Protocolo y eventos: unir, no dividir

El dicho dice “divide y vencerás”. Pero la misma frase tiene el riesgo de darse la vuelta: “Divide y serás vencido”. La triste pandemia que estamos atravesando en el mundo ha traído situaciones negativas para el sector de protocolo y eventos, pero también cosas buenas para la profesión, como el hecho de aglutinarnos en la distancia para poner en común inquietudes generales. Por eso han surgido foros de encuentro interesantes sin limitación geográfica, reencuentros de sectores distantes y se ha conseguido unificar más en 9 meses que en 30 años. El Observatorio Profesional de Protocolo y Eventos fue el primero en dar ese paso el pasado mes de marzo, celebrando hasta ahora XVIII jornadas abiertas y por las que han pasado ya 2.179 personas. A esta iniciativa se han sumado también otras muy dignas e interesantes que aplaudimos. Sin embargo a raíz de estas felices noticias por lo que supone de unión, se han ido promoviendo otro tipo de convocatorias que no discutimos, pero que pueden dañar la imagen general de nuestra profesión Hemos entrado en una dinámica en donde el más osado se lanza a una especie de locura cuyos fines al menos nos genera dudas. Se anuncian foros y organizaciones universales, mundiales, intermundiales… Estamos ya esperando el encuentro sideral. Entrar en una carrera de este tipo, sin ánimo de favorecer la convergencia, es en mi modesta opinión una insensatez de quienes lo promueven, aparentemente ajenos al interés colectivo profesional o desconociendo la realidad de nuestro oficio, pareciendo responder más a intereses personales o “extraños” que conducen a la confusión.

El Observatorio Profesional de Protocolo y Eventos

En España se creó con mucho esfuerzo el Observatorio Profesional de Protocolo y Eventos (se evitaron expresiones grandilocuentes como nacional, internacional, mundial), cuyos objetivos vienen claramente definidos en la documentación presentada a la administración central para su aprobación. Lo hizo gracias a la iniciativa de un buen puñado de profesionales en activo, comprometidos con una profesión colegiada y unida, al margen de intereses personales. Ha demostrado en este tiempo que detrás no hay más intenciones que compartir y profesionalizar un oficio que debe demostrar ahora más seriedad que nunca. Lo hizo siguiendo las mínimas reglas del juego: ponerse al servicio de las asociaciones existentes en España y comprometiéndose a no invadir las competencias de las necesarias asociaciones. Aunque en un principio parecía haber ciertas reticencias, las XVIII jornadas han demostrado que no ha querido suplantar el papel de las asociaciones sino poner sus recursos intelectuales al servicio de todas ellas. El ejemplo que ha dado el observatorio es encomiable, pues ha mantenido día a día su finalidad estatutaria, que responde a estos puntos contemplados en sus estatutos:

  • Establecer métodos para el estudio, la investigación y el análisis de la situación de la profesión de protocolo y organización de eventos.
  • Estandarizar los procesos de recogida de información en el ámbito del protocolo y la organización de eventos.
  • Crear indicadores para analizar tendencias en este ámbito.
  • Identificar carencias relacionadas con la profesión, su ejercicio y su reconocimiento.
  • Tomar el pulso a las cuestiones de máximo interés para el sector profesional.
  • Identificar oportunidades de actuación nacidas del estudio y debate.
  • Elaborar y difundir documentación contrastada, actualizada e innovadora que sirva de guía y referencia para ofrecer soluciones a determinadas cuestiones de interés para los profesionales e investigadores en el ámbito de actuación que se determina en los estatutos.
  • Seguimiento de la información para compartirla con la profesión y la sociedad cuando se determine que es de interés, así como tener capacidad de respuesta para la elaboración de informes por profesionales cualificados del sector cuando se crea procedente.
  • Crear un fondo de documentación (glosarios, legislación, usos y costumbres) que favorezcan la formación, investigación y los estudios profesionales.
  • Facilitar labores de estudio, análisis, vigilancia estratégica, redes de colaboración y uso compartido del conocimiento.
  • Poner en común investigaciones y estudios, informando de los resultados obtenidos a las asociaciones, profesionales y, en definitiva, al conjunto de la sociedad.
  • Difundir información de manera periódica para facilitar la toma de decisiones a través de foros, documentos y publicaciones digitales o canales similares.
  • Innovar y aplicar las nuevas tecnologías para afrontar el futuro, evaluando el impacto que la aplicación de las mismas produce en los agentes que intervienen en los eventos.
  • Recopilar, debatir y analizar las innovaciones tecnológicas que se van introduciendo en los eventos, tanto nacionales como internacionales.
  • Impulsar y priorizar la cooperación y la unificación de criterios entre todos los profesionales, creando los diferentes canales y vías de interrelación más adecuados.
  • Seguimiento de las convocatorias de oposiciones o concursos públicos para puestos que afecten al sector, revisando que en los requisitos para su acceso se tengan en cuenta los estudios oficiales reconocidos o acreditados en la materia, con la finalidad de vigilar que los profesionales que ejerzan en la profesión tengan una adecuada preparación y experiencia.
  • Investigar e identificar los casos susceptibles de ser calificados como “intrusismo profesional”.

