Aniversario de Felipe VI: storytelling en Palacio

El rey Felipe VI podía haber conmemorado su quinto aniversario de la proclamación como jefe del Estado el pasado miércoles de múltiples formas, pero al final optó por aquella que más en línea iba con la máxima expresada en su discurso ante las Cortes Generales el 19 de junio de 2014: “(…) las exigencias de la Corona no se agotan en el cumplimiento de sus funciones constitucionales. He sido consciente, desde siempre, de que la Monarquía Parlamentaria debe estar abierta y comprometida con la sociedad a la que sirve; ha de ser una fiel y leal intérprete de las aspiraciones y esperanzas de los ciudadanos, y debe compartir -y sentir como propios- sus éxitos y sus fracasos”. Cinco años después el monarca español ha querido celebrar esta efemérides reuniendo a 41 ciudadanos españoles “anónimos” para reconocer simbólicamente el día a día de millones de españoles de bien que desde sus modestos trabajos y quehaceres habituales hacen posible que España siga avanzando. A ellos les hizo entrega de diferentes condecoraciones de la Orden del Mérito Civil en el transcurso de un acto que tuvo lugar en el Salón de Columnas del Palacio Real de Madrid y en el que el protocolo no sólo puso innovación, sino que fue clave para que el evento tuviera el sentido por el que había sido convocado. Fue además un ejemplo de acto institucional que acredita que la conocida técnica del storytelling funciona también en los actos más solemnes de la administración pública.

Aniversario del rey Felipe VI

Una de las distinguidas escucha de pie su presentación en el acto que presiidieron los reyes y sus hijas.

Probablemente muchos esperaban que este aniversario, clave para la imagen nacional e internacional de un rey todavía joven, necesitado de transmitir cada día con mayor fortaleza su acercamiento a la España real, consistiera en una gran recepción en Palacio a la que probablemente asistirían una vez más los de siempre, en un entorno y enfoque que convertiría al rey en una mera foto de observación lejana. Hizo bien en no celebrarlo como nos tienen acostumbrados otras familias reales europeas, que hacen de sus eventos un simple audiovisual de merchandising en la imagen de marca de país capaz de llamar la atención al mundo entero por su fastuosidad o eventos de cuento que no se corresponden con la sociedad del siglo XXI. Por mucho que a la gente le guste la gala, las alfombras, los vestidos, las solemnidades reales y otras parafernalias (“si no hay glamour para qué queremos la monarquía”, me llegó a decir una periodista), Felipe VI avanza por otros derroteros bien que le pesen a los “peñafieles” de turno que exprimen la superficialidad de una monarquía que en el caso de la nuestra camina por otra senda. Recurrimos de nuevo al discurso de la proclamación: “La independencia de la Corona, su neutralidad política y su vocación integradora ante las diferentes opciones ideológicas, le permiten contribuir a la estabilidad de nuestro sistema político, facilitar el equilibrio con los demás órganos constitucionales y territoriales, favorecer el ordenado funcionamiento del Estado y ser cauce para la cohesión entre los españoles”.

Aniversario del rey Felipe VI

Momento de presentación de los distinguidos por los periodistas Pablo Motos y Elena Ochoa. Panorámica general del Salón de Columnas de Palacio Real durante el acto.

Compromiso de Estado

Quien no comprenda esto se sumará inconscientemente al torrente de falsas noticias que se fabrican desde determinados medios sensacionalistas y antimonárquicos, que ya no saben qué inventar para cuestionar permanente a la Familia Real, sus relaciones internas, sus apariciones públicas y un largo etcétera que tampoco es el motivo de este comentario. Nadie debe de olvidar que la Familia Real, por muy referente social que sea, no es lo importante, sino el papel de la Corona en un estado democrático y moderno. Un papel que precisamente obliga a huir del glamour como hilo conductor de sus eventos, de historias palaciegas e intrigas de Corte. Alguien no se ha enterado todavía que nuestra monarquía apuesta por el compromiso de Estado. No hay lugar para festejos a la vieja usanza, más allá de determinadas tradiciones en sus actos oficiales que hacen bien en respetar, aunque introduzcan siempre matices innovadores.

El acto del pasado 19 de junio del presente año, fue fiel a la coherencia del discurso de hace cinco años en el Congreso de los Diputados. La concepción del evento y su protocolo posibilitó con gran éxito que los objetivos se cumplieran y se transmitiera el mensaje desde la jefatura del Estado: España es la suma de todos, desde el más conocido y mediático hasta el más anónimo que cada día se levanta para cumplir sus responsabilidades, que son personas de bien y socialmente comprometidas. Quiso representarse esa imagen mediante el reconocimiento a 41 ciudadanos ejemplares “anónimos”, a quien por un día se les abrió las puertas grandes de Palacio y asumieron el protagonismo total. Se concibió el acto para que así fuera y de hecho no hubo representación política e institucional ninguna, más allá de la obligada presencia del presidente del Gobierno en funciones y el ministro de Asuntos Exteriores también funciones (canciller de la Orden) por tratarse de una condecoración que gestiona el Gobierno a través de dicho ministerio. Sospecho las múltiples presiones que los habituales de Palacio habrán ejercido para ser invitados.

