Felio Vilarrubias, «padre» del protocolo moderno

No me gusta redactar obituarios de personas que han sido colegas en la profesión y con las que he tenido un trato muy especial durante muchos años, porque siempre he tenido miedo a dejar cosas importantes en el tintero, y más cuando tienes que referirte a una persona que ha marcado un antes y un después en la vida profesional de muchos técnicos de protocolo, entre los que me incluyo. El fallecimiento este lunes en Barcelona de Felio A. Vilarrubias i Solanes (1921), excelentísimo por norma (estaba en posesión de diferentes condecoraciones, entre ellas la Gran Cruz del Mérito Civil) y por trayectoria (su legado traspasa la propia excelencia), es una de esas pésimas noticias que, aunque esperadas (cumplía los 98 en menos de un mes), nunca deseas que lleguen. Esta mañana se ha abierto su capilla ardiente en la ciudad Condal y mañana se celebrará la misa funeral. Pero he pensado en escribir unos sencillos párrafos sobre esta persona humilde, afable y de extraordinaria referencia para muchas generaciones, porque puede ser que algunos jóvenes, aunque hayan tenido acceso a parte de sus obras, desconozcan su papel esencial en el protocolo de nuestro país, especialmente en la segunda mitad del siglo XX.

Protocolo Felio Vilarrubias

Felio A. Vilarrubias i Solanes, en una imagen de las múltiples entrevistas concedidas a los medios de comunicación.

Felio Vilarrubias era un hombre fiel a sí mismo y nunca lo disimuló. Monárquico convencido, no ocultaba sus simpatías con el franquismo y vivía en un “sinvivir” cuando se “dislocó” el afán independentista en Cataluña. De ahí que su esquela haya querido empezar por “Fiel a Dios y a España”. Hombre profundamente católico, nunca dudó en hacerse un hueco en su trabajo diario para acudir al templo más próximo para escuchar su misa diaria. Se iba en silencio y discreción y volvía por la misma senda para seguir en su rutina profesional. Nunca dio la espalda a sus principios, ni se refugió en una posible piel de lagarto, por mucho que ello le valiera perder su puesto como jefe de Protocolo de la Diputación de Barcelona, cuando regresó del exilio el presidente de la Generalitat en el exilio y después de Generalitat de Catalunya desde octubre de 1977, Josep Tarradellas, quien le cesó como responsable de protocolo y le mandó (con bata y todo) al almacén de esa institución.

Creador de la ceremonia de los Premios Príncipe de Asturias

Recuperado en el año 1980 para la recién creada Fundación Príncipe de Asturias (desde 2014 Princesa de Asturias), a propuesta del entonces gobernador civil de Asturias, Jorge Fernández Díaz (que fue Ministro del Interior), y de su jefe de Gabinete, Pablo Batlle Mercadé (quien llegaría a ser jefe de Protocolo y Relaciones Públicas de RTVE), retomó la senda de protocolo poniendo su experiencia y buen hacer al servicio de una Fundación cuyos responsables ignoraban la importancia del protocolo para la ceremonia de entrega de los Premios que llevan el nombre del título del Heredero y que hoy ha tomado gran dimensión internacional.

El reconocido periodista Graciano García García, primer director y hoy director emérito, se convirtió en los ochenta en su obligado discípulo protocolario. “No teníamos ni idea de la importancia que el protocolo iba a tener para la Fundación y sus galardones”, reconocía una y otra vez el periodista asturiano. Cuánta razón en sus palabras. Dio forma a la ceremonia del Teatro Campoamor de Oviedo que al margen de los cambios estéticos y ceremoniosos propios de la evolución, aún pervive en su esencia. Un hombre que había organizado grandes eventos de Estado, entre ellos varios complicados Consejos de Ministros presidido por Francisco Franco fuera de Madrid, o la más compleja aún inauguración en mayo de 1985 del Observatorio Astronómico de Canarias, con presencia de numerosos jefes de Estado, parecía recuperar su insaciable necesidad de estar a pie de obra en grandes ocasiones.

