Minuto de aplausos, «Brexit» y bronca de protocolo

Firma Brexit

Tres cosas reclaman mi atención esta mañana, tras mi habitual desayuno informativo. En primer lugar, la consolidación de la modalidad del minuto de aplausos en lugar del minuto de silencio como pudimos observar ayer en París al inicio del partido amistoso entre España y la selección gala, por el fallecimiento del que fuera presidente de esa institución, Jean Verbeke, y del mítico jugador de la selección (y de otros clubes como el Real Madrid), Raymond Kepa. El segundo aspecto, la imagen de soledad de la firma del Brexit (inicio de los trámites de desconexión con Europa) de la primera ministra británica, Theresa May. Y el tercero, la supuesta bronca entre gabinetes que recoge el periódico Información de Alicante a propósito del protocolo para el acto de entrega de las llaves de la Casa Natal de Miguel Hernández en Orihuela.

 El minuto de aplausos como tal no es nuevo, porque al menos en ámbitos futbolísticos de Francia e Inglaterra parece que termina por confirmarse. Conviene recordar que en marzo del pasado año, durante el encuentro entre Francia y Holanda, en el minuto 14 se guardó un minuto de silencio que se convirtió en un minuto de aplausos, en homenaje a Johan Cruyff, algo que se repitió tres meses después en homenaje a los policías fallecidos en un atentado en Francia y hace pocos días durante el partido amistoso entre veteranos del Liverpool y el Real Madrid, en homenaje al ex entrenador del club inglés, Ronnie Moran. También en diciembre de 2016 diferentes clubes españoles siguieron la iniciativa de los aplausos tras el accidente aéreo en Colombia que llevó por delante a casi la totalidad del equipo Chapocoense. Y podríamos seguir poniendo ejemplos.

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En el fútbol, y posiblemente en otros ámbitos la fórmula del minuto de aplausos es una opción positiva, porque toma más fuerza, expresión y emotividad el homenaje sonoro que el sepulcral silencio, que aunque éste último suele sobrecoger, siempre hay algún “gracioso” o grupo de “graciosos” que pasan olímpicamente de la acción silenciosa de respeto. Pero desde el punto de vista conceptual, cuando se trata del minuto en honor de personas que fallecen en circunstancias llamémoslas “normales” (no en una tragedia o fatal accidente de impacto social) quizá el aplauso es el mejor homenaje. Se rinde el último tributo al desaparecido protagonista como seguramente se hiciera al despedirse en vivo del fútbol en su último partido: con aplausos.

Sin embargo, todo corre su riesgo: delimitar o fijar los criterios de cuándo recurrir a una u otra opción. ¿Puede consistir el homenaje a todos los jugadores fallecidos en un trágico accidente aéreo, como ocurrió recientemente con el Chapocoense brasileño en Colombia, en una ovación de aplausos o es mejor tributo el sepulcral silencio? No es fácil de dirimir, máximo cuando tenemos también antecedentes con ocasión de atentados o brutales asesinatos en otros ámbitos donde al paso de los féretros el público congregado más que guardar silencio arranca en aplausos para exteriorizar mejor su repulsa por un lado y su solidaridad por otro. En cambio, hay otros eventos de minuto donde el silencio acompañado de una música propicia resulta más conmovedor y quizá más adecuado. Me quedo por lo tanto con la necesidad de incorporar al “armario de protocolo” ambas modalidades, para elegir la más idónea, aunque mucho me temo que estos precedentes sonoros, al menos en eventos de masas vayan a terminar por imponerse, bien porque así se programe o bien por la espontaneidad del público (salvo que se adopten medidas capaces de acallar cualquier manifestación de aplausos como la interpretación en directo de una música que invite más al interiorismo que a la exteriorización. Ambas fórmulas son idóneas, sólo habrá que saber, en función de las circunstancias, cuál promover.

