La reina Letizia lidera un nuevo estilo protocolario en la «voz» de los eventos

Acertada escenografía en el Congreso Mundial contra el Cáncer celebrado en París pese a que la bandera francesa tomó excesivo protagonismo para un encuentro internacional no gubernamental.

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Casi son dos post en vez de uno, pero se refieren a una misma situación. Han transcurrido algunos días pero tampoco quería dejarlo pasar. Me ha gustado mucho la escenografía general para la apertura del Congreso Mundial contra el Cáncer, celebrado en París, y al que asistió a su inauguración, en representación de España, la reina Letizia Ortiz, el pasado día 31 de octubre. No tuvo el eco mediático en nuestro país que merecía este importante encuentro porque ese mismo día tomaba posesión el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Y más que me ha encantado ese estilo tan personal y propio de la Reina que con su personalidad pone «voz» en los actos, rompiendo el contagioso mimetismo de Palacio y añadiendo otro factor importante en el protocolo de los eventos.

Además de la Reina, entre las personalidades asistentes a este acto se encontraban François Hollande, presidente de la República Francesa; la princesa Lalla Salma de Marruecos; la princesa Dina Mired de Jordania; Sika Kaboré, primera Dama de Burkina Faso; Antoinette Sassou Nguesso, primera Dama de la República Democrática del Congo; Lalla Malika Issoufou Mahamadou, primera Dama de la República Federal de Nigeria; Hinda Deby Itno, primera Dama de la República del Chad, y la ministra de Sanidad de Francia, Marisol Touraine.

Me ha encantado la escenografía por su sencillez -muy al estilo francés-, pues potencia los aspectos principales: la persona, el claim del Congreso, a la institución organizadora y al país anfitrión. Un espacio que transmite sosiego, limpieza visual y potencialidad, y posibilita que cada interviniente asuma de forma total su momento de protagonismo, sin que nada lo desvíe. Nuestra Reina lo tuvo y en el video que reproducimos puede verse, como lo tuvo también el siguiente en hacer uso de la palabra, el presidente Hollande.

La escenografía me gusta en su conjunto, aunque tiene una pega: el excesivo protagonismo de las banderas de Francia y Europa en un Congreso Mundial que no organiza el gobierno galo, sino la Unión Internacional contra el Cáncer (UICC), una Organización No Gubernamental centrada en la lucha contra esta lacra de la salud, en cuya batalla Letizia Ortiz está muy centrada. Para el país vecino la colocación de su bandera en tan privilegiada situación le habrá producido satisfacción y seguramente si yo fuera responsable de protocolo del gobierno francés hubiera hecho la misma propuesta. Pero si en cambio fuera el responsable de protocolo del Congreso o de la UICC hubiera pedido directamente su retirada o su traslado a un plano más discreto.

¿Por qué? Afrancesa un encuentro que es mundial (no francés). Es poco cortés hacia las personalidades y delegaciones de todo el mundo que concurrieron. Pienso que es desacertado desde el punto de vista comunicacional y diplomático para la UICC. Denota falta de tacto y transmite narcisismo. Prescindiría de las banderas y hubiera encuadrado mejor el logo y el claim para que en lugar de las enseñas apareciera en las pantallas esta imagen corporativa:

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Por otra parte, la presencia de las banderas oficializa en exceso un evento que cae más del lado de lo social que de lo diplomático o imagen de país. Pero al margen de este detalle, conceptualmente la escenografía constituye para mí una buena referencia de la tendencia actual en diseño de espacios para eventos, sin que su coste sea desmesurado.

Ver video: https://www.youtube.com/watch?v=1oJK6B-YgSA

El estilo propio de la Reina

No me gusta hablar mucho de este tema, pues cada vez que lo saco alguien busca la polémica. Pero creo que es de justicia que se vaya reconociendo el importante papel que la esposa del Rey está haciendo en los foros internacionales (también nacionales) a los que acude en su nombre, haciendo brillantes discursos con un gran sentido de la comunicación y la persuasión, y en este caso, en un inglés fluido y sin leer el texto. Dirán algunos que como periodista televisiva que fue le resulta fácil y espontáneo, pero hemos de recordar que la mayoría de los periodistas serían incapaces de hacer algo parecido a lo que Letizia Ortiz realizó en París. Creo que demostró una vez más que está jugando un interesante papel en una de las áreas que el Jefe de la Casa Real le ha conferido y deja en evidencia notablemente a los amantes del papel cuché que solo miran para sus vestidos, físico y tacones. Solo quieren ver el supuesto papel de una persona que vende marca España a través de su estilismo.

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Al margen de ello, me ha llamado mucho la atención, para bien, la forma en que ha manejado su intervención, con estilo propio, soltura e incluso cierto atrevimiento y desparpajo (a veces nos recordaba el desparpajo y espontaneidad de la indiscutible Michell Obama), fijando un sello personal que se aleja del contagioso mimetismo que suele acarrear vivir en Palacio. El Rey, aunque sigue mejorando en la pronunciación de sus discursos, mantiene aún su línea plana, sin transmitir bien sentimiento, pasión y emoción, en tiempos donde el vitalismo es crucial para quien lidera el colectivo nacional. Los Reyes, aunque su papel constitucional sea limitado, no deben en mi modesta opinión hacer discursos tan planos en su pronunciación, porque no se corresponde con la fortaleza y contunencia de sus mensajes. Los gestos, las inflexiones de voz y el contagio de sensibilidad deben acompañarlos. A veces dicen más las pausas, los cambios de registro, la mirada y las manos que la propia voz.

Letizia ha dado una lección de puesta en escena, de poseer estilo propio, transmitir personalidad, fiabilidad, cercanía y pensamiento, y ello con sencillez y sin arrogancia. Su forma de hablar nos sitúa en un aspecto del protocolo que también afecta a los eventos: su voz. Porque los eventos también hablan. La Reina, como cualquier otra primera Dama, es algo más que lo que pretenden trasladar los gurús mediáticos. Deberían dejar de observarla como una muñeca a la que hay que vestir y mover para lo glamuroso, aunque eso les dé más juego. Deben hacer valer su papel de consorte del Jefe del Estado como mucho más que una mera acompañante presentable. Esa es otra de las grandes asignaturas institucionales pendientes de este país. Las primeras damas no deben ser figuras de porcelana. Son personas que desde su posición pueden contribuir desde la equilibrada discrección a la convivencia de nuestra sociedad nacional y global.