Impulsor de la Revista y del Congreso Internacional de Protocolo

Conviví con Felio 28 años en la Fundación. Como fiel aprendiz absorbí todas sus enseñanzas y experiencias en protocolo y organización de eventos. Me sumé, como la mayoría entonces, al único curso de Experto en Protocolo y Ceremonial, creado y dirigido por él, que se impartía en una universidad española, la de Oviedo, y ahí adquirí otros conocimientos que complementaron mi perfil profesional. Me dio la oportunidad de iniciarme como profesor en este curso de referencia nacional en 1985 cuando ya daba mis primeros pasos como responsable de protocolo del Ayuntamiento de Oviedo. Viví con intensidad el mes que duraba cada edición de ese Experto que se impartía en el edificio histórico de la Universidad ovetense. Ayudé a Felio en todo lo que me pedía y lo hacía de buen grado. Creamos juntos la Revista Internacional de Protocolo, así como el Congreso Internacional de Protocolo, cuya primera edición se celebró en la capital del Principado de Asturias, en el año 1995, y que en materia de encuentros profesionales supuso una decisiva contribución a la profesión. En aquél Congreso reunimos por primera vez, en un mismo coloquio, a los jefes de protocolo de todos los países entonces miembros de la Unión Europea.

Pelea contra las tecnologías

Pueden imaginarse que conviviendo 28 años con Felio en el seno de la Fundación, como su segundo, uno tiene cientos de anécdotas y recuerdos, divertidos y no tanto, pero siempre apasionantes desde la perspectiva del paso del tiempo. Su forma de trabajar, peleándose continuamente con las ya pujantes nuevas tecnologías que no terminaba de entender, amarrado con su lápiz y goma de borrar a multitud de planos protocolarios que cambiaba cada hora, no era fácil para los demás, pero siempre sabía equilibrar su a veces mal genio con esa caricia que hacía superar cualquier divergencia.

Vivió un severo revés cuando en la víspera de una de las ediciones de los Premios Príncipe, con el palestino Hussein y el israelí Rabat entre los galardonados, tuvo que ingresar en el hospital ovetense por una intoxicación alimenticia junto a otros altos directores de protocolo del Estado. El producto contaminante no me afectó en aquella cena y tuve que asumir con un gran pánico escénico la responsabilidad de su obligada ausencia. Me reconfortó que el entonces Príncipe se acercara a su cama del hospital y trasladara sus ánimos a Felio y resto de profesionales. Aquella situación probablemente fueras la más dura en su paso por la entidad asturiana.

Hemos trabajado mucho, reído mucho, tanto en mi casa de Oviedo donde mis padres se desvivían cada vez que este hombre nos acompañaba a comer o cenar en su casa y ciudad adoptiva. También cuando nos encontrábamos en su hogar de Barcelona o en el de la playa, junto a su querida esposa, Josefina, cuyo fallecimiento fue un gran varapalo para su amado esposo. Conocí a todos sus hijos, de quienes también aprendí mucho de la vida, la bondad y la entrega al servicio público. Tantas anécdotas vividas…

Liderando el cambio del protocolo de la dictadura a la democracia

La evolución de la vida nos llevó a distanciarnos durante unos años, cuando decidí trasladarme a Madrid en 1997 para iniciar en esta ciudad el proyecto formativo de estudios universitarios de Protocolo, con la idea de luchar por la consecución de unos estudios oficiales. Una cuestión que a Felio no le gustaba entonces y que me costó ciertos años de orfandad, no muchos porque también la vida quiso que volviéramos a estrechar nuestras manos. Recibió en el año 2000 el Premio Internacional de Protocolo, junto a una generación que fue vital para esta profesión, la formada con Joaquín Martínez-Correcher, primer jefe de Protocolo del Estado (1983), José Antonio de Urbina (Introductor de Embajadores), Cristina Barrios y Almanzor (también Introductora) y el gallego José Pumar Vázquez, ex jefe de protocolo del Ayuntamiwento de Santiago y de la Xunta de Galicia.

