Nuevos tiempos para el protocolo institucional, incluso para el Real

Rey con IglesiasDon Felipe con el líder de Podemos, Pablo Iglesias.

Pese a quien le pese, para bien o para mal, el futuro próximo lo dirá, estamos ante nuevos tiempos para el Protocolo institucional. Las diferentes imágenes que los medios de comunicación nos han transmitido de la sesión constituyente del Congreso y del Senado, así como de las audiencias del Rey con los líderes políticos y las reuniones de éstos entre ellos mismos o en sus comparecencias ante los medios de comunicación, acreditan que poco seguirá siendo igual en el ámbito protocolario y comunicacional en el sector público. Podemos quedarnos quietos y acogernos al pensamiento de que todo volverá a su sitio, o que dependerá de cómo se conforme el Gobierno de la Nación; o también podemos, sencillamente, reflexionar que las urnas de forma indirecta nos han enviado otro mensaje a los expertos en protocolo oficial. Nuestra obligación es hacer también una lectura de ello, y no anclarnos en la tentación de señalar que este Protocolo ha enfermado por un virus de irreverencias, antiformas y rupturismo general.

Estamos ante nuevos tiempos, efectivamente, porque así lo han querido los españoles, y muchas cosas presumimos que van a cambiar (gobierne quien gobierne). Unos porque los llevan en su ADN político y otros porque necesariamente se vena obligados a modificar sus puestas en escena para no alejarse de la realidad social que nos toca vivir (de hecho ya lo estamos viendo). Discutir sobre si es aceptable o no llevar corbata en el Congreso, rasta, camisetas, o incluso oír críticas probablemente más maleducadas sobre esa presunta falta de respeto institucional, ya no conduce a lugar alguno. Ojalá la moderación y la sensatez encuentre ese punto de equilibrio que favorezca la convivencia, el respeto institucional y la imagen de un país en progreso pero respetuoso con su historia y su cultura. Para todo, siempre hay un punto de equilibrio. Entendemos a unos y a otros, pero estamos condenados a convivir, y ya que ha de ser así al menos que solo discutamos sobre lo más importante: ¿qué hacer para resolver los problemas de los ciudadanos y que la previsible superación de la crisis nos lleve a un sistema que evite que por cada rico haya un millón de pobres o que casi un cuarto de los españoles esté por debajo del umbral de la pobreza?

Etiqueta de marketing político

Conviene reflexionar que las puestas en escenas de determinados representantes públicos a veces van más allá de lo que habitualmente hacen en su vida cotidiana, lo que constituye para mí un posible engaño, fruto de la aplicación un marketing político que esconde al verdadero personaje (no en todos los casos). El hábito no hace al monje, es evidente. Pero cuando alguien actúa desde las primeras instituciones del Estado, de las comunidades autónomas y las entidades locales creo que debe guardarse unas mínimas normas que respondan al papel que se asume sin que ello suponga renunciar a una etiqueta de mínimos. Hoy hay opciones para que la corbata o el traje (y su correspondiente en el género femenino) sea elemento indispensable (que nadie se rasgue las vestiduras), y no solo con el vestir sino con las formas en general. Pero, en fin, hay que ir acostumbrándose a esto porque no es una rebeldía contra las costumbres tradicionales en las relaciones institucionales, sino contra las formas de quienes para ellos representan la vieja guardia. Estaría a favor de esa misión si se hiciera desde la cordura, la sensatez y el respeto por la totalidad de los ciudadanos (que no estamos en guerra, oiga), y se aparcase el mensaje partidista y partidario que se pretende dar con ello (lejos del político que sería más entendible).

Eventos oficiales con otros aires

Tiempos nuevos para el Protocolo y la Organización de Eventos desde las instituciones, cuyo último ítem más relevante ha sido la polémica sobre la Cabalgata de Madrid que, aunque pueda ser criticable por algunos por su esencia y su forma, es indudable que ha aportado aspectos novedosos –valorando desde la profesión de organizador- que particularmente me han gustado y que creo que van a marcar tendencia.

Estamos viendo nuevas maneras de hacer eventos en las instituciones, con un protocolo que prescinde de reglas establecidas –a la última posesión del Presidente de Cataluña me remito- y aplica otro que responde a mensajes partidistas de quien lo promueve. Si se hiciera bien sería aceptable hasta cierto punto, pero creo que en muchos casos se está cruzando lo razonable. Ello lleva a la quiebra del muy necesario protocolo institucional, porque se rechaza lo tradicional y regulado solo para diferenciarse, creando un “protocolo a la carta” que termina por jerarquizar aún más y, por supuesto, por distanciar.

Siendo positivos, podríamos incluso admitir que es necesaria la renovación, pero se nos cae parte de la teoría cuando vemos que realmente el protocolo, por unos y por otros –innovadores y conservadores-, el protocolo (que sigue existiendo igual aunque no quiere pronunciarse su nombre) está siendo utilizado como instrumento de poder y de comunicación partidista (y no política que sería entedible), cuando debería ser una herramienta de convivencia, respeto y entendimiento. El protocolo trata de ayudar en esa tarea de convivir. Me niego a aceptar que sea protocolo (desde el punto de vista institucional) los procedimientos que buscan su instrumentación para favorecer a una parte en contra de la otra. Demos tiempo al tiempo, y confiemos que la marea baje, y aunque la playa nunca quedará igual, al menos que volvamos a disfrutarla.

