¿Estamos ante nuevo Protocolo papal?

La elección de un nuevo Papa siempre suscita el mayor interés mundial, como puede deducirse no sólo de la simbólica presencia de miles de personas en la Plaza de San Pedro, sino en los miles de periodistas que estos días han llegado de todos los rincones del mundo a la ciudad eterna. Programas especiales, informativos en exclusiva, la imagen del nuevo Papa desde el balcón de la fachada principal vaticana era la prioridad. Cada uno seguro que lo habrá vivido en su propio entorno observando cómo a los segundos de verse la fumata blanca se corría hacia sus ordenadores o a la televisión más próxima para conocer de la voz del Protodiácono el nombre del Sumo Pontífice, su nacionalidad y oficial de su Pontificado.

Se proclama la esperada frase: “Habemus Papam”.
El Arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio (Buenos Aires, 17 de diciembre de 1936) ha sido elegido como el nuevo Papa el día 13 de marzo del 2013, ocupando el trono de San Pedro con el nombre de Francisco (al ser le primero no lleva numeración, ni tampoco es traducible como Francesco, tal y como algunos medios y periodistas han afirmado). estola, cruz pectoiral
Aparecía en el balcón principal el nuevo Vicario de Cristo, tras dos días de encierro de los 114 cardenales que con menos de 80 años podían votar. Se cumplía así el ritual ceremonioso de la elección y de la presentación al mundo del sucesor de Pedro. Nos sorprendía ya en esos primeros instantes algunos detalles que en situaciones como éstas son extremadamente importantes: vestido de sotana blanca como corresponde, pero sin la muceta roja con forro de armiño, que sus antecesores como Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II o Benedicto XVI mostraron el mundo el día de su primera salida al balcón. La cara de estupor de Guido Marini, el maestro de las celebraciones litúrgicas pontificias, el mismo que pronunciaría la célebre frase “extra omnes” previo al cierre definitivo de la Capilla Sixtina en el Cónclave y quien se ocupa de todos los ornamentos y vestiduras, lo decía todo.
Solo la sotana blanca pontificia, con una cruz pectoral de plata y no de oro como sus anteriores, esgrimiendo una dulce sonrisa y transmitiendo una calidez y sencillez poco en el Vaticano. Quizá esa imagen hubiera sido perfecta si alrededor del Papa Francisco no hubiera tanto cardenal y ayudante que no hacían más que atosigarle y ofrecerse continuamente. “No hay que perderse este momento de gloria y quedarse fuera de la foto”, parecían pensar, mientras el Pontífice trataba pese a su entorno en transmitir la sencillez y sobriedad de la que hacen gala los jesuitas. Unas sentidas palabras y con cierto sentido del humor. Sólo se colocó la estola para la bendición Urbi et orbi, como es preceptivo, pero rápidamente quiso quitarse la tras impartirla. Tras unos segundos desesperantes intentaba que alguien le pasara de nuevo el micrófono para mostrar más humanidad: “Bona noite y buen reposo”. Frase sencilla para agradecer sin solemnidades las muchas horas de espera de los fieles católicos o de los curiosos.

¿Estamos ante un nuevo protocolo de posicionamiento en público? Es difícil aventurar en tan poco tiempo si el estilo personal del Papa Francisco obligará a los responsables oportunos a desarrollar un nuevo protocolo o al menos otro diferente. Pero todo apunta a que sí. Veremos la influencia que puede tener en los ritos, tradiciones, ceremoniales y liturgias que conforman el gran protocolo eclesial, más difícil de cambiar. Para eso habrá que esperar probablemente mucho más y si es su deseo adelgazar el boato de los representantes eclesiales deberá enfrentarse seguramente a gran parte de la Curia que siempre tiende a alejar al Papa de sus feligreses. Le costó al inicio a Juan Pablo II, pero parecía conseguirlo hasta el atentado que sufrió en el Vaticano, y Benedicto XVI se quedó en esa figura penetrante de gran sabio predicando desde su cátedra.
Por lo visto en los primeros días de su pontificado, personalmente sí creo que estamos ante una puesta en escena del protocolo personal del Papa, que seguramente trasladará a sus actos y a quienes participen con él. Su Maestro de Ceremonias tendrá que hacer un Máster express para pillar las intenciones que en este campo se ven venir, y el jefe de seguridad del Vaticano tendrá que aumentar sus dosis de aspirinas, porque no le va a faltar unos buenos dolores de cabeza.
Después de la puesta en escena de su presentación, en los días sucesivos lanzó unos cuantos dardos que obviamente no pasan desapercibidos. Acudió a la basílica de Santa María la Mayor, conocida en Roma como la Catedral española, no en su limusina oficial, sino en un coche algo más sencillo, portando él en sus manos el ramo de flores que depositaría en el altar a los pies de la Virgen, entraría por la puerta lateral para evitar solemnidades, mostró su disgusto porque estuviera cerrada a los fieles por el hecho de que él acudiera. Lo hacía con sus zapatos negros traidos de su sencillo apartamento de Buenos Aires, no haciendo uso de las sandalias rojas del pescador, símbolo del sufrimiento, zapatos que Benedicto XVI práctiucamente no dejó de usar.

