La refundación del Protocolo

El pasado martes como indicaba en mi reflexión anterior, se celebraron en Lisboa las VI Jornadas Internacionales de Protocolo, que organizadas por la Asociación Portuguesa de Estudios de Protocolo, que preside Isabel Amaral, contó por primera vez con el patrocinio y apoyo del Instituto Superior de Protocolo y Eventos (ISPE) y la Universidad Camilo José Cela a través de su Instituto Universitario de Protocolo (IUP), ambos de España. El Protocolo y los Eventos en Tiempos de Crisis, fue el lema bajo el que se vertebró esta jornada a la que asistieron más de un centenar de personas.

Tuvimos la oportunidad de disertar varios ponentes españoles, entre ellos la recién elegida presidenta de la Organización Internacional de Ceremonial y Protocolo y Profesora de la Universidad de Sevilla, María Teresa Otero (que fuera Jefa de Protocolo de la Junta de Andalucía y de la Exposición Universal de Sevilla), la directora para Galicia de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, Esther Regueiro (quien fuera casi 20 años directora general de Protocolo de la Xunta de Galicia), la directora general del Instituto Superior de Protocolo y Eventos (ISPE), Gloria Campos (autora de una espectacular investigación sobre la situación de los estudios en el mundo y que fuera profesional en activo de Protocolo y Comunicación en diferentes instituciones, entre ella Presidencia del Gobierno y la Diputación de Granada) y yo mismo en condición de Director del Instituto Universitario de Protocolo de la UCJC y director de Protocolo de los Premios Príncipe de Asturias.
Tuvieron estas jornadas un claro componente de reflexión sobre el presente y futuro de los estudios en Protocolo. Quizá la expresión inicial de que en tiempos de crisis hay que aprovechar para formarse y la inexistencia en Portugal de una oferta formativa fiable en este campo, hizo que más del 50 por ciento esta cuestión copase los debates y las reflexiones. Todos tuvimos la oportunidad de expresar nuestras opiniones al respecto y aunque no exista la deseable unanimidad sobre el enfoque, todo el mundo reconoce ya sin duda que la formación de Protocolo requiere un rango universitario que confiera a los profesionales un estatus de responsabilidad allá donde trabaje que le permita mantener la autoridad moral a la hora de argumentar y defender sus propuestas y decisiones.
Cifras para la esperanza
Personalmente tengo muy claro, y cada vez más, que esta profesión de organizadores de eventos, hasta ahora copada por agencias o profesionales vinculados al mundo de la creatividad, la publicidad, el marketing y la comunicación, tiene un claro futuro y a las cifras de los estudios económicos de organización de actos me remito. En España se espera al cierre del ejercicio actual una facturación, sólo en el mercado de reuniones, de 13 billones (con b) de dólares. Una cifra espectacular. Y pese a la crisis, el número de reuniones ha crecido espectacularmente frente a años anteriores, y aunque es cierto que la inversión por acto se ha reducido, lo que no baja es la rentabilidad de los eventos. Obviamente, por poco que estén gastando empresas e instituciones, esa cifra se triplica claramente.
Sin embargo, en Portugal he defendido mi postura de que no debemos aferrarnos solamente a Protocolo, algo que sigue asociándose al mundo oficial, a las casas reales, a los ayuntamientos, al popder o al saber estar, sino que debemos equipararnos al resto del mundo desarrollado donde los especialistas son expertos en Organización de Eventos. Todos los eventos, sean del tipo que sea, precisan de Protocolo, evidentemente, como necesitan Comunicación,  Marketing, Producción, Seguridad, etc. Tenemos que ir recordando a diestra y siniestra que el tradicional técnico de Protocolo es hoy el técnico especialista en Organización de Eventos. De ahí la importancia que tiene que el primer plan de estudios del Grado Oficial en Protocolo y Organización de Eventos se haya estructurado entorno a esa idea y haya contemplado una serie de asignaturas que amplían el horizonte del cada vez más acotado territorio del Protocolo y el Ceremonial. No ser consciente de esto hace que corramos el riesgo de ir perdiendo posicionamiento en el mercado de trabajo.