Viularrubias, padre del protocolo moderno

Para entender el protocolo de hoy es necesario retrotraerse a esta época que lideró Felio, que supo dar el paso técnico del franquismo a la democracia, salvando los vacíos normativos que en esa época de cambio se originaron hasta que apareció el Real Decreto 2099/83 de ordenación de precedencias en el Estado, que ponía fin al ceremonial de la dictadura y se acomodaba a la incipiente democracia española. Su referencia en esos momentos fue esencial, a lo que en cierto modo también contribuyó su magnífica relación con Sabino Fernández Campo, en aquella época Secretario General de la Casa de Su Majestad y posteriormente Jefe de la misma. A Vilarrubias se le puede considerar como el “padre del protocolo moderno”, por que supo poner los primeros pilares que otros muchos hemos continuado. Y, desde luego, debemos considerarle como el precursor de los estudios oficiales de protocolo que desde 2010 se imparten en varias universidades.

Encontrar alternativas

No le resultó fácil asumir la pérdida de peso del estamento militar y religioso en el nuevo protocolo, ni tampoco el hecho de que los “uniformes” (como se decía cariñosamente) desaparecieran de las presidencias de los actos civiles y culturales. Pero campeó el temporal y supo encontrar soluciones sin desatar conflictos. “Todo es solucionable si las partes ponen buena voluntad y se encuentran alternativas”, decía. “Pensemos en ellas”.

En definitiva, a Vilarrubias se le puede considerar como el padre del protocolo moderno y el profesional clave en los últimos 50 años del siglo XX, sin cuyo concurso nos hubiera costado más entender los actos públicos institucionales y diplomáticos. Sus libros sobre la materia (a sabiendas que tiene también otras muchas publicaciones sobre historia, heráldica, etc.) son relevantes para la consolidación de la ciencia del protocolo y el nacimiento de una nueva carrera oficial en Protocolo.

Desde la tristeza, sólo puedo decir: gracias, Felio. Gracias por todo lo que nos has dado a los profesionales. Gracias, maestro. Disfruta ahora de tu merecido descanso. Tu obra sigue viva y tus discípulos siempre te tendremos como la Biblia en tu mesita de noche.

Descansa en paz.

 

Breve perfil biográfico

Nace en Barcelona en 1921. Cursa estudios de bachillerato en el Colegio de los Padres Claretianos de esta ciudad, aunque los tiene que suspender por razones de la guerra civil. En 1939 reanuda sus estudios superiores en el Instituto de Administración Local  en Madrid. De 1972 a 1980 es profesor en la delegación de dicho Instituto que se crea en Barcelona, retirándose de este trabajo al ser designado jefe de Protocolo y Ceremonial de la Fundación Príncipe de Asturias.

En este periodo de su vida profesional se especializa en conferencias y artículos sobre Protocolo, Ceremonial, Heráldica, Vexilología y Emblemática, publicando varios libros. Y pone tanto empeño que consigue que en la Universidad de Oviedo se impartan cursos sobre estas técnicas e incluso adquieren un alto puesto en la docencia universitaria, logrando un Convenio entre la Universidad de Oviedo y la Escuela Diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores para la titulación superior de la citada docencia.

Su formación humana y profesional acaba de completarla en una empresa cultural e histórica, que es la reconstrucción total del Real Monasterio Cisterciense de Santa María de Poblet, palacio y panteón de la Casa Real de Aragón-Barcelona. El origen de esta vocación nace en su niñez a raíz de las campañas de Ràdio Associació de Catalunya y el periódico El Correo Catalán de Barcelona. Independientemente de aspectos personales, espirituales e intelectuales, esta breve síntesis de su presencia en Poblet deja un sello que marca sus modestas publicaciones.

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