La soledad del brexit

La foto lo dice todo. La primera ministra británica, Theresa May, aparece en el número 10 de Downing Street, en la imagen difundida a los medios de comunicación (si grabación de video), en un ambiente de soledad elevado al cúbico por la elección del lugar y los elementos utilizados, especialmente esa imagen de las dos sillas vacías a cada lado, con un reloj que parece indicar la cuenta atrás, la bandera a un lado de esa chimenea que parece preparada para quemar 44 años de historia en la UE, e invocando a la historia inglesa mediante ese destacado retrato del que fuera el primero de los primeros ministros británicos, Robert Walpole. No digo ni que esté bien ni mal, sencillamente que me transmite una alta soledad de May al respecto, por mucho que la mayoría de los ciudadanos del Reino Unido hayan decidido en referéndum al respecto. Parece un poco como firmar a escondidas, sin la significación que pudiera requerir supuestamente en positivo la decisión de los isleños. En cualquier caso, no se puede decir que la foto dice mucho. Si es lo que pretendían o no, ya es otra cosa. Al debate queda.

Ver imágenes en el video: https://www.youtube.com/watch?v=Vw-AZMYaXNU

La bronca protocolaria

Bronca

Y el último “affaire” lo recoge el diario Información de Alicante, a propósito del acto de entrega de las llaves por el Consell al Ayuntamiento de Orihuela de la Casa Natal de Miguel Hernández, celebrado ayer, y con motivo del 75 aniversario de su fallecimiento. Bajo el título “Los problemas de protocolo acaban a gritos” y el subtítulo “La falta de sillas para todos los invitados ha originado una discusión entre el gabinete local y autonómico en el acto de entrega de llaves de la Casa Natal”, el periódico dice textualmente:

“Minutos antes de que comenzase el acto por el que se ha oficializado la entrega de llaves de la Casa Natal de Miguel Hernández por parte del Consell a la Conselleria, en la planta baja de la misma, donde se ha realizado la firma protocolaria de cesión del inmueble al Consistorio, se han vivido momentos de tensión que han acabado a gritos por una persona del gabinete municipal. El reducido espacio de la sala hizo que tan solo pudieran instalarse ocho sillas. Al acto estaban invitados el alcalde de Orihuela, Emilio Bascuñana, el presidente Ximo Puig, el conseller de Hacienda y Patrimonio Vicent Soler, y el conseller de Transparencia, Responsabilidad Social, Participación y Cooperación, Manuel Alcaraz. Además, ha acudido el alcalde de Alicante, Gabriel Echávarri, y otras personalidades, por lo que, literalmente, no había espacio para todos, por lo que la mayoría de asistentes han contemplado el acto de pie.

Desde el Ayuntamiento de Orihuela han reclamado que sus representantes tuvieran derecho a tomar asiento, desde el teniente alcalde, Juan Ignacio López-Bas, hasta el concejal y diputado provincial Paco Sáez, algo que no admitían desde protocolo del Consell. La discusión entre los dos departamentos de protocolo era audible desde la puerta de la Casa Natal, pese que estaba teniendo lugar varios metros más al fondo, y ha tenido que intervenir también representantes de prensa del primer edil alicantino. Finalmente se han instalado otras dos sillas, reduciendo aún más el espacio a los medios de comunicación, que apenas han podido instalar sus cámaras”.

(Ver crónica) en: http://www.diarioinformacion.com/vega-baja/2017/03/28/problemas-protocolo-acabaron-gritos/1876970.html

No sé si el espacio elegido no era proporcional al número de invitados, si se auto invitó alguien no previsto, si ya venía la cosa de atrás, si ha habido otras circunstancias que el medio informativo no recoge, pero lo que sí es evidente es que la bronca o discusión debió haberla y esto es algo que debiéramos evitar. Como no conozco los datos protocolarios no puedo dar una opinión, pero me llama la atención (si es verdad lo que dice el medio) que el Ayuntamiento de Orihuela, si tan pequeño era el espacio, haya querido sentar además de su Alcalde, al Teniente de Alcalde y a un concejal. No lo sé, pero debemos de tratar de evitar esta discusión en público, porque de lo contrario convertimos el protocolo en lo que no es: noticia.

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