Desde determinados púlpitos se nos ha acusado en ocasiones que la carrera de Protocolo de la UCJC lleva muchas asignaturas del ámbito de la Comunicación. Además de absurda la crítica, no deben de olvidar estas opiniones interesadas que no se trata de estudiar solo Protocolo, sino todo lo que rodea el mundo de los eventos en general y los eventos especializados. Esas disciplinas que se incorporan precisamente se van especializando hacia la organización, y ya hoy podemos hablar de un Marketing para eventos, Comunicación para eventos, Publicidad para eventos, Seguridad para Eventos, Relaciones Públicas para Eventos, Derecho para Eventos, y un largo etcétera de nuevas materias que entran en el juego diario de la Organización.
Siempre recordaré a un responsable de una importante agencia de eventos, que en un encuentro entre profesionales, defendía a capa y espada la supervivencia de los profesionales de Protocolo para atender a las autoridades y preservaba para las empresas la denominación de organizadores de eventos para todo lo demás. Estaba claro que defendían quedarse con la mayor parte del pastel.
Protocolo y Eventos
Hoy presentarse solo bajo el epígrafe de Protocolo “vende” poco. Es una lástima. No renuncio a seguir peleando por el nuevo concepto de organización bajo el nombre de Protocolo, pero tampoco me quiero separar de la tendencia actual que habla de Eventos. Por eso creo que debemos derivar hacia Protocolo y Eventos, y en consecuencia los estudios no deben basarse sólo en el dominio de las técnicas de organización, la legislación o el Protocolo en la Empresa, por citar algunas disciplinas habituales. Debería contemplar otras asignaturas o módulos que fomenten en los futuros profesionales esa solidez y madurez a la que antes aludíamos y  que te otorgan dominar la Psicología de la Comunicación, las Habilidades Comunicativas, el Lenguaje Comunicacional, el Marketing, las Relaciones Públicas, la Publicidad, etc…, disciplinas todas ellas que fomenten lo que más demanda el mercado ahora mismo que es la Creatividad. Y no se alcanza un buen nivel de Creatividad por una asignatura de tres o seis créditos, sino por la suma de muchas asignaturas asociadas, qaue combinan la experiencia y la investigación. Ese es el acierto del planteamiento de la propuesta de la UCJC y por eso la propia ANECA la consideró como idónea.
Ahora solo hace falta que los profesionales empiecen a entender esta nueva situación, que piensen que ellos pueden contribuir mucho a la formación de los futuros profesionales, pero que reflexionen que enseñar en la Universidad es algo más que dar una conferencia sobre lo que hacen desde sus responsabilidades. Es necesario combinar la experiencia profesional, con las disciplinas docentes y la investigación. Nace así un nuevo perfil de profesional de protocolo que ha de especializarse en la docencia, aunque ésta tenga luego una doble dirección: el docente de perfil profesional y el docente de perfil investigador. Ambos son necesarios. Aunque en España hay doctores suficientes para garantizar los requerimientos legales en los estudios de Protocolo,  es evidente que debe haber muchos más.
En este contexto las prácticas formativas son importantes y ahí los profesionales deben apoyar mucho más de lo que hasta ahora acreditan. Esa es la parte de su contribución al verdadero reconocimiento de la profesión que aunque ya tiene un Título Oficial, precisa ahora que la Sociedad se lo crea y lo reconozca. Cuando eso llegue Telecinco nos dejará de llamar para hablar de cómo se come una pera y posiblemente nos contratarán como asesores profesionales para el seguimiento y análisis de los eventos de referencia. Estamos pues ante la refundación de una profesión y de cómo prepararse para ella. El reto es fuerte. La UCJC va a dar esa batalla.

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