El Papa, del cielo a la tierra

Papa

El Papa Francisco, tan acostumbrado que nos tiene a la aplicación de un protocolo sin barreras, sin distancias, de proximidad (pasará ya a la historia como el Papa rompedor del Protocolo, como gusta de llamar a los medios de comunicación), ha vuelto a dar un ejemplo hoy, en su visita a Nápoles, de cómo el mismísimo sucesor de Pedro preside un evento rompiendo viejos esquemas de la cátedra divina que disponen inalcanzable al jefe de la Iglesia Católica. Lejos de grandes altares o púlpitos, Francisco acudió al campo deportivo de Scampia, el barrio controlado por la mafia conocida como la Camorra donde el Alcalde de Nápoles le entregó las llaves de la ciudad.

Seguidamente, en la Plaza Juan Pablo II, el Pontífice dirigió unas entusiastas palabras a los fieles que se encontraban allí esperándole, pero lo hizo desde un sencillo escenario, sin barreras y protecciones y prácticamente mezclado entre el público. Y fue más lejos: contestó también a las preguntas que le hicieron una emigrante filipina, un trabajador y el Presidente de la Corte de Apelación de la Ciudad, en representación de personas de diferentes categorías sociales.

Como uno más, subido sobre un sencillo escenario para que pudiera ser visto por todos, pero rodeado de la multitud y prestándose al “cuerpo a cuerpo” con el público presente. Un gesto sencillo que viene a demostrar que se pueden concebir eventos en el ámbito de la política que faciliten no solo la proximidad, sino la implicación de los públicos, que no solo tocan a su líder, sino que prácticamente comparten protagonismo.

No es la primera vez que vemos a un Papa salude a cientos de fieles, pero ya es menos habitual que en un visita tan comprometida en el barrio que alberga a una mafia que le tiene amenazado, desafíe las más elementales medidas de seguridad y, además, genere un acto en el que hace protagonista a su público.

Un ejemplo que deberían seguir nuestras autoridades y celebridades a la hora de planificar sus eventos multitudinarios, propensas a ir a lugares seguros, donde no se produzcan situaciones incómodas y en el que el público se dedique a vitorear y aplaudir. ¿Tanto cuesta dar protagonismo al público? Que tomen nota nuestros representantes públicos y que vean en esta visita Papal una referencia de lo mucho que tienen que cambiar la forma de enfocar sus eventos. Estamos ante el Papa que cambia el cielo por la tierra.

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