uno ha dicho. Creo que intento ser positivo y construir al margen de intereses concretos que en estos momentos no tengo más allá de sentirme bien dentro de una profesión claramente definida y aceptada.

Protocolo para los Premios Princesa de Asturias: mirando al futuro

PanorámicaAcceso de los premiados al inicio de la ceremonia de 2015.

Oviedo (Principado de Asturias, España) albergó ayer una nueva edición de los Premios Princesa de Asturias (antes Príncipe de Asturias), en la que se entregaron los ocho galardonados que anualmente concede en el transcurso de una ceremonia que alcanza la perfección organizativa (y por ello hemos de felicitar una vez más a sus organizadores). Pero al margen del éxito incuestionable, es bueno dar un paso más con el ánimo de contribuir a su mejora y plantearse algunos interrogantes y cuestiones técnicas que no buscan desmerecer el éxito de esta edición y anteriores, que sitúan a la capital asturiana en el epicentro mundial de la cultura y la defensa de los valores humanos que fomentan la solidaridad, la convivencia, la justicia y la paz, sino contribuir a su crecimiento (desde las aportaciones dle protocolo). Reflexionamos a través de varias pinceladas. Continue reading

Protocolo equilibrado para un Papa entre Cuba y Estados Unidos

Papa

Las visitas del Papa Francisco a Cuba y Estados Unidos nos recuerda la importancia que tienen las puestas en escena en los objetivos comunicacionales que mueven a realizar eventos como estos. Es lo que periodísticamente solemos llamar “gestos”, detalles o supuestas “rupturas de protocolo” para evidenciar con claridad lo que se pretende manifestar sin palabras. Los discursos, y ha habido bastantes y algunos con mucho fondo humanístico y político (religioso al margen), cumplen su función y gracias a ellos nos llegan a millones de ciudadanos en el mundo frases cortas pero contundentes. Pero esas “voces” se apagarían si no vienen acompañadas de un evento adecuado con un protocolo medido y una alta dosis de calculada espontaneidad, con un exquisito equilibrio entre el estudiado ceremonial de Estado y la acreditada sencillez del protocolo que ha ejercido el Jefe de la Iglesia Católica en una visita entre lo apostólico y lo diplomático, que le ha llevado al agotamiento físico tal y como observamos ayer cuando ascendía al avión camino de Filadelfia ciudad donde finalizará hoy su largo periplo. Continue reading

La Subsecretaría de la Presidencia asume el control de los símbolos nacionales

Bandera Quijote

¿Perseguirá la Subsecretaría de la Presidencia la fabricación de banderas de España que claramente incumplen la normativa constitucional y las leyes que la desarrolla? Alguna empresa habrá fabricado por ejemplo esta bandera que se aprecia en la fotografía. ¿No es demasiada impunidad que en cualquier tienda china o kiosko o bazar de recuerdos o chiringuito de playa se vendan banderas así? Solo es un pequeño ejemplo.

El Consejo de Ministros ha aprobado un Real Decreto por el que se modifica la estructura orgánica básica del Ministerio de la Presidencia, y en el que aporta una nueva cuestión de interés para todos los profesionales del ámbito del protocolo y ceremonial (aunque obviamente lo es también de interés nacional). Entre otros cambios el nuevo Real Decreto 671/2014 de 1 de agosto, de modificación del Real Decreto199/2012, de 23 de enero, por el que se desarrolla la estructura orgánicabásica del Ministerio de la Presidencia y se modifica el Real Decreto1887/2011, de 30 de diciembre, por el que se establece la estructura orgánicabásica de los departamentos ministeriales, dispone que las competencias correspondientes a la autorización para el uso de la bandera, el escudo y otros emblemas nacionales en los supuestos en los que las normas así lo prevean, sea competencia de la Subsecretaría de la Presidencia.

Textualmente, la normativa aprobada introduce una competencia nueva a dicha Subsecretaría, que se lleva al artículo 6.1, apartado j) que dice textualmente (se refiere a las competencias de dicha Subsecretaría): “Las autorizaciones de uso de la bandera, escudo o demás símbolos nacionales, en los casos en que así se prevea normativamente”.

Desgraciadamente no hay mucha normativa que prevea circunstancias de seguimiento y control, pero si al menos la Subsecretaría de la Presidencia que asume ahora estas competencias comienza a velar por el cumplimiento de las disposiciones vigentes en materia de símbolos nacionales daremos un paso de gigante en el respeto a estos símbolos que son de todos y de los que cada día nos encontramos cientos de casos de mal uso, en ocasiones de carácter grave. Y confiemos que sea quien sea el agresor de la norma, la Subsecretaría actúe con eficacia ordenando lo que tenga que mandar para evitar incorrectas disposiciones de banderas, prohibir enseñas no ajustadas a normas, escudos oficiales en lugares donde no se pueden disponer o usar, etc.

