El recibimiento en la presentación del “Libro de los libros”

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Hace un par de semanas explicaba a mis alumnos de tercero de Grado de Protocolo y Organización de Eventos de la Universidad Camilo José Cela, cómo se estructuran, planifican y se desarrollan las líneas de saludo cuando a un acto acuden autoridades del máximo nivel. Algo que parece sencillo, pero que ciertamente no lo es. En primer lugar, porque no responde a un criterio estricto de igual aplicación en todos los casos, sino que depende de las circunstancias y de la idiosincrasia del propio evento.

Al hilo de esto, puse especial atención en el recibimiento que se iba a dispensar en el acto de presentación de la vigésima tercera edición del Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española, obra fruto de la colaboración de las veintidós corporaciones integradas en la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) y que constituyó el hito más destacado de las conmemoraciones del III Centenario dela Real Academia Española, creada en 1713.

Tenía especial curiosidad por saber quién sería la primera autoridad que recibiría a pie de coche, frente a la puerta principal de la RAE a los reyes de España, Felipe VI y Letizia Ortiz. Entre otras autoridades estuvieron presentes nada menos que el presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Lesmes; el presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González; el ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert; la delegada del Gobierno en la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes; la alcaldesa de Madrid, Ana Botella; el director de la Real Academia Española y presidente de la Asociación de Academias de la Lengua Española, José Manuel Blecua; el gobernador del Banco de España y presidente de la Fundación Pro Real Academia Española, Luis María Linde; el expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero; la Secretaria General Iberoamericana, Rebeca Grynspan; los embajadores de Francia y de Guinea Ecuatorial, Jerôme Bonnafont y Purificación Angue Ondo, respectivamente; el presidente de la Comunidad Autónoma de La Rioja, Pedro Sanz; el fiscal general del Estado, Eduardo Torres-Dulce; el secretario de Estado de Educación, Formación Profesional y Universidades, Montserrat Gomendio; el secretario de Estado de Cultura, José María Lassalle; los directores de las Academias, los patronos de la Fundación Pro Real Academia Española, los embajadores iberoamericanos acreditados en España y los directores de Academias Iberoamericanas de la Lengua, entre otras personalidades.

Recibimiento por el Ministro

Es una pregunta para examen: ¿quién debería ser el primero en recibir teniendo en cuenta la relación de personalidades citadas? Partimos de la base de que quien recibió en primer lugar fue el Ministro de Educación, Cultura y Deporte. ¿Es correcta esta opción? Seguramente, si nos juntamos varios técnicos en la materia aportaríamos soluciones diferentes según el criterio al que nos acojamos. En mi modesta opinión la decisión tomada es, al menos, discutible. Todo es cuestión de interpretación. Cada día estoy más convencido que en este tipo de eventos tan singularizados y que no son actos propiamente de Estado (aunque afecta en este caso a toda la comunidad hispanoparlante), quien debe recibir es directamente el anfitrión, es decir, el director de la Real Academia Española. Pienso, además, que en Madrid en los recibimientos de este tipo, el saludo de las autoridades debe trasladarse a un segundo plano, pues es evidente que los Reyes de España no llegan a una comunidad autónoma, dado que residen en ella. En este sentido, estimo necesaria una cierta evolución en la materia, con el fin de dar el máximo protagonismo a quien lo tiene, en esta ocasión a los académicos, representados por su director.

Si alguien apelase a que no debe suprimirse el recibimiento de las autoridades oficiales, habría que preguntarse entonces por qué no se contempló el ordenamiento previsto en el Real Decreto 2099/83, que situaría por delante al menos al Presidente del Consejo General del Poder Judicial, y según la interpretación que se haga al mismísimo Presidente de la Comunidad de Madrid, si el acto se entendiera como del artículo 12. Sin embargo, fue finalmente el Ministro quien tomó la precedencia, incluso en la mesa presidencial en la que se situó a la derecha de los reyes, dejando a la izquierda al anfitrión. No pudo por lo tanto el anfitrión ni atender directamente al Jefe del Estado, y sí en cambio verse incomodado por la Reina (el video que reproducimos es muy elocuente) cuando hizo entrega de los tres obsequios a Felipe VI: la edición del Tricentenario del Diccionario de la Lengua Española, la edición facsimilar del Diccionario deAutoridades y el Catálogo de la exposición “La Lengua y la palabra. Trescientos años de la Real Academia Española”, momento que puede apreciarse en esta imagen o en el video:

 

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No es un organismo autónomo dependiente del gobierno