Y el mundo se sorprendería más aún cuando regresaría a la pensión vaticana donde residió durante su estancia en Roma para recoger su maleta, sacar su cartera y pagar la factura como lo haría cualquier otro cardenal desplazado. Se reuniría ese mismo día en la Sala Clementina con el Colegio Cardenalicio -entre cuyos representantes ya se apreciaban cruces pectorales menos doradas- y tras oir las palabras del Secretario de Estado Vaticano, destrozaba de nuevo el tradicional Protocolo para levantarse de su sitial e ir al encuentro de aquél para darle un abrazo, un gesto por cierto que casi le cuesta darse de bruces en el suelo. En la misa del día siguiente con los mismos y en idéntico lugar pronunciaría su homilía no sentado desde la Cátedra, sino desde un atril de pie “que es como la mayoría de los sacerdotes de dirigen a sus fieles en esa fase de la misa”, resaltaban algunos medios.
“Revolución en el ropero pontificio”, titulaba el diario gallego Faro de Vigo el pasado 16 de marzo. Finaliza la crónica su anónimo periodista con este párrafo: “Los primeros movimientos del Papa Francisco apuntan a una revolución en el ropero papal y a un uso de vestimentas más sencillas y sobrias, así como a un arrinconamiento de lo ostentoso y lujoso. Varios datos concomitantes lo corroboran por el momento. Uno, los planos televisivos que muestran cierta expresión de estupor en Guido Marini, el maestro de las celebraciones litúrgicas pontificias, el hombre que pronunció el “extra omnes” en el Cónclave y que administra las sacristías del Papa y todos los ornamentos y vestiduras. Dos, el hecho de que los cardenales no lucieran ayer ostentosos pectorales de oro, o dorados, sino similares al del propio Francisco, de plata o de acero. Tres, que los ceremonieros que han acompañado al Papa en su misa con los cardenales en la Capilla Sixtina no utilizaran los roquetes y las albas de puntillas, ese tejido esmeradamente repujado en hilo que en la Iglesia introdujeron con gran éxito los pañeros y los hiladores de los Países Bajos desde el siglo XVI en adelante. Cuatro, la indumentaria del propio Francisco, la más simple que pueda usar un Papa, por ejemplo, sin la muceta roja, y menos con forro de armiño. Pudiera ser que Francisco utilice sus propios zapatos negros temporalmente y algún día calzase los rojos, pero ello no restaría validez a estas primeras notas de un Papa que o bien ahorma al ropero pontificio o bien acaba siendo ahormado por este”.
Estamos ya ante un Papa de gestos importantes, al que ya algunos cronistas televisivos han venido en llamar textualmente “Nueva música para la Iglesia”. Todo apunta a que será un jefe de la Iglesia Católica cercano, sencillo y sobrio, que ta tenido que recordar a los “Príncipes de la Iglesia” (cardenales) que hay que pensar más en Jesús si no se quiere convertir a la Iglesia en una sencilla ONG. Este Papa dará mucho que hablar por su estilo protocolario y deseamos que también por sus acciones para acabar con los excesos y escándalos que rodean ahora al Vaticano y su jerarquía, y que se guardan celosamente en un libro/informe escrito por tres cardenales (uno de ellos español) en la caja fuerte de las habitaciones papales, documento que le ha dejado el Papa Emérito, incapaz de enfrentarse a esos problemas, tal y como en el viernes el periodista vaticanista, autor del libro “Los cuervos del Vaticano”, Eric Frattini, en el transcurso de un coloquio organizado por la Universidad Camilo José Cela, en el que también estuvo el especialista en protocolo José Carlos Sanjuán y que tuve la oportunidad de coordinar. Finalizaba mi intervención con una pregunta al periodista y al experto en Protocolo: ¿Veremos alguna vez a este Papa ofreciendo una rueda de prensa formal? La respuesta del periodista fue tajante: “Muy probablemente…Sí. Incluso admitiendo preguntas”.

Ver video: http://www.telemadrid.es/?q=noticias/internacional/noticia/el-bergoglio-estilo-llega-al-vaticano

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