En fin, no soy nada optimista al respecto, pero al menos ahora ya tengo claro a quién debo dirigirme para exigir que se persigue los incumplimientos de las normativas en materia de símbolos y espero que empiece por el propio gobierno de la nación donde a diario observamos transgresiones graves a la norma. Claro que este cambio de competencias, una vez, deja muy difusa la competencia y es una pena que no especifique claramente que no solo es autorizar, sino velar por el buen cumplimiento de la normativa. No obstante, al menos quien suscribe, entiende que en el espíritu de lo que se dice se incluye esa vigilancia.

De entrada debería inspeccionar a todos los fabricantes y comercializadores de banderas y otros productos que incorporan símbolos nacionales para ver lo que realmente se está vendiendo y si ese producto cumple con la normativa o no. Si se ponen a ello y se multa con severidad los incumplimientos les aseguro que saldremos de la crisis económica…

Etiqueta para el “estreno” del Rey don Felipe VI

Gran Etiqueta Rey

Uniforme de Capitán General de los tres ejércitos, la denominada Gran Etiqueta. Fotografía oficial de la Casa de S.M.

 

Los medios de comunicación, las redes sociales y los propios expertos hablamos en los últimos días mucho a propósito de la etiqueta que debiera utilizar don Felipe de Borbón en su ceremonia de proclamación como Rey ante las Cortes Generales, el próximo día 19 de junio. El debate está en la calle, además del consabido referéndum si/referéndum no. La cuestión es si el futuro monarca debe acudir al Congreso de los Diputados ataviado de uniforme militar en cualquiera de las versiones a las que tendría derecho o de civil –chaqué/traje-. La cosa tampoco es baladí, ni frívola. Tiene su importancia en el marco de la simbología y su proyección. Es, además, una foto para la historia que permanecerá en el tiempo.

Los defensores de la etiqueta militar se apoyan en dos criterios: el primero y más argumentado es que don Felipe se estrena en ese día, por mandato constitucional, como Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas; y el segundo, porque recoge el testigo de su padre que en el 1975 fue vestido de Capitán General del Ejército. En su contra, los partidarios de la etiqueta civil, como el que suscribe, entienden que el acto de Las Cortes es eminente civil, aunque se rindan en la carrera de San Jerónimo honores antes y haya desfile militar después. Pero esos son actos complementarios, que se dan por la condición de Rey, no porque lo exija la ceremonia. Para ello se puede recurrir a los antecedentes de todas las visitas oficiales realizadas en democracia por don Juan Carlos al Congreso, siempre de civil y siempre recibiendo honores militares. Y si es civil lo que corresponde es la indumentaria civil.

Los argumentos aceptables en democracia a favor de lo militar se agotan ahí. Los criterios favorables a lo civil aportan otros como la conveniencia de que la monarquía que encabezará don Felipe ofrezca desde el minuto cero otro estilo protocolario de Rey acorde con los tiempos. Cuando se apela a este argumento, los defensores de lo militar se ven agraviados al considerar que se deja en entredicho la dignidad de las Fuerzas Armadas como si fueran negativas para España. Tampoco es así.

La sombra del Generalísimo

Sin cuestionar las garantías de normalidad y estabilidad en el relevo que son esenciales en estos momentos, la ceremonia de don Juan Carlos en 1975 se producía en un marco diferente, bajo una normativa distinta, en medio de una decadente dictadura, y con un sentimiento popular importante a favor del general Franco, cuyo cadáver a la misma hora era objeto de homenaje por miles de ciudadanos. Y con los cuarteles en estado de alerta. Durante más de cuarenta años de Generalísimo, era impensable que el nuevo Rey –no constitucional entonces, sino fruto de la Ley de Sucesión creada por Franco “ad hoc” y que posibilitaba la instauración/restauración de la monarquía tras un largo paréntesis- acudiera de otra forma diferente que vestido de militar.

Por otra parte, tampoco, debe argumentarse a favor de la prenda civil el antecedente de la jura de la Constitución por el Príncipe en su mayoría de edad en 1986 que se presentaría en el Congreso vestido de chaqué. No sirve de antecedente sólido porque ni era Rey, ni Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas.

Por lo tanto los antecedentes se nos antojan fuera de lugar y no válidos. Recurrir a siglos atrás tampoco tiene sentido en la España del siglo XXI. Las tradiciones cuando afectan al ceremonial de Estado deben estar sujetas a constantes actualizaciones, sino queremos quedarnos en imágenes trasnochadas y en algunos casos cómicas. No hay una normativa al respecto que obligue a una u otra prenda, siendo facultad única del futuro Rey determinarla, al igual que doña Letizia deberá hacer con su ropa, y ambos padres con respecto a la de sus dos hijas. Pueden recibir consejos, como en todo, pero la última palabra es suya. Por eso cobra más valor la decisión que se tome en un sentido o en otro.

Debe dejarse claro que para recibir honores militares o presidir un desfile tampoco hay que ir uniformado. De hecho tanto don Juan Carlos como don Felipe han presidido ceremonias de este tipo sin traje militar y todas las autoridades civiles a las que se rinden honores, como Presidente del Gobierno, Reina, infantas o el propio Ministro de Defensa no pueden ponerse el uniforme militar (porque no lo son), pero reciben igualmente los honores, tal y como señala el Reglamento que regula este boato.