Objetivos que cualquier asociación puede abrigar y aprovecharse de ello. Es más siempre se ha puesto al servicio de estas organizaciones.

En esa línea ha conservando por encima de todo la unidad global y ha permanecido y permanece abierto a seguir acogiendo iniciativas vengan de donde vengan siempre que encajen en esos objetivos enumerados. Sus promotores están satisfechos porque en los escasos meses de vida ha sabido ser fiel a su vocación y no se han extralimitado en momento alguno. Ha abierto sus puertas al cien por cien. En eso radica su éxito y su buen futuro.

Iniciativas que perjudican la unidad

Sin embargo, en los últimos meses venimos observando de forma incrédula cómo desde otros ámbitos se están promoviendo asociaciones y encuentros que lejos de unir dividen. En algunas ocasiones, estas iniciativas salen en ocasiones de desencuentros en el seno de otras organizaciones, por no citar casuísticas más personales. A nivel internacional tenemos ya un entidad que agrupa los intereses colectivos como la Organización Internacional de Ceremonial y Protocolo (OICP), creada en 2001 en Palma de Mallorca (España) y en el que participaron diferentes países que hoy siguen estando ahí y otros que se han añadido. Por discrepancias o por oportunismo algunos han decidido extrapolar y crear sus propias organizaciones siderales sin sentido alguno. Parece que se ha abierto una carrera por quién está dispuesto a llegar más lejos en el disparate. A esos promotores quiero dirigirme para que la locura no cunda, y advertir a quienes puedan ser víctimas de la confusión a que no se presten a esas prácticas de dudosa profesionalidad.

Mañana mismo puedo crear una organización interestelar, pero qué sentido tiene. La lástima es que hay personas –normalmente no profesionales en activo- que tratan de hacer de las diferencias terreno abonado para generar su propio territorio y engordar su curriculo. Un error a corto plazo porque daña la imagen unitaria de la profesión y a medio y largo plazo porque dificulta el camino hacia la unión. Es probable que terminen por desinflarse porque estas iniciativas exigen dedicación desinteresada, mucha generosidad y una alta visión general de lo que es trabajar en el siglo XXI en este oficio. Hay iniciativas que sencillamente detrás no hay nada de esto. Si alguien quiere promover nuevas plataformas (lo ideal sería que fueran especializadas en el ámbito temático), son bienvenidas, pero deben ser canalizadas en convivencia con las asociaciones existentes, regionales, nacionales o internacionales y si es necesario cambiar algo hacerlo desde dentro, no desde la ceremonia de la confusión. El orgullo y el protagonismo no tienen cabida tras esta pandemia, porque no hay más opción que trabajar juntos y salvar las diferencias aunque pueda costar. El sacrificio y el esfuerzo debe imponerse frente a la sinrazón.

El riesgo de la credibilidad profesional

Si no atajamos esto iremos hacia cientos de “reinos de taifas protocolarios” en todo el mundo, donde será verdaderamente difícil averiguar quién fomenta iniciativas positivas y quién se enmascara detrás para otros intereses personales o crematísticos. Se anuncian foros mundiales de dos, tres o cuatro horas, donde se distribuye diplomas y certificados que muchos utilizarán para acreditar que se han convertido en profesionales o maestros acreditados. Será el fin de nuestra credibilidad profesional. Debemos apelar a la responsabilidad para que los profesionales o aspirantes a ejercer esta profesión no se le confunda ni se le utilice.

La pandemia nos ha traído la necesidad de la unión, no de la dispersión. Nos empuja a unirnos, a aglutinarnos y a superar las diferencias en beneficio de la unión y el bien común profesional. Paremos esta locura y escalada y pongámonos a trabajar juntos sobre lo que hay porque todo el mundo tiene sitio. Trabajemos para que en cada país haya un único congreso nacional generalista (aunque haya otros de sectores especializados, como caso de España el universitario) y defendamos un único congreso internacional promovido por la OICP y las entidades que la componen o que se puedan sumar en el futuro). Una organización que también tendrá que dar pasos para transformarse en una institución solida, abierta y comprometida con una sociedad moderna que concibe el protocolo y el ceremonial como un instrumento de concordia y convivencia.

¿Damos ejemplo de esa convivencia cuando proliferan “chiringuitos” en muchos rincones de nuestra profesión? Pensemos, seamos sensatos y apostemos juntos por complementarnos desde nuestras iniciativas, pero coordinando, aglutinando y convergiendo. Todos podemos aprender y mejorar defectos, pero si nos diluimos sólo estaremos agravando el riesgo de llegar a una mediocridad profesional que nos quitará el reconocimiento social, institucional y empresarial por el que venimos trabajando desde hace tiempo.

Una seria llamada a la responsabilidad y a no ser confundidos bajo nombres o propuestas “siderales” que el universo terminará por fulminar. Con los pies en la tierra hay que remar juntos desde cualquier rincón de la tierra.

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