Los estatutos vigentes de la RAE, publicados en el BOE nº 181, de 30 de julio de 1993, modificados por otros dos reales decretos de 1995 y 2005, señalan que “la Academia es una institución con personalidad jurídica propia que tiene como misión principal velar porque los cambios que experimente la Lengua Española en su constante adaptación a las necesidades de sus hablantes no quiebren la esencial unidad que mantiene en todo el ámbito hispánico”. No tiene, pues mayor dependencia del gobierno que la aportación que le asigna de los presupuestos generales del Estado, pero en caso alguno puede considerarse un organismo autónomo del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Aunque habría que matizar que es una institución que viene regulada por los acuerdos del Consejo de Ministros, a través del citado Ministerio y del Instituto de España, institución ésta que se “relaciona administrativamente con el Ministerio de Educación, a efectos de su vinculación con a Administración General del Estado”, según señala el artículo 2 de sus estaturos que hablan solo de “relación” y no de “pertenencia”. De hecho, ni en el Instituto ni en las Reales Academias hay representación alguna en sus órganos de miembros del gobierno.

Siendo esto así, parece carecer de sentido que quien tenga que recibir en primera instancia sea el Ministro. Ninguna normativa señala que los Reyes tengan que ser recibidos por el representante de mayor rango del gobierno, aunque también es cierto que tampoco se legisla sobre la obligatoriedad de ser recibidos por autoridades oficiales (esa práctica viene de la costumbre y en muchas ocasiones del mero sentido común, especialmente cuando se desplazan a las comunidades autónomas). Entiendo que el Ministro ocupe lugar en la presidencia (si bien en mi opinión debería haberse situado a la izquierda de los reyes y no a la derecha), pero no que sea la primera personalidad en recibir. Hay que cambiar la mentalidad para situaciones como éstas. Es más elegante, lógico y consecuente que el director de la Academia hubiera sido la única personalidad en recibir frente a la puerta de la institución. No quita ello, que los Reyes fueran saludadas por las autoridades por su orden, pero en una segunda línea o, incluso mejor, en el interior del edificio y antes que los académicos (orden éste por cortesía).

El artículo 10

La Real Academia Española aplica siempre en los eventos celebrados en su casa el artículo 10 del RD 2099/83, que sitúa por delante a los ministros frente al Presidente de la Comunidad de Madrid, algo que especialmente molestaba a Alberto Ruiz-Gallardón cuando ejercía la máxima representación del ejecutivo madrileño, y que fue causa en numerosas ocasiones de que declinara su asistencia por considerarse relegado por la aplicación de un artículo que entendía fuera de lugar. Es evidente que la RAE no es una institución madrileña, luego no tiene sentido que el Presidente de la Comunidad anteceda al Ministro, que en esta casa debe tener prioridad como máximo representante de la cultura española, ámbito en el que se sitúa la Real Academia.

Por lo tanto, y aún admitiendo que no debiera ser así, parece lógico que se aplique el mencionado artículo y no el 12 como quisieran los representantes madrileños. La RAE es patrimonio de los españoles y si el protocolo hace visualizar a través de mejores posiciones al Presidente de la Comunidad y a la Alcaldesa de Madrid, se haría un flaco favor a los objetivos de la institución. Menos sentido tendría que antecediera a ambos el Presidente del Consejo del Poder Judicial y del Tribunal Supremo, autoridad de mayor rango presente después de los monarcas, porque no tiene relación alguna con lo que se celebra, más allá que la de representar al Poder Judicial.

Concluyendo, creo que es necesario que en eventos de estas característicos, marcados por una singularidad tan excepcional como la del evento objeto de análisis, la presentación del nuevo Diccionario en el contexto de los 300 años de la relevante institución de la palabra española, debiera darse todo el protagonismo a quien lo debe de tener: los académicos, representados por su director. Por el contrario, si se considerara elemental o necesario o conveniente o tradicional que las autoridades cumplimenten previamente, diría entonces que la opción de que el Ministro fuera el primero en recibir –en ausencia del Presidente del Gobierno- es la más idónea. Pero, incluso así, trataría de que junto a él estuviera el director y tan pegaditos que en la foto se viera a ambos.

La decepción por la definición de protocolo

Y finalizo con una decepción: no se ha revisado la palabra protocolo cuya definición no contempla su vertiente profesional y aunque ha sido objeto de peticiones múltiples por los técnicos de protocolo, sigue sin referirse al conjunto normativo, a las técnicas o costumbres que se siguen para la celebración de eventos promovidos por las instituciones públicas o privadas, insistiendo en algo totalmente desfasado y fuera de lugar: “Regla ceremonial diplomática o palatina establecida por decreto o por costumbre”. El propio Felipe VI debiera haber afirmado que le quiten esa definición porque el protocolo del siglo XXI nada tiene que ver con reglas palatinas que ya no existen.

Dejamos testimonio de un buen reportaje sobre el nuevo diccionario hecho por RTVE y que constituye todo un homenaje a la palabra y su evolución:

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