A partir de estos argumentos y criterios, nada más se puede añadir salvo las opiniones personales que cada cual tenga. Lo idóneo para quien suscribe es que don Felipe VI acuda de civil. Sin embargo, es comprensible que la Casa de S.M. haya aconsejado la opción militar, pues acudir de chaqué podría trasladar una imagen de cierta aristocracia, distanciamiento social o pompa. Rompería esta opción la sobriedad que se pretende y pudiera confundirse la ceremonia con otro tipo de evento más festivo, que no es el caso. La proclamación de un Rey no es un acto festivo, sino sencillamente un solemne relevo que ha de interpretarse como fruto de la estricta aplicación de la normativa vigente, y en consecuencia no tiene sentido alguno más boato que el que se derive del acto institucional en sí. En cambio, recurrir a la prenda uniformada libera de esa aparente imagen de gala que proyecta el chaqué. Se verá socialmente como más normal el uniforme de gala de Capitán General o el de Gran Etiqueta (color azul, que el Rey ya utiliza en determinados actos oficiales como la ceremonia de entrega de Cartas Credenciales), que disimula algo más la imagen militar.

Ni militar, ni chaqué

Desde el punto de vista de protocolo estimo necesario que el nuevo Rey ofrezca una imagen diferente, más joven, más indicativa de su compromiso social con los españoles y la prenda militar no ayudará visualmente a comunicar esa intención. Don Juan Carlos se llevó para la historia la imagen militar de su primera foto oficial como Rey (a la que hubo de recurrir en significativas ocasiones como el 23 de febrero de 1981). Es probable que a los periodistas y consumidores de noticias de glamour y de buena etiqueta agradezcan la uniformidad de gala militar porque obligaría a que doña Letizia deba utilizar vestido largo que da más juego y seguramente recurrir a la diadema real de turno.

La prenda idónea para estos tiempos es en nuestra opinión el traje oscuro y corbata para el Rey, y un vestido corto para la Reina. Ni chaqué, ni uniforme militar, ni vestido largo. La monarquía del siglo XXI pide nuevas formas. El traje oscuro, como usan los representantes democráticos de los poderes del Estado cuando acuden a jurar o prometer su cargo. ¿Por qué ha de ser diferente para un jefe de Estado, aunque sea Rey? Tampoco miremos a las casas reales europeas porque afortunadamente para nosotros en estas cosas de gala y ceremonial son otra historia no comparable.

El debate si queremos una foto de postal o la imagen de un don Felipe que jura la Constitución, aprobada por la ciudadanía en 1978 (acto que le compromete en cada uno de los capítulos y epígrafes de la misma a seguir trabajando por España y los españoles desde su nueva condición) está servido. Cada cual tendrá su postura y sus razones, y todas deben ser respetadas. Pero que nadie diga si lo correcto es esto o aquello, porque no hay regulación, ni tradición admisible al respecto. Es la voluntad del Rey la que se impondrá finalmente en la cuestión y para nosotros, meros observadores, se nos reserva las lecturas y conclusiones que podamos obtener, precisamente en un acto donde todos los gestos y detalles serán examinados con lupa e interpretados libremente. Por lo tanto no es irrelevante la cuestión.

Mi convicción personal pasa por ver a don Felipe por primera vez de Rey con una etiqueta que le sitúe cerca del pueblo, al margen de los cuentos de hadas y alejado de la imagen de jerarquía o poder. Un jefe de Estado monarca moderno tiene hoy más que nunca, y especialmente en España donde no hay una cultura sólida de lo que realmente representa la monarquía, la necesidad de mostrarse cercano a un pueblo muy quemado por la crisis económica y política. Que veamos, de verdad, en don Felipe esa figura que pueda trasladarnos la idea de que aún hay esperanzas para la regeneración de la imagen institucional en su conjunto.

Protocolo y ceremonial para la Proclamación del Rey Felipe VI

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Rey y el Príncipe de Asturias juntos después de anunciarse la decisión de don Juan Carlos de abdicar la Corona en favor de su hijo. Ambos compartieron agenda en el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, donde el soberano presidió una reunión del capítulo de la Orden de San Hermenegildo, creada hace dos siglos para premiar conductas militares ejemplares

 

Don Felipe de Borbón, como Felipe VI, asumirá, previsiblemente el próximo día 19 de junio, la máxima responsabilidad institucional como jefe del Estado español, en su condición de nuevo Rey. Ha de liderar desde su más alta función a “una generación más joven, con nuevas energías, decidida a emprender con determinación las transformaciones y reformas que la coyuntura actual está demandando y afrontar con renovada intensidad y dedicación los desafíos del mañana”, según señaló don Juan Carlos en el mensaje dirigido a la nación al anunciar su abdicación el pasado día 2 de junio.

