Algunas consideraciones protocolarias de la acortada visita de Obama a España

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Obama y Felipe VI en su último encuentro de septiembre del pasado año en la Casa Blanca, donde trasladó la invitación oficial para la visita a España.

Como consecuencia de la magnitud de los hechos violentos en Dallas, el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, ha decidido reducir a un día su estancia en España este fin de semana. El acortamiento afecta esencialmente a Sevilla, ciudad que queda fuera de programa, al almuerzo de Palacio Real y al encuentro que con jóvenes emprendedores estaba programado para el lunes por la tarde. Igualmente, las reuniones institucionales se verán alteradas. El presidente Obama mantendrá un encuentro con el Rey de España, quien acudirá esta noche al aeropuerto madrileño para el recibimiento oficial, otro con el Presidente del Gobierno en La Moncloa y con los líderes políticos del PSOE, Podemos y Ciudadanos que han sido invitados para ello a la base americana de Rota (Cádiz). Aunque no ha trascendido oficialmente, ni la web de la Casa de Su Majestad a la hora de escribir estas líneas lo ha confirmado, se desconoce si mañana el Jefe del Estado español recibirá (previamente a la reunión con Rajoy) en La Zarzuela al ilustre visitante. La lógica nos dice que sí.

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Captura de pantalla de la web oficial de la Casa de Su Majestad el Rey tomada a las 13.00 horas de hoy.

La primera visita de un presidente de los Estados Unidos en casi 15 años, y en cualquier caso la primera de Obama, se ve así deslucida y acortada por una decisión de política interna americana que vemos razonable. La cuestión ha generado frustración a muchos sevillanos que esperaban (y ya venían sufriendo días atrás con las medidas de seguridad) que esta visita abriría de par en par un escaparate espectacular para la promoción de la ciudad.

Desde el punto de vista protocolario ha frustrado la oportunidad de vivir una visita oficial de un Presidente relevante con un programa muy alternativo y que hubiera generado situaciones novedosas y diferentes y hubiera mostrado un nuevo estilo en este tipo de eventos institucionales y diplomáticos, en el que se iba a conjugar la formalidad de la diplomacia y la relación distendida gracias al planificado paseo ciudadano por la capital hispalense. En fin, habrá que esperar una nueva oportunidad.

La ya denominada “matanza de Dallas” ha supuesto la gota que ha desbordado el vaso de una visita muy cogida con alfileres como consecuencia de la situación actual política española donde permanecemos con un gobierno en funciones ya 8 meses (condición ésta nada favorable para visitas de este calado).

Aunque se haya suspendido gran parte de la visita, desde el punto de vista protocolario se pueden analizar algunas cuestiones planificadas en el programa inicialmente previsto que han sido muy comentadas e incluso algunas objeto de cierta polémica.

El recibimiento en el aeropuerto de Sevilla

Estaba previsto que Obama llegara esta noche al aeropuerto de San Pablo en Sevilla, donde sería recibido por el rey Felipe VI, la Vicepresidente en funciones del Gobierno, la Presidente de la Junta de Andalucía y el Alcalde de Sevilla (en este orden), entre otras autoridades. Algunos medios filtraron un supuesto malestar por parte de la Presidenta de la Junta de Andalucía por el hecho de que ésta se viera relegada en un puesto por la Vicepresidenta que acudía a Sevilla en representación del Presidente del Gobierno.

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Susana Díaz, presidenta de la Junta de Andalucía.

Como es conocido entre los profesionales del protocolo, el artículo 9 del Real Decreto 2099/83 por el que se establece la ordenación general de precedencias en el Estado, tanto el Rey como el Presidente del Gobierno son las dos únicas autoridades a nivel nacional que pueden hacerse representar por otra persona y que ésta otorgue a quien representa los honores que corresponden a su representado. La norma es clara, y no hay motivos para la queja andaluza. El Presidente del Gobierno ya había firmado de forma expresa dicha representación y había sido comunicada oficialmente. Es importante señalar, que si la Vicepresidenta acudiera sin representación debería ir situada tras la Presidenta de la Junta.

Pero imaginamos que el problema no viene por el cumplimiento de esta norma, sino por el hecho de la “vara de medir” sobre el uso del procedimiento de la representación. La existencia de la norma aludida es necesaria y acertada. El problema viene sobre cuándo y por qué debe utilizarse. Se ha abusado tanto por parte de los diferentes presidentes de Gobierno que ha tenido España desde agosto de 1983 del derecho a la representación en situaciones que no justificaban la representación que cuando realmente es obligado hacerlo cae bajo sospecha. Como en Andalucía gobierna el PSOE, y el que viene es nada menos que el Presidente de Estados Unidos, no puede quedar por delante una presidenta autonómica, que es socialista, frente al Gobierno de la Nación (que es –y en funciones- del Partido Popular).

Abusar de esta prebenda desnaturaliza la norma y hace dudar de su verdadera función. La decisión del presidente en funciones, Mariano Rajoy, de no acudir a Sevilla –que obedece exclusivamente a su papel secundario dado que el Rey es el auténtico anfitrión, pues es quien ha cursado oficialmente la invitación- y hacerse representar por la Vicepresidenta, la entendemos como lógica y acertada. Obama viene de visita oficial a España –que no de Estado como algunos llegaron a decir-, y ya llegue por Madrid o por Sevilla o por Asturias, tras el Jefe del Estado quien debe recibir es el Presidente del Gobierno o persona que le represente (que en estos casos nunca debe ser inferior a un Ministro de peso). Luego, ya vendrán las máximas autoridades de la Comunidad Autónoma y del municipio. Así se hace cuando las visitas oficiales comienzan en Madrid como es habitual y nadie jamás ha reparado en el puesto del máximo representante del ejecutivo madrileño. Y para esto no se debe alegar la existencia de los artículos 10 y 12, porque son irrelevantes en la argumentación que hacemos.

