“Alteza, sea más que una princesa”

Hoy, 8 de septiembre, se celebra el Día de Asturias. Por primera vez la Princesa de Asturias, Leonor de Borbón Ortiz, visita oficialmente su Principado con ocasión de los tres centenarios de Covadonga, cuna de la Reconquista española: 1.300 años del origen del Reino de Asturias, y los centenarios de la Coronocación de la Virgen de Covadonga (“La Santina”) y de la declaración del Parque Nacional de los Picos de Europa. La Casa Real considera esta visita su primer acto oficial externo (fuera de Madrid), al que asiste acompañando a sus padres, los Reyes de España (junto a su hermana la Infanta Sofía) y donde, por razones obvias, la Heredera tendrá un protagonismo muy especial en los diferentes actos que se desarrollarán en toda la jornada de hoy. Hace 41 años su padre hizo también su primera visita oficial con apenas 9 años a Covadonga. Reproducimos la carta a Su Alteza Real que hemos escrito para el diario La Nueva España (grupo Prensa Ibérica), publicado hoy, con algunas claves históricas, de protocolo y diferentes cuestiones importantes para entender este primer evento, muy especial para la llamada a convertirse algún día en Reina de España.

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Texto íntegro:

CARTA A SU ALTEZA REAL LA PRINCESA DE ASTURIAS CON MOTIVO DE SU PRIMERA VISITA OFICIAL AL PRINCIPADO:

Alteza:

Perdóneme el atrevimiento de dirigirle estas palabras y más por parte de una persona que nunca ha escrito de forma directa a un miembro de la Familia Real. Lo hago como un asturiano más que quiere trasladarle el agradecimiento por hacer de Asturias y su emblemático Covadonga el lugar de su primer acto oficial externo, acompañando a sus padres, SS.MM. los reyes don Felipe y doña Letizia, quienes presidirán los diferentes eventos programados, y su hermana S.A.R. la infanta Sofía. Para nosotros, y pienso que para todos los españoles de buena fe, constituye no sólo un honor que va más allá de su título, sino un gesto que prolonga una lectura clara y decidida de lo que hoy es la realidad de nuestro país y lo que esperamos del papel institucional de la Heredera y posible futura Reina.

En mi condición de periodista y experto en protocolo institucional, autor de mi tesis doctoral sobre el ceremonial de los Premios entonces Príncipe de Asturias en sus primeros 30 años de vida y de numerosas publicaciones sobre el protocolo de la Casa Real española, he sido entrevistado en numerosas ocasiones por medios de comunicación en la que no faltaba, entre otras, las inevitables preguntas de cuándo acudiría por primera vez al Teatro Campoamor de Oviedo para asistir a los galardones que llevan su título y cuál debe ser su papel hasta que el tiempo la sitúe al frente de la Jefatura del Estado. Obviamente eran y son preguntas para las que uno no tiene ni la autoridad ni la información suficiente fiable para concretar una respuesta que se ajuste a la realidad.

Hoy, con su presencia en el Real Sitio, se abren en parte las respuestas a estas cuestiones. Covadonga, como si el destino así lo hubiera pretendido, conmemora tres circunstancias muy especiales para el Principado y para España: los 1.300 años del origen del Reino de Asturias, que daría lugar a lo que hoy es nuestro país; los cien años de la coronación de la Virgen de Covadonga (“La Santina”), ese icono que trasciende a las propias fronteras asturianas y al mero hecho religioso; y al centenario de la creación del primer Parque Nacional de nuestro país que, en la actualidad se extiende por las comunidades de Cantabria, Castilla y León y Asturias, el Parque de los Picos de Europa. A tal efecto se ha preparado por la Comisión Organizadora correspondiente diferentes actos para este día que conjugan las tres efemérides y entre los que destacaría por simbólicos el homenaje al primer rey asturiano, Pelayo (a cuyo lado ondearán las banderas de España, Asturias y Europa, clave para entender el significado de lo que se va a hacer), la asistencia a la misa en la Basílica del Real Sitio –decretado como tal por Felipe IV y en un templo que es referencia para católicos y no católicos-, la obligada visita a la Santa Cueva donde permanece la talla de la Virgen, la visita a dos significativas exposiciones y la inauguración del mirador de la Princesa sobre el Lago Enol, en el corazón del Parque y en el que cada año millones de personas disfrutan de una naturaleza sin igual. Un programa muy equilibrado y acertado, porque representa en esencia lo que significa Covadonga en el contexto asturiano y español.