 

El propio monarca que cesa añadía además: “El Príncipe de Asturias tiene la madurez, la preparación y el sentido de la responsabilidad necesarios para asumir con plenas garantías la jefatura del Estado y abrir una nueva etapa de esperanza en la que se combinen la experiencia adquirida y el impulso de una nueva generación. Contará para ello, estoy seguro, con el apoyo que siempre tendrá de la Princesa Letizia”.

 

Estas palabras del Rey, pronto “rey padre”, intentan marcar las pautas de un necesario nuevo estilo de reinar lo que influye directamente en el protocolo y el ceremonial, formalismos éstos a través de los cuales se da visibilidad a los actos públicos que vaya a desempeñar a partir de ahora y en definitiva a la imagen de la propia monarquía española. Desde esta óptica, y consideraciones políticas e institucionales al margen, tiene don Felipe su primera oportunidad de acreditar los indicios de ese nuevo estilo, en la ceremonia de juramento y proclamación ante las Cortes Generales.

 

Se habla estos días sobre el protocolo a seguir para este acto, el más importante de Estado. Apenas se conocen los detalles y lo poco que ha trascendido es fruto de un inicial briefing que desde el servicio de prensa de La Zarzuela se hizo este jueves con diferentes representantes de los medios de comunicación. Se ha dicho que no habrá la misa conocida como del Espíritu Santo, que en el caso de don Juan Carlos en 1975 se celebró en la Iglesia de los Jerónimos, que no habrá representaciones extranjeras ni de casas reales por problemas de capacidad en el hemiciclo del Congreso (fenomenal evitar toda esa pompa y gasto innecesario) y que el nuevo Rey acudirá de uniforme de Capitán General de las Fuerzas Armadas.

 

Tratamiento para el “Rey padre” y su precedencia

 

Por otra parte el Gobierno, siguiendo los deseos del nuevo Rey, establecerá mediante Real Decreto el tratamiento y dignidad que tendrá don Juan Carlos. Aunque nada ha trascendido de forma fiable, todo parece indicar que tanto el actual monarca como su esposa, la reina doña Sofía conservarán la dignidad de Rey (siempre hay que entenderlo como algo honorífico) y, en consecuencia, el tratamiento de Majestad/Majestades. Nos parece razonable, aunque desde el punto de vista jurídico probablemente discutible. Un Rey que dio a España una constitución democrática e impulsó la modernización de un país atrasado que venía de una aislada dictadura militar, que ha hecho encomiables servicios a la nación en sus 39 años de reinado, creemos que es digno de conservar su estatus de Rey, aunque sea de forma simbólica y no suponga ello la asunción de funciones específicas, más allá de las que el nuevo Jefe de la Casa Real disponga en la distribución de las tareas de representación y presencia pública de la Corona.

 

Es un acierto que don Juan Carlos renuncie al título de Conde de Barcelona, así como a cualquier otro que sea propio de Rey, evitando así confusiones y cerrando la disfunción histórica que, obligada por las circunstancias, se llevó a cabo con la figura del abuelo de don Felipe, don Juan de Borbón y su esposa, al reconocerle el uso de título de Conde de Barcelona. Sería oportuno en su momento establecer un título específico para el Rey abdicado, a los efectos de clarificar verbal y popularmente el estatus de uno y otro. Su tratamiento siempre sería de Majestad y la consideración de Rey a efectos de protocolo, pero se evitaría la duplicidad de nominaciones.

 

No adelantemos acontecimientos a la espera de la norma, pero de confirmarse esa consideración de Rey, ha de entenderse que en las precedencias del Estado tanto el Rey padre como la Reina madre irían por delante de la Princesa de Asturias, salvo que se modificara en sentido contrario en el Real Decreto 2099/1983. Resulta chocante que un rey honorífico y abdicado, tenga mayor precedencia que la heredera, la Princesa de Asturias (la edad actual no debe ser condicionante pues las normas se hacen con la perspectiva del tiempo).

 

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 Jura de don Juan Carlos como Rey de España el 22 de noviembre de 1975.

Antecedentes próximos de la ceremonia

 

La ceremonia de proclamación y juramento es, pues, el primer indicio claro de cuál será el estilo de reinado del nuevo Monarca, si plenamente continuista o apuntará hacia cambios significativos. Sin irnos excesivamente atrás en la historia, donde poco podríamos sacar que sirviera para la España actual, partimos de la base de dos antecedentes. El primero, la propia proclamación de don Juan Carlos el 22 de noviembre de 1975 –estrictamente de Rey- y la segunda, el juramento del Príncipe de Asturias de la Constitución Española al cumplir los 18 años el 30 de enero de 1986. Ambas se celebraron en el mismo escenario, el estrado del Congreso de los Diputados, pero de desigual manera.

 

En el caso del acto de 1975 venía claramente condicionada por un régimen fruto de la dictadura franquista, en la que se impuso el ceremonial propio de una época donde la Regencia tras la muerte del general Franco fue asumida por los tres máximos representantes de Las Cortes, las Fuerzas Armadas y la Iglesia Católica. En esas circunstancias, ver jurar al Rey “por Dios y ante los Santos Evangelios” y uniformado de Capitán General del Ejército de Tierra no nos sorprendió. Bastante tenía ya con realizar el primer discurso que un monarca pronunciaba ante las Cortes tras su jura y hacerlo, además, reclamando justicia social, respeto a las singularidades territoriales españolas y a los intereses del pueblo y recordando la figura de su padre don Juan.