La técnica del storytelling

Como señalábamos anteriormente, el acto tiró a su manera de la técnica del storytelling, “el arte de contar una historia”, para conectar emocionalmente a través de ella con la sociedad, dejar que te lleguen y toquen el corazón y la cabeza, el cuerpo y el espíritu: lo racional y lo instintivo. Como señala la escritora, poeta, cantante y activista por los derechos civiles estadounidense, Maya Angelou, “la gente olvidará lo que dijiste, la gente olvidará lo que hiciste, pero la gente nunca olvidará cómo la hiciste sentir”. Esa fue la clave del acto y por qué se programó protocolariamente así. La intención que se persigue al utilizar la técnica del storytelling es generar una relación más allá de la mera transmisión de un mensaje a nuestra audiencia, para conseguir que nuestra marca, en este caso institucional, quede ligada en la mente del ciudadano a los valores que tratemos en esa historia elegida.

En Palacio se contó una historia protagonizada por 41 ciudadanos procedentes de todas las comunidades autónomas y dentro de cada una buscando el equilibrio provincial. No debió ser nada fácil realizar la selección porque hay millones de personas en España que podrían haber estado precisamente ahí. Se valoró no sólo la procedencia territorial, sino la condición humana, sus profesiones y quehaceres que la vida les ha dado, el equilibrio de género (19 mujeres y 22 hombres), las sensibilidades actuales en temas delicados como la apuesta por el medio ambiente, la defensa de los animales, las discapacidades, las edades (desde la chica de 19 años hasta la abuela de 107), el compromiso por la vida y la familia, la solidaridad y generosidad, la cultura, el emprendimiento, la formación, la conservación de las tradiciones, la salud y la apuesta por oficios cada vez más complejos de conservar, entre otras.

Los criterios de la selección

La nota de prensa de la Casa de Su Majestad decía al respecto: “Para su selección se ha tenido en cuenta un criterio proporcional de población y se ha considerado también a las comunidades pluriprovinciales, de forma que proceden de provincias distintas. Se ha añadido un criterio generacional, por lo que se incluyen personas de todas las generaciones vivas. La mayor es una mujer de 107 años y la menor, una joven de 19. Hay igualmente un criterio de género: serán condecoradas 19 mujeres y 22 hombres que proceden de distintos sectores de actividad de España. Siguiendo un criterio sectorial, estas personas configuran una amplia representación de los trabajos que desarrollan los españoles y de los compromisos laborales o sociales presentes en la sociedad española. Todos ellos cumplen con el criterio de mérito que exige la condecoración, porque destacan en ámbitos como la educación; el medio ambiente; la sanidad; el voluntariado; la investigación; la asistencia social y la cultura, sin olvidar las contribuciones a la convivencia y a la integración de la inmigración o del mundo de las mascotas”.

Conductores del acto

Los responsables de protocolo decidieron concebir de esta manera el acto para enganchar con el espíritu del mensaje. Hubo solemnidad no sólo por el marco, ni por la presencia de los reyes (Felipe VI es el Gran Maestre de la Orden del Mérito Civil), ni por la interpretación del himno nacional a cargo de un cuarteto de cuerda integrado por jóvenes músicos de la Escuela Superior de Música Reina Sofía, sino por la propia atmósfera que se consiguió en un Salón de Columnas repleto de familiares y próximos de los homenajeados. Sin faltar tampoco la naturalidad y sencillez que pusieron los dos conductores del acto, los conocidos periodistas Pablo Motos y Elena Ochoa, que aunque cometieran el error de casi olvidarse de presentar a los dos últimos (lo que les valió la crítica despiadada por los que nunca entienden nada), dieron ese toque de proximidad y supieron enmendar con gracia la circunstancia. A su lado una intérprete del lenguaje de signos.

Aniversario del rey Felipe VI

Momentio de la interpretación del himno nacional al inicio del acto.

