Felipe VI o la sencillez en el Protocolo

almuerzo_honduras_03xComida en honor del presidente de Honduras el 1 de octubre.

Es evidente el nuevo estilo protocolario que el rey Felipe VI va imponiendo poco a poco en sus actuaciones públicas desde que fuera proclamado como tal ante las Cortes Generales, el 19 de junio. Han pasado ya esos cien días de cortesía que suelen darse a los mandatarios públicos para juzgar sus actuaciones y desde el punto de vista protocolario, está claro que el nuevo monarca apuesta por un estilo propio, que se aleja de su antecesor. Los cambios que va introduciendo son positivos, porque responden al deseo de romper la imagen de una monarquía anclada a determinadas tradiciones y costumbres que francamente hoy no tienen lugar en la sociedad del siglo XXI. Es posible que algunos nostálgicos aborrezcan estos cambios, pero resultan esenciales. Son pequeños gestos realizados cada día, que si se contemplan ahora en su conjunta dan cuenta de positivas variaciones de las que seguramente tendrán que tomar buena nota otras altas instituciones del Estado.

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 Los reyes durante su visita a la Feria Internacional Ganadera de Zafra el día 2 de octubre.

 

El estilo de la proximidad, la sencillez y la proyección de una imagen vinculada al trabajo y a los problemas reales, son las claves de los eventos protocolarios que hemos venido analizando a lo largo de este período, aunque ello no quiera decir que haya prescindido de algunas tradiciones que obviamente conviene mantener al menos durante un prudencial tiempo. Estos cambios eran urgentes por la crisis Real, pero al margen de ello, porque Felipe VI, para ser consecuente con su discurso de proclamación, debe ejercer un protocolo que contribuya al cumplimiento de su compromiso.

 

Hay muchos ejemplos de esos cambios protocolarios importantes, pero –por citar el último- es llamativo el que tuvo lugar en Palacio Real el pasado 1 de octubre con ocasión de la visita oficial del presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández. Los monarcas españoles ofrecieron un almuerzo muy rebajado de pomposidad, con una etiqueta sencilla (traje, ni tan siquiera oscuro, y vestido corto), y se prescindió de la “solemne” cena de gala. Es cierto que no se trataba de una visita de Estado (veremos en la primera que se produzca cómo se enfoca), pero ya se intuye que Felipe VI quiere un estilo más ejecutivo y práctico, aunque conserve algunas cuestiones de momento obligadas como la invitación a consortes. El hecho de que sea comida frente a la cena ya es algo que de por sí facilita las cosas. La relación de invitados responde a criterios novedosos, permitiendo el acceso a otros representantes de la cultura, el deporte…, en definitiva de la sociedad, cuestión que por cierto los medios pusieron muy en valor.

 

Acabar con la imagen de rigidez protocolaria

 

Sin embargo, la Casa de S.M. tiene que seguir luchando aún con esa imagen que arrastran las casas reales de un protocolo rígido y algo desfasado. De hecho el periódico hondureño El heraldo, con un título poco afortunado (“Juan Orlando Hernández y su visita presidencial con protocolo real”), subtitulaba así: ”Las reglas diplomáticas, el orden, la compostura y una estricta seguridad formaron parte de la audiencia del presidente de Honduras con el rey de España, Felipe VI”. Y la crónica no hace justicia a este nuevo estilo. Quizá porque quedan aspectos que limar en la aplicación de un ceremonial que todavía arrastra estigmas y aunque el estilo de comunicación y tratamiento a los medios informativos que el responsable del área, Jordi Gutiérrez está llevando con acierto, requiere todavía un tiempo para que los medios y la sociedad en su conjunto los perciban con claridad. Un ejemplo de ello es la crónica hondureña del diario Heraldo que no hace justicia al nuevo protocolo de Felipe VI. Os invito a leer la crónica y que cada uno saque sus propias conclusiones.

http://www.elheraldo.hn/pais/753808-331/juan-orlando-hern%C3%A1ndez-y-su-visita-presidencial-con-protocolo-real

 

En fin, lo importante es cambiar aspectos que hoy no tienen sentido y que poco a poco el nuevo Rey logre transmitir esa imagen que hará más justicia con la filosofía y política protocolaria del monarca español. Incluso la propia reina Letizia, ha dado indicios de cambios en su actuación pública, lo que beneficia la imagen de una Corona que debe recomponerse tras los episodios vividos y que la han llevado a una alta pérdida de confianza por los españoles.

 

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Portada del último número de la Revista Vanity Fair.

 

Por otra parte, el absurdo papel protocolario que se está reservando al rey honorífico Juan Carlos, junto a la eterna imagen de soledad de la reina Sofía –de la que se hace eco en un duro reportaje en su último número 74 la relevante revista Vanity Fair[1][1]- que ha quedado excesivamente relevada, no termina de ayudar a mejorar la imagen de una monarquía a la que todavía puede llegarle severos reveses. Pero al menos los reyes actuales tratan de hacer todo lo posible por responder a lo que señaló el jefe del Estado en su discurso de proclamación: “Éstas son, Señorías, mis convicciones sobre la Corona que, desde hoy, encarno: una Monarquía renovada para un tiempo nuevo. Y afronto mi tarea con energía, con ilusión y con el espíritu abierto y renovador que inspira a los hombres y mujeres de mi generación”.

 

 

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