 

En un ceremonial condicionado y encorsetado, propio de la época, en el que lucieron sobre un cojín la Corona, el Cetro y un crucifijo de plata, don Juan Carlos quiso significarse fundamentalmente con sus palabras y apostar desde el primer momento por la idea de su una España democrática. Y debía hacer claramente visible su autoridad, por lo que acudió vestido de Capitán General, algo que en 1975 era entendible, crucial y necesario. No hubo más discursos que el suyo, entre otras cosas porque después del testamento político de Francisco Franco a ver qué representante de esa dictadura tenías agallas de añadir algo más.

Jura Príncipe 1986

 Jura del Príncipe de Asturias de la Constitución Española al cumplir la mayoría de edad. 30 de enero de 1986.

 

Diferente fue la jura del príncipe, don Felipe. Muy significativos los cambios. No vamos a extendernos en la cuestión pues tan solo con observar las imágenes cada uno puede extraer sus propias conclusiones. Pero sí al menos quisiera resaltar algunos aspectos relevantes que se produjeron en 1986: la jura del Heredero se hizo con etiqueta civil (chaqué), sin referencia religiosa alguna (ni crucifijo, ni biblia) y hubo un discurso al inicio del acto a cargo del presidente del Congreso, entonces Gregorio Peces Barba. Tres aspectos que desde el punto de vista ceremonial son muy relevantes y que estuvieron acertados.

 

Uniforme militar o civil

 

La ceremonia de proclamación de don Felipe VI debe ser una mezcla de ambas, pero al mismo tiempo consecuente al estilo que ya fijó en su jura como sucesor. De forma rotunda estimo negativo y contradictorio que el nuevo Rey concurra a la Cámara Baja vestido de Capitán General de los Ejércitos. El hecho de que asuma la jefatura suprema de las Fuerzas Armadas no es razón suficiente para utilizar dicha prensa en una ceremonia civil ante los representantes de los ciudadanos. Tiempo tendrá de lucir su nuevo uniforme donde corresponda, que es en los actos militares. Pero en el Congreso no tiene sentido alguno. Sería una magnífica ocasión que prescindir de esta uniformidad para actos civiles de Estado. Creo que ya es hora de que el Rey por encima de todo ejerza como representante de todos los españoles y reduzca al mínimo en su actos habituales su condición de militar y católico.

Honores Rey

El Rey recibió honores (vestido de civil) con ocasión de la ceremonia de inaiguración de la X Legislatura de las Cortes Generales el 27 de diciembre de 2011, última vez que estuvo en el Congreso de los Diputados.

No ha de entenderse esta postura como un rechazo a la importancia que tiene ejercer el mando supremo de las Fuerzas Armadas, ni el papel de las mismas en la sociedad moderna, pero chirría mucho ver al Rey en su primer acto jurando una Constitución y siendo proclamado por la “Soberanía popular” vestido de militar. Un claro error y un inadecuado estilo. En la España del siglo XXI esta imagen supondría una clara contradicción con los tiempos y tampoco creo que refleje el estilo del reinado que ejercerá don Felipe VI. Otra cosa es que se le rinda honores de ordenanza a su llegada al Congreso y presida el ulterior desfile militar con la que se pondrá fin al acto oficial del Congreso. Pero para recibir honores militares no es necesario ir uniformado. De hecho, cuántas veces hemos visto tanto a don Juan Carlos como a don Felipe recibir honores vistiendo traje civil. Por cierto, ha de entenderse que los honores que recibe son los correspondiente a Rey (pues lo es desde el mismo momento de la entrada en vigor de la abdicación), por lo que debería sonar el himno en su versión completa (52 segundos).

Los símbolos reales y el Himno Nacional

Resultaría acertado que el presidente de Las Cortes, en nombre de las dos cámaras y, en definitiva, de todos los españoles, hiciera un discurso breve y sencillo para ensalzar y solemnizar la relevancia del momento. Es necesario y positivo que los símbolos reales se dispongan (Corona y Cetro), porque con ello se simbolizará claramente el significado de este acto. No se entregan porque no es una Coronación (el Rey lo es de forma automática en virtud a la Constitución). Por supuesto, tampoco los lleva porque no es costumbre en nuestro ceremonial histórico (quedaría patético ver a nuestro Rey bajo Corona y con el Cetro en la mano), ni tampoco ha sido utilizado por su padre el Rey don Juan Carlos. Don Felipe debería ser consecuente con lo hecho en 1986 y prescindir del crucifijo y de la biblia, elementos que se contradecirían con el estado laico y aconfesional que establece la Carta Magna.