El protocolo

El centro de la presidencia del salón, salvo durante el himno, quedó vacío, precisamente para que cuando llegara el momento de la imposición de las condecoraciones, los reyes, la princesa de Asturias y la infanta Sofía, ocuparan de pié esta posición mientras desfilaban los homenajeados. A la derecha de este espacio estuvo la Familia Real sentada y más a su derecha el presidente y el ministro. A la izquierda de la presidencia el atril donde los periodistas antes citados fueron relacionando y presentando a cada uno de los 41, sentados en ambas primeras filas de la zona de público (máximo protagonismo). No faltaron lágrimas de emoción en muchos de ellos. Una presentación que duró casi 27 minutos, para algunos larga, pero la esencia del acto lo hacía necesario. ¿Cómo se puede entregar 41 reconocimientos de este calibre sin que se haga una breve reseña del por qué? Era necesaria esa visión de conjunto, el conocimiento de las circunstancias y regalar un minuto de gloria tan merecido a cada uno. A veces por acortar los eventos no podemos cargarnos la esencia de los mismos. Mientras se referían a cada uno, éste se ponía de pié, para identificar mejor al distinguido. Posteriormente, llamados por el jefe adjunto de protocolo de la Casa de Su Majestad (no por los periodistas, para darle más institucionalidad), fueron acercándose a recoger su reconocimiento.

Aniversario del rey Felipe VI

Momento en el que el rey Felipe VI impone la condecoración a la valenciana Clotilde Veniel, de 107 años.

Aniversario del rey Felipe VI

Tras recibir la condecoración, Clotilde Veniel fue acompaña hasta su lugar en la primera fila por la princesa de Asturias y la infanta Sofía, hijas del monarca.

Presencia de la sociedad juvenil

Fue muy emotiva la entrega y mediáticamente destacó el momento de Clotilde Veniel (Valencia), de 107 años, que muy lozana recogió su distinción para posteriormente ser acompañada por la princesa y la infanta hasta su sitio, instante gráfico que más trascendió. Cerró el acto el rey con su discurso en el que al inicio quiso poner de manifiesto la presencia de la sociedad juvenil, esa que no tiene aún 18 años y que por normativa de la Orden no pueden recibir la distinción del Estado. Ese segmento de población también tuvo su reconocimiento al estar presentes alumnos de 6º de primaria del Colegio de Educación Infantil y Primaria “Infanta Leonor”, que tienen la edad de la infanta Sofía. Un pretendida casualidad que metía en la “película” a las hijas de los reyes presentes en el evento. Nada podía pasarse por alto cuando el rey quería celebrar su quinto aniversario con la representación de la España real.

Aniversario del rey Felipe VI

Fotografía de grupo de la Familia Real con los alumnos de 6º de primaria del Colegio de Educación Infantil y Primaria “Infanta Leonor”, que tienen la edad de Su Alteza Real la Infanta Sofía. Los reyes cedieron todo su protagonismo a sus dos hijas.

La bandera de España presidió el salón en lugar destacado, junto al atril real desde el que Felipe VI pronunciaría su discurso. Al otro lado, en dos filas escalonadas, estuvieron las banderas de las 17 comunidades autónomas y 2 ciudades autónomas. Estas, quizá, quedaron algo apelotonadas, pero es cierto que el espacio no permitía mejores opciones. Quiso la Casa de Su Majestad que las enseñas autonómicas dejaran claro el alcance del reconocimiento, pues era clave que se entendiera: un rey para todos los españoles, en una España que respeta las singularidades territoriales.

Aniversario rey Felipe VI

Fotografía de grupo de la Familia Real con los condecorados con la Orden del Mérito Civil

Los reconocidos “anónimos”

En un comentario como éste bien merece dejar reflejados los protagonistas de este hermoso cuento de Palacio, actualizado al siglo XXI, que hicieron suyas las alfombras al menos por un día. Deseamos de verdad, que al igual que en otros países, haya al menos un día al año donde el rey entregue las principales condecoraciones del Estado en el transcurso de un acto solemne, pero sencillo, que se abra al amplio espectro de la sociedad real. Confiemos que esta iniciativa se mantenga en el tiempo. Todo parece indicar que así será.

Los buenos españoles, ya no tan anónimos, que protagonizaron este simbólico día fueron los siguientes:

  • Avelina Amado Fernández (Neda. A Coruña), profesora de Formación Profesional.
  • Albano de Alonso Paz (Breña Alta. La Palma), profesor de Educación Secundaria.
  • Dolores Sofía Deza Caparrós (Huércal. Almería), profesora de Educación Primaria.
  • Beatriz Navarro Franco (Beniel. Murcia), maestra de Educación Infantil.
  • Abel Zardoya Santos (Tudela. Navarra), profesor de Educación Especial.
  • Clotilde Veniel Gómez (Bicorp. Valencia), ama de casa de 107 años.
  • Natalia Díaz Martín (Icod de los Vinos. Tenerife), voluntaria de la ONG Manos Unidas.
  • María del Carmen Chaparro Medina (Melilla), voluntaria de asistencia a mayores.
  • Juan Antonio Colás Zabaleta y Doña María Ángeles Martín Pastor (Vitoria-Gasteiz), voluntarios de la Fundación San Prudencio.
  • Mónica de Juan Sánchez (Puerto Príncipe. Haití), superiora de la Misión y coordinadora del Centro de Salud «Lucelia Bontemps».
  • Javier Roquero Ussia (Oiartzun. Guipúzcoa), empresario.
  • José Antonio Gómez Castro «Joselito» (Portonovo. Pontevedra), marinero y armador de pesca artesanal.
  • Ramón Cugat Bertomeu (Barcelona), médico.
  • María de los Ángeles Álvarez Martínez «Marigel» (Campo de Caso. Asturias), quesera.
  • Federico Crespo Nomen (Barcelona), arquitecto.
  • Raquel Serrano Lledó (Alhaurín de la Torre. Málaga), emprendedora tecnológica.
  • Nuria Robles Gallego (Cigales. Valladolid), trabajadora de la fábrica Renault.
  • Rosaura Campuzano Gómez «Chaori» (Ruente. Cantabria), capataz de la cuadrilla forestal 202.
  • Diego Jiménez García (Liétor. Albacete), apicultor.
  • Marifé Fuentes Suárez (Almendralejo. Badajoz), empresaria bodeguera.
  • Elías Suárez García Gedrez (Cangas del Narcea. Asturias), vigilante-guarda de la Fundación Oso Pardo.
  • Froilán Sevilla Martínez (Ponferrada. León), ingeniero de Montes.
  • Jivko Vassilev Beydov (Bulgaria), inmigrante búlgaro.
  • Maria Eugenia González Barderas (Madrid), investigadora.
  • Aurelia Bustos Moreno (Alicante), oncóloga.
  • Nerea Luis Mingueza (Madrid), investigadora en Inteligencia Artificial y emprendedora.
  • Javier González Jara (Ávila), visitador social.
  • Rosa María Díaz González (Ceuta), enfermera.
  • Eugenio Baisón Domínguez (Mairena del Aljarafe. Sevilla), donante de sangre.
  • Basilio José García Copín (Ceuta), miembro de la Confederación de Salud Mental de España.
  • Juan Antonio Griñán Nicolás (Puente Tocinos. Murcia), belenista.
  • Francesc Isbert Vaquer (Maó. Menorca), restaurador del Patrimonio Cultural.
  • Belén Luque Herrán (Jaca. Huesca), directora del museo Diocesano de Jaca.
  • Víctor Manuel Gibello Bravo (Cáceres), conservador del Patrimonio Cultural.
  • José Manuel Brito López (Las Palmas de Gran Canaria), músico, compositor y director de «Barrios Orquestados».
  • Ignacio Micolau Adell (Alcañiz. Teruel), bibliotecario.
  • Ricardo Vicente Corredera (Madrid), adiestrador de perros.
  • Daniella Helena Pereira Félix, «Daniella da Silva» (Sao Paulo. Brasil), deportista.
  • Miquel Galmés Jaume (San Llorenç. Illes Balears), funcionario.
  • Miquel Montoro Mascaró (San Llorenç. Illes Balears), herrero.

Ver dossier de los condecorados en: http://www.casareal.es/ES/Documents/V_aniversario_proclamacion/Informe_individual_de_condecorados.pdf

La Orden del Mérito Civil

La Orden del Mérito Civil fue instituida por el rey Alfonso XIII, por Real Decreto de 25 de junio de 1926, para premiar “las virtudes cívicas de los funcionarios al servicio del Estado, así como los servicios extraordinarios de los ciudadanos españoles y extranjeros en el bien de la Nación”. En el preámbulo de la orden se señala que “tiene por objeto premiar los méritos de carácter civil, adquiridos por el personal dependiente de alguna de las Administraciones públicas” o “por personas ajenas a la Administración, que presten o hayan prestado servicios relevantes al Estado, con trabajos extraordinarios, provechosas iniciativas, o con constancia ejemplar en el cumplimiento de sus deberes. Esta condecoración podrá ser concedida, además, a personas de nacionalidad extranjera, siempre que hayan prestado servicios distinguidos a España o una notable colaboración en todos aquellos asuntos que redunden en beneficio de la Nación. El Rey es el Gran Maestre de la Orden. Todas las condecoraciones de esta orden deben ser conferidas en su nombre y los títulos correspondientes irán autorizados con la estampilla de su firma.

Ver el acto aquí: https://www.youtube.com/watch?time_continue=2&v=JYesHmZnEmY

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