Hace su primera visita en un contexto político y social complejo en España, pero en el que los asturianos han dado muestras de que por encima de las diferencias hay que unirse para generar valores y sentido de proyección de la historia. El Gobierno del Principado de Asturias, el Gobierno de la Nación, el Ayuntamiento de Cangas de Onís –municipio al que pertenece Covadonga- y los representantes de la Iglesia asturiana, encabezados por el Arzobispo y el Abad del Santuario, han promovido en este año de centenarios múltiples eventos que tienen ahora su punto central con la presencia de la 36º Princesa de Asturias en este lugar que representa mejor que nada la España asturiana del pasado, presente y futuro. Me consta que, para preparar este 8 de septiembre, con la colaboración de los servicios de protocolo de la Casa de Su Majestad, se ha trabajado duro pero con mucha ilusión y afecto, sin fisuras, pero especialmente con sentido de Estado y lejos de la ramplonería.

Su presencia en Asturias va más allá del simbolismo de estas tres importantes efemérides. Nadie dudaba, tras recibir el Toisón de Oro en una ceremonia muy institucional pero única, diferente, innovadora y especial en Palacio Real, de que su primera visita oficial fuera de Madrid sería Covadonga y que lo haría antes de su próximo primer discurso oficial en ese estrado de proyección internacional y universal que representa los Premios que se entregan cada octubre en el Teatro Campoamor de Oviedo y que consolidará su puesta de largo institucional. Me ha gustado que esta visita tenga desde el punto de vista protocolario, un sello propio, alejado de una necesaria primera visita a Asturias de su padre en 1977 cuando se diseñó un evento para reivindicar la figura del Heredero en una España que todavía no tenía la actual Constitución y, en consecuencia, una delicada cobertura legal de su condición como tal.

Hoy no resulta necesario la repetición de lo hecho 41 años atrás, ni sentido tendría, porque la vigente Constitución ya contempla la automática condición de la Princesa heredera desde el momento en que su padre juró como Rey la Carta Magna ante los representantes del pueblo español en las Cortes Generales. En junio de 2014 “nació” un nuevo rey, pero también una nueva heredera. Resulta un acierto mantener viva la que puede convertirse en una tradición abierta por su padre: la cita primera de Covadonga. En esta ocasión, por las conmemoraciones, bajo las claves de historia, espiritualidad y naturaleza. Y recuerde, Alteza, que Covadonga representa el canto a la libertad, la fortaleza y la resistencia por los valores e idiosincrasia de un pueblo.

Con cada paso que va dando en sus apariciones públicas se da forma al relato de su papel de presente y futuro que a buen seguro sus padres habrán estudiado con mucho cuidado, a sabiendas que lo que toca hoy especialmente es trabajar en la formación de una Princesa que ha de representar como nadie la diversidad, el respeto, la unidad, el progreso, la entrega por el país y la apuesta por los valores que nos lleven a una España más justa, más igual y más tolerante. Me da igual que su formación como estudiante vaya en un sentido u otro, siempre que en la misma todos estos valores se crucen transversalmente en todas las fases. Espero de Su Alteza que siga las palabras que don Felipe VI pronunció en su proclamación y se comprometa con la España en la que nadie se sienta huérfano en sus derechos y deberes constitucionales.

En poco más de un mes cumplirá sus 13 años y seguirá observando que nuestro país necesita recuperar la ilusión, pero sobretodo avanzar en la igualdad, el respeto y la unidad. No hay que ser monárquico para pedir que quien asuma la Jefatura del Estado tenga la ineludible obligación de procurar el bienestar y el crecimiento de cada uno de los habitantes de nuestro país.