No ha trascendido aún, pero suponemos que en breve se sepa –de hecho los equipos de protocolo de la Casa de S.M., Presidencia del Gobierno y Congreso están trabajando y coordinando al respecto desde hace varios días-, cuándo se interpretará el Himno Nacional dentro del hemiciclo. Normalmente, cuando los reyes acuden al Congreso –hasta ahora en todas las inauguraciones de la Legislatura- se interpretó a su llegada. En la jura de don Juan Carlos se hizo una vez pronunció las palabras propias de su juramento, pero antes de dirigirse con su discurso a los procuradores y senadores. Se simbolizaría mejor su nueva condición de Rey si ese protocolo de himno aplicado a su padre se mantuviera. Es una forma muy efectiva de solemnizar el momento y tomaría más significado. Sin embargo, hay que advertir que en el caso de don Juan Carlos no llegaba como Rey –no fue una sucesión como tal, sino una instauración de la monarquía- y hasta ese momento a Jefatura del Estado la encarnaba el Consejo de la Regencia. Como se ha apuntado, don Felipe llega ya como Rey, razón que puede aconsejar que se interprete el Himno Nacional al inicio del acto.

El protocolo de asientos

Los nuevos reyes ocuparán dos sitiales de honor en el centro del estrado, situándose a su derecha los presidentes del Congreso y Senado y a su izquierda las dos hijas, la infanta doña Leonor (que en ese momento ya será Princesa de Asturias) y doña Sofía, la segunda en la línea de sucesión. Es probable que los miembros de las Mesas del Congreso y del Senado se ubiquen en una segunda fila tras los citados. A la derecha, la del Congreso; a la izquierda la del Senado. Algunos ha especulado con la posible ubicación del Presidente del Gobierno junto a las infantas (como ocurrió en la jura del Príncipe), pero en esta ocasión carecería de sentido que en un pleno oficial de sesión conjunta de Las Cortes, el máximo representante del Ejecutivo no estuviera en su escaño (primer sillón azul)[i].

La presencia de don Juan Carlos y doña Sofía

Sobre la posible presencia de don Juan Carlos y doña Sofía a la ceremonia pienso que no acudirán con el objetivo de no quitar protagonismo al único que debe tenerlo. Como reyes que fueron sabrán asumir el sacrificio de seguir tan relevante acto por televisión. Acertarían si no concurrieran al igual que sus hermanas por razones obvias o cualquier otro miembro de la familia del Rey y de la Reina. Si los “ex reyes” asistieran ¿dónde se les podría ubicar? ¿En un lado de la presidencia? ¿Tras las infantas? ¿En la tribuna Real? Me pregunto: ¿No es demasiado fuerte escenificar el cambio habitual de sitio de unos monarcas que siempre han ocupado la presidencia del hemiciclo y que ahora se les traslada a la tribunal real, en la planta de invitados? Hay razones a favor y en contra, pero a mí me pesan más las negativas.

Tampoco se trata de un relevo al estilo presidencial de los regímenes sin monarquía. No es necesario escenificar en este momento el “traspaso”, pues el objetivo del acto es otro. El rey don Felipe VI acude a las Cortes a jurar y a ser proclamado, no para simbolizar el relevo. La escenificación del fin de un reinado y el inicio del otro, se hace en esa ceremonia que se anuncia para la víspera en la que el Rey en presencia de la Reina y los príncipes firmará oficialmente la Ley Orgánica aprobada por el Congreso y Senado por la que se oficializa su abdicación y que se publicará en el BOE al día siguiente. A ese momento debe aplicarse toda la carga emocional y simbólica de lo que significa el relevo generacional en la jefatura del Estado. Un sencillo acto de firma, sin más, pero suficiente y ciertamente histórico. Confiemos que ese acto sea televisado para todo el mundo, porque de lo contrario perdería la esencia de su razón de ser.

La Recepción en Palacio Real

Tras el acto del Congreso, se especula –y así será- sobre la posibilidad de que don Felipe VI ofrezca una Recepción en el Palacio Real. Estimo que una sobria y sencilla Recepción es obligada, para que los representantes de las instituciones del Estado y de las comunidades autónomas (deberían estar los alcaldes de los ayuntamientos capitales de provincia), del cuerpo diplomático acreditado en España, los agentes sociales, culturales, etc., tengan la oportunidad de expresar directamente la felicitación al Rey proclamado. Deseamos que esa posible Recepción se abra a más estamentos de la sociedad que los meramente institucionales y que la lista de asistentes sea otro de los indicios de cambio.

Saludo a los ciudadanos

Faltaría solo, para redondear la cuestión, cómo expresar de forma directa la vinculación del nuevo Rey con el pueblo. En la ceremonia de don Juan Carlos en 1975 utilizó un coche descapotable para dirigirse desde el Congreso a La Zarzuela y desde él, a paso lento, saludó a las miles de personas que se dieron cita en las inmediaciones. No sabemos lo que don Felipe hará, pero estamos convencidos que buscará algún gesto directo al pueblo. No soy partidario de asomarse al balcón de Palacio; preferiría más la imagen de unos reyes –don Felipe y doña Letizia- a pie de calle saludando y mezclándose con el público.