Rey y RajoyEl Rey con el Presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy.

El protocolo de las audiencias reales a los líderes políticos

Por otra parte, quisiera aportar una reflexión desde la sensatez y la oportunidad del momento, sobre los mecanismos protocolarios que sigue la Casa de Su Majestad el Rey (y el propio Monarca que lo autoriza), para las entrevistas o audiencias que ha mantenido y mantiene con los representantes de los partidos políticos en su primera ronda para designar candidato a la Presidencia del Gobierno. Es algo que ya he observado para otras situaciones, pero tras ver reiteradamente las imágenes de los encuentros del rey Felipe VI a lo largo de esta semana, quiero ahora compartir en público.

Me resulta chocante y desfasado el protocolo que se sigue para los tiempos que vivimos y más con los nuevos aires que soplan. Seguir aplicando esos formalismos tradicionales, ya desfasados, ante los huracanes que surgen desde la base social, es responder con lo que precisamente buscan quienes cuestionan la figura Real (ejemplo, la nada acertada elección de Palacio Real para el Mensaje de Navidad). El Protocolo que se ha seguido para estas audiencia en La Zarzuela, el propio de la costumbre, ha sido el siguiente:

  • Llegada del líder político. Recibimiento por el Jefe de la Casa o por el Jefe de Protocolo.
  • Acceso a la Sala de Espera.
  • Cuando llega la hora, el líder entra, acompañado por el Jefe de Protocolo, al Salón donde se producirá el saludo ante los medios de comunicación.
  • Anuncio por el Ayudante de Campo de la entrada del Rey, pronunciando la consabida frase: “Su Majestad el Rey”.
  • Aparición del Jefe del Estado y saludo al líder. Posado ante los medios de comunicación.
  • Acceso a las dependencias privadas de trabajo del Rey para la entrevista como tal.
  • Fin de la reunión, despedida en privado y acompañamiento hasta el vehículo por el responsable de Protocolo.

Y así igual, más o menos, para todos.

(Ver video conla secuencia cumpleta)

Nada critico sobre la correcta aplicación del protocolo desde el sentido de la visión histórica del mismo. Pero, al menos para mí, el rey Felipe representa una nueva y entusiasmada forma de ejercer la Jefatura del Estado y por ello debe evolucionar este protocolo que visto desde la televisión resulta chocante, frío y distante. Transmite la imagen de un Rey poco próximo e implicado en la realidad actual (no quiero decir con ello que no lo esté). Creo que sería más acertado que el Rey estuviera ya en el interior del Salón donde se efectuará el saludo, y no hiciera esperar ante los medios de comunicación a su invitado (aunque la espera sea mínima o simbólica). Con una buena coordinación protocolaria, esta espera se reduciría casi a segundos, pero el Rey como anfitrión cumpliría con su función de recibir y no de acudir cuando el invitado ya está dentro de la sala.

Rey con SácnhezEl Monarca con el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez.

Es un pequeño detalle, pero por evidente ante la sociedad creo que debería modificarse. Trasladaría otro tipo de formalidad que sin perder el sentido institucional y neutral del Monarca, respondería a un afán de cercanía y normalidad institucional. Tampoco son tiempos para la frase de anuncio del Ayudante, por mucho que algunos quieran argumentar que incluso al Presidente de Estados Unidos, cuando accede al Congreso de su país, es solemnemente anunciado. Pero, en este caso, el Presidente llega a casa ajena, no a la suya. Anunciarse en casa propia es una incoherencia o un exceso de solemnidad innecesaria para este tipo de audiencias. El Rey ganaría en su imagen bastante y si, además, cede la derecha a su invitado –que se olvide de jerarquías y haga valer su condición de anfitrión- haría un buen gesto de cortesía en línea con el adecuado mensaje de humildad –porque un Rey ante todo tiene que ser eso, humilde y cercano- y de saber manejar sus apariciones públicas con generosidad a través de los gestos.

Estos cambios que propongo no restan nada a la posición del Jefe del Estado y su autoridad, pero si suma mucho a su necesario acercamiento a la ciudadanía. También debería mostrarse algo más cordial y espontáneo lo que potenciaría su condición de liderazgo.

Esta reflexión la extendería para todo tipo de audiencias Reales o no Reales (para todas las instituciones y sus autoridades). Estoy plenamente convencido de que sería bueno para todos. Ante los nuevos tiempos protocolarios que han llegado con las urnas y la decisión de los españoles, es evidente que el Rey debe ser el primero en liderar determinados cambios que demanda la Sociedad en este campo. No es fácil hacer entender la necesidad de la adaptación, pero si no la encabeza perderá credibilidad.

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