Sí en cambio resulta abusivo cuando se invita al Presidente del Gobierno a un acto empresarial en Barcelona y manda en su representación a la Vicepresidenta del Gobierno, o cuando Álvarez-Cascos se llevaba bajo el brazo la representación de Aznar cada vez que viajaba al Principado de Asturias a algún acto institucional. Eso no tiene sentido y hace daño. Ahí es donde se destiñe la verdadera esencia por la que se contempló la norma de la representación y hay que pedir a quien corresponda que se haga un uso razonable y con sentido de la misma. Entendemos el posible malestar de la Presidenta andaluza porque ha habido situaciones anteriores donde realmente la representación carecía de sentido.

La etiqueta del almuerzo en Palacio Real

Se ha hablado mucho en los medios de comunicación sobre la asistencia de los cuatro líderes políticos al almuerzo en Palacio Real (que no era de gala), no solo acerca de la oportunidad o no de que acudieran los cuatro representantes de partidos más votados (uno de ellos obligado por ser Presidente en funciones), sino sobre la etiqueta señalada y si la misma sería respetada por alguno de los mismos en esa especie de “Juego de Tronos” que mantienen sobre cómo hacerse notar más en foros tan mediáticos como estos. Dejemos previamente claro que la asistencia de los cuatro líderes era obligada, más teniendo en cuenta que no tenemos gobierno legitimado por las últimas elecciones y que tampoco existe en este impasse Jefe de la Oposición.

La Casa de Su Majestad el Rey hizo llegar las correspondientes invitaciones en las que se establecía como etiqueta el traje oscuro para los caballeros (que implica llevar corbata) y traje corto para las señoras. Evidentemente por la indumentaria señalada ya sabemos que no se trata de un almuerzo de gala de los que se acostumbra a ofrecer los Reyes en Palacio Real cuando hay una visita de Estado de un Jefe de Estado extranjero. No era un almuerzo de trabajo tampoco, ni mera cortesía (una solución mixta tendente a ofrecer una atención que al mismo tiempo permitiera el contacto al extranjero con los representantes políticos, empresariales y sociales de nuestro país), para determinar un etiqueta inferior como podía ser el traje de negocios (no oscuro). Pese a la imagen que tienen muchos, los americanos son bastante ceremoniosos y formales para este tipo de eventos, y la Casa del Rey entendió –no solo por esto, sino en consideración a la tipología de comida- que debía fijarse esa etiqueta, en mi modesta opinión acertada.

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Pablo Iglesias en uno de sus encuentros con el rey Felipe VI en el Palacio de La Zarzuela.

El pasado viernes estuve en un programa matinal de Televisión Española (TVE) donde se llegó a hacer una porra sobre si el líder de Podemos llevaría o no la corbata, incluso alguien especuló si variaría su look de peinado. Yo me incliné por señalar que Pablo Iglesias iría de traje oscuro y con corbata. ¿Tenía información privilegiada? Para nada. No obstante, había contrastado previamente opiniones cualificadas en altas esferas institucionales sobre la posible asunción de la etiqueta por Pablo Iglesias. Aunque con una persona tan poco previsible para esto nadie daba por seguro nada, se esgrimían en esos niveles argumentos favorables al respeto a la etiqueta y aunque muchas personas (más por desafección que por razón) decían que obviamente Iglesias daría el “cante”, yo estaba convencido de que iría más o menos fiel a la etiqueta pedida.

¿Por qué?

Todo el mundo tiene en su cabeza las imágenes de un Pablo Iglesias en La Zarzuela y ante el Rey vestido inapropiadamente –según costumbre- para un encuentro de este tipo, que luego se hizo más sorprendente cuando acudió a los Goya ataviado de esmoquin. Las argumentaciones que me expresaron las personas consultadas, distinguían claramente los tipos de encuentros en La Zarzuela. Iglesias ha acudido a dicho Palacio en tres ocasiones, pero no lo hacía por invitación de cortesía del Rey sino por el llamado «acto debido», un encuentro obligado que el Jefe del Estado debe de hacer con los representantes de todas las fuerzas políticas en la denominada “ronda de consultas”. Para la misma, la Casa del Rey no puede obligar a una etiqueta, por más que sea habitual y respetuoso acudir al menos con un traje (más claro o más oscuro) y corbata. El líder de Podemos no lo hizo, incluso en una de ellas llegó con retraso.

Para el almuerzo Iglesias había confirmado su asistencia tras recibir la invitación formal del Rey en la que se determinaba una etiqueta explícita. No atenderla para la Casa del Rey era más o menos irrelevante –bueno, algo siempre disgusta-, pero existía convencimiento de que estos matices aludidos hicieran que el líder de Podemos se sujetara (probablemente a su manera) a la formalidad de la indumentaria. De hecho, en el entorno de Podemos se nos confirmaba lo que señalamos. Todo esto me llevaba a la convicción de haber apostado en la porra aludida en este sentido.

Habrá que esperar una nueva oportunidad para saber si el líder de Podemos en actos convocados por invitación formal del Rey persiste en esa simbólica “rebeldía de etiqueta” o si acepta asumir las mínimas reglas del juego en asuntos de relevancia como era éste. Soy consciente de que muchos me dirán que soy un iluso, pero es que todavía me acuerdo de los trajes de pana de Felipe González.