Adiós a la monarquía de “hadas”

Este nuevo Rey debe ir desterrando determinadas imágenes que nos recuerdan la idea de una monarquía de “hadas” y de viejos tiempos. Que no miren a otras monarquías. Que se abstraigan de las mismas. Que piensen que en España la cultura monárquica existente es floja y que quizá Felipe VI deba reinventar un nuevo estilo monarquía que se aleje de los estilos de Palacio y le haga ganarse a los ciudadanos.

Ese debe ser el objetivo de su protocolo y ceremonial a partir de ahora: construir una imagen de una representación plástica de la monarquía que se aleje de los estereotipos a los que nos han acostumbrado y que ya han caducado. El pueblo quiera otra cosa, por mucho que luego “devore” todo lo que le den sobre el vestido de doña Letizia o los azules ojos de la rubia infanta doña Leonor o la barba sí, barba no, de nuestro rey Felipe VI. Hay que evolucionar los eventos Reales y socializarlos, aunque nos alejemos de lo que hacen otras monarquías de “cuento” y, así, rejuvenecer la imagen que la Casa Real española tiene que transmitir a través de su actos. Todo en un calculada transición que debe empezar desde su primera ceremonia en el Congreso.

De esta forma daría respuesta don Felipe a las palabras de su padre en el mensaje de abdicación, donde señaló de su hijo que “encarna la estabilidad, que es seña de identidad de la institución monárquica”. Y más adelante afirmaría otra importante frase: “Abrir una etapa de esperanza en la que se combinen la experiencia adquirida y el impulso de una nueva generación”. Como se han apresurado en decir portavoces de la Casa de S.M. no se trata de un “cambio”, sino de una sucesión dentro de una normalidad constitucional. Pero al margen de lo político, es una magnífica oportunidad para que los nuevos reyes abanderen el estilos propio de una monarquía para el siglo XXI. Y no tienen, para ello, buenos referentes en Europa.

Posible estructura del acto

Con todos los riesgos que tiene adelantar una previsión personal sin conocer importantes detalles que se están debatiendo y estudiando ahora, me atrevo a intuir que la ceremonia responderá más o menos a este guión:

  1. Llegada de diputados y senadores, que deberán acudir con etiqueta de traje oscuro y los miembros de las Mesas, al menos, portando la medalla del Congreso y del Senado.
  2. Llegada de las principales autoridades invitadas al acto.
  3. Llegada del nuevo Rey en vehículo del estado portando el banderín guión Real).
  4. Recibimiento por el Presidente del Gobierno y Jefe del Estado Mayor de la Defensa.
  5. Acceso al podio para el inicio de los honores militares ofrecidos por la Guardia Real, con representación de los tres ejércitos. Suena el himno nacional y las salvas de honor.
  6. Revista a la tropa por el nuevo Rey, acompañado por el Jefe del Estado Mayor de la Defensa y el Jefe del Cuarto Militar de la Casa de Su Majestad.
  7. Fin de la Revista.
  8. Saludo al pie de la escalinata del Congreso de los presidentes del Congreso, Senado, Tribunal Constitucional y Consejo General del Poder Judicial.
  9. Saludo en el vestíbulo principal a los miembros de las Mesas del Congreso y del Senado.
  10. Acceso al estrado presidencia del hemiciclo. Himno Nacional.
  11. Intervención del Letrado Mayor de las Cortes para dar lectura a la convocatoria de la sesión extraordinaria.
  12. Posible discurso del Presidente del Congreso.
  13. Toma de juramento por el Presidente del Congreso.
  14. Fórmula de juramento por don Felipe.
  15. Discurso del Rey.
  16. Fin del acto. Abandonan el hemiciclo.
  17. Saludo (besamanos) en el Salón de Pasos perdidos a los representantes institucionales.
  18. Desfile de las unidades militares que le rindieron honores en la Carrera de San Jerónimo. Presidirá desde un podio situado al pie de la escalera principal de la Puerta de los Leones.
  19. Traslado a Palacio Real para la Recepción

La Casa Real avala la teoría protocolaria del «vale todo»