Seguramente cuando llegue al Principado, como en otras visitas posteriores a dónde su agenda le lleve, se encontrará con personas que mostrarán el rechazo hacia su figura y la monarquía en general. No debe molestarse, porque la gran riqueza constitucional de nuestro país reside precisamente en la libertad de opinión y en el derecho a discrepar o procurar otros sistemas siempre que sea desde el respeto a la legalidad. Espero de Su Alteza, y voy a mi terreno, que siga y potencie los pasos de su padre, consolidando una monarquía que se aleje del glamour, de las apariencias, de posibles tendencias ostentosas, que sea ejemplar en su comportamiento y actuaciones, y sea, sobretodo, humilde y cercana, muy cercana, a la realidad social, algo que perfectamente se puede realizar sin olvidar su papel institucional ahora como Heredera y en el futuro como Jefa de Estado.

Piense que hay algunos intereses mediáticos/políticos que buscan permanente desestabilizar la imagen pública de la Familia Real para demostrar, unos, lo innecesario de una institución de este tipo en los tiempos que corren y, otros, generar debates que atraigan “por su color rosa” a una audiencia que ve en la monarquía un vendible ejercicio de penetrar en las interioridades de Palacio. Nada más lejos de lo que debe ser la imagen de una monarquía del siglo XXI. No hay día sin referencias en que algunos medios destaquen más su forma de vestir, posibles problemas familiares internos o similares. Obviaránn el discurso, la relevancia simbólica de su presencia o los gestos institucionales, precisamente en una Jefatura sin competencias de gobierno.

Sea ahora una persona joven que se prepara para una madurez que no será fácil, pero en ese camino haga valer un protocolo que le aleje del formato caduco, trasnochado y rancio, y apueste por la sencillez, proximidad, frescura y estar donde sea necesario para seguir construyendo un país sin grietas. Me gustaría una princesa que se le conociera más por sus mensajes de respeto y libertad, por sus gestos y actos con sentido de Estado, que por las “tonterías” en las que se fijan las revistas del corazón. Haga de la monarquía española una institución moderna y renovada que se aleje de otros caducos formatos Reales de países de nuestro entorno.

El programa preparado en Covadonga da un paso más en el estilo propio que el rey don Felipe VI mantiene desde su acceso a la Jefatura del Estado. No todos, desgraciadamente, han notado la amplitud de los cambios introducidos (entre ellos los protocolarios), y de la búsqueda de la ejemplaridad, solidaridad y cumplimiento de los deberes institucionales, aunque a veces éstos últimos generen incomprensión o respuestas encontradas. Nunca habrá en nuestra España unanimidad sobre la monarquía. Por eso apuesto por una Reina que sea buena Jefa de Estado y comprometida con los ciudadanos. El buen protocolo puede ayudarle en la necesaria comunicación.

Le deseo una feliz estancia en su tierra. Haga de su presencia en Covadonga una silenciosa reivindicación de los valores de un país con pasado, presente y futuro. Actúe hoy (y siempre) más como Heredera llamada a ser Jefa de Estado que por su condición “mundana” de princesa: comprometida, sensible, cercana, defensora de las libertades, luchadora por las igualdades e incansable en la prestación de servicios al Estado.

Si la situación política en España lo permite en las próximas semanas, estoy seguro que estará este octubre en los Premios que llevan su nombre y pronuncie al mundo su primer discurso (su padre desde que visitó Covadonga no fue a los Premios hasta cuatro años después). Repase, si finalmente va a Oviedo, las palabras pronunciadas por el poeta José Hierro, al recoger su premio de las Artes en 1981, en el mismo escenario: la democracia consiste en el respeto mutuo y la tolerancia.

En cualquier caso, la Familia Real renueva su compromiso con el Principado de Asturias, y lo hace además en clave España y Europa. Al protocolo previsto nos remitimos.

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