El Rey ha sabido actuar como un buen jefe de Estado al concurrir públicamente con inmediatez ante los medios de comunicación para testimoniar su dolor y condolencia por la muerte del que fuera el primer presidente de la democracia española, Adolfo Suárez, el gobernante entonces joven que nos devolvería constitucionalmente la libertad a los españoles. Pero el Rey, o/y su equipo de asesores –protocolo, comunicación y otros gabinetes- han hecho un triste favor al orden constitucional, a la bandera y al buen protocolo institucional. Fue el primero en comparecer ante los medios de comunicación, a los pocos minutos de anunciarse oficialmente el fallecimiento del abulense, desde su despacho oficial de La Zarzuela. Instantes después lo haría el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, desde La Moncloa. Y siguieron luego otras declaraciones de interés.
Pero la puesta en escena Real me ha apenado y, por qué no decirlo, molestado y enfurecido. Quienes saben de Protocolo, sólo al ver la imagen ya intuirán a qué me voy a referir:
Rey Suárez buena
No había casi ni transcurrido unos segundos cuando las redes sociales de los profesionales de protocolo se llenaron de expresiones como “increíble”, “no me lo puedo creer”, “otra vez”, “¿qué está pasando?”, etc. A mi twiter, en apenas treinta minutos, llegaron más de cien comentarios que no daban crédito a lo que veían sus autores. La bandera española estaba dispuesta incumpliendo la ley, la misma que, por cierto, creó Adolfo Suárez. Hay quien se preguntaba por las razones, argumentando que eso no podía ser un fallo, que algún motivo habría. No sé si hubo razones o no, o si se tuvo en cuenta de nuevo que la enseña nacional debía aparecer junto al monarca (y no la Europea como correspondía). No lo sé. Pero sí sé que las leyes están para cumplirse, y más desde la jefatura del Estado (y sino les vale que cambien la norma). No es un fallo solamente, es saltarse peligrosamente la norma vigente. Se ha dado luz verde al “vale todo en protocolo” y sin querer facilitan argumentos a quien desde ya hacer con las banderas lo que se le antoje. El presidente catalán, por ejemplo, habrá sonreído al ver la imagen. O los que consideran que la verdadera bandera española es la republicana.
Si era necesario que el vexilo nacional estuviera al lado del Jefe del Estado, cosa que suscribo, hubiera bastado con prescindir de la Europea, que por cierto tampoco era necesaria en esta comparecencia de consumo nacional. Ya dijimos lo mismo con ocasión del mensaje de Navidad, en el que se adoptó la misma decisión.  Cuando se anunció que el Rey haría una declaración ya comenté con mis allegados lo peor, incluso presagiaba que podrían aparecer enlutadas cuando aún no se había declarado el luto oficial (menos mal que no fue así).
Hubiera sido más institucional y de Estado que hubiera aparecido solo la bandera de España, pero si su deseo es que lo hiciera también la Europea no quedaba más remedio que ponerla al otro lado del Rey o bien intercambiarla con respecto a la nacional. Pero soluciones mediáticas a la carta cuando hay normas oficiales de obligado cumplimiento no son admisibles. Podrían haberse buscado otras soluciones más televisivas, que las hay sin incumplir.
Comparecencia presidencial
 Los asesores de Mariano Rajoy debieron tener en cuenta el detalle, pues el Presidente compareció –en una inapropiada escenografía- con las dos banderas,  ordenadas correctamente (en una disposición casi ridícula), como puede apreciarse en la imagen que sigue más abajo. Pero nos llamó la atención que aparecieran enlutadas cuando aún no había declarado el luto oficial, que por otra parte solo puede aplicarse legalmente mañana cuando aparezca en el Boletín Oficial del Estado y que durará tres días (desde las 00.00 horas de esta noche hasta las 24.00 horas del miércoles). En este tiempo, todos los organismos oficiales deben hacer ondear la bandera de España a media asta y, por consideración, el resto de las enseñas.  Además, si se fijan los lectores en la imagen, el lazo negro sobre la bandera de España parece más –perdón por el simil- un condón negro que un lazo de luto. ¿No se puede cuidar mejor esta puesta en escena? ¿Y la bandera de Europa? Parece que está, que no está… Una posición rarísima, entre escondida y apartada. Lamentable.
 Rajoy bandera Suárez
El Rey San Pedro
Volviendo a la comparecencia del Rey, nos ha llamado la atención la fotografía elegida por el Monarca (o sus asesores) tomando del hombro a Suárez en los jardines de La Zarzuela, en su último encuentro, ya enfermo el ex presidente. Varias reflexiones salen de inmediato. La más preocupante: la imagen de Suárez dando la espalda a los televidentes. ¿Era lo más idóneo? Pienso que no aunque reconozco que la foto tiene una fuerte carga sentimental y mediática, pero también sabemos que hay otras fotos en La Zarzuela más emotivas del Rey y Suárez juntos y emocionados y dando la cara a la cámara.
Nos viene una segunda reflexión más anecdótica: parece que el Rey asume el papel de “San Pedro” llevándose al cielo al ex presidente. Inevitable pensar en ello. Quizá por esta razón debía haberse evitado.
 Rey abrazo Suárez
El incumplimiento de la bandera daña la imagen del protocolo institucional, ya bastante tocada. Me preocupan estas decisiones que ya se reiteran, porque contribuyen a la ley de la selva –todo vale si lo dicen las televisiones o los comunicadores- y porque consolida la opinión de que las altas instituciones del Estado han dejado de ser referencia protocolaria de quienes trabajamos en esta profesión. No hay razones que justifiquen un incumplimiento así, ni puestas en escena tan desafortunadas. Y menos desde la más alta instancia del país. El tema está en que vale todo pero solo para estas instituciones. Luego obligan a las demás a que se cumplan cuando interesa.
Sospecho que los sustos protocolarios en relación al fallecimiento de mi admirado Adolfo Suárez, sólo acaban de empezar. Al tiempo. No le dejamos ni descansar en paz.